Hola...!

He Regresado después de una Intensa Búsqueda de la Inspiración que se me escapó como agua entre las manos, Lamento muchisimo la enorme demora, pero he regresado, espero les guste y me disculpen por esto... sin mas, les dejo el capitulo, Gracias...


Azúcar Amargo.

Capítulo 1

/Remembranzas/

Tiempo Actual. (Un año después del encuentro)

Hermione le arrullaba de un lado a otro, la pequeña Circe descansaba entre sus brazos, con sus ojitos bicolores bien cerrados dentro de una tranquilidad envidiable, la castaña sonrío al verla parar la diminuta y rosada trompita, seguramente la bebita estaba teniendo un buen sueño, se veía tan en paz, en un mundo perfecto en el que su madre se soñaba a veces.

Un mundo que le fue arrebatado y que era perfecto hasta el día en que llegó a Hogwarts, las aventuras que vivió a lado de sus amigos nunca las olvidaría, mucho menos los acontecimientos que se dieron con el tiempo, sus ojos marrones se oscurecieron al recordar al "hombre" que biológicamente era el padre de Circe, la pequeña se estremeció ligeramente entre los brazos de su madre, quien decidió sentarse en el sofá…

Tom Riddle.

Fue en él quien Hermione pensó antes de quedarse poco a poco, dormida, sin darse cuenta que la dulce Morgana comenzaba a abrir los ojitos…

"…Hermione cayó en el mundo de Morfeo, donde todo lo posible era irreal y lo imposible no lo era tanto. La castaña vio el hedor que la Guerra de un año antes había dejado a su paso, cientos de cadáveres descansaban sobre la tierra empapada en sangre y lagrimas, y a pesar de que no podía escuchar ni un solo tipo de sonido a su alrededor, la ex – Leona, sabía que clase que ruidos había allí, el cielo enrojecido por el fuego que se alzaba en la lejanía y las oscuras nubes bloqueando los rayos del sol, Hermione se giró para buscar a algún conocido, a Harry o a Ron, pero el miedo que entró por su mirada recorrió todo su cuerpo, al verlo ahí, de pie sobre un montón de escombros, con la capucha ondeando de un lado a otro con plena lentitud, y de entre todo ese grisáceo cuadro digno de una fotografía, Hermione vio sus ojos azules brillar con intensidad, igual que aquel día…

Aquel día en que traicionó a sus amigos.

Y la mujer no sabía si el sonreía o simplemente era una mueca de asco, pero de lo que estaba más que segura, era que ella estaba reflejada en aquellos ojos aguamarina tan claros, y le vio mover los labios, marcándose los hoyuelos en la comisura de su boca al sonreír de medio lado, después de, sabrá Merlín, que cosas le diría.

- Déjame en paz… Déjame…en paz… ¡DEJAME EN PAZ! – al principió aquello había sido una orden, ella se lo exigió, pero conforme pasaban los segundos, Hermione comenzaba a pedirlo y al final…. Gritarle con horror que se alejara.

Pero Riddle simplemente hizo todo lo contrario, con sus pies descalzos, Tom comenzó a bajar de la colina de basura, Hermione vio como el monstruo pisaba en su camino el cadáver de una persona, deteniéndose a su paso…

Al principio ella no había puesto atención a aquello, pero, al ver un pequeño destello de luz, lo cual llamó su atención, unos anteojos, sucios, llenos de sangre y redondos…fue en ese preciso momento cuando Hermione se percató de quién era ese personaje en proceso de putrefacción…

- Ha…Ha… ¿Harry? – preguntó desconcertada, Tom sonrío abiertamente, mostrando sus blanquecinos dientes tan perfectos. - ¡HARRY, NOOOO! – continuó gritando mientras corría hacia su amigo, y al llegar hasta Riddle, Hermione le empujó para que se quitara de encima del muchacho, gritó y manoteó, pero el hombre simplemente se resistía a moverse siquiera un centímetro…

Y fue cuando por primera vez durante aquella pesadilla, que Hermione escuchó el escándalo, la verdadera voz de la Guerra, los gritos, sollozos y explosiones entraron a sus oídos, mareándola al instante, la joven se sintió irse de lomo hacia el suelo, pero los fríos brazos de Tom Riddle le atraparon en el aire, impidiéndole que cayera y se golpeara, Hermione, sorprendida, sé le quedó mirando por un rato…

Pero Riddle siguió encima de Harry Potter, o lo que quedaba de él.

