Capítulo III
– ¿Se puede saber que fue eso, James? – grito un molesto Remus cuando hechizos contra cualquier tipo de personas indeseadas fue colocado en el aula ya no tan bacía.
– Pe-pero... ¿que?- articulo Harry, sorprendido por la pregunta.
– Cornamenta, lo que lobito aquí quiere decir es porque hiciste una pregunta tan estúpida que tiene una respuesta aún más estúpida. – señalo Sirius, sentándose en una baca vacía con una manzana en la mano.
– No necesito tu ayuda Sirius. – gruño Remus, quien parecía no poder quedarse quieto. Sirius tan sólo murmuro algo referente al raciocinio inexistente de Lupin en esos momentos.
– Pero Camila me dice que Evans y yo salimos y... – intento hablar James.
– ¿Puedes dejar de hacer eso?
– ...
– Deja de hacer el tonto, sabes perfectamente bien que nunca saliste con Evans.
– No entiendo.
– No es de extrañaste. – respondió Remus mordazmente.
– Hey, hey. El chico se golpeo en la cabeza con una blodger, Remy. Ahora Cornamenta, te ayudare a recordar. – Harry centro su atención en Sirius mientras Remus parecía calmarse un poco. Sentía que todo era confusión para sus pobres neuronas, podía jurar oírlas quejarse por tanto trabajo en menos de quince minutos. Esa es solo una manera diplomática, a medias, de decir que Harry es medio tonto. Aunque con tan poca información ¿quien no se sentiría así? – Nuestro querido Snivellus trato de convencer a su socialmente estimado padre para que Evans le fuera prometida en matrimonio cuando nos graduemos. – explico el desheredado Black, mordiendo su manzana.
– ¿Que? Pero ¿Snape con mí... con Evans? Eso no puede pasar. – dijo Harry, entrando en pánico. Si su madre se casaba con Snape, Harry no nacería. Si Harry no nacía, no habría elegido. Si no había elegio ¿quien mataría a Voldemort? quien convencería a Ron de que Hermione era su mitad perfecta? Quien evitaría que Fred muriera? Quien se comprometería con Ginny?
– Calma, ya sabemos que no. Por eso tomamos la decisión de que Evans y tú fingieran un noviazgo, diciendo que un matrimonio había sido arreglado para cancelar de frente las intenciones de la bola de grasa. Tus padres ayudaron. Eso es lo que debió de borrase de tu mente con la miserable blodger que casi te rompe la cabeza.
Letra por letra, cada palabra fue entrando con dificultad por el pequeño agujero diseñado en su cabeza como engullidor de cosas que todo ser humano necesita saber, para luego ser analizadas por su cerebro y comprobar que ¡SI! era un mensaje lo que había escuchado. Y NO, no se había encontrado coherencia en dicho mensaje y aún tenía que pasar por el departamento de "Repítemelo Otra Vez (ROV)" para poder entenderlo. Así que Sirius, con una impecable paciencia, volvió a repetir lo dicho. Fue entonces, cuando el mensaje fue digerido con placer en su cabeza por sus cansadas células, que Harry comenzó a ser completamente conciente de la situación que tenía delante. Hasta pudo sentir el lugar en el que la blodger había golpeado la cabeza del cuerpo que ocupaba.
– Entonces... mi pad..Yo y.. Evans ya no fingimos ser pareja. – pensó en voz alta. – ¿Porque?
– Pues, después de descubrir que Lily es mitad veela en verdad no había sentido en seguir actuando una farsa tan absurda como esa ¿no crees?- respondió Remus, por primera vez saliendo del voluntario aislamiento hacia la conversación entre sus dos mejores amigos.
Si Harry alguna vez había pensado que nunca en su vida podría lucir una cara de estúpida sorpresa apreciada a las de Ron, en ese momento se anulaba ese pensamiento. Aunque fuera la cara de su padre la que portara tan nada favorable expresión. ¡Mitad veela, su madre era mitad vela! Sorpresa no se acercaba ni en lo más mínimo a lo que sentía en esos momentos. Sabía pocas cosas sobre magos mitad veela, quienes tan sólo compartían especiales cualidades con las velas de sangre pura, si es que se les puede llamar de tal forma. Pero ¿como? pensó. Fue lo que también pregunto en voz alta.
– Creo, querido Cornamenta, que eso se lo tendrás que preguntar a nuestra amable Evans. – respondió Sirius levantándose de su silla, quien no parecía tan sorprendido como el mismo Harry. Al parecer no había tenido en claro la situación, pero lo había sospechado. – Debido a que nuestro querido Remus no quiere abrir el pico.
– ¿Remus?
– No James, Lily no me ha dicho nada, por más que Sirius diga lo contrario. – dijo Remus. En un instante pareció recobrar la molestia que había tenido cuando entraron al aula. – Si hablas con ella no hagas nada por lo que me tengas que responder, James. – le amenazo como tan sólo Remus podía hacerlo: logrando un efecto completo y el mensaje directamente recibido.
