Capitulo 3
Caminaba por los estrechos pasillos de la oficina. Lejos de ocultar los evidentes estragos de la pelea, Uchiha Sasuke portaba con orgullo los cardenales esparcidos por su rostro. Su ego se alzaba al imaginarse que aquel petulante vocalista se veía o igual o peor que él. Evidentemente, atraía la mirada de todos los ahí presentes, no le extrañaba que los susurros iniciar al salir del elevador, su simple llegada al periódico había generado comentarios. Estaba habituado a ser el centro de atención.
Cerró la puerta con un simple y ligero portazo. Lanzó el maletín al escritorio y tomó asiento en el mismo lugar de siempre. Encendió el ordenador, aguardando pacientemente el momento en que aquella maquina prehistórica optara por resucitar, mientras tanto, alcanzó su taza, vertiendo las cantidades necesarias de café instantáneo y agua, bebiendo elegantemente. Regresó a su lugar, buscando con parsimonia el artículo que aun permanecía inconcluso.
Su próxima noticia causaría revuelo. Un prominente abogado se veía involucrado en un exorbitante fraude, revelando así la lista de contactos a los cuales ayudo a evadir ciertas leyes estipuladas en la economía. No importaba si su vida estaba en juego, durante su carrera se había adjudicado el odio de muchas personas, todo por revelar la verdad. Deseaba terminar lo antes posible, llevaba recabado la mitad de información y quizá pasaría el resto de la tarde buscando contactos para obtener más aportaciones al tema.
En su mente divagaba la presencia de aquella peli-rosa. Detuvo la escritura en el teclado, recargándose contra el respaldo de la silla. Lanzó un largo suspiro. Aquella chiquilla perturbaba hasta sus más placidos sueños y no encontraba la razón. Escuchaba una y otra vez las palabras de despedida. No podía imaginar que ella llevara ese tipo de vida, una chica tan hermosa se merecía algo mejor. Movió la cabeza de un lado a otro, no podía tener esa clase de pensamientos hacia ella, tampoco negaría que Sakura parecía una jovencita atractiva, era una belleza, lejos de los cánones de belleza impuestos por la sociedad. Quizá, si tan solo ella fuese unos años mayor, no habría dudado un segundo en hacer todo lo posible por tenerla, no solo física sino sentimentalmente. Lanzó un bufido de frustración, estaba fuera de sus estribos si seguía pensando en Sakura de tal manera. No pudo contener una pequeña carcajada, de todas las mujeres en el mundo, la que venía a ponerle el mundo de cabeza era una chiquilla de solo diecinueve años de edad, los suficientes para enviarlo a la cárcel si osaba propasarse con ella. Asociaba aquello con la crisis tardía de los treinta, nunca había permanecido en una relación por más de dos años, al fin y al cabo, todas terminaban huyendo. No negaría que necesitaba un poco de compañía, tampoco era un ser asexual, era un simple mortal que de vez en cuando sucumbía a los placeres carnales.
Opto por continuar con su trabajo. Nada bueno resultaría si se enrollaba con una chica a la cual le pagaban por ofrecer su cuerpo. Poco le importaba lo que ella hiciera o dejara de hacer. La oportunidad de redactar una historia prometedora estaba más lejos que antes. El proyecto finalizaba sin tener un inicio.
Retornó su mente al extenso artículo, tomando del escritorio una careta amarilla del montón que yacían meticulosamente ordenadas sobre la superficie de madera. Si juagaba a la perfección sus cartas, la noticia seria nominada al premio pullitzer, y quizá aquello le otorgaría el capital suficiente para vivir por el resto de sus días.
Maldijo al percibir el inoportuno movimiento a las afueras de la oficina. Las personas se levantaban de sus asientos para avizorar a la persona que realizaba una visita a las instalaciones del periódico. Cada uno de ellos estaba habituado a recibir a personalidades de peso, desde políticos hasta famosos, todos y cada uno de ellos, ocultando la molestia y llevando consigo un ocho de dinero para persuadir a los periodistas de lanzar alguna nota que pudiese perjudicar su carrera. Algunos sucumbían al encantado de las finanzas, otros todavía se apegaban a los principios y lanzaban la noticia unos días después. Inmiscuido ir el barullo, se puso de pie, encaminándose hacia la puerta, situándose en el umbral.
La presencia femenina avivaba los ánimos del público, aquella hermosa joven se encontraba buscando la oficina de "Uchiha Sasuke". Amablemente, la recepcionista le indico el camino, señalando con el dedo índice al aclamado escritor. Ella sonrió, agradeciendo. El corazón de Sasuke dio un vuelco al ver como la peli-rosa se acercaba con paso elegante, atrayendo las miradas de los ahí presentes y adjudicándose uno que otro piropo hacia su persona. Como era de esperarse, Sakura imponía respeto a cualquier lugar donde acudía, desprendía elegancia hasta por los poros. Aquella mañana utilizaba una diminuta falda negra, ajustada a su cadera, enmarcando sus piernas largas y torneadas, elevando su altura con unos zapatos de tacón a juego. Llevaba una camiseta holgada de color verde militar y su cabello caía sobre sus hombros en perfectas ondas. Todos se atrevieron a contemplar al pálido Uchiha, lanzándole maldiciones por atraer la atención de tan perfecta jovencita. Sin decir más, el azabache ingresó nuevamente a su espacio de trabajo, indicándole a la peli-rosa con un gélido gesto que podía pasar. Cerró la puerta, asegurándose que nadie escuchara su conversación.
No entendía porque la chica acudía a su oficina así como si nada. Creía que la noche anterior ella había extenuando su negativa a seguir manteniendo contacto con él. Estaba claro que nunca llegaría a comprender a las mujeres, quizá por esa razón prefería mantenerse solo.
— ¿Qué es lo que haces aquí?— Preguntó el escritor, evidentemente molesto. Sakura, vacilante, comenzó a juguetear con cabello, ordenando el discurso preparada en su cabeza.
