Dissclaimer: Card Captor Sakura le pertenece a CLAMP.
La historia si es mía, por favor NO LA COPIEN.
Por amor
Emiko hime-sama
Una joven de ojos color miel se encontraba sentada frente al príncipe ingles.
-¿Eriol? ¿Más té?
-Luna…
La joven dejó el té en la mesa y aún sin levantar la cabeza respondió.
-¿Quién era ella, Eriol? ¿Es alguien de quien usted está enamorado? –preguntó con un hilo de voz. -¿Ella… está enamorada de usted?
-Yo…
Luna negó como si reconsiderara las cosas.
-No. Será mejor que descanse. –dicho esto se retiro a su habitación.
Eriol miró la ventana y miro el día nublado que se asomaba por ella. Habían pasado dos días desde el día en que ocurrió aquel peculiar encuentro. Pronto comenzó a llover lo que hizo que Eriol se preguntara si Tomoyo estaría bien… si tendría frio, si no estaría sola… o tal vez ya había regresado al castillo. Lo sabía. Él sabía que la había herido, pero también sabía que su deber como príncipe era no involucrarse con ningún japonés y casarse con Luna Eastwood. También sabia cual era su deber como Hiraguizawa: odiar a los Daidouji.
Él lo sabía y aun sabiendo todo eso, quería verla y estaba seguro que aquella joven de ojos amatistas era por quien su corazón latía.
Por un momento quiso retroceder un poco el tiempo solo un poco, ante ese encuentro. Pero él sabía que era inútil. El problema no era Luna ni tampoco Tomoyo. Él sabía que si esa noche no se le hubiera ocurrido ir a dar un paseo y hacer de héroe y salvar a la heroína…. Nada de eso hubiera ocurrido. No se hubieran conocido. Más sin embargo, el no se lamentaba de haberla conocido. Le dolía si, pero… ¿Acaso no valía la pena?
Continuó viendo a través de la ventana hipnotizado. ¿Qué hubiera pasado si no se hubieran conocido? ¿Qué hubiera pasado si hubieran nacido en otro tiempo y él no fuera un príncipe y ella, solo una aldeana común y corriente? ¿Su amor… sería posible?
Quería verla… quería decirle lo mucho que la quería… pero no podía. Tomoyo era débil, aunque pareciera increíblemente fuerte ella era una persona increíblemente débil. Una persona llena de miedos e ilusiones, ilusiones que no se cumplirían.
Él sabía que el corazón de Tomoyo se parecía al cristal. Hermoso más sin embargo, frágil.
Sabía que aquel cristal se había roto poco a poco a través de cada herida que había pasado. Y él… había hecho que su corazón se rompiera por completo, él había destruido la poca alma que le quedaba.
Reconstruyó la imagen de imagen de Tomoyo en su mente:
Su piel blanca como de porcelana y sus ojos amatistas llenos de soledad. Sus cabellos negros con tonos grisáceos ondulados que bajaban por su espalda.
Se preguntó que estaría haciendo ahora por milésima vez, se pregunto si le había dolido demasiado enterarse de Luna, y también se preguntó por qué no se lo había dicho.
-Tomoyo-sama. –la llamó un joven alto de ojos azules y cabellos rubios cenicientos.
-Oh! Disculpa! –se disculpó la joven.
Tomoyo suspiró y se preguntó que estaría haciendo Eriol. Le dolía pensar en ello, pero ella… ella simplemente no podía dejar de pensar en él.
Miró a su joven prometido enfrente de ella. Se llamaba Tamaki y era hijo de un rey de un pueblo vecino o eso había escuchado. Él era una buena persona, muy dulce y elegante pero ella no lo quería. No podía.
-La dejare descansar.
Tomoyo escuchó el ruido de la puerta al cerrarse lentamente y como reflejo cerró los ojos para luego abrirlos y continuar mirando la lluvia.
Se preguntó que estaría haciendo Eriol. ¿Estaría con Luna? ¿Se habría molestado con ella por haberse ido corriendo?
Pensó que lo mejor sería no verse, así él se casaría con Luna y ella con Tamaki. Sí, era lo mejor. Entonces, si era lo mejor… ¿Por qué le dolía? ¿Por qué sentía ese dolor en el pecho?
Ambos recordaron la mirada del otro. El dolor que habían visto en sus ojos.
Tomoyo se puso de pie decidida.
Eriol no la quería. Había jugado con ella y ella se sentía mal, triste, cansada, decepcionada pero sobre todo sentía un dolor agudo en el pecho.
Caminó por los largos pasillos de aquel castillo al que nunca se atrevería a llamar "hogar".
-¿Tamaki-sama? –no fue difícil encontrarlo, sólo tuvo que seguir el suave sonido de las teclas del piano.
Se quedó mirándolo tiernamente.
Tamaki la quería. La amaba.
Era apuesto, la quería y sabía que él nunca la lastimaría.
Pero le dolía.
¿Acaso el destino no había jugado lo suficiente?
Ella no lo podía querer. Ella solo tenía a alguien en su corazón. A alguien por el que su alma se había quebrado.
El joven rubio tocó los últimos acordes del piano y levantó sus ojos azules para toparse con la mirada de la amatista.
