Era increíble lo rápido que había pasado todo. Haruhi se había visto hundida en un hoyo de desesperación en cuanto había leído el papel. Y las felices reacciones de su padre no le hacían sentirse mejor. En menos de un segundo, ya éste le había dado su maleta para que se fuera directo con Kyoya.

FLASH BACK

- Demo Otou san…¿qué pasará si tu fiebre empeora?-.

- Tranquila, querida. Lo importante es que tú estés segura, y así yo estoy más tranquilo mentalmente, sabiendo que estás con alguien. Además, estarías con Kyoya kun, quien es una persona maravillosa!!!-. Le respondió Ranka con alegría.-

- ¡No es como te lo imaginas!-. Replicó Haruhi.-

- Haruhi.- La llamó Kyoya.-

- ¿Na…nani?-. Preguntó ella con algo de temor.-

- ¿Estás diciendo que no confías en las atenciones que el hospital de mi familia pueda tener con Ranka san?-.

- Ie...Para nada, Kyoya sempai.-

Bueno, en realidad, lo que me preocupa no es exactamente eso. Me da miedo que tenga que quedarme él. Esta persona intimida. Pensó ella.

- ¡En ese caso, está decidido! ¡Que tengas una feliz estadía, Haruhi!-. Gritó Ranka mientras abrazaba a su hija eufóricamente.- ¡Te voy a extrañar!-.

- Otou san.- Dijo ella, luchando por respirar.-

- Tenga por seguro que cuidaré de Haruhi hasta que termine mi turno, Ranka san.- Había finalizado Kyoya.-

FIN DEL FLASH BACK

Sinceramente, no había sido la despedida más agradable que había tenido. Las reacciones de los otros Host habían sido de protesta. Tamaki se había echado sobre Kyoya, como culpándolo de haber salido primero. Claro está que éste no le prestó atención y decidió ignorar sus comentarios. Los gemelos se habían quedado impresionados y decepcionados. Abrazaron a Haruhi en cuanto vieron oportunidad a la salida del hospital. Y la cosa era que no tenían necesidad de hacer eso. Se iban a seguir viendo todos los días, eran unos exagerados, de verdad. Pero tal vez lo que les preocupaba no era el hecho de no verla, sino de saber que estaría junto a Kyoya en la casa de éste.

- Recuerda, si te llega a hacer algo, sólo tienes que decirnos…-. Había empezado Hikaru.-

- ¡Y estaremos ahí en un segundo!-. Terminó Kaoru.-

- No creo que haya necesidad.- Dijo Haruhi.- ¡Ahora suéltenme!-.

- ¡Déjanos disfrutar el momento, Haruhi chan!-.

- Ah, y, a propósito, toma esto.- Dijo Kaoru, entregándole una pequeña cosa en sus manos.-

- ¿Qué es esto?-.

- Es un regalo por parte de nuestra madre, un broche para ponerlo en tu cabello.- Explicó Hikaru.-

- Queríamos entregártelo hoy en la escuela, pero no viniste.- Completó Kaoru, fingiendo lágrimas.-

Haruhi sintió el agradecimiento brotar. Pero no quiso decirlo en voz muy alta para que los gemelos no se volvieran como locos. Sólo atinó a decir:

- Arigatou Gozaimazu.- Con una carita adorable.-

- ¡Qué linda eres!-. Indudablemente, ambos la abrazaron aún más fuerte.-

Tanto Honey como Mori fueron los únicos que se mostraron comprensivos. El loli shota dijo que con gusto esperaría a ser el del siguiente turno para estar con Haruhi, y Mori sólo pudo estar de acuerdo con su primo en cuanto éste lo afirmó.

Tamaki lloró a mares por no haber sido el primero, y le dijo a Haruhi que la llamaría cada hora. A lo que ella le respondió lo que era verdad: ¡Se iban a ver al día siguiente! ¿Para qué tanto drama?

