Gracias a todos los comentarios, cada uno me dio la posibilidad de continuar dentro del torneo. Ahora estoy en cuartos, y necesitaré más apoyó de todos ustedes.
Sé que quizás no este perfecto, pero es más largo que el anterior. (quizás necesite un poco más de corrección, así que lo siento. De nuevo estoy un poco jugada con el tiempo)
Como prometí continuo en dónde me quede.
Tercer Capítulo: Tú destino es Necesitarme II
Tercera Parte: Las Aventuras del Valiente Duran.
"Érase una vez un lobo que tenía como único labor cuidar a una niña, el nombre del guardián regio y leal era Duran. Su linaje de prestigiosos miembros se remontaba hasta llegar al primero en su nombre el Gran Feroz. Por ello, el gran protector de la niña se vanagloriaba de ser único y especial.
Así era el descendiente de Feroz, cumplía con el primer mandato como ninguno, sin embargo esté poseía un secreto: por toda su felpa corría un afán de conquista y aventura. Un deseo palpitante y deshonroso de aceptar un sinfín de misiones a tierras olvidadas, alejándose de su eterno y diacono trabajo de guardián. Cosa que podría afectarle en su desempeño dentro de la familia llena de medallas y renombre, porque aunque no lo creían Duran había nacido para cuidar y no ser un "trotamundos", eso le había predicado la madre y reina del hogar Kuga, el día que este llego a la casa y fue entregado en los brazos de una pequeña y endeble niña de pocos años de edad.
Ahora Duran estaba en una dicotomía entre el deber y el ser… ¿Cuál de los dos estados ganaría al final? y ¿qué camino tomaría sus hilos?
Y es así como comienza la historia del gran protector que ocultaba su aspiración."
En el honesto hogar de los Kuga, habitaban dos personas y por supuesto Duran. Cuando este llegó, con su olor a nuevo, sus dos ojos originales de canica pegados en su cara, y por supuesto un precinto que lo avalaba como un gran amigo apto para todas las edades.
El gran protector tenía la autorización del lugar de origen, para estar con la niña todo el tiempo que ella lo necesitara. Por un módico precio, un pequeño animal de felpa puede volverse un compañero para toda la vida, y lo mejor es que estos no ensucian ni hacen ruidos molestos. Ideales para niños que necesitan un amigo silencioso y fiel, y por sobre todo que pudiera mantenerse en un lugar cerrado sin necesidad de salir. ¿Qué más se le podía solicitar?
El lobo de felpa, acepto su labor sin rechistar, mostrando su perfecto desempeño en la tarea. Cuando Natsuki dormía, él también lo hacía a su lado y por supuesto siendo abrazado con mucha fuerza.
Durante los primeros años Saeko, la madre y reina del hogar, salía cuando su protegida descansaba, pero siempre parecía dirigirle unas palabras antes de partir que iban dirigidas a el:
"Cuídala mientras no estoy, Duran Sama".
Esas palabras tenían un gran peso dentro de la vida del guardián, ya que siempre supo que su función además de ser compañero de penurias, confidente y por supuesto amigo para toda la vida, también desempeñaría el oficio de cuidarla de todos los males y alejar toda la tristeza que podría nacer dentro de su dueña. Cosa difícil de realizar, pero, como le había leído Natsuki esa tarde lluviosa, ellos descendían de un gran lobo. Era por ello que Duran, no era cualquier peluche con la etiqueta de "Made In", la suya decía; Lobo protector, descendiente del gran Feroz. Gracias a esa lectura de la niña de cabellos color cobalto, su guardián se tomó en serio ese registro.
Ahora, después de abandonar el pequeño hogar de Saeko Kuga, Duran estaba experimentando algo nuevo, se sentía capaz de aventurarse a lugares más lejanos que un ropero o una pequeña cama al costado de un viejo escritorio, y por supuesto tener la posibilidad de saborear nuevos sabores aparte de las comidas sacadas de tarros plásticos, que parecían sólo tener un montón de conservantes poco nutritivos. Pues desde de que su ama y señora se había mudado en la casa de los Fujino, el protector Duran, experimentó nuevas sensaciones que compartía en todo momento con su niña, que aunque seguía extrañando a la reina, parecía estar más feliz que antes.
