HOLA CHICOS! ya traje nuevo capítulo
Espero que este cap les guste, en especial por lo que se verá en este cap jojojo
Akane Scarlet: Muchas gracias :3 te he visto seguirme en historias anteriores mías, espero que esta también te guste e igual que se te siga haciendo interesante n.n
Bueno sin más los dejo leer!
Esclava tuya.
Había mirado por última vez la casa donde había crecido, siendo arrebatada de mi libertad ante una persona que no conocía.
Anhelaba tanto la libertad que jamás me había dado cuenta que yo misma era la única que sujetaba mis manos al conformismo en el que había vivido.
Mi mirada miraba a un punto, pero realmente no sabía a qué punto.
No podía procesar la muerte de mamá.
¿Por qué ella había muerto? ¿Por mi culpa?
No sabía qué había pasado entre Jude y ella esa noche en la que Lucy cumplió diez años, pero si Jude había matado a mamá era por algo tan grande como para dejar a su hija sin una madre y sin una hermana.
Tenía que escapar de donde me fueran a llevar y regresar por mi hermana.
-¿No te gusta lo que ves, niña?-Preguntó con una voz ronca, Brain.-Esto es mucho más hermoso que la pobre casa en la que vivías. Deberías de ser un poco agradecida.
Voltee a verlo, viendo que su mirada estaba dirigida a la ventana de la carroza. Giré mi vista para ver cómo nos adentrábamos a una gran ciudad, donde muchas personas pasaban y deambulaban alrededor de mercados de comida. La ciudadela mostraba la vida que yo carecía…y no hablaba del oro.
-¿Fue mucho lo que pagaron por mí?-Pregunté de manera monótona.
Brain me miró con una ceja alzada, para asentir simplemente.
-Entonces soy su esclava, ¿verdad?
Si ellos me habían comprado por grandes cantidades de oro, era imposible para mí intentar escapar sin que ellos fueran tras Jude y Lucy intentando saldar lo que les habían robado. No sabía qué hacer, sin poner en riesgo la vida de mi hermana, pero tenía que buscar la manera de salir de ahí y buscar a Lucy. No tenía otro propósito en mi vida más que la vida de mi hermana.
-Tú eres un poco más especial que una simple esclava.-Me dijo con misterio en su voz.-Pero es claro, ni siquiera tú sabes sobre eso. Sólo te puedo decir que Layla tenía escondido un gran tesoro en su casa y si no hubiera sido por Jude, jamás hubiéramos encontrado a alguien como tú.
Seguramente se debía a lo que había hecho en casa.
No tenía idea que en verdad la magia existiera y al igual que ellos me encontraba sorprendida de que tuviera magia en mí, pero aún así eso sería inútil para ellos si no sabía qué era lo que yo podía hacer. No podía ni quitar las cadenas de mis manos.
La carroza siguió avanzando hasta adentrarnos a las zonas más ricas de aquella gran ciudad.
Había grabado grandes detalles de la ciudad y del camino que habíamos tomado para llegar así. Por lo que jamás olvidaría eso.
Llegamos a un gran terreno, para adentrarnos y llegar a una la casa más grande que había visto jamás. Los lujos de ésta eran increíbles, mostrando decoraciones hechas por personas profesionales.
Los jardineros trabajaban para mantener vivos los jardines, pero aquellos jardineros parecían ser personas como yo, ya que estaban siendo vigilados por la seguridad de aquella mansión a lo lejos.
Entonces no era la única en ese lugar.
-Llegamos.-Declaró, Brain.-Bájate, niña.
-Me llamo Erza.-Respondí con la mirada baja.
Brain mostró una sonrisa burlona, para simplemente tomar mi cuerpo, como si este se tratara de un costal de papas.
Algunos sirvientes le abrieron la puerta para permitir que él y yo nos adentráramos.
La mansión era más que impresionante, tenía adornos que jamás creí que existirían. Era tanta la riqueza que inclusive me hicieron sentir intimidada.
Brain me adentró aún más para llegar a una puerta demasiado alta color blanco y tocar, cuando respondieron a su acción, nos adentramos a lo que parecía ser un despacho.
Había un gran escritorio de madera, a sus lados había libreros con una cantidad impresionante de libros y en frente había unas sillas de madera que podía asegurar que eran igual de caras que todo el lugar.
