Boundless Love Capítulo 3: Ser posesivo no es malo.
Notas de la Autora:
Ohayo! minna-san aquí voy de nuevo con el siguiente capi de este improvisado fic. No tengo mucho que decirles solo que… LEMMON! Ajajajjajajajaja… por fiiiin! Tengo que admitir que cuando escribo este fic las palabras vienen solas, me siento Usami Akihiko escribiendo sus novelas BL xD jajaja…
De antemano nuevamente pido disculpas por los errores u horrores ortográficos o de contexto que puedan encontrar u_u… como ya he dicho en la ocasión anterior: me da pereza revisarlo!xD… asi que en serio disculpen!...eeeeen fin!
Los personajes de esta historia no me pertenecen, solo los tomé prestados para mis perversos fines xD, en realidad pertenecen a la compañía Idea Factory.
Aquí les dejo el cap! Ojalá que les guste!:
Toma se encontraba frente a la puerta de la habitación del moreno, hacia más o menos cinco minutos que se encontraba allí parado sin decidirse a tocar, se sentía algo nervioso, ¡qué va! Se sentía muy, súper nervioso por la situación. Según el auto análisis intensivo que se había dado durante el baño le había hecho pensar que tal vez si sentía algo más que amistad por el menor, por más de que eso sonara raro, puesto que a pesar de todo ambos eran hombres ¿no? Y por más de que ahora ser homosexual no era algo anómalo ¿Qué diría su madre al saberlo? Eso le preocupaba un poco ¿pero qué diantres…? ¡No debía de pensar en eso ahora! Lo que debía hacer era hablar y aclarar las cosas con Shin.
Sin pensarlo mucho más dio tres suaves golpes a la puerta blanca frente a sí… nada, ni un solo ruido. Volvió a intentarlo… nada, seguía sin contestarle ¿tal vez se había quedado dormido? Lo intentó una vez más pero esta vez con golpes más fuertes y audibles a la vez que llamaba por su nombre al menor, le preocupaba que no le contestase, ¿si le había ocurrido algo? Intentó abrir la puerta pero le había echado cerrojo. Una incontenible molestia lo invadió ¿Por qué no contestaba? Shin debía estar allí, la puerta estaba cerrada por dentro, el hecho que lo ignorase lo molestaba, y un ligero sentimiento de preocupación empezaba a tomar fuerza.
-¡Vamos Shin!¡Abre te he dicho!¡ABREME!- gritó ya al borde de la desesperación el rubio empujando la puerta con todas sus fuerzas, dándole de golpes y pateándola. Instantes después pudo sentir como se acercaban y como el cerrojo era quitado. Un cabizbajo Shin lo recibió, echándose para un costado como para dejarlo pasar.
No tuvo más remedio que abrirle. Odiaba cuando el rubio se ponía en esos ánimos, no eran muchas veces las que se ponía así, pero cuando era un asunto que involucraba a personas de su entorno se volvía fácilmente irritable, y con todo lo que le había sucedido ese día era comprensible. Conocía al mayor desde hacía bastante tiempo y sabía que cuando se ponía de ese modo no quedaba más que hacer que acatar a sus órdenes o destrozaría todo a su alcance. Se podría decir que era algo sensible, histérico a su parecer, cuando se trataba de asuntos en los que gente que amaba se veía envuelta.
Recordaba una vez en la que se había puesto así por un asunto referente a él, cuando estaba en el último año de primaria, después de clases cuando iba de camino a su casa, unos niños de su misma clase comenzaron a molestarlo y a insultarlo, todo porque el rumor de que su padre había matado a un hombre había llegado a los oídos de sus madres y estas les habían prohibido que se acerquen a él. Fue entonces que Toma los vio, iba también de camino a su casa porque coincidentemente había salido más temprano de la escuela media ese día. Vio como los dos mocosos hostigaban a su amigo, y esto lo molestó de sobremanera, tanto que al acercarse a ellos hasta Shin tuvo miedo de la mirada que les lanzó, les comenzó a gritar una sarta de insultos y amenazó con que si los veía a más de 5 metros cerca de Shin, ¡él mismo se encargaría de asesinarlos! Sí, había sido algo exagerado, pero funcionó, ese par de niños nunca lo volvieron a molestar, y se sintió muy agradecido con su rubio amigo por todo eso. Si se ponía a analizar las cosas, tal vez ese había sido uno de los factores que habían influido a que se enamorase de Toma, él lo protegía siempre, aunque ni el mismísimo ojimiel se diese cuenta, él siempre andaba tomando cuidado de él inconscientemente, y esa era una de las cosas que más amaba el moreno de mayor.
