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Lazo de amor, lazo de sangre
Chapter 3 – Otra oportunidad
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Gracias por sus reviews. Aquí va el tercer capítulo, lean, disfruten y comenten. (n n).
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Nota: Blood plus no me pertenece.
-Oh, si me perteneciera, no le dejaría tiempo a Hagi ni de tocar el cello. Sólo tocaría mi… mi alma, claro (risa maligna).-
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Sólo treinta segundos más. Revolver, revolver.
¡Listo!
Una vez más se las había ingeniado para hacer el mejor gelato de almendras. Ya podía ver la cara golosa de las gemelas cuando lo pusiera en la mesa para la cena.
Entonces, la campanilla de la puerta sonó anunciando la llegada de alguien. Sólo que no se trataba de un cliente, sino de…
-Julia, qué agradable sorpresa –Kai se limpió las manos con un paño de cocina y tomó una copa del gabinete- Llegas justo a tiempo para probar mi delicioso gelato de almendras.
La doctora Silverstein tomó asiento en uno de los taburetes del bar, frente a Kai.
Aún a sus 52 anos, Julia lucia muy atractiva. Sus ojos tenían el mismo brillo y curiosidad de hace más de treinta años cuando investigaba sobre los quirópteros para el Escudo Rojo.
-Kai –Julia empezó a hablar de inmediato, aunque Kai le daba la espalda, ocupado en poner bolas de helado en la copa- La vi…
-¿A quién? – preguntó el de forma casual, luego reaccionó y dio media vuelta- Hey, no estarás hablando de…
-Saya –dijo Julia- Vi a Saya esta mañana.
La cuchara cayó de la mano de Kai.
¡Saya!
Se obligó a mantener la calma. Puso la copa de helado frente a Julia y le buscó una cuchara limpia y una servilleta.
- ¿Cómo..? ¿Dónde..? –murmuró.
-Te lo contaré todo, Kai, pero… –Julia habló con seriedad- debes prometerme no actuar impulsivamente.
Kai suspiró.
-Sólo cuéntame, Julia. Sabes que esto me tiene como loco. Ha sido imposible dar con ella –la urgió el chico.
-Muy bien… -ahora fue el turno de Julia de suspirar. Kai haría lo que se le antojara, y eso probablemente pararía en problemas, pero ¿quién iba a detenerlo?
-Esta mañana, cuando salía del centro comercial, un auto se acercaba a la acera. Pienso que llamó mi atención porque era un carro importado de lujo. Al volante iba un joven rubio, que luego bajó para abrirle la puerta a su acompañante. Allí pude verlo mejor. Se trataba nada menos que de Solomon Goldsmith.
Kai se sorprendió al escuchar que Solomon estaba vivo. Pero no interrumpió a Julia.
-Le dio la mano a la chica que lo acompañaba para ayudarla a salir del auto. Y la muchacha se parecía mucho a Saya.
- ¿Se parecía, no estás segura? –Kai habló con impaciencia.
-No, entraron al centro commercial de inmediato y no quise seguirlos. Sabes que si Solomon tiene a Saya y descubre que lo hemos visto, desaparecerá de nuevo.
-Si no quiere que los encontremos, ¿por qué se muestran en un lugar público? –se preguntó Kai.
-Bien, solo puedo pensar que aún si ya ha pasado un año, al no tener la sangre de Hagi puede que aún Saya no haya recuperado sus recuerdos. Tal vez Solomon quería llevarla a lugares que le sean familiares, para ayudarla a recordar. No iban a venir aquí al Omoro, por supuesto, pero Saya solía visitar el centro comercial…
-Eso tiene sentido – pensó Kai-. Pero, por dónde podría empezar a buscarla?
-Hice algunas investigaciones –Julia sacó algunos papeles de su portafolios-. Hace dos años Cinq Flèches Industries Pharmaceutiques abrió una sucursal en la prefectura de Okinawa. Compraron dos pisos en un lujoso edificio de oficinas del distrito comercial. Y aunque no vi que el nombre de Solomon apareciera en el listado de la Mesa Directiva, imagino que él debe estar en permanente contacto con ellos.
-Seguro que sí –los ojos de Kai brillaron. Tomó los papeles-. Te lo agradezco mucho. Voy a echar un vistazo.
