Disclaimer: Los personajes originales le pertenecen a Arthur Conan Doyle, esta versión le pertenece a Steven Moffatt y Mark Gatiss.
NdT: ¡Gracias, Runaaaaaaaaaaaa por el beteo a lo Flash Gordon *o*, a leer!
Capítulo 3: Un vistazo
Esto era lo que Greg necesitaba: adolescentes borrachos, tíos sexys, y no té con Mycroft jodidos Holmes. Finalmente era fin de semana y Greg tenía fiestas las noches de viernes, sábado y domingo, así que estaría totalmente con resaca la mañana del lunes.
No es como si le importara, por supuesto. Simplemente quería un poco de polla, Además no habría clases el lunes, por lo cual Greg podría acostarse e intentar que su cerebro no explotase.
La fiesta era en casa de BJ Master, porque sus padres siempre viajaban los fines de semana por trabajo, dejando a BJ y a su hermano mayor, Stewart, organizar fiestas salvajes para adolescentes.
Greg recibiría un aventón de Dimmock y su novia, Molly Hooper. Molly era la conductora designada porque no bebía, y Dimmock nunca bebía más de tres o cuatro copas cuando estaba con su novia.
Así que asegurado de que alguien lo llevaría a casa a medianoche, y siendo casi cerca de las siete, Greg se movió a través de la multitud, buscando un chico a quien montar.
Su primer vistazo resultó en nada remotamente follable, pero eso podía cambiar. Una gran cantidad de personas aparecía después de las diez u once, y algunos se veían un poco mejor después de que Greg hubiera ingerido seis o siete copas.
Así que se dejó caer en el sofá, al lado de Dimmock y Molly a esperar. La chica sentada al otro extremo chilló cuando Greg la empujó, su vaso dándose una vuelta y derramando cerveza por encima de su apretada remera y minifalda.
Se dio la vuelta para gritarle a Greg, sólo para hacer una pausa y comerlo con los ojos, haciendo que éste suspirara. Las chicas de la escuela católica al otro lado de la ciudad, o aquellas que vivían en las ciudades aledañas, no sabían que Greg era gay (lo cual era raro, considerando que había follado con una buena cantidad de tíos de esos lares) y siempre trataban de coquetear con él.
Esta chica realmente hizo su mejor intento.
Se inclinó hacia adelante, sus tetas muy cerca de salir de su remera color rosa, y dijo:
—Parece que necesito una bebida nueva.
—Sí —gruñó Greg.
La chica colocó su mano en su muslo y Dimmock rió, mientras que Molly, quien estaba sentada en el regazo de su novio se sonrojó intensamente. Greg bajó la mirada hacia la mano, mientras la chica le decía:
—¿Me traerías una, lindura? Haré que valga la pena.
Dejó salir su aliento con olor a cerveza sobre él y su mano lentamente subió hacia su entrepierna.
Greg la agarró por la muñeca y rápidamente le apartó la mano, diciendo:
—Ehm, no gracias.
La chica hizo un puchero y se acercó más, sus tetas frotando sugestivamente contra su brazo, haciendo que Greg se encogiera.
—Vamos —dijo, presionando sus labios contra su oreja-. Te haré venir.
Greg se lanzó hacia un lado y Dimmock protestó ruidosamente cuando Molly casi derrama su vaso de limonada.
—Estoy halagado, de verdad —dijo Greg, alejándose más de la chica—. Pero soy gay.
Ella frunció el ceño.
—¿Qué?
—Soy gay, me gustan las pollas —dijo Greg sin rodeos—. Cerca de mí, sobre mí, dentro de mí, elige la que quieras. Me. Gustan. Los. Tíos.
La empujó por completo y la chica bufó, poniéndose de pie rápidamente. La cerveza goteaba por sus piernas y le arrojó su vaso vacío a Greg.
—¡Jódete tú también! —gritó Greg cuando se marchó—. Mujeres de mierda.
—Oye, no hay necesidad de ser malo —dijo Molly, dándole un golpecito con el pie.
—Sí, bueno, al menos tú no estás intentando dormir conmigo —le dijo Greg—. Así que tú estás bien.