La habitación del pelinegro se hallaba tan pulcramente ordenada como siempre, a veces le preocupaba el hecho de que fuera así, solo tenía 18 años y su habitación se veía como la oficina de un empresario a excepción de la cama que se encontraba en la esquina derecha junto al ventanal. Cama la cual era lo único vagamente desordenado en ese lugar, puesto que se notaba que el menor se había tendido allí por largo rato.
Se sentó en la silla giratoria frente al escritorio de la computadora que se encontraba junto a la puerta de entrada y vio como el menor sin decir o hacer más volvió a su lecho acobijándose por completo bajo el futón. La repentina ira y desesperación que por un momento lo había dominado se había ido tan rápido como había venido, remplazándola con el nerviosismo anterior. ¿Cómo debía comenzar? ¿Qué era exactamente lo que debía decirle al moreno para que el aura deprimente que rodeaba al pelinegro desapareciera? ¡No sabía que decir! Y la tensión en el ambiente no ayudaba demasiado, pero si no decía algo en ese momento explotaría.
-Shin ¿estás molesto?- ¡¿QUÉ?! ¡¿Qué rayos había sido eso?! ¿Cómo había podido salir algo así de su boca? ¿Qué clase de pregunta estúpida era esa? Definitivamente él no era dueño de su cuerpo ese día. ¡Era obvio que el muchacho estaba molesto! Hasta él lo estaría si estuviera en su lugar.
-Agh… lo siento, que pregunta tan tonta ¿no?... esto, quiero decir, discúlpame por lo de hace rato. No estaba en mí mismo… hice las cosas sin pensar y creo que terminé hiriendo tus sentimientos… lo siento- concluyó el mayor con la voz temblándole, ¿Qué le pasaba? El no era de ese tipo de personas que dudaba al hablar o le costaba expresarse, pero la situación era demasiado compleja, nunca había atravesado por algo así, los dilemas amorosos eran cosa común, pero cuando tenían que ver con alguien tan importante para él como lo era Shin, era algo serio.
No obtuvo respuesta por parte del menor, y no le sorprendía, ¿Qué esperaba que hiciera? ¿Que se levantara de donde estaba con una radiante sonrisa esbozada en el rostro y le dijera que todo estaría bien? Eso era algo que iba mejor con él mismo que con el moreno. Lo único que quedaba por hacer era terminar de echar las cartas sobre la mesa y contarle lo que creía que sentía por él.
-Sabes Shin, estuve pensando… y la verdad no lo tengo muy en claro pero…
-Cállate, no quiero oírlo…- interrumpió el menor antes de que el rubio pudiese terminar la frase. No la quería escuchar salir de sus labios, no quería comprobar el hecho de que Toma no lo veía de la misma manera que él. Sabía lo que estaba por decir el mayor, que no tenía claro lo que sentía por él, pero que preferiría dejar de lado lo que pasó ese día y volver a la normalidad, que tal vez distanciarse por un tiempo sería lo mejor, que lo apreciaba demasiado como para perderlo como amigo y una sarta de excusas y frases trilladas como "no quiero que las cosas entre nosotros cambien por esto", sí, eso se oía tan Toma. De no ser por esos ataques de histerismo que le daban de vez en cuando el rubio podría considerarse el hombre ideal, era atento, amable y detallista, sabía tratar bien a las personas y hacerlas sentir especiales con sus gentiles comentarios. Pero en ese momento esos gentiles comentarios serían como dagas atravesando su corazón. Después de lo de esa noche no quería volver a lo de antes, no quería seguir siendo el amigo de Toma, quería ser mucho más que eso. No podía quitarse de la mente todo lo ocurrido, le era demasiado difícil no pensar en ello. En esos momentos lo único que deseaba hacer era ir y volver a probar los labios del mayor, y le dirían loco pero estaba seguro de que esos labios emanaban cierta esencia de canela, ansiaba de lo más profundo de su ser volver a besarlo, pero no podía. Aquel encuentro fue cosa de una sola vez, estaba convencido de que el mayor se arrepentía de lo sucedido y que no lo dejaría pasar nuevamente.
