UNA RARA ENFERMEDAD

UNA RARA ENFERMEDAD

CAPÍTULO 3-- Mi primer amor tú

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Yamato no tenía ni idea de dónde sus hermanos se podían haber metido toda una noche, no quería ni imaginárselo, estaba de acuerdo con que estaban creciendo, que la adolescencia era, tal vez, la etapa mas dura que un ser humano podía pasar, pero para él, su hermano mayor, su tutor, su actual padre, se preocupaba por ellos, y si ellos tenían problemas, él los tenía también, si lloraban, él dejaba un mar de agua salada correr por vivir lo de ellos... por vivir para ellos... no sabía cómo viviría sin ellos, ni lo quería averiguar...

Se levantó de la mesa, dejó el suficiente dinero como para cubrir la cuenta y la propina y se alejó de ahí.

Taichi lo había convencido de que sus hermanos eran jóvenes que se querían ir de parranda, rebelarse ante las normas de la sociedad y, de cierta manera, Yamato ahora comprendía que tenía razón, pero no ahora, no en esa situación que era demasiado difícil.

Por todos estos pensamientos e inseguridades, pesadillas que no quería verlas hechas realidad, fue por eso que su amigo, le sugirió irse a platicar a una cafetería, un lugar solitario donde no los molestarían, y más si ese lugar era propiedad del padre de Daisuke Motomiya, un viejo amigo de sus hermanos, así como su padre lo fue del siempre silente señor Ishida.

Solamente quería un poco de paz, de cariño, cero estrés, cero problemas... sólo pedía un poco de amor...

Los problemas nunca le faltarían, y menos cuando su celular sonó en pleno camino a su mansión.

Hola? –del otro lado, una voz femenina, pero un tanto amargada le contestó... definitivamente los problemas eran su vida, pero si éstos fueran monedas, él tendría para alimentar al mundo entero.

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El encuentro con los pequeños Ishida le removió algo dentro que ya estaba enterrado, un sentimiento que ya no quería recoger porque fue pisoteado de la manera más vil y tal vez ellos no tenían la culpa, pero quién le quitaba de la mente: "Son Ishida", a pesar de haberlos visto casi crecer, de conocerlos, de cuidarlos, de ser su confidente en numerosas travesuras, a ella le seguía doliendo, la herida amenazaba con abrirse...

Sora Takenouchi no era la misma de hace seis años, ya no era la que daba el todo por el nada, ya no iba a dar cariño sin recibir lo mismo, su mejor amiga se lo había dicho: "el corazón es una máquina sensible y distinta a las demás, el corazón derrite al mas duro hielo, pero él mismo muere al ser tocado por un cubo de hielo", y su corazón ya estaba más que derretido para ella, no conocía otro que estuviera igual o en peor estado que el suyo, aún no existía corazón más hueco y sin esperanzas que el que estaba dentro de su ser.

Se revolcó otro tanto en su cama. Nunca había agradecido tanto que el incompetente mecánico que se encargaba del servicio de su auto e intentaba seducirla cada que se lo topaba, llamara en el preciso instante que dejó a Ken y Takeru en su casa y la invitaran a entrar, con la noticia de que su auto ya estaba listo y podía irlo a recoger cuando quisiera, claro, con su vocecilla insinuante de siempre.

Eran ya un poco más de las siete de la tarde y el cansancio se hizo presente de tanto estar pensando en el mismo asunto, se sintió harta de pensar en el pasado, de compararse con otras personas... estaba simplemente harta del amor... sí, el amor. El sueño la venció separándose de la realidad para ir más allá.

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Cansado y harto de meditar llegó a su residencia, dejó su auto y se internó en casa, ya si sus hermanos no habían llegado, era ya el colmo, pero se topó con Sumiko, su niñera... ejem, ama de llaves de la casa y niñera de SUS hermanos.

—Sumiko, ya llegaron T.K. y Ken? – Sorprendiendo a la mujer por su estado, sólo contestó con un asentimiento, lo demás era de saberse.—Gracias.- y subió por las escalinatas, se dirigió a la puerta de la habitación que aún compartían sus hermanos. Se quedó quieto, tomó aire, y abrió la puerta escandalosamente asustando a los interinos.

