Días con amigos
III
Kouichi negó con el rostro, resignado y divertido a la vez. Era una cuestión de hábitos y costumbres, supuso, mientras trataba de recordar el motivo de la pelea que se había desatado a pocos pasos de distancia de donde se encontraba. Takuya y Kouji creaban su armonía con discusiones. Tal vez, sí no las iniciaban, no sabrían que entre ellos las cosas estaban en su sitio, que todo estaba bien. Quizá no concebían un mundo en el que tuviesen que tener conversaciones que no derivasen en peleas amistosas.
Llegó a escuchar algo de una ciudad perdida, que Takuya argumentaba contra Kouji sobre su carácter y que Kouji le criticaba al castaño sobre su impulsividad… Nada inusual. Sonrió, sin poder evitarlo. No iba a conseguir mucho con encontrarle sentido a los pleitos eternos entre uno de sus mejores amigos y su hermano gemelo. Sólo había una cosa que hacer en casos así, dejarlos ser. Ellos eran felices, ¿por qué destruir algo que los hacía sentirse como ellos mismos…?
Cerró los ojos, un instante, y disfrutó de la brisa fresca que le acariciaba el rostro. Izumi le había platicado de lo mucho que le gustaba sentir el viento en su cara, la forma en la que se sentía conectada con el aire cuando sucedía. Ella le había dicho muchas cosas, siempre aleatorias, cuando platicaban.
Estaban sentados en uno de los tantos bancos del parque donde solían frecuentarse desde su regreso a la realidad —Kouichi no podía referirse a lo ocurrido de otro modo, ciertamente— y la sombra de los árboles bañaba ese lugar, creando un pequeño sitio para protegerse del sol. No sabía cuanto tiempo había pasado pero supo, instintivamente, que los demás chicos se habían retrasado. Nunca eran tan impuntuales.
El suceso de que llegasen tarde era tan llamativo como lo era contar con la presencia de Takuya Kanbara antes de lo convenido. Sin embargo, no podía decir que estaba sorprendido de su puntualidad en esa oportunidad. Había estado, después de todo, en casa de Kouji. Y su hermano no era nada sino responsable. Seguramente lo habría arrastrado si tuviese que asistir a una hora puntual. Y Kouichi sabía la razón. Aunque su pequeño hermano no lo dijese, él apreciaba cada momento, cada instante, en que estaban todos juntos. Nadie debería preguntarse porque Kouji era el guerrero de la luz.
—Ni pienses en dormir, Kimura —advirtió el joven de cabello castaño.
Al abrir un ojo, para hacerle saber que no se había dormido, se encontró con una sonrisa amplia y despreocupada. Kouji lo miraba, también, divertido.
—Estoy despierto —refutó finalmente, ladeando el rostro. Siempre lo acusaban de que dormía mucho, pero eso no era culpa suya— Sólo que hay mucha paz por aquí…
No se sorprendió cuando sus acompañantes lo miraron como si le hubiese salido una cabeza extra. Era cierto que el lugar estaba tranquilo, pero eso fue cuando los dos chicos le habían dedicado atención a él. Hasta ese momento, sus voces discutiendo rompían toda monotonía y tranquilidad existente.
Se rió, entre dientes, de las expresiones de los dos. No sabía que le causaba más gracia. La confusión clara en el rostro de Kanbara, que siempre mostraba lo que sentía, o la ceja levantada con clara diversión que rompía la máscara imperturbable que tanto le gustaba llevar a Kouji.
—Sus peleas hace tiempo dejaron de molestarme —explicó, encogiéndose de hombros ligeramente.
Y no mentía. Simplemente, las ignoraba. A veces, incluso, se divertía con escuchar las incoherentes argumentaciones a las que ellos llegaban cuando uno de los dos sabía que estaba equivocado pero se negaba caprichosamente a aceptar ese hecho. Dicen que los que más chocan son los que más se parecen entre sí, se dijo Kimura sonriendo. Nunca lo comentaría en voz alta porque su hermano lo fulminaría con la mirada y Takuya sólo añadiría algo más a la lista de razones de 'porque Kouichi no es normal'. Según su conteo, iba por la razón número veintiuno.
