- Que no soy vieja!.- exclamó la princesa, enojada.
- Aaah! Qué aburrido estuve aquí dentro, esperándote! Lo vieja te afecta para venir más rápido, verdad Kougyoku?.- Kougyoku había logrado encender uno de los candelabros, y en esos momentos veía como Judal la observaba con burla, sobrándola, tirado despreocupadamente en su cama.
- Qué haces aquí?.- dijo con cansancio. Por un lado estaba alegre al ver al Magi allí, con ella, pero por otro lado estaba asustada…qué hacia allí?
Su mente comenzó a desesperarse. Conociendo a Judal, seguramente había ido a buscar pelea. Se había enterado de lo que había sucedido, seguramente, o quizás algo peor, quería atacar otra vez al Magi de Sinbad. Lo miró, desconfiada. Judal hizo una mueca de disgusto, al darse cuenta de que no le seguía el juego. Cerró los ojos teatralmente, dejando ver el sombreado oscuro de los mismos.
- Te fuiste.- dijo simplemente. Kougyoku esperó a que continuara, pero no lo hizo.
- Si, como cientos de veces antes por alguna visita imperial.- dijo intentando mantener la calma.
- Pero no me avisaste, y encima viniste aquí.- dijo con cierto dejo de rencor en la voz. Jugaba distraídamente con su varita, lo cual alarmó un poco a la princesa, pero su indignación casi imperceptible no dejaba de enternecerla.
- No fue mi intención no traerte conmigo.- dijo, sonriéndole.
- Cómo?! Yo no necesito que me lleves y me traigas como a tus sirvientes, me oyes?!.- se inclinó hacia adelante, mirándola ofuscado. La mueca había vuelto a sus labios. – Además no me interesa las cosas que haga una vieja como tu.- elevó la voz, pues vio como Kougyoku quería interrumpirlo otra vez.- Quiero saber qué sucedió, que hacen todos aquí, y por qué me perdí la diversión.
Lo miró en silencio, sopesando por un instante mentirle. Cerró los ojos, derrotada. Si ella no se lo contaba, saldría de su cuarto e iría destruyendo todo el palacio en busca de una explicación. Gritaría, exigiría cosas sin sentido. No sabía en qué momento se había vuelto asi de caprichoso.
No tenía opción. Le contó todo lo que sabía, intentando no olvidar los detalles. Judal simplemente la observó una vez que terminó el relato, sin decir nada.
- No tienes nada que decir?
- Ah.
- Qué expresivo.
- Cállate. Quiere decir que la diversión aún sigue existiendo, verdad?.- la princesa vio el brillo asesino en sus ojos, ese que solo aparecía cuando se le prometía guerra. Llamaba a esa cosa en el cielo, "diversión"…
- Supongo que si. Dónde estabas? Me sorprendio no verte allí.
- Por ahí.- no iba a admitir abiertamente que había sido encerrado y él, dócilmente, había obedecido. Estaba furioso.
- Se paró de repente, sobresaltando a Kougyoku. Caminó por la habitación, con paso despreocupado, hacia la ventana.
- Eh? Piensas irte?.- dijo la princesa, consternada.
- No digas estupideces. Me asfixia estar encerrado.- de pronto, la princesa lo recordó.
- Oh! Fuiste tu quien atravesó la barrera!
Judal la miró sin comprender por un momento, hasta que reacciono, y comenzó a reírse en forma compulsiva, sin poder respirar. No podía parar. Se tomó el estómago con ambas manos, intentando calmarse para tomar un poco de aire.
- La…estúpida esa…y el enano…- no podía parar de reir. La princesa lo observó recelosa; empezaba a dudar realmente de su salud mental.- Sus caras…tendrías que…infelices…
- Estábamos todos preocupados. Pensábamos que alguien relacionado con la organización podía atacarnos.- dijo molesta, recordando el sufrimiento de Aladdin. Judal pareció calmarse lentamente.
- Bueno, ya ves, qué eficientes son tus amiguitos nuevos.- dijo con asco.- en fin, iré por ahí.
- Judal-chan…
- Ah.- resongó, molesto, agitando una mano en su dirección.- No iré a buscar pelea, no quiero que sepan que ando por aquí.
Y sin decir mas, salio por la ventana sin emitir sonido alguno, dejando a la princesa sola, parada en la habitación, con unas cuantas preguntas en su agitada mente.
- Pues claro, estamos atravesando una crisis en Sindria, qué digo en Sindria, a nivel mundial! Y el señor rey decide hacer una fiesta, pues con el alcohol se resuelven los problemas de la humanidad, verdad?.- Sinbad giró la mirada, sorprendido y divertido por las palabras de Ja'far. Estaba sonrojado, pero de la indignación. Rio despreocupadamente, mientras se despojaba de los contenedores metálicos y sus multiples joyas, depositándolos en una pequeña mesa tallada en su habitación.
