Esta es una adaptacion que Blue Cherry me permitio hacer los meritos son de ella.
Espero que les guste es algo fuerte asi que sobre advertencia no hay engaño
Gracias a todas por las que me leen y las que me han dejado mensajes.
CELOS
by Blue Cherry
Los celos...
Los celos parecen estar presentes en todas las personas, sin tener en cuenta su crianza o posición socio-económica, es una respuesta natural e instintiva al miedo de perder algo querido.
Los celos llevados al extremo en una situación de pareja contituyen una patología fuertemente autodestructiva.
Los celos pueden causar estados depresivos, angustiantes y de infelicidad e incluso provocar el daño al ser "objeto" de los celos.
Pero... ¿En que medida son buenos o no los celos?
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Entre despacio a la habitación evitando despertarlo, se encontraba completamente dormido y con un pequeño libro entre sus manos, se removió inquieto cuando se lo quite y sus ojitos negros se entreabrieron.
―Buenas noches, Edward―
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―¡Rubia!―
―¡Bells! No sabes cuanto te extraño― Grito Rosalie desde el otro lado de la pantalla.
Ya habían pasado cinco meses. Tres desde que Rosalie se fue a vivir a Estados Unidos y cinco meses que-
―¿Y el bombonazo de tu novio?― Dijo en tono pícaro, yo solo atine a sonrojarme.
Luego de aquel baile Edward me llevo a mi casa y me pidió mi teléfono, una semana después nos encontramos, fuimos al cine y nos besamos en la puerta de mi casa, fue la mejor cita que haya tenido en mi vida -y no es que haya tenido muchas- pero todo resulto perfecto, porque él es perfecto.
Luego de nuestra primera cita decidimos seguir saliendo y al cabo de unas salidas más Edward ya asumió el echo de que eramos novios, si bien, jamás me lo pregunto -cosa que me molesto un poco- sabía que lo quería y quería ser su novia.
―Debe estar en su casa― Murmure, serían cerca de las tres de la mañana.
―¿Y por qué no le vas a hacer companía?―
Yo solo atine a sonrojarme luego de su comentario, Rosalie largo una ligera carcajada pero se callo cuando la fulmine con la mirada.
―Ya, ya― Se calmo ―Ojalá yo tuviera uno así―
―¿De que hablas? Si te encuentras rodeada de atractivos yankees―
―Si... Pero no son como los japoneses― Suspiro.
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―Feliz aniversario, amor― Murmuro a mis espaldas.
―Edward, no tenías que darme nada― Dije mientras observaba el hermoso y costoso anillo que descansaba en mi dedo anular izquierdo.
―¿De que hablas? Hoy cumplimos cuatro meses desde que somos novios― Dijo acercándose a mi y abrazándome por la espalda.
―Yo no recuerdo que me lo hayas pedido― Bromeé mientras daba media vuelta y lo abrazaba ―Pero yo no tengo tu regalo― Murmure algo avergonzada, él solo sonrió de forma pícara provocando un sonrojo en mi.
―Yo sé cual será mi regalo― Murmuro cerca de mis labios ―Quédate esta noche a dormir en mi departamento―
A pesar que ya llevábamos bastante tiempo juntos y ya no eramos unos niños, aún no habíamos tenido intimidad, sabía que él quería, no porque lo insinuara -porque siempre había sido muy caballero conmigo- y no voy a mentir, yo también quería estar con él.
Me sonroje ante este último pensamiento y asentí con al cabeza, él solo me miro de forma tierna y lanzo una pequeña risita antes de besarme. En ese momento el timbre que anunciaba el inicio de clases sonó.
―Te veo luego de clases― Me dijo mientras se alejaba a su edificio.
Ambos estudiábamos en el mismo campus, solo que él estudiaba abogacía y yo medicina.
―Nos vemos― Murmure mientras me alejaba.
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―¡Isabella!― Grito el rubio escandaloso desde el medio del salón mientras agitaba un brazo.
Sonreí con verguenza ajena y me acerque a él.
―Jasper, no grites― Lo regañe.
―Lo siento, te guarde un lugar―
Jasper y yo estudiábamos medicina juntos.
A los pocos minutos entro el profesor a dictar su clase, estuve ausente escuchando de fondo lo que el profesor dictaba, solo miraba ese hermoso anillo en mi dedo, amaba a Edward, estaba segura y quería que fuera él, el primero, quería que fuera con Edward con quien perdiera la virginidad.