-Cállate tú y déjame terminar- otra vez ese tono agitado en su voz, fue sin querer pero odiaba que no lo dejase hablar y quitara el mismo sus propias conclusiones. Si no quería oírlo hablar pues se jodía, todo eso era más difícil para él que para el moreno así que se lo tenía que aguantar. –Shin, como te decía, no se muy bien si es lo que en verdad siento o no, pero creo que… también me gustas… - dijo al fin el rubio. Sentía un peso menos de encima, era como un alivio decirlo. No había pasado nada de tiempo desde que había "aclarado" sus sentimientos, pero el hecho de decírselos al moreno suponía una carga menos para él.
El de ojos carmín se quedó helado, tal vez su mente le estaba jugando una mala pasada, ¿qué era eso que acababa de oír? No, en definitiva todo lo de hoy le estaba afectando a la mente, sí, eso era todo. Pero… no estaba de más preguntar, si es que lo que había oído estaba en lo correcto o no, total no perdía nada con ello, ya lo había perdido todo.
-¿Qué acabas de decir?- preguntó con un hilo de voz, temeroso a la decepción de que sus oídos hayan captado mal el mensaje anterior.
-Como oíste… creo que… me gustas- repitió, se sentía raro decirle eso a tu mejor amigo. Pero debía de decírselo, y no se molestaría en repetirlo miles de veces si era necesario, porque a medida que más lo decía, más convencido se sentía de ello. De que sus sentimientos hacia Shin habían evolucionado, y de que no quería perderlo en ningún sentido, ni como amigo ni como… ¿Qué vendrían a ser ahora? Si se ponía a pensar no podía llegar a una respuesta clara o coherente, ¿Qué sería de Shin de ahora en más?
Por su parte el moreno no cabía en sí de alegría, aun se encontraba acurrucado y totalmente cubierto por las cobijas en su cama pero la sensación de felicidad y emoción que sintió eran incontenibles. Sentía ganas de gritar, y saltar, como una niña tonta enamorada. Se avergonzaba de sus propios pensamientos, ¿Cómo había terminado así? Daba razón al dicho de que el amor vuelve idiota a las personas, pues ese apuesto rubio que conocía hacía tanto tiempo había logrado que se convirtiera en uno. Lo siguiente que pudo sentir fue solo como la cama se hundía hacia uno de los costados, y como el cuerpo del mayor lo abrazaba por encima del cobertor.
-Shin, ¿aun me quieres?- preguntó en tono suave junto a su oído, sabía que no lo preguntaba en serio, sabía que lo hacía solo para escuchar decírselo una vez más, pero ese tono de voz que había usado lo debilitó, su molestia e inseguridad se esfumaron, y el rojo de sus mejillas volvió a aparecer antes de pronunciar las palabras:
-Claro que sí, baka…- pudo oír como una risilla escapó de entre los labios del mayor y sintió como este se acomodaba a su lado sin cortar el abrazo. Sentía como que estaba soñando, eso era algo que nunca se hubiese imaginado que pasaría, pero estaba ocurriendo. Así estuvieron por algo más de quince minutos, hasta que por fin el moreno se decidió a hacer un movimiento. Asomó la vista de entre las cobijas, y se sorprendió al ver que Toma se había quedado dormido a su lado mientras lo abrazaba. Estaba feliz, si en verdad todo aquello era un sueño deseaba nunca despertar.
