¿Adivinen quién regresó para traerles un poco más de diversión a sus vidas? Hoy podremos conocer un poco más sobre nuestro costal de papas gourmet y continuaremos con el bullying hacia Abuto XD Y ya que eso es lo más trascendental, sólo puedo decirles que agradezco enormemente el apoyo brindado por todas mis bellas lectoras y gracias por motivarme a seguir echándole galleta a este chilaquil de historia XD

*La osa roja.- Kamui no deja de abusar las personas ni aquí ni en el otro fic que tengo XD Pero forma parte de su encanto natural; así lo amamos :D El Okikagu se manifiesta lento pero seguro, esperen cosas buenas sobre esos dos (?). Tora es un estuche de monerías y ya verás por qué te lo digo jajaja.

*Guest.- ¿Qué puedo decirte? Tengo curiosidad de cómo has puesto todas esas caritas XD.

*I Love Oikagu.- Y qué bueno que fanfiction ya funciona, esperemos no vuelva a hacernos lo mismo. Y hola, por cierto :D.

*Mi-chan.- Aunque Kamui es un mal líder, ahí siguen esos dos XD Empiezo a creer que son unos masoquistas de clóset. Además, si no estuvieran juntos todo sería muy aburrido lol.

*Lu89.- Yo también soy 100% chica, aunque mi nickname despiste a todos :v Y sí, Housen tienen una pequeña y rara hija que ha ido a parar con el peor de los tríos de todo Edo XD Y arriba el bullying para Abuto.

*Anonymous.- Me alegra que lo hayas disfrutado. Y bueno, aquí tienes lo que sigue :D

*Mitsuki.- Creo que ese podría ser un buen apodo para Tora XD Esa chica lleva de todo en ese gorro inter-dimensional :D Y gracias a su experiencia con idiotas no tendrá problemas con tratar a estos tres; a este punto puede que ellos sean los que se lamenten haberla conocido jajaja.

*Jugem.- Si por algo les dieron todo ese forro de billetes XD ¿No son divertidos los trabajos? Aunque tal vez con el tiempo esos tres se arrepientan un poco de tener a una cría como esa cerca de ellos.

Lección 3

Incluso si tropezamos no tiene importancia

No era la primera vez que ese hombre de pulcras vestimentas se paraba frente a ella y empezaba a hablar sin condolencia alguna mientras llenaba el pizarrón de un mundo de kanjis y dibujos abstractos. Tampoco era raro que estuviera allí sentada, con un par de libros y unos marcadores de texto sobre su pupitre; no cuando esa dinámica había sido la misma desde que tenía uso de la razón.

Sí, ese era el modo en que ella llevaba sus estudios día a día.

—…Tras la muerte de Hideyoshi, Tokugawa Ieyasu comenzó a establecer una serie de alianzas con figuras poderosas del país por medio de matrimonios arreglados. Por lo que Ishida Mitsunari, uno de los cinco bugyō, empezó a reunir a todos aquellos que se oponían a Ieyasu…—ese profesor continuaba explayándose, adentrándose en cuestión de minutos en la famosa Batalla de Sekigahara.

—¿Podemos tomar un descanso? —pidió, llamando la atención del concentrado hombre.

—Oh, es cierto, es hora del desayuno —miró su reloj de bolsillo y se dio cuenta de que se había excedido con su explicación—. Perdone mi torpeza, Tora-sama. El desayuno es, después de todo, la comida más importante del día.

—No hay problema con ello —se levantó con tranquilidad y miró un par de segundos al hombre antes de salir de aquel cuarto de estudios—. Historia japonesa es lo que más aborrezco y es lo primero que tengo que escuchar cuando me levanto.

La castaña recorría los pasillos de la casa en sumo silencio, como si fuera un escurridizo gato que no quiere ser percibido por nadie. Y tal vez, esa era su intención, pero lamentablemente sus deseos no pudieron ser cumplidos; después de todo, no había sido la única que había decidido ir a desayunar en ese justo momento.

—¿Cómo están yendo las clases? —interrogó su padre tras abrir las grandes puertas que llevaban hasta el comedor; no era de sorprenderse que ya estuviera la muchedumbre encargándose de poner todo para el cabecilla de la familia y su hija.