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Caminamos despacio por los atestados pasillos de la universidad al comedor, Edward mantenía su mano enredada con la mía, me gustaba estar así con él pero a veces me sentía muy incómoda y creo que él lo notaba, la mayoría de las chicas de la universidad estaban detrás de él y muchas me intimidaban con solo verme.
Muchas me miraban con aires de superioridad y hubo más de una que aseguro que yo solo era un capricho más de Edward Cullen.
Sentí el agarre en mi mano aumentar y al voltear Edward estampó sus labios con los míos en un demandante beso.
Siempre hacía lo mismo, esperaba a estar rodeados de personas para besarme, me gustaba que fuera brusco pero a la vez delicado y suave. Él sabía perfectamente que las miradas asesinas de sus "fan´s" me ponían muy nerviosa pero él siempre marcaba mi lugar como su novia y eso era lo mejor.
―No creas que me olvide lo de esta noche― Murmuro contra mis labios al separarnos.
Yo solo atine a sonrojarme y asentir.
―¡Vamos, que muero de hambre!― Grito Jasper desde la puerta del comedor.
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―Pasa― Dijo Edward abriendo la puerta de su departamento.
―No quiero molestar a tus padres ¿No te parece muy tarde?― Murmure aún sin entrar.
―Vivo solo― Bufo.
Entre despacio al inmenso departamento, pocas veces había estado allí, generalmente por las tardes y había notado que en esa casa faltaba... ¿Cómo decirlo? Gente. El departamento era muy lujoso pero carecía de vida, se veía solitario y frío.
―Ponte cómoda― Susurro cerca de mi oído quitándome el abrigo.
―Edward yo-― Intente decir pero él coloco su dedo índice en mis labios.
―Tranquila. Iremos despacio―
Sus labios ocuparon el lugar de sus dedos, mordió mi labio inferior colando su lengua a mi boca, yo subí mis manos a sus hombros y acaricie su cabello, amaba su cabello, apretó más mi cintura contra su cuerpo y me fue empujando despacio hasta el sillón.
Mis piernas rozaron la tela del sillón y sus manos se escabulleron entre mi blusa subiendo despacio provocando que mi piel se erizara, poco a poco me quito la blusa y observo mis pequeños senos cubiertos por el sostén.
―Eres hermosa― Susurro antes de besarme.
Después de varios intentos logro desabrochar el sostén y se llevo uno de mis senos a su boca mientras masajeaba el otro, mis manos temblaron al momento de quitarle la camisa y el lazo una risa baja contra mi pálida piel.
―No te rías― Me queje.
Edward me empujo quedando sobre el sillón y se acomodo entre mis piernas, ahora solo la ropa interior nos separaba. Sus besos pasaron a mi cuello y luego descendieron a mis senos, donde mordió, chupo y lamió hasta dejar una marca morada en uno de ellos.
―Edward― Gemí cuando su lengua paso por mi vientre bajando despacio y dépositando pequeños besos.
Me quito la ropa interior y deslizo sus dedos por mis piernas hasta situar la cabeza entre mis piernas.
―No, no hagas eso― Intente quitarlo.
Edward solo se río bajito y paso su lengua por mi intimidad.
―Shh, prometo que te gustará― Susurro mientras sentía su cálido aliento entre mis piernas.
Su nariz rozó mi clítoris y su lengua comenzó a meterse cada vez más dentro de mi vagina, apreté mis dedos en los cojines del sillón y mordí mi labio inferior, su cabello cosquilleo mi bajo vientre y sus manos apretaron mis piernas separándolas aún más.
―¿Te gusta?― Murmuro y luego soplo despacio en mi húmeda cavidad provocando que un escalofrío recorriera mi cuerpo.
―Ah... Si, si, Edward―
Sonrió arrogante y sus ojos destellaron un brillo de deseo y lujuria, continuo lamiendo mi intimidad mientras sentía como su lengua se deslizaba cada vez más dentro de mi.
―Ah, Edward―
Sentía que en cualquier momento iba a correrme, pero Edward solo se detuvo y volvió a posicionarse sobre mi, acaricio mis labios con los suyos y me envistio despacio aún con los boxers puestos. Baje mis manos por su espalda, acariciándolo y cuando llegue al elástico de sus boxers intente quitárselos, pero sus manos me lo impidieron.
―No, aún no― Negó con la cabeza mientras sonreía de lado.
Nuevamente comenzó a besarme y bajar sus manos acariciando mi intimidad, mordí fuerte su labio inferior cuando dos de sus dedos ingresaron en mi vagina y comenzó a masajearla de forma lenta, apoyo el dedo pulgar en mi clítoris y aumento el nivel de las embestidas que me daba con sus dedos.
