Tristeza de Verano
Summary: Un lugar especial, donde todos podían relajarse, sin máscaras, sólo ellos. Pero, ¿qué clase de secreto oculta T.K.? ¿Y el de Kari? Sentimientos salvajes aparecerán para con su antiguo líder, y el drama entre ellos estará siempre a la orden del día.
DISCLAIMER: Digimon y todos sus personajes no me pertenecen. Todo es propiedad de Akiyoshi Hongo y Toei Animation. No gano nada escribiendo, salvo satisfacción personal.
Este fic fue "concebido" para el Intercambio Especial Aniversario II del foro Proyecto 1-8.
Parejas:Aparte de las dos mencionadas allá arriba, este pequeño fic incluye Sokeru.
Notas Finales: Muchísimas gracias por sus lecturas, visitas y comentarios! El Michi es amor (L) Me encantó escribir este fic, sin duda. Me he divertido bastante hasta ahora, ya estamos llegando a la mitad de la historia, nos quedan dos caps más.
Dedicado especialmente para Nyvan. ¡Felices lecturas!
Cap. 3 Apariencias
Enterró su rostro en la almohada, abrazándola con fuerza. Se sentía ligeramente hambrienta y el reloj rondaba cerca de la una de la tarde. Pero no se quería mover de la cama, no, ya a esta hora ellos debieron de haber almorzado y nadie se había tomado la molestia de siquiera buscarla. Frunció el ceño, ablandándolo casi de inmediato; se encontraba pensativa porque no sabía qué hacer sobre la particular petición que Kari y Matt le habían hecho. No se consideraba buena distrayendo a alguien, ¿acaso alguien le ha visto la cara de payasa? Pero claro, tenía que llegar Hikari y hablarle sobre su situación y como ellos están haciendo para seguir manteniendo aquella relación.
Mimi suspiró, nadie dijo que mantener el amor resultara sencillo. La mayoría de las veces lo visualizaba como si fuera una planta, una planta que se debía regar y mantener a diario, porque si no fácilmente se marchitaba. A Mimi se le da bastante bien la jardinería, aunque deteste ensuciarse; razón por la que tiene ya algún tiempo sin poder ayudar a su madre con dicha labor, definitivamente, ensuciarse no era lo suyo.
Unos golpes en la puerta le sacaron de sus pensamientos. Se extrañó, porque no estaba esperando a nadie. A no ser que sea Yolei o Sora quienes le buscaban.
Tragó saliva, esperaba que no fuese Sora. Porque honestamente no sabía con qué excusarse, a ella no podía engañarle. Seguía sin poder creer la noticia, se estaba debatiendo entre contarle o no nueva relación de su actual ex novio.
Se estremeció. No sabía por qué, pero la palabra "ex novio" siempre le había parecido fea. O la peor: viuda.
Aunque bueno, una viuda multimillonaria no sería tan mala idea. A menos que…
Los golpes en la puerta sonaron más insistentes.
— ¡Ya voy! —Gritó, con molestia.
Se arregló un poco el cabello antes de abrir, o bien lo sacudió un poco con sus manos, imaginando como se vería. Ya tenía puesto su bañador azul cielo porque pensaba al menos refrescarse en la piscina más tarde, aunque creía que antes de disfrutar del agua, la parada en el restaurant para poder comer algo sería obligatoria.
Asintió a medida de sus pensamientos y abrió la puerta. La ligera sonrisa que tenía en su rostro se congeló al notar un par de ojos café posarse en ella.
— ¿T-Tai?
—Hola. —Respondió éste, neutral. Su cabello rebelde estaba un poco más despeinado de lo normal, su bañador azul rey con bordes naranjas le llegaban hasta un poco más arriba de las rodillas y una toalla blanca reposaba en sus hombros, sin ningún rastro de camisa a la vista.
Su pecho se mostraba en todo su esplendor, no era musculoso pero aún así tenía una buena contextura y marcas ligeras de pectorales y algunos abdominales.
Mimi tuvo que respirar profundamente, y esforzarse en mirarle solo el rostro.