—Solamente vine a agradecer lo que hizo por mí anoche. — Sentencio nerviosa. Nunca, en su experiencia tratando con hombres, uno de ellos había logrado intimidarla como Sasuke a ella. El escritor poseía algo que lograba apaciguar sus sentidos, adormecerlos hasta el punto de transformarla en una criatura dócil.
—Bastaba con lo que dijiste en el auto, no era necesario que vinieras hasta acá. — Espeto. La visita de Sakura seria tema de conversación durante semanas, donde diversas teorías apuntarían a un idilio del escritor con la lujosa dama de compañía.
Permanecieron en una larga y tortuosa afonía. El aroma dulce de su perfume, invadía las fosas de nasales del azabache, así como todo el entorno. Era imposible para el mantenerse estoico, cuando la referencia de la tentación se presentaba ante él.
—Además, quiero acceder a otorgarle la información necesaria para su libro. — Apresuró a añadir, mordiendo su labio inferior con particular sensualidad, para ella un acto reflejo, para él una acción irresistible. — Creo que usted está particularmente interesado en cómo se maneja todo esto y no precisamente en mí.
—Por supuesto que me interesas.— Indispuesto a contemplarla, recargó la frente contra su brazo, oteando el diminuto panorama desde la oficina en el piso quise de aquel rascacielos.— Me desconcierta por qué una chica como tú se ve inmiscuida en asuntos de tal índole.— Murmuro.
—Ahí está de nuevo, "una chica como yo", por favor, no soy nada fuera de lo común. — Dijo Sakura. —Además, prefiero mantener mi vida personal alejada del trabajo, es una regla de oro. — Sonrió, encogiéndose de hombros.
— ¿Qué fue lo que te hizo cambiar de opinión?— Lentamente viro sobre sus tobillos, aproximándose acechante hacia ella, irguiéndose, mostrando la abismal diferencia de altura entre los dos, remarcando el dominio de los cuerpos.
Sakura, presa del nerviosismo, oteo el singular brillo en aquel par de irises negros, descendiendo por la nariz recta y respingada, prestando atención a los labios bien marcados, delgados pero incitantes al pecado. Tragó un poco de saliva, alejándose un poco, remarcando la incomodidad que suscitaba estar cerca de él.
—Es una forma de agradecimiento. Estoy segura que esta historia será un exitoso regreso para usted y me gustaría ser parte de ello. — Temblorosa, alcanzó su bolso. — ¿Estará libre mañana por la tarde?— Sasuke asintió. — Perfecto, lo veré en el parque frente al ayuntamiento a la tres en punto. —
—Una cosa más.— Sasuke detuvo el paso de la peli-rosa, sujetándola con delicadeza del brazo, cerrando la puerta para que nadie más escuchara el final de aquella conversación.— No vuelvas a poner un pie en este lugar otra vez, ¿entendido?— La temerosa peli-rosa asintió, notando como el agarre del pelinegro cedía, permitiéndole marcharse.
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Tal como lo habían acordado, Sasuke apareció puntual en el parque atiborrado de cerezos, frente al ayuntamiento. Logró escapar temprano de la oficina, dirigiéndose directamente al punto de encuentro.
No fue necesario detenerse a iniciar una búsqueda minuciosa para encontrar a la peli-rosa. Pocas personas en el mundo compartían un aspecto tan exótico como el de ella, nadie en el mundo podía declararse "peli-rosa" natural. En su campo de visión entró la imagen inocente de aquella bella dama, postrada bajo la sombra de un árbol, mientras su viento se mecía al compás del viento, y su cuerpo permanecía cubierto por un pequeño vestido color blanco, dejando al descubierto los hombros blanquecinos y las piernas torneadas. Parecía absorta en sus propios pensamientos.
Deliberadamente, tomó asiento a su lado, saltándose la cordialidad de efectuar un saludo o anunciar su presencia. Ella reparó de inmediato en él, girando unos cuantos grados para encararlo, recibiéndolo con una sonrisa tan radiante como el mismísimo sol de aquel día.
—Vaya elección. — Aludió el pelinegro, refiriéndose a al parque familiar, donde parejas y niños deambulaban sin problema alguno. — Bastante marmosa para tratar un tema como el de tu trabajo, tomando en cuenta que deseas pasar desapercibida.
—Prefiero los lugares abiertos. Las personas no tienen tiempo para inmiscuirse en la vida de los demás, todos prestan atención a sus propios asuntos, al menos que sean escritores. — Bromeo, contemplando por primera vez una ínfima sonrisa por parte del pelinegro.
El parloteo de la peli-rosa se detuvo e inmediatamente cada parte de su cuerpo permaneció petrificada. Sus ojos seguían atentamente los pasos de un elegante hombre, vestido con traje de marca, abandonando con parsimonia el ayuntamiento, manteniendo una conversación con hombres del mismo aspecto. Guardó silencio cuando la mirada de aquel sujeto se cruzó con la suya. La faz de Sakura detonaba tristeza y la de aquel individuo arrepentimiento en su más pura esencia. El importante hombre, subió al automóvil, indicándole al chofer la hora de partir.
Ante los ojos del Uchiha, aquellos extraños gestos no pasaron desapercibidos. Evidentemente existía una conexión entre los dos, quizá carnal o de cualquier otro tipo, pero el semblante que ambos mostraron al contemplarse, no podía apreciarse naturalmente en la calle.
— ¿Conoces al congresista?— Indagó, colocando los lentes para atibar con mayor nitidez todo a su alrededor. Había escrito unos cuantos artículos respecto a ese hombre, todos basados en las propuestas lanzadas para llegar al poder político, y la relación estrecha que mantenía con el emperador.
—Sí, todos aquí lo conocen, ¿usted no?— Preguntó en respuesta, alzando una ceja para acompañar de poca credibilidad a su réplica. Tal como lo esperaba, la chica se andaría por las ramas, esperaba que conforme el relato surgiera, el nombre de aquel político saliera a la luz.
