EL DESTINO DE MI ALMA ES AMARTE

Esta historia ha sido escrita sin fines de lucro, sólo entretenimiento; los personajes pertenecen a la magnífica creadora de la serie Inuyasha: Rumiko Takahashi.

Saludos y mi más sincero agradecimiento a los que han leído Loverman, subyugado a la pasión.

Muchísimas gracias a todos mis lectores y lectoras!

CAPÍTULO III

EL HÉROE DE MIS SUEÑOS

- Abuelo Inutashio!

- Hola, hija. Espero que te estés portando muy bien.

- Así es, y dime, donde está Inuyasha? Tengo mucho que no lo veo.

- Ah pues él se encuentra ocupado, pero si quieres yo puedo decirle que venga para tu cumpleaños. Quieres que le diga también a la señorita Kagome?

- Sí, estoy segura que él no puede olvidarse de mi cumpleaños.

Abrazó a la chiquilla con devoto cariño. Totosai llegó con algunas galletas de chocolate que tanto le gustaban a Lin, además de un vaso enorme de leche.

Los estudios de la niña seguían marchando bien, Kikyo, su institutriz resultó bastante confiable y además apreciaba mucho a la niña.

- Pequeña hay algo de lo que debo hablarte. Será un poco difícil, pero confío en ti y espero que entiendas.

- Dime, abuelito.

- En muy poco tiempo deberás ir a una escuela especial para que puedas prepararte. Créeme cuando te digo que yo seré el primero en extrañarte. Sabes que deseo lo mejor para ti, verdad?

- Pero yo no quiero separarme de ti, no quiero irme.- le respondía entre sollozos, abrazándolo aún más fuerte.

- Hija tienes qué entenderlo. Debes irte por un tiempo. Te prometo que…

- No me prometas nada! Mi papá me prometió muchas cosas antes de que se fuera y mira lo que le pasó!

Salió corriendo hacia su habitación. El anciano se quedó con un dolor enorme en su corazón. Debía hacer lo correcto. Debía protegerla a toda costa.

- Ojala no fuera tan difícil, Totosai.

- Señor, aún creo que es demasiado pronto. Ella aún está afectada por lo de sus padres. Déle tiempo. Necesita un poco más de tiempo, señor.

- Ojala así sea. Debo hablar con ella.

- Será mejor que sea después señor. Ella aún se encuentra muy sensible. Hablaré con ella, si no… le molesta.

- Está bien Totosai. Confío en ti.

Salió de la habitación para dirigirse a la de la niña. No la encontró. Vio la ventana abierta y supo donde podría encontrarse.

- No debe ser fácil, pequeña.

- Señor Totosai.- le respondió entre sollozos.

- Sé como te sientes.

- Nadie sabe cómo me siento ahora! No quiero irme señor Totosai. Porqué el abuelo Tashio me pide eso? Porqué me pide que me aparte de su lado?

- Él no te dice eso. Lo que trató de decirte es que podría llegar a ser peligroso que alguien se enterara de tu existencia. En ocasiones es mejor proteger a los seres que amamos apartándonos si es necesario.

- Pero yo no quiero irme.

- Lo sé pequeña, pero tiene qué llegar el momento. Aunque no sea ahora mismo.

- Qué quiere decir?- se limpiaba los lagrimones de su tierno rostro.

- Que convencí al señor de que aún no era tiempo de hacerlo.

- De verdad?

- Sí, así es. Crees que te dejaría ir tan fácilmente? Pequeña diablilla.

- Lo quiero mucho señor Totosai!- lo abrazó efusivamente. Así, los dos se fueron a la habitación de la niña para que pudiera descansar. Hablaría con su abuelo Tashio mañana, quizá había sido muy dura y testaruda al hablarle, pero ahora más que nunca sabía que debía confiar en él.


La mujer de los ojos escarlata oyó del otro lado de la línea de su celular que timbró en ese momento, una voz que empezaba a marearla de repugnancia.

- Pronto marchará todo a la perfección con mis instrucciones hija.

- Sí padre, como tú digas.

- Ya basta de tus berrinches! Eres una insolente! No te das cuenta que si todo marcha a la perfección nos apoderaremos del emporio Tashio en poco tiempo? Empiezas a fastidiarme Kagura, ten mucho cuidado.