Antes de que Remus saliera del aula, al escuchar la campana que anunciaba el inicio de la espera a la primera clase de la tarde, Harry no pudo evitar preguntar. – ¿La quieres?
El licántropo se paro en seco, dándole aún la espalda, y por un tenso momento medito su respuesta para luego volverse y responder. – Es mi mejor amiga, James, no me pidas que no le tenga cariño por más que pienses poder casarte con ella.
Harry asintió con la cabeza. Tomo su mochila y se propuso salir cuando la voz de Sirius lo detuvo.
– James, porque a Lunático siempre le cuentas tus secretos y a mi no. – Harry lo miro confundido. – Nunca me dijiste porque habías dejado de fingir ser novio de Evans¿como podías seguir si no eres el destinado de una mitad veela? – respondió con la lógica correspondiente. Harry, en el cuerpo de su padre, tan sólo lo observo salir sin poder atinar moverse.
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La campana señalando el inicio de la primera clase de la tarde, y la tardanza de cual estudiante llegara después de esta, lo saco de su ensimismamiento. Todo estaba tan retorcido. Había escuchado sobre magos mitad veela, pero nada que contuviera hechos comprobables. Por un momento pensó en escribir a Fleur, la novia mitad veela de Bill, pero luego un mofosa voz en su cabeza le recordó que probablemente ella aún no nacía. Así que decidió no atender a su clase y con un resignado suspiro, Harry salio del aula bacía, dirigiéndose al único lugar en el que esperaba obtener respuestas.
No pudo evitar reírse al imaginarse la mirada indignada de Hermione y la de total apoyo de Ron si supieran lo que estaba haciendo en esos momentos. Saltarse la clase de Defensa Contra Las Artes Oscuras era algo que por lo general no era pensable. Aunque claro, ir a la librería voluntariamente no era algo que Hogwarts vería muy seguido, mucho menos en Harry. Así que imagino que el apoyo seria de Hermione ( a medias) y la indignación le tocaría a Ron. Ginny seguramente lo hubiera acompañado de poder hacerlo.
Entro al "recinto de la imaginación y la sabiduría" ( como madame Pince insistía en llamar al nido de polvorientos libros), comprobando que la bibliotecaria, no importaba en que tiempo, siempre recibía a los estudiantes como un padre celoso recibe al novio de su hija. Pensándolo bien, tal vez la bibliotecaria era más intimidante.
–¿A que sección iría si fuera a buscar un libro sobre magos mitad veelas? – pregunto Harry a la bibliotecaria, ignorando la mirada fulminadora que esta le dirigió por disturbar su adorado silencio.
– Pues yo ni siquiera preguntaría, señor Potter. – respondió escuetamente la mujer, volviendo a su hoja de pedidos para nuevos libros que actualizarían la colección de aburrimiento. Harry ni siquiera parpadeo.
– Ah, ¿porque? – pregunto, recibió tan sólo un suspiro de fastidio.
– Señor Potter, vaya por favor a hacer el tonto en la sección de comedia, estoy segura que ahí encontrara algún personaje interesante para su intelecto.
– Pero yo no me estoy burlando, tan sólo quiero saber donde...
– Un mago como usted señor Potter sabe perfectamente que no hay libros sobre ese tema, y nunca los habrá. Ahora si me dis–
– Entonces ¿donde se explica porque no hay libros sobre el tema?
– El tema es demasiado... complicado y puro, James Potter. Además, tan sólo una mitad veela puede hablar sobre el tema con libertad. – murmuro la mujer, notoriamente enfadada ante tanta persistencia por parte del adolescente.
– Si, claro. Gracias– musito Harry, apurándose a salir de ahí en segundos, presentía que la bibliotecaria podía hacerle algo más que correrlo para siempre de la biblioteca.
El dilema cada vez se tornaba más complicado. Si el tema no era muy conocido, y completamente ignorado por cualquier escritor, ¿como se podía saber que los mitad veela tenían un... destinado (pasando por completo el hecho de Harry no tenia ni idea de que diablos eso significaba)? Era una total incoherencia. Completamente ridículo a sus ojos. Al parecer tendría que hablar con su madre, porque el no regresaría a su tiempo hasta no estar seguro de que iba a nacer. De paso intentar convencer a su madre de tener hijos hasta que tuviera veintitrés años, así se ahorraría muchos problemas.
Y así, con más preguntas que respuestas, ecuaciones de un mundo futuro que podría no existir si no se efectuaba un mayor cambio en ese mismo instante, y un sofocante sentimiento de estar dejando de ser quien era con cada cosa que descubría de ese pasado del que entonces era parte; Harry se dirigió al único artificio que podría ayudarle a encontrar a su madre. El Mapa del Merodeador. Cual seria su sorpresa cuando este, con una dama acompañante, lo encontró a el.