-Kai! David no está en la ciudad, pero al menos deberías llamar a Lewis – le aconsejó Julia.
-No te preocupes, Julia. Será solo un vistazo, lo prometo. Ni siquiera notaran mi presencia.
-Sólo recuerda que tus poderes de quiróptero no te hacen invencible.
-Lo sé, lo sé – Kai colocó el bol de helado en el refrigerador y afectuosamente puso su mano en el hombro de Julia- Por favor, dile a las gemelas que se encarguen de todo mientras vuelvo. Voy al distrito comercial.
. . . . . .
El sol moría en el cielo otoñal. El crepúsculo bañaba el horizonte con una paleta de oro, rojos y púrpuras. El cuarto de Saya estaba bañado con esos colores radiantes.
Los ojos de la joven ya no mostraban la melancolía de los primeros días. Ahora toleraba, e incluso participaba en los entusiastas planes con que Solomon llenaba sus días. Y aunque muchas veces mostraba una imagen de indiferencia, sus sonrisas eran cada vez más frecuentes.
Marie Claude –la hija de Amélie- estaba colgando la ropa nueva de Saya en el armario. Sentada frente a los ventanales, la Reina Carmesí dividía su atención entre el espectáculo de colores del atardecer y las diestras manos de Marie Claude acomodando su ropa.
Los vestidos habían sido una vez la pasión de Saya. Pero esos tiempos parecían tan distantes y borrosos. Además, ahora que su Caballero había muerto, los pocos recuerdos que tenía de ambos en la mansión de Joel, eran tan dolorosos que casi le hacían daño físicamente. Cuántas noches había gritado cuando los sueños le traían esas imágenes. Y lamentablemente, los recuerdos aún la acechaban durante el día. Porque ya Hagi no estaba allí para ayudarla a conectar su pasado con su presente.
Pero, afortunadamente, Solomon estaba allí con ella. Saya todavía no recordaba mucho sobre él, pero sí sabía que era una parte importante de su pasado. Además, durante el año que había pasado en su casa, él la había cuidado mucho. Una enfermera privada se encargaba de sus transfusiones diarias y el cocinero sólo preparaba los platos que a ella más le gustaban. Amélie y Marie Claude la asistían en todo. Pero además de estas comodidades que el dinero de Solomon compraba, el joven rubio se había dedicado por completado a Saya.
Solomon venía a confortarla en medio de la noche cuando las pesadillas la despertaban. También pasaba tardes y noches completas en su compañía. Le leía, paseaba con ella. Y hacía menos de tres meses, a pesar de sus múltiples ocupaciones, la había llevado a Europa, a visitar lugares donde ella había estado, en un esfuerzo por despertar sus recuerdos
Y desde su regreso a Okinawa, Solomon la había llevado de pase por sitios que al parecer ella solía visitar hace treinta años. Y aunque esos lugares no le trajeron recuerdo alguno, Saya le agradecía profundamente su dedicación.
De repente la chica se puso de pie y se acercó al armario, había tenido una idea.
- Me pondré este vestido para la cena de hoy, Marie Claude. Por favor, téngalo listo para cuando salga de la ducha.
La doncella asintió.
-Enseguida, señorita.
La chica entró al baño adyacente y rápidamente se desprendió de su ropa. Quería agradecerle a Solomon todo lo que había hecho por ella, así que vestiría algo especial para él.
A pesar de que no se daba cuenta, Saya estaba sonriendo.
. . . . . .
Kai estacionó su motocicleta enfrente del lujoso edificio de oficinas. Las calles estaban muy concurridas a esa hora del día, cuando mucha gente regresaba a sus casas. El chico decidió que esperaría hasta que cayera la noche para forzar una ventana y averiguar lo que pudiera. Pero, justo entonces, una escena cercana llamó su atención.
Un muchacho acababa de salir de un destartalado auto, aparcado junto a la acera y había empezado a maldecir en voz alta. Luego había abierto la capota del motor y se había puesto a examinarlo. Kai lo observaba divertido. Decidió aproximarse al chico y ofrecerle su ayuda.
-Cuál es el problema? –inquirió amistosamente.