―Ed... Edward― Gemí.
―Si, eso... Di mi nombre― Comentó orgulloso mientras sus dedos entraban más a fondo en mi.
―Vamos a mi habitación― Murmuro pegado a mis labios.
Envolví mis piernas en su cintura y subimos despacio las escaleras de madera al segundo piso, donde solo estaba su dormitorio y el baño.
Me tiro sobre el colchón mientras se acomodaba sobre mi y sentí nuevamente su potente erección entre mis piernas.
―Quitámelo― Me ordeno.
Baje mis manos por su pecho y le quite despacio el boxers, me sonroje con solo ver el tamaño que poseía y en ese momento me invadió el miedo y la indesición.
Edward lo notó al instante y me abrazo con fuerza mientras besaba mi frente.
―¿Quieres dejarlo?― Pregunto en voz baja pero yo sabía que era lo que menos quería.
Negué con la cabeza mientras sonreía y lo besaba, él estiro su mano a la mesita de noche y sacó un preservativo, se lo colocó despacio mientras me miraba y sonreía de lado.
―Lo haré despacio― Aseguro rozando la punta de su miembro con mi entrada.
Me fue penetrando despacio mientras me besaba y acariciaba mis piernas con sus manos, sentí como poco a poco ingresaba por completo en mí y una leve molestia me invadió al tener su dotado miembro dentro mi virginal cavidad, se mantuvo quieto unos segundos y luego comenzó con un vaivén lento que solo logró acrecentar más mi excitación.
―¿No dolío tanto, verdad?― Me pregunto mientras aumentaba la fuerza y el ritmo de las embestidas.
―Ah, no― Respondí entre jadeos.
Abrí más las piernas permitiéndole más acceso y tire mi cabeza para atrás permitiéndole besar mi cuello.
―Di mi nombre― Me ordeno entre embestidas ―Dilo―
―Ah, Edward― Gemí, golpeo fuerte nuestros sexos y sentí su miembro por completo dentro de mi ―Edward―
Mis paredes se contrajeron apretando su pene con fuerza y Edward ahogo un gemido en mi cuello mientras me embestía por última vez.
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Me desperté despacio evitando hacer ruido y lo contemple dormido, se veía tan pacífico y sereno, me sonroje al notar su cuerpo desnudo solo cubierto por las oscuras sábanas negras que solo lo cubrían hasta su cintura y los recuerdos de la noche anterior, solo lograron acrecentar mi sonrojo.
―Deja de sonrojarte, ya te acostumbraras― Murmuro abriendo sus hermosos ojos.
Yo solo agache la mirada, aún no acostumbrada a verlo así y él se acomodo sobre mi cuerpo, colocando ambos brazos a cada lado de mi cuerpo y sus piernas entre las mías.
―Tan inocente― Susurro contra mi oído ―No sabes lo que puedes llegar a provocar en los hombres― Termino y mordió el lóbulo de mi oreja.
Me miro a los ojos apoyando su frente contra la mía.
―Te amo― Le dije mientras acariciaba su mejilla, quitando los rebeldes cabellos que se apegaban a su rostro.
Él sonrió de lado, arrogante y prepotente y en sus ojos percibí un cierto brillo que no pude descubrir nunca de que era.
―Será mejor levantarnos― Dijo dándome un corto beso.
Me senté en la cama y me tape con la sábana mientras buscaba con la vista mi ropa en el suelo, Edward levanto una ceja divertido.
―¿Por qué te tapas?― Se burlo.
Yo solo atine a entrecerrar los ojos, logrando que largara una carcajada. Se levanto de la cama, sin pudor alguno, aún completamente desnudo y camino al placard donde saco unos boxers y sus jeans. Me sonroje con solo verlo y volteé el rostro logrando acrecentar su sonrisa burlona.
―Iré a bañarme ¿Por qué no te pones una de mis camisas y preparas el desayuno?― Murmuro cerca de mis labios, apoyando sus brazos en el colchón para poder besarme.
―Esta bien, no te demores― Le dije levantándome de la cama aún envuelta en sábanas.
Él volvió a reir por mi acto mientras cerraba la puerta del baño. Me coloque su camisa negra y baje las escaleras a la cocina, sentía esa fragancia masculina que solo él poseía y me sentía tan feliz, así, en su cocina, con su camisa y preparando nuestro desayuno, era lo que siempre había soñado.
