Capítulo III Sakura & Sasuke


—Sakura, vámonos o llegaremos tarde —me dice Itachi mientras se asoma por unos momentos dentro de mi alcoba—. Sabes que a mi padre no le gusta que lo hagan esperar.

—Dame un minuto —digo dejando el labial sobre la mesa—, en un momento salgo.

¡Maldita sea! Mi voz se quiebra al recordarte. No quiero hacerlo pero termino llorando. Todo esto me duele. Realmente pensé que me amabas, que me querías; decías que jamás me dejarías pero, todo fue una estúpida mentira. Eres un maldito cobarde y siempre lo ha sido.

Me muerdo los labios. Estoy segura de que esta noche te veré junto a ella.

—Sakura, ¿por qué lloras? —de pronto lo escucho llamarme. Itachi baja hasta mí y se pone en cuclillas pero yo sólo niego en silencio mientras me limpio el rostro—. Sabes que no debes hacerlo —dice tocando mi vientre—. No llores o te hará daño.

Su tono de voz es tranquilo, es todo lo contrario a ti. Cuando él me habla casi siempre lo hace de esta manera, él siempre se preocupa demasiado por mí aunque cuando está lejos es diferente, es serio y estricto en todo sentido de la palabra, posee una voz fuerte, varonil y sensual. Cualquier mujer estaría dispuesta a matar por quedarse con él pero… yo no. Para mí Itachi no es más que mi pilar, mi apoyo, el brazo del cual puedo sostenerme cada vez que siento que el mundo me aprisiona sin embargo, eso no quiere decir que no lo quiera. Siento algo por él aunque no es la clase de amor que él quizá espera de mí.

Desearía haberlo conocido antes pero, como dice el dicho, a veces las personas correctas llegan el momento equivocado e Itachi, lo hizo.

Lo miro y suspiro. Él me sonríe. No entiendo del todo sus razones, él no debería estar aquí conmigo sin embargo, lo está. Siempre lo ha estado.

Sus perfilados ojos oscuros se clavan en los míos y yo sólo puedo lanzarme a su pecho. Sé que no debería hacerlo pero lo necesito. Necesito que me abrace. Eh estado tan ocupada que no eh tenido el tiempo suficiente para llorar durante todos estos meses. Lo abrazo tan fuerte, como si esta fuera la última vez en que lo hago. Suspiro y sollozo sobre sus hombros, aguantando mi sentimiento, sé que son las hormonas y que últimamente lo hago aunque trato de no hacerlo. Odio ensuciar su traje y odio que siempre que puede me abrace. Su olor, su presencia, su tacto, todo. Todo en él me recuerda a ti. Maldita sea, ¿por qué demonios Itachi tiene que ser tu hermano? ¿Por qué diablos tengo que involucrarlo?

No es su responsabilidad, sino la tuya y la mía.

—Tranquila —me dice en un vano intento por controlarme—. Todo saldrá bien. Yo estaré contigo además, no tienes de que preocuparte. Tu hijo tendrá un excelente padre.

Sí, lo sé. Estoy muy consciente de su sacrificio y de lo que este bebé representa para él. No es su obligación quedarse a mí lado pero supongo que es su propio orgullo el que le impide dejar desamparado al hijo de su hermano. Sí, existe una reputación, una imagen entre magnates y empresarios, es por eso que quizá Itachi se ve involucrado en apoyarme aun cuando no debería de hacerlo a pesar de que creo que me ama en secreto aunque, no estoy segura de eso. De cualquier forma también es mi propio orgullo el que me impide no decirle que no.

Es estúpido lo sé pero al menos mi hijo no nacerá fuera del lazo familiar que mis padres y los tuyos han creado y, en cuanto a ti… tú ya no me importas, ya no eres un hombre que me interese y sí sigues creyendo que entre tu hermano y yo hay algo... que importa. Al final, si ahora estoy con él no ha sido más que por tu propia culpa.

—Lo sé —digo dejando caer una última lágrima.

Él me mira y la limpia. Me consuela. Con él me siento segura, protegida. Sus palabras no sólo me animan también me llenan de alivio. Le sonrió y lo beso ligeramente en los labios. Sólo eso puedo hacer por ahora. Con él no eh ido más allá de eso.

—Bien —murmura mientras se levanta—, entonces si ya estas lista… Hay que darnos prisa. Es tarde.