La casa estaba llena de ventanas de tantos tamaños, que a veces ambos se quedaban sentados en los marcos para observar el extenso jardín. Este poseía tantas flores, arbustos, enredaderas y árboles de tantos tipos y tamaños, que Duran y Natsuki parecían temer perderse sí es que se alejaban demasiado de la casa. Aunque ambos, querían perderse y correr por todos lados. Ella en secreto también quería aceptar la aventura de extraviarse y conocer más lugares.
Con el paso de los días ambos corrieron por los pasillos, encontrando el armario de la ropa blanca, y hasta una de las sirvientas notando su ir y venir por todos lados, hizo que tomaran pequeños y fáciles encargos. Desde llevar pequeños mensajes a las encargadas de la cocina hasta avisar a Shizuru que uno de los tutores estaba en la puerta esperándola.
En el día el protector y la niña se divertían yendo y viniendo, conociendo cada pequeño rincón en la casa, y hasta algunas veces se ocultaban para ver a la chica un año mayor, haciendo sus actividades cotidianas. Pero, parecía que está siempre sabía que ellos dos estaban observándola sin necesidad de buscar el escondite. Ya que cuando leía, lo hacía en voz alta para que sus palabras llegaran a los oídos de Natsuki en el rincón en dónde estaba; o cuando hacía sus pequeños arreglos florales dejaba pequeños pétalos o flores en el piso, para que Natsuki se topara con ellos, y como sí fuese las aves de Hansel de Gretel siempre los alzaba. Duran parecía entender lo que estaba haciendo la otra niña, comprendía cada pequeño gesto que realizaba para que la otra se acercará aún más a ella. Es decir que sus lecturas estaban dirigidas a la otra, y por supuesto sus sonrisas amables y pequeños comentarios en todo momento eran para que Natsuki dejara de encerrarse y pudiera comenzar a confiar más y más en los Fujino. Todo era parte de un plan.
Su ama y señora no lo advirtió, pero cuando se quedaban solos en una habitación, la niña de color de cabellos ocre parecía analizarlo de manera crítica y extraña, como sí Duran pudiera estorbarle. Pero, sólo una vez ella lo agarro entre sus manos, y lo único que realizó fue leer las iniciales NK en la etiqueta que ya no tenía ni un pequeño registro de su procedencia, debido a las múltiples lavadas y el tiempo transcurrido desde que fue seleccionado de una pila de peluches bajo un cartel de ofertas. Shizuru le apretó con fuerza, y en vez de dejarlo en la misma posición de antes de ser recogido, lo sentó de manera que mirará a la pared.
Al guardián esa extraña conducta no le espanto, y como siempre había escuchado decir a Natsuki: Los lobos no deben de asustarse.
Las aventuras prosiguieron, pero ahora se mudaron a otros lugares con más personas y niños que oscilaban de distintas edades, Natsuki podía ir a la escuela tal y como Saeko le prometió que algún día al crecer podría llegar a hacer. Los mayores la inscribieron y realizaron su sueño. Con gran entusiasmo los tres fueron al instituto escolar, uno de ellos escondido en la mochila, por la prohibición de No LOBOS, más si se considera uno como su amigo, quién imponía mucho respeto con su fuerte presencia.
Aquí, en la escuela, es dónde las aventuras más peligrosas comenzaron. El valiente Duran se enfrentó, en los primeros días, a monstruos cuyas risas macabras y manos atestadas de mugre, ensuciaron su raída y decolorada felpa. Las uñas de esos seres llenas de lodo y secreciones, por meterse los dedos en la nariz, ahora iban a parar a su cuerpo. Al principio no le importó, los aventureros saben que durante su odisea siempre suceden vicisitudes que no son del todo agradables.
