Una tarde en el jardín
Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto, mi único fin es jugar con sus personajes, sin lucrarme por ello.
Neji estaba tumbado en la cama de su nueva habitación, mirando el cielo de Konoha. Aquella era la segunda semana que pasaba en casa de los Hyuuga. Neji se iba acostumbrando poco a poco a la vida de la casa. La verdad es que todos los miembros de la casa habían hecho un esfuerzo porque el chico se sintiese lo más cómodo posible. Le habían alojado en una habitación acomodada a sus gustos y podía ver toda la aldea desde la ventana. Habían colocado un futon, estanterías para que pudiera colocar sus cosas, un armario donde guardar sus experiencias y un escritorio. El chico había personalizado su habitación, haciéndola más a su gusto. Había colocado la foto junto con Gai, Lee y Tenten en la mesilla, junto a la de sus padres. Dentro del cajón, había guardado la flor que su prima le había regalado.
Se puso las vestimentas de la familia Hyuuga, que su tío le había entregado y salió al jardín. Desde allí podía ver un bonito atardecer, y descansar del agotador entrenamiento de aquel día. Su tío había comenzado a entrenarle, y era más duro de lo que el chico hubiera esperado. Al acabar los entrenamientos, Neji se daba una ducha para relajarse y salía el jardín para respirar la paz que reinaba en el lugar. El chico se había dado cuenta de que no era el único que tenía unas costumbres fijas. Por ejemplo, Hiashi siempre tomaba té verde a las cinco, pero el resto del día, bebía té rojo. Hanabi antes de ir a la academia, se arrodillaba delante del cerezo y rezaba una pequeña oración. Y luego estaba Hinata, en la que Neji había reparado más que en el resto de los habitantes de la casa. La chica siempre salía a primera hora de la mañana para recoger flores, que luego colocaba en diferentes lugares de la casa. Al mediodía, siempre comía fideos y arroz, acompañados de un poco de cerdo, siempre en el mismo orden. Luego, tras el entrenamiento de Hiashi y Neji, les llevaba té y unos dulces para que repusieran energías. Y cuando caía la noche, se sentaba en el mismo banco que estaba Neji, a contemplar la luna.
Neji echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos, disfrutando de aquella sensación de tranquilidad. El chico notó una presencia a su lado, y al volver la cabeza, vio a Hinata con una cesta llena de unos frutos rojos. La chica lo miró sonriendo con dulzura y Neji le devolvió la sonrisa, contento de verla a su lado.
- Hace una tarde muy bonita, Hinata-sama – comentó Neji – Se ven muy bien los atardeceres desde aquí.
- Es un jardín muy bonito – jugueteó la tela de su kimono – Me ha dicho mi padre que mañana tienes una misión.
- Si – asintió el joven – Tengo que ayudar a arreglar el jardín de los Furusawa. No es una misión muy interesante, pero los propietarios son amigos de Gai-sensei. ¿Usted tiene alguna misión, Hinata-sama?
- No – negó la chica – Me quedaré en casa todo el día.
La chica bajó la cabeza con tristeza y Neji la miró, con el corazón conmovido. Ciertamente, se la veía muy hermosa con aquellos ojos tristes y esa expresión tímida y dulce al mismo tiempo.
- ¿Qué frutos son estos, Hinata-sama? – le preguntó el chico, señalando la cesta – No los había visto nunca.
- Crecen en un árbol que hay detrás de la casa – contestó, sin mirarle – Es un árbol muy extraño, pero sus frutos son muy refrescantes – tomó uno – ¿Te apetecería probar uno, Neji-onisan?
- Gracias, Hinata-sama – lo cogió y mordió, disfrutando de un sabor dulce y refrescante – Es delicioso.
- Me alegro de que te guste, Neji-onisan – la chica sonrió – ¿Te apetece otro?
- Si – la chica le entregó otro de los frutos – Es el fruto más delicioso que he probado nunca.
- Te has manchado en la mejilla, Neji-kun.
La chica le retiró un trozo de la mejilla, con tal dulzura, que Neji notó como todo su cuerpo se estremecía. El simple roce de los dedos de Hinata en su mejilla, le provocó un torrente de sentimientos antes desconocido. Miró a su prima, con la garganta seca y el corazón latiendo con violencia.
- ¿Estás bien, onisan? – le preguntó la chica, mirándole – Pareces un poco inquieto.
