Los personajes le pertenecen a S. Meyer, la historia si es de mi pertenencia.
Espero les agrade y perdón por el retraso. Sin más que decir ahí va el siguiente cap.
Complicaciones
El timbre sonó y pensé que Ángela tal vez se le había olvidado pero aquella mujer de ojos azules y cabellera rubia no era mi amiga.
Aquella poseedora de una envidiable silueta me miraba entre avergonzada y aliviada a la vez. Me entrego una sonrisa apenada y yo se la devolví para darle ánimos a hablar.
- Gracias al cielo, creí que todavía no se habían mudado a esta casa. Mi nombre es Rosalie Hale y mi auto se ha quedado sin combustible en la carretera. Esta es la casa más cercana a kilómetros. Solo quería prestado su teléfono, si no es mucho pedir.- su forma de expresarse podía ser tomada como altanera, pero si escuchaban detenidamente y claro, viéndole a los ojos podías descubrir que le costaba pedir favores pues parecía ser una persona insegura y desconfiada.
-No hay problema por eso. Mi nombre es Isabella Swan, aunque prefiero que me digan Bella. Ah, pasa por favor, siéntete en tu casa.-dije amablemente, no tenía porque ser recia con ella, además si lo hubiera no hubiera funcionado.
-No se como pase por alto cargar mi auto, y en verdad lamento el venir a tu casa a incomodar- Sonrió. Se veía buena persona. Quizás si otras hubieran sido las circunstancias de mi vida, hayamos podido tener una gran amistad, pero ya es tarde.
Tres años tarde.
-Nadie es perfecto Rosalie. Bueno supongo que necesitas hacer la llamada, el teléfono esta en la pequeña repisa – no quería entretenerla. Tampoco encariñarme con ella. No era necesario hacer vínculos de amistad cuando… has decidido morir.
-Oh claro Bella, por curiosidad ¿Cuál es tu edad?- la forma en que pregunto me indicaba que no solo era curiosidad, algo se estaba formulando. No supe en ese momento que era y el gran acontecimiento que se acercaba si dejaba al descubierto mi edad.
-Tengo 17 años y debo decir ¿sólo por curiosidad?- le decía mientras ella digitaba números.
-sana y pura curiosidad- pronuncio al terminar de marcar – pura y sana – su sonrisa se ensanchó al doble que lo llevaba.
Esa respuesta me dejo en shock, que rayos había sido eso, un escalofrío recorrió mi espinal dorsal cuando escuché esas palabras. Tal vez debería dejar de ser melodramática, pero no me gustó el hecho de que estaba tramando algo, y lo peor, me involucraba directamente.
-Hola Emmet ¿adivina bebé?, estoy de entrometida en una casa porque mi auto se quedo sin combustible- su voz me regresó al mundo real y escuché un nombre peculiar. Emmet. El mundo, o mejor dicho Forks, si que era realmente pequeño.
-¿cómo llamarte del móvil si lo rompiste ayer tonto? Ven por mí inmediatamente. Estoy en la única casa que esta cerca de mi coche. Y, Emmet el coche esta en la carretera, a 20 minutos de tu casa ¿entiendes? - decía burlescamente. No quise parecer entrometida o chismosa mejor dicho, por lo cual decidí salir directo a la cocina, aunque ya había escuchado más de la mitad de la conversación.
¿Qué había detrás de esa sonrisa?
Quería saber que había pensado, no me consideraba una persona muy curiosa, pero notaba que Forks te cambiaba en algunos aspectos.
No se como, ni en que momento tome aquel cuchillo. Lo único que noté fue la sangre manchar el piso, el olor a oxido y a sal y el débil dolor en la palma de mi mano.
Estúpida, mil veces estúpida.
Solté el cuchillo para inspeccionar la herida, pero el olor de sangre me mareó. Había olvidado que ante la sangre me pongo susceptible. Trate de dar un par de pasos pero Rosalie acababa de sujetarme y me ayudaba a sentarme.
Gracias por todo Rosalie, no se en que estaba pensando – mentira. Ya estaba empezando con mi rutina. Aunque en cierto modo era lo único que se me ocurría siempre.
-Dime Rose, Bella. Todos mis amigos me llaman así. Y es lo mínimo que puedo hacer. Además de algo tiene que servir que mi futuro suegro sea doctor.
Escuché un claxon proveniente de la entrada. Rose sonrió.
-Ese es mi llamado- rió, pude ver que sus ojos tomaron un brillo especial.- Bella cuídate esa mano, por cierto, un día de estos te voy a visitar para que conozcas a una amiga, te va a encantar y además van al mismo instituto.
- ¿presentarme a una amiga?... claro no hay problema. Te acompaño hasta la entrada.- Tal vez fue eso lo que había estado tramando, pero era algo que no había planeado. No necesitaba más gente que se involucre conmigo.
Caminamos y yo me quede asombrada cuando vi que en la entrada le esperaba un gran jeep. Y pues ver un jeep en el pueblo más recóndito del país si que era para asombrarse. El conductor nos saludo con una mano y pude compararlo con la descripción del Emmet que conoció Ángela. Y si encajaban.
Rose me dio un beso en la mejilla y me regalo su mejor sonrisa. Solo pude devolverle la sonrisa porque mi cuerpo ahora estaba en automático. Caminó como solo ella sabía e ingreso al majestuoso auto. Quizás estaba exagerando pero ya daba igual. Ingrese a la casa y aún no cosería que había sucedido. Me dirigí a la cocina por un vaso con agua y mi mano vendada. Aún no sabía con exactitud como sucedió el incidente con el cuchillo, pero ya no me preocupaba mucho, ya que en Phoenix me sucedían cosas similares.
-No falta mucho para nuestro reencuentro.
Bella, Bella.
