Disclaimer: YuGiOh! No me pertenece, si no a su creador Katzuki Takahashi. Si fuera así, créanme que desde hace mucho Yami y Seto hubieran tenido una hija preciosa.
ADVERTENCIA: Yaoi. SetoxYami. Mpreg. Osea que en el transcurso de la historia habrá embarazo masculino. Si no te gusta no leas por favor.
AGRADECIMIENTOS: A todos los que están siguiendo esta historia y han dejado un review interesados ¡Muchas gracias! A AL (Kien más?) que me está ayudando con correciones e historia =D y Este capitulo, así como el fic, se lo dedico a quien me hizo amar tan bella pareja, por sus historias tan bien relatadas y con mucho ingenio: "MAGIDUNKELHEIT".
Vigías del Diablo.
Capítulo 3: Ojos de Horus.
-¡Ya no me importa! ¡No tienes derecho a decirle eso!
Esa era la voz de una mujer… llorosa y ligeramente asustada.
-¡Tengo todo el derecho! ¡Ambos lo son!
Y ese era un hombre… enojado. Colérico y no sabía por qué.
Demasiados gritos, golpes… objetos cayendo. Pero no podía ver el rostro de la pareja, apenas y lograba distinguir el escenario. Era una casa, parecía una sala…
Y sabía que él estaba espiándolos…
-¡YAMI!
Un balazo rompió con aquel sueño. Los ojos carmín se abrieron de golpe y el techo con un foco fue lo primero que vio. Su respiración estaba descompuesta y ligeras gotas de sudor bajan por su frente.
¿Un sueño?...
Se cubrió los ojos con su mano, intentaba despejar su mente de aquel sueño y respiraba de forma pausada… nada más eso. Un molesto sueño que debía alejar de su cabeza. Intentó sentarse en la cama, pero un fuerte mareo lo obligó a desistir de la idea.
Miró a su alrededor ¿Dónde estaba? Definitivamente no era un hospital… tampoco la casa de Kaiba… ¿Entonces?
Kaiba… era verdad, estaba con él… cerró los ojos reprimiendo un gemido de dolor que quiso salir de su garganta por el intento de recordar. ¿Qué había pasado? Volteó a su derecha, había un pequeño mueble de madera con un portarretratos, no distinguía la foto.
Casi como punzada, su frente ardió, seguro era el tatuaje. Maldito tatuaje que lo había condenado junto con Seto… afiló la mirada. ¿Dónde estaba él? Respirando hondo, volvió a intentar sentarse en la cama, lográndolo después de dos intentos. Sentía que la cabeza le iba a explotar y aquello no le dejaba pensar claramente y menos organizar sus preocupaciones, que de por si eran demasiadas.
Lo último que lograba recordar era ser perseguido por dos policías… Seto se lastimaba y después… todo se volvía rojo y… estaba ahí sentado en la cama desconocida.
La puerta se abrió en ese momento y entró una mujer morena, de cabello largo y enormes ojos verdes. A Yami le dio la impresión de que era extranjera.
-Veo que ya despertó, mi Maestro. –el tono de la mujer era dulce, pero misterioso.
¿Maestro? ¿Se refería a él?
-¿Qué es este lugar? –preguntó Yami con voz desconfiada y casi demandante.
-Tranquilícese, mi Maestro… no tiene por qué mostrarse arisco conmigo. –señaló el signo que llevaba en el cuello –También soy una enviada de Horus.
Yami no pudo evitar que la sorpresa se mostrara en su rostro, sin embargo la disimuló casi enseguida y regresó a su postura desconfiada.
-Pensé que nos llamaban "Vigías del Diablo".
Ella negó tras sentarse en una silla de madera junto a la cama.
-La gente nos llama así, ignorantes de lo que podemos hacer. Del don con el que fuimos bendecidos. En otros lugares, como la India, se nos considera casi milagrosos a los portadores del Ojo de Horus…
-¿Milagrosos? Explícate.
Ishizu sonrió un poco más confiada, feliz de tener la atención de su Maestro, como ella tanto lo llamaba.
-Pocos son los países donde la gente logra tener el completo entendimiento de lo que somos nosotros. De la capacidad espiritual con la que estamos bendecidos. Por ejemplo, mi maestro… no es casualidad que nosotros los hayamos rescatado de ser detenidos.