Y ahora, ella estaba en una limusina junto con Kyoya. Él había dicho que tomar de nuevo el helicóptero sería problemático, así que optaron por irse por tierra. De hecho, la mejor opción. Pero, a pesar lo cómoda y espaciosa que era el vehículo, Haruhi no se había sentido tan incómoda en mucho tiempo. Su espacio personal lo sentía reducido. Estar en un mismo lugar, sola, con Kyoya, era como si estuvieras en una máquina de rayos x. ¿Y cómo no? Ella insistía en que ese hombre podía leer su mente. Inexplicablemente, siempre sabía lo que ella estaba pensando o pensaba decir. Le daba nervios. Por eso, había tenido la mirada pegada en sus zapatos desde que inició el trayecto, pero como todo ser humano, no podía quedarse todo el tiempo con el cuello forzado hacia abajo, y levantó su mirada para ver a Kyoya. Éste no la estaba mirando, sino que escribía sin prisas en su cuaderno de notas. ¿Qué acaso nunca se cansaba de eso? No había nada que escribir ahora. O al menos eso creía ella. De repente, Kyoya también levantó la mirada y sus ojos se encontraron con los de ella. Ella dio un pequeño salto en su puesto y creyó ser descubierta en todos sentidos por el personaje de lentes. Ella quitó los ojos para sentirse más "protegida", y al ver eso, Kyoya mostró una sonrisa discreta en sus labios. Al parecer, estaba disfrutando haciéndola sufrir.

- ¿Estás incómoda?-. Preguntó, dejando a un lado el cuaderno.-

Haruhi se sorprendió al ver que fuera él quien iniciaba una conversación.

- Bueno, simplemente estoy asombrada, sempai.- Dijo ella, más confiada. Las palabras hacían que el peso del ambiente fuera más ligero. Quizá porque mientras uno habla no tiene tanto tiempo en notar detalles de la otra persona debido a que debe escucharla.- El juego había sido idea tuya, y qué curioso es que fueses tú el primero en salir.-

La sonrisa en el rostro de Kyoya se hizo más grande. Se llevó una mano a la barbilla, quedando como todo un pensador griego malicioso.

- Verdad que sí.- Afirmó.-

- ¿Eh?-.

Ella se sintió ensimismada y encogida al escuchar aquella frase. El tono en que lo había dicho había sido sospechoso. No era posible que Kyoya hubiera querido ganar el sorteo. Además, no había forma. Ella misma había escrito los nombres en el papel y los había separado todos. No había manera de que él pudiese haber previsto que iba a ganar. No había manera. ¿Verdad?

Ni ella estaba segura de nada.

No creía que Kyoya tuviera motivos para querer salir de primero. Él era su sempai, y cierto era que a veces disfrutaba charlar con él de ciertos temas. En especial después de haber pasado un día juntos hacía un tiempo, cuando los demás lo habían dejado abandonado en una convención de plebeyos y ella lo había encontrado. Pero la naturaleza seria e intimidante de su sempai siempre le hacía querer permanecer un paso atrás.

- Kyoya sempai.- Lo llamó en voz baja.- Creo que será la primera vez que voy a tu casa. ¿Estará bien con tu familia?-.

El comentario pareció causarle gracia.

- Mi padre está en un viaje de trabajo desde hace una semana y no volverá pronto. Mi hermano mayor ha ido con él y los otros dos rara vez aparecen por la mansión por su atareado horario. La persona con la que quizá, sólo quizá, pudieras encontrarte en casa, sería con mi hermana mayor, Fuyumi.- Dijo él.-

- Sokka.- Dijo a modo de comprensión.-

- Y en todo caso, si llegaran a verte, pasarías muy desapercibida. No te vayas a ofender si alguno de mi familia (en caso de que se aparezca) te llegara a confundir con una criada.-

¡Ricos bastardos! -Pensó Haruhi en seguida.-

Era cierto que no podía esperar un trato generoso por parte de Kyoya. Él siempre dejaba bien en claro lo de ganar méritos. Y cierto era que él no ganaba ningún mérito siendo amigable con ella.