—No del todo, nuestra relación no es muy cordial. Las últimas columnas estuvieron dedicadas a las propuestas lanzadas en los últimos meses. No le agradaron mis comentarios. — Respondió el, creyendo necesario otorgarle una explicación concreta.
— ¿Y por donde desea comenzar?— La chica se removió en el asiento, alzando las piernas para colocarse en una posición poco favorecedora. Tenía la costumbre de hablar mirando atentamente a su acompañante, un acto que según su madre, mostraba altivez. — ¿Qué es lo que quiere saber?
—Pensé que yo era el escritor. — Dijo el Uchiha, escuchando una pequeña carcajada por parte de la peli-rosa. No estaba acostumbrado a realizar bromas, nunca tuvo el don de hacer reinar a las demás personas, pero aquello pareció ser de la gracia de la jovencita. — ¿Qué fue lo que te orillo a unirte a tal trabajo?
—Una excusa adolescente. — Admitió. — Durante años, viví en una familia "convencional", conformada por mamá y papá. Mi madre, solía dedicarse al hogar y mi padre pasaba gran parte del tiempo confinado en la oficina. Conforme los años pasaron, las diferencias entre ellos incrementaron, o mejor dicho, comencé a darme cuenta que esas discusiones siempre estuvieron presentes, solo que trataban de mantenerlas ocultas. Lo inminente llegó, luego de una discusión, ambos tomaron la decisión del divorcio, situándome a mí como la parte neutral del conflicto. — Exhaló con fuerza. Pocas personas conocían verdaderamente su historia. — Decidí quedarme en casa, con mamá, sabía que ella me necesitaría más que mi padre, por lo tanto, permanecí ahí.
Detuvo el relato durante algunos segundos, recordarlo aun generaba nauseas en su interior. Aquello suponía uno de los peores momentos que conformaban su vida, y la vital acción que la llevo a inmiscuirse en el mundo de las acompañantes de lujo.
—Las llamadas y visitas de papá pronto desaparecieron. De repente, solo le adjudique el título de padre, puesto que nunca fue merecedor del mismo. Hastiada por su falta de atención, decidí escapar del colegio. Uno de los choferes me otorgó la dirección de la casa donde permanecía mi padre, así que, dispuesta a encararlo y echarle en cara su nula importancia, acudí. Evidentemente lo que encontré ahí nunca llegue a imaginarlo. Una exuberante mujer salió a recibirme. Por un segundo imagine que quizá me había equivocado de número, eleve la mirada para asegurarme, pero todo estaba tal cual lo decía la nota. Mi padre no demoró en aparecer. Aquella mujer había arruinado lo que por veinte años mis padres se habían empeñado a construir, ella era la causante de las lágrimas de mamá y las peleas constantes. Salí corriendo de ahí. — Sonrió irónicamente, reprimiéndose su falta de actuar.
—La ausencia de tu padre y una amante, ¿Cómo puedo asociarlo con lo que haces?, ¿no crees que es algo parecido?— Preguntó Sasuke, escribiendo con rapidez cada una de las palabras emitidas por la joven peli-rosa.
—En parte. — Respondió, encogiéndose de hombros. — Después de aquella visita, condene mi relación con mi padre al odio. Por decisión propia, rechace el dinero que enviaba mensualmente, me hastiaba recibir regalos, cartas o llamadas que provinieran de él. — El semblante de la peli-rosa cambio.— Al ingresar a la universidad, necesitaba dinero para costear los gastos de la misma, y como mi orgullo era tan grande, no iría a rogarle a mi padre, por lo tanto, precisaba encontrar un trabajo que me ayudara a solventar todos y cada uno de mis gastos. ¿Había mencionado que mi padre es el congresista Haruno?— Preguntó ella, percibiendo como el cuerpo del azabache se tensaba al escuchar esa gran noticia, ahora lo comprendía todo.
— ¿Cómo…?— Cuestionó incrédulo, tratando de creer lo que la chica decía.
—Para ese entonces, mi padre buscaba ganar las elecciones como alcalde del distrito de Tokio. Todos ignoraban su vida privada, estaba de moda desechar a las viejas esposas y relucir en las reuniones sociales con la nueva y exuberante amante. — Espeto ella con desdén. — Escuché a dos chicas hablar de cierta mujer que se encargaba de reclutar modelos, para que fungieran trabajos como damas de compañía. Al inicio me pareció una locura, pero conforme mi necesidad aumentaba y el rencor, decidí presentarme ante la misteriosa mujer. —
— ¿Tu plan funcionó?— Sakura asintió orgullosa.
—Por supuesto. Inmediatamente me contrataron. Debo aclararle que no soy una prostituta, no estoy obligada a pagar los regalos con sexo. Todo se realiza acorde a mis deseos, nada sucede a la fuerza. — Aclaró ella, dejando en claro su posición. — Poseo la total libertad de decir no, yo establezco los límites.
—Entonces… ¿no eres una escort?— Preguntó Sasuke, comprendiendo muy poco sobre el concepto.
—Recibo un número determinado de clientes fijos, los cuales yo me encargo de aceptar o rechazar. Entre mis filtros existe el principal; nada de hombres casados. No tengo la valentía de arruinar a una familia por una simple tentación. — Sakura mordió su labio inferior. — Como lo dije, no todo se trata de sexo. Acudo a viajes, reuniones interminables de trabajo, fiestas, estrenos de películas y conciertos de rock. Ellos buscan mi compañía y yo accedo.
—Siendo sinceros, ¿Cuántos hombres han contactado contigo?— Lo que Sakura decía tenía sentido. Salía con hombres solitarios, tal era el caso de Kakashi, quien después de una decepción amorosa, opto por retirarse de las relaciones duraderas, buscando consuelo en damas pasajeras.