- Justamente por eso.- Ja'far lo miró sin comprender.- Debemos demostrar la hospitalidad y prosperidad del reino de Sindria a nuestros invitados. No hay mejor momento que la combinación de un buen banquete y alcohol a raudales para lograr grandes alianzas.- a continuación, rio triunfal, satisfecho de sus deducciones.
- Eres increíble.- bufó el peliblanco. Se encontraba parado al lado de la puerta, con los ojos cerrados y el ceño levemente fruncido, con ambos brazos entrelazados dentro de sus ropas.- Aun no entiendo como haces para gobernar…
- Gracias a ustedes que están a mi lado.- Ja'far abrió los ojos, sorprendido por la cercanía de su voz. No se había percatado de que se había acercado - tanto a él.- A ti, especialmente.
- Yo…yo sólo hice lo que debía.- dijo, inhibido, desviando la mirada.
- No, no tenias ninguna obligación, y aun asi, sigues a mi lado.- tomó con su amplia palma la mejilla aun sonrojada por el enojo del visir. Este, tras la sorpresa, ladeó la cabeza para tener más contacto con su mano. Suspiró. Sinbad le sacó parte de las ropas que ocultaban su cabello blanco, dejando su cabeza al descubierto. Con la mano libre, acarició mechones rebeldes en su frente.
- Aún sigo pensando que es una mala idea…
Su frase fue interrumpida por un beso. Tierno, fugaz, que preguntaba con timidez si podía ser profundizado. La relajación que le provocó el acto de Sinbad hizo que entreabriera los labios levemente, a lo que el pelimorado aprovechó para introducir su lengua en la boca de Ja'far, quien gimió quedamente.
Lo empujó contra la puerta, apresándolo, mientras el visir enredaba ambos brazos sobre los hombros del rey. No tenía ganas ni fuerzas para fingir indignación.
Se dejó acariciar sobre la ropa, mientras Sinbad buscaba alguna apertura en la misma que le permitiera mayor contacto. Se enredó nuevamente en el cinto de su traje, por lo que Ja'far tuvo que ayudarlo, un poco irritado por cortar el beso. Chasqueo la lengua, notando el nudo que había hecho el mayor. Sinbad aprovecho para tomar aire, mientras veía como la primer capa de ropa de Ja'far caía pulcramente al suelo.
Aún quedaba bastante.
- Cual es la necesidad de ponerte tantas ropas?.- sonrió ladinamente.- Si al final de cuentas, siempre termina volando.
- No todos podemos andar libremente desnudos por el palacio, Sin.- al decir esto, con una expresión de indignación que se notaba a kilómetros era falsa, desprendió los primeros botones de su camisa.
Sinbad vio como el peliblanco empezaba a descubrir dócilmente parte de su piel nívea; tragó saliva. La piel de Ja'far, con excepción de las dos grandes cicatrices que adornaban sus piernas, era perfecta; solo su rostro y su espalda a la altura de los hombros estaban cubiertos por sutiles pecas. Nada más. Lo demás era blanco, limpio, pidiendo a gritos que él dejara marcas por doquier.
No aguantó más la cadencia en los movimientos de su visir, y tomando el control, apresó sus labios agresivamente, sin pedir permiso; introdujo su lengua, imponiéndose, en la boca en esos momentos dócil de Ja'far; éste había dejado de desprenderse la ropa y había enredado los dedos en el cabello de Sinbad. Éste, desesperado, sacó la camisa de Ja'far de dentro del pantalón, y cortando solo por unos segundos el beso, pasó la dichosa camisa por sus brazos y cabeza, sacándola del medio. Continuó el beso tan rápido como pudo; pegó su cuerpo al menor, tomándolo de la cintura. Apoyó una mano en la parte baja de la espalda de Ja'far, acariciando la parte final de su columna con sugestión, en el inicio de sus pantalones.
- Sin…más fuerte…- Sinbad acarició con mas ímpetu su espalda, pegándolo masa el.- Yo…ah…
- Shh.
Sin poder mas, tomó a Ja'far por las caderas y lo alzó, cargando todo su peso, dirigiéndose a la cama. Ja'far solo atinó a pasar sus brazos por sus hombros, agarrándose delicadamente. Sinbad deposito su cuerpo con delicadeza en la cama, mientras aprovechaba y tironeaba del pantalón del peliblanco. Mansamente, Ja'far se dejó hacer esta vez.