- ¿Es esta la única manera a la que debo acudir para que vengas a mí, Granger? - su voz, aterciopelada, se arrastraba hasta sus oídos, no le bastaba a Riddle tener el alma de una serpiente, sino que su apariencia y su voz tenían que ser igual a ellas…

- Suéltala…- Hermione se estremeció al escuchar una elegante pero firme voz femenina tras de ella, Tom levantó la vista y ella intentó voltear a buscar a la dueña de aquella orden.

Y Riddle sonrío aún más, sus ojos azules verdosos destellaron en una cálida luz que a Hermione se le hizo demasiado sospechoso, fue cuando ella sintió que le soltaban, cayendo a un vació interminable, pero antes de ser rodeada por la oscuridad, la castaña les vio arriba, mirándose uno al otro, el se veía ¿Feliz? Y ella, una joven muchacha de brillante cabello azabache, su mirada, de un café muy claro, miraban a Riddle con una profundidad desafiante, cosa que al parecer encantaban al amo de las serpientes, pero, cuál fue su sorpresa, al verla voltear hacia ella, la chica llevaba en manos una varita, una varita tan famosa como el mismísimo Merlín…

La varita de sauco.

Aquella misma que había sido destruida por Harry Potter.

- Oh, Dios mío…- susurró Hermione abriendo los ojos desmesuradamente, el terror se adueñó de su corazón y las lagrimas frías congelaban sus mejillas a su paso por ellas; pero aquellas emociones se intensificaron al ver que Tom Riddle también le observaba, y mientras Hermione caía en aquel poso, la imagen de aquellos dos comenzaba a alejarse poco a poco, pero la castaña lo sabía, y ahí estaba, la joven mujer con sus ojos bicolor, frente a su padre…

Aquella jovencita no era otra más que Circe Morgana, su hijita…"

Hermione se despertó de un sobresalto, su rostro estaba perlado de sudor y su mirada profundamente llena de miedo, lo había visto, Tom Riddle y Morgana, uno frente al otro, él mirándola con interés y ella con demasiado odio…

Hermione se estremeció y bajó la mirada al sentir unos pequeños y suaves jalones de cabello, y ahí estaba, la hermosa niña de una rara combinación de color de ojos, usando sus rizos como juguete, la niña sonreía mientras sacudía sus manitas de un lado a otro con los cabellos de su madre bien aferrada entre sus dedos, Hermione sonrío ante aquello, sin poder evitar recordar aquel sueño tan espantoso, sobre todo cuando dejó a Circe frente a su padre, a solas con aquel monstruo.

Y en ese momento se lo prometió.

Jamás, nadie, sabría quién es el padre de Circe Morgana.

La oscuridad del pasillo era total, mientras que él, mirando a través del enorme ventanal, observaba la Luna llena de Octubre, su pureza era tal cómo aquel cuerpo que había tomado un año antes…

Había recuperado su cuerpo completamente dos años antes, y perfeccionado el hechizo que le mantendría en su forma original unos meses atrás, ya no era Lord Voldemort aunque se empeñaba a que lo llamasen de esa forma, era Tom, Tom Riddle…

Y la Guerra comenzaría una vez más.

Y alzaría su estandarte de miedo y terror por lo más alto, mataría y torturaría a cada uno de sus opositores, pero ahora, que todo el mundo creía que estaba muerto, las cosas iban a volverse para su beneficio, cazaría a Harry Potter y lo encerraría en el lugar más alto, donde lo torturaría eternamente hasta el fin de su mestiza vida.

