Disclamer: Los personajes de Frozen pertenecen a Disney.
Sé que dije uno por semana, así que haremos como que no hemos leído nada y ya está xD
[Las máscaras de Elsa]
Máscara número 2: Mi fan número uno.
~Anna~
Mamá me echó un tostón de bronca sobre cosas que ya sabía, me molestó porque si Elsa no le hubiera dicho nada me la podría haber ahorrado. Con lo ocurrido ya aprendí qué es lo que no debía hacer, no hacía falta que me lo repitiera una y otra vez.
De todas formas estaba contenta, feliz de saber que mi hermana formaba parte de mi familia, sentía que estaba más cerca de ella que nunca, y aunque a ratos se comportaba de forma extraña, me sentía querida.
Cuando terminó el sermón, le hablé con una sonrisa de lo bien que Elsa tocaba el piano, era algo que no sabía de ella y me alegré de descubrir. Sólo por eso valió la pena decirle a mis amigas que hoy estaría ocupada.
Como mamá me prohibió molestarla más, fui a mi habitación para publicar sobre ella en mi blog. Al terminar, le di un repaso a los comentarios del último post y me hicieron especial ilusión los de ZafiraWitch y TheSurrealDreamer.
Snoflake21 no tardó en comentar la nueva entrada, esa chica era un amor. Le respondí dándole la gracias otra vez por dedicarme su tiempo, y dispuesta a saber más de ella, le pregunté su verdadero nombre.
No sé cómo podía estar tan nerviosa por alguien que seguramente debía estar a miles de kilómetros. Me sorprendió diciendo que era un secreto, que esperaba que lo descubriera yo misma. ¿Cómo lo iba a saber con sólo su nombre de usuario?
Lo único que sabía de ella era que era una chica y que tenía mucho tiempo libre para comentar mis publicaciones. Busqué su nombre de usuario en internet pero me salían una barbaridad de perfiles, ¿cómo iba a saber cuál era ella?
Desistí porque seguramente sólo quería hacerse la interesante, pero me quedé pensando en cómo podría ser.
A la hora de cenar, volvimos a estar las tres juntas, con Elsa a mi lado. Entendí que no le gustaba que la tocaran dado el momento en que se levantó de repente mientras desayunábamos, o cuando la eché en la cama por la tarde, por lo que mantuve las distancias y todo fue bien.
Elsa no dijo más de dos palabras pero ya estábamos acostumbradas a eso. Traté de que me diera las buenas noches cuando nos fuimos a la cama, pero sólo recibí un Hm de los suyos. Tenía que hacer algo al respecto y en la cama me puse a pensar en eso.
Ella no estaba acostumbrada a hablar con nadie, era más cerrada que la caja del banco y siempre respondía con monosílabos, a veces ni eso. Desde el móvil me puse en internet para investigar sobre ejercicios para ser más extrovertido y casi todos se hacían en multitud.
Cuando estaba por irme a dormir, encontré uno muy sencillo que parecía interesante y decidí ponerlo en práctica.
La mañana siguiente fue más que parecida a la anterior, pero sin chocolate caliente. Mientras desayunábamos, puse en marcha mi plan.
— Elsa~ Cuéntame algo sobre tus poderes.
— ¿Mis poderes?
— Sí, no sé, ¿cómo es eso de poder hacer hielo? ¿No sientes el frío?
— N-no quiero hablar de eso… —no empezaba muy bien.
— Bueno… a ver… ¿Qué has soñado hoy?
— Hm… no me acuerdo… —iba de mal en peor, pero aún así no desistí.
— ¿Tú qué crees que son los sueños? —me miró como si le hablara en chino— Es que a veces tengo unos un poco raros que no sé si significan algo…
— No sé, búscalo en Wikipedia. —suspiré.
— Pero quiero saber tu opinión~ —se me estaba haciendo realmente difícil que me contara algo.
— ¿Por qué? —me quedé sin respuesta, no quería decirle que era para que hablara más, pero no me dejó otra opción.
— Por hablar de algo… —siguió desayunando como si nada. Pensé que sería inútil, que iba a ser siempre así pero después de unos segundos, me sorprendió.