Las semanas siguientes las cosas no cambiaron demasiado. Al día siguiente el azabache obligó prácticamente al rubio al volverse a su casa a disculparse y arreglar los asuntos con su madre. Y ya sea por el trabajo del rubio en el Meido no Hitsuji y todas sus demás actividades extracurriculares, o por los estudios para el examen de ingreso a la universidad del moreno, casi no habían tenido tiempo de verse, y mucho menos estar a solas. Intercambiaban textos por teléfono pero eso no era lo mismo, y por alguna razón la madre de Shin que había vuelto a casa más pronto de lo que el menor se lo imaginaba, ahora se le daba por no querer viajar por un buen tiempo. ¡vamos, esa mujer casi nunca se hallaba en casa tampoco y ahora que había decidido iniciar un romance con su hijo se le ocurría eso! ¿acaso las madres tienen un radar especial para detectar ese tipo de cosas? Hasta su madre se había vuelto algo cargosa de la nada preguntándole si no tenía alguna novia o algo, o que le vendría bien tener una. Sí que era pesada.
De ese modo transcurrían los días, incluso de vez en cuando Shin se ofrecía luego de sus clases de regulares a pasar por el trabajo de Toma al acabar su turno así podían volver juntos a casa. Y era una de esas tantas veces que Heroine los acompañaba, la chica que también conocían hace mucho tiempo caminaba al compás de los tres, dando de cuando en cuando su punto de vista acerca de las trivialidades de las que hablaban ambos chicos durante el camino a casa, hasta que llegó cierto momento en que la muchacha interrumpió de golpe la conversación con una pregunta que dejó a los dos helados.
-Oigan chicos, ¿Hace cuánto que están saliendo?- la chica, que comúnmente era de pocas palabras había logrado que a ambos quedarán mudos, por más de que pareciera que era algo despistada, resultaba ser muy perspicaz en ciertas ocaciones.
-Baka ¿De que estas hablan…
-Hace como un mes…- contestó regalándole una sonrisa a la fémina, irrumpiendo totalmente la oración del menor. Toma pensaba que no había razón para ocultar su relación a Heroine, ella era su amiga casi tanto tiempo como él, así que no veía ningún motivo por el cual negarlo, además sabía que ella comprendería y que no tendría una mala reacción al respecto. Bueno, era eso, y que sabía que Mine, otra chica de la edad de Shin que trabajaba también en el Meido, siempre solía preguntarle a la pelicastaña por el muchacho que a veces solía visitarlos durante las horas laborales. Era una simple manera de hacer saber a los demás que Shin no estaba disponible para nadie que no fuera él, eso era todo.
Por su parte el menor no pudo evitar el rubor que se apoderó de sus mejillas ante tal manera tan abierta de admitir su relación, en cierto modo lo hacía feliz, pero por otra parte pensaba que ese Toma era un baka por decir ese tipo de cosas tan a la ligera.
No hablaron mucho más acerca del tema, dejaron a la chica a la puerta de su bloque de departamentos y ellos siguieron caminando hacia sus hogares, hasta que finalmente el moreno se dignó a protestar.
-Baka… no había necesidad de decírselo…- le dijo luego de un rato de silencio, a lo que el mayor solo volteó el rostro para regalarle una sonrisa.
-No, no había necesidad, pero quería que lo supiera- refutó mientras acariciaba la cabeza del menor como si de un pequeño animal se tratase – además, te sonrojaste… y te ves muy lindo así. – continuó dando sus razones haciendo que el tono carmín de las mejillas del otro chico se incrementase. Para variar las calles se encontraban vacías, ni un alma se veía correr ya a esas horas, y fue por eso que el mayor aprovechó la situación para dar un fugaz beso en los labios al moreno, el cual lo apartó inmediatamente provocando una sonrisa de burla por parte del otro.
-¿Qué rayos se te pasa por la mente para hacer ese tipo de cosas? ¡Estamos en un lugar público! – lo regañó Shin con el rojo hasta por las orejas, no es que le disgustase ese gesto por parte del de ojos miel, pero ¿Qué pasaba si alguien los veía?
