¡Hola de nuevo, mis queridos lectores!

Bienvenidos al tercer capítulo de esta historia. Gracias a todos los que la leen, comentan y agregan a su lista de favoritos. ¡Ustedes son quienes me animan a seguir escribiendo!

Este capítulo era más largo originalmente, pero decidí acortarlo, lo que algunos pudieron haber visto antes no iba incluido aquí. De cualquier manera, esta es una pequeña introducción a otros personajes que participarán en esta historia.

Y, sin más que decir, los dejo leer. ¡Disfrútenlo!

P.D: Los personajes de My little Pony no me pertenecen a mí, son propiedad de Hasbro y Lauren Faust. Algunos, sin embargo, sí son de mi misma autoría.

Dulcísima madre mía.

Capítulo 3

Déjanos ayudarte.

La tormenta seguía cayendo con fuerza, bañando las calles de Ponyville con más nieve de la que podía soportar; En algunas partes el suelo ya se había agrietado, debido al peso de tanta nieve acumulada, y el viento helado, el cual ya superaba los ciento ochenta kilómetros por hora, continuaba arrasando con rocas, árboles, hojas, ramas rotas, o cualquier cosa que se cruzase en su camino.

Los pegasos habían previsto que el fenómeno natural no sería tan fuerte y no inundaría la zona con tanta nieve, pero se habían equivocado. La nevada permanecía estática encima del pueblo, sin dar indicios de querer moverse.

Por otro lado, las calles estaban, indudablemente, desiertas, o al menos así parecía. El sonido del viento mezclado con el ruido de la nieve cayendo era lo único que se escuchaba en el horizonte y la oscuridad en la que el pueblo estaba sumido era impenetrable, pues las enormes nubes grises totalmente cargadas que adornaban el cielo, habían tapado por completo la luz del sol de Celestia…Cuyo calor era muy necesario en este momento, aunque solo fuera para menguar el terrible frío que se percibía en el ambiente.

A pesar de la oscuridad, desde el aire aún se podía apreciar algo de la vista panorámica del poblado, no totalmente nítida, pero sí lo suficiente como para ver las casas que estaban abajo, la nieve cayendo, los árboles temblando, y un grupo de cuatro yeguas persiguiendo a una carreta andante con un enorme sombrero como conductor…

¿Esperen, cuatro ponis persiguiendo a una carreta andante con sombrero? ¿Y en plena calle bajo una tormenta de nieve? Definitivamente eso sí que era un espectáculo bastante inusual...Y por si no fuera suficiente, una cola de color azul emergió de debajo del sombrero…Bueno, eso sí que era extraño.

-¡Trixie, vuelve aquí!- Exclamó una de las ponis que perseguía la carreta, tratando de no caerse mientras corría, pues el suelo estaba muy resbaladizo debido a la nieve.

-¡No hasta que dejen de…!- Un fuerte ataque de tos sacudió violentamente al sombrero, el cual se vio en la necesidad de ralentizar su andar para poder tomar aliento. -Perseguirme- Finalizó la oración, antes de que la tos lo silenciase de nuevo, teniendo que detenerse definitivamente, momento que aprovecharon sus perseguidoras para acercarse.

-¿Estás bien, Trixie?- Preguntó con preocupación otra de las yeguas, con un tono tímido y suave.

-Sí, sí, estoy bien…Ahora, por favor, ¿podrían irse y dejar a Trixie en paz?- Pidió el sombrero, ahora identificado con el nombre de Trixie, recuperándose de la tos y haciendo avanzar la carreta una vez más, pero muy lentamente.

-Ah, eso sí que no, señorita. Nada de eso- Replicó la poni con acento campirano. -Tú vienes con nosotras y se acabó.-

-No pienso ir a ninguna parte- Respondió Trixie, deteniendo nuevamente la carreta unos metros más adelante de donde estaban aquellas yeguas para toser con fuerza.

-Querida, ¿en serio piensas quedarte aquí con este frío?- Preguntó otra de las ponis con un acento refinado, mirándola con escepticismo.