El muchacho prácticamente dio un salto. Ya estaba muy nervioso, según Kai pudo ver.
-Oh.. –el adolescente dudó un poco, luego al parecer decidió aprovechar cualquier ayuda que pudiera obtener.
-El motor no quiere arrancar, y ya estoy muy retrasado. Se supone que entregaría este sobre a uno de los jefes mayores antes de las 7:00 P.M. Vaya, me van a matar. Seguro que me despedirán mañana apenas llegue al trabajo… -dijo el chico atropelladamente.
-Cálmate –a Kai definitivamente le divertía mucho el chico- Déjame echar un vistazo, tal vez te pueda ayudar.
-Claro, claro...
Kai era más hábil con motocicletas que con autos. Aunque en el pasado había arreglado varias veces problemas pequeños en la vieja van de su padre. Pero, este auto al parecer necesitaba un mecánico… y un milagro!
Después de muchos intentos, Kai tuvo que dares por vencido.
-Lo siento, amigo… Creo que tu auto falleció.
El chico se rascó la cabeza.
-Entonces, yo también seré hombre muerto. ¿Será que debo tomar un taxi?
Ambos miraron hacia la avenida principal que mostraba el típico congestionamiento de esa hora del día.
El chico suspiró, apesadumbrado. Kai sintió lástima por él.
-Escucha, a dónde llevas el sobre?
-A la casa de mi jefe, déjame revisar la dirección.
El chico sacó el sobre del asiento trasero del auto.
-Es en Naha, al sureste…
-Bien… -Kai consultó su reloj- Necesitaba matar tiempo de todas maneras…
-Escucha –le dijo al chico- Tengo mi motocicleta aquí mismo, si quieres puedo llevarte a Naha.
Los ojos del chico se iluminaron.
-Lo harías? Gracias!
-No hay de…
Antes de que Kai pudiera completar la frase, el chico ya había tomado su bolso y estaba parado al lado de la motocicleta esperando por Kai.
Kai se divertió con la escena y se apresuró a encender el motor y a darle al chico un casco.
-Por cierto… Soy Yamada Kenji..
-Miyagusuku Kai, es un placer –Kai sonrió y ambos se pusieron en camino a Naha.
. . . .
Saya estaba sentada frente a la peinadora, dando los toques finales a su apariencia. De alguna forma, sabía que había pasado mucho tiempo desde que se había vestido y peinado tan cuidadosamente.
Sin embargo, quería hacerlo por Solomon. Ese día en la tienda, Saya notó a Solomon le había gustado mucho cómo le quedaba ese vestido y había insistido en que lo llevaran. Ahora ella quería lucirlo para él, sin ninguna razón particular, sólo para complacerlo.
Saya se sonrojó ligeramente con este pensamiento.
Sólo por complacerlo.
Ella se daba cuenta de que a medida que pasaba el tiempo, Solomon estaba cada vez más presente en sus pensamientos. Rápidamente concluyó que no podía ser de otra forma. Solomon era su único amigo, el único al que podía recurrir ahora que Hagi no estaba. No tenía a nadie más. Sin embargo, sacó esos pensamientos de su mente. No quería reflexionar sobre sus acciones o sus motivos, al menos no por el momento.
Unos toques en la puerta la hicieron ponerse de pie, su corazón empezó a latir más fuerte. Era Solomon. Siempre venía a visitarla a su habitación a esa hora, al regresar del trabajo. Además ella había aprendido a reconocer su forma de llamar a la puerta.
Arregló su vestido una vez más y tímidamente dijo:
-Adelante.
La sonrisa amigable de Solomon se desvaneció de sus labios, dejando paso a una expresión de deleite cuando vio a Saya.
El joven no se aproximó a ella de inmediato, sino que se detuvo frente a ella, apreciando la bella que lucía. Le encantaba su atuendo, pero también se conmovió al darse cuenta de que ella se había arreglado así solo para él.
Solomon lentamente se acercó a su lado y arrodillándose, tomó la mano de la chica entre la suya y suavemente estampó un beso sobre ella.
Sus suaves labios permanecieron un momento sobre su piel, como si no quisiera –o no pudiera- romper el contacto. Y Saya sintió que la invadía un extraño calor. Ella podía sentir el sentimiento de amor que emanaba de él, era una poderosa energía que los envolvía a ambos.
