Mientras caminaba hacia su clase de cocina, con la mochila en el hombro y la mirada clavada en suelo, Sephiroth iba muy sumergido en sus pensamientos como para si quiera poner atención a sus compañeros.
Escuchaba sus voces, como ecos lejanos e inentendibles. Choco hombro contra hombro accidentalmente contra Tidus, quien se disculpo de inmediato. Sephiroth solamente lo ignoro y siguió su camino.
Claudia vio la escena y murmuro a Ultimecia que Sephiroth era un grosero amargado.
-Tal vez, pero sigue siendo muy guapo. Eso hace que sus defectos sean más fáciles de perdonar- respondió Ultimecia, y las dos chicas soltaron una risilla típica de las colegialas.
Más adelante, cuando dio vuelta en la esquina al final del pasillo y levanto un poco la mirada, vio como el profesor Golbez hablaba con Cecil y se detuvo. Desde esa distancia le era imposible escuchar la conversación, pero fuese lo que fuese, estaba avergonzando mucho a Cecil. Tal vez, supuso Sephiroth, el profesor Golbez le preguntaba a su hermano pequeño como le estaba yendo en su primer día, mientras le decía que si surgía algún problema, acudiera a él cuanto antes y el se encargaría de resolverlo .
Típico comportamiento de un hermano mayor sobreprotector.
Luego de unos momentos, Golbez revolvió el cabello de Cecil con gran ternura y regreso a la sala de profesores. Cecil, que ya no parecía tan avergonzado, se quedo parado en la misma posición hasta que noto que era observado por Sephiroth y decidió irse.
Si hubiese sido Kefka en lugar de Sephirtoh, las burlas y chistes acerca de " el hermanito bebe en pañales" hubieran empezado en menos de un segundo. Pero para Sephiroth, aquella escena le hizo sentir todo lo contrario a la comedia: Ocasiono una gran nostalgia y tristeza, ya hizo que la recordara, a ella.
Si, ella también solía revolverle el pelo cariñosamente cada mañana antes de ir a la escuela y después de haberle preparado su almuerzo, sin importarle las quejas y refunfuños de Sephiroth o las miradas de desaprobación de Hojo.
Sin duda que ella…
-Oye Sephiroth, ¿estás bien? – le dijo alguien, dándole una ligera palmada en la espalda
Aquella voz hizo que Sephiroth regresase de golpe a la realidad. Vio que se trataba de Terra, y también noto que su vista estaba extrañamente borrosa y nublada. Se restregó los ojos tan discretamente como pudo y se dio cuenta que la causa de su pobre vista se debía a que sus ojos, por un momento, se le habían anegado en lagrimas. No lo suficiente como para que se le irritaran, pero aun asi Sephiroth deseaba que su compañera no hubiese notado nada.
-¿Ocurre algo?- le volvió a preguntar Terra, que parecía honestamente preocupada. Sephiroth no la miro y solamente se alejo.
-Estoy bien, gracias- respondió tan rápido que apenas y sus palabras fueron entendibles. Volvió a colocar la mirada directa al suelo y esta vez no la levanto hasta que llego a el salón de cocina.
Se sentía un poco extraño. Su nariz estaba congestionada y la garganta le dolía, como si fuesen síntomas de un refriado que se avecinaba.
Pero no se podía engañar a si mismo. Aquello no era una gripe, aquello eran deseos vivos de …
Pues sí, no podía ser otra cosa: de llorar.
Respiro hondamente y alejo todo pensamiento de su mente por unos momentos, intentado calmarse. Lo logro y poco a poco esa sensación se desvaneció. Ansiaba que la clase comenzase, quería distraer su mente y dejar de pensar en ella aunque fuese unas cuantas horas...
Oh, pero ¿que aquel delicioso aroma que provenía de la cocina? ¡Nada menos que gelatinas de elixir sabor vainilla! Si, en verdad eran postre delicioso, no solo eso, si no que ella solía preparárselas a Sephiroth una vez cada mes, y en su cumpleaños, claro.
En esas ocasiones, hasta Hojo era capaz de dejar a un lado su mal humor y atreverse a convivir un poco con ellos. Ni el ni Sephiroth decían mucho, pero no era necesario, porque ella hablaba por los dos, y lo mejor de todo era que comprendía su silencio y era capaz de entender como se sentían sin necesidad de las palabras.