Takuya abrió los labios para, sin duda, discutirle cuando una llamada lo interrumpió, completamente.
Los tres se giraron hacia la derecha casi al mismo tiempo, como si hubiese estado planeado con antelación. El cabello rubio, el gorro naranja y aquella ropa color azul resultaban inconfundibles para él así que no luchó contra la sonrisa que quería asomarse en sus labios. Izumi, Tomoki y Junpei corrían en su dirección. Los dos primeros eran los únicos que vivían en Shibuya por eso era raro que llegasen tarde pero que Junpei estuviese con ellos era más llamativo.
—¡Lo siento! ¡Lo siento! —se apresuró a disculparse el pequeño, una de sus manos presionando la gorra sobre su cabeza para que no se le escapase mientras corría. Se detuvo un momento, intentando recuperar el aire y explicarse al mismo tiempo. Kouichi contuvo el impulso de pedirle que respirase—. Mi hermano nos estuvo siguiendo, otra vez… Tuvimos que despistarlo.
—Y el chico es testarudo, pensé que no lo perderíamos esta vez —Junpei acotó, y parecía sofocado.
Tomoki los había hecho dar vueltas por toda Shibuya para dejar atrás a su hermano mayor. Según él, Yutaka parecía más y más receloso de sus encuentros, como si supiese que su hermano pequeño les estaba ocultando algo.
Izumi resopló una risita, para ocultar su diversión. Siempre encontraba graciosos los comentarios de Junpei.
Takuya enarcó una ceja, cruzándose de brazos. No era la primera vez que sucedía eso y ya comenzaba a ser molesto —¿Por qué insiste tanto?
El pequeño Himi se encogió de hombros, su rostro mostrando una amargura que antes no tenía y que no debería tener. Kouichi pensó que era triste. —Él piensa que ustedes no son buenos para mí. No confía en que pueda elegir buenos amigos por mi cuenta.
Sí, definitivamente había un sentimiento amargo allí. Tomoki, por supuesto, no se preocupaba por ocultar lo que sentía. Toda la expresión del menor se había desinflado y el entusiasmo tan característico se había escurrido con rapidez, como agua entre sus dedos. Kouichi sabía que no debería envidiar la capacidad de sus amigos para gritar sus sentimientos pero, a veces, era difícil no desear parecerse un poco a ellos.
Sabía, sin embargo, que guardase el dolor para sí mismo había sido siempre su elección. Quería cambiarlo, de verdad quería, pero simplemente no era tan sencillo.
Takuya miró a Izumi, alarmado. Kouichi reconoció la señal —ellos dos tenían, a veces, su propias maneras de pedirse socorro— y sonrió para sí mismo. Y le decían a él que no sabían como llevarse bien entre ellos. Era casi hilarante. Junpei se tocó la nuca, porque siempre esquivaba las conversaciones sentimentales si tenía mucho público, incluso aunque solía tener buenos argumentos y Kouji era Kouji, así que no intervendría a menos que le exigiesen una respuesta. Le tocaba a él, entonces…
—Podríamos dejar que nos siga —sugirió, rompiendo el silencio.
Los cinco rostros se volvieron hacia él, al mismo tiempo. Y, otra vez, parecía ser alguna especie de coreografía estipulada con anticipación. Contuvo las ganas de reírse de los ojos abiertos y las pupilas dilatadas, expresiones abiertas y sinceras. Sabía que ellos temían que el hermano de Tomoki descubriese todo el asunto de los digimon, los guerreros legendarios y esas cosas.
Pero él tenía una idea diferente para esa cuestión, en particular.
—Sí su hermano ve que no somos malas influencias para Tomoki, entonces, probablemente dejará de hacerlo —razonó, sus hombros se encogieron en un gesto despreocupado. Era sentido común—. No es extraño que no confíe en nosotros… Quiero decir, él no sabe lo que ocurrió. Lo único que puede decir es que su hermano de ocho años se está juntando todos los viernes desde hace semanas con cinco niños que desconoce, que jamás ha visto y que son mayores que él.
—Podría preguntar —Tomoki masculló, en voz baja. La amargura todavía presente.