- Hablaremos después.- colgó resignada mientras se ponía de pie, mirando a la nada a través de la ventana de su oficina.

Si bien admitió que el plan de su padre al intentar arreglar su matrimonio con Sesshoumaru le parecía excelente, a ella no le agradó nunca el estar encerrada en esas cuatro paredes tras un enorme y esclavizante escritorio ejecutivo.

Amó como nunca a ese hombre de mirada ambarina, sin embargo su despecho era más fuerte que nunca. Fue lo más doloroso que pudo pasar cuando él rechazaba estar a su lado y ahora tenía que salir con cualquier tipo sin importancia para ella, intentando olvidarlo.

***** FLASHBACK*****

Gemidos y suspiros ahogados se escuchaban en la habitación, Kagura yacía con un hombre de cabello negro y mirada seductora, si bien era un buen partido para muchas era en realidad despreciable igual que lo fue su padre, según su opinión.

Musou en un instante la acarició provocándole escalofríos mientras que con la otra mano la sujetaba de la cadera y mordisqueaba su hombro, Kagura sintió su abdomen marcado contra su espalda y en ese instante sus recuerdos evocados con tal combinación de caricias la traicionaron cruelmente.

- Mmmm… Sessh- al instante sus cabellos lisos fueron tirados con fuerza y coraje por Musou, quien se sintió humillado al ser confundido de esa manera.

- Quien demonios crees que soy? Maldita estúpida! No te atrevas a hacer eso de nuevo, te quedó claro? Deberías estar agradecida que esté contigo en este momento, muchas darían lo que fuera por salir conmigo, sabías?

- Maldito infeliz, quítame las manos de encima!- le espetó con desprecio, el aludido al contrario, la hizo girarse para abofetearla y dejarle una gota de sangre sobre su labio inferior.

Con el dedo pulgar le rozó lastimándola, seguía encima de ella, le recalcó su nombre al oído, pasó su lengua por su cuello, ella lo intentó empujar, solo consiguió tenerlo frente a frente y aprovechó para escupirle a su rostro.

Una nueva agresión por parte de él no se hizo esperar. Ser un modelo cotizado gracias a su belleza facial no merecía tal humillación, su principal fuente de ingresos era un orgullo para él además de su hombría.

La empujó al suelo e intentó patearla, sólo una vez lo consiguió, ya que la que siguió fue evitada por ella al derribarlo y luego propinarle un golpe que lo dejó inconsciente en la habitación de su mansión.

Se vistió rápidamente y abandonar el lugar lo más pronto posible.

- Ese infeliz era una basura- pensó en sí misma.

Eran las cuatro de la mañana, se fue en su auto y decidió tomar una ducha una vez llegando a su departamento.

Las lágrimas derramadas de rabia al cometer ese error dolían en verdad, porque se comprobaba a sí misma que Sesshoumaru era alguien imposible de olvidar, sin importar lo que hiciese. La inmensa tristeza que sentía la causaba ese hombre, aún le amaba y no podía dejarlo atrás besando otros labios.

En la hora de la comida recibió una noticia. Ese tipo moría en un accidente automovilístico esa mañana, el informante fue su padre.

- Eres una estúpida Kagura, cómo pudiste desaprovechar un partido como ése?

- No digas tonterías. Era un imbécil, se atrevió a levantar su mano contra mí. Era lo menos que se merecía por eso. Menos mal que no iba a permitirle tratarme de esa manera, las lecciones de moa tai resultaron efectivas después de todo.- sonrió maléficamente de satisfacción y triunfo.

- Eso no lo niego, ese sujeto era de un alma podrida, a lo que me refiero es que pudimos apoderarnos de su empresa de publicidad fácilmente para mantener una fachada más. Ahora por tu insensatez lo echaste a perder.

- Sabes?, por un momento creí que le ocurrió eso porque querrías defenderme.

- En efecto, sin embargo debes evitar que una impulsividad tuya como la que cometiste para hacerlo enfadar empañe mis planes, Kagura.

- Tú qué sabes? Estoy harta de todo esto y de tus dichosos planes!- intentó levantarse de la silla pero fue sujetada de la muñeca y obligada a permanecer ahí, esclavizada una vez más.