—La historia japonesa podría ser usada para dormir a niños problemáticos con exceso de azúcar en la sangre —la segunda cosa que más odiaba después de la historia, era que su progenitor le preguntara sobre sus clases.

—No puedo permitir que mi única hija sea una salvaje inculta cualquiera —Housen ya había tomado asiento y seguía con la vista puesta en la castaña hasta el momento en que decidió sentarse.

—…Pero esta clase de cosas también las enseñan en las escuelas privadas…y hasta en las públicas —pan integral con mantequilla y un poco de mermelada fue lo primero que entró a su boca tras tan simple oración.

—Ya hemos discutido varias veces sobre ese tema —limpió su boca con una servilleta y procedió con su huevo estrellado con abundante bacon.

—Solamente dijiste que no. Nunca escuché tus razones bien fundamentadas —le recordó—. Hay numerosas escuelas cerca de aquí.

—Eres hija del Rey de la Noche, Tora. No eres una simple chiquilla que va por allí perdiendo el tiempo —dijo con severidad—. Más allá de la apariencia que debes mantener, debes entender que siempre estarás a la vista de mis enemigos... Inclusive de los otros jefes del Harusame.

—… "No debes estar sola, tampoco tienes permiso de relacionarte con otros miembros que no sean de la familia…"…Ya me lo sé de memoria, padre —su tono era calmo, como si no le importara en lo más mínimo el ser privada de tener una vida, pero su mirada delataba verdaderamente cómo se sentía—. Entonces, ¿por qué razón has contratado a esos dos para cuidarme?

—Consideré que era más útil utilizar constructivamente el instinto de ese muchacho a darle su merecido —esa sonrisa que se colaba por sus labios dejó pensando a la castaña de los verdaderos motivos que se escondían tras su resolución—. Y ha funcionado mejor de lo que me hubiera imaginado… Lleva una semana encargándose de alejarte de los problemas y no has logrado escaparte ni una sola vez.

Eso es porque literalmente se encarga de pasearme por todos lados para atraer contrincantes…y por eso no me quita la mirada de encima…—la fruta picada era buena opción para continuar llenando su tripa.

—Housen-sama, lamento interrumpirle mientras desayuna, pero Shoukako-sama ha llegado para verle —comunicaba el mayordomo que había entrado al comedor.

—Dile que pase —ordenó el peli gris.

—Housen, tanto tiempo sin vernos —resultaba imposible que un sujeto de semejante talla no fuera visto a varios kilómetros de distancia; y mucho menos si esa apariencia humanoide se hacía presente.

—La última vez que nos vimos fue hace bastantes años. ¿Qué es lo que te trae por aquí? —podría sonar como un buen anfitrión, pero eso no significaba que había bajado la guardia.

—He venido personalmente para traerte una invitación —el extraño gorila se encaminó hasta el asiento del jefe de Yoshiwara y de entre sus pertenencias sacó un espléndido sobre dorado.

—Es extraño que un evento como este suceda muy a menudo —Housen ya había empezado a leer el contenido de dicha invitación; siendo incapaz de sonreír con tremenda emoción. Es como si estuviera recordando viejos tiempos.

—Esperamos contar con tu presencia, Housen —expresó Neptune sin despegar su atención del hombre.

—Alguien como yo ya está viejo para asistir a eventos como esos —nunca era demasiado temprano para beber un poco de sake.

—Si tú no puedes asistir, puedes mandar a tu hija en tu representación —los ojos de esa bestia se dirigieron hacia la callada jovencita—. Ella después de todo será tu sucesora y no le hará daño un poco de experiencia.

—Tora todavía no está lista para representarme ni a mí ni a toda la familia —el padre se puso de pie, dejando inconcluso su desayuno—. Si eso es todo a lo que has venido, entonces te pediré que te vayas…Ya que lamentablemente este viejo tiene mucho trabajo y no puede estarse relajando como cierto jefe —Shoukako soltó una risilla apenas audible; en cierta manera parecía estar complacido con la manera en que reaccionó el hombre.

—Reconsidera tu postura, Housen… El resto de las familias no serán tan permisivos como yo.

—He estado en este negocio por mucho tiempo, niño —aseveró confiadamente—. Una simple amenaza como esa no hará que vaya corriendo a ustedes con el rabo entre las piernas.