-Sí, ¿y sin techo?- Agregó la última, con un tono chillón y enérgico.

-Trixie puede arreglárselas por su cuenta. No necesito que nadie esté cuidando de mí- Replicó con terquedad.

-Trixie, comprende que solo queremos ayudar- Murmuró la poni tímida, tratando de acercarse, pero repentinamente el sombrero echó a andar la carreta, empezando a correr de nuevo a pesar de la tos, y las otras yeguas no tardaron en reanudar la persecución.

-Cariño, ¿por una vez podrías dejar de ser tan terca y escuchar a Fluttershy? ¡Déjate ayudar!- Protestó la poni de voz refinada, corriendo y con un paraguas gigante sostenido con su magia.

-Gracias…Pero…No gracias. La gran y poderosa Trixie no…Necesita ayuda de…Nadie- Contestó el sombrero parlante entre tosidos que empeoraban a medida que seguía corriendo.

-¡Detente, Trixie! ¡Sino va a ser peor!- Gritó la poni campirana, alcanzándole y lanzándose sobre la carreta antes de que pudiera seguir avanzando.

-¡Hey! Quítateme de encima, Vaquera. ¡Me estás aplastando!- Protestó el sombrero parlante, recuperándose por un instante de la tos, y empezó a moverse graciosamente de un lado al otro, tratando de liberarse de la yegua que se había tirado encima de él.

-¡No hasta que vengas conmigo, Caramelo! No puedo permitir que te quedes aquí, a la intemperie con este frío, menos con esa tos tan fea que tienes.-

-Que no tengo nada grave, ¡solo es un poco de tos y ya! Estaré bien aquí, puedo resguardarme en mi carreta. Ahora, si no te importa, ¡vete y déjame en paz!- Protestó la voz del sombrero, haciendo brillar lo que parecía su cuerno, tratando de canalizar su magia y, quizá, teletransportarse, pero tan solo hubo un resplandor de color rosa y luego…Oscuridad total, de nuevo.

Esperen… ¿Qué? Bueno, ahora sí lo he visto todo. Un sombrero parlante que encima tose, con un cuerno brillante, una cola saliendo de este, ¿y cuatro ponis persiguiendo una carreta en mitad de una fuerte nevada y en medio de la oscuridad? Esto ya sí que era algo fuera de lo ordinario…

De repente, un rayo surcó los cielos, iluminando brevemente el horizonte. La luz duró lo suficiente como para revelar que el dichoso "sombrero parlante" no era otro, o más bien otra, sino cierta unicornio cuya cutie marck consistía en una barita mágica, con una especie de efecto estrellado alrededor. Era una reconocida, y ahora admirada, maga ambulante y la más reciente heroína de Equestria, junto a Thorax, Discord y Starlight Glimmer; y quien alguna vez fue rival de la princesa Twilight Sparkle.

Sí, leyeron bien. Aquel sombrero con cuerno era nada más ni nada menos que la gran y poderosa Trixie, o más bien, la grandiosa y arrepentida Trixie, como generalmente suele hacerse llamar.

Encima de ella estaba Applejack, tratando de convencerla de ir con ellas a algún lugar cálido, al parecer, y abajo, sentadas en un árbol caído cerca de la carreta, se encontraban Fluttershy, Rarity y Pinkie Pie, mirando a Trixie con preocupación…Y por muy buenas razones.

Aparte de la tos que presentaba, la unicornio hechicera tenía unas marcadas ojeras, las mejillas bastante enrojecidas y parecía tener escalofríos de forma esporádica. Estaba más pálida de lo normal, su nariz goteaba con frecuencia, y para acabar su magia no fluía correctamente hasta su cuerno.

Y aún y con todo eso, y el cansancio escrito en su rostro, Trixie seguía siendo tan obstinada como siempre, negándose a salir de su carreta, que, si la mirábamos por dentro, no era el lugar más indicado para resguardarse en una época tan fría como esta, menos durante una helada y con un evidente resfriado, y mucho menos siendo carente de un techo como protección.