Ante tal pensamiento, suspiró derrotada. De ninguna manera conseguiría cambiar eso. Por mucho que quisiera transmitirle a su sempai que ser educado con sus amigos no debería tener nada que ver con méritos, no sabía conseguirlo. De todos modos, Haruhi no creía que Kyoya la considerara una amiga. Desde su primer encuentro siempre había sido "La que nos debe ocho millones de yens". No volvió a suspirar porque sabía que no se vería bien.

- Ya llegamos.- Dijo la voz de Kyoya, sacándola de sus pensamientos.-

Haruhi miró a su ventana del lado derecho, e inmediatamente sintió la garganta secársele y los cabellos erizársele de la impresión. Era un palacio genuino. Cualquier persona que pasara a verla a simple vista, diría que estaba hecha de oro y incrustaciones de diamantes, sin mencionar que tenía un terreno sumamente extenso. Haruhi no podía contar los jardines ni aunque usara los dedos de las manos y los pies. El techo era suficientemente alto como para que allí viviera un gigante y toda su familia. Sólo llegar al portón de entrada le hacía sentirse insignificante. Ya se imaginaba que la mansión Ootori tenía que ser maravillosa. Pero era muy distinto imaginarlo a llegar a verlo en persona. Se imaginó que su padre estaría feliz cuando le contara que fue a la mansión de Kyoya sempai; Ranka no pararía de alardear frente a sus compañeros de trabajo que su hija era amiga de un miembro de aquella adinerada y poderosa familia. El sólo imaginárselo le hizo avergonzarse un poco. Si prácticamente se habían conocido por accidente.

Si tan sólo hubiera llegado a otro sitio que no fuera la tercera sala de música, no me habría vuelto un Host.

Sin darse cuenta, ese pensamiento había taladrado en su cabeza. ¿Cómo serían las cosas ahora si ella no fuera parte del Host club?

- Vamos, Haruhi.- Le dijo Kyoya, trayéndola de vuelta a la realidad.-

- Ah, hai.- Dijo ella rápidamente.-

En cuanto les abrieron la puerta de la limusina, fue como ver toda una hilera de gente uniformada, todos haciendo reverencias. Y cuando Kyoya iba pasando frente a ellos, con ella siguiéndolo, comenzaban los saludos de la servidumbre.

- Buenos días, Obochama.- Decía uno con la cabeza gacha.-

- Que pase un buen día, Obochama.- Decía otra.-

- Bienvenido a casa, Obochama.-

Oh, Okaa san, esto es increíblemente extraño.

Les abrieron las puertas de entrada. Ante sus ojos, Haruhi contempló un suelo en el que uno podía verse reflejado como en un espejo de lo pulcro que estaba. Las lámparas eran enormes y tenían velas que alumbraban todo el salón principal. Las paredes llenas de cuadros y en el centro de la sala un bello mosaico. En las ventanas había vitrales dignos de un rey, y las escaleras con barandales dorados y majestuosos.

Madre en el cielo, creo que estoy en otra dimensión. Ya no estoy en mi mundo.

Haruhi no sabía ni qué pensar. Se había quedado petrificada del asombro.

- Haruhi.- La llamó Kyoya.-

Al oír la voz de Kyoya, cualquier sueño se quebraba y, obviamente, había que hacerle caso.

- ¿Si?-. Respondió al instante.-

- ¿Quieres una habitación cercana al comedor o más alejada hacia los jardines?-. Preguntó.-

- ¿Eh?-.

Estaba tan aturdida que ni sabía qué responder. Dijo lo primero que le vino a la cabeza.

- No tiene importancia. Con cualquier cuarto me conformo, Kyoya sempai.- Dijo nerviosamente.-

- Entonces te buscaré uno con vista al jardín.- Dijo él.-

Me gustaría saber cuál de todos.

- Maki sama.- Llamó Kyoya a una mujer de servicio.-

- ¿Hai, Obochama?-. Respondió esta con una reverencia.-

- Hoy he venido con esta señorita, Fujioka, Haruhi. Por favor, llévela al cuarto libre que hay en el tercer piso.- Le indicó.-

- En seguida, Obochama.-

¿¡TERCER PISO!?