Yamato! – dijeron al unísono

—Hasta que los "señoritos" se dignaron a aparecer!- gritando irónico—Bien, quien me va a dar las explicaciones? – Cruzado de brazos sustituyendo la cara fatigada por una más dura e indescifrable. — Por qué no empiezas tú Takeru?- conocía los defectos y las virtudes de sus hermanos, y la inteligencia de Ken estaba por encima de la de él. No lo harían tonto esta vez.

De-de acuerdo... – nervioso giró su vista a Ken quien le dio un leve asentimiento— Lo que pasó fue que... – y empezó el "relato".

Ambos chicos soltaron un suspiro de cansancio y tristeza, ese día había sido muy divertido, más que cualquier día con su hermano mayor, más que un costoso viaje al extranjero, ese día y la persona en especial, lo recordarían por el resto de su vida, Ken y Takeru ya no se preocupaban de cómo los recibiría Yamato, Sora les había dado un abrazo y un beso, y eso era lo que les bastaba para sobrevivir hasta el próximo encuentro con la pelirroja.

Takeru sonreía inconsciente mientras comía lo que Sumiko, su niñera, les había preparado, pero lo que lo sacó de su meditación fue un chistido de Ken.

T.K., shit, T.K...- Hablaba por lo bajo el azulado

Qué?- contestó imitando el volumen

Por favor no digas que... – echó un vistazo a todos lados desde la cocina, Sumiko no tardaba en llegar después de ir al baño—No digas que estuvimos con Sora, inventa cualquier cosa, pero no le digas a Yamato... de acuerdo? –Y la única respuesta de su rubio hermano fue un asentimiento

Y bueno, esa es toda la historia – Concluyó Takeru con una enorme sonrisa y mirando a un punto cualquiera, pensando ingenuamente que Yamato no sospecharía nada después de su gran relato.

Yamato y Ken lo miraban fijamente, el rubio tenía cara de desconfianza, mientras que el otro cubría con sus manos su rostro decepcionado.

Es todo, Takeru? – Asintió –Bueno...están castigados – y con esta frase borró toda felicidad de Takeru, y Ken... ya se lo veía venir. —Linda historia, eh? –Sarcástico—Hablaremos mañana.- E inmediatamente que Yamato salió, una almohada se estampó en la cara de Takeru.

—Quéééé? – incrédulo después de su historia tan "realista" de las cosas.

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El timbre de su puerta había estado sonando desde hace rato, cuando escuchó un par de timbres pensó ingenuamente que la persona se iría y ella volvería a dormir, pero fue todo lo contrario.

Arrastrando los pies fue hasta la puerta, ni siquiera miró por el agujero, sólo abrió la puerta de mala gana encontrándose con un gran arreglo de flores.

Hola, preciosa...- fue lo que un lindo rostro que emergió detrás de las flores dijo.

El rostro de Sora no pudo más que alegrarse de esa grata visita... tal vez la palabra amor tomara un rumbo distinto al de desaparecer de su diccionario...

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Hermano...- pronunció un chico tirado en una desordenada cama mirando al techo— Por que te gusta tanto estudiar?- frustrado de verlo siempre con libros en las manos.

No es que me guste Kouji, es que TENGO que estudiar – Le contestó su hermano sentado frente a su escritorio sin dejar de escribir. Pasaban de las dos de la tarde, de un sábado a las dos de la tarde y Kouichi estudiaba como loco— Tú deberías hacer lo mismo...

Para qué? Ya perdí este semestre...para qué estudiar cuando has sido expulsado de la preparatoria?- hablando con una simplicidad que fue tomada como "peligro" para su hermano.—No es para tanto... - soltando una risilla desvergonzada.

Kouji, hermano, de verdad que no te duele ni tantito? –Kouji negó con la cabeza despreocupado—No te das cuenta que no siempre vivirás en una mina de oro?! – Dejando detrás sus libros y su carácter tranquilo de siempre para acercársele al socarrón.