Al enfrentarse a esos monstruos el protector y mejor amigo de Natsuki, reunió un sin número de relatos que eran cada vez más y más peligrosos. En una de ellas esos pequeños y desagradables seres lo raptaron de dentro de la mochila, en dónde continuamente realizaba su tarea de vigilar y proteger. Una de esas manos lo apretó con tanta fuerza, que temió perder más de su relleno. Esos seres lo alejaron de su Natsuki, dejándolo en un viejo closet lleno de pinturas y trastes, durante unas horas lo tuvieron ahí, hasta que la campara que daba aviso a la culminación de las horas escolares les advirtió que debían de regresarlo. Sí, porque su protegida no había parado en buscarlo llegando hasta casi hablar con la maestra, pero esos monstruos eran inteligentes, porque antes de que el adulto intermediará Duran estaba de regreso en la mochila.
Las risas hicieron que Natsuki escondiera sus lágrimas por debajo de la cascada de sus cabellos, el lobo de peluche supo que su niña estaba sufriendo por culpa de esos seres abominables.
Pero, las cosas no terminaron allí. El peluche continuo acompañándola, porque como Saeko había dicho: Ustedes deben de permanecer siempre juntos. Por eso, la niña lo continúo llevando, durante semanas ambos como hermanos y compañeros experimentaron frustraciones, hasta que Duran ya no quería aventurarse sino quedarse siempre al lado de Natsuki, pero esas bestias que no merecían respeto alguno, prosiguieron con sus actividades delictivas, poniéndolo en situaciones que no eran del todo divertidas.
En un día de lluvia, lo dejaron navegar sin ningún tipo de embarcación, lo tiraron en un rio cuyas corrientes lo fueron llevando en su oleaje hacía su triste final: una cascada que parecía ser la garganta de un verdadero monstruo, con dientes de metal y todo. Si no fuese por Natsuki que lo agarró antes de perderse tal y como lo hizo Odiseo, y quizás el no tendría la suerte el semi héroe que regreso al final luego de diez años. Sí el fue salvado ese día por su pequeña humana, gracias a que alguien le advirtió lo que sucedía. Sin embargo esos seres continuaron con sus acciones amargas que lastimaban a su dueña. Y entre más lloraba ella, Duran supo que debía de renunciar a su deseo de conocer el mundo, debía de hacerlo por ella.
Los sucesos no se acabaron, y el pobre descendiente de Feroz, empezó a darse cuenta que ya no era lo suficientemente fuerte para protegerla. Esos villanos con dientes chuecos o desdentados, no iban a concluir con su maléfico plan.
Necesitaba ayuda, y un alma que también buscará justicia, por suerte llegó el día en que uno de ellos saco un objeto afilado y lo uso sobre su piel de felpa, lo cortó de una punta a la otra mientras que también lo despojaba de su ojo derecho. A Duran no le dolía, se había entrenado para ser resistente a todo, pero sí a su protegida que fue agarrada por esas mismas manos llenas de moco y tierra, la tenían sujeta para que no intermediara en contra de ellos.
Risas macabras fueron chocando por las paredes de esa habitación, en dónde se escuchaba el sonido de gritos y risas que provenían del patio de juegos. Otros seres que se divertían y eran ajenos a lo que sucedía durante uno de los recesos en el salón. El corte amenazaba en desmembrarlo, quitarle lo que quedaba de su viejo relleno de algodón y tela.
Natsuki lloro frente a esos monstruos… y justo en ese momento la caballería llegó a salvarlos a ambos.
¿El nuevo héroe Será capaz de enfrentarse a ellos? Se preguntó el peluche mientras el botón que había sido su ojo caía al piso rebotando y perdiéndose bajo uno de los tantos pupitres.
Cuarta Parte: Algunas risas pueden lastimarte.
Los monstruos no existen, sino que son las personas los que lastiman a las otras, y Natsuki se había vuelto el objetivo de bromas de muchos de los niños del salón.
Desde el primer día, con su presentación nerviosa en dónde sólo pudo decir su nombre trastabillando un poco las palabras que siguieron, hasta el punto que la encargada de la clase tuvo que intermediar y decir en voz alta el apellido de la niña de cabellos cobalto y mirada de esmeralda. Pero, las risas fueron el producto por haberse tropezado en la poca distancia que existía entre el pizarrón a su pupitre.