- Por aquí, Fujioka sama.- Le pidió la sirvienta.-

- H…hai.- Respondió Haruhi.- Ano... ¿Kyoya sempai?-.

- Nos veremos a la hora de cenar. Le pedí a un criado que llevara tu maleta al cuarto. Seguramente ya está allí. Ponte cómoda.- Le dijo sin vacilar.-

- Entiendo.- Dijo lentamente ella.-

- Que disfrutes tu estadía.- Le respondió él sonriendo. Pero esta vez, con una sonrisa no fingida.-

Ella no pudo hacer menos que devolverle el gesto. Qué extraño había sido poder intercambiar sonrisas con Kyoya sempai.

Tuvieron que tomar un elevador para llegar al tercer piso. Maki sama llevó a Haruhi hasta una parte algo alejada de los otros cuartos. En ese momento, Haruhi pensó que habría sido una buena idea pedir un cuarto cercano a la salida. Así no demoraría tanto en salir de aquel laberinto de habitaciones y puertas de caoba y roble.

- Es aquí, Fujioka sama.- Dijo la criada con respeto.- Le deseo disfrute su estancia. Ha de ser muy buena amiga del Obochama para que él le escogiera esta habitación. Sólo se la damos a los huéspedes importantes.-

Eso no le sonaba como algo que Kyoya sempai haría. Haruhi se sintió insegura de que le dijeran eso.

Al abrir la puerta (hasta las manillas allí eran hermosas), Haruhi se encontró como si fuera una princesa. La cama fue lo primero que captó su atención. Se iba a sentir más pequeña de lo que era en ese colchón colosal. Las sábanas eran tan suaves como piel de bebé, y tenía una especie de cortinas transparentes de color rojo cubriendo desde el techo a la cama. No pudo contenerse las ganas de sentarse en ese colchón. Casi al instante se hundió en él y se sintió rodeada de nubes.

Esto es impresionante. Admito que sí podría llegar a dormir a gusto aquí.

Se paró a punta de esfuerzo, bajo la tentación de quedarse dormida ya mismo, porque quería seguir viendo. ¡Esa habitación era el doble de su apartamento! Había como dos cuartos dentro del cuarto. Uno para el baño, con cerámica de la mejor calidad y de colores pasteles, más una tina enorme donde podría estirarse a gusto; y otro para el armario. Cómo si tuviera tanta ropa como para meterla allí. Abrió el armario y se sorprendió al ver que ya todas sus pertenencias estaban acomodadas, y le pareció que incluso había unas que ni siquiera le pertenecían. Eso estaba llegando al punto de gustarle, aunque fuera en contra de sus principios aceptar algo que no había ganado. Por lo menos estaba agradecida con Kyoya sempai por las atenciones.

Estoy segura que habrá unos millones de yens detrás de toda esta amabilidad.

En otro lugar, más alejado de la mansión Ootori, había unos hermanos que sentían la sangre hervir por todo su cuerpo. Hikaru y Kaoru Hitachiin no habían podido conciliar algo de paz.

- ¿Y qué tal si Kyoya sempai le hace algo?-. Preguntó Hikaru, dando vueltas en el cuarto.-

- Hikaru, no exageres tanto. Estamos hablando de Kyoya sempai, no se te olvide. No es con Tono con quien ella está.-

- Aún así, Kaoru. Estoy preocupado.-

- A mí también me hubiera gustado que Haruhi se quedara con nosotros primero. Tenía muchas ganas de verla con unos nuevos diseños de mamá.- Dijo con ensoñación.-

- Yo igual. ¡Pero no puedo estar tranquilo sabiendo que está con alguien más del Host Club!-.

- ¿No estás actuando muy infantil?-.

- A ti te molesta igual que a mí.-

- Pero no se te olvide que también tendremos nuestro turno.-

De repente, la mirada de Hikaru cambió a una más seria de lo normal. Kaoru se quedó pasmado.