- Basta! Si te dejas vencer por esa ambición tan obsoleta de pensar en ese Tashio pagarás caro.

De nuevo contuvo las lágrimas y se quedó una vez más como desolada prisionera del tirano abominable que era su padre, el poderoso Naraku Toukizu.

******FIN DEL FLASHBACK********

- Sesshoumaru…- susurró para sí misma –jamás he podido olvidarte.- el dolor se apoderaba de su alma por completo, casi sin dejarla respirar. Entonces, como pudo se levantó para tratar de obtener su inhalador del cajón de su escritorio.


- Buenos días, señor Sesshoumaru.- recibía un saludo de Akira, el hombre de confianza de su padre el sujeto frío de ojos ambarinos. Sólo respondió haciéndole una seña que lo siguiera, se limitó a caminar hacia la oficina de Inuyasha.

- Hay algo que necesito decirte.

- A qué has venido?- le contestó con semblante indiferente e incluso algo enardecido. Le ponía de mal humor que él lo subestimara en ocasiones.

- Debes tener cuidado con los que acaban de firmar uno de sus contratos, en especial los que tiene alguna relación con los Toukizu.

- De qué estás hablando? Conocemos a todos y creo que esta vez estás cometiendo algún error.

- No, señor Inuyasha, su hermano está en lo cierto, aquí precisamente le tengo algunas pruebas que asocian a la firma de Bankotsu Sayuki con los Toukizu.- le extendió una carpeta con documentos e imágenes del dirigente de esa firma con Kanna, la asistente principal de Kagura Toukizu.

- Así que de eso se trata- miró el muchacho de 21 años a su hermano mayor. Tal vez era muy joven pero debía aprovechar su tiempo libre en la empresa por tratar de ayudar a su padre.

- Buenos días- entró una joven de cabellos negros y semblante alegre.

- Kagome, necia, que no te dijeron que estaba en una junta?

- Lo siento, pero esto es demasiado urgente, además me da gusto que están los tres aquí reunidos, Sesshoumaru, Akira.- el frío hombre no respondió, Akira hizo una leve reverencia. –Se trata de Bankotsu Sayu… ki.- se detuvo en seco cuando miró una de las imágenes sobre el escritorio.

- Decías?- contestó Inuyasha sarcástico.

- Lo… lo siento… yo… es que…

- Está bien, gracias de todas formas.- interrumpió el hermano mayor -Sabemos que ese tipo tiene cierto contacto con ellos.

- Sesshoumaru, no entiendo por qué te refieres a la empresa de Kagura como si se tratara de alguien más.

- Eso no importa, el problema es que ese tipo se está relacionando de más con otros de nuestros clientes de manera sospechosa.

- Tu hermano tiene razón. Debemos hacer algo que les impida que nuestros clientes se dejen engañar por ellos.

- Y tal vez yo conozca un plan perfecto para evitar algo así. Verán… - así Kagome empezó a hablar, sus veinte años la convertían en un blanco fácil para las miradas ambarinas de los hermanos, sobre todo para InuYasha, que no podía quitarle los ojos de encima y asombrarse de lo buena que podía ser, incluso más que él mismo.

Sesshoumaru admiró su perspicacia, aunque su rostro siguiera impávido como el hielo todo el tiempo, escuchándola. Supo que entonces la empresa estaba en buenas manos, además de Akira, de quien era seguro que ella estaba aprendiendo mucho, pensó.

Así, transcurrió un buen rato, Sesshoumaru decidió retirarse para preparar una táctica que haría tambalear tal vez a la ejecutora de los planes que creería los iba a distraer, sin embargo él tenía otra cosa en mente.


Pasaron los meses y Lin se convertía poco a poco en una joven encantadora. Pronto sería su cumpleaños número quince y su más grande héroe sólo había asistido una vez a una de sus fiestas anuales en Tokio. Resultaban reconfortantes y alegres, según relataba a sus amigas del internado Anna, Helenn y Rumiko.

***** FLASHBACK*****

Entonces, aquella ocasión fue sólo una coincidencia, lo que ella no supo es que su padre lo convenció que se quedase para estar todos juntos. Kagome, Inuyasha, Totosai, Akira, su esposa Kaede y sus dos hijos estaban con ella también.