Una caída y una mala presentación, que pudo borrarse durante las primeras horas, ya que Natsuki aparentó no molestarse por esas risas, su madre le advirtió que algunos humanos se ríen de otros para lastimar y que lo mejor es alejarse de ellos, continuar sin mosquearse. Por eso, siguió mostrando interés a la docente que impartía la clase, sus ánimos no debían de decaer, ya que era la primera vez que estaba rodeada de otros niños de su misma edad. Shizuru era otro caso distinto, y aunque menciono su pretensión de que Natsuki compartiera el mismo salón de clases, no pudo ser así. Según las evaluaciones y la edad, la niña de ojos color esmeralda estaba un poco atrasada comparada a otros niños, y que lo ideal era que pudiera adaptarse en una clase dos años menos que la hija de los Fujino. Sin embargo, la heredera le enseñó que sus aulas no estaban tan apartadas la una de la otra, sólo las separaban las escaleras.
Durante el primer receso algunas niñas se acercaron a su mesa, la atacaron con preguntas, tantas que no pudo contestar ninguna de ellas. Por eso, cuando estas se alejaron, las escuchó decir sobre la conducta desagradable y pocos modales de la nueva, ella no entendió que tenía que ver el no haber podido responder ninguna con sus conductas. Pero, pensó que quizás tendría otra oportunidad en el siguiente recreo, cosa que no fue posible, en el segundo y durante la hora del almuerzo los rumores sobre su actitud habían llegado a todos los oídos. Y ningún otro compañero se acercó a ella para invitarla o entablar una conversación amistosa. Se quedó sola, bueno no tanto, estaba Duran a su lado escondido en su mochila.
Y aunque el primer día no había logrado acercarse a nadie, no sé desalentó ya que tenía mucho tiempo para que los demás le hablen y vieran como era ella en realidad. Sólo era cuestión de ser paciente.
Con el paso de los días las cosas fueron desmejorándose en el salón de clases y con sus compañeros. Un grupo de niños hallaron a Duran, cosa que le trajo más problemas a su triste vida. Al no querer dejarlo abandonado, lo llevaba de contrabando en su mochila, y justo el día que Duran se atoró entre sus cosas que estaba justo sacando para la clase de arte, su peluche y amigo terminó saliendo al mundo cayendo justo en el suelo. Muchos niños lo vieron, y estos fueron quienes comenzaron con el juego de esconder a su peluche, reírse y burlarse de ella y su pequeño amigo.
El mote de ella en el aula fue: Niñita, bebita y muchas más palabras que hicieron que se alejará cada vez más de los otros. La situación fue empeorando cada día más, hasta en una vuelta a Duran lo fueron llevando de un lugar a otro, para que ella no lo pudiera encontrar. La amenazaron, luego de eso, de que podría llegar a empeorar las cosas, sí es que los acusaba con la docente, y para probarlo en un día de lluvia pusieron a Duran en la canaleta. Por suerte la niña de ojos verdes llego a tiempo, antes de que su mejor amigo terminara en el desagüe.
En esa fecha llegó a salvarlo, pero el acoso perpetúo durante toda la semana y las burlas aumentaban hasta el punto de que ellos mismos quisieron darle final.
_ Le haremos un favor Kuga, deberías de agradecernos, llevaremos a cabo una operación a tu peluche horrible-un niño se lo sacó de sus manos tironeándolo con tanta fuerza que parecía que uno de sus ojos de canica se caería en cualquier momento-
Aprovecharon el recreo, y que sólo estaban ellos tres, y Natsuki que fue agarrada entre dos para que no intervenga durante el tratamiento.
Con una tijera inició a cortar desde el rabo hasta el cuello, en un sendero transversal. Exponiendo el material de su interior, un algodón viejo y raído que salió a borbotones de su cuerpo de felpa.
Las lágrimas que Natsuki no permitía salir, a pesar de los instantes llenos de presión y dolor, comenzaron a escaparse de sus ojos, se nublaron hasta el punto de gimotear con dolor intentando escaparse de ese agarre. Por un momento, intentó morderles el brazo como mecanismo de defensa, pero reaccionaron con un agarre que la imposibilitaba a sólo desempeñar el rol de espectadora.