Pero tenía que obtener el premio de Guerra, Tom sabía que tenía una hija, una hermosa mestiza que, según Bella y sus predicciones mediocres, sería una bruja de gran poder, y que algunos rumores que corrían entre las filas de mortíos, existía una nueva profecía…

Entrecerró los ojos y profundizó la mirada en el horizonte, la imagen de Hermione se visualizó frente a él, se preguntó dónde estaría la sangre sucia en aquellos momentos ¿Y su hija? Pero esas cosas eran insignificantes por el momento, su destino era conquistar el mundo mágico y acabar con sus enemigos, en especial con Harry Potter, después de eso y cuando todo aquello haya ocurrido, entonces iría tras la sangre inmunda y la encerraría por siempre entre sus brazos, porque había pensado mucho desde que sucedió todo eso, llevaba un año completo repasando aquel día en que sus vidas se unieron, dando forma a una criaturita que extrañamente tenía la mirada de ambos, y lo que había concluido era que, quisiera ella o no, estaría a su lado, siempre.

La eternidad y la Inmortalidad eran, para Tom Riddle, palabras que, separadas, no eran nada más que escoria, no valían nada, pero juntas, Inmortalidad eterna, era lo único que tenía un valor para él, era lo que buscaba, ser eternamente inmortal…

Pero para disfrutar de esa eternidad, la necesitaba a ella, por qué, si una cosa le había sorprendido más que el hecho de haber mantenido relaciones sexuales con una sangre sucia, amiga del niñito que vivió, y con la cual había engendrado a una niña, eran aquellas sensaciones que le provocaba la inmunda bruja, cada vez que él pensaba en ella, cada segundo que la imagen de su cuerpo desnudo se mantenía frente a él, era cosa que al principio le molestaba con facilidad e inexplicablemente ese enfado lo terminaban de pagar sus más fieles seguidores, pero poco a poco comenzó a necesitarle…

Pero no confiaba en sus mortifagos para contarles nada, ni siquiera que por lo menos la buscaran, no, a Hermione Granger la obtendría como premio de Guerra, el día en que Harry Potter cayera al suelo sobre su propia sangre ya sin vida…

Harry la cargaba de un lado a otro mientras sus chillonas e infantiles carcajadas corrían por entre los pasillos de la casa Weasley o mejor conocida como la Madriguera, Ginny y Ron se peleaban por ver quién era el siguiente que cargaría con la pequeña Circe, Hermione observaba con una media sonrisa al ver a Ron pelear con Harry…

- ¡Miren lo que han hecho para de idiotas! ¡Oh, Circe, pequeña, no llores! – decía Ginny intentando calmar los lloriqueos de la pequeña nena, Harry le tendió la niña a su prometida, ya que el chico se desesperaba cada vez que ella lloraba, Ron sonrío de medio lado, torciendo la cara, su hermana era muy buena con los niños.

Y como por arte de magia, Morgana guardó silencio y soltó una risilla chillona, Ginny siguió haciéndole cariños y esta reía cada vez más…

Durante la mesa, Ron no dejaba de mirar a Hermione de vez en cuando, cosa que la castaña ya había notado, todo el mundo estaba reunido, mientras Hermione amamantaba a Circe, Molly Weasley comenzaba a servir la cena, cada plato flotó hasta tenderse sobre la mesa, Harry y George habían comenzado ya una charla acerca de sortilegios Weasley, la cual, abriría una nueva sucursal y la que Ron dirigía.

Y estaba feliz por ello, por qué después de aquella batalla en Hogwarts, la familia Weasley perdió a uno de sus miembros, Fred, y poco a poco, aunque cada uno de ellos juró no recuperarse nunca, lentamente y sin que ellos se dieran cuenta, estaban recuperando al menos, un poco de la vida que Fred se llevó tras su muerte.

- Herms…- le llamó Ron mientras ella intentaba ir a su habitación, Circe ya estaba completamente agotada de tanto juguetear con los Weasley y si no le acunaba, la niña se pondría de mal humor y lloraría toda la noche ¿Y nadie quería eso, verdad? ¡Por supuesto que no!

- ¿Qué pasa Ron? – preguntó ella en el momento en que se detenía y se giraba para encarar al pelirrojo, Ronald había dado un paso hacia ella, por lo tanto, ambos quedaron demasiado cerca, al menos para el gusto de ella.