Sentado atrás del escritorio se encontraba un joven de cabello largo y azulado, mostrando sus verdes ojos a un libro con pasta de cuero de algún animal. También tenía una extraña marca arriba y debajo de su ojo izquierdo de color roja. El hombre parecía tener diecisiete años.
-Hemos llegado, Jellal.-Avisó Brain, llamando la atención de aquel hombre.
Aquella persona alzó su mirada, viendo a Brain primero, para después dirigir su mirada a mí. Se paró de su elegante silla y se acercó a mí sin mostrar expresión alguna en su rostro. Su mano se dirigió a mi corto y mal cortado cabello, dándose cuenta que por los pequeños mechones de cabello, que este era de un color rojo.
-¿Hubo problema alguno?-Preguntó con una voz ronca.
-Ninguna. Simplemente que la especificación de Jude era cierta.
La mano de aquel hombre se fue hacía mi barbilla para que este lograra ver mejor mi perfil.
-Es una niña.-Dijo al seguir revisando mi cara.-Desnúdala.
Abrí mis ojos al saber lo que quería hacer, por lo que fruncí el ceño y me aleje levemente de las manos de aquel hombre.
-No te atrevas a tocarme.-Sentencié, sintiendo nuevamente como mi cuerpo se sentía caliente.
No permitiría ninguna humillación por parte de él, pero al parecer mi amenaza no lo sorprendió ni un poco, ya que sentí como la mano de Brain me ahorcaba, mientras que con la otra quitaba mi simple vestido, dejándome simplemente en bragas.
Al sentir mi cuerpo desnudo, aventé a Brain a un extremo de la habitación, pero aquel hombre no pareció inmutarse en absoluto.
-Tu magia no me dañara a mí, niña.-Dijo sin interés alguno, examinando todo mi cuerpo y tocando una parte en específica de mi espalda.-No eres la única que puede usar la magia, así que no vuelvas a hacer eso o te castigaré.
Sus palabras eran consumidas por el vacío, pero su mirada seguía tocando mi espalda.
Estaba temblando de miedo al sentir sus manos tocar mi espalda. Se alejó de mí y simplemente me dio la espalda. Brain se posicionó, mirándome con fastidio.
-Eres demasiado débil.-Su voz no mostraba ni interés.-Reaccionas únicamente a tus emociones y eso es un gran problema. Serás una sirvienta más y si es necesario te torturaré hasta que controles esas emociones que simplemente me dan asco.
Mi cuerpo desnudo estaba temblando de miedo ante aquel hombre que lograba intimidarme con su frialdad.
-¿Qué quiere de mí?-Pregunté temerosa.
-Eso no te interesa en absoluto.-Se volteó a verme con esa misma mirada de frialdad.-Yo te he comprado, así que eres mía. Lo que yo haga contigo es problema mío, tú únicamente te encargarás de hacer lo que yo quiera.
Bajé mi mirada, aguantando las ganas de llorar.
Era la primera vez que estaba ante una persona que me intimidara tanto, en especial por lo que él podía hacer conmigo.
-Llévala a donde dormirá, Brain.
Sin más, Brain me tomó con brusquedad para sacarme de ahí, aún estando desnuda.
Los sirvientes de la mansión me miraban con pena, viendo como me humillaban ante todos.
Quería que grandes lágrimas salieran de mi cuerpo, pero me era imposible. No podía mostrar debilidad ante una persona que era mucho más fuerte que yo, tanto física como mentalmente. Si él iba a ser mi enemigo, entonces simplemente me haría tan fuerte como él.
Brain me adentró a una habitación, pero me era imposible ver algo, ya que mi mirada únicamente estaba clavada en el suelo. Me tomó del brazo y me lanzó a una bañera gigante.
Mi cuerpo se sumergió en el fondo del agua, para mover mis brazos, tratando de salir al exterior. Al salir, tomé una gran cantidad de aire.
-Lava tu cuerpo niña, no puedes estar en la presencia de Jellal con ese aspecto tan desagradable.
Sin decir más, salió de aquella habitación.
Me sumergí en el fondo de aquella bañera, para tomar con fuerza mis puños y mostrar la frustración que había sentido desde que vi a ¿Jellal?
No podía entender el por qué me estaba pasando todo eso.