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―¿Entonces me ayudarás, Isabella?― Me dijo Jasper agitando sus pestañas como niño chiquito.
Nos encontrábamos en la salida del campus, nuestra clase había acabado hacía unos quince minutos y estaba esperando a que Edward saliera de la suya para que me llevará a casa, Jasper solo se quedo alegando que no quería dejarme sola, pero sabía que era pura conveniencia.
―Si, ya déjame tranquila― Mencione histérica, toda la mañana escuchando lo mismo ―Aúnque hay algo que no entiendo ¿Por qué tanta cosa por un aniversario?―
―No es cualquier aniversario, Isabella― Se defendió ―Cumplimos tres años de novios y...― Dijo haciendo una pausa -según él- drámatica ―Voy a pedirle a Alice que se case conmigo― Chillo emocionado.
Jasper y Alice se conocían desde pequeños, era bien sabido que Alice lo amaba desde los cuatro años pero el idiota de Jasper solo lo noto cuando James intento robar el corazón de Alice -cosa que no sucedió- Se en-noviaron a los quince años y para todos aquellos que decían que ese noviazgo no duraría ni tres semanas, aquí estaban después de tres años.
―¡No puedo creerlo!― Grite ―¡Felicidades, Jasper!― Volví a gritar mientras me colgaba de su cuello.
En menos de un minutos sus brazos rodearon mi cintura y me apretaron fuerte contra su cuerpo mientras reíamos.
―¡Isabella!― El grito de Edward nos obligo a separarnos.
Se acerco rápido a nosotros, a diferencia de siempre que caminaba con paso altivo y elegante y pude distinguir en sus ojos una cierta rabia dirigida al rubio y a mi.
―¡Ah, Edward!― Me queje cuando sus dedos se clavaron en mi brazo, obligandome a alejarme de Jasper.
Todos los que se encontraban en el campus voltearon a vernos.
―Vamonos― Ordeno tirando de mi brazo con más fuerza.
―Oye, Teme no la trates así― Me defendió Jasper.
―Tú no te metas―
―Edward-―
―¡Cállate!― Me interrumpió en un grito mientras prácticamente me arrastraba a su auto ―Hablaremos cuando estemos a solas― Murmuro.
Abrió al puerta de su auto y prácticamente me empujo obligandome a entrar, durante el viaje intente hablar con él pero me envio una mirada amenazante que solo logro asustarme aún más.
Edward jamás se había comportado así conmigo, mucho menos me había alzado el tono de voz.
―Baja― Ordeno cuando aparco el auto en el estacionamiento de su edificio.
Le hice caso y subimos en el ascensor al último piso.
―Buenas tardes, jovencitos― Menciono una anciana que vivía a dos puertas del departamento de Edward.
―Buenas tardes― Dije en voz baja, Edward solo movió la cabeza en señal de saludo.
Abrió la puerta del departamento y me empujo dentro, mi bolso cayó al suelo y yo retrocedí unos pasos al ver sus ojos cargados de ira y enojo pero más que nada de celos.
―¿Qué ocurre contigo?― Le pregunte.
―No ¿Qué ocurre contigo?― Me respondió en voz baja, pero aún así continuaba con ese tono arrogante y tétrico ―¿Crees que es gracioso ver a mi novia con otro, delante de toda la universidad?―
―¿De que hablas?― Me defendi ―Era Jasper, es mi mejor amigo―
―¡Me importa poco quien era!― Grito apretando los puños y fue la primera vez que sentí miedo, miedo de él ―¡No vuelvas a hacerlo!―
―¡Tú no puedes prohibirme con quien puedo o no estar!― Me defendí, ahora yo también había comenzado a gritar.
Y esta era nuestra primera pelea, en los cinco meses que lo conocía jamás habíamos alzado el tono de voz para hablar.
―Tu solo quieres dejarme como un cornudo― Murmuro acercandose a mi, retrocedi por puro instinto.
―Edward― Dije con miedo viendo como sus facciones cambiaban completamente.
―¡Maldita zorra!― Grito y su puño se estrello contra la pared.
El sonido seco retumbo por todo el departamento mientras la pared se resquebrajaba, un profundo silencio se instalo entre nosotros y vi las pequeñas gotas de sangre resbalar desde su mano hasta el piso.
―Estás loco― Susurre, su puño se pudo haber estrellado en mi.
Pase por su lado tomando el bolso del suelo y corrí a la salida.
―¡Isabella, espera!― Grito como saliendo de un trance.