"Ya basta" se reprimió Sephiroth a sí mismo, sintiendo que el dolor de su garganta aumentaba "olvida todo eso. Se ha acabado y recordarlo solo te hará débil. Supéralo y sigue, supéralo y sigue…"
Y , casi como una intervención del cielo, llego aquel que era capaz de quitar seriedad a el velorio mas triste o a la junta más formal : Kefka.
Sephiroth nunca se había sentido contento de verlo, pera esta vez era la excepción.
-Hey, hey, Seph. Creo que tienes la cabeza en las nubes. Jeje, entiendes… ¿Nubes? ¿Cloud? …Hmm, bueno, no era como si esperaba que entendieras mi sofisticado sentido del humor – dijo Kefka, que comía un chocolate bañado en caramelo.
"Mas azúcar para el payaso hiperactivo… ¿Quién fue el pobre diablo que le dio el chocolate?" pensó Sephiroth, y su ánimo mejor un poco.
Por un momento, pensó que todo iría bien. Pensó que la clase empezaría, y que después seguirá otra clase, y otra más. Sería un día normal, y no tendría que pensar más en ella .
Pero no resulto de esa manera.
Justo antes de que Sephiroth entrara al salón, llego el profesor Golbez. Lo detuvo y lo llevo a su oficina.
-¿Con que motivo, si me permite preguntar?- inquirió Sephiroth un poco desafiante, sospechando de que se trataba todo ese asunto.
-No es nada en especial. Vamos, no te quitare mucho tiempo – respondió calmadamente el profesor Golbez , con un tono de voz en el que Sephiroth detecto un toque de lastima. Sintió una punzada de enojo ante eso, pero no queriendo causar un alboroto, se resigno y siguió a Golbez hasta la sala de profesores.
-No te pongas celoso Cecil, que aun eres el consentido de tu hermano mayor- escucho Sephiroth que Kefka le decía a Cecil mientras le pellizcaba una mejilla como si fuese un niño pequeño.
Cuando llegaron a la sala, esta estaba totalmente vacía. Los únicos presentes además de Sephiroth y Golbez eran las tazas vacías de café y los trabajos a medio revisar que los demás profesores habían dejado antes de regresar a sus clases.
-¿Quieres algo de tomar, Sephiroth? – le ofreció amablemente Golbez mientras se servía un poco de café – Dudo que quieras café, pero te puedo servir un poco de agua o incluso una lata de soda …-
-No pienso hablar nada con usted. Así que ya puede dejarse de estupideces y dejarme ir – dijo Sephiroth fríamente. Se acerco a la puerta y la empezó abrír cuando Golbez le pidio que se detuviera.
-Vamos, no tienes que alterarte- dijo el profesor –Se que por lo que estas pasando no es nada fácil, y que te duele en lo más profundo del alma….-
-No, usted no sabe nada. Me debo ir, tengo clase- replico Sephiroth indiferente
Golbez lo vio con tristeza y suspiro.
-La noticia de la muerte de tu madre nos ha sorprendido a todos- dijo –No solo a ti, tu padre también está muy afectado por la perdida. Ninguno de los dos demuestran sus sentimientos abiertamente…es algo que Hojo te debe haber heredado. Pero créeme Sephiroth, cuando te digo que yo comprendo cómo te sientes….-
-¡Callese!- le grito Sephiroth. No quiera escuchar nada mas, solo quería irse, irse de esa maldita sala de profesores que olía café recién preparado (igual como el que ella bebía cada mañana ) y que solo le hacía recordar lo que él quería olvidar. – ¡No quiero hablar de eso, ni con usted, ni con mi padre, ni con nadie. Solo quiero que me dejen en paz!-
-Sephiroth…- dijo Golbez con voz paternal. Pero Sephiroth no se quedo a escuchar lo que el profesor iba a decir y salió de la sala, azotando la puerta tras él. Camino rápido hasta las escalera y las bajo casi sin pensarlo. No regreso a clase. Recorrió todo el camino hasta la otra parte de la escuela de manera inconsciente, y el único pensamiento voluntario que rondaba por su cabeza era ella : su madre, Lucrecia, quien había muerto a mediados del verano en el hospital ,víctima de una enfermedad que la ataco tan rápido como le habia quitado la vida, tan solo cuatro días después de que el primer sintoma se hiciese presente...