Yami estaba en silencio. Ishizu no hacía más que darle vueltas al tema. Necesitaba que llegara a un punto de una vez para entender qué diablos sucedía y porqué esos signos los acosaban. Ishizu, al notar el poco interés en Yami por haberlos ayudado, decidió regresar al tema sobre los Ojos de Horus.
-Veo que aún desconoce mucho sobre el don con el que fuimos bendecidos, mi Maestro.
Yami alzó una ceja en signo de duda.
-Somos en total siete signos, siete personas que tienen en su cuerpo el Ojo de Horus.
-¿Siete? No son tantos…-murmuró para sí mismo el pelirrojo al llevarse una mano al mentón. Él pensaba que serían más, puesto que los asesinatos de empresarios y políticos daban a entender que era como un gran grupo de vigías…
-Ahora que lo hemos encontrado, debemos encontrar a los otros signos e ir a NeoDomino para poder purificar nuestras almas y liberarlas del Ojo de Horus.
-No estoy entendiendo… para ti, estos signos son como algo fantástico y casi un privilegio por como hablas de ellos… ¿Por qué querer eliminarlos?
Ishizu puso cara de perturbación. Se llevó una mano a su tatuaje y lo palpó cuidadosamente.
-He visto fragmentos del futuro… uno donde no podemos ser libres y estamos condenados al exterminio total… jóvenes, ancianos… incluso bebés pueden ser privados de su vida por la ignorancia de los humanos. No podemos permitirlo, por más que muchos de nosotros deseemos estos poderes…
-Yo no los quiero. –apuntó Yami seguro de sus palabras, tenía la mirada fija en las sabanas –Este signo… acabó con la tranquila vida de Kaiba… ¿Qué bueno puede tener esto?
-Es lo que la mayoría piensa, mi Maestro… -aclaró Ishizu –No podemos ir en contra de tanta gente y lo mejor es liberarnos de una vez… antes de que esto se complique…
-¿Complicarse?
-Estos signos, mi Maestro, pueden pasar a otra persona sin problema alguno, pero la única manera de que esto suceda es si el portador muere. El problema es que no hay modo de saber quién será el siguiente portador, por eso debemos encontrar a los demás antes de que sea demasiado tarde… ¡Maestro! –Ishizu le tomó las manos a Yami –Por más que le pese a mi familia… no podemos permitir que sangre inocente se siga derramando…
Yami enfocó sus ojos hacia las manos de la morena. Pensando detalladamente en lo que ésta le había dicho. No había manera de salvarse de la maldición. Si morían… otro inocente se vería afectado.
…Un inocente…
-Perdóname… pero es mejor así. No estorbaremos…
Cerró los ojos intentando alejar aquel recuerdo de su cabeza. Soltó un suspiro pesado y miró a Ishizu con ojos penetrantes.
-¿Qué se supone que debo hacer?
Ishizu logró formar una sonrisa en sus finos labios. Agradecida por tener el apoyo de aquel muchacho.
-Como le dije, debemos ir a NeoDomino. Ahí encontraremos las tres piedras de los Dioses a los que debemos brindarles tributo y hacer la ofrenda.
-¿Ofrenda? –Yami alzó una ceja.
-La ofrenda, mi Maestro. Su vida. –dijo ella con la misma sonrisa en la cara. A Yami le pareció una broma de muy mal gusto, pero tal parecía que la mujer hablaba en serio. ¡¿Y se lo decía tan tranquila? Yami desvió el rostro perturbado por la recién información obtenida.
-¿De qué…? ¿Cómo es que esa ofrenda se dará acabo?
Ishizu se llevó una mano al mentón, meditando su respuesta –Al tener las siete piedras y los siete poderes reunidos, según como recuerdo que mi padre me lo dijo… debemos fusionar nuestros poderes y dirigirlos a la ofrenda. Con la vida del Maestro, en este caso la suya, Maestro, nos veremos liberados del Ojo de Horus.
-¿Qué pasará conmigo?
-Se convertirá en la energía almacenadora y nos purificará a todos. –sonrió nostálgica –Que honor debe sentir usted… que nos librará de todo esto. Para ser honesta… siento algo de envidia.
Te cambio el lugar, quiso decir, pero esa frase no iba consigo. Además, aún estaba procesando su nueva tarea. Para liberarlos a todos… debía sacrificarse. ¿Él qué ganaba? Si iba a morir… ¿Entonces para qué luchar por semejante causa tan estúpida?