Kouichi no dijo que tenía razón. Pensó en la forma en la que su familia había mantenido un secreto tan importante durante años bajo sus propias narices. La idea seguía siendo dolorosa… Especialmente, cuando pensaba en todos los implicados.
Suspiró. —¿Ustedes hablan a menudo?
El pequeño Himi se ruborizó mientras negaba con la cabeza, sin decir nada. A veces olvidaba que no todos sus amigos sabían que no se llevaba bien con su hermano. Junpei sí, lo sospechaba, y tal vez, Izumi también. A Takuya lo había adoptado como a otro hermano mayor, uno que no le discutía, que no lo peleaba, que no era Yutaka. Pero jamás lo había dicho en voz alta. A los dos gemelos tampoco les había hablado al respecto…
En el Mundo Digital no platicaron demasiado sobre sus familias.
—Sé que él me quiere cuidar, siempre lo ha hecho… —lo sabía con certeza. Yutaka siempre había querido que él fuese menos caprichoso porque sabía que habría personas que se aprovecharían de eso. Tomoki lo vivió en el Mundo Digital—. No nos llevábamos bien antes... Y ahora parece estar esperando todo el tiempo para discutir conmigo sobre algo. Se molesta por todo lo que digo. Y yo solo quiero mostrarle que no soy más como antes.
Era lo que más le hería. Aunque quería arreglar las cosas, Yutaka parecía empeñado en hacer lo contrario. Gran hermano mayor…
Kouji parpadeó, dándole una mirada a Kouichi antes de hablar —No piensas que está celoso, ¿no?
—¿Por qué no lo estaría? —Junpei replicó, en su lugar—. Quiero decir… Kouichi tiene razón, él no tiene idea de cómo llegamos a la vida de Tomoki y el hecho de que seamos más grandes le quita mérito a su idea de que el enano es un niño caprichoso incapaz de hacer amigos.
—¡Oye!
Shibayama levantó las manos, en una postura de defensa —No digo que lo seas pero, niño, eso es lo que parece pensar tu hermano… Según lo que nos has dicho.
—Tal vez le cueste aceptar que has crecido —Izumi intervino, sonriendo lentamente—. Nosotros regresamos siendo diferentes, Tomoki, como tú dices. Tal vez a tu hermano le cueste entender eso.
—Pero él siempre quería que yo cambie. ¿Por qué ahora…?
—Tal vez él quería ser parte del cambio —Kouichi sugirió, nuevamente. Tomoki le dirigió una mirada perlada, como si quisiese llorar pero estuviese conteniéndose.
Kouichi no sabía mucho de ser un hermano —había encontrado al suyo, apenas— pero sabía cosas sobre ver a las personas crecer desde lejos, por eso mismo. Kouji había tenido una vida aparte de él y, a veces, muchas veces, se encontraba preguntándose cómo se sentiría ser parte de esa vida que le era ajena.
Sabía que Kouji estaba enojado por los secretos. Él había estado ya suficiente tiempo lleno de ira como para seguir insistiendo, así que solamente procuraba aceptar que ya no podía cambiarlo… Nunca pudo cambiarlo, de hecho. Él entendía, procuraba entender… Se alegraba de que su madre no le hubiese dicho que su padre estaba muerto, ella solo había mantenido en secreto la existencia de Kouji…
Porque había sido doloroso —seguía siendo doloroso— pero aceptable. Lo que le dolía era que Kousei Minamoto hubiese sido capaz de negar su existencia.
Cuando había visto al hombre, cuando lo conoció y él dijo su nombre… Bueno, Kouichi francamente quería llorar hasta dejar de sentirse mal por eso. Fue una sugerencia de Satomi el encuentro y… tampoco había ido especialmente bien. Su gemelo había sido más… contundente con todo el asunto. Y, por lo que sabía, llevaba tiempo sin hablar directamente con su padre más que con monosílabos. Satomi, supuso, era una excelente mediadora.
—Seguramente él quería ser parte del cambio —Kouji afirmó, con la voz tranquila. No miraba a Tomoki pero tampoco estaba mirando a ninguno de los presentes. Había bajado el rostro y sus manos descansaban en sus bolsillos. —A nadie le gusta perderse cosas así.
