Hola estimado lector del tiempo presente! Aquí te dejo el siguiente capitulo de "Mi pasaje del miedo", espero que lo disfrutes tanto como Tris.

Cariños!

Capitulo 3

En un ágil movimiento, Tobías desabrochó su propio pantalón, liberándose de el y de la presión que sus boxers ejercían sobre su miembro. Él estaba hincado frente a mi, permitiéndome disfrutar de su maravillosa figura. Recorrí su cuerpo con la mirada, tratando de grabar cada parte de él. Cuando bajé, no puedo evitar detenerme en su imponente miembro, erecto para mi.

Jadie.

Me sentí ardiendo. El deseo me consumía. Ya no quería esperar. ¡Quiero que Tobías me haga suya ya!

Extendí mi mano para alcanzarlo y lo arrojé sobre mi. Lo besé con pasión, con vehemencia y deseo desbordante. Él respondía de la misma forma mientras su manos de dirigían lenta y tortuosamente hacia la única prenda que nos separaba. Mis bragas.

Sentí sus dedos sobre el delgado pedazo de tela, justo sobre mi clítoris.

Grité. Ya no podía solo gemir débilmente. No cuando el estaba moviendo sus dedos así y me inundaba de placer. Las descargas eléctricas se volvieron más fuerte y mis músculos comenzaron a tensarse. Y de repente, todo paro. Tobías dejó de masajearme y yo lo miré confusa y enfadada. Él me devolvió una intensa sonrisa llena de deseo. Y mientras sus ojos me miran desbordantes de lujuria, concluyó el trabajo que había empezado, me despojó de las bragas. Ahora estaba completamente desnuda. Completamente desnuda al frente de él. A merced de él.

Su mirada deseosa se intensificó y las chispas de sus ojos se volvieron llamas.

Se lanzó a mi boca, besándome febrilmente mientras sus manos recorrieron todo mi cuerpo desnudo. Cuando llego por segunda vez a mi intimidad, húmeda por la excitación, tanteo mis pliegues e introdujo un dedo en mi interior.

Gemí.

Tobías se alejó un poco de mi rostro para verme gemir, se que le excita verme así. A mi también me excita esta situación. Me excita su cara llena de deseo y el delicioso juego de sus dedos, los cuales entran y salen rítmicamente de mi humedad.

Las descargas eléctricas volvieron a aparecer y el placer se expandió por mi cuerpo. Pero se que no durara, lo veo en sus ojos. Y al momento retiró sus dedos de mi.

Se posicionó entre mis piernas mientras acariciaba mis mejillas coloradas. Sus manos estaban húmedas, húmedas por mi. Me sonroje aún más. Lo miré expectante. Él tensó su rostro. Esta asustado. ¿Y yo? No he sentido miedo ahora. Ahora, cuando más miedo debería sentir, este desaparece. Mi cuerpo esta relajado y preparado para lo que viene. Yo estoy preparada para lo que viene. Estoy deseosa.

Lo mire y le sonreí tiernamente. Él se relajo. Sabe que no le tengo miedo.

Lo siento adentrarse en mi. Su imponente miembro me penetra lentamente, facilitando que mi cuerpo se acostumbre a su intromisión. Se mueve suave y gradualmente, siguiendo un vaivén constante.

Al principio se siente extraño, me siento llena, como empachada. Aún así, es una sensación calida. Pero al cabo de un instante comienzo a unirme al baile de las estocadas, moviendo mi cadera al ritmo que mi novio mete y saca su miembro de mi cavidad. Cada vez que lo siento completamente dentro, mi cuerpo se llena de calor.

Ya no es extraño sentirlo, lo necesito. Y lo necesito más adentro y más fuerte. Más intenso.

Abro mis ojos y busco los suyos. Lo miro suplicante.

– Quiero más Tobías. Deseo más. Dame más – le rogué entre gemidos.

Él se limitó a besarme con intensidad. Lo escuche gruñir al tiempo en el que incrementó la velocidad e intensidad de sus penetraciones. Yo lo acompañé moviendo mis caderas y gritando su nombre.

Las sentí de nuevo, las descargas eléctricas vienen a mi. Nacen en mi sexo, en el mismo sitio de unión en el que mi humedad y el miembro de Tobías se unen en su punto máximo. Las ondas de energía se disipan por mi cuerpo, volviéndose más intensas a cada estocada. Mis sentidos se nublan. Ya no puedo ver, ni oír, solo puedo sentir el cuerpo de Tobías y el mío volviéndose uno. Mis músculos se contraen y súbitamente siento intensos espasmos de increíble placer provenientes de mi pubis. Y grito. Un grito excitante, proveniente de lo más recóndito de mi interior.

Abrí los ojos, no podía entornar bien los ojos. Mi visión era borrosa. Sigo extasiada de placer.

Tobías agarró con fuerza mis caderas y incrementó aún más la velocidad de las penetraciones que me propiciaba. Yo seguía gimiendo y el continuaba gruñendo más fuerte. Y sin previo aviso, salio de mi embarrando mi vientre de un liquido caliente y viscoso de color blanquecino.

Que visión más excitante. Tobías frente a mi, cubierto de sudor, con la respiración agitada y aún gimiendo por su propio orgasmo.

Sonreí y dejé que mi cabeza se apoyara hacia atrás mientras cerraba los ojos totalmente gratificada.

En seguida abrí los ojos al no sentir el cuerpo de Tobías junto al mío. Me encontraba en la sala de simulación, reclinada en la silla, con cables colgando de mi cabeza y un Tobías, vestido, mirándome estupefacto, con las mejillas rojas y ardientes.

¡Oh no! ¡Todo había sido una maldita simulación! ¡Y Tobías había visto todo!