Disclaimer: Nada aquí me pertenece. Los personajes son de Stephenie Meyer, los tomo sin ningún ánimo de lucro para crear historias creadas por mi propia mente. No permito copiar este material sin mi permiso, pues a eso se le llama plagio y es un delito. Merci.
¡¡Gracias por sus reviews!!! Ahh, brinco, corro y grito de emoción xP (Qué dramática) Espero que sigan leyendo y lamento no contestar reviews, pero tengo que escribir fics, traducir, y escribir artículos en mi blog =S Espero que eso no les moleste U__U
Millonésimas gracias xP: sheryl alexandra, kpatycullen, verodelprado, madammecullen, Ericastelo, La chica del gorro azul, Poison_Iby.e, Brike_Odol3, Jenniffer Black, adela, glumi.879, RosieCullen, swanitam, juli, BlackCullen, ania.09, Musck Line, jump pomm, Vampire Massen, maryroxy, laurageor, Creed Cullen, Queen-Annie, Deysi Maria, dianita, yoya11, Gladiadora, BlueAngel, OjasGrandes_delSur_09, Serena Princesita Hale, MaggieCullen ^^, qk, Crystal Maiden, Diva, Clarita Swan deT, cuak :P, Laura Escalante, Briseyda, Blood3, Suiza Cullen Swan, ferninki, Alice Brandon Cullen, jkrf123, ZakuraFaNvampireknight, y KaguRa.
Don't Fear The Monster
Tercer Encuentro
(Todavía no es el momento)
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Bella nunca olvidó esa "pesadilla" que aparentemente tuvo. Ella volvió a soñar con esa criatura tan extraña, a diferencia de que el sueño que constantemente tenía era él mordiéndole el cuello. Fue allí cuando comenzó a preocuparse, a extrañarse, a darle miedo y a creer que, después de todo, el sueño no había sido tan… ficticio.
Más aún pensó aquello cuando su madre días después halló una pequeña cicatriz con forma de media luna en la parte baja del menudo y cremoso cuello de la pequeña. Estaba de un color rojo claro, un poco brillante, y más aún, era muy extraña. Resultaba casi invisible si se veía desde cierto punto, pues en realidad era muy leve. A pesar de que Renée le preguntó a la sorprendida Bella si le había pasado algo allí, ella negó inocentemente con la cabeza. Ella pensó que estaba volviéndose a poner paranoica como tantas veces le habían dicho sus conocidos, así que lo dejó pasar.
Durante unos días más Bella no pudo evitar mirarse la cicatriz en el espejo enorme de su habitación, con algo de curiosidad y temor. Ella recordaba perfectamente cuando Edward se le había acercado y entonces… el dolor punzante y el picor que había sentido intensamente hasta que extrañamente había desaparecido como si nunca hubiera estado allí.
Fue por eso que ella siguió soñando con él, comenzó a formarse algo de preocupación inconsciente en ella, pero ella se obligó a olvidarse momentáneamente de la cicatriz y al hombre misterioso llamado Edward. Sobre todo aquel sueño tan real, del que se obligó a sí misma de pensar que era un sueño, mas las últimas palabras que le había dicho siguieron en sus pensamientos una vez más.
Sin embargo, la curiosidad y ansiedad era más grande, por lo que Bella estuvo esperando por algún tiempo volver a tener un sueño que pareciese así de real, en donde pudiese verlo de nuevo, hablarle o que le abrazara, pero no volvió a pasar para su decepción y alivio. Sólo tuvo unos cuantos sueños que consistían en lo mismo, él tocando su cuello con sus labios fríos como hielo y aquel dolor picante.
Existían momentos en donde se sentía sumamente confundida. Momentos en los que sentía cierto temor y ganas de alejarse y no volver a pensar en Edward. Y otros momentos en donde tenía unas extrañas ganas de verlo de nuevo en sus sueños o lo que fuesen, de saber más de él.
No volvió a pasar. Al menos no muy seguido. No le volvió a ver de esa manera, no un encuentro así, pero sí sueños algo preocupantes acerca de él mordiéndola y mordiéndola de nuevo. ¿Significaría algo aquello?