—Ni siquiera lo intentaría si tuvieras esos gustos —dijo Dimmock.
—¿Por qué no? Soy jodidamente impresionante —dijo Greg con una sonrisa.
Dimmock rodó los ojos, mientras que Molly se sonrojaba más que antes.
—Tiene buen gusto, idiota.
—¿Cómo puede tenerlo si está contigo? —respondió Greg. Esquivó un golpe de Dimmock y dijo—: Sin ofender, Molly, pero deja esta polla y consíguete un hombre de verdad.
—Es un hombre de verdad —sonrió Molly y besó a Dimmock rápidamente.
—Ugh, ustedes los heterosexuales serán la muerte de todos nosotros —dijo Greg, desapareciendo para ir de caza.
Greg fue dentro de la cocina donde el barril de cerveza estaba y se sirvió un vaso nuevo antes de dirigirse nuevamente a buscar tíos. Estaba apunto de darle un sorbo a su bebida cuando alguien chocó con él.
Escuchó un suave:
—Lo siento —y frunció el ceño; esa voz le era familiar. Se dio la vuelta rápidamente y vio un destello de cabello marrón rojizo y también un culo precioso empacado en unos pantalones de cuero antes de que el chico desapareciera.
—¡Oye, espera! —gritó Greg. No importaba que el tío no fuera el tipo que le gustaba, tenía un maldito buen culo. Greg se abrió paso a través de las personas que estaban alrededor y entró a la sala de estar. Pero ya eran casi las diez y el lugar estaba repleto de adolescentes en distintos estados de embriaguez.
La música había sido subida de volumen y los cuerpos sudorosos se movían unos contra otros, pero Greg no pudo ver a nadie que llevara puesto pantalones de cuero. Vio a John Ralling ser arrastrado hacia afuera (y mostrándose muy jodidamente feliz por ello) y maldijo que incluso un heterosexual hubiera encontrado a alguien con quien divertirse en la noche.
Greg maldijo nuevamente y se bebió la mitad de su cerveza antes de hacerse camino a través de la multitud.
{oOo}
Greg no encontró a su tío con pantalones de cuero, pero sí recibió una rápida mamada afuera del baño de parte de un tío al cual no podía recordar. Los policías habían irrumpido en la fiesta a eso de la medianoche y un par de personas habían sido llevadas ante sus padres. Greg había sido llevado a casa por Dimmock y Molly, y se había reído solo como un estúpido mientras trepaba por la ventana de su dormitorio.
Se despertó alrededor del mediodía, sintiéndose como una mierda, pero tomó una ducha, se limpió la mierda de la boca y tomó un poco de ibuprofeno antes de salir. Afortunadamente, su madre estaba trabajando en el hospital y Greg podría salir sin un sermón de veinte minutos sobre el sexo seguro.
Manejó su motocicleta hacia el Tesco de la ciudad, el único lugar real en el que se podía conseguir paz y tranquilidad sin adultos o policías fastidiando. Greg primero pasó por el McDonalds y se compró un par de hamburguesas con queso, la mejor comida para cuando estás con resaca, antes de entrar al aparcamiento de Tesco por la parte posterior.
Tesco estaba rodeado en tres lados por casas y el McDonalds, y los árboles del lado del local de comida rápida eran grandes y sobresalientes, dándole a Greg y a sus compañeros algo de sombra cuando era verano.
Greg aparcó cerca a la valla y se sacó el casco, colocándolo en el suelo mientras se sentaba al lado. Estaba en su tercera hamburguesa cuando Dimmock apareció en el viejo BMW de su padre, sonriendo al ver los lentes de sol de Greg.
—¿Cómo estás? —gritó Dimmock, forzando que Greg intentara patearlo. Había olvidado que estaba sentado y se cayó, haciendo una mueca de dolor cuando golpeó el suelo.
Dimmock rió fuertemente mientras que Greg luchaba por volver a sentarse.
—Eres un jodido puto, Dimmo.