El botón que su madre había sustituido por el original, cayó al piso rebotando por el suelo. Cuando su mirada lo perdió de vista, y cuando una parte del algodón salía de su mejor amigo, precipitó todo su cuerpo con toda la fuerza para escaparse de esos dos niños. Un grito de dolor salió de su boca, el primero desde el accidente de su madre, porque ella continuaba silenciándolos como le había enseñado su madre. Pero, no pudo soportar más injusticias, todo el sufrimiento que había padecido desde siempre salió en forma de grito, que se mezclaron con las lágrimas que dejó de reprimir.
Los niños que la tenían sujeta se asustaron, hasta casi dejar de ejercer una presión sobre ella. Pero, lo que los detuvo en realidad, fue la llegada de alguien más, que ingresó al salón casi como rompiendo la puerta. El que jugaba a ser médico detuvo su supuesta operación, sin soltar aun lo que quedaba del cuerpo de Duran.
_ Fujino senpai-uno de los niños el que tenía aprisionado el brazo derecho de Natsuki dijo mientras soltaba con un poco de pavor el mismo-
Los otros dos mantuvieron su postura, sin temer a la presencia de una de las delegadas que estaba siendo buscada por el centro de alumnos para convertirse en la presidenta del mismo. Todos la reconocían porque tenía características de líder, y por supuesto era la más cercana y amada tanto por los maestros como con el comité de docentes.
_ Ara, Ara-dijo manteniendo el gesto austero manteniendo sus sentimientos e inquietudes bien controladas- ¿qué tipo de juego están llevando a cabo?
Sus ojos trasmitían lo que sus palabras no expresaban del todo. Era como si estuviera manteniendo las apariencias de niña perfecta y amada, una máscara que escondía lo que en realidad se gestaba en su interior. Shizuru, ahora mismo, casi ni podía disimular el desagrado que nació al ver a esos niños sostener a Natsuki, a su Natsuki, y el cómo además el único y preciado juguete de la niña estaba siendo torturado. Por un minuto, el gesto afable de la niña de cabellos ocre fue alterado por otro que hizo que todos, excepto Natsuki quién justo en ese instante estaba peleando para escaparse, sintieran pavor al verle. El niño soltó a Duran y todos corrieron dejando a las dos niñas solas en el salón.
Natsuki nunca percibió el cómo Shizuru había logrado que los otros niños escaparan con tan solo una mirada. En ese tiempo, para la niña de cabellos color cobalto, la otra era quién había salvado a su Duran, por lo tanto su heroína de cuentos.
Desde ese altercado ningún otro niño se animó a molestarte, ni siquiera se acercaron a ella. Y está sólo comenzó a buscar la compañía de Shizuru.
Quinta Parte: La promesa de la Princesa.
Duran aún continuaba con el algodón por fuera de su cuerpo, como sí lo hubiesen descuartizado, en vez de desgarrado con una tijera. Tanto Natsuki como Shizuru no hablaron con los mayores, la segunda mostró cierta preocupación desde el suceso previo. Pero, todos los adultos habían regresado a sus viejas costumbres cotidianas en dónde el trabajo se amontonaba y la empresa exigía sacrificios, frase que expresaba Daeki Fujino durante la cena. Violet tampoco la tenía fácil, la matriarca mayor de la casa, le había dado una serie de tareas que mantenían su cabeza ocupada y con cierta tensión. En el horario de la cena, la conversación entre los miembros de la familia no pasaba de ciertos recordatorios para las niñas y por supuesto planificaciones para los adultos, que iban de participar en eventos de recaudación de fondos hasta viajes al extranjero, temas que las niñas no tenían que interrumpir. Ninguno, ni siquiera las sirvientas y Sarah (la encargada de la cocina) sabían de los problemas que padecía Natsuki con sus compañeros. Y ella parecía no querer mencionarlos en ningún momento, hasta cuando Violet a veces salía de sus papeles para interrogarles sobre el día. La respuesta de la más pequeña siempre era algo vacía y escueta, unas simples oraciones que resumía sus horas que estaba lejos de la mansión, quién tenía mucho sobre que hablar era la más grande de las dos. Shizuru tenía muchas anécdotas que lograban sacar una sonrisa de encanto a sus padres, Natsuki en algunos momentos también compartía la misma expresión. Pero, a esta se le abría la boca con sorpresa, cuando la otra comentaba el cómo había conseguido que el presidente del centro de estudiantes firmara unos papeles para mejorar el ingreso de dinero para uno de los clubes, uno en donde ella intercedía de manera directa sin ser parte de los participantes (un favor que iba a cobrar en un futuro).