Pero fueron pasando los años, tan rápidos, monótonos y crueles, como siempre solían serlo. Edward miraba de vez en cuando a Bella, viéndola crecer tan rápidamente, dándose cuenta de lo maldita que era la vida. Pero a la vez se fascinaba, ella seguía con aquel mismo toque que le había cautivado desde pequeña. Le parecía tan hermosa y tan tierna, que cada vez más y más aquel autocontrol que se había impuesto comenzaba a derribarse. La quería ya.
Estaba tan ansioso, tan desesperado por ella y su aroma, que estuvo observándola durante menos tiempo gracias a ciertas advertencias que había recibido. Aun cuando fuera todo lo contrario a lo que realmente quería hacer, estar con ella, cuidar de ella, asegurarse de que su inocencia no le metiera en problemas o la pusiese en peligro. Porque le atormentaba la idea de que ella estaba en peligro todo el tiempo.
Desde luego que él no era el único vampiro en todo el planeta. Había muchos más. Estaban colados entre todas las masas de humanos alrededor del mundo, se hacían pasar por ellos y los humanos, que siempre andaban metidos en sus asuntos y andaban por la vida, pensando en sus propios problemas y en sí mismos, sin prestar atención a los más mínimos detalles, no los notaban siquiera. Los vampiros comenzaban a dominar el mundo sin que la mayoría de ellos lo supiera, tenían mayor poder e influencia en todos lados. Poco a poco estaban dominando al mundo, existiría un momento en el que quizás los humanos sabrían de su existencia… y entonces no habría porqué detenerse. Podrían hacer lo que quisieran.
Mientras tanto, algunos se habían adaptado a su forma de vida, renegaban de su existencia y actuaban como ellos, aun cuando no estuvieran ni cerca de serlo. A otros les daba repulsión esa vida tan monótona y decidían mantenerse alejados de la civilización excepto cuando fueran de caza, que era allí cazaban humanos y se deleitaban drenándolos. Una mínima cantidad no bebía sangre humana, tenían un respeto considerable hacia ellos por lo que lo hacían de los animales, y otros, una gran parte de los vampiros que eran demasiado egoístas, dominaban muchas cosas y tenían poder, veían a los humanos como algo inferior, débil, tontos… demasiado tontos para su deleite.
Les utilizaban para hacer lo que les placiera y los adoptaban como "mascotas" para conservarlos al menos hasta que resistieran, aunque esa era una mínima y prácticamente inexistente parte. La mayoría prefería matarlos, sin rodeos, simplemente jugar con ellos y darse un banquete con su sangre finalmente. Edward estaba consiente de lo fácil e increíble que era distinguir aquel dulzón y atrayente aroma entre todos los demás. Temía que algún otro vampiro se viera atraído por su sangre y le hiciera daño, lo que era muy probable ahora, que los vampiros comenzaban a aumentar más y más. Era por eso que le había marcado, sin embargo no había sido suficiente, no había soportado aquel dulzón y delicioso sabor en su boca, por lo que quizás no le había marcado como debería de ser.
Se sentía un poco más ansioso por eso.
En su mundo de vampiros, constaban de ciertas reglas que habían creado cuando surgieron ciertos conflictos entre ellos mismos. Edward no era el primero en fijarse en una débil y no tan insignificante humana por su… belleza propia o la misma sangre. Existían muchos otros, muchos otros que se veían atraídos por igual hacia los humanos. La marca era para eso, para que cuando cierto vampiro se mostrara interesado por un humano se diera cuenta de que ya era propiedad de otro vampiro y no podía tocarlo siquiera.
Hoy miraba a su pequeña Bella en el parque de nuevo, comiéndose un enorme y delicioso helado. Le miraba oculto desde las sombras en donde los árboles estaban más tupidos y en gran cantidad. Era el estado de Phoenix, allí hacía un intenso y quemante sol que tenía muy alerta a Edward, pues no sabría qué era lo que podría pasar si algún niño tonto lo viera brillando bajo la luz del sol. Había tomado ciertas precauciones pero, aun así, vestía completamente de negro y un gran y grueso abrigo negro cubría la mayor parte de su cuerpo.