-Cubo de azúcar, lo siento, pero me niego a dejarte aquí- Dijo Applejack, levantándole el sombrero y tocándole la frente a pesar de las protestas de la unicornio, quien trataba de quitarse la pezuña de la poni naranja.

-¡No me toques! ¡Ya te dije que estoy bien!- Exclamó ella, ya muy débil y cansada, y entrecerró los ojos, sintiendo que su cabeza iba a explotar debido al dolor punzante que sentía en ese momento.

Aún así, no estaba dispuesta a ceder. Siempre había cuidado de sí misma, no necesitaba que se preocuparan por ella.

-Trixie, estás ardiendo en fiebre. ¿Eso es estar bien para ti?- Vino la pregunta de Applejack, sobresaltándola.

-¿Fiebre yo? ¡Ja! La gran y poderosa Trixie nunca tiene fiebre- Contestó presumidamente, queriendo alejarse del toque de la portadora del elemento de la honestidad, pero ella la encerró en un abrazo, impidiéndole escapar.

-Incluso estando reformada ya, nunca cambias- Se rio la vaquera, ignorando los intentos de la unicornio azul por zafarse de su agarre, y Fluttershy se acercó a ambas ponis, sosteniendo un termómetro que había sacado de las alforjas que traía en su espalda.

-Todo el mundo se enferma, Trixie- Dijo Fluttershy, respondiendo al comentario anterior. -Es normal tener un poco de fiebre de vez en cuando, tu cuerpo debe defenderse de las enfermedades de alguna forma.-

-¡Yo no estoy enferma! Solo es el frío- Exclamó con terquedad. -Ya sabes, el frío puede hacer que mi temperatura corporal se eleve- Añadió, luchando para Salir del abrazo aplastante en el que estaba.

-¿Ah, sí? ¿Y qué me dices de la tos, querida?- Preguntó Rarity, agrandando el paraguas con su magia para cubrir a Trixie de la ventisca, la cual parecía amainar por momentos.

-Eh…Bueno yo creo que…La tos es también por el frío- Ella contestó. -Ya sabes, este terrible frío congela los pulmones y…-

-Eso no te lo crees ni tú, terrón de azúcar- La interrumpió Applejack, moviendo la cabeza con desaprobación. -Estás temblando de fiebre, Trixie, y tu nariz…Está más roja que un tomate cocido con-

-Creo que lo que Applejack intenta decir es que estás muy enferma, querida- Aclaró la modista, deteniendo a su amiga campirana al ver la confusión en el rostro de Trixie. -Y no entendemos por qué te empeñas en negar lo obvio.-

-¡Yo no estoy negando nada! ¡No estoy enferm…! Ah...Ah ¡Choo!-

Un fuerte estornudo la interrumpió, provocando que accidentalmente lanzara un poderoso rayo de magia de color azul, que voló a través de los cielos hasta disolverse y reaparecer repentinamente en forma de una potente honda de energía, la cual acabó estrellándose contra la carreta y lanzando a las ponis varios metros por el aire hacia atrás, cayendo todas juntas con un golpe estrepitoso sobre la nieve suave, envueltas en un capullo compuesto por varias patas, colas, melenas, alas (en el caso de Fluttershy) y cuernos (en el caso de Trixie y Rarity).

Sin mencionar, además, el paraguas de Rarity (el cual estaba incrustado en un enorme bloque de hielo que se seguía agrandando conforme caía más nieve del cielo) y el termómetro, que por puro milagro no se había roto en pedazos gracias al firme agarre de Fluttershy sobre él, añadiendo también las alforjas que antes llevaban las chicas; sí, definitivamente era el capullo más grande de la historia. Y muy bien vestido, con ropa hecha exclusivamente por la propia Rarity, para complementar.

-Ow… ¿Están bien, chicas? No fue mi intención hacer eso…Es que cuando estornudo no puedo controlar mi magia- Trixie se disculpó, claramente apenada, y trató inútilmente de levantarse, desistiendo inmediatamente al sentir un retorcijón en su estómago por el movimiento.