— Creo que… los sueños son algo así como… un reflejo confuso de nuestro presente, de nuestras preocupaciones, deseos y temores. Todos tenemos sueños diferentes, pero hay algunos que se repiten o se parecen a los de otra persona, y eso creo que es por lo parecidas que son ser las situaciones de esas personas.
Cuando se dio cuenta de lo atenta que le estaba mirando, se avergonzó un poco.
— Entonces… ¿si por casualidad sueño que me congelo es porque tengo miedo de eso?
— ¿Has soñado que te congelabas? —se asustó como si algo así fuera a pasar.
— No, sólo era para poner un ejemplo.
— B-bueno… supongo que sí. —al final mi plan no había sido un desastre del todo, había conseguido que Elsa me diera su opinión sobre algo, y eso ya era un gran paso.
A la vuelta del colegio, le volví a pedir que me ayudara a estudiar y nos pasamos media hora repasando el temario. Sin duda, iba a sacar un excelente, no era tan difícil como creía.
Pensé que podría pasar otra tarde divertida con ella, pero cuando terminamos se puso a hacer sus deberes y no me quedó otra que salir con mis amigas.
Volví a poner en práctica mi plan por la noche, mientras cenábamos, y volví a ponerla nerviosa. Era adorable cuando se ponía así, pero tenía que tener más confianza en sí misma.
Inevitablemente, llegó el miércoles y con él la hora del examen. Me reí por lo parecidos que eran los ejercicios a los que hicimos en casa, no iba a suponerme ningún problema y terminé en un tiempo récord con la sensación de haberlo hecho perfecto. Estaba convencida de que sacaría un diez.
Los días pasaron y poco a poco, Elsa se volvió más habladora conmigo, incluso me hizo alguna que otra pregunta sobre mí. Con el buen tiempo que iba a hacer ese fin de semana, le propuse ir a dar un paseo pero se negó, decía que no le gustaba el sol.
Aún había un montón de cosas que no comprendía de ella, ¿a quién no le gusta tomar el sol? Aún así estaba dispuesta a averiguar todas y cada una de sus peculiaridades.
Me dediqué a analizar su comportamiento, haciéndole preguntas comprometedoras, jugando a las palabras encadenadas, acercándome a ella con cuidado, pero nunca sacaba nada en claro. Lo único de lo que estaba segura era que ella estaba más contenta que antes, y que no le gustaba que le tocara. Con mamá no se quejaba, pero el lunes quise hacerle cosquillas y se enfadó conmigo.
Ese mismo miércoles, último día de marzo, recibimos nuestros exámenes corregidos y el profesor me felicitó, pero me decepcioné al ver que tenía un ocho y medio por un par de errores muy estúpidos. Si lo hubiera repasado seguro que los habría sacado.
Aterricé en casa con la cara larga. Mamá y Elsa tardaron hora y media en llegar, debían de estar en el psicólogo otra vez.
— Elsa~ nos han dado la nota del examen… —puse la cara más decepcionada que pude poner.
— No me digas que has suspendido.
— Me han puesto un ocho y medio por dos errores tontos…
— Eso está muy bien, ¿de qué te quejas?
— Yo quería sacar un diez…
— Bueno, esfuérzate un poquito más en la próxima y seguro que lo sacas. ¿De qué tienes el próximo examen?
— Inglés. ¿Me ayudarás?
— Claro, cuenta conmigo. —podía contar con ella.
Todo pareció haber cogido otro color, el simple hecho de que Elsa me dijera que me esforzara para sacar buenas notas me hizo tomarme las clases más en serio, el preguntarme cómo me había ido el día a la vuelta me hizo contagiarle la alegría de todas las cosas buenas que me habían pasado y el habernos unido como hermanas alegraba enormemente a mamá.
Nunca me había pasado la semana tan rápido, entre que cada vez estábamos más a gusto en casa, lo bien que me iban las clases gracias a los consejos y ayudas de Elsa y el buen humor que tenía, los días se transformaron en estrellas fugaces. Incluso un día vi a mamá cantando mientras planchaba la ropa.