Hace dos días atrás vivía con mis padres y mi hermana, pero de repente mi vida cambió en una cruel jugada. Papá había matado a mamá y me había vendido a mí a esta persona que parecía saber qué era yo más de lo que yo misma tenía conocimiento. Jellal parecía interesado en lo que yo podía ofrecerle como una persona con magia, pero sus palabras únicamente me habían dado a entender qué él también tenía magia, entonces ¿por qué me quería a mí?
¿Qué debía hacer?
Sólo tenía doce años de edad. No tenía la fuerza para revelarme ante el mundo.
Giré mi cuello levemente, tocando la marca de nacimiento que Jellal había tocado anteriormente.
Mamá y Lucy no tenían esta marca de nacimiento en forma de cruz, ¿significaba eso algo acerca del origen de la magia que parecía tener?
-La he dejado tomando un baño, Jellal.-Comentó Brain, al momento en que entró al despacho.
Jellal lo miró sin mucho interés, para sólo asentir.
-¿Puedo preguntarte algo?
-Ya lo estás haciendo, Brain.-Contestó de manera irritada.
Brain parecía estar acostumbrado al mal humor de Jellal, por lo que no parecía sorprenderse por la manera en que éste le contestaba.
-No es una novedad para nosotros conocer personas con magia e inclusive lo conocemos a "él", que tiene un contacto directo con dragones, ¿por qué le interesó la niña pelirroja que Jude había mencionado?
Brain por primera vez, mostraba curiosidad e impaciencia en su rostro. Jellal por otro lado, extrañado por la pregunta de Brain, mostró una simple mueca de desagrado.
-Cuando yo era un niño, escuché que una bruja que vivía en Ishgar estaba embarazada. Esta bruja era una mujer pelirroja con poderes jamás antes vistos, inclusive para nuestro mundo mágico.-Jellal mostraba un poco de frustración al decir eso.-"Él" tiene contacto con dragones e inclusive nosotros logramos encontrar un huevo. Por experiencia sabes que mi padre murió por culpa de un dragón, Brain. Nadie puede domar un dragon, y si "él" lo logró ha sido por mera suerte.
-Entonces crees que la mujer de Ishgar era la heredera de Dragnof.-Más que escucharse como una pregunta, era una afirmación.
-Hace siglos que no se ha visto una mujer pelirroja, así que esta niña es la clara muestra de que esa mujer vivió gracias a la información de Jude.-Las manos de Jellal temblaban con emoción al hablar.-Esa niña es la heredera de Eileen Belserion, por lo tanto una domadora de dragones innata.
Jellal giró su cuerpo para tomar un libro de apariencia vieja.
-Por lo tanto se podría decir que ella es la alfa de los dragones.
Brain quedó completamente sorprendido ante la información que daba Jellal, para cambiar su rostro a uno más sereno. Se sentó en la silla que estaba en frente del escritorio de Jellal y juntó ambas manos y jugando con sus dedos.
-Esa niña es muy importante y la necesito viva hasta que aprenda de ella a usar la magia que su madre usaba.
Brain no decía nada, simplemente escuchaba y veía a Jellal, siendo sumido en sus propios pensamientos.
Jellal por otro lado, veía un libro aún más interesado que antes, tomándolo y guardándolo debajo de su saco para salir de su despacho sin mirar a Brain, dirigiéndose a un solo punto en específico.
Llevaba alrededor de treinta minutos sumergida en el agua, queriendo que toda impureza que se encontraba en mi mente se desvaneciera. Mis ojos se encontraban cerrados, sintiendo lo tibio de mi cuerpo y lo bien que me sentía ahí, pero toda tranquilidad se fue cuando sentí como alguien entraba. Abrí mis ojos para ver a la misma persona que causaba mayormente mi temor.
Era Jellal.
-No estás aquí de invitada, sal de una buena vez.-Dijo con un tono frío, sin avergonzarse por el hecho de que estaba desnuda.
Fruncí el ceño levemente, para simplemente asentir.
Quería comprobar la fuerza de él para saber si realmente no tenía ninguna una posibilidad en el futuro de enfrentarme a él y escapar de ahí.
Salí del agua, mostrándole mi cuerpo desnudo sin vergüenza alguna.
Él me miró con indiferencia, sin rastro alguno de perversión, haciéndome sentir más segura respecto a eso.
-Cámbiate.-Dijo mientras señalaba la ropa que había traído en sus manos.
Me aventó la ropa, quedando ésta en frente de mí.
La tomé y vi que se trataba de un simple vestido gris.