En ese amplio jardín estaba un comedor, en el cual estaban todos sentados, cuando de repente había llegado Sesshoumaru, junto a su padre, para darle unas pequeñas notificaciones acerca de algunos detalles de la adopción de Lin, quien cumplía trece años. La niña volteó y sonrió alegre al ver ese hermoso ángel caminando al lado de su protector. No importaba que su rostro destilara frialdad, incluso indiferencia, su piel marfil en la luz del día resultaba mágica ante el perfil que admiraba en él.

Le dieron la bienvenida todos a excepción de su hermano menor, a quien Sesshoumaru detestaba por alguna extraña razón, pero que con el paso del tiempo se desvanecería sin que le diera importancia.

De pronto sentía furtivas e inocentes miradas de la pequeña festejada, que aún no podía hablar mucho por el gran trauma que poco a poco demostraba tener una gran evolución positiva por desaparecer. Entonces ella reía y se sonrojaba cada vez que lo miraba a los ojos, el sujeto frío ni siquiera le tomaba importancia, o eso creía.

Pasaron los minutos y se retiró el hijo mayor de los Tashio, se fue en su Alfa Romeo con una sensación extraña pero que se daba el lujo de ignorar, hasta que vio en una de las calles saliendo de una nevería a tres chicas de la misma edad de la protegida de su padre. Supuso que estarían estudiando igual que ella, empero que la diferencia era que las cosas habían sido difíciles para ella en medio de un gran sufrimiento de perder a su familia.

Sonrió imperceptiblemente al recordar esos ojos avellana que se habían clavado pícaramente en él hacía un rato, entonces se dio cuenta que no podía estar pensando en algo tan insignificante que era capaz de distraerlo de tal forma, que hasta el semáforo en verde había olvidado.

El ruido molesto de otros autos lo despertó de su ensimismamiento, entonces sus pensamientos recobraron la frialdad de siempre y aceleró lo suficiente como para dejar las llantas del auto marcadas en el pavimento.

******FIN DEL FLASHBACK********

Pronto llegó el tiempo para irse a Manchester, la despedida entre Inutashio y su pequeña fue muy triste, pero sería con la promesa de regresar cada temporada vacacional. Sabía que ella estaría bien, ya que envió meses más tarde a resguardar su seguridad con Jaken, un ex ayudante de Sesshoumaru. Tal vez en ocasiones era un tonto, según pensaba Akira pero muy confiable.

El sujeto de semblante helado iba manejando un Alfa Romeo por las calles de Tokio, viendo una nevería recordando aquel día, no había olvidado la fecha exacta del cumpleaños de esa niña, tal vez no le dirigía la palabra a menos que fuera indispensable, pero no por eso dejaba de meterse en su corazón sin que se diera cuenta de ello.

Pronto llegó a un edificio de cristal lo suficientemente alto, pero su expresión gélida siguió siendo la misma, -nido de comadrejas- pensó. Subió preguntando por Kagura Toukizu.

Mientras subía el elevador no tenía la más remota idea de cómo doblegarla sin utilizar sus recursos de conquistador, antaño la hacían delirar, según recordaba, no sabía si el efecto sería el mismo o no ni tampoco le gustaría del todo averiguarlo, una mujer como ella podía ser un gran trofeo para muchos, pero lo que en su oficina encontró le provocó cierto desconcierto a pesar de no demostrarlo.


- Sesshoumaru…- susurró para sí misma, sosteniendo una copa de cognac – jamás he podido olvidarte.- las lágrimas agolpadas en sus ojos fruto de su rabia dolían como si fuesen de sangre. Arrojó con fuerza el vaso de cristal al suelo quebrándolo, su corazón estaba aún hecho trizas, su libertad nula, el peso de una empresa fraudulenta y los planes ambiciosos de su padre sobre sus hombros eran demasiado para ella.

Por un instante perdió las fuerzas de sus piernas, dejándose caer de rodillas al piso. Descargó tantos años de tristeza y desolación en esas lágrimas tan amargas. No era muy común que llorara, sólo cuando recordaba a ese hombre de cabellera de plata con tanto dolor se ponía así. No era suficiente dirigir una empresa en la que diariamente podía incrementar su egocentrismo, nada podía llenar ese vacío en su alma. Todo intento resultaba inútil.