—Con un culo magnífico —dijo Dimmock dándose la vuelta y sacando el culo. Greg le dio una nalgada y Dimmock dijo—: Oye, eso es de Molly.
—¿Qué es lo que Molly aprecia de tus flojas posaderas? —preguntó Greg, lanzándole una hamburguesa con queso a Dimmock.
El otro adolescente se sentó y peló el grasoso papel.
—Que no ha recibido más de un centenar de pollas, en primer lugar —dijo, arrancando de un mordisco un pedazo de la hamburguesa.
—No han sido ni un centenar, gilipollas -gruñó Greg.
—Aunque vas cerca —dijo Dimmock—. ¿No estás cansado de ser una ramera?
—No, el sexo es fantástico —dijo Greg y Dimmock rodó los ojos—. Oye, si consigo a alguien fan-jodido-tástico como yo en la cama, renunciaré a mi vida de ramera.
Dimmock bufó.
—¿Con qué frecuencia realmente follas en una cama?
—Ehm... —la voz de Greg fue desapareciendo y Dimmock soltó una risita.
—El sexo es mejor cuando se tiene con una persona a la que realmente le gustas, y no porque tan grande tiene la polla —dijo el otro muchacho.
Greg le sacó la lengua y Dimmock le tiró su encendedor, Greg lo usó para prender su cigarrillo, se echó hacia atrás y dijo:
—Gracias, Dimmo.
—Cállate, ramera de hombres —Greg le sacó el dedo medio—. Bueno —Dimmock sonrió de lado—, el tío misterioso apareció nuevamente.
—¿El tío misterioso? —preguntó Greg.
—Mm, el que Andy fanfarroneaba el otro día —dijo Dimmock, comiendo su hamburguesa de queso—. Se folló a John muy bien.
Joe y Dylan no estaban allí en ese instante, así que Greg le pidió detalles. Después de que Dimmock se los dio, le preguntó:
—¿John el heterosexual o el bi?
—El heterosexual —dijo Dimmock, sonriendo cuando las cejas de Greg se alzaron—. Ya sabes que John Watson está enamorado de Sherlock Holmes, nunca follaría con cualquier tío. Además, ese chico sólo tiene trece años.
—Yo perdí mi virginidad a los catorce —le recordó Greg.
—No todos somos pequeños gilipollas sucios —dijo Dimmock.
—Jódete —dijo Greg—. ¿Así que no fue John Watson, quien es tan gay para Holmes que ya ni es gracioso, sino John Ralling, heterosexual hasta el tuétano, quien se folló a un tío cualquiera?
—Volvió a entrar en la casa despeinado y contando que un tío llamado Mikey lo había montado hasta que se vino dos veces —dijo Dimmock, robándole un cigarrillo a Greg—. Esto fue cuando estabas arriba con ese tío rubio —añadió cuando Greg se mostró confundido—. Bueno, yo recién había entrado a Tesco cuando lo escuché hablando al respecto con Andy. Andy dijo que al parecer fue el mismo tío.
—Joder —dijo Greg. Así que de verdad había un tipo allí fuera que al parecer era mejor polvo que Greg. Un tipo que pudo convencer a uno de los tíos más heterosexuales a un polvo rápido en una fiesta.
—Pobre Greggie, perderás tu título de Ramera Mayor si no tienes cuidado —se burló Dimmock, soplándole humo en la cara.
—Vete a la mierda, Dimmock, sabes lo bueno que soy —gruñó Greg.
Él y Dimmock habían tenido sexo una vez y ambos acordaron que estaban mejor como amigos. Greg no había estado buscando una relación seria entonces, y Dimmock sí, por lo cual habían roto antes de que realmente pudiera comenzar. Y ahora Greg aún estaba durmiendo con cualquier gay, bi, o chico curioso de la zona, mientras que Dimmock salía con Molly.
—Sí, sí —asintió Dimmock, soplando anillos de humo—. Pero creo que este tío, Mikey, es mejor.
Greg frunció el ceño y apagó en el suelo su cigarrillo. No podía permitirse el lujo de perder ningún probable polvo por otro tío.