Mire mi reloj de noche, marcaban las dos de la madrugada. No había podido dormir porque llevaba tres días sin ver a Edward y mi madre no me quería dar explicaciones. El miedo que sentí cuando Renée me prohibió salir a verlo seguía calando mi médula.
Un ruido me regreso a la realidad, y noté que alguien al otro lado de mi ventana tocaba en ella suavemente. Me levante y abrí silenciosamente la ventana. Quizás presentí que se trataba de él, o es que en realidad yo era demasiado ingenua para pensar que era algún tipo de peligro. Pero tal como mi corazón lo sintió, se trataba de aquel dueño de esos hermosos ojos verdes.
-Bella…-escuchar su voz después de esos días era como despertar de una larga pesadilla. En el podía ver sus profundas ojeras pero a la vez sus labios con aquella sonrisa perfecta que me engatusaba.
-Edward, te e extrañado tanto, Renée no me deja salir a verte, no entiendo porque…-las traicioneras lágrimas salieron de mis ojos y un nudo en mi garganta me impidió seguir explicándole. Sentí sus brazos rodearme con fervor y se lo agradecí internamente.
-Bella no llores, ni Renée ni nadie nos va a prohibir vernos, entiendes.- su voz se oía seria, ronca y profunda. Algo más estaba sucediendo. Algo de lo que Edward sabía pero que no tenía planeado contarme.
Desde que éramos pequeños nuestras familias fueron unidas. Cuando mi padre Charlie aun estaba vivo siempre nos insinuaba que Edward y yo debíamos ser pareja de grandes, que no había otra persona que pudiera protegerme más que él. Los Masen también pensaban igual aunque Renée nunca haya hecho comentario alguno. Era ilógico que ahora pretenda separarnos cuando siempre nos mantuvo unidos sabiendo que tarde o temprano nos íbamos a ver más allá que amigos o hermanos.
-Te creo Edward, pero tengo miedo. Que debo hacer sin ti, nunca e podido estar sin ti durante mis 14 años no creo poder hacerlo.-le mire a los ojos cargando en ellos todo el amor que sentía para que pudiera sentirlo.
- No sientas miedo, no va a pasar nada. Todo regresará a la normalidad, Renée no lo va a impedir.- me besó, sentí que el también tenía miedo, me abrazó y un suspiro soltó luego. Me dedicó su mejor sonrisa aunque sabía que lo único que intentaba era tranquilizarme.
-De acuerdo, ¿es una promesa verdad?-pregunte sonrojada tomándole de ambas manos. Paso una mano por sus cabellos, recordé que eso lo hacía cuando estaba nervioso o preocupado, me miró tiernamente y me besó nuevamente. Nunca escuché la respuesta a mi pregunta. Pero fue lo mejor, no me hubiera gustado que él rompiera su promesa, ya que no había forma de cumplirla.
-Bella, te estaba preguntando si me podrías acompañar a comprar las últimas cosas para mi viaje – Ángela estaba sentada en el sofá mientras que me observaba detenidamente. Yo sin embargo trataba de ignorar su insistente mirada con un libro.
- claro no hay problema en ello, ¿Cuándo quieres que vayamos?- cerré el libro, y mi volví a atar el cabello en una cola.
-Que te parece ahora, para ir a distraernos un rato- sonrió y no me quedo más opción que acceder a su petición, al fin y al cabo, sería una de mis últimas salidas.
Caminamos lentamente hacía la entrada de la casa, el silencio presente era uno que no incomodaba, miré hacia el cielo y pude ver que el crepúsculo estaba muy lejos aún. Sonreí sin querer, tal vez por el hecho de que el día de hoy había sido interesante.
Cierto sentimiento estaba creciendo en mi pecho desde que pisé Forks, pero decidí ignorarlo, lo único que quería realmente era estar nuevamente junto a él. Y sabía que la única forma de hacerlo era optando por la decisión que tome.
- ¿A si que la tal Rosalie también va al instituto?- la mire sabiendo que lo único que intentaba era que me interesara más en Rose, posiblemente deseaba que se convirtiera en una amiga con quien pueda sobrellevar mi estadía aquí.
-Me dio la impresión que no, pero tiene una amiga en el instituto, ella prometió presentármela, advirtió que me iba a encantar, supongo que eso esta bien.- rió, sabía que la noticia la alegraría. Traté de sonreír pero eso ya era mucho pedir.
-Por cierto, Jacob esta molesto contigo. Aún espera tu llamado o aunque sea un mensaje. Le dije que has estado muy agotada y ocupada pero no me ha creído. Creo que deberías hacer algo al respecto si quieres que te envíe tu querido auto.- estaba distraída pero escuché claramente el final. La miré confundida y es que fue una verdadera sorpresa que Jacob quisiera enviarme mi auto, ya me estaba haciendo una idea de que debía venderlo o algo así.
-Mi auto, extraño manejar. Luego tendré que hablarle o es capas de chocar mi Audi contra un poste y mandármelo así.- miré por la ventana por dar la conversación zancada.
-¿Qué te aparece hablarle justo ahora?, insiste en que le llames lo más pronto posible. Sabes que se preocupa por ti, y de verdad me está colmando la paciencia. – había extendido su mano en mi dirección, en la cual estaba su celular. Lo único que pude hacer fue recibirlo.
Solo debía decirle que mandara mi auto y ya. Aunque estaba claro que no iba poder disfrutar de mi Audi Cabrio A5, al menos iba a conducirlo por última vez. Pero aparentar para Jacob era muy difícil. Sobretodo si lo conoces desde que vas a la primaria y sabe cuando digo mentiras.
Iba a ser complicado, este era un día complicado.
Ang-bellz! debez felicitarme x fin puse la conti de este fic xD"!
wnO esO es todO solo dejen R.R