Nuestra casa se convirtió en todo un hogar. Mi hermana, mi hermana de verdad, me estaba cogiendo confianza conforme pasaban los cálidos días de abril, y aunque con cuentagotas, empezó a contarme más sobre sus poderes, sobre lo que sentía y los problemas que estos les llegó a ocasionar. Yo seguía viéndolo más como un don que como un problema, pero para ella era muy diferente.
Y el tiempo siguió volando, devorando abril, los poderes de Elsa no parecían descontrolarse y cada vez éramos más cercanas, aunque aún tenía que ir con cuidado y no me atrevía a tocarla por si me gritaba de nuevo. Mis amigos empezaron a quejarse por no quedar tanto con ellos, pero me excusaba diciendo que tenía que recuperar el tiempo perdido con ella.
Y vaya si lo hicimos, Elsa empezó a despertarme por las mañanas, conseguí que fuéramos de compras, cogimos la rutina de mirar una película cada noche y logré que me diera los buenos días y las buenas noches. Mis notas mejoraron un montón, ella dejó de ir al psicólogo y mamá estaba más cariñosa que nunca, me sentí muy afortunada de tener a una familia normal por fin.
Un día, mientras cenábamos, apareció un tema el cual no tenía muy presente. La universidad de Elsa.
Claro que sabía que ese año ella tendría que empezar la universidad, pero no era ni de lejos consciente de lo que eso suponía. Empezaron a hablar de cuales tenían mejor pinta en relación calidad precio, del transporte que tendría que coger y de la posibilidad de que se fuera a vivir en un piso de estudiantes.
Esa idea me aterró, no había recuperado a mi hermana después de toda una vida para que se fuera de casa, no podía hacerme eso. Lo peor de todo es que se lo estaba planteando como una posibilidad real, y eso que aún no había hecho el examen de ingreso.
Me enfadé y me mantuve al margen el resto de la conversación, parecía que no le importara lo más mínimo dejarme en casa después de todo ese maravilloso mes que pasamos juntas.
— ¿Qué te pasa Anna? ¿A qué viene esa cara? —al final se dio cuenta de mi enfado.
— A nada, déjame en paz. —por supuesto, no quería que me dejara en paz. Elsa me pinchó el tenedor en la mejilla obligándome a girarme hacia ella— Déjame.
— ¿Estás enfadada porque voy a empezar la uni y no podré pasar tanto tiempo contigo? —dio en el mismísimo clavo.
— No. —dije en voz baja, mintiendo lo peor posible.
— Oish, pero qué mona te pones cuando mientes. Toma, una gamba. —me dio la que justo había terminado de pelar, no duró ni dos segundos en el plato, me gustaban demasiado.
— Es que no quiero que te vayas a vivir lejos…
— Yo tampoco, pero tarde o temprano tendré que hacerlo ¿no crees? —no me convenció— No te preocupes, tampoco es que me vaya a mudar nada más empezar la uni, como muy temprano sería el año que viene, y eso si decidimos hacerlo, ya sabes lo caros que son los pisos en el centro.
— Vale…
— Y… no sé, si algún día me voy no te preocupes que te seguiré comentando cada día.
— ¿Comentando?
— Snowflake veintiuno, ya sabes. —mis ojos se abrieron como platos.
— ¿Qué? ¿Eras tú?
— Sorpresa~ no sé cómo no te diste cuenta antes. —me quedé de piedra, al ver a mamá supuse que no sabía de qué estábamos hablando, y entonces hice un repaso mental de todos los comentarios que me había dejado.
— Mierda… —me avergoncé porque escribí cosas que no quería que supiera. Parecía hacerle gracia pero prácticamente lo contaba todo en mi blog.
— ¿Qué me he perdido?
— Nada mamá, es un juego nuestro. —respondió. Entonces caí en la cuenta de lo importante que yo era para Elsa, hizo centenares de comentarios que me llegaron al alma desde mis primeras publicaciones, era mi seguidora favorita y no me di cuenta de que era mi hermana.
Era ella mi fan número uno. Por una parte me molestó que no me lo hubiera dicho antes, pero por otra me llenaba de amor saber que se preocupó y me ayudó tanto todo este tiempo, tenía que agradecérselo de alguna forma.