Esa misma noche, en la intimidad de su habitación, miró el estado de su peluche. Lloró y derramó las lágrimas que Duran no podía producir. En su mano derecha sostenía el botón negro, el cual tuvo que buscar por debajo de muchos pupitres y que por suerte Shizuru la esperó sin hacerle pregunta alguna, sin embargo su mirada decía muchas cosas que se estaba guardando.
La mayor mostró verdadera preocupación, y no supo cómo agradecerle luego. Cuando culminaron las clases, Shizuru la esperó en la puerta de su clase acto que atrajo la atención de muchos de sus compañeros y más los niños que la maltrataron durante días. Shizuru apenas la noto, le regalo una sonrisa que sólo iba dirigida a ella, y por eso es que Natsuki la siguió a pocos pasos. La diligente futura presidenta de los alumnos, no le dio importancia sino que parecía contentarse con que la otra la siguiera como si fuese un cachorrito.
Ahora mientras la de cabellos largos y lisos de un color cobalto lloraba por su amigo, la puerta se abría sin ser golpeada previamente, el cuerpo de la otra niña paso por el dintel sin necesidad de un permiso previo. Shizuru entró al cuarto y rápidamente se sentó al lado de la otra, y en silencio la acompaño hasta que la misma le enseño lo que escondía entre sus manos, el botón y a Duran, el gesto de la mayor se suavizo mostrando una serie de sentimientos que parecían cambiar al pasar los segundos, su rostro paso de preocupado a enojado, pero luego volvió a uno de completo dolor. Shizuru era difícil de comprender, más para una niña de ocho años que no ha tenido tanto contacto con los otros. Sin embargo las manos de terciopelo tomaron las suyas, y sin mediar más palabras el aroma particular de Shizuru se pegó a su nariz debido a que el cuerpo de la otra se pegó al suyo. Las manos de ambas se unieron, de una manera confortable y con tanto cuidado para que lo que quedaba de Duran no terminará desperdigado por el suelo de la habitación.
_ Nat- Su-Ki Chan- cada silaba golpeó el oído de la propietaria de ese nombre- yo estaré siempre contigo.
Esas simples palabras que tenían un significado tan profundo y esperanzador, provocaron que Natsuki apoyara su frente sobre el hombro de la otra niña, y sin necesidad de retener más sus sentimientos, lloró y buscó el alivio de esa persona.
Un alivio que vino acompañado por pequeñas caricias en su espalda, sumado a reconocer y percibir el ritmo tranquilo del corazón de Shizuru. La mano libre y algo fría de esta, se apartó de Duran para buscar la mejilla sonrojada de Natsuki, con el pulgar secó la humedad de la piel.
Pasaron diez minutos, cuando las lágrimas se secaron del todo y con gesto cansado Natsuki se dejó recostar sobre el mullido colchón. La niña sin apartar su mirada verdosa observo el cómo Shizuru tomaba prestado a Duran y al botón de sus manos, en todo ese tiempo no había pervivido lo que la mayor había traído consigo, un pequeño set de costura que trajo a escondidas. Mientras la menor que aún tenía los ojos vidriosos, encontraba la cama cómoda, la de mirada rubí comenzó a analizar el pequeño peluche.
_ ¿Crees que puede arreglarse?- preguntó de forma preocupada la dueña del lobo de felpa-
Shizuru no le contestó de inmediato, preparo la aguja enhebrando un hilo negro en ella. Uno de sus dedos busco el lugar en dónde debía de pegar el botón. Con sus habidas habilidades zurzo el ojo en Duran, en pocos segundos ya el pequeño peluche volvía a tener su rostro completo.