La puerta se abrió en ese momento y un chico moreno, de cabello arenoso entró.
-Hermana, traje un poco de fruta para el…-las mejillas del joven se tiñeron de rosa y la emoción inundó su ser -¡Ha despertado, Maestro! –corrió enseguida para mirar más cerca de Yami, quien se mostró más que incómodo -¡Es todo un honor para nosotros por fin tenerlo aquí! Si supiera cuantas cosas hemos estado haciendo para encontrarlo, mi hermana Ishizu, con ayuda de su tatuaje, intentaba adelantarse a los hechos y poder saber dónde estaría usted.
-Malik, compórtate. No asares al Maestro, seguro quiere descansar. –apuntó la morena sonrojada.
-¿Adelantarse a los hechos? –fue lo único que Yami logró preguntar, mirando fijamente a la morena. Ella asintió y tocó nuevamente su dibujo.
-Esa es mi habilidad. Aunque aún no está del todo desarrollada, me falta algo de práctica. Pero puedo ver destellos del futuro, por eso supe dónde encontrarlos.
-¿Tienes idea de cuál sea la mía? –preguntó Yami.
Ishizu asintió –Usted, Maestro, tiene la fuerza superior. El control total de la oscuridad y la mente. Tiene el poder incluso de destruir la mente humana si se lo propone.
Era fuerte, no había duda, por como Ishizu se lo planteaba. Aun así, eso no lo tranquilizaba de una muerte predestinada.
La noticia de la desaparición del empresario Seto Kaiba por uno de los Vigías del Diablo seguía en boca de todos. Mai Kujaku, una de las mejores reporteras del periódico Domino, seguía con las investigaciones las nuevas indicaciones de Pegasus, para ella ese hombre no estaba más que aprovechándose de la ausencia del único hijo Kaiba.
Revisaba algunos papeles y videos sobre la rueda de prensa que no hacía mucho, Pegasus convocó.
Jonouchi entró al cubículo de Mai con dos tazas humeantes de café. Dejó una junto a la computadora portátil de la mujer y la otra la llevó a su boca para beber un poco.
-¿Cómo vas, Mai?
-No he avanzado mucho. Sigo sospechando de Pegasus. –confesó la rubia ignorando su taza de café.
-¿Por qué? Pienso que fue muy noble de su parte empezar la búsqueda del empresario Kaiba, otro en su lugar lo hubiera dado por muerto y tomaría el poder total.
-Eso es exactamente lo que me tiene confundida. Pegasus no es la clase de empresario que lucha por el bien común. –comenzó Mai cruzando sus brazos –Es interesado y egoísta. Todo esto de la rueda de prensa y la desinteresada preocupación por encontrar a Seto Kaiba me huele muy mal.
-Mai, meternos con la corporación Kaiba no es cosa de chiste, si vas a comenzar alguna noticia, debemos asegurarnos que cada fuente sea verídica. –aclaró Jonouchi rascando su cabeza con gesto abrumado. Lo último que necesitaba era ver a Mai metida en problemas por su ansia de historias llamativas y controversiales.
-Tranquilo, Katsuya. Sé en qué me estoy metiendo. –aclaró la rubia tras guiñarle el ojo a su compañero. –Historias como estas son las que la gente busca. Algo que les haga vibrar y que los tenga pegados a la televisión. Y eso Mai Kujaku se los dará.
La puerta se abrió y un hombre con ojos desiguales se asomó.
-¡Mai, Jonouchi, hubo un extraño evento en la calle quince de la avenida inferior!
-¿Qué ocurrió, Dartz? –preguntó Kujaku parándose enseguida.
-Al parecer toda la manzana quedó inconsciente y hubieron demasiados accidentes. ¡Vayan a investigarlo antes de que el canal 23 se nos adelante!
Ambos rubios asintieron y sin perder más tiempo salieron a buscar la noticia.
Miraba fijamente el rostro aún dormido de Kaiba. Soltó un mudo suspiro y alzó la mano, acomodando varios flequillos castaños tras la oreja del mayor. Notó sus propias acciones y sorprendido, alejó su mano para pegarla a su pecho.
-¿Qué estoy haciendo? –se preguntó bajando la mirada. –Ojalá despiertes pronto… necesito hablar con alguien que no esté idiotizado con todo esto de los "Ojos".