- Sesshoumaru…- lo miró casi atemorizada, tenía un poco de sangre en la mano.

- Kagura… Kagura Toukizu.- la miró con su misma expresión fría. Ni siquiera había pedido permiso para entrar a su oficina, según quería sorprenderla, pero quien estaba un poco sorprendido por lo que encontró fue él.

- A qué debo tu visita? Tenemos mucho tiempo sin vernos.- le dijo fríamente cuando reaccionó de pronto, levantándose y limpiando sus ojos de lágrimas.

- Te encuentras bien? Estás sangrando…- tomó su mano con sumo cuidado para no lastimarla.

La mujer de mirada escarlata no podía hacer nada, estaba estática ante la actitud del hombre que se suponía ya no existía en su vida más que en recuerdos tristes.

Los instantes que se sintieron uno al otro de nuevo casi fueron eternos, ella conservaba la mirada en el suelo, de pronto lo miró a los ojos y pensó en sí misma –un espejismo-.

Entonces se dirigió a una vitrina de caoba al fondo de su gran oficina, sacando un pequeño botiquín, casi ignorando a Sesshoumaru, como si fuera un fantasma. Se sentó del otro lado de su escritorio y lo invitó a sentarse, el sujeto de ojos dorados esperaba gritos, reclamos, un intento de seducción, pero no aquello, estaba siendo demasiado cordial y distante, pensó. Prefirió dirigirse a ella para ayudarla en su herida, viendo que a ella se le hacía un poco difícil tratarse con una mano.

Sesshoumaru estaba siendo casi como un profesional al maniobrar en la curación. Ella estaba con la expresión bastante seria.

- No te muevas.- ordenó casi dulce.

- Donde aprendiste a hacer esto?

- Después de la preparatoria y antes de la universidad fui a unos cursos de primeros auxilios en un hospital de Brooklyn, allí realicé labores de servicio antes de ingresar a la universidad. Debía hacer un servicio social alterno antes de iniciar los cursos, lo encontraron bastante peculiar pero al fin y al cabo no dijeron lo mismo cuando el rector tuvo un pequeño accidente encontrándose a kilómetros de distancia de un hospital.

- Entonces me dejaste por ir a curar accidentados y ayudar a niños?

- No fue así, Kagura. Nuestra relación no tenía futuro y lo sabes. Por lo menos a mi no me hubiera gustado casarme sólo por cuestión de negocios.- dijo esto dirigiéndose del otro lado del escritorio de su interlocutora.

- Entonces nunca me amaste en verdad. Lo supuse. Aún así te entregué mis mejores años, Sesshoumaru.

- Entonces si lo sabes no entiendo por qué insistías en retenerme a tu lado.

-Porque fui una tonta. Lo lamento. Pero no tiene caso que sigamos recordando todo no crees? Dime, a qué has venido? Seguro no fue para recordar viejos tiempos.

- Vine porque necesito saber qué tramas.

- No sé de qué hablas. Lo que hagas o dejes de hacer ya no es de mi incumbencia, eso lo tengo claro.

- El que lo tengas claro no significa que lo hagas. Te advierto que si te entrometes en mis asuntos te irá mal Kagura.- se puso de pie para marcharse, notando una expresión extraña en el rostro de ella.

Casi quedaba convencido de que no sabía nada, pero se percató de un papel que confirmaba todo. La presencia de alguien, mejor dicho.

- Sesshoumaru, espera…- se levantó presurosa de su escritorio para seguirlo y tomar su hombro. – Me… alegra ver que estés bien, tú sabes, luces… genial.- le dijo con una sonrisa melancólica e incluso hasta inocente.

- Tú no te veías tan bien que digamos cuando entré. No sé qué sea lo que te ocurra, pero sé que puedes ser muy fuerte como para afrontarlo. Suerte.

Había entrado al despacho sin escuchar el cúmulo de sentimientos que ella guardaba aún en su interior durante todos esos años, sólo alcanzó mirar las lágrimas de su rostro y la sangre de su mano. Se despidió de ella con un beso en la mejilla, salió del edificio lo más pronto que podía. En realidad ahora Kagura le causaba compasión. Pero si tenía planes para sabotear su empresa era mejor tomar medidas, no debía confiarse ahora menos que nunca.


CONTINUARÁ