Tomoyo no supo cómo ni por qué simplemente vio al joven pararse y abrazarla con ternura.
Quería sentirse querida, necesitada.
Era egoísta…
Y a pesar de todo… no era suficiente.
No le era suficiente el amor de aquel joven de ojos rubios.
Y ella sabía porque.
No le era suficiente porque lo único que necesitaba, lo único que le era completo era un joven de ojos azules cuyo amor era imposible.
No respondió el abrazo y no dijo una palabra.
No se movió y casi sin saberlo unas lágrimas cayeron por su bello rostro.
¿Por qué lloraba?
¿Por qué no simplemente podía amar al joven que la estaba abrazando y que la amaba a pesar de todo?
¿Por qué no podían las amar en silencio sin ser lastimabadas las personas?
¿Por qué el destino era tan cruel?
Sus lágrimas cayeron seguidas de sollozos que le desgarraban el alma al joven de ojos azules.
Tamaki no dijo nada.
Sabía que la joven princesa japonesa no lo amaba.
Sin embargo, él la amaba.
La quería. Más que nada y más que a nadie en todo el mundo, universo y otros mundos.
La estrechó fuertemente contra sí.
-No tiene porque sufrir sola… yo estoy aquí… para siempre… para lo que necesite…
Estaba dispuesto a hacer cualquier cosa por ella.
Sí, cualquier cosa aunque tuviera que ser solo un pañuelo de repuesto o una herramienta con la que la bella amatista pudiera consolarse.
No le importaba.
¿Orgullo?
No le importaba.
¿Qué era el orgullo comparado con la joven que tenía enfrente y entre sus brazos?
Le acarició los largos cabellos con destellos grises de la joven.
Tomoyo se sentía increíblemente culpable.
¿Existía una persona más cruel que ella?
¿Aprovecharse de un joven que la quería más que a su propia vida….? No era lo correcto. Claro que no lo era.
Ella lo sabía.
Pero allí estaba ella entre los brazos de una persona que no amaba.
Su corazón se fue quebrando a cada lágrima que caía.
Pero…
Era egoísta ella lo sabia!
¿No había nadie que pudiera entenderla?
Lo amaba!
Lo amaba más que cualquier otra cosa y no podía evitarlo.
No era su culpa!
Era el destino!
Era el cruel destino que le había puesto en frente a ese caballero….!
Cayó de rodillas y su joven prometido cayó con ella.
Lloró… como nunca lo había hecho…
Con cada lágrima su corazón se rompía pero estaba segura que el joven de cabellos rubios cenicientos lo reconstruiría hasta convertirlo en un corazón puro digno de una princesa, no, incluso digno de un ángel.
Pero…
Lo quería ver!
Solo una vez…
Una vez más…
Esos ojos azules… ese cabellos negros azulados…
Una vez más…
-Quiero verte una vez más… -murmuró sin pensar… sin darse cuenta de lo mucho que lastimaba a su joven caballero.
-Tomoyo-sama… ve… ve con él… una vez más… no! –le dolía lo que estaba diciendo… pero era por ella… -una y otras más… continúa viéndolo hasta que este satisfecha… hasta que el reconstruya tu alma….
-Tamaki-sama…
Dejó de llorar.
El joven le acarició la mejilla limpiándole las lágrimas.
Le dio un beso en la frente.
-Lo siento… Gracias….
Dijo Tomoyo para después levantarse…
Y allí estaba.
En frente de la persona que más amaba en todo el mundo, universo o cualquier otra materia en la que cualquier forma de vida pudiera vivir.
-Una vez más… -dijo Tomoyo en un susurró que fue llevado por el viento a los oídos de la persona a la que pertenecía su corazón.
-Quiero verte… -dijo Eriol perdido y viéndola como si fuera solo un sueño o una ilusión.
Dio un paso hasta su princesa.
-Quiero verte… -dijo Tomoyo pensando lo mismo que su amado. Sus lágrimas caían.
-Sólo una vez más…. –completó Eriol para después estrecharla en brazos contra sí.
A lo lejos en lo alto de una torre Luna los veía.
Sonrió mientras una lágrima bajo por su blanca mejilla.
¿Era por Eriol… o no?
-Porque… amar… era dejar ir… dejar… que la persona a la que amas… ame a quien quiera….
La frágil figura de Luna cayó al suelo y lloró. Desconsoladamente como si su vida dependiera de ello. Y tal vez así era.
Notas de autora:
Si… lo sé tarde mucho… pero entiendan que no tenía inspiración….
Bueno volviendo al capítulo ¿Qué le pareció?
Algo triste… el pobre de Tamaki y la pobre de Luna… les tengo cariño a esos dos, jeje.
Gracias por los reviews a todos y cada uno de ustedes, lo aprecio de verdad y me animan a seguir adelante.
También gracias a todos los que leen mi fic y no dejan review.
En general, gracias a todos los que leen mi fic.
Espero que lo hayan disfrutado y que lo sigan leyendo, así como, también si no es mucha molestia me dejen uno que otro review!!!!
Alguna sugerencia lo que sea… mis ideas se acaban!
En fin muchas gracias a todos y cada uno de ustedes que hacen mis sueños de crear un nuevo mundo con estos personajes!
Arigatou:
Emiko-chan.