Me cambié de inmediato en frente de él. Él por otro lado comenzó a caminar, esperando que lo siguiera por lo que obedecí con la cabeza agachada, asintiendo a todo lo que ese desconocido me decía.
Los sirvientes de la casa me miraban con pena, y veían a Jellal con miedo.
¿Por qué ellos le temían a él?
Era unos años mayor que yo y ya tenía lo que yo jamás tendría en la vida. Oro y poder.
Llegamos al jardín trasero, mostrando lo impresionante y grande que era. Grandes cantidades de árboles crecían con gracia, al igual que muchas rosas y flores. Al final del jardín yacía una pequeña cabaña de madera, donde guardias custodiaban la entrada a aquel lugar.
Los guardias de Jellal nos dieron paso, dejándonos que nos adentráramos.
Miré adentro viendo lo hogareña que era ese lugar.
Se sentía el calor gracias a la chimenea que estaba ahí. La cama era grande, al igual que el comedor con sillas que se encontraban ahí. El librero era pequeño, pero se encontraba llenos de libros.
-Aquí dormirás tú.-Habló Jellal por primera vez después de largo tiempo.-Tú no eres una sirvienta como todas las que están aquí, niña.
-¿Entonces qué hago yo aquí?-Pregunté al no entender qué buscaba de mí.
Jellal caminó a un extremo de la habitación, para tomar un huevo de casi tan grande como lo era mi cuerpo.
El huevo se encontraba reposando en una cuna cubierta de paja.
-Tú estás aquí para cuidar este huevo con tu vida.-Su mirada parecía impaciente, al igual que sus manos que temblaban levemente al sostener el gran huevo.-No me interesa si mueres en el intento, tienes que darle vida a este huevo.
Abrí mis labios levemente para hablar, pero nada salía de ahí.
Giré mi rostro para asentir, apartando mi mirada de él.
Jellal dejó el huevo a un lado para acercarse a mí, tomar mi barbilla y hablarme en el oído.
-No intentes hacer nada estúpido.
Al sentir su tacto mi coraje se hizo aparecer, para apartarlo de mí con una pequeña ráfaga de magia que había logrado sacar.
-No me intimidas, idiota.-Le hablé con coraje por su pasada acción.-Haré lo que me pidas, pero no me vuelvas a tocar. Me da asco tu tacto.
Mis palabras salieron llenas de veneno, algo que no podía controlar.
Ya había tenido demasiadas humillaciones en frente de él, y podía soportar que me mirara desnuda, pero no dejaría que nuevamente me tocara.
Los guardias que estaban adentro apuntaron sus espadas hacía mí, pero Jellal simplemente me dio una mirada de completo fastidio, mostrando su mano hacia arriba en son de que no me atacaran ni me lastimaran.
-No deberías de ser tan ingenua al utilizar tu magia, después de todo yo te ganaría fácilmente en poder y si quisiera aquí mismo te podría matar.-Dijo amenazándome, mirándome fijamente.-Inclusive ahorita mismo te podría hacer mía, niña.-Temblé ante su comentario tan desagradable.-Pero una niña como tú es incapaz de tentarme siquiera a verte como una mujer, así que encárgate de cuidar este huevo únicamente. Pasarás largas horas con Brain, tal vez así puedas manejar tus sentimientos y así mismo tu magia que parece no saber ante quién mostrarse.
Chasqué la lengua para apretar mis manos debido al coraje que me provocaba esa persona.
-Por suerte tuya no tengo interés en verte, así que espero que la próxima vez que te vea haya un progreso con ese huevo o con tu magia…o si no la pasarás realmente mal.
Sin más, salió.
Me había dejado completamente sola en aquel hogareño lugar.
¿Por qué había caído con alguien como él?
No lograba entender por qué mi vida había cambiado tanto. No quería estar con él, pero escapar de este lugar era casi imposible de pensar. Tenía que aprovechar la magia que había en mí, para escapar e ir con Lucy, pero cada vez se me hacía más difícil de pensar en esa posibilidad.
Miré el huevo que había dejado a mi responsabilidad. Era demasiado grande para ser el huevo de un animal común.
Los detalles en el huevo eran hermosos.
Tenía líneas azules y doradas que eran claramente visibles.
Levanté mi mano, logrando alzar mis dedos y con el índice derecho tocar el huevo, pero sentí como el corazón de aquel animal se sincronizaba con el mío. Como si se tratase de mi propio corazón.