—Hola. —Contestó, no sabiendo nada más que decir.
— ¿Por qué no almorzaste hoy con nosotros? —Preguntó directo, ella podía deducir por su tono de voz que estaba curioso y molesto a partes iguales.
—No creí que fuese necesario… —Evadió, agachando la mirada y observando a su derecha.
La mano izquierda de él descansaba sobre su costado, pero la derecha estaba oculta por la pared.
— ¿Y tienes hambre?
—No. —Mintió automáticamente. Y sus tripas le delataron de inmediato, como protesta. Ella se sonrojó, viéndolo de reojo mientras que él alzaba ambas cejas.
—No digas nada. —Le pidió, pareciendo más bien una orden.
Él arrugó la cara, pero reveló lo que tenía en su mano derecha, tendiéndoselo de inmediato. —Toma, es para ti.
Mimi se sorprendió de sobre manera, al ver un pequeño plato de pollo a la canasta, sus fosas nasales se inundaron de aquel suculento aroma, haciéndole salivar un poco más de lo debido.
Le miró, tomando el plato con cierta timidez de su mano, agradecida. —No debiste.
Él se encogió de hombros.
—Lo cierto es, que te tocaba el almuerzo, según tengo entendido. ¿Qué pasa, te sientes mal?
Ella negó. —Creo que quería recostarme un rato.
—Ya.
No supo que otra cosa decir. Se sentía estúpida y furiosa consigo misma cada vez que su cerebro se quedaba en blanco cuando estaba con él. Y oh sorpresa, este tipo de cosas sólo le pasaban cuando estaba con él.
Estaba pensando en despedirse hasta que su alegre mirada le detuvo.
— ¿Te gusta el verano? —Inquirió él, interesado.
Ella soltó una risita nerviosa, en parte aliviada por su pregunta, —claro que sí, me encanta. Es mi estación favorita.
Mimi creyó ver cierto brillo en su mirada. —Wow, la mía también.
Ambos sonrieron, intercambiando miradas de sorpresa e interés.
Él se aclaró la garganta. —Me estaba preguntando…
—… ¿Sí? —Se odió cuan desesperada había sonado su voz.
Eso a él le causó risa y se animó en proseguir: —si tal vez más tarde tú…
— ¡Tai! —Ambos se sorprendieron al ver como Sora iba a su encuentro, se veía bastante angustiada. Sora, la siempre maternal, calmada y reservada Sora. —Necesito hablar contigo. —Pidió, con urgencia, ignorándola por completo. No perdió detalle cuando él asintió gravemente, otorgándole una última mirada de disculpa antes de irse, con ella.
A medida que los veía caminar hasta el ascensor, juntos, la presión en su pecho no disminuía, ni en lo más mínimo.
Encargarse de ser el alma en las fiestas no es tarea fácil, y eso muy bien lo sabe. No muchos soportaban la presión de ser populares, de improvisar, de saber qué era lo mejor para el equipo. Y la lista de cualidades seguía y seguía, pero Daisuke no quiere pensar en ellas, no. No cuando él mismo estaba cualificado para todas esas cosas, y muchas otras cosas más.
Se encontraba recostado en una cama salvavidas, con sus lentes negros de sol y disfrutando del buen sol. Iori tenía razón, la piscina del hotel era bastante agradable y relajante, razón por la cual accedió a acompañarle. Y mientras él practicaba su nado libre, Davis se dedicaba a seguir flotando en la piscina, si fuese por él, jamás saldría.
Un par de figuras llamó su atención cuando pasaron cerca de la misma.
— ¡Hey, Tai! ¿Qué haces? —Le preguntó curioso, quería aprender a surfear y aunque Tai no se considerar experto en el ámbito pedagógico, de igual manera quería que su mentor le ayudara a defenderse en las olas.
—No tengo tiempo ahora, Dave, hablamos luego. —Cortó, haciéndole una discreta seña encima de la cabeza de una pensativa Sora.
Escuchó un chapoteo en la piscina, pero no le dio importancia.
—Ah. Vale, bueno, será luego. —Se despidió con la mano, un tanto desanimado a medida que los veía caminar hacia el otro extremo del hotel. — ¿Será que intentará tener algo con ella?
—Hmm, lo dudo. —Respondió Hikari, resuelta. Se había metido al agua con un bañador de cuerpo entero, color rosado. Davis se sobresaltó, ya que claramente pensaba que sólo Cody y él estarían en la piscina, resbalándose del salvavidas y cayendo al agua. Yagami se empezó a reír por el suceso.
A la distancia. Los estaba viendo a la distancia, mientras traía las cornetas Apple para que empezara la verdadera diversión. Yamato trataba de desviar la vista de Kari y el Motomiya, teniendo en cuenta que el chico babeaba por su novia secreta. Apretó la mandíbula, a veces le jodía bastante mantener todo esto en secreto, porque había muchas ocasiones en las que a él le gustaría proclamar su cariño por ella a los cuatro vientos, ir al karaoke, bailar con ella, tomarla de la mano en la calle… ciertamente quería hacer cosas de pareja en público, sin necesidad de ocultarse.
Lo que le impedía realizarlo era que primero tenía que obtener la aprobación de su mejor amigo. Tai podía ser un cabezota en la mayoría de los casos, pero le respetaba porque como hermano mayor había sido excelente, eso lo demostró en diversas ocasiones cuando viajaron al Digi-Mundo, Tai sin quererlo ni proponerlo, le había enseñado a como ser un mejor hermano para Takeru. Tai representaba muchas cosas para Yamato, y él no quería arruinar una amistad construida y sembrada durante todos aquellos años.
Observó como su hermano, cabizbajo, caminaba hacia él, hacia la pequeña choza construida de paja y madera donde se encontraban. Había muchas chozas con capacidad para veinte personas por donde mirara, más se ubicaban a una distancia prudente de las mismas, para no interrumpir en caso de querer organizar una fiesta. No podía definir con claridad cómo estaban construidos los asientos y la mesa circular, pero podía apostar a que era cemento, más no se veía de una manera rústica como muchos hubiesen pensado.
No se extrañó de ver a su pequeño hermano sin gorra, y sin camisa, estaba descalzo y con su short bañador de color verde musgo.
—Hermano… —Saludó, mirándole fijamente, — ¿ya han hablado con Mimi?
Él asintió. —Kari pudo convencerla al final. Así que ya no debería haber problema.
Él negó. —Ella está en la orilla, con Tai.
Matt se extrañó y volteó a su izquierda, en donde había una perfecta y hermosa vista a la playa, la arena y las olas. Tuvo que entrecerrar los ojos para poder ver dos puntitos a la distancia.
—Qué raro… pensé que la princesita actuaría más rápido.
— ¿Y ahora que voy a hacer? —Murmuró para sí, cruzándose de brazos.
Matt suspiró, buscando su iPod en su bolsillo para poder conectarlo a la corneta. —No te desesperes, T.K., tenemos tres semanas todavía.
Lo cierto era que Matt estaba ansioso por todo el tiempo que tendrían por delante. Sora había demostrado un amor sincero por él y habían salido muchas veces, pero sin nada serio. Quiso superar su primer amor e intentó algo con la peli-roja, terminando en un dulce noviazgo, al principio le costó creer que Sora se comportaba como una novia japonesa ejemplar, y las salidas con ellas no fueron tan forzosas como él imaginaba al comienzo. De repente, se entera que su hermano está saliendo con Hikari y como buen hermano mayor, tuvo que fingir una alegría infinita por él, por ambos.
— "Hermano, me gusta Sora." —Le había confesado Takeru entre lágrimas, una tarde lluviosa en donde él se debatía entre qué hacer con su vida amorosa. Recordaba como incrédulamente había levantado la cabeza, para mirarlo a los ojos. Odiaba ver a su hermano llorar.
— "¿Desde cuándo?"
Recordaba como T.K., días atrás, quería decirle algo con insistencia, pero con la grabación del nuevo disco no le había prestado mucha atención. No le prestaba mucha atención a todo mundo, la verdad, porque se estaba enfocando más en su trabajo, para evadir gran parte de su realidad.
—"Desde… siempre." —Completó, avergonzado. —"No quise decirte nada, nunca había querido decirte nada… ¡pero es que no puedo soportarlo más! Mi pecho… duele." —Llevó su mano a su corazón para enfatizar sus palabras.
Yamato no tenía idea que su hermano se estaba enamorando de la Sora que conoció a sus ocho años, que había sido demasiado pequeño para saber exactamente que se trataba de amor y lo había confundido con una intensa admiración. No sabía que su hermano se había encontrado melancólico con el paso de los años por estar distanciado de ella, por no verla tan seguido como antaño podía. Ni mucho menos sabía que a sus doce años estaba determinado a ganársela, a conquistarla por el precio que fuera, quería poder madurar rápido para cuidar de ella y estar a su lado. Poder ser la figura segura que ella necesitó desde niña, poder estar con ella en su risa y llanto, simplemente poder vivir con ella todos los momentos de la vida que él soñaba e imaginaba a cada rato.
Matt se había sentido un extraño en la vida de su hermano cuando él empezó a balbucear esas palabras. No había tenido ni la más mínima idea, no había tenido la certeza de nada. Jamás se le pasó por la cabeza que su hermano, estando de novio con su mejor amiga, en realidad estuviese enamorado de otra mujer. Y mayor, además. Yamato se vio reflejado en él, aunque su situación sea lo opuesto a la que estaba viviendo, sin rodeos le había confesado que gustaba de su ahora novia, así como casi desde el comienzo de sus sentimientos también, y la mirada de desprecio que esperaba ver por parte de Takeru, jamás apareció. Sólo hubo determinación y compasión en su mirada.
—"Veo ahora que estamos saliendo con las personas equivocadas. ¿Te importaría hacer un cambio?" —Bromeó, aunque su sonrisa por un segundo flaqueó. Matt estaba serio y caminó hacia él, para palmearle la cabeza.
—"No tienes por qué hacerte el fuerte cuando estás conmigo. Si en verdad te gusta tanto, terminaré con ella."
—"¿Eh? Pero…"
—"Ya lo decidí, T.K. Así que no vas a hacerme cambiar de opinión."
El menor esbozó una pequeña sonrisa, intentando que ésta también lo reflejara su mirada.
—"Entonces yo también terminaré con Hikari, y así estaremos a la par."
Había sido el pequeño pacto entre ambos hermanos, manteniendo una distancia prudente de la mujer a la que ellos amaban hasta que alguno diera el primer paso con ellas. El proceso de Takeru fue lento y doloroso, hasta el son de hoy seguía siéndolo, ya que no podía sacarse de la cabeza que Sora jamás lo querría, al menos de la manera en la que él necesita. Sabe que ella puede confundirse, porque no debe ser nada fácil salir con el hermano del que había sido su novio, su gran amor. Salir con el cuñado…
Un título. Todo se reducía a un mero título. Sora jamás querría estar con él porque también la barrera de la edad si bien podría ser un gran obstáculo.
Takeru tenía miedo de estar luchando por una causa perdida.
Pero Matt debía de recordarle que él no estaba solo, no estaría solo y que si él puede estar manteniendo algo con Hikari, entonces él también lo haría con Sora.
La clave de todo esto es que tenían que sacar a Taichi del problema para que ella no se fijara "accidentalmente" en su mejor amigo. Sabía que Sora se encontraba un poco inestable emocionalmente y podría confundir el cariño y el apoyo de Tai en algo simplemente erróneo, en algo que tuvo su oportunidad hace años atrás y a la final no resultó.
Matt necesitaba que Tai aflojara un poco de su explosivo carácter, que se mostrara más abierto y relajado a nuevas situaciones, demonios, que se enamorara o que al menos encontrara el amor para que él pueda empatizar y comprender su situación, para que el golpe, sus palabras y reacciones no fueran tan rudas. Para que al menos haya una posibilidad de mantener su amistad.
La niña de los ojos de Tai era su preciada hermana. Hikari lo es todo para él y comprende todo el derecho que él pueda sentir y tener para con ella, porque él haría lo mismo para con Takeru. La diferencia estaba en que él por experiencia sabía que Sora jamás le haría daño a su hermano, al menos no de manera intencional. Entiende que ella podría hacerse la vista gorda si detecta algún sentimiento más allá de lo fraternal o de amistad para con Takeru, porque ella también era, a su manera, orgullosa, y es consciente que se había criado en un ambiente lleno de responsabilidad y moral. Moralmente no sería bien visto si de la noche a la mañana empezara a salir con Takeru, por lo que el proceso para ambos sería equivalente a cocinar arroz a fuego lento.
Sacudió la cabeza, tratando de reprimir una amarga carcajada. Como mejor amigo de Tai tenía libre acceso a sus confesiones y había una chica en particular por la que su amigo nunca había experimentado más allá de una lejana amistad, y encima superficial. Desconocía en parte lo que él pensaba verdaderamente, lo que tenía planeado intentar, pero secretamente confiaba en que ella por esta vez, hiciera libre uso de su encanto para atraerlo a él como abeja en la miel.
Si lo analizaba con cuidado, todo esto parecía una cadena que dependía de la participación de casi todos para poder llevarlo a cabo, para poder llegar a un acuerdo y un fin, no importando mucho el medio porque éste no lo consideraba tan extremista ni peligroso.
Todo se reducía a una cosa: necesitaban a Mimi.
— ¡Yamato-baka-kun! —Exclamó una vocecita aniñada y molesta.
Éste trató de inmutarse por el mote con el que ella le llamaba cuando verdaderamente no estaba en su buen ánimo.
—Oh, pero que oportuna eres. ¿Qué quieres ahora?
Mimi traía su cabello marrón claro suelto y húmedo, vistiendo un bikini de dos piezas rosa con diminutas estrellas amarillas y un pareo blanco transparente a juego con sus sandalias.
—Oh, Mimi-san, ¿ya te metiste al mar? —Preguntó Takeru, animándose.
Ella negó. —Quería ducharme antes de salir. ¿Por qué todo mundo está disperso? Siento como si todos fuésemos extraños. Hace rato estuve ayudando a Yolei cortando frutas para la cena, me encontré a Ken y Koushiro en la sala de juegos del hotel, ¡tremendo susto les eché cuando les recordé sobre el uso de la tecnología!
—Bueno, ¿y qué esperabas? Había que admitir también que tu norma sobre los celulares era estúpida. Sabes que no todo mundo tiene acceso a ellos por gusto, también es una necesidad.
Ella se encogió tercamente de hombros. —Por supuesto que lo sé, Yama-baka. ¿Crees que no me traje el mío? Sólo que lo tengo bien oculto en el bolso, únicamente para fotos y emergencias. ¡Oh, hablando de fotos! ¡Olvidamos tomarnos una de salida y de llegada al hotel!
Matt suspiró al presenciar su dramatismo y Takeru se empezó a reír.
Él le jaló con brusquedad del brazo y le señaló la orilla del mar. — ¿Ves eso que está allá? ¿Te acuerdas de un chico hiperactivo,de cabello café rebeldes? Bueno, ese ahora es tu problema. Y tu problema no debería de pasar tanto tiempo con ella. —Se regocijó al ver la sombría mirada de Tachikawa. De reojo vio como su hermano le reprochaba con la mirada, ya que a veces no se mostraba de acuerdo en la manera en que él presionaba a los demás.
Soltó su brazo para empezar a seleccionar las canciones que escucharían únicamente por estas tres semanas. Cada uno de ellos había hecho un aporte y se había creado una lista de reproducción llamada "Música Playera", contaban con 36 horas de reproducción. Con eso debería de bastar, y si no, el iPod de Daisuke tenía casi pura música popular electrónica, el iPod de Mimi tenía música bailable, la mayoría eran canciones y géneros latinos como la salsa y merengue porque no hacía mucho que había empezado en una academia de baile en donde enseñaban a bailar salsa casino. Se había sorprendido al principio por el talento que la chica tenía por los idiomas y los gustos exóticos (o más bien, extravagantes) en los que ocasionalmente alardeaba. Se imaginó que las noches en la playa pudieran estar ambientadas en baile y una pequeña fogata, mientras todos miraban las constelaciones y le agradó la sensación. Le dio play al aparato y el lugar se empezó a inundar de "Kingston Town", del grupo UB40.
Mimi soltó un chillido de alegría. —¡Ahora si entramos en ambiente!
Davis y Kari, quienes se encontraban sentados en la orilla de la piscina a pocos metros de allí, escucharon sus palabras y se carcajearon. A Matt le complació que la música se escuchara a tan buena distancia, estaba casi seguro que se podía escuchar hasta donde Tai y Sora se encontraban, y tal vez un poco más allá. Por suerte en el hotel, no tenían muchos huéspedes en ese momento y algunos se habían aventurado a explorar otras partes del lugar.
Difícilmente podrían quejarse del volumen, y sin embargo, ¿quién se quejaría escuchando música de playa durante el mismo lugar?
Los amigos estaban para compartir tantos buenos como malos ratos. Los mejores amigos brindaban apoyo y confianza incondicional, los mejores amigos sabían todo del otro y harían lo que fuera para que la felicidad y seguridad estuviera garantizada.
Sabe que el mundo de ella ahora quedó reducido en cenizas, y sabe con impotencia, que él ahora ya no puede hacer nada al respecto, porque ya ha tenido esta misma conversación con ella, semanas atrás. Estaba claro, hasta él mismo se daba cuenta, que Matt le había mandado a ella diversas señales sobre el fin de la relación, y Sora nunca lo quiso ver así. Se había negado a la posibilidad de que entre ambos las cosas terminaran por mal camino, Tai le había hecho entrar en razón, más ella no quería escucharle.
A él le preocupaba que ella no escuchara a nadie más que a sí misma.
—No sé qué hacer, Tai. Ahora es como si me evitara completamente, quisiera por lo menos que el trato entre nosotros no se perdiera, después de tanto tiempo.
Él suspiró, mirando fijamente el cielo azul, con sus nubes alrededor. El cielo se veía alegre y hermoso, distante de todo rastro de opresión y tristeza.
Escuchó a lo lejos el ritmo de una canción, relajándose de inmediato. A esta hora Matt ya debería de encargarse de la música. Tai se preguntó vagamente que estaría haciendo ahora si estuviese con Mimi, le había dado mucho coraje que su mejor amigo le importara muy poco si ella había o no comido, porque comer era muy importante y nadie debería por qué privarse de eso.
Se preguntó vagamente que estaría haciendo con ella en estos precisos instantes si sólo hubiese terminado lo que quería decirle.
—Tai, ¿me estás escuchando?
—Oh, perdona. ¿Decías?
En ocasiones sentía que repetirle a alguien las mismas cosas que quería escuchar, era de locos y ciertamente se veía de cobardes; por no saber o querer expresarle las cosas que esa persona tenía que escuchar, por muy dolorosas que fueran. Odiaba ser esa clase de personas, aquellas en las que se mordían la lengua hasta sangrar, callándose todo lo que dentro adentro pugnaba por salir.
Tai odiaba profundamente cuando Sora se comportaba de manera infantil y no quería oír las verdades que ella necesitaba para poder proseguir.
Se incorporó, sacudiendo su cabeza. Alejándose de ella.
— ¿A dónde vas? —Le pregunto, más bien habló en tono de exigencia. —Regresa, aún no he terminado.
— ¿Y para qué? —Le dijo de espaldas. —No me vas a escuchar. Se trata de ti, también quieres que todo se trate de ti. Me he cansado de escuchar las mismas palabras todo el tiempo, y también me he cansado de escuchar el hostil silencio con el que repudias mis opiniones. No vamos a llegar a ninguna parte, y lo sabes, Sora. Si no te da la gana escucharme, entonces al menos por este tiempo, déjame en paz.
Y se alejó, sin esperar respuesta.
Mimi alzó su mentón bien en alto, con su anhelada bolsa de cosméticos en sus manos. Le había quitado finalmente las llaves a Matt del vehículo y había recuperado lo suyo, sin mucho esfuerzo. Ahora subiría a su habitación, lo dejaría ahí y bajaría para finalmente disfrutar de la arena y mar.
En el camino, se encontró a Joe y Yolei, agachados en la arena alrededor de un tumulto de caña y paja. El Superior Joe luchaba con dos palillos y rocas.
—En serio, Miya-chan, ¿no sería más práctico tener fuego con un encendedor?
—Pues entonces ¿cuál sería el chiste, Joe-san? Las verdaderas fogatas se hacen de esta manera.
—Sí, pero creo que suspendí esa parte cuando era un explorador. Me dediqué más a la medicina. —Le explicó, sacudiéndose el sudor de su frente. Ella hizo un resoplido y la saludó en cuanto la vio.
—No gracias, paso. Hace demasiado calor para encima intentar prender fuego. —Le respondió Mimi apenas Miyako la invitó para que se les uniera.
—Creo que iré por las bebidas. —Anunció Matt, palpando sus bolsillos en busca de su billetera.
—Sin alcohol. —Agregó Kari, sentada mientras se arreglaba el cabello. Los Digi-Elegidos iban y venían de un lugar para otro, por lo que ambos trataban lo posible en no darse largas miradas, pero oh, como les costaba.
—Sin alcohol. —Repitió él como autómata, ya casi a punto de salir de la choza.
—Con alcohol. —Agregó serio Tai, llegando al lugar y sentándose al lado de su hermana, quién quedaría a cargo de la música. Al ver ambas cejas enarcadas por parte de ambos, continuó: —Lo necesito. —Miró largamente a Matt, esperando que entendiera su mensaje, él asintió y finalmente salió.
Kari pudo mirarlo hasta que su silueta apareció.
— ¿Por qué no acompañas a Matt, Daisuke? Así te aseguras que realmente compre mi ron favorito.
Él asintió, enérgico: —Como diga mi Taichi-senpai.
— ¿Alguna cosa que quieras contarme, Kari? —Preguntó como si nada una vez que se encontraban solos.
Ella se tensó, mientras rápidamente colocaba otra canción para aligerar un poco el ambiente. El iPod comenzó a reproducir "Road Trippin'" de Red Hot Chili Peppers y con nostalgia se acordaba que esa es una de las canciones favoritas de Matt.
Ella carraspeó un poco, antes de responder. — ¿Por qué lo dices?
Se encogió de hombros. —No sé, has actuado extraña. Desde que rompiste con Takeru no te he visto derramar ni una sola lágrima. ¿Acaso nunca lo quisiste como siempre habías pensado?
Kari sonrió, con tristeza. A la final parecía que iban a necesitar esas bebidas alcohólicas después de todo.
—Claro que lo quise.
— ¿Entonces? —Se perdió en los sinceros y expresivos orbes de su hermano, y la culpa crecía a pasos agigantados. No podía, no estaba lista para contarle a su hermano, no sabía las consecuencias de lo que todo esto no podía acarrear. Y al mismo tiempo quería decírselo todo ya, porque se le estaba haciendo insoportable esto de fingir que tenía el corazón roto. Lo había tenido, sí, pero por alguien más.
Y antes de que pudiera decir otra cosa, vio como su hermano apretó la mandíbula y miró al frente, Kari siguió su mirada y se alegró: ahí venía Mimi caminando, con sus sandalias rosas recogidas en una mano. Ella se paralizó al verlos.
Se quedó de piedra y por mucho que ordenara a sus pies moverse, no lo hacían. Sus mejillas empezaron a colorearse terriblemente mientras se perdía en la calurosa mirada de Tai. Quería agradecerle por su gesto, más no sabía qué palabras decir, porque estaba segura que un simple "gracias" no sería suficiente, al menos no para ella. Mimi valoraba los gestos de afecto que una persona le profesaba, no sabía si Tai lo hizo con otras intenciones, pero de igual manera tenía que pasar su tiempo con él, ¿no? Comenzaba a sentirse como una tonta y desorientada.
Él se levantó, caminando hacia ella. — ¿Te gustaría dar un paseo conmigo?
Ella aceptó, sin darse cuenta que había estado esperando este momento durante mucho tiempo.
La fogata ya ardía y algunos se empezaron a congregar alrededor de ella, riendo y hambrientos. Miyako comenzaba a asar algunos jugosos y generosos pinchos de carne y takoyakis, parte del grupo meneaba la cabeza con la melodía de "Lipps Inc." Interpretada por Funkytown, recordando viejos tiempos y los más mayores haciendo chiste de ello. El ocaso estaba en su mejor momento y Kari a la distancia no hizo más que sonreír.
Sintió como una chaqueta, de color negra, ahora descansaba sobre sus hombros. Observó cómo Matt la veía serio, pero Hikari detectó rápidamente cierta calidez en sus orbes que la hacían querer saltar sobre él cada vez que aparecía.
Y así hizo.
Matt rápidamente la abrazó y caminó rápidamente hasta esconderse hasta el otro extremo de la choza, donde podían estar estratégicamente ocultos para la vista de todos. Ambos empezaron a reír, separándose solo un poco.
—Regresaste. —Le dijo ella, con una sonrisa. Él le acomodo un poco el cabello, colocándoselo detrás de la oreja.
—En eso habíamos quedado, ¿no?
Ella se abrazó más a él. —Creo que mi hermano comienza a sospechar de algo, por suerte Mimi apareció a tiempo y se fueron.
—Oh. ¿Y dónde están ahora?
—Deben de estar caminando cerca del mar, ¿puedes verlos?
Matt alzó la vista, tratando de ver algo, pero estaba oscureciendo y lo único seguro que veía era el oscuro mar y sus olas. Él negó. —Estarán bien.
Se separó de ella para poder cambiar la canción antes que la que estaba sonando terminara, le dedicó una mirada cuando "Can't help falling in love" de UB40, sonara.
—Siempre quise dedicarte ésta. —Admitió, teniendo problemas para mirarle a los ojos mientras sus mejillas se volvían coloradas. — ¿Me harías el honor? —Extendió su mano y los ojos de ella brillaron, encontrándose con su azuleja mirada. Ambos echaron una vista para cerciorarse que los demás estaban distraídos en lo suyo, para comenzar a bailar al ritmo de la canción, meciéndose suavemente.
La melodía calaba en lo más profundo de sus corazones, y cuando Matt empezó a tararearla en su oído, lágrimas comenzaron a formarse en sus orbes. Se adueñó de la letra de la canción, sintiendo los sentimientos de él por ella, llenándole de calidez en su pecho.
Las olas del mar le hacían cosquillas en sus pies, sentía su estómago oprimirse y quería dejar de carcajearse, más no podía. No podía porque había descubierto que con Tai (Taichi, le comenzaba a llamar en su mente), la diversión y risas podían estar aseguradas.
El moreno estaba pensando de manera similar, sorprendiéndose que la Mimi que recordaba estuviera un poco más lejos de la Mimi que se encontraba a su lado, caminando a la orilla del mar. Recordaba como el silencio se había instalado entre ambos al principio, tímidos en su comienzo de alejarse bruscamente de su zona de confort, y aquí estaban, conociéndose un poquito más, preguntando rápidamente las cosas más básicas y respondiendo con detallados comentarios, a veces interrumpiendo al otro para poder agregar más detalles y compartían golpes juguetones en los brazos y hombros.
—Me gusta tu cabello. —Le había dicho él.
A ella le agradó ese comentario más de lo que podría llegar a admitir.
—Es mi color natural.
— ¿En serio?
Asintió.
— ¿Tienes hambre? —Preguntó ella.
—Sí. Mucha.
—Desde aquí puedo oler el takoyaki… deberíamos comer primero.
—Y después bailar. —Agregó. Ella bajó la mirada.
—Sí, también.
Trató de no desmayarse cuando él le tomó de la mano, mientras caminaban para reunirse con los demás.