_ Haré todo lo posible, para que Duran Sama recupere su hermosa figura- sonrió con amabilidad cortando el hilo que sobraba y cambiándolo por otro color para poder zurcir lo siguiente que era su cuerpo no sin antes intentarle acomodar el relleno-
_ Gracias- susurró la niña que primero bostezó, denotando su cansancio luego de llorar tantos minutos- Zuru.
La nombrada al escuchar el diminutivo de su nombre, un pequeño sonrojo floró en su rostro, que por suerte no fue descubierto por nadie más, gracias a la poca iluminación y segundo porque la pequeña niña se había dormido sin esperar una respuesta.
Shizuru observo a la otra con total libertad, las yemas de sus dedos las que antes habían secado las lágrimas de la otra, fueron llevadas a sus labios y sin saber motivo, quiso saber el sabor de estas. Apretó sus labios con el dedo índice, ese que a veces utilizaba para silenciar a sus compañeros en la biblioteca, y supo que el sabor lo encontraba extrañamente exquisito…
Cuando Natsuki se movió entre sueños, buscando algo a su alrededor, Shizuru apartó su mano para aparentar que estaba acomodando el algodón en el interior de Duran. Sintió algo extraño y fuera de lugar, como algo áspero. Su mirada observo el rostro durmiente de la otra, vigilando que estuviera en realidad durmiendo. Cuando lo garantizo, sacó con lentitud el objeto que estaba dentro del animal de peluche, encontrando una hoja de papel con una serie de números y códigos. Con curiosidad lo leyó varias veces, memorizando cada símbolo con lentitud. Un pequeño movimiento de la dueña del peluche le hizo guardar el papel dentro del cuerpo de Duran junto con el algodón que lo debía de rellenar.
Natsuki sin tener conciencia busco con sus manos algo para abrazar y justo fue la cintura de Shizuru, los dedos se enterraron en la tela de su pijama, de una manera que para la otra le hizo recordar al de un cachorrito que muerde con posesividad lo que le pertenece.
Terminó de remendar a Duran, buscando que quedará prolijo para que no se notará a simple vista. Gracias a ese objeto ahora Natsuki estaba más unida a ella. Dejó el peluche sobre la mesita de noche, en dónde estaba la única lámpara que combatía la oscuridad de la habitación. Con una sonrisa la niña de ojos color rubí, miró con un poco de culpabilidad a Duran, y como sí la única solución a su problema en el cual sentía que ese peluche le reprochaba que lo alejara de su dueña, le hizo darle la espalda a ellas dos. No sin antes murmurarle:
_ Ara, Duran Sama la tiene todas las noches…-
Luego de esas palabras Shizuru se acomodó al lado de Natsuki, encontrando que era aún más cómoda que la sustituta que estaba dentro del ropero. Al estar cerca del otro rostro, se aventuró a romper la distancia con su mano derecha, acariciando la mejilla sin pudor alguno, sintiendo aún un dejo de humedad sobre la piel. Una sonrisa surcó sus labios, una que nadie más podría observar, una que sería única y especial para su Natsuki, y la esta no sabría que ese gesto le pertenecería para el resto de su vida.
_ A partir de hoy sólo debes de confiar en mí, Mi Natsuki-
La respuesta de la otra fue a través de una pequeña mueca y una respiración que daba a entender que algo faltaba para que su sueño estuviera completo. Shizuru negó con la cabeza, sabiendo que lo que el cuerpo de la otra de manera inconsciente estaba buscando a Duran. Cosa que disgusto a la niña de cabellos color ocre, la hizo abrazarla y escondió su rostro en el hombro de la otra.
_ Natsuki será mía…- murmuro y se quedó dormida dándole la espalda al peluche que ahora caía sobre la mesa debido al peso de su cabeza- mi lindo cachorrito.
Sexta Parte: Kiyohime
Sí Natsuki hubiese podido advertirle a esa pequeña yo del pasado, sobre la situación que estaba viviendo en ese momento, seguro no estaría experimentándolo ni sintiendo el dolor de sus muñecas.