- No, no es nada – cerró los ojos con fuera y los volvió abrir – Creo que me iré a mi habitación. Disculpe, Hinata-sama.
Neji salió apresuradamente del patio y subió hacia su habitación. Se tumbó en la cama, encogiéndose sobre si mismo, mirando al cielo que comenzaba a oscurecer. ¿Qué había sido aquella sensación¿Por qué se había turbado de aquella manera al notar la piel de su prima contra la suya? Dio vueltas sobre la cama y se quedó mirando el techo. Aún notaba un hormigueo allí donde su prima le había tocado. ¿Acaso era…?
Al día siguiente, Neji se levantó con mucho esfuerzo. Había pasado mala noche, y no sabía si era por la cena o por el suceso con Hinata. No, seguramente era por la cena, aquel cerdo picante no le había sentado nada bien. Se lavó la cara con fuerza, quería estar despejado para la misión de aquel día. Cogió su equipo y bajó al comedor, donde la cocinera le había dejado preparado el desayuno. Bebió su té en silencio y degustó el arroz y la sopa de miso en completo silencio. Cuando estaba terminando de desayunar, apareció Hinata en la cocina, y el chico casi se atragantó con el arroz.
- Buenos días, Hinata-sama – saludó el chico, educadamente – ¿Qué tal ha pasado la noche?
- Buenos días, Neji-onisan – la chica sonrió – Muy bien, gracias.
- Me alegro – el chico se levantó – Disculpe, pero tengo que marcharme. La veré por la noche, Hinata-sama.
- ¡Espera Neji-onisan! – lo llamó, cuando el chico ya había salido corriendo – Quiero darte algo.
Neji detuvo su carrera y se volvió para mirar a su prima. La chica parecía nerviosa y tenía las mejillas sonrosadas. El chico volvió a la cocina y se fijó en el paquete que estaba encima de la mesa. Hinata lo cogió y se lo entregó a Neji, sin mirarle a la cara.
- Te he preparado el almuerzo – le susurró, con timidez – Espero que te guste, Neji-onisan.
- Muchas gracias, Hinata-sama – le sonrió agradecido – No se tenía que haber molestado. Le agradezco mucho el detalle.
- Ten cuidado, onisan – sonrió – Aunque estoy segura, de que lo harás muy bien.
- Gracias, Hinata-sama – se inclinó a modo de despedida – Cuídese.
Con el almuerzo preparado por su prima, Neji partió hacia la puerta de Konoha, donde había quedado con su equipo. No pudo evitar sonreír, se sentía muy halagado al llevar en las manos el almuerzo preparado por su prima. Le había gustado mucho que ella hubiera tenido aquel detalle con él.
Entonces, el chico recordó como había intentado matarla en el examen de Chuunin. Se paró en seco, al recordar la cara de su prima, cuando había estado a punto de asestarle el golpe final. ¿Habría sido capaz de hacerlo¿Habría sido capaz de acabar con la vida de su prima? Y si lo hubiera hecho¿cómo se sentiría? Apartó de su cabeza aquellos pensamientos, y siguió caminando. Vio que Gai-sensei, Lee y Tenten ya habían llegado. Lee le llamaba gritando y agitando los brazos, con su alegría habitual.
- ¡Ya era hora, Neji-kun! – exclamó Lee, contento – ¡Ya podemos marcharnos!
- ¿Por qué has llegado tarde, Neji? – le preguntó Tenten.
- ¡Uuuhhh! – Lee alzó las cejas – Parece que Tenten te ha echado de menos ¿eh?
- ¡Idiota! – la chica le soltó un puñetazo – No enteras de nada.
- ¡Ya veo que estáis muy activos, chicos! – observó Gai, sonriendo – Me alegró de que sea así, la misión de hoy es muy dura.
- Solo hay que recortar cuatro arbustos ¿no? – comentó Tenten.
- No sabes de lo que hablas, Tenten – le dijo Gai, negando con la cabeza – El jardín de los Furusawa no solo es el más grande de la zona, sino que está habitado por miles de insectos muy peligrosos.
- ¡Que gran misión, Gai-sensei! – Lee dio un salto de alegría – ¡Vamos allá!
Siguiendo a Lee, se encaminaron hacia casa de los Furusawa. Neji observó que Tenten marchaba algo alicaída, como una flor mustia. Sin duda era la actitud de Lee la que le ponía así. Lee podía ser muy bueno en sus entrenamientos y un se fuerza interior, pero desde luego era un completo inepto a lo que a sentimientos se refería. No se daba cuenta, de que era él quien le gustaba, y no Neji.