Me separé asustada al sentir ese corazón tan sincronizado con el mío.
Miré mis manos, para mirar nuevamente el huevo y acercarme más decidida a él. Lo tomé con ambas manos, sintiendo con más fuerza lo que había ahí adentro.
-¿Qué eres?
Pregunté impresionada, llevando el huevo a la cama, sintiendo como el huevo reaccionaba de manera favorable al calor de mis brazos desnudos.
-No me importa lo que haya dicho Jellal, yo te mantendré vivo y si él es una amenaza para ti, tú y yo escaparemos de aquí.
Al decir eso, nuevamente sentí pequeños espasmos provenientes del huevo, reflejados en mi estómago.
Era increíble cómo ese huevo se lograba sincronizar conmigo, al punto de pensar que ese era mi cuerpo, escondido en un duro cascaron.
Sentía su calor y su miedo, como si tratase de mantenerse en el huevo para protegerse. También parecía reaccionar de manera favorable cuando hablaba con él, por lo que al sentarme en la cama, lo abracé con delicadeza para comenzar a contarle mi vida, como si se tratase de un cuento. El huevo mostraba reacciones cuando yo sentía mi corazón latir o cuando yo sentía ganas de llorar.
Al contar toda mi vida, el huevo emanaba un agradable calor; como si él me abrazara.
Sonreí con sinceridad al sentir que posiblemente tenía un amigo ahí.
Sin más, él y yo nos quedamos dormidos en la cama. Lo abracé toda la noche con demasiada delicadeza, aunque ese huevo no se rompería tan fácil incluso si yo aplicaba considerable fuerza en mis brazos, pero era algo que no quería intentar. Lo único que quería era darle calor y amor.
Había pasado la noche normal, pero a primera hora de la mañana escuché como la puerta era abierta de golpe, mostrando a Brain que me miraba indiferente.
-Deja el huevo y ven conmigo, Erza.-Dijo únicamente.
Asentí, sintiendo mi cuerpo pesado debido a su repentina acción.
Dejé el huevo en la cuna donde lo había encontrado. Coloqué la paja arriba de él y lo acerqué un poco más a la chimenea.
Caminé con mis pies descalzos a donde se encontraba Brain, para ser guiada por él.
Los guardias parecían de mármol, ya que no hacían más que ver a un punto en específico; los sirvientes por otro lado, trabajaban desde temprano.
Los miré detenidamente para saber cómo eran, pero me era imposible guardar sus rostros, hasta que miré a una niña de mi edad.
Paré un segundo para verla mejor.
Ella era tan delgada como yo, con cabello purpura y ojos color miel. A su lado había otro joven, seguramente de dieciséis años de edad; él era de tez morena y ojos marrones como los mío.
Su mirada se dirigió a la mía, regalándome una pequeña sonrisa.
Mis mejillas se sonrojaron levemente al sentir una verdadera sonrisa ahí, por lo que de igual manera le regalé una sonrisa tímida.
-¡No te atrases, Erza!-Me regañó Brain al ver que había parado mi caminar.
Bajé la mirada para caminar más apresurada.
Llegué a donde estaba él, para ser tomada por mi antebrazo y ser jalada con brusquedad, mientras que él ni se inmutaba del daño que ocasionaba su tacto tan agresivo.
Rodeamos el jardín trasero, llegando a una puerta de madera perfectamente protegida. Abrió la puerta, adentrándonos a unas escaleras que llevaban hacía abajo. El olor de ese lugar era desagradable, el olor a metal oxidado era penetrante al igual que el olor a humedad. Bajamos completamente, dejándome ver un cuarto de grandes dimensiones vacío…a excepción de algo que había en medio. Se trataba de unas cadenas que colgaban en el techo y otras que se encontraban en el suelo.
-No soy tu enemigo, Erza.-Rompió el silencio, Brain.-Pero necesito ayudarte a que desarrolles tu magia aún más allá de tus emociones. Necesitas aprender a controlar esos impulsos y controlar tu cuerpo.
Lo miré sin entender.
Brain se acercó a mí y me cargó.
-¡¿Qué haces?!-Pregunté al sentir mis muñecas apretadas por unas esposas.
Intenté mover mi cuerpo para que me soltara, pero él sin problema alguno hizo lo mismo con mis tobillos, dejando mi cuerpo volando. Mi peso lastimaba mi espalda, que se encontraba estirada debido a las cadenas que estaban en el techo, que eran las que se encargaban de mantener volando.