- Hermione yo… - Ron bajó la cabeza, realmente le daba un poco de pena por qué realmente necesitaba saberlo.- Hermione ¿Algún día tú, vas a decirnos quien es el padre de Circe? – y sus ojos azules le miraron a los ojos.

- No.- contestó simplemente, antes de darse la media vuelta.

No. Había dicho ella, Ron sonrío tristemente, desde que Hermione les había contado sobre su embarazo, él tuvo que soportar el peso del silencio, por qué justamente a mitad de la Guerra se había dado cuenta de lo mucho que amaba a Mione, pero nunca antes el valor le había hecho tanta falta…

FLASH BACK

Fue una mañana extraña cuando Hermione de un día a otro había partido hacia Londres Muggle y no le vieron hasta unos meses después desde que la guerra contra Voldemort, había acabado al fin, pero una tarde, después de haber recogido todo escombro en sortilegios Weasley, Ron había llegado a casa con el estómago rugiendo de hambre, cuando entró a casa, quitándose el chaleco verde que su madre le había hecho hace años, y ahí estaba, sentada en el viejo sofá, con su rostro apuntando al suelo, jugueteando con sus manos y mordisqueándose el labio, como hacía siempre cuando estaba nerviosa, y él sé quedó quieto, mirándola, y ella, unos segundos más tarde, le volteo a ver.

- Hermione…- le nombró mientras se acercaba lentamente, la castaña se puso de pie, ni uno ni el otro fue capaz de parpadear por miedo a que aquello fuera una mentira, una broma cruel del destino, una ilusión….

- Ronald…- le susurró ella antes de que ambos se lanzaran a abrazarse.

Y nadie dijo nada y ambos, a sabiendas de que Harry les observaba desde el otro lado del pasillo, con una boba sonrisa de oreja a oreja, ni ella ni él mismo dijo nada…

- Yo…estoy embarazada Ron.- su susurro volvió aún más silencioso el momento, Ron cerró sus ojos y se embriagó del extraño aroma que su cabello semi-húmedo desprendía.

No dijo nada, pero no por eso, dejaría de sentirse frustrado al saber que aquella niña no era hija suya o que el padre de la criatura era tan miserable, que la misma Hermione no le daba el derecho siquiera de nombrarlo, pero Harry y él sospechaban que aquel sujeto había penetrado tan profundamente en la vida de Hermione, para haber apagado el fuego que siempre hubo en su mirada.

- ¿Quién Hermione? ¿Quién es el…padre? – preguntó Ron mientras enterraba sus dedos entre los rizos de su cabello.

- No Ron…ese es un secreto que…pienso llevarme a la tumba…- le susurró ella aquella respuesta.

Cinco minutos más tarde, todo el mundo lo sabía, Molly, su madre, le había preparado un pequeño pastel que llevaba escrito una leyenda con color rojo… "Felicidades, mamá nueva" aquello le había dolido, por qué le quería, le quería tanto y ahora, al verla en medio de la tristeza y la felicidad, sabía que Hermione le había cerrado la puerta en sus narices…

FIN FLASH BACK

Hermione dejó a la pequeña niña sobre la cuna que Molly le había conseguido, cubriéndola de piececitos hasta la mitad del pecho con la frazada rosácea que su madre le había dado aquel 11 de septiembre, el día en que llegó a Hogwarts por primera vez, y ahora, haciéndola de madre a temprana edad, Hermione sabía que más adelante, cuando Circe creciera y su "ahora" pequeño cerebro se volviera como un pozo sin fondo, querría llenarlo de conocimientos que ella misma estaba dispuesta a llenar, pero… el escalofrío recorrió su cuerpo en el momento de pensarlo.- saber sobre la identidad de su padre, era parte de ese conocimiento que querría saber algún día, y a pesar que se estaba adelantando mucho, Hermione entendía que no podría negarse a decírselo…

Ya cansada de haber ido y venido junto con Ginny y Molly, Hermione decidió que era momento para descansar, se recostó sobre la cama y sonrío para si misma al saber que Ginny no estaría ahí junto con ella, la pelirroja y Harry habían ido al pueblo a divertirse…

Y con aquellos pensamientos, Hermione cerró los ojos.