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Lily Evans en definitiva no estaba teniendo uno de sus mejores días, afectando su ya gastado buen humor que parecía estar cayendo en picada desde hacia más de dos meses. La señora Pomfrey, después del rendimiento disminuido en su clase de curaciones mágicas, se había mostrado preocupada por la chica. Pero pronto esa preocupación se fue esfumando cuando dicho rendimiento parecía no querer unir fuerzas y firmar un contrato de paz con su pelirroja alumna. Y ahora cada día en su clase, para infundirle apoyo, le daba más trabajo del que incluso la enfermera admitía haber tenido en sus tiempos de estudio. Lily no se atrevía a preguntar porque, la lógica no aplicaba en el caso de la testaruda enfermera.
Además a eso se le añaden sus dos mejores amigas que estaban, en cuestión de amores, más perdidas que la propia Lily. Cosa que debería procurarle a cualquiera. Primero tenía a Amber, quien aventaba cielo y mar por Remus Lupin pero era muy orgullosa para admitirlo. Y después estaba Victoria, quien disfrutaba de una relación de amigovios con Sirius Black y como consecuente le queda el corazón roto en pedacitos cada vez que el chico coqueteaba con otra fémina. Pedacitos que su amiga recogía para la siguiente vez que Sirius decidiera que la etapa de amigos ya no aplicaba, hasta que en dos o máximo cinco días decidía que dicha etapa volvía a ponerse en pie. Un ciclo masoquista periódicamente estimado casi por ambas partes que Lily no podía entender y mucho menos aprobar. Entre las tres se infundían consejos que por lo general terminaban siendo abandonados, en el remoto caso de que llegaran a tomarlos en cuanta. Sabían que en el momento decisivo, individualmente tendrían que tomar su propia decisión, consejos o no de por medio. Aunque en ese aspecto, Lily era quien las llevaba de más urgencia.
Eso de ser mitad veela, aparte de ser algo extremadamente raro, era demasiado complicado para la vida que hasta en ese entonces había llevado. Enterarse de buenas a primeras que eres adoptada, que tu padre biológico te heredo ese llamado don por el que tus amigas te admiran y que además tendrás una pareja destinada por el resto de tu vida no es en definitiva lo que uno nombraría " la cosa más fenomenal que podría pasar en la vida". Si, cierto era que su nivel de magia natural había incrementado de inexistente hasta medianamente alto y que con eso había adquirido las habilidades curativas que la habían llevado a ser una medimaga clase 6. Pero ser la pareja destina de... de el muchacho más inmaduro en toda la época en verdad era lo que menos había esperado. Porque ella sabía perfectamente quien era su "destinado", aquel otro ser con quien compartiría su vida hasta que su mitad veela junto con la mitad mago humana muriera. Había sido todo un viacrusis para Lily el día en que se había despertado viendo el color de aura y corazón de cada una de las personas con las que se cruzaba por los pasillos. Ese periodo era llamado el periodo de reconocimiento. Aconteciendo tan sólo para que la mitad veela reconociera a su destinado. Sabia, por lo que le había instruido otra mitad veela que Dumbledore había mandado llamar al enterarse de las circunstancias, que su destinado debía tener exactamente los mismos colores de aura y corazón que ella.
Al verse a si misma había visto un color verde esmeralda, parecido al de sus ojos, y un verde más claro como el color de su corazón o al menos una manchita de ese color en el lugar donde su corazón debía de estar. Por poco se va de cabeza cuando al ver a Lucius Malfoy vio un verde muy parecido al suyo, que por suerte resulto ser un verde más opaco. Sus pulmones se habían quedado sin aire y su estómago dolorido de la risa cunado vio que los colores de Snape era un rosa chillante y de Filch un blanco puro. Lo que la hizo pensar fue ver que Dumbledore tenía un aura color negro, inexplicablemente su corazón tenía un color turquesa muy hermoso. Pero la dicha de ver las auras de los demás duro poco, porque en el momento el que sus ojos se posaron el aura de... el. Su parte veela supo que había reconocido a su destinado. De eso hacia ya dos semanas.
Lily se paro en seco en medio en el pasillo, ignorando al fantasma del monje que la atravesó sin anticipar tan súbita parada. No tenía que volverse para saber quien estaba detrás de ella. Un persona que caminaba, según parecía, con la vista baja pero con paso apresurado. Su instinto de veela, junto con su corazón, acelerando en intensidad con cada respiración. Pues esta persona, cuya aura se podía confundir con la propia de Lily y cuyo corazón tenia el mismo color verde claro, también era dueño del pedazo de pergamino que Lily tenía en las manos. El pedazo de pergamino que en esos momentos identificaba a James Potter parándose súbitamente a poca distancia de Lily Evans.