-¡Eso fue divertido! ¡Hazlo otra vez! ¿Puedes? ¿Puedes?- Preguntó Pinkie tan enérgicamente como siempre, rodando graciosamente cuesta abajo, como deslizándose en una colina hecha de nieve.

-Descuida, no nos pasó nada… ¿Cómo estás tú?- Inquirió Fluttershy, incorporándose al igual que las demás.

-¿Yo? Yo estoy perfectamente- Ella respondió. -Ya sabes, no estoy enferma ni nada por el estilo- Dijo, pero en ese momento sus pulmones decidieron traicionarla, haciéndola toser.

-¿Decías algo, Trixie?- Se rio Applejack, intercambiando una rápida mirada con Rarity y Fluttershy.

-Muy bien, muy bien. Ustedes ganan…Sí, estoy enferma, ¿y qué? Eso no significa que no pueda cuidarme sola- Respondió, mientras la poni naranja la ayudaba a levantarse. -Créeme, no es nada del otro mundo. Ya lo he hecho antes. Y sigo aquí- Agregó con ironía, estremeciéndose violentamente al sentir unos cuantos copos de nieve cayendo en su melena.

-Sabes, te pareces a cierta princesa lavanda que conozco- Comentó Applejack con una risita. -Eres igual de terca y despreocupada en cuanto a su salud se refiere, tal como ella.-

-¡Ja! ¿Yo igual de terca que la princesa Twilight? Qué tontería. La gran y poderosa Trixie es mucho mejor que ella- Respondió de forma orgullosa, riendo con prepotencia, pero su risa rápidamente se convirtió en una horrible tos seca.

-Querida, ¿segura de que puedes cuidarte tú sola? Esa tos suena terrible- Se acercó Rarity con preocupación, desclavando el paraguas de la nieve y poniéndolo sobre las cabezas de Trixie y Applejack.

-Sí…Tan segura como que soy una de las artistas más poderosas de la historia- Respondió con voz ronca, entrecerrando los ojos y ladeando la cabeza, sintiéndose repentinamente bastante mareada.

La cabeza le latía, sentía los párpados pesados y le costaba respirar a causa de la flema acumulada en sus pulmones. Sentía calor…Mucho calor ¿qué no era invierno?

No entendía qué estaba pasando con su cuerpo, pero no iba a permitir que las chicas se preocuparan por ella más de lo necesario.

-Trixie ¿te sientes bien? Estás temblando como una hoja en medio de un vendaval- Avisó Applejack, queriendo poner una pezuña en su frente, pero la unicornio azul retrocedió bruscamente, reprimiendo una arcada al sentir su estómago revuelto.

-Sí, estoy bien. Ya pueden irse, si no les importa.-

-¡De ninguna manera! No te vamos a dejar aquí estando tú en tan lamentables condiciones- Exclamó Rarity, sacando una manta muy fina de sus alforjas, con intenciones de envolver a Trixie con ella, pero la hechicera volvió a retroceder de nuevo.

-No necesitan preocuparse tanto por mí, solo necesito...Darme una ducha para refrescarme y ya, con eso se me pasará el calor…Y…Necesito un…Masaje en las pezuñas ¿cuánto pagas por ello, Aloe?- Inquirió Trixie, empezando a delirar a tal grado de confundir a la pobre Rarity con Aloe, una de las trabajadoras del spa de Ponyville.

-En serio Trixie, estás muy enferma. Déjate atender- Animó Fluttershy suavemente.

-Yo…-

-¡Digas lo que digas, no te vamos a dejar aquí en ese estado y fin de la historia!- Gritó Applejack, pisoteando el suelo con fuerza, pero con una mirada de pura determinación y una firmeza poco común que no daba lugar a discusiones reflejándose en sus ojos.

-¿Helado? Mmm, el helado suena bien para mí… ¿Por qué hace tanto calor aquí?- Preguntó de repente la maga, y las demás se la quedaron mirando con cara de intensa preocupación, sobre todo Fluttershy.