Soltó un mudo suspiro, miró a su alrededor notando que nadie más estaba en la habitación. Sonrió para sus adentros y con algo de hesitación se recostó en el pecho de Kaiba. Cerró los ojos y disfrutó del tranquilo latido del corazón del mayor, sin embargo, ni eso pudo librarlo de los constantes pensamientos que lo acosaban cada minuto.
Debía morir… no iba negar lo que era obvio, tenía miedo de morir, más porque desconocía el ritual que se debía crear para llevar acabo la supuesta liberación de los Ojos de Horus. Ignorancia, odiaba sentirse así… ignorante de algo que le involucrara tan afondo.
¿Cómo lo tomaría Seto? ¿Se molestaría? ¿Se alegraría por saber que ya no habría más Vigías del diablo rondando en su vida?... todo eran tan confuso. La puerta se abrió y Yami se enderezó casi enseguida. Sus mejillas se tiñeron de rojo.
-Maestro, le traje un poco de comida. –sonrió Malik, hermano menor de Ishizu. Se acercó al pelirrojo y dejó el plato sobre el taburete junto a Yami -¿Aun no despierta? Vaya, debió ser un ataque muy fuerte. ¡Increíble!
-No me siento muy orgulloso de eso, Malik. –secundó Yami mirando de reojo al joven –Saber que por mi causa Kaiba está inconsciente… que se yo qué más pasó por culpa de mi ataque.
-Es verdad. Según Ishizu la colonia entera se vio afectada por su poder, Maestro. –apuntó Malik son poder dejar su sonrisa. Estar con Yami, para él, era como estar frente a una divinidad.
Yami no podía sacarse de la cabeza que sin duda aquello era un peligro. Lo mejor era no decirle a Kaiba nada, después de todo, no necesitaban más problemas y seguro Seto no lo dejaría en paz alegando que su poder era un peligro.
-Malik… ¿Puedo pedirte un favor?
-¡Claro, maestro!
-No le digas nada a Kaiba. Cuando él despierte… no le comenten nada sobre los planes de Ishizu…
-Como usted diga, maestro. –aprobó Malik sin cuestionar –Aunque no veo nada de malo en tener la bendición de los Dioses… -Yami lo miró interesado –Yo me estoy esforzando mucho para poder ser uno de los elegidos… poder llevar un signo pintado en mi cuerpo… para mí sería todo un honor. Saber que mi hermana tiene la dicha me pone un poco celoso, pero aun así… me sigo esforzando.
Para Yami una sola palabra cruzaba por su mente: Patético. Él no veía nada de increíble o esplendido en ser "bendecido" por un Dios. No podía hacer nada y aguantándose las ganas de correr a Malik del cuarto para que lo dejara solo con Seto, decidió tomar el plato con fruta y comer un durazno. Después de todo… no había comido en todo el día.
Las calles poco transitadas de Domino no eran tan fascinantes cuando debías recorrerlas solo. Vagabundos tirados en el suelo pidiendo miserias de comida, o bien dinero. Ratas correteando por los botes llenos de basura, humedad estancada por las esquinas de los callejones. Un paisaje digno de ahorrarse al caminar. En una casona abandonada, con la pintura casi desgastada y la madera podrida, brillaba ligeramente una luz naranja, en el segundo piso.
En una esquina del cuarto, justo de donde la luz provenía, parecía haber un muchacho sentado en el suelo, mirando con ansias y placer como su pecho no dejaba de brillar.
-Siento dos poderes… -su sonrisa se acrecentó -, no, tres poderes. Aunque uno es muy débil aún…
Se puso en pie y caminó hasta la ventana.
-Guíame para saber dónde están exactamente. –el brillo en el pecho del extraño se acrecentó aún más. Poco a poco el diseño comenzaba a tomar forma… un ojo dorado brillaba sin cesar.
Continuará…
¡Bien, ya empieza a verse un poco más de la historia! Ishizu y Malik están muy involucrados y al parecer hay alguien detrás de los Ojos de Horus. Espero que este capitulo haya desenredado un poco las dudas, aunque sé que aún debe haber muchas, como quienes serán los otros Vigías del Diablo. O.O... Y también... sobre la relación de Seto y Yami, ¡Osh, me frustro, ia quiero que aia accion XD! Pero bueno, todo a su tiempo. ¡Muchas gracias por seguir leyendo y darme su apoyo!