Dylan y Joe llegaron juntos. En realidad nunca planeaban encontrarse y pasar el rato en Tesco, pero usualmente un sábado después de una masiva fiesta, todos se encontraban a eso de la una para pasar el rato juntos y joder por ahí.
Joe le dio una palmada en la cabeza a Greg, quien lo miró a través de una nube de humo.
—Condujiste a Haley Rogers directamente a mi regazo, Greggie.
—¿Quien carajos es Hayley Rogers? —preguntó Greg.
—Probablemente la conozcas mejor como la-rubia-a-la-que-le-vertí-cerveza-encima —dijo Dylan, abriendo un paquete de papitas fritas.
Greg frunció el ceño y Dimmock dijo:
—Recuerdas antes de que te embriagaras a la chica rubia que terminó cubierta en cerveza cuando te sentaste? -cuando Greg asintió con la cabeza, añadió—: Creo que ella es de quien hablan.
—Oh —dijo Greg—. Espera, ¿la chica que se me lanzó encima?
—Sí, se quejó de que un maricón la trató como el culo y vino en busca de un hombre de verdad —Joe sonrió—. Y sí que se vino con fuerza.
Greg arrugó la nariz ante la imagen mental, aunque no supiera realmente como es que se veían las mujeres sin ropa, y dijo:
—Bueno, estaba coqueteando conmigo, traté de ser amable al principio.
Dimmock se burló.
—Y luego le dijiste que te gusta tener una polla dentro del culo,
—Bueno, es verdad —Greg se encogió de hombros.
Dylan le sacó la lengua y Joe dijo:
—Realmente, Greg, te acostarías más seguido si patearas para el otro lado; sólo hay una cierta cantidad de hombres gay y casi te has follado a la gran mayorìa de ellos.
—Ser gay no es una elección, gilipollas —dijo Greg tirándole una piedra.
Se dio cuenta de que Dylan puso los ojos en blanco y frunció el ceño, pero negó con la cabeza y lo dejó pasar.
{oOo}
La mamá de Greg llamó alrededor de las cuatro para encontrarse con él dentro de Tesco para comprar algunos alimentos, así que Greg se separó de sus amigos para ir con ella. Maggie cogió un carrito y lo empujó por los pasillos con Greg siguiéndole detrás, mensajeando con su teléfono.
Como cualquier otra vez que iban de compras por cualquier cosa, Maggie le preguntaba a Greg qué opinaba. Y Greg, como cualquier otra vez que iban de compras, gruñía, se encogía de hombros o asentía. No era de ayuda, pero Dios no quisiera que Maggie comprara los fideos equivocados, o las barras de chocolate o cualquier otra cosa que Greg utilizara.
Las hamburguesas de queso que había comido hace unas horas, no lo habían llenado por completo y Greg estaba inquieto por irse y así poder comer algo más. Ella le dijo que esperara a llegar a casa y le haría un sándwich o algo, y Greg le exigió que se fueran ahora. Por supuesto que Maggie lo ignoró y Greg frunció el ceño.
Habían casi terminado cuando Greg divisó a Mycroft y Sherlock Holmes,ambos de pie al lado de una mujer con una mata de cabello gris. Greg la había visto antes; era la niñera de Mycroft y Sherlock (o criada como le llamaba Sherlock desde que tenía once años, porque maldición, no necesitaba una jodida niñera).
Greg los ignoró, pero Maggie vio a los dos jóvenes y sonrió mientras empujaba su carrito hacia ellos.
—Mamá —gruñó Greg.
—Oh, calla —dijo Maggie—. Mycroft, Sherlock.
Sherlock le frunció el ceño a Maggie, sin embargo se convirtió en algo parecido a una sonrisa cuando Mycroft le dio un codazo. El mayor de los Holmes se volvió y dijo:
—Sra. Lestrade, que encantador verte. ¿Cómo se encuentra esta tarde?
—Bien, gracias, Mycroft —Maggie sonrió, sus ojos mirando a la mujer que estaba al medio de los Holmes.