Kouichi sabía que el tema siempre iba a despertar una parte sensible para su gemelo, que fue él más perjudicado en todo el asunto que habían ocultado sus padres.
Junpei se aclaró la garganta, rompiendo el silencio espeso que siguió a la declaración sobre un pasado que colgaba entre ellos y les narró algunas pequeñas anécdotas que podían, o no, ser reales.
Por el rabillo del ojo vio que Takuya arrastraba a su hermano lejos después de que Izumi le diese un codazo al castaño, una seña indiscutida de que era su momento para actuar. Los dos chicos se marcharon abruptamente, diciendo que iban a buscar un refresco y Kouichi se encontró con que quería decir algo. Tal vez debería seguir a Kouji y hablar al respecto… Pero pensó que Takuya haría mejor trabajo que él.
Minamoto, seguramente, necesitaba pensar en cualquier otra cosa que en problemas familiares y esas cosas… Y mal que le pese, Kouichi era parte de eso.
—Lo importante —Junpei trató de retomar el tema anterior, con algo de incomodidad presente en su cuerpo—. Es lograr que Yutaka vea que nosotros somos buenos chicos, que no llevamos a Tomoki por el camino de Cherubimon.
La última palabra sacó sonrisas en sus rostros, a pesar de todo.
—¿Sugieres que dejemos que nos vean juntos? —Izumi cuestionó, y Kouichi sintió toda la fuerza de su mirada: ella quería que él volviese a intervenir ahora que contaban con la ausencia de dos de sus amigos. Entendía el por qué.
—Sí. Tal vez una sola vez no baste pero… Hay que hacer que nos vea juntos. Podemos ir a casa de Tomoki o, simplemente, tratar de que nos siga cuando hacemos algo… como esto. No es un crimen. Además, eventualmente, se cansará de seguirnos.
—Él busca probar que tiene razón pero si dejamos que nos vea… Nosotros le mostraremos que está equivocado —Orimoto resumió, sucinta.
Kouichi tenía que admitir que eso era a lo que iba. Más o menos. ¿Era manipulación? Sin duda.
—Pero no podremos hablar sobre Bokomon y los demás —Tomoki frunció el ceño.
—La otra opción —Kouichi suspiró, sabía que ese sería un argumento contra su idea y lo esperaba—. Es que le digas todo.
La reacción fue instantánea —¿Qué? ¡Él no va a creerme! Pensará que estoy loco, bromeando o algo así. Ni siquiera tenemos los D-Scan para probarle algo…
Kouichi sonrió. —¿Y qué es peor?
Tomoki se quedó en silencio y casi se podían escuchar los engranajes en su mente mientras sopesaba las opciones. Se quedó pensativo, como si buscase algo más que decir. —¿Tú que harías, Kouichi? —fue la pregunta que lanzó el pequeño, al final.
Parpadeó. Decir que la pregunta lo tomó desprevenido era poco —¿Yo?
—Sí —Tomoki seguía mirándolo, con una mezcla de curiosidad y duda.
Algunos niños tenían esa mirada llena de esperanza camuflada en la absoluta certeza de creer hasta en la última cosa que se le ocurriese decir a un desprevenido. Era una mirada que él veía siempre en la hermana de Taisuke cuando ella preguntaba algo que no sabía y que pensaba que su hermano mayor conocía. Su amigo no solía saber que decir y Kouichi, por primera vez, entendía el sentimiento.
—Le diría la verdad —dijo, en voz baja.
—¿Aunque no tuvieses pruebas?
Kouichi sintió que sus hombros se encorvaban pero trató de sacudirse la sensación. Mordió la cortante respuesta que llegó a sus labios y soltó un suspiro, cambiando el peso de su pierna. —Hoy te digo que sí.
Meses atrás, su respuesta habría sido otra. Habría dicho que estaba bien dejar las cosas como estaban, que el tiempo lo arreglaría o algo así. Tal vez. Claro, meses atrás era más cobarde y estaba más asustado… Pero Tomoki no tenía esos problemas. Era un niño increíblemente valiente. Y su familia estaba unida.