Kouichi, a mí me gusta esta vida, no me tengo que preocupar, mis papás no va a perder la empresa porque en unos años será mía... bueno, - enderezándose en la cama para mirar a Kouichi— de nosotros... créeme, sólo iba a clases por diversión y por el deporte, sólo eso- le dedicó una sonrisa confianzuda.— A mamá ni siquiera le preocupa tanto como a ti... déjalo, Kouichi...

Ojalá no te equivoques, hermano – susurró Kouichi— ojalá no lo hagas... – y de vuelta se posó en los libros.

Por qué?- las palabras susurrantes de su hermano mayor lo dejaron confuso— A qué te refieres?

A nada...- No quería dejarse llevar por el enojo, él no quería herir a su hermano, pero Kouji no lo iba a dejar en paz. Se levantó de la cama para pararse frente a Kouichi. "Dímelo", era lo que con su mirada ausente le decía— Kouji... mira, no debo ser yo el que te lo diga... pregúntaselo a mamá- desviando su mirada

Qué pasó, Kouichi?- su voz seria le decía que había metido la pata. Ese no era su campo, era de su mamá, una mamá que sólo tenía ya un hijo, sólo uno de tres...

De acuerdo...

Rato después...

—Kouji, qué haces acá?! – Una chica pelirroja sulfurada por la repentina presencia del chico— Vete a tu habitación!- pero Kouji ya estaba sentado en su cama mirándola seriamente.

—Esto es serio, Ruki...- dio un largo suspiro tranquilizándolo un poco mas de lo que había hecho la puerta de Ruki al ser azotada vilmente— Acabo de discutir con Kouichi...

—Y a mí qué me importa?- recargándose en la cabecera de su cama y cambiándole de canal al televisor ignorando a su hermano.

—Mamá piensa mandarnos a Japón- soltó de pronto

—QUÉ?!- eso SÍ era serio—Pero... Por qué?- calmándose un poco

—Según nuestro hermano, porque ya no nos van a aceptar en ninguna escuela de la ciudad, y piensa deshacerse de nosotros... y al parecer mi tía piensa hacer lo mismo con la princesa... – pero paró el relato por la actitud que Ruki, su hermana, había adoptado de pronto.

—Piénsalo bien, hermanito, tal vez esto no sea tan malo...- y una traviesa mirada apareció en aquella pelirroja.

Los trillizos Kouichi, Ruki y Kouji Minamoto, hijos de la famosa y millonaria familia Minamoto, eran totalmente diferentes, tenían rasgos similares, tanto al exterior como en el interior, pero a pesar de que los dos varones eran los más parecidos físicamente, chocaban mucho, puesto que el carácter de Kouji era más ligero se llevaba mucho mejor con su única hermana, Ruki. Siempre eran Ruki y Kouji, para todo, para reprobar, salir suspendidos, y hasta para ser expulsados de ocho de las mejores escuelas de Londres mientras que Kouichi era más serio, calmado y sobre todo, apegado siempre a sus padres, a ser el consentido y mejor hijo de sus padres.

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Ya era domingo, un domingo con una iluminación especial, en donde no se visualizaba el sol, era extraño tal vez, pero las nubes impedían el paso de los alegres rayos del sol, lo que a muchos les parecía malo, triste y un tanto aburrido, a la joven que miraba desde su balcón el pronto aviso de lluvias, le parecía algo realmente lindo... pues ella, años atrás, había aprendido que el mejor día de la semana, el mes o del año, era cuando llovía, cuando parlanchinas gotas bailaban a su alrededor mientras que ella se abrazaba al amor... bueno, cuando también había conocido el amor, pero que desde entonces, ella amaba igual los día así.

Sora?- una cabeza castaña se asomaba insegura por la puerta del cuarto—Ya está el desayuno...- pasando a la habitación un poco más confiado cuando ella le sonrió—Pronosticaron lluvias- cuando llegó a su lado recargándose en la baranda fue lo único que se le ocurrió hablar, obviando lo... obvio.

—Sí...- respondió nostálgica sin despegar su mirada de la nada. Para aquel chico, Sora era un libro abierto, aquel que sabía descifrar si en otra lengua estaba... no se podía equivocar, ella había dado un viaje al pasado, que no tardaría mucho en regresar.

Él hizo lo mismo, no le venía mal pensar en su pasado, le encantaba encontrar a Sora en él, y reencontrarla cuando abriera los ojos...

Pero sin dar concluido ese viaje, las gotas comenzaron a caer, una tras otra, cada vez más rápido. Su acompañante ahora tenía la vista fija en su persona. Mutuamente se sonrieron, pero por parte de la chica, el chico recibió un lindo beso en la mejilla, dejándolo más que feliz.

—Vamos a desayunar, Ryo- lo tomó de la mano y lo jaló dentro del departamento.

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Hasta ese momento el día le iba bien, el cielo nublado y lluvioso, ni acto de presencia de sus dos hermanos, un rico desayuno y los apapachos de... Sumiko, la encargada de su bienestar hasta el momento. Sin duda el domingo era su día preferido.

De pronto el timbre del teléfono se escuchó por la casa y tras su ruido apagar, Sumiko apareció con el auricular en las manos.

—Yamato, es tu tía, desde Londres- Dijo la viejita que Yamato adoraba. Dejó el aparato y se marchó del comedor.

—Sí, qué pasa, tía?- contestó el joven empresario con comida en la boca—Yamato, qué no tienes modales!? No se habla con la comida en la boca! Claro que tengo modales, tía, pero al menos no soy yo el que está hablando desde la otra parte del mundo cuando allá es de madrugada y acá estamos desayunando- recalcó el rubio—Ya, ya, está bien... sólo te llamaba para confirmarte, los chicos llegan allá el martes. QUÉ?! Habíamos quedado que dentro de TRES SEMANAS! Mira, a mí no me grites, jovencito Está bien, tía- culpable— Bueno, te perdono, pero mira, no te preocupes, ya todo está arreglado, mi hermana y yo ya hablamos, y nos parece lo mejor Si, pero para mí no, tía, ustedes saben bien que tengo los problemas de la custodia de mis hermanos y los de la empresa Lo sé hijo, pero mira que nosotras te ayudaremos con lo de la empresa, los chicos recuerda que también estarán a tu disposición, si? Pero no es... Bueno, muchas gracias, Yama, te queremos! Pero, espera, tía! Por algo eres mi sobrino preferido, bye!!- y como su parlanchina voz se lo permitió, se apagó en un segundo dejando muerto el teléfono. Colgó sin saber que metía a su "sobrino favorito" en un gran lío, del que ya no podía salir.—Bye...- su voz apagada anunciaba el peor de los desenlaces. Le quedaban sólo dos día y unas cuantas horas de vida.

Lunes, el día más ajetreado de todos y para todos, y ahora Yamato enfrentaba un pequeño problemilla más...

—Lo siento Yamato, pero es que... no sabemos porqué pasó...- hablaba inseguro Taichi con una carpetas en los brazos mirando a su amigo y jefe golpeándose contra el escritorio murmurando un millón de maldiciones.

—No me digas eso, Taichi... ahora qué vamos a hacer? – levantando su aún más pálido rostro tomando entre sus manos una hoja donde se podía leer "RENUNCIA" de encabezado

Pero así como el Ishida mayor enfrentaba un par de cuestiones laborales, sus hermanos enfrentaban las suyas, totalmente diferentes, pero igual eran de dos opciones, o le hacían cara al problema... o morirían sin intentarlo siquiera.

—PELEA, PELEA, PELEA!!- era lo único que lograba escucharse en el patio del instituto más prestigioso de Tokyo. Y es que un gran tumulto de alumnos rodeaba a dos chicos, uno: alto, fortachón y tosco, otro: flaco, asustado y rubio. La palabra "pelea" ponía de nervios al asustadizo, mientras que al otro le daban más ganas de golpear al que tenía enfrente.

Aquel círculo de alumnos llamó la atención de una pareja, un chico y una chica que salían del centro de cómputo y que desde uno de los ventanales pudo entrarle la curiosidad a ambos de qué era lo que ocurría.

—Vayamos a ver- dijo el chico y salieron corriendo al patio.

Fue nada más escuchar los gritos de sus compañeros y dar por hecho que Takeru Ishida estaba inmiscuido en el asunto. Sin pensárselo un segundo fue abriéndose paso entre la bola de curiosos hasta que llegó al campo de batalla y ver que no se había equivocado.

—T.K.! – llamó Ken—Qué haces?!- alarmándose al ver a su hermano ya golpeado pero en posición de pelea.

—Hermano!- alegrándose de que Ken estuviera ahí para ayudarlo—Qué bueno que...- pero no pudo continuar cuando un puñetazo lo dejó en el asfalto.

—Levántate sabandija!- le gritaba el agresor con una sonrisa victoriosa hasta que una roca fue a dar a su rostro, enardeciéndolo más.

—Déjalo tranquilo!! – se logró escuchar la voz ya no tan calmada de Ken Ishida, el mejor alumno de todo el instituto.— Pelea conmigo!!- mostrando ahora un rostro nunca antes visto por Takeru

—No hermano, no te metas- levantándose con dificultad.

Pero no hubo tiempo para habladurías, Kazuo Shibami, el chico más rudo y cruel de la secundaria ya se abalanzaba contra Ken, donde el rostro del azulado pasó al terror... después, ya no supo nada de su vida.

Se podía percibir olor a hospital, personas a lo lejos charlando, pero su cerebro estaba apagado.

—Ken, hermano...- oía que Takeru lo llamaba, se oía muy lejos, dónde estaría? Para averiguarlo, sus párpados decidieron abrirse un poco, viendo todo borroso, pero aún la duda lo comía, dónde estaría?— Qué bueno que despertaste!- y Takeru se abalanzó en un abrazo contra su pecho, pero sin querer... "Auch!" respondió Ken al afecto.— Perdón- y se separó de él.

Qué sucedió, T.K.?- levantándose de la camilla donde estaba descansando al tiempo que un agudo dolor le punzó la cabeza y solamente se la sujetó. Se dispuso a observar la habitación y se dio cuenta de que estaba en la enfermería escolar.

—Te golpeaste la cabeza...claro, después del gran golpe que Shibami te dio- respondió con simplicidad.

La puerta se abrió de repente entrando una personita muy conocida para ellos... y que se les estaba haciendo costumbre aparecer en su rescate.

—Chicos!- barriéndose preocupada en el lugar.

Una hora antes a que el Ishida despertara...

Después del puñetazo que Shibami plasmó en la mejilla izquierda de Ken, éste cayó pero tuvo la mala suerte de que su cabecilla, bonita y azulada, pegara contra el frío cemento del piso. El contacto con el suelo y la sangre que emanó fueron los detonantes para que los espectadores en un segundo desaparecieran.

Pidieron ayuda el hermano y sus dos mejores amigas, y trasladaron al pequeño a la enfermería.

Y bien, señor Ishida, qué me dice de la riña en la que participó?- preguntaba la directora al rubio.

No fue mi culpa... yo no la inicié...- tembloroso. Nunca antes había tenido el honor de visitar a la directora—En serio...

Quién fue el que la comenzó entonces? Fue su compañero Shibami o... su hermano?- Cada palabra que salía de la máxima autoridad era un litro de sudor que emergía de Takeru, no podía controlar sus nervios...

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Eran las dos de la mañana en Londres y un bulto pelirrojo rodaba entre sus sábanas y el colchón... bueno, lo que quedaba de colchón.

—Bueno, ya estuvo Kouji...- desesperada salió de la cama y se dispuso a empujar un bulto invasor que no permitía que ella conciliara el sueño.

—Mmmhm...- se quejaba el bulto llamado Kouji

—Fue mala idea dejarte dormir conmigo...- ya enojada.—Despiértate, tonto! – Al ritmo que le pegaba en la cabeza con su pantufla negra.—Kouji!

—qu-qué...?- cubriéndose con la almohada y dándose la vuelta. Un pantuflazo más fue lo que se ganó—Ya!- levantándose enojado con los ojos pegados—Qué quieres?

—Que me dejes dormir...

—No estabas dormida, Ruki?- Ruki negó—qué lastima... yo sí- acostándose como si nada

Si jamás Kouji hubiera actuado así, su hermana nunca lo hubiera dejado fuera de su habitación con un cojín y una manta.

—Déjame entrar...- sollozaba(más que nada por sueño). "vete!" era el fin de la discusión.—al menos me dio esto...- encojiéndose de hombros bajó hasta la fina sala que su mansión poseía—A dormir...- se tiró cuando terminó de acomodar el sofá.

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—Las fotografías deben estar listas para mañana qué haremos para conseguir un buen fotógrafo en unas cuantas horas?- mencionaba cada vez más angustiado Yamato.

—Este... mmm... no me preguntes cosas tan difíciles- rascándose la nuca decepcionado. El silencio apareció durante unos minutos hasta que el rubio se levantó estrepitosamente y fue a coger su saco—A donde vas?

—A buscar personalmente a ese fotógrafo...- un rostro decidido fue lo que Tai encontró en su amigo. Sonrió y sin dudarlo fue tras él pero su amigo le negó el paso cerrándola la puerta en las narices.

Las marcas de la lluvia de ayer estaban por todos lados, el día fresco, los charcos entre las calles de su tierra natal lo hacían suspirar de melancolía y felicidad, volver a ese lugar lo inspiraba a hacer lo que quisiera.

Ryo Akiyama, un apuesto fotógrafo profesionista que dejó todo por una promesa, algo ya cumplido a la persona que le jalaba las orejas, le gritaba, aquella persona que a los trece años lo sentó en un banco de madera podrida para explicarle todo sobre el sexo, la sexualidad y cualquier duda que pudiera tener... a su padre le había prometido que no desistiría y viviría por él.

Con los ánimos por los aires, llegó al parque central de Odaiba que ofrecía un espectáculo que estaba dispuesto a plasmar en papel... mejor conocido como foto.

Tanta felicidad lo embriagaba, tenía que fotografiarlo todo para la posteridad. Amaba su trabajo, amaba su ciudad y, aún la amaba a ella. Por eso se armó de gran valor para recorrer todo para tomar foto de completamente todo y enseñárselas a su amor.

Yamato permaneció echado en el pasto con los brazos tras su nuca y mirada en el cielo, sus pensamientos irían a la desesperación si no hacía algo rápido, ¡¡ pero estaba demasiado estresado para pensar !!

No podía llegar la persona que él tanto estuvo buscando hasta sus pies a encontrarlo a él, cuando él estaba tirado en medio del parque como si nada.

Qué buenas fotos conseguí...- murmuró con entusiasmo una persona que repentinamente se había sentado a unos cuantos metros de él— Espera que las vea...- pero no pudo continuar porque se sintió acosado, observado. Así que levantó la mirada un poco de su cámara y la dirigió hasta la persona de la dura mirada.

Cual no fue la sorpresa de ambos hombres al reconocerse.

—¡Yamato!

—¡Ryo!

Pronunciaron juntos el nombre del otro. Habían pasado los años, y con ellos, ciertos rencores y miedos que hicieron separarse.

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—Están bien, chicos?!- preguntó una Sora preocupada acercándose al recién despierto— Cómo te sientes?- checándolo de arriba abajo con la mirada mientras acariciaba su rostro.

—Estoy... bien- respondió Ken algo confuso, no era lo que se esperaba. Sora seguía con tarea de buscar algún indicio de inestabilidad en el peliazul.— Disculpa, sora, pero... qué haces acá?- alternaba la mirada entre su hermano nervioso y la pelirroja.

—Bueno, yo...

—Vino porque no encontraron a mi hermano... por eso vino...- alzando la voz indignado— No sé por qué lo preguntas.

—Es cierto, Ken... me dijo la directora que no localizaron a tu hermano y...

—Creo que entiendo.- enojado respondió— Pero en ese caso hubieran llamado a Taichi, siempre es así- pero en ese momento la puerta se abrió dejando inconclusa la oración del chico. Era la directora.

—Con permiso. Señorita Takenouchi, veo que ya está despierto Ken- mostrando una amable sonrisa al alumno— En ese caso ya se los puede llevar.

—Claro, muchas gracias- separándose de Ken para llegar con la autoridad y darle la mano.

—Bueno, los dejo.- y con una leve reverencia se marchó.

—Cómo que nos vamos a ir contigo? Y las clases?- un punto extra a la golpiza que recibiría Takeru— A dónde vamos?- temía ir a casa, donde un ogro los estaría esperando.

La enfermería quedó en completo silencio sin responder a las cuestiones de Ishida.

—Vamonos, luego te explico- dijo Sora cuando Ken le clavó la mirada en busca de sus respuestas. La sonrisa que Sora le dedicó, logró acelerarlo un poco, pero no lograba comprender qué era lo que le estaba pasando, le venía mal tanta cercanía con la chica.

Sora Tomó el maletín con libros de Ken y Takeru, sin duda había una gran diferencia de peso entre ambos.

Los sentimientos de Yamato en ese momento eran una revoltura que jamás había experimentado, no sabía si odiar al chico, no sabía si debía abrazarlo feliz de volver a verlo... no sabía qué debía hacer, no siempre era tan elocuente.

—Cómo estás?- escuchó decir al castaño— Digo, no siempre ves a un viejo amigo- lo último provocó en el rubio una ligereza en el ambiente. Ryo notó la expresión pasiva de su amigo y le sonrió, guapo y sexy, como siempre.

—Odio que pongas tu cara de "chico guapo"- Ryo se echó a reír. Había cosas que no cambiaban— En mis territorios, yo soy el guapo.

—El ego sigue por los aires- riendo—Quiero que me platiques que ha sido de tu miserable vida

—Qué te parece si vamos a otro lugar- comenzando a notar las miradas femeninas que se abultaban más y más hacia ellos... o sólo hacia él?

Ryo dudó un rato en contestar, debía pensar en algo, no iba a hacer el ridículo frente a él.

—Eh... por qué no me acompañas a donde me hospedo?- tratando de sonar seguro, cuando no tenía ni la mas mínima seguridad de que fuera a salir vivo de este reencuentro.

—Claro- tal vez un restaurante no era la mejor opción para rescatar aquella desgastada amistad. Sin duda, Ryo pensaba similar a él.

Akiyama le indicó la dirección, un par de cuadras de aquel transitado parque.

Durante el camino, ninguno de los apuestos hombres dijo algo. A Ryo lo carcomían los nervios, a lo mejor no era tan buena idea llevarlo donde se hospedaba, no era bueno llevarlo a casa de la pelirroja... no, él no quería presenciar nada que tuviera que ver con aquel Ishida y la Takenouchi. Debía terminar con esto antes de que fuera demasiado tarde.

—Eh...

—Este es tu departamento?- Apenas abrió la boca para retractarse y se dio cuenta que estaban parados ya frente al pequeño inmueble.

—Si...- con pesar sacó la llave repuesto que comúnmente Sora dejaba escondida en el macetón que adornaba el pasillo. Abrió la puerta y lo hizo pasar.— iré a preparar café...- siguiendo con su inseguridad. Lanzó la llave en la mesita de centro junto a otro par que ni se tomó la molestia de mirar y fue a la cocina.

—Hasta para un idiota como tú, es muy buena la decoración- dijo Yamato entretenido mirando a su alrededor desde el centro del vestíbulo.

—Gra-gracias- "Piensa, Ryo, Yamato debe irse... si tan sólo Sora no llegara..." Pero detuvo sus pensamientos. Sora no debía llegar, no después de la llamada que atendió Sora esa mañana. Una sonrisa de satisfacción lo invadió, ella no llegaría pronto y se lo había dicho mientras recogía su bolso y se ponía los zapatos apresurada. "No creo que vuelva pronto, estas en tu casa, Ryo..." Y salió casi corriendo del departamento. Él ya no tenía de qué preocuparse.

Yamato, él seguía inmovilizado en medio de la pequeña sala, observando todo a su alrededor. Le parecía perfecta la decoración, un ambiente familiar, quizá, pero más que nada, su atención lo llevó a pensar: por qué alguien tan descuidado y estúpido como Ryo, podía tener algo tan cómodo y lindo, sin duda de ahora en adelante vendría a visitar a su amigo sin excusa alguna.

La vista del rubio seguía paseando, no dejaba de rondar, no Hasta que algo le llamó la atención. Una mesita en la esquina y un portarretratos encima de ella, su mirada y la de la chica en la foto, eso fue el propicio para que los recuerdos y sentimientos frustrados aparecieran por su mente, cuerpo y corazón. "Siguen juntos..." Fue lo que su parte cuerda le dijo. Sus divagaciones y remordimientos se vieron afectados cuando escuchó el timbre y decidió no pensar más en el asunto. Pero otro asunto se le subió a la cabeza: quién sería...?

Una traviesa sonrisa se le dibujó y fue hasta la cocina.

—Quieres que abra?- asomando la cabeza, una sonrisa y tono de voz pícaros.

—Si, por favor...- lo conocía lo suficiente como para saber lo que el rubio se estaba imaginando.— Tal vez sea la correspondencia

Sí, claro...- acomodándose el traje ya un poco desordenado que traía. Al parecer Ryo no había cambiado mucho. Giró la perilla y jaló la puerta— Diga...?- con una sonrisa espectacular que al instante de ver la visita se esfumó.

—Yamato...—Una vocecilla que él tantas veces escuchó a su oído retornó para arrestarlo de nuevo en su pasado.

Ryo apareció en escena detrás de Yamato, ya había confirmado que el destino les jugó de la manera más limpia ni a él, ni a los Ishida... ni al primer amor...

Desde las noticias matutinas pronosticaban fuertes lluvias para todo la tarde. Las nubes amontonadas y las gotas de lluvia era lo mas hermoso en esos momentos. Caricias y beso en el parque que más era frecuentado, eso era el único paisaje que dos adolescentes veían.

Sus cuerpos empapados y el pelo pegado a la cara mientras que ambos, tirados en el pasto ya inundado, seguían besándose, queriéndose. Sus miradas lo decían ellos se amaban.

Creí que estabas loco, pero no tanto...- le dijo la pelirroja encima del pecho del chico.

Gracias...- sacándole una sonrisa a su novia— Yo sabía que te quería, pero no creí que tanto- sus palabras sinceras y sus manos jugando con los mechones rojizos era todo lo que quería sentir.

Te... amo- tímida desvió un poco su mirada de la de su chico, causando en él una estremecedora pero esperada reacción.

Él no se pudo resistir y la tiró a su lado para besarla, aún con una inmensa sonrisa. Su compañera rió ante el acto de su enamorado entre cada beso.

Yo aún más- le susurró dulce pero firme contestando lo que le dio de último. La amaba demasiado como para pensar alguna vez en estar separados.

Así fue como el primer amor quedó, empapados y enamorados, esperando en algún día empezar toda su vida juntos...

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Hola!!

Perdón, gomen por toooooda la tardanza con este fic, sé que me pasé de la raya. Qué quieren? Unos dos o tres años que me tardé en actualizar? Jeje... perdón... u.u

Pero bueno, soy algo lenta...

Acá les dejo el cap 3 que hice con muchas ganas para que les siguiera gustando ) La verdad por un momento perdí la noción de la historia, pero eso ya está arreglado...jeje

Les agradezco muchísimo a todos los que me leyeron, de verdad, por eso más mal me siento (... Antotis, ilovekurama218, Kyoko4ever, Alexeigirl, crazy takeshida, Esme-chan TS-DN, Atori-chan, Isfryd Beloved, Sucel, hikari-chan, SkuAg, Jenlic, Amargaprimaveraensoledadobscura (Sé que eres Josie, tqm) y a mis Bff´s Cecii y Mika!!

Gracias!

Ya estoy en proceso con los demás fics!

At2e-- soraDark666