- ¿Hikaru?-.

- ¿Puedo preguntarte algo, Kaoru?-.

- Sabes que sí.-

- ¿Por qué te portaste tan extraño cuando fuimos al hospital?-.

Kaoru luchó por no dejar ver el color en su cara. Agachó un poco la mirada. Mala señal.

- ¿A qué te refieres?-.

- Tú sabes perfectamente. Cuando quedaste encima de Haruhi te veías…No sé, parecías estarlo disfrutando, como si estuvieras…-.

- ¡Ya entendí!-. Le cortó Kaoru.-

- Así que admites que te gustó.-

- Yo no he dicho eso.-

- ¿Ah, no?-.

- ¿No vamos a empezar un debate por eso solamente, verdad, Hikaru?-.

Ante esa opción, Hikaru se suavizó un poco. Nunca se sentiría orgulloso de pelear con su gemelo. Era su mejor amigo y su ser más querido. Le debía algo de respeto por eso.

- Gomen.- Dijo suavemente, con un hilillo de voz.-

- ¿Nani?-.

- ¿Qué? ¿Tengo que repetirlo?-.

Kaoru rió por lo bajo.

- Sabes que Haruhi es sólo mi mejor amiga. Y yo sé perfectamente lo que tú sientes. ¿Crees que jugaría con eso en vez de decírtelo?-.

Hikaru le sonrió a su gemelo con gratitud.

- Lo sé, Kaoru. Gomen, de verdad. Son sólo cosas mías. Ya me conoces.-

- Mejor que nadie. ¿No?-.

Ahora, los hermanos se echaron a reír juntos. Se había quedado así por esta vez. Aunque ambos sabían, en lo profundo de sus seres, que otro día lo tendrían que continuar.

- Pero también entiendo tus nervios. Por muy decente que sea Kyoya sempai, Haruhi es Haruhi.- Dijo Kaoru, encogiéndose de hombros.-

- Cierto. Debe haber una manera de estar seguros de que nada pase.- Dijo Hikaru, poniéndose a pensar.-

- Ya se nos ocurrirá algo. Después de todo, seres como nosotros, hijos de una famosa diseñadora de modas y de un talentoso técnico de computadoras, no nacen con frecuencia.-

- Y en especial gemelos.-

- Hai. Tenemos que sacar a flote nuestras habilidades de élite.-

Sonrieron para el otro. Era verdad que, hasta hacía poco, habían sido muy infantiles y egoístas, creyendo que los demás que estaban fuera de su mundo eran idiotas. Debían crecer y darse cuenta de que no todo era como ellos lo imaginaban.

Pero, ¿cómo negarles a unos hitachiins que no hagan travesuras? Tranquilidad para ellos, era como agua en una cesta.

De pronto, Hikaru se emocionó. Había sentido las vibraciones maravillosas de una idea llegar a su cerebro. Se puso a saltar en la cama, alertando a su gemelo.

- ¿Qué pasó?-. Preguntó Kaoru.-

- ¡Ya sé! ¡Ya sé, Kaoru!-. Gritó feliz.-

- ¡Bien! ¿Cuál es el plan?-.

Hikaru dejó de saltar y se acercó a la oreja de su hermano para contarle su astuta idea. Al escucharla, fue como si las alitas de ángeles se hubieran reemplazado por cuernos de diablillos. Se miraron el uno al otro, y nuevamente, rieron, cómplices de un valioso secreto.

De vuelta en la mansión Ootori, Haruhi había sido avisada por Maki sama que debía bajar pronto a cenar. Había pasado mucho tiempo en la habitación, haciendo los deberes del instituto, pues ya era de noche afuera y debía apresurarse. Muy amablemente, Kyoya le había ofrecido unos apuntes que había conseguido tras charlar con los maestros de Haruhi, pidiéndoles unas "guías" de lo que habían dado ese día.

Muy amable de su parte. Pensó Haruhi al principio.

Pero, como era de esperarse, Kyoya había roto el encanto.