—Solamente tres. — Dijo ella. — Puede sonar inverosímil el número, pero gracias a ellos tres pago la renta de mi apartamento, gastos básicos y los de mis estudios. Lo demás son pequeños regalos que ellos deciden otorgarme.
Incrédulo, Sasuke detuvo la escritura. Una chica tan hermosa como ella no parecía tan perversa o superficial como lo había imaginado anteriormente. Estaba equivocado respecto a su persona, la había juzgado mal.
—Lo sé, es increíble. No vendo mi cuerpo, vendo mi conocimiento, mi labor es despejar la mente de mis clientes, hacerlos pasar un rato agradable con charlas que involucren desde compositores de música clásica hasta pintores poco reconocidos. — Sakura sonrió levemente, encontrando la mirada de Sasuke.
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El primer hombre en la vida de la peli-rosa, era nada más y nada menos que un importante empresario. Prefería llamarlo "C" para no revelar su verdadera identidad.
Al igual que gran parte de la gama de clientes, C entraba en el rango de hombres seductores, playa boyas por naturaleza. Había comenzado discretamente en el mercado, creciendo eventualmente, comprando pequeñas empresas para crear un imperio.
Con un matrimonio fallido, C encontró por casualidad a la pequeña agencia, contactándose con la mujer que manejaba todos los hilos. Aquella dama se ajustó a las peticiones del rubio, ofreciendo a Sakura como primera opción, enviándole imágenes de la chica para convencerlo. Cautivado por su belleza, el hombre acepto, citándola en un restaurante lujoso en el centro de Tokio, indicando que ambos pasarían la tarde en un prestigioso club de la ciudad, donde se llevaría a cabo una vital reunión. Todos sus compañeros asistirían con sus respectivas parejas y el no sería la excepción.
Tal como lo había indicado, Sakura contuvo el nerviosismo, preparándose especialmente para el petulante empresario. Su cuerpo yacía enmarcado por un costoso vestido blanco, balanceaba perfectamente el maquillaje natural con el peinado casi elaborado. Sabía que su cuerpo estaba a la perfección, situado en un punto de equilibrio, senos prominentes, caderas anchas, glúteos voluptuosos y cintura estrecha. Aguardó pacientemente, obteniendo como referencia la descripción física otorgada por Anko.
Sus fanales esmeraldas capturaron al empresario, quien firmemente se dirigía hacia ella. En ipso facto se puso de pie, estrechando sus manos en un cálido saludo, tomándose la libertad de utilizar su propio nombre, el cual, la mantendría cerca de la realidad.
Embelesado por la radiante apariencia de la chica, C comprendió que había realizado una buena inversión. Sonrió satisfecho, posicionando una mano sobre su cintura, llevándola consigo hasta el estacionamiento, donde un lujoso automóvil del año aguardaba por ambos.
Durante el trayecto, ambos charlaron sobre temas triviales. Ella, utilizaba sus dotes personales para mantenerlo atento, interesándose en el mundo de los negocios, en sus mayores gustos y más alocadas aspiraciones. El tiempo pasó volando, y cuando menos se dieron cuenta arribaron al club, donde los compañeros del rubio aguardaban por ambos.
Todos los ahí presentes se maravillaron al ver a C arribar con una nueva conquista, sobre todo porque la chica parecía sacada de una portada de revista. Sakura se amoldó a cada uno de ellos, siguiendo el juego de actuación, donde ambos relataban una historia de amor falsa sobre cómo se conocieron. Encantados con la peli-rosa, insistieron al empresario llevarla de nuevo y sin más, el encanto de la peli-rosa le valió al rubio una prominente compra.
Lejos de alejarse de la chica, C adquirió cierta preferencia, situándose como el único cliente de la chica, puesto que con el dinero que valían las horas, mas los regalos, no solo Sakura permanecía encantada, sino también Anko. Casi con un contrato de exclusividad, las salidas entre ambos se tornaron frecuentes. Más allá de reuniones aburridas, Sakura comenzó a sucumbir a los lujosos viajes por Europa, los días de compras en las más costosas casas de moda y los exóticos presentes que C tenía preparados cada fin de semana.
Nada ingenua, sabía que aquello no era gratis y que en mínima medida, debía regresar un poco de lo que obtenía. Temerosa, se había resguardado el secreto de su virginidad. Nadie, absolutamente nadie, ni siquiera su último novio, degustaron las miles de la parsimonia.
Cierta noche, después de una larga cena en un prestigioso restaurant situado en el último piso de un rascacielos. C condujo hacia un hotel cinco estrellas, donde alquiló la mejor suite para tener mayor privacidad. Sakura sabía lo que estaba a punto de suceder, ni siquiera opuso resistencia.
Adentrándose en la lujosa habitación, el rubio lanzó el saco a un lugar apartado, dirigiéndose especialmente al minibar, donde preparó dos bebidas para los dos. Sonriente, Sakura bebió de golpe el vodka, tomando asiento en el amplio sillón de cuero, aguardando el momento perfecto para que lo inminente iniciara.
C, se aproximó hacia ella, y demandante atrapó sus labios en un beso pasional, hambriento, degustando con parsimonia el sabor de aquella boca, a la cual podría volverse adicto. Sakura correspondió al instante, afianzándose del cuello de su camisa, permitiéndole recorrer su blanquecino cuello, dejando tenues marcas rojizas que desaparecían al día siguiente. Noto las manos de aquel galante caballero descender el cierre de su vestido, apartándolo lentamente, para dejar al descubierto un conjunto de lencería de encaje que dejaba muy poco a la imaginación. Tomándola entre sus brazos, la llevó hasta la cama, situándola en el amplio colchón, posicionándose sobre ella, teniendo sumo cuidado de no aplastarla con el peso de su cuerpo.
Esparció besos desde sus labios hasta su abdomen. Al igual que él, estaba disfrutándolo. Las caricias expertas despertaron en ella nuevas sensaciones, dejándose arrastrar por la tentación del placer.