El timbre de salida ni siquiera había sonado todavía, pero eso le tenía sin cuidado alguno a cierta pelirroja ruidosa; esa misma que no había pensado dos veces en jalar a su amiga fuera del salón de clases mientras cierto profesor adicto a los dulces les gritaba blasfemias a todo pulmón por irse antes de tiempo.

Soyo no tuvo tiempo siquiera de espetar queja alguna. Para cuando reaccionó ya se encontraba trepada sobre ese monstruoso perro que fue llamado por su dueña con un simple chiflido. Lo único que podía hacer ahora era aferrarse fuertemente o saldría disparada hacia la calle; ahora todo era cuestión de sobrevivir al frenético galopeo de esa bestia blanca.

—¡¿Q-Qué es lo que pasa ahora, Kagura-chan?! —exclamaba la pelinegra en cuanto encontró estabilidad. Aunque todo a su alrededor era borroso.

—El pelado me ha pedido un favor —fue su escueta respuesta.

—¿Qué clase de favor? —curioseaba Tokugawa.

—Mi estúpido hermano ha llegado más tarde a casa de lo usual y con muchos más golpes de lo usual —relató con la mirada puesta al frente, sin ningún ápice de cambio en su tono usual de voz—. Presiente que está metido en un problema serio.

—¿Por qué presiento que todo esto es por iniciativa tuya? —claramente Soyo estaba sonriendo ante lo obvia que podía ser su amiga cuando de Kamui se trataba.

—¡Claro que no!¡Fue idea de ese estúpido peleado y sus paranoias! —vociferó con notorio cabreo. Irrecusablemente no estaba preocupada ni por asomo por lo que estuviera haciendo su incompetente hermano mayor.

—De modo que…¿iremos a su escuela?

—Llegaremos antes de que salga y lo seguiremos… Así podremos saber qué es lo que está tramando.

Y siguiendo el plan de Kagura al pie de la letra, llegaron en tiempo récord hasta la infame Preparatoria Metropolitana Industrial Yato. Ese sitio que no debía ser frecuentado por chicas inocentes e indefensas como ellas; principalmente porque la mayor parte de sus estudiantes eran delincuentes peligrosos que solamente entendían con golpes. Pero esas dos eran demasiado valientes, y tal vez un poco cotillas, para mantenerse ocultas a una distancia prudente y esperar a que cierta cabeza de perilla saliera.

—¡Ahí está! —gritó la pelirroja. Si no hubiera sido por Soyo que le tapó la boca, las hubieran descubierto. ¿Y es que quién iba por allí con disfraces de botes de basura?

—Shhh…Si hacemos mucho ruido nos descubrirán y estaremos en problemas.

—Lo siento Soyo-chan, pero me he emocionado…—dijo divertida—. Me siento como un detective que está tratando de descubrir al asesino tras la masacre de una familia entera en un pequeño pueblo de Texas.

—¡Finge ser un bote de basura, ahora, que vienen para acá!

—¿Por qué tuviste que abrir la bocaza? Ahora por tu culpa tenemos que hacer más deberes… ¿Y quién rayos sabe cómo hacer un biombo? —Abuto se quejaba porque iba con el causante de que el profesor les diera más tarea a todos—. ¡Ey, ¿me estás escuchando?!

—¿Esto estaba antes por aquí? —es que dos botes de basura de ese tamaño no nacían de la tierra por generación espontánea. Y menos si estos misteriosamente se interponían en su camino.

—Mmm… Ahora que lo dices…¡Espera! Eso no interesa, idiota —recapacitó para no seguirle el juego—. El punto es que ya la han traído —señaló hacia sus espaldas, un par de metros arriba, justo donde estaba esa humilde limusina negra aparcada.

—Esta vez ha llegado antes de tiempo —sus celestes pupilas se direccionaron hasta el chofer que se encontraba abriendo la puerta para que Tora pudiera bajar. Sí, allí estaba el objeto que le aportaba diversión a sus tardes.

—¿Quién será ella? —interrogaba en voz quedita la pelinegra para su amiga. Ambas estaban asomando la mirada hacia lo que estaba pasando frente a ella.

—No lo sé. Pero dudo que mi hermano sea capaz de llevarse con una chica y más con una tan ricachona como ella —Kagura tenía una amiga rica, ¿por qué Kamui tenía que tener una también?—. Tal vez la tenga amenazada o algo.

—Pues no parece como si les temiera o algo parecido.

—Tan sólo mírala…Una sudadera de un osito panda, esas ropas de colegiala bien portada y ese estuche raro que denota que es buena tocando algún instrumento… ¿No son suficientes pruebas para decir que es una completa ñoña-manipulable-ricachona? ¡Grita "abusa de mí" por todas partes!

—Kagura-chan, han empezado a moverse, ¿qué hacemos?

—La respuesta es más que obvia, Soyo-chan.

Seguir a discreción no eran las palabras para definir el espionaje que estaban realizando esas dos. De hecho todos a su alrededor se daban cuenta de que no eran más que dos chicas metidas en botes de basura orgánica e inorgánica; pero gracias a que ese grupo les llevaba ventaja y no prestaban atención a lo que estaba a sus espaldas, pudieron seguir con su pequeña misión.

—¿Y siempre tienes que llevar esa cosa todas partes? —Abuto miró ese estuche, ese mismo que la castaña no olvidaba ni por error.

—Guardo cosas importantes en él —contestó sin importancia alguna—. ¿Recorreremos los mismos lugares de siempre?

—¿Ya te cansaste de ser acechada y perseguida por estos rumbos? —Kamui le miró del rabillo del ojo y sonrió ladinamente—. Podemos ir a Rakuyou.

—¡Idiota! —le regañaba el castaño—. ¿Quieres meter a la hija de un mafioso a un distrito tan peligroso como ese?

—¿Qué tan malo puede ser? —lanzó la castaña.

—¿No tienes suficiente con saber que en un distrito como ese viven tipejos como él? —y con "él" se estaba refiriendo al pelirrojo—. Son nuestros lares y los conocemos a la perfección.

—Es cierto que su escuela queda prácticamente al límite del distrito Rakuyou —si la memoria no le fallaba era así—. Nunca lo he visitado. Quiero ir.

—¿Por qué no pides ir a un sitio…menos problemático? —el castaño sabía que había bastantes posibilidades de que personalidades aún más conflictivas se reunieran allí y más con un imán para las desgracias que traían consigo.

—…Pues no lo he visitado jamás, así que quiero que me lleven —una orden pasiva que provocó en Abuto un largo suspiro y una sonrisa de complacencia en el pelirrojo.

—Sabes Kagura-chan, creo que el rostro de esa chica me es un poco familiar…—murmuraba Tokugawa mientras intentaba conmemorar.

—¿Quién querría ir a un barrio tan sucio y de mala calaña? Esa chica debe estar loca como una cabra… Con esas pintas no sobreviviría ni cinco minutos.

Rakuyou, era el distrito más industrializado de todos los que conformaban a Edo. Allí existía un gran número de fábricas que con el paso del tiempo se habían encargado de ennegrecer y contaminar todo el aire circundante. Pero con el paso del tiempo fueron cerrando en un intento de preservar la vegetación circundante y evitar que el daño a la naturaleza fuera irreversible; y como consecuencia de ello la principal fuente de empleo se perdió y la economía rápidamente se fue a pique.

Muchos de los habitantes partieron hacia otras zonas del país, pero los menos afortunados tuvieron que quedarse y tratar de sobrevivir a aquella selva de concreto en compañía de quienes decidieron trasladarse a esa zona que hasta ese momento no contaba con leyes escritas ni seguridad pública que pudiera mediar los crímenes que frecuentemente concurrían allí.

—No hay nada aquí de lo que te hayas perdido, señorita —habló Abuto para la chica en cuanto al fin llegaron a su destino.

—De manera que esto es Rakuyou —Tora alzó su mirada hacia el gris cielo; aun cuando el sol brillaba para todo Edo, no parecía querer hacerlo para esa ciudad—. Dicen que llueve muy seguido por aquí.

—La mayor parte del año —agregó el castaño.

La castaña se adelantó. Sentía curiosidad por su entorno por razones que esos dos no comprendían. Porque, ¿quién querría ir a una ciudad como esa cuando se viene de una fina cuna?¿Qué de interés existía en mirar los establecimientos desgastados o aquellas tiendas que fueron forzadas a cerrar por falta de clientes?¿Es qué nunca antes había visto a méndigos o gente mal viviente colándose entre los angostos callejones oscuros?

Efectivamente. Ella había crecido lejos de un mundo lleno de carencias; prácticamente todo se le había dado a manos llenas.

—Quiero comprar de lo que venden allí —Tora había ido a parar a una tienda de golosinas. Una que al parecer no había tenido compradores en todo el día—. Me da esos caramelos blandos, esas gominolas, un paquete de chicles, las galletas de arroz —enlistó, señalando todo desde el mostrador de cristal. Aunque no todo era azúcar, no hasta que se dio cuenta de que vendían otras cosas de su interés—. Deme una sopa instantánea de cada sabor que tenga.

—Oi, oi, la finísima hija de Housen-san está llevándose una bolsa grande de comida barata e insana —Abuto miraba a la chica que intentaba pagar todo con un billete con muchos ceros impresos—. ¿Crees que piense que son suvenires y por eso compra tantos?

—¿Podrías cargar esto por mí? —si bien lo estaba preguntando, estaba de más. Tora ya le había dado su bolsa repleta de golosinas a Abuto—. Ya que aquí hay muchos de esos productos me llevaré tantos como me sea posible… Espera un momento…¡¿esos son pockys?! También hay Cream Collon, Takenoko y almendras con chocolate. Esta tienda está muy bien surtida —al diablo que se gastara todo su dinero en ese establecimiento. Lo importante era tener sus refrigerios.

—Dime algo… ¡¿por qué demonios no estás cuidándola y te estás comiendo lo que acaba de comprarse?! —es que era el colmo. Él estaba de pechero designado de bolsas y Kamui ya le había sacado dos cajas llenas de galletas en forma de hamburguesa rellenas de chocolate.

—No olvides comprar osembei —fueron las sabias palabras del pelirrojo para Tora—. Y otras cajas de estas cosas que saben muy bien.

—¿Qué hice para merecerme dos personalidades como estas?

Lo peor no había ocurrido en aquella tienda de dulces. La verdadera pesadilla dio inicio en cuanto se cruzaron con ese establecimiento de dangos. No sólo había sido la castaña la que había pedido una orden, sino también el pelirrojo; y Abuto, sin elección alguna, tuvo que tomar asiento.

—¿No creen…que han pedido…demasiados? —el enorme plato contenía desde dangos cubiertos y rellenos de sirope, de sabor dulce, recubiertos con pasta de judías hasta los que poseían sabor a té verde. Y era una buena pirámide.

—¿Y Ugyu está bien? Tiene días que no lo veo —la castaña estaba fascinada con los de sabor ácido recubiertos de salsa dulce.

—Olvidas que lo atropellaron y ha estado en el hospital desde ese entonces. Al parecer se ha roto una pierna o algo así —le recordó Abuto.

—¿Y no deberían ir a visitarlo?

—Estará bien —apenas y se le entendió porque su boca no dejaba de llenarse de dangos. Era una aspiradora humana andante.

—Lo comprendo de él…pero tú…—en ese momento pensaba que estaba viendo doble, pero no, efectivamente tenía a una chica sentada en frente comiendo dangos con un apetito digno de temer; y es que si bien no tenía tanto estómago como Kamui, podía hacerle competencia sin mucha dificultad.

—Han estado deliciosos —pero como poseía modales estaba limpiando su boca con un pañuelo.

—¿Cómo una V.I.P. como tú gusta de cosas tan mundanas como estas? —ya que eran gratis, ¿por qué no comer unos? —. Ustedes los ricos sólo comen caviar y productos costosos de origen sospechoso.

—Saben bien —así de sencillo—. Los comería a diario si mi padre no fuera tan estricto con mi alimentación —ya que había abierto una caja de pockys de fresa, ¿por qué no comer uno?—. Está en contra de esta clase de comida chatarra, así que cuando las sirvientas encuentran mis tesoros, los echan a la basura.

—¿Y no tendrás problema con todo lo que has comprado? Será difícil esconder todo eso.

—Lo sé, por eso uno de ustedes se encargará de esconderlo —miró a ambos por igual. Ella no iba a aceptar un no por respuesta—. Les compraré una de esas revistas que traen un conejito en la portada y que a los chicos de su edad tanto les gustan que se esconden en los baños para mirarlas por horas.

—¡¿Cómo que revistas con "conejitos"?!¡¿Y qué clase de depravados crees que somos?!¡Además, nadie dura tanto dentro del baño con eso en manos!

—¿Dinero?

—Ni las mujeres ni el dinero me interesan —mascullaba Kamui tras terminar de comer y cruzarse de brazos—. Con que sigas atrayendo a más rivales me es suficiente.

—Abuto, ¿a ti sí te interesan las chicas, verdad? Dime que sólo es Kamui el rarito de los dos y que no son una pareja informal —el problema no eran las conjeturas que estaba armando, sino el modo en que los veía, como si estuviera aguardando por el secreto mejor guardado del mundo.

—¡Idiota, ¿pero qué demonios estás insinuando?!¡Yo no soy esa clase de "hombre"!...De este cabeza hueca piensa lo que quieras… Su cabecita sólo gira alrededor de comer y de pelear. Es un sujeto bastante simple si lo vemos desde otro ángulo —y la discusión prosiguió.

—¿No crees que deberíamos irnos ya? —Soyo consideraba que ya era suficiente cotilleo por un día y en apariencia esos tres no se encontraban haciendo nada malo—. Ya está comenzando a atardecer y debemos volver a casa.

—No es justo que ese idiota coma todas esas cosas deliciosas…¿Es lo que hace todos los días? ¿Zamparse todo lo que esa chica compra?¡Eso se llama extorsión! —alguien que amaba la comida tanto como ella no podía ver esa escena sin morirse de los celos—. Además, estoy segura que pronto hará algo sospechoso…y cuando lo vea, podré decírselo a Papi para que le dé su escarmiento —venganza, dulce y satisfactoria. Y el que comenzará a reírse de manera tan psicópata no ayudaba en lo más mínimo.

—¿Pero qué es lo que tenemos aquí?¿No es la marimacho pobretona adicta a los sukonbu y su amiguita ricachona? —que esos tres no las hayan notado, no significaba que el resto de la población no podía sospechar de sus disfraces.

—No creas que te perdonaremos lo que nos hiciste la otra vez… No solamente nos humillaste, sino que tuviste la osadía de llevarte toda nuestra mercancía —ambas se giraron hacia atrás, encontrándose tanto con esos dos familiares rostros como unos seis más que no les daban un buen presentimiento. Prácticamente estaban rodeadas.

—Espero que sus padres no se molesten de que hoy van a llegar un poco tarde. Después de todo, este día nos divertiremos mucho, ¿no, lindas gatitas? —Kagura miró con fiereza al idiota que las estaba viendo lascivamente, como si hubiera llegado su oportunidad para disfrutar plenamente de su juventud.

—Les haré cerrar esos hocicos, malditos perros —la pelirroja no se intimidaba por nadie y mucho menos por diferencia numérica. Había vivido en ese barrio toda su vida y era lo suficientemente dura para aguantar esa clase de momentos; sin embargo, sabía que su querida amiga no era así y por eso debía protegerla a toda costa.

—Disculpen, con permiso —alguien no parecía ser muy buena leyendo la atmósfera del ambiente o simplemente le importaba más el tirar toda esa basura en el bote correcto para su posterior reciclaje.

—Ohh, tenemos una bonita cara por aquí… Tal parece que hay alguien más que quiere unírsenos —expresaba uno de esos maleantes en cuanto postró su mirada en la desentendida chica que había pedido permiso para acceder hasta esos "botes de basura".

—Luce como si tuviera dinero —comentaba un segundo—. Ey, ¿por qué no te quedas con nosotros un rato más? —había interceptado la retirada de la chica y gracias a lo alto que era, resultaba bastante intimidante.

—Déjenla en paz, malditos punks marginados —intervino Kagura saliendo de su disfraz. Incluso ya se encontraba lista para echársele encima al primero que la provocara. Pero el resto de esos chicos estaba igual.

—K-Kagura-chan….Ten mucho cuidado —pedía la pelinegra. Tenía miedo y no era para menos. Su amiga siempre la protegía y solía terminar lastimada la mayor parte del tiempo.

—¿Qué es lo que se supone que llevas aquí?¿Un costoso violín? Si es así, ¿te molestaría entregárnoslos? Nosotros le daremos un mejor uso —expresó el curioso que ya se encontraba intentando sacarle el estuche a la castaña.

—¡Ahhhhh! —el agudo gritillo que salía desde las entrañas de Tokugawa alarmó a las dos chicas en cuestión, resultándole imposible que no giraran su atención hacia la joven. La habían sacado de su escondite y la sujetaban entre dos chicos del brazo—. ¡Kagura-chan!

—¡Ey malditos, suéltenla, no se atrevan a hacerle nada! —rugió enfurecida la pelirroja. ¿Cómo se atrevían a hacer algo tan bajo como eso?—. Malditas escorias.

—Los hombres no deberían ponerle una mano a una mujer. Deben ofrecer disculpas de inmediato —demandaba la castaña para quienes habían atrapado a Soyo.

—¡Jajajajaja! ¡Pero qué tonterías estás diciendo mocosa! Aquí es un pueblo sin ley y podemos hacer lo que se nos plazca.

—Miren, miren, se va a poner a darnos un concierto en un momento como ese —señalaba a la chica con una sonrisa socarrona en sus labios mientras esta se encargaba de quitarse su estuche y empezaba a abrirlo.

—¡No es momento de tocar! Estas bestias no conocen de música —vociferaba Kagura—. Ellos solamente escuchan metal y visual key.

—…Esperen un momento, eso no es un violín…—susurraba quien hasta ese momento le había impedido el escape a Tora.

Lo siguiente que supo el osado que le cortaba el paso es que existían todo tipo de bolas que podían ser mandadas directo para home run con un swing digno de cualquier beisbolista profesional. También existían los toques agresivos dirigidos hacia el epigastrio para privar a quien lo sufriera, de una pérdida rápida de aire.

El objeto que había estado guardado en ese llamativo estuche no era un costoso violín o cualquier cosita bonita y valiosa. No, lo que esa castaña llevaba encima en todo momento era nada menos que un brillante bate metálico.

—…Gente como ustedes necesita ser corregidos para que sean buenos ciudadanos… Así que déjenme darles un poco de mi "justicia"…

—¡L-Los…derribó!¡Los ha dejado inconscientes sobre el suelo!

Huir era para débiles y ellos no lo eran, pero también sabían que habían cometido un grave error en el momento en que decidieron quedarse para enfrentar a quien en apariencia no iba por la vida aplacando a malvivientes como ellos.

Alguien a quien no le importaban las cifras o la diferencia de género, alguien que además de usar ese bate sabía perfectamente evadir los golpes y mantenerse atenta a su entorno y sus contrincantes, no podía ser una chica ordinaria con pasta encima. Eso fue lo que concluyeron en cuanto el sexto de ellos cayó contra el suelo con una cara moreteada y varios dientes tumbados sobre el suelo.

Esa jovencita a la que habían intentado robar estaba parada en medio de sus seis víctimas sosteniendo el arma con la que los había dejado fuera de combate y que se había teñido con su escandalosa sangre. Y lo peor es que estaba mirando penetrantemente a quienes tenían aún retenido a la pelinegra.

—Y-Ya…Ya…veo… Así que… "justicia" es como se llama tu bonito bate…—dijo con tartamudeo para la chica que había tenido la delicadeza de escribir con permanente esos kanjis en su brillante arma de castigo.

—A-Ahora que lo pienso…creo que se nos hace tarde para comprar el pan, ¿no? —esos dos se miraban con notorio miedo. Incluso habían soltado a su prisionera—. De modo que si nos disculpas, nosotros nos retiraremos hacia la panadería más cercana…

¿Pero creyeron que podían huir de esas dos? Estaban rotundamente errados. Mientras uno de ellos había recibido la magnífica patada de la pelirroja en sus partes nobles, el otro tuvo que sentir el esplendor de aquel bate en toda su cara.

¿Quién lo diría? Las víctimas se habían convertido en funestos cazadores que habían logrado aplacar a sus agresores.

—¡Ese bate es genial!¡La manera en que los golpeaste fue increíble!¡Sus rostros estaban llenos de miedo!¡Incluso destruiste sus joyas familiares! —Kagura estaba más que emocionada e impresionada por la manera tan poco ortodoxa en que había puesto en su sitio a esos hombres. Ahora la manera en que percibía a Tora había cambiado totalmente—. ¡Tienes que prestarme ese bate para poder golpear a un idiota cabeza de coco que conozco!

—M-Muchas gracias por ayudarnos —retribuía con una pequeña sonrisa la pelinegra—. Aunque deberías limpiar tu bate, está todo lleno de sangre —cualquiera en su sano juicio escaparía de una tía que va con vestimentas adorables y porta un bate lleno de sangre por considerarla una yandere en potencia, pero ellas eran madera de otro árbol y el sentido común ya no lo conocían.

—…Los hombres que ponen una mano sobre una mujer, son basura y merecen ser golpeados en sus joyas familiares —agregó, dándole la espalda a esas dos—. De…momento me voy… Nos vemos…algún día…y ya no se metan en problemas innecesarios… No olviden reciclar siempre su basura.

—Espera, al menos déjanos saber tu nombre —pedía Soyo y Kagura parecía tener esa misma curiosidad.

—Tora…es mi nombre…

—Tora-chan, mucho gusto en conocerte, mi nombre es Tokugawa Soyo y ella es mi mejor amiga, Kagura-chan.

—¡Seamos amigas! —exclamaba la pelirroja.

—¿A…Amigas…? —la castaña les miraba desde el rabillo del ojo con confusión y desconcierto absolutos. Por alguna razón se le veía aterrada ante una propuesta tan normal.

—¡Idiota, te dije que la vigilaras en lo que iba al baño y mira lo que ha sucedido! —Abuto había aparecido en escena con el bueno para nada de su compañero. ¿Cómo se supone que lograrían que esa mocosa no estuviera en problemas si la descuidaban cada tanto?—…Ey, ¿pero qué demonios ha sucedido aquí? —apenas estaba enterándose de lo que había ocurrido y le costaba trabajo enlazar esa despiadada masacre con la tía de sudadera de panda.

—Nunca imaginaría que llevara un bate allí —Kamui y las cosas que parecían haber captado su atención—. Creo que ahora entiendo por qué razón tu padre tiene tantos problemas contigo —estaba sonriendo pero por las razones equivocadas. ¿Es que le había dado curiosidad saber lo que esa chiquilla podría hacer contra él con ese bate en manos?

—Ey, conozco ese gesto en tu cara. Ni se te ocurra intentar tener una pelea con ella. Es la hija de nuestro jefe y va a freírnos en aceite caliente si tocamos un pelo de su cabeza.

—…¡Abuto! —lo que desconcertó a todos no fue que gritara el nombre de ese chico, sino que fuera corriendo automáticamente hacia él para esconderse detrás de su ancha espalda.

—¡¿Pero qué rayos te sucede?! —el castaño estaba en completo anonadamiento y el resto de miradas estaba enfocados en ellos—. ¿Qué le sucede a esta maldita cría ahora?

—¿Q-Qué…es lo que se hace…para ser amiga…de alguien? —su pregunta no sólo había sido cortada, sino que su voz no era precisamente tan fuerte como para que pudiera ser escuchada por todos.

—E-Espera…¿te has escondido…porque no sabes…?

—¿Qué se hace bajo estas situaciones?¿Mando un arreglo de flores, un presente y algo de dinero a su familia?¿O quizá intercambiar una copa de sake bajo la luz de la luna para reafirmar nuestros lazos de hermandad? —lo peor es que ya había sacado el móvil de su sudadera y se encontraba tecleando ávidamente, como si estuviera mandando un mensaje importante—. Le diré a Mu-chan que les envíe la mejor ternera de todo Edo y el sake de mejor calidad que encuentre… Pero son muy jóvenes para tomar, por lo que, ¿el juego espumoso de manzana estará bien?

—…Oi, oi… No me digan que la pequeña bestia que acaba de mandar a todos esos idiotas al hospital está aterrada por no saber cómo responder a una propuesta de amistad… Deben estar de broma…—Abuto no era el único que flipaba de colores. Todos, absolutamente todos no comprendían cómo ese salvaje tigre se había transformado en un inofensivo y asustadizo gatito.