—¿Y se lo dirías a tu mamá? —volvió a preguntar el menor, y su voz era apenas audible.
Era una respuesta fácil. Demasiado fácil. —Sí supiese que no se sentiría mal, sí. Pero ella es… Siempre carga con todo por su cuenta, creo que se sentiría culpable por lo que pasó.
La mirada que le dio Izumi necesitaba ser explicada. Parecía incrédula.
Tomoki lo miró tristemente y él quería borrar esa expresión, no le gustaba —¿No piensas que Yutaka se burlaría de mí?
Kouichi se movió incómodo, sin entender en qué momento se había convertido en el centro de la conversación. Deseó que Takuya o Kouji estuviesen allí, que Izumi saliese en su defensa o que Junpei iniciase una conversación absurda y divertida. Con su suerte, nada de eso sucedería en un futuro cercano.
—No lo conozco lo suficiente para responder a eso —optó por decir, eligiendo ir a la tangente de la cuestión—. Es tu hermano, tienes más posibilidades de saber como actuará que yo.
—¿Tu madre no pensaría que estás loco?
Parpadeó —Estuve en el hospital durante un día porque me golpeé la cabeza —le recordó, la amargura todavía latente en su entonación—. Probablemente pensará que todo fue un sueño… Qué es bastante cerca de la verdad porque yo nunca fui al Mundo Digital.
Físicamente hablando, por lo menos.
—Mentira —Izumi dijo, en voz alta, después de un silencio aturdidor. Kouichi vio que Junpei la miraba con sorpresa y él no pudo contener el asombro que se deslizó en su propio rostro. Los ojos de la joven Orimoto estaban llenos de lágrimas brillantes y no sabía a qué se debían, en realidad. Había comenzado a sacudir la cabeza, rechazando todas las ideas—. No puedes siquiera pensar en eso, ¡no puedes! ¡Claro que estuviste ahí!
—Izumi…
No era lo que él había querido decir, en absoluto.
—Nosotros te vimos allí, nosotros fuimos lo que te vimos… Cuando Lucemon te absorbió. No tienes idea, ¡no tienes idea! —la voz le había comenzado a temblar— ¡No puedes decir que no estuviste ahí cuando casi mueres allí, Kouichi!
Y él parpadeó cuando la vio alejarse del lugar.
—Vaya, amigo, esa fue una pésima elección de palabras —Junpei quiso bromear, palmeándole la espalda amistosamente.
Kouichi casi balbuceaba por no entender que había ocurrido: él solo estaba señalando un hecho. —No quise… —comenzó. No quería que Izumi se sintiese mal, por nada del mundo. Ella era, después de todo, la que más cercana veía a él… Después de Kouji, al menos— Me refería a que no fui al Mundo Digital físicamente.
¿Cómo podían pensar siquiera que él no agradecía todos los momentos que vivieron juntos?
Desde que le había dicho que solo su alma había estado vagando en el mundo se había sentido tan torturado… Ellos habían hecho eso mejor. No fue fácil, francamente padeció cada minuto desde que se enteró que estaba separado de su cuerpo y vagaba por un mundo que eran solo datos pero… Había sido mejor saber que ellos también estaban allí.
Junpei asintió —Lo sé. Ella lo sabe también… Es sólo que…
—Tema delicado —Kouichi concluyó, una sonrisa cayendo en su rostro. Amarga, sí, pero una sonrisa al fin y al cabo—. Lo entiendo.
—Nunca hemos hablado de ello —Shibayama insistió, algo más serio. Los pasos de Izumi habían desaparecido—. Sobre lo que pasó allí, lo que pasó con Lucemon… Si quieres hablar con alguien sobre eso, puedes hacerlo conmigo. No soy Takuya, ni Izumi o Kouji pero… Oye, somos amigos también, ¿no?
Lo último parecía una duda real mezclada con una certeza a medias. Kouichi hizo un asentimiento tranquilo pero su sonrisa era sincera, era siempre algo bueno de escuchar. Eran sus amigos: no eran solo los amigos de su hermano.