Cuando llegó el momento, una mirada de terror apareció, revelando el mejor secreto que hasta el instante nadie conocía.
— ¿Sucede algo?— Preguntó agitado. Tratando de controlarse.
De nada serviría andarse por las ramas, eventualmente lo descubriría y quizá, en el momento, habría sido peor.
—Sé que Anko no lo menciono, porque yo no se lo dije pero…aun soy virgen.— Expresó ella, estrujando los ojos para escuchar la reprimiendo, conocía muy pocas facetas de C para intuir como reaccionaria ante una noticia tan sorpresiva, sin embargo, sintió los cálidos labios del chico contra su frente y al elevar los parpados, encontró una expresión tranquila.
—Podemos detenernos si así lo deseas. No creo que esta sea la mejor alternativa para tu primera vez. Es un recuerdo que perdura. — Dijo él, apartándose, cubriendo su cuerpo con las sabanas, para tomar asiento al borde de la cama.
Atónita, Sakura logró reincorporarse. Sabía que perder su virginidad sería una experiencia tanto inolvidable como dolorosa, y sucedería en cualquier momento, por lo tanto, después de generar aquel lazo de confianza, algo en su interior le dijo, que nadie la juzgaría por aquello, porque si deseaba hacerlo, no existía nada malo en sus acciones.
Lentamente, esparció besos por la espalda del rubio, obligándolo a retornar a la cama, situándose encima de él, contemplándolo atentamente a los ojos.
—Quiero hacerlo. — Mascullo ella.
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— ¿Qué sucedió después con él?— Preguntó el Uchiha.
—Bueno, nuestros encuentros continuaron alrededor de seis meses, fueron memorables. Un año después, volvimos a coincidir en el supermercado. — Sonrió, moviendo la cabeza de un lado a otro. Conocía que en una ciudad tan pequeña, ambos coincidirían como dos personas normales, ese era uno de los tantos riesgos a los cuales se apegaba. — Iba acompañado de su esposa, una mujer hermosa por cierto. Al parecer, ambos habían coincido en una reunión, concretando su relación con el matrimonio. Estaba consciente de la idea de C al querer formar una familia y nada me alegró más que verlo establecido. — Dijo con sinceridad, jugueteando con la falda de su vestido. — La única desventaja de este trabajo es que nosotras no somos libres de amar. Está prohibido, es una trampa. Mantener una relación es algo prácticamente imposible. — Sonrió tristemente.
La peli-rosa no descartaba la idea de renunciar a su vida como acompañante, y con el paso del tiempo, encontrar un chico que generara sensaciones indescriptibles en ella. En sus más profundos sueños, existía la idea de una boda, un galante marido, una casa amplia y una enorme familia. Sin embargo, prefería resguardarse aquellas ambiciones como un secreto muy profundo y nada más.
Una alarma proveniente del celular de Sakura irrumpió la charla. Lentamente se puso de pie, alcanzando la gran mochila que permanecía a su lado.
—Lo lamento, debo ir a clases, ¿podemos continuar con esto después?— Preguntó apresurada. Si no se daba prisa, llegaría tarde a una fundamental clase, la cual, valía su pase a un examen final.
—Adelante. — Accedió el azabache, apartando los anteojos para resguardarlos en su estuche protector. — Nos veremos después. — Dicho esto, ambos se despidieron con un gesto ajeno. Sasuke examinó atentamente los pasos de la chica, creyéndola una especia de súper héroe, de día era nada más y nada menos que Sakura, pero de noche la hermosa chica personificaba a la mismísima Lilith.
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El rubio arribo temprano por la mañana, llamando insistentemente a la puerta. Había olvidado por completo la visita de Naruto, quien, durante toda la semana, se mantuvo al pendiente de recordarle la reunión pactada con Kakashi.
Inicio el día con el pie izquierdo. Odiaba realizar cosas a temprana hora, sobre todo si Naruto llevaba consigo a una comitiva enorme. No comprendía cual era el afán de su mejor amigo de arrastrarlo consigo cuando lo acompañaba una hermosa y tímida Hinata.
Llegaron al apartamento a la hora pactada, y con el mismo énfasis utilizado en la puerta del azabache, Naruto llamó a Kakashi, golpeando con los nudillos reiteradas ocasiones. Aguardaron durante algunos instantes, el ruido era perceptible del otro lado de la puerta, pronto, Kakashi apareció, abriendo de par en par, dejando al descubierto su semi-desnudez.
El rostro de Hinata se tornó tan rojo como un tomate, y los gritos de Naruto orillaron al peliblanco a regresar a la habitación, invitándolos a pasar y tomar asiento, diciendo que pronto estaría con ellos. Tal como el fotógrafo lo indico, la triada se tomó la libertad de situarse en la ancha sala. Desde el punto donde yacía Sasuke, podía aprecia la pequeña abertura en la puerta, notándola presencia femenina en la cama del peliblanco.
Todos permanecían en silencio, por lo que, la charla mantenida con aquella dama era audible hasta la sala. Inmediatamente reconoció aquella melodiosa voz. El y Sakura volvían a coincidir en un encuentro un tanto incómodo. No planeaba que la peli-rosa estuviese ahí, ni siquiera lo imaginaba.
Su cuerpo se paralizó al verla en el umbral de la puerta, con el cabello atado en una coleta alta, utilizando una holgada camisa que apenas cubría lo esencial. Kakashi sonrió con nerviosismo al igual que la chica. La incomodidad no se habría suscitado si solo Naruto y Sasuke estuviesen ahí, pero una tímida jovencita acompañaba al rubio.
—Creo que será mejor que me vaya. — Susurró ella al peliblanco. Kakashi la detuvo, acorralándola entre la puerta y su cuerpo. Sasuke examinaba con discreción cada uno de sus movimientos, tratando de no prestar atención, lo cual, parecía una tarea imposible. Algo en su interior había despertado, algo que creía muerto desde su última relación fallida.