No más recuerdos dolorosos, no más pensar de un futuro que le causaría muchas penas, viviría el presente, educaría a su hija como madre soltera hasta el fin de sus días, así Circe le odiara por no saber el nombre de su monstruoso padre, de ella no saldría ese nombre y se aseguraría de que nadie más se lo dijese, claro, en caso de que algún entrometido lo supiera…

Tom los observaba con arrogancia, pasando lista con su mirada, había pasado mucho tiempo desde la última vez que había usado un Avada Kadavra en alguien, había pasado un año desde la última vez que vio a Harry Potter a los ojos y un año desde que besó y tocó el cuerpo de la sangre sucia…

Apretujó la quijada, sus ojos azules enrojecieron, y sus manos se volvieron puños, las venas se volvieron gruesas, recorriendo sus brazos cómo si se tratasen de serpientes que se deslizaban dentro de su piel…

- Hoy… Lord Voldemort vuelve a levantarse.- susurró ante los gritos de alegría de sus seguidores, entre ellos…

La Familia Malfoy.

Draco le observó, desde algún tiempo atrás, sus ojos color mercurio notaban a un Señor Oscuro demasiado diferente, su madre siempre le susurraba al oído, que algo le estaba pasando, que su mirada siempre se encontraba perdida y que de vez en cuando, si era muy observador, descubriría, que en ese par de ojos aguamarina, alcanzaría a percibir un odio que no era normal en Lord Voldemort…

Y precisamente en ese instante, Draco Malfoy observaba aquellos ojos, descubriendo una figura humana en el reflejo de aquellos espejos que no poseían alma alguna dentro de ellos, había algo ahí que le inquietaba, algo que su mente privilegiada le exigía a gritos que averiguara, pero aquel hombre era demasiado peligroso, si comenzaba a hacer averiguaciones, entonces su muerte era segura.

- ¿Qué escondes…? – preguntó Draco entre dientes, pero en ese preciso momento, los ojos del más sombrío y poderoso mago oscuro, se posaron en el rubio, quien evadió aquella mirada tan profunda, Tom sonrío complacido ante la evidente derrota del mocoso Malfoy, él levantó la barbilla, arrogante y orgulloso…

- La hora ha llegado, mis fieles seguidores…- susurró la serpiente humanoide.

Miles de brujas y magos asesinos salieron disparados en sus escobas de la Mansión Malfoy, quedando solamente la Familia dueña de aquella enorme casa, Lucius, quien observaba por la ventana enorme, miraba específicamente a Tom Riddle.

- No es el mismo…- el patriarca de la Familia escuchó a su esposa decirle mientras ella le sujetaba por los hombros, Lucius permaneció con la mirada en el horizonte, mientras su señor se alejaba con la horda de magos.

- Muchos son los que siguen a nuestro amo, pero somos muy pocos quienes logramos notar el más mínimo cambio, Narcisa.- fue su respuesta, Draco los escuchaba mientras estaba sentado frente al escritorio de su padre, tenía un libro entre manos.

- Si, lo sé, querido, pero eso no nos hace mejor que esa horda de inútiles.- fue lo que Narcisa contestó antes de darse la media vuelta y salir de aquella oficina.

Draco no dijo nada, pero por la mirada de soslayo que su padre le dirigía en ese momento, el rubio intuyó que quería que dijese algo al respecto.

- Sabes mejor que nadie de lo que pienso, padre.- fue lo único que dijo antes de ir tras su madre.