Aún nadie le había visto, ni siquiera la Bella misma. Nadie. Todos estaban absortos en sus propias cosas: jugando, haciendo travesuras, hablando, comiendo, divirtiéndose como hacían todos los niños. Pero él sólo tenía la mirada fija en Bella, quien estaba en una banquita sola comiéndose un helado que comenzaba a derretirse bajo el intenso sol.
Podía ver el sudor en su frente y rostro, el sol estaba demasiado intenso como era aquí todo el tiempo para el disgusto de Edward, mas Bella era demasiado pálida. Ella seguía igual de pálida a sus prácticamente diez años y eso era sorprendente. Edward sabía que era mejor así, porque su cabello caoba y sus ojos chocolate sobresalían todavía más con ese particular color.
Bella había estado recientemente con una de sus amigas de su misma edad, Charlotte, una chica que había conocido en su escuela. No eran las mejores amigas, porque para empezar no llevaban demasiado tiempo siéndolo, y después estaba que Bella no era muy sociable.
Ella se había marchado ya con su madre a casa por consecuencia del intenso sol. Así que Bella estaba allí ahora sola comiéndose su helado, absorta en él mientras el resto de los niños jugueteaban por todo el parque. Su madre Renée comenzaba a darle un poco más de libertad, el parque estaba muy cerca de su casa, por lo que Renée no se preocupaba tanto.
Ella comenzó a caminar mientras devoraba su helado, él la fue siguiendo, deseoso de que le viera. Últimamente no la visitaba tanto como quisiera, debido al fastidioso tiempo que hacía aquí y la desaprobación de su obsesión hacia ella de su hermana.
Él le siguió como si fuese un fantasma en pena detrás de ella, hábilmente sin que las personas se dieran cuenta. Bella de pronto sintió una extraña presencia cerca de ella, aquella sensación que se siente cuando alguien te observa intensamente y por mucho tiempo.
Comenzó a sentirse paranoica, sin quererlo en realidad se fue internando por los caminos del parque, donde los árboles aumentaban y eran mucho más tupidos. Edward le seguía molesto, preguntándose cómo podría meterse a un lugar tan solo. Aquí ya no había nadie. Probablemente sólo estaban ella y él.
—Bella —no pudo evitar decir en voz alta algo furioso. Ella se detuvo entonces, escuchando perfectamente aquella voz aterciopelada que tanto escuchó en sus sueños. Se giró y se dio cuenta de que estaba completamente sola. Aquí el sol ya no entraba completamente, un poco de luz se filtraba a través de las espesas copas de árboles, pero nada más.
Una extraña brisa agito entonces sus cabellos caoba y ella se estremeció, buscó entre los árboles, recordando que él solía ocultarse allí. Algo le decía que él estaba allí, mirándole, siguiéndole, que después de todo no había sido un tonto sueño como en un principio pensó y se convenció de ser.
—Eres… ¿eres tú? —musitó ella con voz temblorosa. Estaba completamente sola, quizá con él, quien por alguna razón debía de estar siguiéndole. ¿Qué querría? ¿Qué buscaría? ¿Qué deseaba? ¿Por qué a ella? —Edward… —el nombre vino inconscientemente a sus pensamientos y lo dijo sin saberlo.
—Eso es, Bella —dijo complacido él oculto entre los árboles. Ella jadeó y negó con la cabeza desesperadamente mientras cerraba los ojos con fuerza. No podía estar aquí, no podía, no podía… No era real, quizás sólo era alguien imaginario de su cabeza.
—¿Qu-qué haces aquí? —jadeó ella abriendo los ojos, con la esperanza de no encontrarse con ninguna respuesta.
—Cuidándote —respondió él mientras ella se acercaba como lo hizo alguna vez. Sólo que ahora tenía la anticipación y el miedo con ella.
—¿Por qué? —replicó ella, internándose un poco entre los árboles y por fin, después de tanto negarse la realidad, allí estaba él. Tan glorioso como lo recordaba. Tan perfecto y tan imponente como le encontró desde que lo vio. Recargando en un árbol, con los ojos tan oscuros como el carbón, una expresión de piedra y completamente de negro.