-Ya he visto suficiente. Trixie, voy a tomarte la temperatura. Te ves un poco desorientada- Observó la pegaso amarilla, acercándose y sosteniendo el termómetro en alto.

-No estoy desconectada, Starlight…Mejor sigamos observando la lluvia de estrellas- Murmuró la hechicera, delirante, y miró hacia el cielo, el cual extrañamente empezaba a teñirse de rojo, señal de que la tormenta aún no tenía intenciones de retroceder.

-¿Starlight? Yo no soy Starlight- Susurró Fluttershy, sonrojándose por la confusión que presentaba la yegua.

-No está en sus cascos, dulzura- Se rio Applejack, enternecida por la inocencia de su amiga, y tocó el hombro de Trixie ligeramente. -Manzanita, estás delirando. Abre la boca para que Fluttershy pueda medir tu fiebre- Instó.

-¡No quiero zanahorias!- Protestó Trixie, sin haber oído bien lo que Applejack le había dicho.

-Querida, no es ninguna zanahoria. Es un termómetro- Dijo Rarity, tratando de no reír por lo ridícula que se estaba volviendo la situación.

-¿Un termómetro? ¿Y eso para qué? Yo no tengo fiebre, solo tengo calor- Ella murmuró, sentándose sobre la nieve con cansancio.

-El calor es por eso, tienes fiebre- Dijo Fluttershy suavemente. -Ahora, abre la boca.-

-Pero yo no-

-Abre- La interrumpió Applejack, arrebatándole el termómetro a su amiga y colocándoselo a la unicornio justo debajo de la lengua. -Santos rollos de canela, qué yegua tan terca. Nunca pensé que convencerla de algo fuera tan difícil- Suspiró la poni naranja con exasperación.

-Ella es así, querida. Se parece a Twilight, creo que no le gusta que otros se preocupen por su salud cuando ella ni lo hace- Dijo Rarity, mirando hacia el horizonte.

Aunque el viento parecía detenerse a ratos, todavía seguía siendo salvaje; la nieve continuaba cayendo con fuerza, y los relámpagos comenzaban a intensificarse, eso sumado a los truenos que lograban hacerse escuchar por encima del rugido de la ventisca. Para empeorar la situación, las gotas de granizo ya comenzaban a descender del cielo, chocando con fuerza contra todo lo que estuviese en su trayectoria.

Iban a tener que encontrar un refugio pronto, o de lo contrario en cualquier momento una bola de granizo podría hacerlas trizas en tan solo un segundo.

La unicornio blanca cerró los ojos, centrándose únicamente en agrandar el paraguas hasta donde le fuera posible, tratando de tapar a Trixie (quien muy a su pesar solo llevaba como abrigo su capa y su siempre inseparable sombrero) y, a su vez, intentaba cubrirse a sí misma y a sus amigas de la nevada que asolaba el pueblo, pero ni siquiera eso lograba impedir que terminaran completamente empapadas de cascos a cabeza y sintiendo sus huesos congelados por el frío, aún incluso teniendo el conjunto de invierno que había sido confeccionado por la modista.

Dicho conjunto consistía en dos pares de botas para cada una, un abrigo, una chaqueta, una bufanda, gorros de nieve, orejeras y como última adhesión al conjunto, habían gafas especiales para cubrir los ojos de la nieve durante una tormenta, reforzadas con un hechizo cedido por Twilight para que las chicas pudieran ver en la oscuridad.

A pesar de la penosa situación en la que ellas se encontraban y de que deseaban refugiarse lo más pronto posible en algún lugar cálido, estaban decididas a no abandonar a Trixie en el estado tan lamentable en el que la unicornio se encontraba.

-Eso lo sé, pero incluso Twi sabe cuándo pedir ayuda. En cambio Trixie no la quiere- Le llegó la voz de Applejack.