Ella era como una cuerda de violín que durante la ejecución vibraba en respuesta armónica a las cuerdas que eran tocadas. Se sentía tan conectada a Solomon que respondía en él en resonancia. Y este sentimiento la hacía temblar.
Se sintió sofocada y trató de retirar la mano de sus labios, pero como no quería ser descortés, simplemente la deslizó hacia atrás. Pero como resultado de esto, los labios de Solomon, que no se habían separado de su piel, trazaron un camino desde el dorso de su mano hasta la punta de sus dedos. Saya no pudo evitar quedarse sin aliento. Solomon alzó los ojos a su rostro y sus ojos se encontraron.
. . . . .
Kai se quedó mirando la mansión frente a la cual había estacionado su motocicleta.
-Vaya, tu jefe es un yakuza? Mira nada más esta casa…
Kenji rió. Estaba de buen humor, ya que habían llegado justo a tiempo.
-No, pero es un tipo muy importante. Es el CEO de las industrias Cinq Flèches, has escuchado de ellos?
Kai estaba sorprendido, arrebató el sobre de las manos de Kenji.
-Hey, Kai. Lo vas a romper, cuidado!
Los ojos de Kai buscaron el nombre del destinatario y cuando lo leyó no podía creer lo que veía:
-Solomon Goldsmith…
-Kai, regrésamelo. Aún tengo que entregarlo –Kenji se impacientaba.
-Claro amigo, aquí tienes. Y corre! –Kai le sonrió- Te esperaré para llevarte de regreso.
Kenji sonrió, y se apresuró a llegar ante los portones de la casa.
Kai se quedó allí, recostado de su motocicleta. Pero en cuanto Kenji entró a la mansión, se metamorfoseó en quiróptero y voló sobre la casa. Guardaba su distancia, ya que sabía que los sentidos de Solomon eran muy agudos. Pero, aprovechando la oscuridad, se las arregló para ver en cada ventana, hasta que al fin…
-Es Saya!
La había visto. Kai tuvo que reprimirse para no abrirse paso a través de la ventana y llevársela consigo. Pero eso habría impactado a Saya, por decir lo menos. Y él no haría nada que pudiera dañarla.
Kai también pensó que Saya podría no recordarlo. Y aún si lo recordaba, no lo reconocería en esa forma. Pensó que una vez que se vieran tendría mucho que contarle.
Con cuidado se acercó un poco más a la ventana. Podía ver a Saya claramente. Era ella a pesar de que lucía diferente. Su pelo era más largo y llevaba un traje elegante. Se veía mayor y sofisticada. Pero en resumidas cuentas era Saya. Su Saya.
Cambió de ángulo para ver algo más. Y en efecto, un hombre rubio estaba de rodillas frente a ella.
Solomon Goldsmith. No había duda. Kai nunca necesitó tanto de su autocontrol. Cómo se atrevía a secuestrar a su hermana? Kai sabía que Solomon había ayudado en el pasado a Saya y que la amaba. Pero Saya también era muy valiosa para Kai. Y ahora que Hagi no estaba ella debía estar con Kai, con sus sobrinas y con sus amigos del viejo Escudo Rojo.
De repente Kai dejó estas reflexiones. Solomon y se Saya se miraban a los ojos, el se había puesto de pie y se aproximaba a ella.
"Es que acaso piensa besarla?"- se preguntó. Si Solomon se atrevía a hacer eso, Kai entraría por la ventana y pelearía contra él sin importarle las consecuencias. Haber secuestrado a Saya era terrible, pero tomar ventaja de su condición, eso sería… Kai nunca se lo permitiría.
Casi sin notarlo, Kai se acercó más. Su cuerpo se preparaba para cargar contra la ventana mientras el rostro de Solomon se aproximaba al de Saya.
. . . .
Bien, fin del capítulo 3. Espero que les haya gustado. Nosotros escribimos para ustedes, no olviden hacer reviews para nosotros. Y como leí por allí; si dejan reviews Hagi se les aparecerá en sueños, garantizado. XD!! O Solomon. O mejor ambos? (n n). –