—¿No lo recuerdas? —dijo él y sonrió con aquella sonrisa que Bella a la vez adoraba y a la vez temía. Mostrando unos dientes perfectos. Pareciera como si esa sonrisa no fuera por buenas cosas. Ella negó con la cabeza a la vez angustiada y confundida mientras alzaba la cabeza para verle mejor.—Te quiero, Bella. Recuérdalo.
—Yo… no eres real —dijo ella comenzando a retroceder muy asustada y desconcertada. Él frunció el ceño por su reacción y por lo que había dicho.
—Cariño, no hablarás en serio —dijo él echándose a reír un poco mientras ella fruncía el ceño.
—Le diré a mi mamá, entonces —chilló ella sintiéndose un poco tonta. Desde luego que era real, pero a veces solía decir cosas tontas. Si entonces era real le estaba siguiendo por alguna escalofriante razón, debía de decirle a su madre. Ella era la única que podía hacer que ese hombre dejara de seguirle.
Su rostro se quedó en blanco, ella miró temerosa cómo sus ojos se oscurecieron y apretaba sus puños.
—¿Le dirás a mami, pequeña Bella? —dijo él comenzando a agacharse, quedando a la altura de su pequeño rostro. Él estiró el brazo y con su gélida mano alcanzó su mentón.—Dime —demandó y ella asintió sin tener las fuerzas para hablar. Comenzó a temblar bajo su tacto y él lo notó.
—Bella, Bella, no crea que eso sea una muy buena idea —negó él con una sonrisa maquiavélica.—No queremos que mamá se dé un gran susto, ¿verdad?
—No —balbuceó Bella mientras sus ojos comenzaban a humedecerse, Edward lo notó y sonrió complacido.
—Entonces no digas nada que me haga enojar —declaró él, acariciando ligeramente su, esta vez, pálida mejilla.
—¿Por qué me sigues? —gimió Bella sacudiendo la cabeza.
—Bella, recuérdalo; te quiero —contestó él.
—¿Me quieres? —repitió ella sin entender, intentado alejarse de él.
—Más de lo que debería —dijo él, aunque parecía como si se lo hubiese dicho a sí mismo.—Ahora, vete. No deberías de estar en un lugar así, hay gente mala que podría hacerte daño —añadió él apartando algunos cabellos de su rostro asustado.—Vamos, vete a casa ahora —volvió a repetir al ver que ella seguía congelada en su sitio.
Ella se alejó de él con horror, deseando con todo su ser que desapareciese allí mismo pero no pasó. Se fue alejando mientras sus ojos oscuros le miraban casi perforándola, más lágrimas cayeron en su rostro mientras salía de allí.
—Recuerda, te estoy observando —dijo él con una sombría sonrisa.
En cuanto se alejó de él se echó a correr, soltando su helado en el proceso y soltando todavía más lágrimas. No supo en realidad cuánto corrió y cuántas veces se tropezó, sólo quería alejarse lo más pronto posible de él. Aquel hombre que comenzaba a infundirle un extraño temor. Él seguiría observándola, estaba segura Bella. No sabía para qué ni por qué pero seguiría observándola y ella no podría hacer nada evitarlo.
N/A:
¿Qué me dicen de éste? No la estoy arruinando? xP Porque… espero que el espagueti volador nos ampare de las locuras que haga y escriba en esta historia, la cual espero no arruinar xD Con mis muy ocurrentes ocurrencias absurdas.
En fin, OMFG!! 89 reviews?? Lo veo y sigo sin creerlo xP Es increíble lo que puede llevar un pequeñísimo momento de locura y gran inspiración… No creí que fuera a tener tanta aceptación, la verdad, se suponía que era una historia para mejorar y practicar mi Dark Edward para hacer uno medianamente decente en otra historia (que de hecho estoy escribiendo en estos momentos)… Así que bueno, repito: Me dicen si de plano empiezo a cagarla, vale?
Sean… despreciablemente sinceros. Cómo yo =)
Dos capítulos más y quizá más interesante pasará…
¿Jitomatazo? ¿Howler? ¿Ladrillazo? ¿Un Vulturi? ¿computadoras quemadas? ¿REVIEW?
Paso a retirarme y… las adoro!!
Leon.
P.D. Los siguientes dos caps serán un poco más cortos porque... no nos la pasaremos leyendo lo mucho que desea Edward a Bella, ¿verdad? =P