Cuando llegaron a la mansión de los Furusawa, les recibió el dueño, un hombre alto y delgado, que vestía extrañas ropas de color verde. Les condujo hasta el jardín, mientras les explicaba lo que debían hacer. El jardín era enorme y estaba cubierto de todo tipo de plantas, aquello no iba a ser tan fácil como Neji pensaba. Así que empezaron la misión lo más pronto posible. De poco le servía su Byakungan ante una misión como aquella, así que Neji sacó un kunai y comenzó a arrancar las malas hierbas. Vio a lo lejos a Lee que corría de un lado a otro del jardín, golpeando las ramas y arrancándolas. Tenten había sacado todo su arsenal de armas afiladas y recortaba enérgicamente los setos. El sol abrasaba la nuca de Neji y comenzó a sentirse muy acalorado. Sacó de su mochila la cantimplora y bebió un poco de agua. Continuaron con la labor hasta el mediodía, cuando se reunieron en una zona despejada para comer.
Neji sacó el paquete que Hinata le había preparado, y lo abrió cuidadosamente. La chica le había preparado arroz, sopa de miso, sushi, sashimi y dango. El chico olió la deliciosa comida, la comida que había sido preparada por su prima para él.
- Vaya, tiene un aspecto delicioso – comentó Lee – Desde que vives en casa de los Hyuuga, te alimentas muy bien ¿eh Neji?
- Si – el chico saboreó la sopa.
- ¿Puedo probar un poco de sopa? – le pidió Lee – Huele de maravilla.
- Bueno, yo…
El chico tenía sus reservas a la hora de compartir la comida que Hinata le había preparado. No sabía por qué, pero no quería compartir aquella comida con nadie. Saboreó un trozo de sushi, y distinguió el calor y la dulzura de las manos de Hinata en cada bocado. Vio que Lee esperaba un respuesta a su petición.
- Lo siento, Lee – el chico negó con la cabeza – Prefiero no compartirla.
- Puedes tomar un poco de la mía si quieres, Lee – le ofreció Tenten, sonriendo.
- No, gracias, quería de la de Neji – siguió comiendo sus fideos.
- ¡Idiota! – Gai le soltó un puñetazo a Lee – ¡Nunca rechaces la oferta de una dama!
- ¡Disculpe Gai-sensei! – Lee se levantó – ¡Nunca jamás lo volveré hacer!
Dicho esto, Lee le arrebató el cuenco de sopa a Tenten, y comenzó a bebérselo sin respirar. Los tres observaron perplejos al joven, que se iba poniendo rojo a causa del calor de la sopa.
- ¡Estaba deliciosa, Tenten! – le devolvió el cuenco vacío – Muchas gracias.
Tenten sonrió complacida, observando a Lee embelesada. Seguramente, estaba dolida porque Lee solo se hubiera tomado la sopa porque su sensei se lo hubiese dicho. Sin embargo, parecía muy complacida porque el chico se hubiese bebido su sopa. Neji terminó el almuerzo saboreando el dango, cuya dulce salsa le recordó a su prima. Se tumbó mirando al cielo, mientras saboreaba el dulce.
Al terminar de comer, renovado de energía, Neji volvió a su zona del jardín. Movido por las ganas de volver a casa y ver a su prima, trabajó muy rápido aquella tarde. Se movía de un lado a otro recortando setos, arrancando las malas hierbas y matando a aquellas babosas viscosas que se le cruzaban por el camino. Terminó su zona, cuando cogió las hierbas y las puso en sacos. Se acercó a la zona de Lee, donde el chico seguía trabajando sin descanso, con Tenten mirándolo de reojo.
- ¿Necesitas ayuda, Lee? – le preguntó.
- ¡No hace falta! – lanzó un kunai, y cortó unas cuantas hierbas – Este es un entrenamiento estupendo para probar mi puntería.
- Yo quitaré los restos – le dijo Neji – Así podrás seguir probando tu puntería.
- ¡Como quieras!
Neji ayudó a Lee con su zona, y pronto se le unieron Tenten y Gai. Lee había escogido la zona más amplia, por lo que todos sus compañeros habían terminado antes. Descubrieron un nido de babosas, y estas comenzaron a atacarles. Aunque algunas eran indefensas, otras tenían afilados colmillos y se lanzaban al cuello de los chicos. Una de aquellas babosas quiso atacar a Tenten, pero Lee lanzó un kunai y la atravesó.