El grifo del agua caliente se cerró, y con ello supo que ya no tenía escapatoria y debía de aceptar su nuevo destino: enfrentarse a esa mujer que parecía una seductora serpiente de escamas blancas. Con media sonrisa, una llena de ironía, se acomodó en la cama aparentando tranquilidad, la desnuda mujer sabía como reaccionar. No era la primera vez ni sería la ultima que se encontraba en esa posición, pero nunca había pasado a mayores, porque Shizuru entre todo no se había aprovechado de ella, hasta esa noche…
Las marcas de dientes y pequeños moretones le proyectaron la idea de que la mayor había disfrutado completamente de su cuerpo.
_ "Marcas de Amor"- Nao le dijo hace un par de años atrás mostrándole las suyas como si fueran medallas de valor - "Natsuki, necesita una de ellas para alejar a los demás de su ansiado cuerpo".
Luego de esas palabras, esa araña seductora le atacó el cuello como sí fuese una sanguijuela hambrienta, cuando la intentó apartar esta se pegó más a su cuerpo. Succionando el cuello y rodeándola como si tuviera más de dos manos. Sí a partir de esa noche, con una Nao juguetona que bromeó con su inocencia, comenzo una modificación del comportamiento de Shizuru. Natsuki odio con todo su cuerpo esa marca producto de un chiste de una araña borracha, no porque gracias a eso obtuvo más miradas que antes durante su hora de atletismo, no en realidad fue porque Shizuru cambió rotundamente con respecto a ella. Parecía albergar un odio que lo tapaba con una sonrisa condescendiente que convencía a todos, excepto a ella misma.
En este momento, mientras veía la cantidad de marcas visibles en su cuerpo, que no podía enumerar del todo debido a su situación actual. Supo que estas no eran ni medallas ni muestras de amor, sino que todo lo contrario…
_ Feliz Cumpleaños, mi Natsuki-
La mujer felicito, sin mostrar incomodidad ante la situación, con sus cabellos sin secar aún, caminó en dirección a la cama dejando un camino de gotas de agua tras sus pasos, tal y como hicieron Hansel y Gretel con las migas de pan. Cada paso que daba lograba que su cadera se moviera al son de una canción inexistente, una oscilación que invitaba a ser mirada. Shizuru sabía que cada paso debía de tener un significado en particular, a veces seguridad y otras como esta vez debía de provocarle a la otra persona que su atención y ojos ávidos estuviera sobre su cuerpo, como un sediento en el medio del desierto, ella debía de volverse su paraíso deseado que sólo podría alcanzar sí es que ella tenía capricho en dárselo.
Porque, Shizuru como toda mujer, sabía que era ella quién tenía el control y no porque Natsuki estaba atada en la cama, sino porque ella tenía todas sus armas puestas en el juego para volverse tanto el paraíso como el infierno de la chica que tanto deseo tenía por poseer. Sí no surgía efecto sus pasos llenos de seducción, tenía también a su favor la falta de toda prenda que podría cubrir su cuerpo. Porque no sólo el cabello dejaba gotas de agua, sino que su cuerpo también dejaba sus huellas.
Cada gota que transitaba en su piel era una perla que vestía su cuerpo completamente desnudo.
_ Shizuru- balbuceo la apenada chica que había cumplido su mayoría de edad- recuerda que somos…
Las palabras murieron en su boca, ya que unos labios sedientes y experimentados le robaron esa posibilidad de ser expresadas.
_ Ara, ara.. mi cachorrito no tiene que decir esas palabras- repitió la misma frase que uso en el pasado, sobre los labios temblorosos de la otra- nunca hemos sido hermanas.
Cada marca que recorría el cuerpo adolorido de Natsuki, sólo podían significar una cosa: Que la rebelde y deseada chica del club de atletismo siempre le pertenecería a la ex presidente del consejo de alumnos… y eso nunca iba a ser cambiado. Menos ahora que unos labios posesivos tomaban los otros, que aunque querían alejarse no podía.
"Natsuki es como mi lindo cachorrito, siguiéndome a todos lados y que hayas dejado que otra desfigurara tu cuello no lo perdonare. Te ataré a mí sí eso debo de hacer para que sepas a quién debes de serle leal"
Gracias por los comentarios, me han motivado a continuarlo pase lo que pase. Debería de nombrarles uno por uno, pero por ahora todos deben de saber que cada palabra es leída y he tomado cada palabra para mejorar.
Agradecida
Entropia