- Sólo asegúrate de esforzarte mañana en el club, porque fue difícil conseguir que los maestros accedieran a darme sus informes. Por lo que mi esfuerzo te costará seis mil yens más.-

No hace falta decir que ella casi se cae al suelo desmayada.

Lo que no sabía era qué diablos debía ponerse para bajar a cenar. Maki sama le había dicho: "Algo formal, si no es molestia". Pero ella no tenía nada que llegara ni a los talones a Kyoya sempai a la hora de vestirse.

Vio en el gigantesco armario, en busca de algo más o menos aceptable. Pero no era sencillo. Se tuvo, prácticamente, que meter ahí, como si estuviera naufragando en un barco, luchando por no caer en ese mar de vestidos.

Casi en el fondo del armario, encontró algo (no era suyo, por supuesto) que tal vez podría considerarse "formal". No era su estilo. Pero supuso que se lo debía a Kyoya sempai por las atenciones (cobradas, desde luego) que le había hecho.

En su bolsillo, todavía tenía el broche que los gemelos le habían regalado ese día. Se dedicó a mirarlo con mayor atención. Lo encontró exquisito y hermoso, en cuanto lo miró de cerca. Tenía forma de mariposa, y las alas parecían multicolores. Se podía, perfectamente, colocar en su cabello. Se miró al espejo del cuarto en cuanto se hubo vestido y puesto el atuendo hallado por obra y gracia del señor.

Definitivamente no es mi estilo. Casi no puedo caminar con vestidos.

Incluso habían, allí incluidos, unos zapatos que ni con un año de ahorros podría comprar.

Sólo espero que no haya ninguna prueba de que alguna vez usé esto. Mi padre enloquecería, diciéndome que porqué no uso más vestidos.

Kyoya ya estaba sentado. Tal y como había previsto, ningún miembro de su familia había podido aparecerse esa noche. Así que sólo estarían él y Haruhi. La idea no le fascinaba tanto como, seguramente, le fascinaría a Tamaki o a los gemelos, incluso a Honey sempai, pero al menos le agradaba no tener que comer solo. Incluso pensó que podría torturar un rato más a Haruhi con los ceros de su deuda, como siempre lo hacía. Le gustaba mucho tener a Haruhi constantemente nerviosa por sus comentarios. Le causaba mucha gracia. Y quizá no debería acostumbrarse tanto a eso, antes de que "jugar" así con sus emociones se volviera un hábito. Aún así, le gustaba, y había que aprovechar eso.

- Ano…Kyoya sempai.- Dijo una voz melodiosa y delicada en la entrada al comedor.-

En cuanto levantó la vista, creyó estar viendo a una total desconocida. Una desconocida que logró hacerle reconsiderar quitarse sus anteojos para verla mejor.

Afortunadamente, él sabía controlarse.

- Haruhi.- Dijo a modo de saludo.-

- Espero que no sea demasiado.- Dijo, refiriéndose al vestido.-

- Está bien. ¿De dónde lo sacaste?-.

- Estaba en el armario.- Respondió.- ¿Es apropiado?-.

- Está bien.- Volvió a decir él mientras se ajustaba los lentes, fingiendo no mucho interés, aunque sí estuviera conmocionado.-

Era un vestido color rosado con tonalidades oscuras y claras. El adorno daba la impresión de hacer brillar la ropa. Le llegaba hasta las rodillas y dejaba ver parte de sus piernas. Era discreto al frente, pero con adornos con forma de flores que resultaba totalmente adorable. Se había colocado extensiones (como muchas otras veces) en su cabello castaño oscuro, y se veía muy femenina. Los zapatos eran de tacón y de color blanco, que se ajustaban a sus pies como zapatillas.

En otro sitio, muy lejos de aquella casa, dos miradas intrusas, también pudieron tener el placer de ver aquel espectáculo, que rara vez se les presentaba. Qué afortunados se consideraban ahora.

- ¡Qué belleza!-. No pudieron evitar decir.-

Y pensar que aún no era su turno.

CONTINUARÁ….

¿Qué les parece? Reviews!!!