Me pongo de pie y caminando a su lado respiro profundo, segura de mí misma porque sé que esta noche cuando te vea no voy a darte el gusto de verme llorando.

(*****)

─¿Estas lista? ─escucho la voz de Itachi una vez más a mi lado.

Me giro hacia la entrada de la casa de su padre y respiro, aun no sé si estoy lista para mirarte aunque ya estoy decidida, pase lo que pase sé que no voy a doblegarme.

─Sí ─contesto firme y segura mientras él me ayuda a bajar porque, con casi nueve meses de embarazo me es un poco difícil de moverme.

Tomo su mano y sonrió, dichosa, feliz, jubilosa pero, en un instante todo mi gesto se borra.

No es necesario hacerte saber que te eh visto porque tú mismo me estas mirando. Tu rostro es frío y serio pero parece sorprendido. Supongo que es mi enorme vientre el cual te ha dejado confundido. No dices nada pero te conozco. Tus ojos oscuros tiemblan, enfurecen. Me parece que has creído que este hijo que espero es de su hermano pero, estás equivocado porque es tuyo aunque tú no lo sabes. No sabes que cuando yo me fui para olvidarte ya lo estaba esperando.

Sin permitirme nada más que dolor, ira e impotencia dentro de mi cuerpo te miro orgullosa y altiva. Aprieto los puños y con una maldita fingida sonrisa en mi rostro te maldigo mientras recuerdo aquel día.

(******)

Como una maldita tonta estoy esperándote de nuevo mientras miro una vez más el reloj en la pared. Aún estoy sentada frente a la chimenea con una estúpida sonrisa en mi cara sin poder creer esta enorme noticia. Es por eso que me siento tan feliz a tu lado. Porque a pesar de que nuestro matrimonio fue arreglado no nos fue difícil aceptarlo.

Ni siquiera soy consciente del tiempo que ha pasado hasta que el reloj de la sala me lo indica.

Veo la hora y suspiro, es un poco tarde así que comienzo a llamarte aunque no me respondes. Sé que no debo preocuparme, últimamente has estado algo ocupado en la oficina.

Estoy poniendo el teléfono en su lugar cuando de pronto te escucho. Arribas frente a la casa y yo salgo a recibirte, enredo mis brazos en tu cuello y te beso siendo apenas un roce porque el olor a alcohol y a cigarrillo me provoca el querer alejarme. Estas sucio y desfajado. Tu cabello esta alborotado, como si hubieras tenido algún tipo de percance.

—¿Estás bien? —te pregunto sin embargo no me contestas.

Permaneces lo suficientemente callado hasta que te escucho suspirar. Chasqueas los dientes y desvías la mirada. Tus ojos me desconciertan, están llenos de dolor y tristeza aunque hay algo más en ellos.

Resoplas cansado y me miras, pareces confundido, nervioso y sé que algo está pasando sin embargo me quedo callada; tal vez no es buen momento para decirte que estoy embarazada.

Sasuke, ¿qué ocurre? vuelvo a preguntarte.

Retiras despacio mis manos, como si estuvieras sintiendo por última vez mi tacto.

Me asusto porque sé que en realidad algo está pasando. Hace tanto tiempo que no te comportas tan… misterioso. Entrecierro mis ojos en ti y te miro aún más, es tan difícil a veces poder entenderte. No respondes a mi pregunta, tan sólo te quedas ahí, de pie, contemplándome por un largo rato hasta que me abrazas.

Inhalas con fuerza y me sostienes. Mi cuerpo tiembla.

Sasuke… murmuro y al igual que tú te abrazo.

No digo nada pero sé que algo estas a punto de decirme.

Me separo de ti y te miro, estoy confundida. Tus labios se entreabren y me besas pero no puedes continuar haciéndolo porque en esos precisos momentos tu teléfono suena.

Chasqueas y regañadientes contestas aunque no entiendo porque lo haces fuera de la casa así que te sigo pero al pasar por la estancia me detengo cuando sobre la mesa de centro miro el sobre que mi doctor me ha dado esta mañana. Son mis resultados, los que me dicen que en verdad estoy embarazada. Sonrió para mis adentros. Estoy segura que al igual que yo tú también te pondrás feliz sin embargo, una vez que regresas lo sé.

Tu mirada es fría y decisiva.

Sakura, tenemos que hablar dices en un tono marcado por la prepotencia y la seriedad.