Sentí mi cuerpo arder, pero antes de que pudiera dejar paso a mi coraje, Brain me golpeó con una espada de madera.
-¡Ahh!-Grité de dolor al sentir la zona pulsar.
Me moví nuevamente, controlando mi ira y mi miedo, pero Brain parecía molestarle eso, ya que mostró una mueca de desagrado, para nuevamente golpear mi cuerpo con aquella espada.
-Te golpearé hasta que dejes de mostrar sentimiento alguno en tu rostro.-Dijo con un tono frívolo.-Controla el dolor y controla el coraje que esto te hace sentir. Sólo así te dejaré de golpear.
Lo miré con odio infinito, pero nuevamente la espada golpeó ahora mi espalda.
-No muestres nada, Erza.
Apreté mis puños mientras que temblaban al dolor que me provocaba estar en esa posición y a los golpes que ese hombre me daba.
Así fue como Brain pasó gran parte del día.
Golpeando y maltratando mi cuerpo.
En la mayoría de veces que era golpeada, mostraba impulsos de dolor y muecas que mostraban el daño que me estaba haciendo. También gritaba al sentir una herida tras otra, por lo que eso intensificaba los golpes que Brain me brindaban.
Su espada se movió directo a mi abdomen, para soltar nuevamente un grito de dolor. Dejando escapar una ráfaga de magia que fue absorbida por las cadenas que me tenían sujeta.
-No dejes salir nada de tu cuerpo.-Me decía una y otra vez.
Fue así como el día entero se fue.
Mi cuerpo era golpeado una y otra vez, cada vez intensificando más la fuerza con la que me golpeaba. Mis gritos únicamente provocaban que los golpes fueran más repentinos, pero me había sido imposible callar el dolor que me provocaba.
Al final del día, Brain me dejó caer al suelo.
Mi cuerpo se sentía tan débil que lo único que podía mostrar eran las contracciones que mis músculos hacían. Mientras que un gran llanto desgarraba mi garganta ante el sofocante dolor de mi cuerpo.
Brain me miraba desde arriba.
Lo único que yo podía ver eran sus relucientes botas, pero también pude ver el momento en que dejaba grandes cantidades de comida en el suelo y otro vestido gris que remplazaría el vestido roto que tenía.
-Cada día sufrirás más si no dejas de ser tan patética.-Se burlaba de mí.-Dolerá menos cuando dejes de llorar y cuando tus músculos acepten el dolor. Si manejas tu magia en base a tus sentimientos, terminarás muerta. Tienes que aprender a manejar el dolor y a pensar con tu cerebro, niña.
No contesté ante su gran comentario. Él no pareció importarle, dejándome sola en ese lugar.
Me quedé tirada posiblemente una hora, mientras que el dolor se calmaba al igual que mi llanto.
Una vez el dolor comenzó a ser manejable, estiré con sobreesfuerzo mis brazos, atrayendo a mí la comida que había dejado atrás.
Era comida y postres que jamás en mi vida había probado, por lo que después del primer bocado que di a la jugosa carne, mi cuerpo se movió solo para traer la comida directo a mi boca. Los postres eran deliciosos, en especial una rebanada grande de pastel de fresa que yacía ahí.
Comí casi todo, sintiendo un poco más de fuerza en mi cuerpo.
Quería pararme, pero mis piernas no podían reaccionar todavía.
Escuché como la puerta de madera era abierta, dejando ver una figura obscura de un hombre.
¿Qué más querían de mí?
Estaba harta de ese lugar y de esas personas.
Los pasos del hombre comenzaron a resonar en la habitación, hasta el punto donde el sonido se encontraba a un lado mío. Alcé mi mirada levemente, viendo a un hombre de cabello obscuro y ojos igual de obscuros. Tenía una pequeña cicatriz en su ceja izquierda y un collar en forma de cruz, una cruz muy similar a la que yo tenía en la espalda.
-¿Estás bien?-Preguntó con una voz varonil.
Al escuchar esa pregunta no pude evitar nuevamente soltar en llanto.
Me sentía tan triste que esa pregunta me hacía sentirme un poco reconfortante. Que alguien se preocupara por mí era lo mejor que había podido pasar en mi día, aunque no sabía si sus intenciones eran buenas o malas, su pregunta había sido honesta…lo sentía.