La visión que el visir le regalaba era exquisita. Estaba allí, tumbado, completamente desnudo, ahora levemente encorvado hacia adelante, tratando inútilmente de tapar su excitación con vergüenza, con sus mejillas sonrojadas y sus labios hinchados, observándolo, con anticipación, con adoración. No lo sabía.
Rápidamente comenzó a despojarse violentamente de sus ropas, que en esos momentos quemaban; el sonrojo de Ja'far se incrementó, cosa que no hizo mas que excitar aun mas al rey, cosa de ser posible. Esa sumisión, esa entrega que le expresaba Ja'far, y que encima, después de tantos años, aun sintiera timidez y vergüenza…no quería abusar del menor en ese sentido, pero era realmente excitante.
Ya completamente desnudo, trepó en la cama; Ja'far retrocedió un poco, cohibido por la mirada cargada de lujuria y anticipación de Sinbad. Lo avergonzaba ser tan deseado por su rey. No sabía que era lo que había visto en su persona, pero estaba profundamente agradecido. Y entregado a sus deseos.
Sinbad se subió a él, colocando cada brazo a cada costado de la cabeza de Ja'far, admirando aun su cuerpo. Podía ver como el contenedor familiar aun seguía enredado en sus brazos, ahora mucho mas suelto que de costumbre; al notar su mirada, Ja'far se deshizo de él hábilmente, lanzándolo al suelo. Sinbad comenzó a besar su rostro, su cuello, su pecho, acariciando sutilmente con la lengua sus pezones rosados, endurecidos ahora; Ja'far se limitaba a acariciarlo pasivamente, gimiendo quedamente.
Rápidamente, y antes de que Sinbad pudiera reaccionar, Ja'far lo había dado vuelta con sus piernas, dejándolo tendido en la cama. Éste se colocó sobre él, a horcajadas, mirándolo con deseo, apoyando sus manos en su amplio pecho. Sinbad quería acariciarlo, pero Ja'far apenas se dejaba tocar. Lentamente, desenredó sus piernas y bajó entre las piernas de Sinbad…
- Oh, por todos los cielos…-pudo decir Sinbad cuando observó, y sintió, como Ja'far lamía la punta de su miembro, para luego devorarlo delicadamente, como si fuese un preciado dulce.
Asi continuó un tiempo, hasta que Sinbad, no aguantando mas la excitación, tomó de los brazos al menor y volvió a tumbarlo, colocándose entre sus piernas nuevamente; Ja'far, sabiendo lo que se avecinaba, enredó ambas piernas en las caderas de su rey, predispuesto y ansioso. Sinbad comenzó de vuelta a besar sus labios, repasándolos con la lengua, mientras introducía un dedo delicadamente en el interior del peliblanco; este gimió quedamente, sumiso, mientras Sinbad movía el dedo en su interior, dilatándolo. A éste se le sumó un segundo, y hasta un tercer dedo, hasta que los gemidos de Ja'far llenaban la habitación, suplicando, apretándolo con sus piernas. Se posicionó suavemente, y comenzó a penetrarlo, lenta, concienzudamente, analizando las expresiones faciales de Ja'far; éste fruncia el ceño, mientras respiraba agitadamente por la boca, acostumbrándose a la invasión. Sinbad separó sus nalgas para hacerlo con menos friccion, y el menor gimió sonoramente cuando se introdujo completamente.
Se quedaron así, quietos, por unos segundos, calmando un poco sus respiraciones, hasta que Ja'far movio sutilmente las caderas. Ésa era toda la señal que Sinbad necesitaba para, mientras comenzaba a acariciarlo nuevamente, penetrarlo a placer. Primero lento, acompasado. Luego cada vez mas rápido, chocando contra el cuerpo de Ja'far, quien se movía sobre las sabanas con sus estocadas, gimiendo ahora sin inhibiciones. Su cabello se pegaba a su frente y mejillas por el sudor; las estocadas se volvieron violentas, anunciando la culminación del acto, mientras Sinbad acariciaba con precisión el miembro de Ja'far, causándole un sonoro y potente orgasmo, mientras él, con un par de estocadas más, lo acompañaba.
Se tumbó sobre el cuerpo sudado y agitado de Ja'far, quien lo envolvió en sus brazos, acariciando su cabello.
Una vez recuperada sus respiraciones, Sinbad apoyo su peso en sus brazos, mirando a Ja'far, que lo observaba somnoliento.
- Asi que ahora sí era el momento, no?.- sonrió cariñosamente.
- Bueno, no creo que a estas horas alguien nos interrumpa para decirnos que nos atacan.- se sonrojó, mientras acariciaba el cabello de Sinbad, medio despeinado.
Fuera de los aposentos del rey Sinbad, cierto hombre de cabello azabache hervía de ira, escondido en la oscuridad.