Justo antes de irnos a la cama, mientras terminaba de lavarme los dientes, me encontré con ella en el baño.
— Oye Els. —empecé por recuperar la forma en que la llamaba antes.
— ¿S-sí?
— Quería darte las gracias por comentar to~odas mis tonterías que cuelgo hehe… había cosas que no deberías saber y otras que definitivamente debería borrar… pero bueno, al tema, no se me ocurre qué hacer para compensártelo, ¿me das ideas?
— ¿Compensármelo? No hace falta.
— Claro que sí, vamos~ me pondré muy pesada si no me dejas compensártelo.
— Hm… vale, a ver… déjame pensar… Ah, ya sé, mañana me prepararás la merienda, bien cargada de chocolate.
— ¡Hecho! —como intuí que no iba a decirme lo que quería de verdad porque ella es así de considerada, no insistí más. Casi dos años de apoyo por internet no se podían compensar con un simple bocata bomba de chocolate, así que me tomé la libertad de compensárselo a mi manera.
Sabiendo lo mucho que le gusta despertarme por las mañanas, pensé que sería una buena idea meterme en su cama para dormir con ella, así que fui a su habitación dejando la luz encendida para que no sorprenderla.
Cuando entró, dio un largo suspiro.
— Sal de aquí, vamos.
— ¿Por qué? Cabemos las dos. Pensaba que te gustaría dormir conmigo…
— Pues no… No quiero tener una pesadilla y que estés cerca de mí… —no me pareció una mala excusa, pero era una excusa al fin y al cabo.
— Venga ya, ¿qué probabilidades hay de que tengas una pesadilla?
— Las suficientes como para no hacerlo. —siempre sabía qué decir para silenciarme— Buenas noches Anna.
No me quedó otra que salir de ahí, no podía discutir con ella.
Por lo menos ahora ya no cerraba su habitación con seguro, por lo que podría colarme a media noche. Estaba segura de que en el fondo me lo iba agradecer.
— Buenas noches, copo de nieve. —esa fue la primera vez que la llamé de esa forma, y me sacó la lengua con una sonrisa antes de cerrar la puerta.
Decidida a cumplir con mi plan, fui a mi habitación y puse la alarma a las dos de la madrugada.
La pereza casi pudo conmigo cuando sonó, pero conseguí levantarme, llevándome mi cojín y mis zapatillas, andando descalza para no hacer ruido. Delante de su habitación, dejé el cojín al suelo para abrir la puerta con cuidado, y la cerré después de dejar el cojín en el borde de la cama.
Me sentí como una ladrona entrando de esa forma, era emocionante y todo. Dejé las zapatillas al lado de su cama y destapé un cachito de su fina manta. Como ella estaba en el otro borde de la cama, me iba a ser fácil meterme dentro sin que se diera cuenta.
Y así, muy lentamente y tratando de respirar lo más bajo posible, conseguí meterme en su estrecha cama, usando mi cojín para no tocarle el suyo.
Por desgracia y sin saber por qué, se despertó y se tumbó hacia mí. Traté de hacerme la dormida, pero no era muy buena fingiendo.
— Te dije que durmieras en tu habitación… —dijo aún saliendo del sueño.
— Es que… tenía un mosquito y no podía dormir. —sonrió con la excusa que le puse y se movió hacia la pared para dejarme espacio.
— Vale pero no te muevas mucho, mañana tengo un examen a primera hora…
— Seré una estatua. —me acerqué a ella para que me alcanzara la manta, posando lentamente mis manos sobre las suyas por la falta de espacio, a pocos centímetros de su cabeza. Entonces ella se acercó a mí, cogiéndome las manos, rozando sus rodillas con las mías y mi pelo con su frente. Sentí su pulso acelerado, pero no se apartó.
Después de estar diez segundos con los ojos cerrados, los abrí para ver como descansaba tan cerca de mí. Aún con la poca luz que emanaba la calle podía ver lo preciosa que era, la envidiaba.
— Me alegro que Snowflake veintiuno seas tú.
— Y yo de que seas tan cabezona. —abrió los ojos y los cerré, pretendiendo ponerme a dormir. Al final tenía razón, ella se moría de ganas de dormir conmigo.