Sus ojos desviándose hacia el sitio por donde Izumi se había ido interrumpieron el triunfo en el semblante de Junpei —Debería ir a verla... No tengo idea de a dónde fue.
—Hay una tienda que a Izumi le gusta mucho por aquí. Es donde le compré el colgante de hada —Junpei se ruborizó ante la mención. Tomoki solo parecía confuso—. Tal vez lo mejor que sea que yo vaya a buscarla.
Kouichi asintió, porque no podía armar un argumento convincente.
Junpei había ido detrás de la joven y Kouichi vio que chocaba con Takuya y Kouji en una de las esquinas de la calle. Sinceramente, esos dos habían tardado bastante. Habría agradecido que lo salvasen de decir algo hiriente, aunque no había sido su intención…
—No piensas eso, ¿verdad? —Tomoki dudó, en voz baja.
Vio que Kouji se acercaba a ellos por el rabillo del ojo mientras que los otros dos chicos iban a buscar a Izumi. Él quería hacer lo mismo…
—¿Qué?
—¿Piensas que no estuviste con nosotros? —Tomoki tenía esa mirada extraña en su rostro y Kouichi sintió que sus palabras morían antes de escapar de su boca.
Aún recordaba la mirada en los ojos de Izumi y deseó, como antes, poder mantener su boca cerrada. Ese era el motivo por el que nunca decía las cosas… Debería quedarse callado y… Ya empezaba a entender lo que Maki decía a Taisuke sobre hablar sin elegir las palabras adecuadas.
—No, yo solo…
—Tocaste a Kouji, él te tocó también. Estuviste con Patamon, con Neemon, con Bokomon y te vi subir al Trailmon con nosotros. Detuviste una esfera de oscuridad con las manos de Löwemon, me ayudaste a construir el lanzador de nieve… Gritaste para buscar a Kouji cuando él y Takuya desaparecieron… Y te paraste delante de Cherubimon para defendernos. Estuviste con nosotros en las tres lunas… —hizo una pausa, pequeña. Sus ojos buscando algo que mirar, excepto a Kouichi—. Pero lo que importa es que… estás aquí ahora, hablando conmigo. Es una prueba de que todo salió bien.
No parecía de ocho años, en absoluto.
—Tomoki…
No había nada que decir.
—Pienso que eres uno de mis mejores amigos, también. No me gusta que pienses que habría sido lo mismo si no hubieses estado allí.
No se le ocurrió algo más que quitarle la gorra y revolverle el cabello, sonriendo. —Gracias… Aunque se siente como si me hubiese regañado una especie de hermano menor y es raro.
Se sentía más ligero después de haber escuchado a Tomoki y a Junpei. Le pediría disculpas a Izumi, luego, y todo volvería a la normalidad… La mayor normalidad que podían tener seis niños que salvaron un mundo paralelo con la ayuda de unos espíritus digitales, por lo menos.
La sonrisa brillante de Tomoki llamó la atención de Kouji. El joven Minamoto enarcó una ceja —Takuya y yo nos marchamos unos minutos e Izumi desaparece, Junpei corre tras ella y Tomoki sonríe como un loco. ¿Qué es lo que les pasa a todos?
Kouichi trató de no sonreír pero fue un esfuerzo inútil.
N/A: De alguna manera, terminé incluyendo al hermano de Tomoki en este pequeño fic y también un poco del desarrollo de algunas cosas en los anteriores (el collar de hada de Izumi y la reacción de Kouji a enfrentar a sus padres) así que no están muy alejados entre sí.
Sobre la relación de Tomoki y Kouichi, no hay mucho que decir: Kouichi es amable con él y de hecho ha seguido sus ideas sin protestar (como armar un catapulta pequeña para luchar en una batalla) así que lo veo inclinado a considerar a Tomoki como una especie de hermano menor con ideas divertidas. Por otro lado es evidente que el pequeño toma como hermanos mayores a Takuya y a Izumi al principio, la relación con Junpei es más de consejero/sabio y con Kouji es más bien distante. Con Kouichi es probablemente más parecido a Junpei que a Kouji pero sin llegar a la confianza que tiene con los otros dos chicos.