— ¿No crees que eso lo hará mas sospechoso?— Replicó Kakashi, tratando de persuadirla a permanecer un rato ahí.
—Quizá pero habría menos tensión. — Mascullo ella, sintiendo la mirada penetrante del Uchiha sobre ella. No esperaba encontrarlo ahí, mucho menos en aquella situación. Algo en ella quería mostrarse ante Sasuke como la verdadera Sakura y no como la dama de compañía, que pasaba las noches con fotógrafos o rockstars.
—Tonterías. — Mascullo él, alejándose con parsimonia, para entablar conversaciones triviales con sus invitados. Naruto acudía ahí para ayudarlo con un nuevo trabajo, el cual, involucraba las habilidades de Hinata como bailarina de ballet, todo para un artículo de una prestigiosa revista, donde la ojiperla aparecería.
Antes de iniciar, el peliblanco sugirió almorzar algo, a lo que Naruto accedió. Sakura se ofreció a preparar el desayuno, deseaba evitar al escritor a toda costa. Hinata se aproximó tímidamente a ella, ayudándole en su labor, mientras los chicos charlaban sobre la Azaña de Sasuke al plantarle un golpe en la cara a Genma, del cual fue cuestionado en distintos medios, quienes no dejaban de preguntar que había hecho el cantante para merecerse esa paliza.
— ¿Cuál es tu nombre?— Hinata cortaba rodajas de tomate, traba de romper el hielo, iniciando una conversación.
—Sakura, Haruno Sakura. — Respondió la peli-rosa gustosa, alcanzando los ingredientes restantes para el omelet. — ¿Tú debes ser…?
—Hy…Hyuga Hinata. — Respondió titubeante, otorgándole los cubos de tomate para añadirlo a la apetitosa mezcla que preparaba la peli-rosa. — ¿Eres modelo?— Preguntó de forma inocente, notando la sonrisa timida de la ojo-verde.
—Oh por supuesto que no. No cumplo con los estándares de belleza. — Espeto, recordando su fallida y fugaz carrera como modelo sustituta. — Por el momento estoy estudiando, quiero convertirme en doctora. — Dijo con orgullo. Nada le parecía más tentador que ayudar a las personas en todo lo que fuera posible.
—Lo lamento, imagine que lo eras, aprecie las fotos de Kakashi-san en el sitio oficial de internet. Creía que podría obtener unos cuantos consejos.
—Bueno, en mi opinión, no hay nada mejor que ser tu misma. Despréndete de todo. — Espeto, recordando la excitante sesión que compartió con Kakashi, la cual, le había valido el reconocimiento y miles de halagos para ella.
— ¡Sakura es mi musa!— Exclamó Kakashi, acercándose a la peli-rosa, rodeando su cintura, al tiempo que depositaba un beso cerca de la comisura de sus labios. Sakura sonrió apenada, tratando de no encontrarse con la mirada del Uchiha, quien intentaba aplacar ese extraño sentimiento que incrementaba cuando el peliblanco rodeaba a la peli-rosa.
—Creo que ambos deben llevarse de maravilla. Me refiero a que debe ser sencillo trabajar con tu novio.— Mencionó inocentemente la ojiperla, ignorando por completo que tanto Kakashi como Sakura solo compartían una relación meramente fugaz, que con solo cambiar las sabanas desaparecía la esencia de las noches y la pasión.
—Algo similar. — Sentencio, situando el almuerzo en distintos platos. Sirvió el último platillo al azabache, quien al momento de tomarlo, rozó accidentalmente el dorso de su mano, provocándole que una onda de electricidad recorriera todo su cuerpo. Sus miradas se cruzaron en un choque colosal.
—Gracias. — Mascullo Sasuke, desviando sus irises negros al delicioso omelet.
—Por nada. — Respondió ella, virando sobre sus tobillos. Rápidamente contempló el reloj en la pared, sintiéndose aliviada. Las clases servirían como una excusa para escabullirse de la situación. — Lo lamento, debo irme ahora. Llegare tarde a la universidad sino me apresuro.
—Oh lo había olvidado, puedo llevarte para evitarte el tiempo de espera en el tren. — Dijo Kakashi, poniéndose de pie, siguiéndola firmemente, casi pisándole los talones.
—No es necesario, llegare en menos de lo que canta un gallo. — Rápidamente, la peli-rosa se despojo de la camiseta, buscando con desespero la parte superior del hermoso conjunto de encaje. Sonrió victoriosa al encontrarlo, colocándolo de inmediato, al igual que las demás prendas. Se confinó durante largo rato en el baño, tratando de arreglar su aspecto desalineado. Acudiría a la universidad con la ropa de fiesta que utilizó la noche anterior, evidentemente, aquello levantaría algunas dudas, pero no podía darse el lujo de arribar tarde, cuando un vital examen marcaría el punto de su carrera.
Se despidió de todos, esperando por Kakashi en el umbral de la puerta. Sin más reparos, el peliblanco despidió a su acompañante con un apasionado beso, el cual, intentó detener al estar presente ahí Sasuke. Sin decir nada más, partió, lazando un largo suspiro en señal de alivio.
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Confinado en su apartamento, trataba de imponer orden la investigación. Había recabado más información, gracias a los diversos contactos que lo ayudaban, a cambio de favores, los cuales, pagaba con el paso del tiempo.
Acompañado de una botella de vodka y un soundtrack de jazz, el pelinegro no encontraba la calma en su mente, donde aún vagaban las imágenes de Sakura aquella mañana. No entendía como aquello había generado en el algo cercano a los celos. Lo creía inverosímil. Indudablemente, Sakura era una bella chica, su elegancia atraía a cualquiera, inclusive al mismo, quien se veía atraído a esos ojos verdes. Se rehusaba a admitir lo que sentía, era nada más y nada menos que una tontería. Enamorarse de una jovencita varios años menor que ella, no solo estaba mal visto por la sociedad, sino que, iniciar una relación con ella era simplemente inalcanzable, tomando en cuenta el trabajo de la peli-rosa.