Elsa me hizo cosquillas con un ligero roce de su nariz contra la mía que descubrió mi sonrisa más sincera.
— ¿No teníamos que dormir? —pregunté, ahora sin ganas de hacerlo.
— Me gustas mucho Anna.
— A mí también, o sea a mí refiriéndome a ti, espera no, ¿o sí? Da igual, tú también me gustas. —se rió por el lío que me hice yo sola.
— Vamos a dormir venga. —se dio la vuelta dándome la espalda ahora que ya no tenía sueño.
— Hablemos un poco más~ ¿Cómo descubriste mi blog?
— Buenas noches… —me pegué a ella para abrazarla. Creo que esa fue la primera vez que no se quejaba, incluso entrelazó nuestros dedos acercándome aún más, sintiendo su frío cuerpo volviéndose cálido lentamente.
Terminé durmiendo con mi frente apoyada en su nuca, mi brazo rodeándole la cintura y mis piernas resiguiendo las suyas.
De la forma más agradable posible, desperté con un cosquilleo en mi cuello. Era el dedo de Elsa haciéndome erizar la piel.
— Buenos días princesa.
— Hm~ —me retorcí sin ganas de despertar, sintiendo que tenía mi brazo retorcido y una pierna encima de ella.
— ¿Cómo puedes moverte tanto por la noche? —me reí mientras me ponía cómoda. No le respondí hasta que estuve tumbada frente a ella. Llevaba unas buenas ojeras.
— Eres tú la que estás demasiado quieta. —dije mientras bostezaba, justo antes de que me aplastara a besos.
— Ahora verás. —me llenó la cara de babas, hasta se puso a darme besos de vaca, lamiéndome las mejillas e incluso pasando su lengua por mis morros.
Se la devolví haciéndole cosquillas y de ahí ya empezamos a alborotarnos, dejando su cama hecha un completo desastre. No podía creer que estuviéramos jugando de esa forma, peleándonos para ver quién hacía reír más a la otra, era tremendamente divertido, deseé haber podido hacer esto toda mi vida.
Con tanto ajetreo, mamá vino a la habitación y después de mirarnos seriamente como si fuera a echarnos la bronca, nos atacó con sus garras malvadas haciéndonos reír a carcajadas hasta que no pudimos más.
— Venga bichos, dejad de hacer el tonto en la cama.
— Ha empezado ella. —reproché. Cuando mamá se fue, traté de levantarme pero Elsa me cogió de la cintura y me devolvió a la cama, rodeándome con sus brazos a modo de cinturón para que no me fuera. Raras veces se acercaba más de medio metro de mí y ahora lo hizo como si fuera lo más natural del mundo, fue una grata sorpresa.
— ¿A dónde crees que vas?
— Ah, perdona, no recordaba que hoy era sábado. —dije en tono irónico.
— No me has dado los buenos días. —era adorable pretendiendo estar mosqueada, puso unos morros encantadores y habló con un tono muy cómico. Antes ni siquiera me hablaba y ahora tenía que quitármela de encima, no sé cómo mi relación con ella pudo cambiar tanto en tan poco tiempo.
— Buenos días, bola de nieve. —le di un beso en la nariz por lo cerca que estábamos, sorprendiéndola.
— Copo, es copo de nieve. —ya libre de sus brazos y con mis zapatillas puestas, le hice una mueca y me quedé medio escondida en la puerta esperando a que fuera a por mí.
Conseguí mi propósito y trató de pillarme por todo el pasillo, hasta que llegamos a la cocina.
— ¡Gané! —me puse a bailar celebrando mi merecida victoria.
— Dejad de hacer el tonto, ¿habéis visto qué hora es? —aluciné cuando vi el reloj de pared, íbamos quince minutos tarde.
— Mierda. A desayunar, venga Els, no te quedes ahí parada. —sentí que ese glorioso día sería ser el primero de muchos, pero lo que no sabía era que ese mismo día ella dejaría de querer estar conmigo.
¿Por qué…?
Espero que os esté gustando el desarrollo de la trama. Aprovecho para decir que las reviews se las reenviaré a Anna como comentarios de su blog ^-^
