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¿Nos casamos?
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Disclaimer: Boku no Hero Academia es un manga escrito y dibujado por Kōhei Horikoshi.
Nota: Una pequeña historia sobre la experiencia de ser padre primerizo.
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Amor de padre
«Y te protegí y te cuidé y te amé desde el primer momento,
Porque teníamos un lazo más fuerte que la sangre»
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Inko Todoroki nació una noche de invierno, cuando Shouto estaba en un viaje forzoso apoyando a la policía en una investigación importante e Izuku estaba enfrentándose a un villano demasiado fuerte para un héroe común.
Ninguno de los dos estaba disponible y solo Katsuki acudió al llamado del hospital. El bebé se había adelantado un mes y eso fue suficiente para que él rompiera las reglas saltando de techo en techo en ropas civiles y una mochila con cosas indispensables para el recién nacido.
«¡Por esta razón Izuku le rogó a esa mujer, Ochaco, quedarse en nuestra casa hasta la fecha establecida! ¡Pero no, no quiso! ¡Se mueve tanto de aquí para halla con ese quirk suyo que estaba claro que pasaría esto!»
Sacó su móvil para volver a llamar a cualquiera de los dos.
Apagado.
Gruñó molesto, descendió en un callejón frente al enorme edificio del hospital y acomodó sus ropas desaliñadas por el movimiento. La nieve se derretía a cada paso que daba.
Abrió la mochila para comprobar que nada se hubiese roto dentro y se preguntó si lo que había adentro era suficiente. Todo había sido organizado por Shouto e Izuku ya que él no quiso participar en nada que tuviera que ver con él bebe y para ser sinceros, no se arrepentía de su decisión.
Cuando se casó con Izuku aceptó compartirlo con Shouto hasta que "la muerte nos separe" y esas cosas que se dicen en las bodas. Aunque no fuera realmente legal un matrimonio polígamo en Japón, él había aceptado la unión con todas sus reglas. Y respetando su parte del trato —a su manera— decidió dejar disfrutar a su compañero junto a su segunda pareja con todo ese viaje de la paternidad, ya que la niña era genéticamente hija de Shouto, no se sentía cómodo participando en la travesía.
«No es de mi sangre, así que yo vendría a ser algo así como un tío ¿verdad? Este no es mi lugar, joder.»
Casi a regañadientes se registró en la entrada y corrió hasta la sala de partos, donde una enfermera le pidió que esperara hasta que la niña ya hubiera nacido. Preguntó si todo estaba bien de inmediato y ella muy amablemente le respondió afirmativamente, sonriendo, alabándolo de ser un padre tan preocupado.
—Yo no… —gruñó ¿Cuál era el punto de explicarle la situación a la mujer? «¿Yo soy técnicamente el tío de la criatura?». Entonces trató de entregar la mochila para retirarse, pero ella insistió en que esperara.
Incomodo se sentó en el largo sofá de la salita.
«No es mi lugar»
¡Se sentía más que incómodo!, se sentía como un traidor. Este momento le pertenecía a Izuku y Shouto, no a él, ellos dos fueron lo que estaban tan ansiosos y felices con la llegada del bebe, ellos eran los que más deseaban tener un bebe en brazos.
¡No era tan desalmado como para ignorar a un bebe y por eso estaba ahí pero, pero…!
«¡No es mi lugar! ¡Ni siquiera es mi sangre!»
«¿Estás de acuerdo, seguro?» Izuku le preguntó antes de que empezara el proceso, y él le restó importancia. A Izuku le preocupaba que las cosas se pusieran tensas en casa luego de la llegada del bebé y no paró hasta que Bakugou casi juró que ayudaría si era necesario y que no estaba celoso ni nada.
¿Cómo negarles el derecho? Si ambos, Izuku y Shouto, estaban más que listos para ser padres.
Él, no.
«No»
Escuchó el enérgico grito de la bebe desde el interior de la sala de partos. Su cuerpo entero se estremeció ante el llanto tan fuerte, tan lleno de vida. Sus piernas se tensaron, su corazón bombeo demasiado rápido y de repente le entraron ganas de correr muy lejos, asustado.
La doctora salió de la sala, tenía el rostro brillante por la labor bien cumplida y las manos enguantadas, húmedas. Le sonrió, Katsuki comenzó a sudar.
—Es una niña muy saludable a pesar de haber nacido un mes antes, ¿desea pasar?
Los labios le temblaron, quería negarse, pero estaba demasiado nervioso para formular la palabra correcta. Ella le sonrió más y posó una mano reconfortante en su hombro.
—Necesitamos al padre para que corte el cordón umbilical.
"Necesitamos". Él asintió firme, si necesitaban a alguien, aunque no fuera el padre…
Rápidamente la enfermera le extendió ropa protectora y él se cambió de inmediato. Al ingresar, una fila de enfermeras y doctores le saludo cordialmente, felicitándolo. Ellos sabían ante quien estaban, el hospital tenía un contrato riguroso con los héroes que requerían sus servicios con discreción y más si en el trabajo algunos trataban a toda costa de ocultar su verdadera identidad, la discreción ante todo con el grupo selecto que les atendería.
No podía ni sostener las tijeras quirúrgicas que le entregaron correctamente. Todo era demasiado surrealista para él, como una ilusión, una fantasía, un espejismo en el desierto. Y entonces, «ah… eres tú».
Una enfermera aun la tenía en brazos, a empujoncitos lo acercaron.
La niña era pequeña, «grande», apenas unos mechones níveos le cubrían la cabeza de sus ojos cerrados, la piel rosada, saludable, casi le pareció que brillaba con una luz blanca alrededor, cálida y atrayente.
Acercó su mano temblorosa a la mejilla sonrosada de la pequeña, ella gimoteo por el contacto.
—Tú gritaste tan alto —susurró, sentía que el corazón le iba a explotar en cualquier momento— eres una niña fuerte ¿no? —sonrió.
Sonrió desde el fondo de su corazón. Volteo hacia Ochaco que lo miraba conmovida desde la cama, estaba cansada y el sudor pegaba los cabellos a su cara. Ella también parecía brillar con luz propia. Si tan solo Shouto e Izuku estuvieran aquí, verían la belleza en aquella escena, un milagro, ambas eran demasiado hermosas para este mundo de color gris, y deseo que algún día Tenya, su esposo, pudiera experimentarlo también.
«Gracias», jamás podría agradecerle lo suficiente por esto.
—Aquí —la doctora señaló la sección que debía cortar. Él volvió a asentir y cortó.
Una idea cruzó por su mente, un deseo en su corazón y una promesa en su alma.
«Soy un padre».