Y fue así como Lucius Malfoy volvía a sentirse completamente solo, por más que intentara hacer las cosas bien, para mantener a su Familia a salvo, las cosas seguían empeorando…

Hermione se estremeció al sentir el frío recorrer su cuerpo, se despertó de sobresaltó en el instante en que cada bello de su cuerpo se erizó, respiraba la castaña, agitadamente, se pasó la mano por el cabello para luego descubrir la ventana abierta, la pequeña habitación estaba en penumbras, de inmediato, la joven madre se volteó para buscar a su hija, y ahí estaba, bañada completamente por los rayos de luna que se colaban por entre la ventana…

Y el tiempo se detuvo, jugándole una extraña y escalofriante broma, allá, a las afueras de la ventana de la recamara, se encontraba Tom Riddle sonriéndole de oreja a oreja, de pie sobre el cuerpo de la escoba…

El miedo se apoderó de ella, Hermione se paró de un brinco y se dirigió a la ventana, buscó con la mirada a aquel oscuro mago, pero allá no había nada…

- Es tu imaginación Hermione, Riddle está muerto…- se dijo mientras se daba la vuelta y regresaba a la cama, pero no antes de volver a mirar a su hermosa hija.

Y cubrió su cuerpo con la delicada sabana y recargó su cabeza sobre la almohada, cerrando los ojos en el proceso…

- Eres una histérica Hermione… - y con aquellas palabras estuvo dispuesta a dormir en paz.

Y por un par de minutos así fue, hasta que el escalofrío recorrió su cuerpo al sentir la frialdad de unas manos recorrer sus piernas, Hermione intentó ponerse de pie, no antes de soltar un silencio, pero lo que ella no sabía, es que cuando había cerrado los ojos, Tom le había estado observando desde las sombras, silenciando y cerrando puertas y ventanas de la recamara, nadie podía escucharlos ni ofrecer ayuda a la chica por más que gritara…

Y se deslizó por debajo de las sabanas, deshaciéndose de la capucha desgastada y rota, quedando solamente en pantalones; y al sentir la piel cálida contra sus manos, su cuerpo se estremeció al reconocer el contacto, un año, había pensado Riddle, había pasado un año pensando en la inmunda que se había atrevido a darle un hija…

Y le sintió despertarse, Hermione había pataleado, pero Tom era más fuerte y rápidamente se coló sobre ella…

Y sus ojos se volvieron a encontrar una vez más.

El fuego que se había apagado, estaba a unos cuantos centímetros a volver a encenderse, ella respiraba agitadamente, el añoraba a volver a tenerla…

- Al fin… otra vez, Sangre sucia…- le susurró al oído, Riddle olfateo su aroma y pegó su nariz en el cremoso y suave cuello de ella.

Hermione intentó zafarse de su agarre, pataleo y grito, pero el muy desgraciado había hechizado la habitación, de repente, la imagen de su hija llegó a su cabeza, Hermione, mientras sentía a Riddle probar de su cuello, la castaña volteo a ver a la pequeña Circe, quien seguía sumergida en el mundo de los sueños…

La castaña le vio desaparecer bajo la sabana, más su cuerpo seguía comprobando que aún estaba ahí, sus pechos, presionados contra las manos de él, fueron liberados, pero las caderas de Hermione, ya algo anchas por el parto de Circe, fueron las que continuaron pagando….

- ¡AH! - Hermione soltó el grito al sentir a Riddle abrirle las piernas violentamente, sus ojos, dilatados por esa misma emoción que recorrió su cuerpo hace tiempo, y exactamente como aquella vez, Hermione no pudo evitar corresponder sus besos y sus caricias.

La luna llena, emanando su intensa luz perenne, tan mágica y tan siniestra, cubierta por un manto estrellado, siendo testigo de un error que no debió pasar, pero existía, y ella no pensó en las consecuencias, y él dejó llevarse por la extraña pasión.

Y Circe no despertó gracias a un hechizo.

Y mientras ella volvía a caer en sus redes, en lo más alto del cielo, la marca tenebrosa comenzaba a cubrir a la Luna por completo, las serpientes y el cráneo meciéndose de un lado a otro, dentro de una extraña luz verdosa….

La marca tenebrosa.

CONTINUARA...


De verdad, mis mas sinceras Disculpas, pero a todo(a) escritor(a) nos llega a pasar de vez en cuando, lo Bueno es que estoy de regreso ja ja ja ja ja, pero Bueno ¿que les pareció? espero sus comentarios...

Saludos y Muchas Gracias