-Bueno, cada quién es diferente, cariño- Dijo Rarity, aún centrada en su tarea, y abrió los ojos, relucientes de luz blanca para mirar a su amiga quien había inmovilizado a Trixie, la cual trataba de zafarse del firme agarre de la poni naranja mientras murmuraba en medio de sus delirios por la fiebre algo acerca de comprar galletas con mantequilla o algo así.

-Tiene cuarenta de fiebre- Murmuró Fluttershy, sacando el termómetro de la boca de la hechicera y mirándolo con preocupación. -Chicas, no podemos dejarla aquí sola. Menos con esa fiebre y además…- Miró hacia atrás, viendo la carreta, o lo que quedaba de ella, totalmente carbonizada y despidiendo humo debido al rayo que anteriormente había lanzado su dueña sobre esta. -Ya no tiene casa- Finalizó la pegaso.

-Fluttershy tiene razón- Dijo Applejack. -Además, la tormenta parece estar empeorando, y ya no es seguro para ninguna de nosotras estar aquí afuera.-

-Estoy de acuerdo, la nieve es buena pero no combina con mi melena- Asintió Rarity.

-¿Eso es lo único que te preocupa en este momento, Rarity?- Preguntó la poni naranja con una sonrisa, dándole un leve codazo a su compañera.

-Bueno, una dama debe poner algo de humor en momentos tan fríos- Respondió ella, encogiéndose de hombros.

-Muy bien, está decidido entonces. Vamos, Pinkie- Ordenó Applejack, acercándose a la poni rosa mientras Fluttershy y Rarity envolvían a Trixie con un par de mantas que la pegaso traía en sus alforjas, añadiendo también la manta que anteriormente le había ofrecido la diseñadora a la ilusionista.

-Pinkie, vámonos- La volvió a llamar la poni naranja, agitando su hombro suavemente.

-¿Uh?- Pinkie agitó la cabeza, habiendo estado concentrada en la construcción de un castillo de nieve. -Oh, eres tú Applejack. ¿Qué sucede?- Preguntó, moldeando una bola de nieve de tal forma que pareciera un ladrillo, y lo colocó encima de otros más pequeños, agrandando aún más la pila.

-Nos vamos, Trixie tiene mucha fiebre y hay que ir a un sitio seguro antes de que nos convirtamos en estatuas de nieve vivientes- Contestó la poni rubia.

-Awww, ¡pero yo quería seguir construyendo el castillo para mis angelitos de nieve!- Se quejó la poni fiestera, mientras su melena naturalmente esponjada se desinflaba de la nada.

-Puedes terminarlo cuando esta fría tormenta pare- Trató de animarla su amiga, mirando el cielo y estremeciéndose involuntariamente.

-¡De acuerdo! ¡Luego podemos hacer una súper dúper híper mega fiesta de ángeles de nieve!- Exclamó Pinkie, revotando y con su melena volviendo a su estado normal.

-Sí, Pinkie. Claro que sí- Respondió Applejack con una risita suave, llegando con su amiga rosada junto a las demás.

-Todo listo, querida. Vámonos antes de que la tormenta empeore- Dijo Rarity, depositando a una Trixie ya inconsciente sobre el lomo de la granjera.

-Eh…Chicas, exactamente, ¿a dónde vamos? Sugarcuve Corner está bastante lejos y lo más cercano que tenemos es el castillo de Twilight- Razonó Pinkie, señalando con su pezuña en la dirección que se encontraba el castillo de la amistad, el cual estaba a tan solo unas cuantas calles más adelante.

-Bueno…- Applejack reflexionó por unos segundos. -Íbamos a ir para allá, de todos modos, y supongo que a Twilight no le molestará el que hayamos llevado a Trixie con nosotras- Miró el cielo de nuevo. -Además, el clima no nos da muchas opciones. Entonces… ¿A casa de Twilight?-

Se miraron entre sí, antes de decidirse, aunque ya era obvia la respuesta.

-A casa de Twilight- Respondió Rarity, empezando a trotar hacia el castillo de la amistad, con las demás siguiéndola de cerca.