—Sra. Lander, esta es Margaret Lestrade, la madre de uno de mis compañeros de clase, Gregory —dijo Mycroft. Greg rodó los ojos ante la mierda envuelta educadamente que acababa de ser vomitada de la boca de Mycroft.
—Encantada de conocerte, Sra. de Lestrade —sonrió la Sra. Lander.
—Oh, es sólo Lestrade, no de Lestrade —dijo Maggie.
La Sra. Lander se disculpó antes de volverse hacia Mycroft.
—Sólo demoraré cinco minutos, ¿está bien?
—Como si nos importara —gruñó Sherlock, mientras que Mycroft dijo:
—Por supuesto, tómate tu tiempo.
La Sra. Lander desapareció por un pasillo y Mycroft se volvió hacia Greg y Maggie.
—¿Cómo estás Gregory? —preguntó educadamente.
—Oh, simplemente excelente —murmuró Greg sarcásticamente.
Mycroft le sonrió con cortesía antes de hablar con Maggie, mientras que Sherlock fulminaba a Greg con la mirada y este se la devolvía con la misma intención. De repente el Holmes más joven dijo:
—Saliste a beber anoche.
Mycroft se tensó y miró a Sherlock, quien sonreía de lado a Greg, el cual fruncía el ceño.
—¿Y qué? —bufó Greg.
—Aún no tienes dieciocho; es ilegal —declaró Sherlock. Sus brillantes ojos azules rodando perezosamente sobre Greg antes de agregar—: Y permitiste que otro chico succionara tu...
Mycroft puso una mano sobre la boca de Sherlock, y el más joven de los Holmes arrancó y tiró de sus dedos, pero no pudo liberarse.
—Pido disculpas por mi hermano -dijo Mycroft rápidamente—. ¡No sabe cómo guardarse las cosas para sí mismo!
Siseó las últimas palabras y le dio a Sherlock una mirada mordaz, el chico más pequeño rodó los ojos. Mycroft lo dejó ir y Sherlock se frotó los labios,
—Sé cómo guardar secretos, Mycroft —sus ojos giraron y se posaron en su hermano—. ¿No es verdad?
Greg se sorprendió al ver ira verdadera en el rostro de Mycroft, usualmente el chico de cabello marrón rojizo mostraba cortesía, bondad o una cara en blanco. Pero en ese instante estaba mirando con furia a Sherlock, quien sonrió ampliamente y se cruzó de brazos, dándole una mirada a Mycroft que claramente decía te-gané-cabrón.
Mycroft se aclaró la garganta y se volvió hacia una confundida Maggie y un sonriente Greg.
—Sí, bueno, Sherlock y yo ya deberíamos irnos —dijo Mycroft con rapidez, mostrándoles una falsa sonrisa—. Sra. Lestrade, Gregory, tengan un día maravilloso.
—Jodidos bichos raros —murmuró Greg, siguiendo a su madre.
{oOo}
—¿Hiciste tu tarea? —preguntó Maggie cuando Greg entró a la sala de estar. Estaba vistiendo un par de jeans apretados de color rojo, una remera de Muse, con una delgada chaqueta de color rojo encima y sus habituales brazaletes de cuero y collares. La fiesta era a un par de cuadras de su casa y Greg había decidido regresar caminando, por lo cual podría emborracharse.
—Ehm... sí, hice gran parte de ella —dijo Greg. Maggie, quien estaba sentada en el sofá viendo alguna película romántica, se giró y se metió un pedazo de palomitas de maíz a la boca, levantando una ceja-. Bueno -corrigió Greg-, hice una parte de ella.
Maggie chasqueó la lengua.
—Vamos, mamá, la terminaré, estamos sábado —dijo Greg.
—Y pasarás toda la noche de tu domingo de fiesta en casa de algún otro idiota —dijo Maggie.
—No habrá clases el lunes, las haré entonces —dijo Greg.
Maggie suspiró y le miró.
—Te quedarás todo el lunes haciéndolas, ¿has entendido?
Greg sabía que era lo mejor no discutir con su madre y asintió, saliendo después de que ella asintiera en señal de aprobación.
NdT: Greg necesita un par de nalgadas para corregirse D:
