Autor: Mi idea es que el fic vaya tomando tintes más serios sin quitar el humor de Bokuto y Kuroo. A los que me leen muchas gracias. También trataré de que no sean tan cortos los capítulos.


Capítulo III: Hambrientos y encerrados

Kageyama, Hinata y Tsukishima abandonaron el gimnasio para irse a la cafetería a cenar. Todos los chicos terminaban hambrientos y las mejores raciones eran para quienes llegasen de primero, o tuvieran una presencia demasiado imponente como abrirse paso en el desorden. Lo interesante era que ciertos chicos contaban con una apariencia demasiado temple que no parecían tiranos, un caso en particular era el de Daichi. Con ver a Karasuno y no tener idea de cómo eran sus miembros, Asahi podría pasar por el más serio, pero resultó ser el ratón asustadizo del equipo.

—¿Ya estamos a salvo?— preguntó Bokuto. Ya no escuchaba el pleito de Kageyama con Hinata, ni el rebote de algún balón o el chirrido de los tenis en la madera. Para confirmar pegó la oreja a la puerta. Silencio.

Kuroo se sentó en una de las colchas que usaban los chicos de otros deportes y se sobó el estómago. Tenía hambre, no había comido nada desde el almuerzo. Ahora el vacío se sentía porque ya no estaba haciendo nada y su cerebro sólo pensaba en comer en lugar de molestar al prójimo.

—¡De la que nos hemos salvado, bro!— Bokuto despegó la oreja, se estiró un poco y un delicioso truene de huesos le relajó la espalda. Tenía que aprovechar mientras el cuerpo estaba caliente por el ejercicio o sería presa de nuevos calambres.

—Es un milagro— respondió Kuroo y se dejó caer sobre las colchonetas. Le parecieron cómodas debido a que era una textura diferente al suelo del salón de clases, y no es que estuviera mal, estaba acostumbrado al futón y le gustaba, pero toparse con algo suave después de un largo entrenamiento se comparaba a un Oasis en el desierto.

—Muero de hambre— dijo Bokuto.

Kuroo asintió, dejando que su cabello se despeinase más, ya que no levantaba la cara del colchón.

—Oya... Oya... Oya...— pronunció el búho sin el ánimo que debería evocar esas palabras. —Oya... O-ya...— el pesimismo se apiado de cada letra y era muy fácil que se deprimiera de la nada con lo impulsivo que podía ser.

Kuroo se sentó nuevamente —¿hey... hey... hey...?— le preguntó como si en tan simples palabras hubiera un nuevo lenguaje, que seres tan avanzados –en estupidez- pudieran entender sin problemas.

—¡Oya!— Bokuto le señaló la puerta e intentó empujarla. La cerradura no cedió. Alguien había atascado la puerta.

Kuroo ladeó el rostro algo escéptico, podía denotar cierto desinterés en las cosas, no del mismo modo de Kenma, sino el cínico, donde parece que nada importa pero se presta mucha atención. Lentamente, el gato se acercó a la puerta, hizo a un lado a la depresión y a Bokuto, pegó un hombro a la puerta y empujó. Eso funcionaba en las películas, y bien aplicado a la vida real debería tener los mismos resultados.

—Si, estamos encerrados— Kuroo retrocedió y aprendió que no debía de imitar todo lo que veía en televisión. Pero antes de eso, tenía que comprobar que no todos se rompían el coxis como Jhonny Knoxville al resbalarse de una colina sobre un carrito del super.

Bokuto miró a los alrededores y se retrocedió con las piernas flaqueantes. Allí empezaba el drama, la histeria por no sentirse indispensable y más, por estar encerrado y con el hambre comiéndose a su barriga. En casos más extremos, acudiría al canibalismo. Gracias a Dios que Kuroo era alto y fornido, podría durar algunas semanas como su alimento.

El búho tomó del brazo a su amigo y le mordió una mano. Kuroo alzó una ceja y apartó a Bokuto, se limpió la baba en el short.

—Sabemos que yo te comería a ti— dijo Kuroo y se cruzó de brazos. Analizaba la situación.

—¿Y si nunca se dan cuenta de que faltamos?— Bokuto pidió un abrazo de Kuroo. Este lo abrazó girando los ojos mientras veía el techo y negaba, pero era divertido apreciar dichos ataques de su bro favorito. —¡Akaashi te amaré por siempre, también a ti manager bonita de Karasuno... Y a la chica del clima del canal extranjero... Sobre todo a ti, si a ti, que no me conoces...!

—Somos los capitanes, se tienen que dar cuenta— pronunció Kuroo teniendo fe que de pronto alguien se pasaría por el gimnasio para ver si seguían allí.


—¿Cuántos niveles ya pasaste?— Hinata veía jugar a Kenma.

—Dos, me concentro más cuando Kuroo no está.


—¿Qué es lo que brilla todos los días? ¿Eres tú, Oikawa?— Kuroo le habló a la puerta y se quedó silencioso con los ojos fijos. Nada ocurrió. —No dirás que no lo intenté, creí que mintiéndole a Oikawa, aparecería.

Bokuto ocupó una de las colchonetas haciendo unas pataletas algo extremas. Su cabello se revolvió y perdió su estilo de picos. La mitad del fleco descansó sobre su frente, tapándole uno de los ojos, teniendo un peinado parecido al de su bro. Por las molestias del flequillo en su piel, se atoró el mechón plateado detrás de la oreja.

—¡Tengo hambre! ¡Y nos han olvidado!— Bokuto se abrazó. —¿Qué será de mí...?— dijo soltando un suspiro de lo más dramático, como si llevasen años encerrados y no diez minutos.

Kuroo se sentó a su lado y lo observó con detenimiento. Vio como el mechón que puso detrás de la oreja, volvía a desprenderse; con el dorso de la mano se lo colocó del mismo modo. Bokuto volteó a verlo y dejó sus escenas, por más locuras e idioteces que dijeran en conjunto, era muy extraño que estuvieran solos o en un lugar tan pequeño. En las cercanías solían rondar alguno de los chicos de sus equipos correspondientes. De la nada aparecía Akaashi o Kenma. En otras circunstancias Iwa-chan preguntaba por algo, o Tsukki se asomaba con su cara de queja total, sino, Kageyama y Hinata no le bajaban al escándalo. Bokuto le sonrió por impulso.

Hubo un silencio extraño que a Bokuto le revolvía el estómago y que a Kuroo lo hacía sonreír como si algo malo pasara por su mente. Sin embargo, ninguna de estas sensaciones parecía incomodar al uno del otro.

El mechón de cabello de Bokuto mostró rebeldía al abandonar a la oreja. Kuroo estiró la mano para repetir su acto anterior. El búho lo detuvo.

—Déjalo así— dijo.

Kuroo sostuvo esa mano por la muñeca y con el pulgar acarició la palma. Bokuto abrió demasiado los ojos que si de por sí ya eran grandes, ahora mostraban toda su redondez.

—Bro...— pronunció el búho y apretó los labios quedando muy rojo. No podía disimular en lo más mínimo que se moría de los nervios.

Kuroo lo soltó y sacó el celular —ni que te fuera a besar, eres mi bro favorito— respondió con una sonrisa chueca y le marcó a alguien responsable para que los viniera a sacar. Acudir a Kenma era pedir un milagro.

—¿Podrías venir al gimnasio? nos quedamos encerrados en la bodega. Gracias, te debo una— Kuroo colgó, se estiró y bostezó de lo más cansado. Como buen gato ya necesitaba dormir. —Le llamé a Oikawa, ya viene.

A Bokuto le regresó el ánimo, dentro de nada estaría cenando. Sin embargo, seguía viendo con la misma cara a su compañero.

—No te besaría porque amas a Akaashi, a cada rato lo repites— Kuroo habló y detrás de él apareció una luz y una sombra. Oikawa, el libertador, aparecía en escena.

Bokuto bajó la mirada y salió de primero, de un brinco se le colgó a Oikawa, haciendo que le tambaleasen las piernas. No parecía perjudicarle en nada las palabras de Kuroo, pero habían logrado que sintiera un hueco en el pecho. Una sensación que podía ocultar sólo para él.

—Es hora de cenar— fue lo último que pronunció el capitán de Nekoma.