Lanzó un gemido de exasperación, aplacando las penas con un largo trago, propinado directamente de la botella. Hacía años que reaccionaba de la misma forma, e inclusive, se atrevía a decir que aquello era diferente. Excusó los pensamientos impíos hacia la jovencita a su falta de compañía, vivía reprimido, obsesionado por alcanzar la fama, privándose de los deseos más humanos.
Trataba de alejar los pensamientos que giraban en torno a la peli-rosa, recordándose una y otra vez que aquello estaba simplemente mal.
Inmiscuido, imaginó que al igual que los demás hombres que figuraban en la lista, el podría ser uno más. Tecleo el nombre de la agencia, buscando rápidamente el nombre de la peli-rosa. Inmediatamente, la agencia a la que pertenecía, lanzó una página privada. Sasuke, se aventuró a explorarla, encontrando fotos que no ayudarían demasiado a alejarla de su mente. Se dedicó a contemplarlas largamente, buscando en el enorme catalogo que comprobaba la identidad de la chica.
Un llamado a la puerta interrumpió su búsqueda, y como si de un crimen se tratara, borró toda evidencia que lo señalara como culpable. Contemplo el reloj en la pantalla, eran las cuatro de la mañana. No esperaba visitantes, mucho menos a esa hora, quizá se trataba de algún guardaespaldas, siguiendo las órdenes de algún político molesto, quien lo amenazaría por retirar alguna columna o jactarse de sus palabras.
No ocultó su impresión al ver a la mismísima dueña de sus pensamientos frente a él. Ella sonrió, tratando de aparentar que nada malo sucedía.
— ¿Va a invitarme a pasar?— Preguntó. Sasuke, ofuscado, dio unos pasos atrás, permitiéndole la entrada. Buscó a otro acompañante en el pasillo, cerrando la puerta tras de sí. La peli-rosa parecía ser fanática de las visitas sorpresa, aquella era la segunda vez que se presentaba sin decir nada.
—No esperaba visitas. — Se disculpó Sasuke, tratando de hacer lucir presentable el apartamento. Sakura había tomado la libertad de sentarse en el sillón, importándole poco si el vestido que utilizaba dejaba ver más de lo normal. Evidentemente, la chica no se encontraba en sus cinco sentidos, podía asegurarlo por el ligero olor a alcohol. Imaginaba que había estado bebiendo hasta altas horas de la madrugada.
—Espero que no le moleste, me tome la libertad de llamar a Naruto y conseguir la dirección. — Explicó, sentenciando un cuestionamiento al silencio total.
— ¿Vodka?— Ella asintió. El azabache rebusco en la alacena un contendedor decente, encontrando un vaso, en el cual, vertió unos cuantos hielos acompañado del licor. Encamino su paso hacia ella, ofreciendo el vaso, el cual, no demoró en beber con elegantes sorbos. Se mantuvieron en silencio, otorgándole la oportunidad de hablar sobre su visita. — ¿Y bien…que es lo que te trae por aquí? Creí que continuaríamos con el tema del libro después. — Lentamente, bebió el licor con mayor calma, sintiendo nuevamente el escozor que el líquido dejaba con su paso.
— ¿Quién dijo que debíamos limitarnos a hablar solamente del libro?— Preguntó, bebiendo de golpe el ultimo sorbo. — Como lo dije desde el inicio, soy admiradora de su obra.
—Eso es un halago para mí. — Sentencio sin mucha importancia, prestando más atención a que la chica no sufriera un accidente en el estado que se encontraba. — Pero lejos de eso, existe otra razón por la cual te presentas en mi apartamento a esta hora, en tal estado. — Dijo seriamente, alejándose del juego que ella pretendía iniciar.
Después de una larga afonía, con un simple gesto, Sakura pidió otro trago de vodka, bebiéndolo al instante. En sus fanales esmeraldas, existía el rastro del llanto y muy en el fondo, Sasuke temió que aquello se debiera a un mal trato por parte de Genma o Kakashi.
—Discutí con Ino. Nunca la había visto tan molesta. — Espetó ella, conteniendo el llanto. — Yo solo trataba de darle un consejo, su novio es un idiota. — Añadió, secando las lágrimas fugitivas que resbalaban por sus mejillas. — Alegó que sabía yo del amor y de ahí derivó en demasiadas cosas. Mi única alternativa fue confinarme en un bar, estuve ahí toda la noche. No deseaba llegar a mi apartamento, por lo tanto, decidí venir aquí. Es el único lugar que tengo. — Dijo ella, lanzando un sollozo, acompañado de un hipeo. Buscó consuelo en los brazos del escritor, refugiándose entre ellos, ocultando su rostro en el amplio pecho del azabache, quien, temeroso, acariciaba su espalda, ayudándola a buscar consuelo.
—Todo va a solucionarse. — Murmuro. — Con el tiempo, las cosas se calmaran y podrán hablar apropiadamente. — Agregó, percibiendo como sus palabras surtían el efecto deseado. Nunca había visto a Sakura quebrantada, siempre se mostraba ante el como una chica que no se doblegaba fácilmente.
—Lo lamento. — Murmuro, secando las lágrimas con la palma de su mano.
—No tienes nada que lamentar, de vez en cuando es necesario llorar. — Lentamente, alcanzo los vasos llevándolos hasta la cocina. — Por el momento, prefiero que permanezcas aquí. Puedes quedarte en mi cama. — Debía continuar con el trabajo y si permanecía alejado, la luz no molestaría a la peli-rosa.
—Prefiero quedarme aquí, no quiero incomodarte. — Poco a poco, la pequeña figura de la chica encontró lugar en el amplio sillón. Sus parpados comenzaban a ceder en una lucha contra el sueño, cerrándose poco a poco. Cuando menos lo imaginó, Sakura yacía profundamente dormida.
