Disclaimer: Personajes no me pertenecen. Sino a Masami Kurumada y la historia de Saint Seiya
Temas: Yaoi, Drama, angst
Personajes: Aioros, Shura, Saga, Shaka, Aioria
Resumen: Tras el recuerdo de su sonrisa y la sangre derramada, lo único que busca es el filo de su justicia.
Dedicatoria: A Circce, mi papa yaoista y quien me hizo amar y comprender más al Cid y Shura. Dioses, ella es la fan numero uno de esta combinación y el mundo estaria lleno de fanwork de ellos si tan solo ella publicara todo lo que escribe. Creeme que espero que este pequeño fic te guste y te de mucho fanservice, como pago a las horas que te la paso hablando de sashismo xDDDD y defmitismo xDDD Además, esto viene a ser el fruto de todas tus horas invertidas mostrandome cabras (?) xD
Comentarios adicionales: Sinceramente… aún no entiendo como esta pareja no tiene tanto fanwork de este lado del mundo, si es una de las más querida en oriente y hay fanwork hasta para tapizar una pared xDDD Definitivamente adoro esta combinación, por todo lo que representa por esa admiración/culpa de Shura por el recuerdo de Aioros y lo cercano que fue con él. Este fic está basado en escenas de Episodio G. Personalmente me gusta la visión de Okada sobre la relación de Aioros y Shura, y el sentir de este último con respecto a su muerte. Yo no veo a Shura malo, lo veo, lamentablemente, como una victima T_T
Indagando
Las pruebas parecían ser muy claras. Conforme en su mente armaba las piezas hubo algo dentro de él que recuperaba luz. Los ojos claros en los atardeceres ya no lo miraban como si se tratara de un culpable, sino de otra víctima del destino y la artimaña divina de un impostor. Estaba seguro, los argumentos cobraban fuerza dentro de él y todo empezaba a tener sentido, las preguntas que le hizo a Aioros ante de su muerte, lo irrisorio que significó matar al hombre que admiró…
Y admira, ahora más que nunca… un hombre que había sido asesinado por un error, por una emboscada donde lo habían envuelto. Sólo uno era capaz de algo así, de crear la ilusión para manchar la dorada envestidura de sagitario, de crear una trampa para mancharlo con su oscuro cosmos. Sólo él…
Conformé pasaba el templo de géminis, como era necesario, luego de haber ido al coliseo a observar los entrenamientos, recordaba también escenas, muchas escenas. Recordaba a esos ojos verdes que observaban la distancia las doradas alas del arquero, la sensación de tener un pozo de bien y mal detrás de las irises magnéticas con la fuerza del universo encerrado tras los parpados. Podía incluso saborearlo, el asqueroso amargo de la envidia o la sensación nauseabunda de estar siempre peleando por alcanzar esa luz.
Para él aquella luz que el emanaba no podía dejar de ser artificial. Aioros, en cambio, sólo verlo, solo sentir los rayos de sol golpeando contra su faz y dejando destellos dorados que asemejaban las plumas de las aves de paz era suficiente para hacerle sentir que estaba más allá, más allá de la tierra, de los guerreros, un hombre rodeado de honor, de fuerza y justicia.
Sí, él siempre lo veía así, frente de él, de espalda y sonriéndole por sobre el hombro, con su mirada llena de ternura y amor y los bucles castaños deslizándose sensualmente por las mejillas formando su varonil rostro.
Se detuvo, en el templo de virgo y camino a su salida cuando el cosmos dorado de su compañero le saludó en medio de meditaciones. Observó con su rostro serio, sin mucha expresión, el cuerpo delgado del joven descendiente de la india, aquel que según Aioros era un ser solitario y temible.
"Será un terrible adversario"—recordó que le dijo—". Ejecutará su justicia sin piedad. Es un niño que no tiene dudas, no sé hasta qué punto eso sea correcto o no…"
—¿Ocurre algo, Santo de Capricornio?—escuchó la voz, melodiosa y aún infantil del sexto guardián, encerrado tras su posición y su aura poderosa.
¿Qué significaba para él la justicia? No tenía que preguntarlo, él ya lo sabía. Si algo tenían muy claro en las doce casas eran una cosa: Shaka era el más cercano al patriarca.
—En lo absoluto. Con permiso.
Una leve onda de cosmos dorado fue el saludo final del de Virgo, quien de nuevo se internó en sus parajes internos prosiguiendo con la meditación. También el mismo creía que la palabra del patriarca era verdad, ¿pero que si él fue otro engañado por la manipuladora sombra de Géminis? ¿Que si todos fueron engañados por ese ser que había desaparecido seis años atrás?
La idea le rebotaba, una y otra vez, en su mente.
Soñando
"Afila tu vista, observa el objetivo, que tu espada sea tan recta como tu justicia."
Esa voz, esa dulce voz que lo arrullaba en la punta de su oído, le creaba dentro del estomago un hormigueo extraño, dentro de su vientre un fuego quizás prohibido.
"¡Concéntrate Shura!"
Enfocaba su mirada en la espesa oscuridad encerrado dentro de sus parpados. Se removía buscando en las sombras aquella voz que le seducía todos los nervios y penetraba en sus oídos atándolo a una cuerda de plata, tambaleante…
Y recuerdos, muy vagos… lo veía a él en los atardeceres de lugares lejanos, cerca de los riachuelos, fuera de las plazuelas, ambos juntos comiendo un poco de pan y leche mientras reía contando anécdotas. Allí estaba, tan él, sentado con sus piernas cruzadas y hablando de su hermano, o de su vida en el santuario… o… realmente no escuchaba lo que hablaba, solo estaba perdido en la curva de su sonrisa y el destello de su mirada, en el ondear de sus cabellos y en el movimiento de los labios que pronunciaban silabas, en el aroma a pasto mojado y de su duro pegado en la nuca.
"Observa bien, Shura"
Intentó alcanzarlo… observó a las lejanías las alas doradas perdiéndose en el firmamento y como cada pluma que volaba de ellas se afilaban como espadas y herían su cuerpo, a sus manos intentando alcanzarlo, a su rostro forrado de lágrimas.
Te haré justicia…
Se dijo en el pináculo de la oscuridad a la que era abandonado
Protegeré lo que protegías… lo haré por ti…
Me quito el sombrero ante tus comentarios, Elwym, sinceramente, no sé qué decir. Más que agradecerte por tomarte el tiempo de hablar de esta manera de mi personaje, de la manera en que lo he moldeado, intentando poner en palabras lo que debieron ser sus emociones al matar al se que más admiraba y al cual seguía sin dudar. Espero que no sea demasiado tarde para continuar con esta lectura. Te soy sincera, estoy feliz con tus comentarios, con la manera en que has analizado mi escrito, que espero que mi tardanza no haya provocado que no quieras leer más.