No quiero responder pero tengo que hacerlo aunque sé que lo que estas a punto de decirme no va a gustarme, aun así, lo acepto. Te escucho y mis ojos tiemblan. Mi corazón se quiebra al oírte decir que te vas, que soy una molestia, que ya no me amas y que quieres divorciarte. Te pregunto por qué y tu respuesta me deja seca. Jamás en mi vida y ni por un sólo segundo te eh sido infiel, mucho menos lo eh sido con tu hermano sin embargo, convencerte de lo contrario es difícil.

Entiendo que ha sido el alcohol el que te ha dado el valor suficiente para lastimarme y más lo hace cuando a la fuerza me tomas. Eres rudo y agresivo pero a la vez compasivo, como si una parte de ti no quisiera dañarme. No permites que me defienda. Crees que por ser aún tú "esposa" puedes obligarme. Me dañas, me lastimas sin aunque tampoco no es algo que no deseo, mucho menos si es la última vez. Poco a poco mi cuerpo se deja. Sí, tal vez es masoquismo y maldición, esto es estúpido porque yo no debería. Sin embargo, esta es nuestra despedida.

Mis esperanzas se esfuman y mi alegría se trasforma en agonía. Eres un maldito y siempre lo has sido. Muerdo mis labios y al fin terminas. Tu olor, tu esencia, tus gestos y palabras, todo. Todo se queda marcado profundamente en mí.

Te veo caer a mi lado, cansado, confundido, arrepentido. Tomo algunas de mis cosas y, sin volver a mirarte te doy la espalda, tomo la puerta y sin decir nada más simplemente me marcho.

(*****)

—Sakura… —la voz de Itachi a mi lado me desconcentra.

Dejo de verte y lo miro, el color de sus ojos oscuros siempre me calma.

—Hay que entrar —dice mientras eleva la calidad de su ego.

Sé que él se siente orgulloso de mí y de esto o… al menos eso es lo que pienso.

Tomo su mano y la aprieto. No tengo miedo. Hace tiempo que deje de hacerlo sin embargo el verte aún me pone nerviosa, aun así, me contengo. Discretamente respiro profundo, sé que me sigues mirando; por la comisura de uno de mis verdes ojos te miro, tu rostro ha cambiado, se ha vuelto inexpresivo, no demuestras emoción alguna mientras me estas mirando aunque hay un pequeño temblor en tus puños. Sí, es ira, rabia y quizá hasta un poco de impotencia pero aun así te mantienes recto.

—Sí, hay que entrar —murmuro con voz firme aunque al igual que tú estoy temblando y más lo hago cuando a tu lado puedo mirarla.

Mi sangre hierve, comienza a hacerlo y tanto tú como Itachi lo saben. Saben que si yo no estuviera embarazada la golpearía aunque sea una sola vez en mi vida porque, cuando me entere de ella no lo hice. Karin, mi amiga, mi mejor amiga, sólo estuvo a mi lado esperando, asechando como los gatos hasta que tuvo la oportunidad de abrirte las piernas.

Tiemblo de ira y de impotencia al mirarla pero ella sólo sonríe, llena de hipocresía.

—Maldita —murmuro para mis adentros sintiendo como mis ojos se van cristalizando, sin embargo recuerdo que no iba a darte el gusto de verme llorando.

Ahogo el llanto en el fondo de mi garganta, estoy indignada pero sé que puedo soportarlo. Respiro profundo y me contengo. La paz ha vuelto a mi alma y, sin ser consciente de lo que hago una involuntaria sonrisa se escapa de mis labios dejándote confundido y enojado.

—¿Vamos? —espeto volviendo a Itachi.

Me siento arrogante y maldita.

—Vamos —responde él ofreciéndome su brazo.

Dejo de prestarte atención y me adentro en la casa del hombre que camina a mi lado aunque, al hacerlo no puedo evitar observar a todas aquellas personas que me miran, parecen sorprendidas. Algunas tienen la misma reacción que tú, otros simplemente tratan de ignorar mi abultado vientre mientras que otros tantos más murmuran, se susurran cosas al oído pero, no hay quien no se calle con un poco de dinero.

Sonrió un poco y vuelvo a mis espaldas borrando mi sonrisa, de pronto el silencio en la estancia se ha prolongado. Me giro despacio y mi corazón se acelera. No está de más decir que aquel silencio ha sido creado por… ti.

.

.

.

Continuará…