- ¿Estás bien, Tenten? – le preguntó Lee, agitando los brazos.
- Si, muchas gracias Lee – la joven se sonrojó – ¡Eres mi salvador!
- ¡Ese soy yo! – dio un salto de alegría – ¡Yo te protegeré Tenten!
El chico se acercó donde estaba Tenten, y no se separó de ella ni un segundo. La chica parecía muy complacida por la presencia de Lee, y no dejó de sonreír en toda la tarde. Cuando acabaron la misión, recibieron el dinero y volvieron a Konoha. Aunque Neji estaba completamente agotado y tenía varios cortes en la cara, estaba muy feliz, porque iba a volver a casa.
- Aquí nos separamos – les anunció Gai – La misión ha sido todo un éxito. ¡Buen trabajo, chicos!
- Gracias, Gai-sensei – agradecieron los tres a la vez.
- ¡Os dejo, chicos! – anunció Gai – Tengo que hablar con Tsunade-sama.
- ¡Adios Gai-sensei! – se despidió de Lee – ¡Que hambre tengo¡Os invito a tomar ramen!
- Yo debo volver a casa – les comunicó Neji – Nos veremos otro día.
- Entonces iremos Tenten y yo – la rodeó de la cintura – ¡Pediremos diez cuencos de ramen!
- Que bruto eres, Lee – sonrió complacida.
- ¡Nos vamos!
Lee dio un salto, y con Tenten en los brazos, salió hacia el puesto de ramen. Neji volvió sonriendo a casa, contento por sus amigos y por él mismo. Caminó hacia casa de los Hyuuga, disfrutando del paseo. Cuando llegó a la casa, vio que Hinata lo esperaba y notó un cosquilleo en el estomago. Al acercarse, sonrió a la joven y se paró frente a ella.
- Buenas tardes, Hinata-sama – saludó a la joven.
- Bienvenido, Neji-onisan – lo recibió sonriendo – ¿Cómo ha ido la misión?
- ¡Todo un éxito! – sonrió ampliamente – La comida estaba deliciosa, Hinata-sama. Todo estaba exquisito.
- Me alegro mucho, Neji-kun – sacó un pañuelo – ¿Te duele la mejilla? Tienes unos arañazos muy feos.
- No importa, han sido esas malditas zarzas – Hinata mojó el pañuelo en un ungüento y lo aplicó en la mejilla del joven – Y un kunai que Lee me ha lanzado por accidente.
- ¿Te sientes mejor? – le acarició la mejilla – He mandado que te preparen un baño y un cena deliciosa.
- Muchas gracias, Hinata-sama – notaba calor en las mejillas y el corazón latiéndole con fuerza – No tiene que molestarse tanto.
- No me importa, Neji-kun – le sonrió – Necesitas descansar.
Hinata le condujo dentro de la casa, como si nunca hubiera estado allí. Aunque había sido una misión muy sencilla, Hinata le trataba como si hubiera vuelto de una gran batalla. Aún así, Neji se dejó querer, nunca le habían tratado con tanta dulzura, siempre había estado solo. Tomó un baño y al volver a la habitación, vio que ya tenía la ropa preparada. Sin duda, había sido Hinata la que la había puesto allí. Se vistió y bajo al comedor, donde una suculenta cena le esperaba. Estaban a solas Hinata y él, ya que el resto de la familia ya había cenado. Neji se sentó y comenzó a devorar ávidamente la cena. Hinata le observaba en silencio, quitando los platos que le molestaban y sirviéndole té cuando se le terminaba. Le encantaba el amor que ella ponía en todos sus gestos, era muy atenta y dulce. Neji observó sonriendo a su prima, sintiendo que no quería separarse de ella. Neji se preguntaba porque se preocupaba tanto por él, si ella también sentía aquel cosquilleo en el estomago. Al dar el último sorbo de té, Neji se levantó y se inclinó.
Si no le importa, Hinata-sama, me retiraré a mi habitación – anunció – Estoy muy cansado, y me gustaría estar en plena forma para el entrenamiento con Hiashi-sama.
- Descansa mucho, Neji-kun – le deseó Hinata.
- Igualmente, Hinata-sama – sonrió – Muchas gracias por todo.
- No tiene importancia, Neji-kun – le dio un beso en la mejilla – Duerme bien, onisan.