Corrí por el pasillo y llame el ascensor, presione el botón varias veces mientras veía como Edward se acercaba más a mi gritando mi nombre, pero cuando estaba a unos dos metros la puerta metálica se cerró.
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―Cariño ¿Te encuentras bien?― Me pregunto mi madre entrando a mi dormitorio.
Era domingo por la noche, había estado encerrada en mi casa desde el viernes que pelee con Edward, mi teléfono estaba colmado de mensajes suyos a los cuales no respondí y mis padres sabían que algo había pasado, ellos ya conocían a Edward y sabían que siempre salíamos los sábados y domingos aprovechando que no había clases.
Edward era el primer novio que les presentaba a mis padres y todo lo contrario a lo que imagine, mi padre lo había tratado muy bien y mi madre como si fuera su propio hijo.
―Solo... Pelee con Edward― No quería contarle la verdad, no porque no le tuviera confianza a mi madre, solo no quería meterla en mis asuntos personales.
―Ya verás que pronto se arreglan, Edward es un buen chico― Dijo mientras se levantaba de la cama y caminaba a mi placard, yo solo hice una mueca con los labios y detalle en como iba vestida.
―¿Y a donde vas tan elegante?―
―Tu padre y yo vamos a cenar con unos amigos por eso quería que me prestarás tu pañuelo blanco―
―No hay problema― Murmure volviéndome a recostar en mi cama.
―Gracias y no te preocupes por Edward, pronto se arreglaran― Dijo mi madre besando mi frente como si fuera una pequeña niña ―Ya nos vamos, no le abras a nadie―
Lance una risa baja y escuche la puerta cerrarse, me coloque una bata rosada larga por el tobillo sobre el pijama que consistía en un short a rayas blanco y rosa y una remera blanca manga tres cuartos, baje a prepararme un café cuando el timbre sonó.
―¿Ahora qué se olvidaron?― Pregunte entre risas mientras abría la puerta pero mi sonrisa se borró al verlo del otro lado, intente cerrar la puerta pero él colocó su pie entre medio e hizo presión con sus manos logrando abrir la puerta.
―¿Qué haces aquí, Edward?― Pregunte asustada mientras retrocedía.
―No contestaste mis mensajes― Murmuro más calmado mientras cerraba la puerta ―Isabella, lo siento, yo no quería-―
―¿Qué?― Lo interrumpí ―¿Gritarme frente a toda la universidad o quizás llamarme zorra?―
―Perdoname― Menciono acercándose a mí.
―No te acerques― Le dije colocando mi brazo entre nosotros.
Él agarro mi mano y la apoyo en su pecho, sentí como su corazón latía rápido debajo de la palma de mi mano.
―Por favor, yo... Sé que me comporte mal pero tú no entiendes... Perdoname―
―Yo... No lo sé. Me gritaste Edward y me insultaste y desconfiaste de mí. Por dios, era Jasper y ¿Sabes por qué lo abrazaba? Porque quería que lo ayudará a prepararle una cena a Alice para pedirle matrimonio― Sus ojos se abrieron de sorpresa y me miro arrepentido.
―Lo lamento yo... Sé que soy celoso pero no quiero perderte, por favor perdoname― Se acerco más a mi abrazándome por la cintura ―Perdoname, Isabella―
Lo mire a los ojos durante un minuto y solo pude ver arrepentimiento y sinceridad, sabía que lo que él había echo estaba mal, no solo me grito, sino que me insulto y trato mal frente a todos en la universidad pero lo amaba y fueron sus celos lo que lo cegaron.
―Esta bien― Murmure con una sonrisa.
―Gracias, te tengo un regalo― Menciono llevando sus manos a su espalda, puso sus dos puños cerrados frente a mi ―Elige una mano― Apoye mi dedo índice en su mano izquierda y él volvió a llevar sus manos a su espalda.
―Oye, eso es trampa― Me queje.
Edward lanzo una risa baja y volvió a poner las manos en forma de puño frente a mi, volteó la mano izquierda y dos llaves dorada se alzaron frente a mi vista.
―Edward― Murmuro asombrada.
―Son de mi departamento, para que vengas cuando quieras― Dijo él con una sonrisa de lado.
Agarre las llaves y lo abrace con fuerza, sus brazos atraparon mi cintura apretándome fuerte y me beso despacio, con suavidad y delicadeza.
―Prometo jamás volver a gritarte―
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Prometo jamás volver a gritarte...
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De nada sirve una promesa no cumplida...