-Siento que no sea tu salvador, pero yo me encargaré de curar tus heridas y asear tu cuerpo siempre.
Asentí débilmente, por lo que él me cargó con delicadeza.
No quería verlo a los ojos debido a la pena que me provocaba mi estado.
Era tan lamentable mi situación y él lo sabía.
Llegamos al baño que había visitado el día anterior, para adentrarse él conmigo.
Me dejó en el suelo y comenzó a quitar mi vestido.
¿Cuántas personas más me tenían que ver desnuda? ¿Cuánto más tendría que soportar esta humillación?
El joven me dejó a espaldas de él, para comenzar a sanar mis heridas con un líquido verde que traía en sus manos. Su tacto era cálido a diferencia del tacto de Jellal y Brain.
Ninguno de los dos hablamos, simplemente nos manteníamos en silencio.
Una vez terminó con mi espalda, volteó mi cuerpo para dejarme en frente de él.
Podía ver con mayor claridad su persona.
Él era un joven posiblemente igual de joven que Jellal, pero mostraba mucha más humanidad en su persona que aquella persona que me había comprado. Sus labios estaban levemente fruncidos, seguramente por la desagradable situación en la que estaba.
Sus manos se iban a dirigir a mi abdomen, pero me alejé levemente de él por autoprotección.
Su mirada se ablandó, dándome el líquido verde que traía en sus manos. Él me había dado aquel líquido para que yo misma me lo pudiera poner en mi abdomen y mis piernas.
-Muchas gracias.-Dije en susurro.
Él no contestó a mi agradecimiento, por lo que únicamente movió su cabeza en modo de negación.
-¿Por qué tu cabello está tan corto?-Preguntó de repente, tratando de hacer menos incomoda la situación.-Se ve que es un lindo color rojo. Jamás había visto tal color.
Bajé la mirada.
Mi corazón latió con rapidez al escuchar el alago que había hecho a mi cabello, para simplemente contestar.
-No me gusta este color y papá lo odiaba también.-Respondí únicamente.
Al nombrar a papá, las imágenes de lo último que había vivido en casa regresaron a mí, por lo que apreté mis puños con coraje y mordí mi labio debido a la frustración que sentía y el cómo seguía hablando de él como si fuera mi padre.
-Deberías dejar tu cabello crecer.-Me aconsejó, tomando pequeños mechones rojos.-Si crees que esto era una debilidad para ti, ahora hazlo una fortaleza. Necesitarás mucha fuerza para estar aquí, después de todo.
¿Tomarlo como una fortaleza?
Desde que estaba en este lugar, todo era mi debilidad.
Mis sentimientos ante ellos eran lo que me hacían débil. Mi cabello ante mi papá era mi debilidad para que él lograra amarme e inclusive para que mamá lograra mostrarme ante el mundo.
Ellos querían absorber toda clase de humanidad que había en mí, seguramente para volverme un soldado de Jellal.
No podía permitir que ellos ganarán ante mí, así que tenía que controlar mis emociones sin perder la humanidad que había en mí. No permitiría que ellos me utilizaran como un objeto a base del temor. No ocultaría mi cabello nuevamente a las personas, porque no estaba avergonzada de quién era. No al saber que existían personas como Jellal y como Jude.
-¿Cómo te llamas?-Preguntó aquel joven, llamando mi atención.
Me sonroje al ver que me miraba fijamente, por lo que bajé la mirada para abrir levemente mis labios.
-Me llamo Erza.-Iba a mencionar mi apellido, pero yo no tenía apellido alguno y menos aquel que compartía junto con Jude.-Sólo Erza.
Él mostró una sonrisa ladina para tomar soltar mi cabello.
-Yo soy Gray Fullbuster.
¿Gray Fullbuster?
Me gustaba su nombre, inclusive podía sentir que él era totalmente diferente a todos los que se encontraban ahí. Tal vez y él era el apoyo que podría tener en el tiempo que estuviera ahí.
-Yo seré de ahora en adelante quién cure tus heridas, Erza.
OMG! Ya apareció Jellal y Gray.
Pero pues al parecer nuestra Erza le gustó más Gray que nuestro Jellal :( qué pasará con ellos ? Bueno, si quieren saber los espero el próximo capítulo juas juas juas
Hasta la próxima y si les gustó no olviden dejar su bello review :)
Con amor
IleyBriseo