Resignado, la despojo de los zapatos. Buscó una manta adecuada, cubriendo su cuerpo del gélido clima que se presentaba por las noches. Sintiéndose un poco cansado, acudió a recostarse en la cama, despojándose de la ropa, cubriéndose hasta la cabeza. Dormiría plácidamente durante largo rato, conseguiría el descanso deseado.
Cerró los ojos durante un instante, sintiendo otra cálida piel contra su espalda. Abrió los ojos de inmediato, manteniéndose petrificado. Sakura lo rodeaba por la cintura, si el mismo lo deseaba, podía apartarla sin problema alguno.
Inmediatamente, logro escabullirse, tomando asiento al borde de la cama. Su mente debería estar traicionándolo, aquello no podía ser posible. Nuevamente, su piel reacciono involuntariamente, al deplorar en los cálidos labios de la peli-rosa, recorriendo sus hombros desnudos. Su cuerpo no era inmune a los embaucamientos. Aún existía la ínfima razón que era un hombre, débil ante las tentaciones. Sin imaginarlo, Sakura se posiciono sobre su regazo, atrapando su rostro con ambas manos. Lo que ambos esperaban, llegó.
Reparó en los labios suaves, tiernos, deslizándose con facilidad sobre los suyos, coincidiendo en un ritmo singular, demandante. Sakura rodeo su cuello con ambos brazos, ejerciendo mayor presión sobre su cadera, moviéndose involuntariamente. El azabache afianzó sus manos a las largas piernas, dejándose llevar por las cálidas y expertas caricias de su compañera. Profundizo el contacto, abriéndose paso entre sus labios, acariciando mutuamente sus cálidas lenguas, en un roce nada puritano. Sasuke soltó un gemido, la fricción ejercida por Sakura, comenzaba a surtir efecto, y muy bien sabía que una vez liberada la bestia, seria prácticamente imposible detenerse.
Sufriendo un bajó de adrenalina, el azabache volvió en sí, rehuyendo el siguiente beso, alejando con delicadeza a una Sakura confundida. Su pecho delataba la agitación, necesitaba recuperar el aire perdido, menos mal que otra parte de su cuerpo no tuvo el tiempo suficiente para despertar, de lo contrario, se habría sentido avergonzado.
Cubrió a Sakura con las sabanas, recostándose a su lado, permaneciendo inerte avizoraron el techo con atención, procesando lo que había sucedido en un abrir y cerrar de ojos.
—Esto…está mal. — Habló con voz sombría, refiriéndose a lo acontecido. — Por cualquier lado que desees verlo, es imposible. — Espetó, tratando de convencerse.
— ¿Lo dices por lo que soy?— Preguntó Sakura desilusionada, evitando ejercer contacto con el pelinegro, sintiéndose un tanto humillada, avergonzada.
—No, por supuesto que no. — Apresuró a negarlo. — Soy más grande que tú, Sakura. Yo he vivido lo suficiente y tú apenas comienzas. Conocerás mas personas en el camino, te darás cuenta que esto es un error.
—Eso quiere decir que sientes algo por mí. — Murmuro. Sakura encontraba al azabache como un ser hermoso, sombrío. Según su psicóloga, siempre se sentía atraída por hombres intratables, Sasuke entraba en esa lista.
—Quizá, no estoy muy seguro, pero aun así lo mejor es ignorar esos sentimientos, pronto desaparecerán.— Sasuke se puso de pie, descendiendo de la cama, dándole la espalda a Sakura, no quería mirarla, por lo tanto evitaba a toda costa realizar contacto con ella.— Puedes quedarte en la cama, yo dormiré en el sillón.
Dicho esto, Sakura llevó ambas rodillas hasta la altura de su pecho, conteniendo las inmensas ganas de llorar. Sasuke desconocía lo que andaba mal con la peli-rosa; ella era infeliz, aislada. Creía ser la casa de su tristeza, poco merecedora de afecto, lo que le adjudicaba pocos amigos. Se culpaba a sí misma. No era una mujer convencional, de cualquier forma no realizaría todas y cada una de esas acciones. Llamaba la atención con facilidad, pero cuando notaba la clase de hombres que la miraban, los consideraba unos tontos. Así que, inmediatamente, buscaba chicos oscuros, complicados, imposibles, asegurando su propia desgracia, porque a final de cuentas era feliz sola.
Continuara
Estoy satisfecha con el rumbo que está tomando esta pequeña historia. Aún permanece en desarrollo, pero dentro de unos cuantos capítulos se definirá todo para el desenlace.
Creo que la idea de colocar a Sakura en un papel tan complicado género polémica, inclusive algunas pueden estar un tanto perplejas al otorgarle a Sakura una posición como tal. El propósito de la escritura es plasmar el presente y aceptar el pasado. Podemos apreciar que Sasuke comienza a sentir algo por ella, pero ¿será capaz de permanecer a su lado? Más allá de centrarme en el porqué de su trabajo, prefiero enfocarme un una relación problemática, donde ambos, deban luchar contra los estigmas para ser felices.
Espero resolver las dudas en los próximos capítulos, como dije, es un fin corto, por lo tanto, tratare de no dejar pasar por alto ningún detalle.
Ojala el rumbo que está tomando sea de su agrado, en lo personal, estoy satisfecha con el resultado.
Muchísimas gracias a todas las que se interesaron en esta pequeña historia, a las que sin dudarlo expresaron su opinión respecto al tema, y además, lo añadieron a su lista de favoritos. En verdad, mil gracias 3
Estaré al pendiente de todos y cada uno de sus reviese, pronto regresare para culminar este mini proyecto :D, por el momento, debo retornar a mis obligaciones. Cuidense mucho, les envió un fuerte abrazo y un enorme beso en donde quiera que se encuentren, que tengan un lindo inicio de semana, nos estamos leyendo ¡Hasta la próxima!