-Pero tenía ganas de besarte ¿Qué acaso no puedo besar al chico que me gusta cuando quiero?- reclamó en tono infantil con intención de molestar al menor.
-Claro que puedes… pero no en lugares públicos…- explicó aun colorado desviando la mirada de la del rubio que lo buscaba insistentemente.
-¿Entonces dónde puedo besarte?- preguntó con inocencia fingida ansiando por ver la reacción del menor, que por alguna razón siempre actuaba de manera torpe cuando lo ponía en ese tipo de situaciones.
-En mi casa… hoy mamá no vendrá, se fue a visitar a un familiar al hospital… es por eso que te pedí pasarte a buscar…- explicó sin levantar la mirada del suelo por donde caminaba. El rubio ante esto abrió desmesuradamente los ojos. Si su madre no estaba en casa esa noche… una gran sonrisa de satisfacción adornó su faz, esa noche por fin tendría a su moreno para él. No cabía en si mismo de la emoción, y la paciencia no era uno de sus fuertes, así que apenas terminada la explicación del menor, el rubio lo tomó de la muñeca y comenzó a correr en dirección al hogar del de ojos carmín.
Prácticamente llegó a su destino con el pelinegro a rastras, apurándolo para que abriese la puerta, parecía un crío en la manera en cómo hablaba y por la expresión de ilusión en sus ojos, era como la cara de un niño de 5 años a punto de abrir su regalo de navidad.
Apenas si el menor abrió el cerrojo de la puerta principal, el mayor lo tomó del brazo y lo llevó hacia el interior de la morada cerrando la puerta tras de sí, empujando luego al moreno contra la misma para abalanzarse contra sus labios, hacía días que no lo besaba, y creía que desde la primera vez que lo beso que no lo hacía de ese modo, en ese mes que habían estado juntos aún no lo habían hecho, y eso impacientaba al rubio pues cada vez que veía al menor y estaba muy cerca de él sus hormonas se disparaban alcanzando límites inimaginables. Y esa noche por fin desahogaría todo lo que se había guardado durante ese tiempo.
Besó de manera casi salvaje al menor, recorriendo con su lengua esa cavidad que tanto extrañaba, comenzando a juguetear con la lengua del otro haciendo de aquel beso cada vez más vehemente. Sus manos empezaron a recorrer todo el delgado cuerpo del menor, tanteando debajo de su camiseta, obligándolo así a quitársela. Detuvo el beso para dejar respirar al pelinegro, y empezó a descender por su cuello, besando, lamiendo, chupando y mordiendo cada centímetro de la piel ardiente del azabache, oyendo poco a poco como sus jadeos incrementaban de volumen. Descendió hasta su torso entreteniéndose con los pequeños y sonrosados pezones del menor, mordiendo el derecho y pellizcando el izquierdo haciendo que su cuerpo se estremeciese ante las caricias. Con la mano que le sobraba comenzó a desabotonar el pantalón del pelinegro, metiendo su mano bajo la ropa interior acariciando el miembro del más joven con tortuosa lentitud, esperando al momento en que los labios del moreno le pidiesen más.
-Mmm… ahh Toma, más rápido, por… favor…- dijo con voz entrecortada intentando ahogar en vano sus gemidos, a la vez que colocaba su mano sobre la del rubio marcando el ritmo al cual debía ir. Esto fue una grata sorpresa para el mayor, le gustaba que su chico haya tomado la iniciativa de ese modo, y no lo defraudaría. En seco paró el vaivén de su mano sobre el miembro del pelinegro y sin darle tiempo a este de protestar vio como el mayor se agachaba a la altura de sus cadera y de una sola bocanada engullía por completo su sexo. El menor no pudo evitar que un sonoro gemido emanara de lo más profundo de sí, el placer inundaba sus sentidos y nuevamente sentía como sus piernas le comenzaban a temblar, estaba seguro que hubiese caído de bruces al suelo de no ser por el rubio que lo sostenía fuertemente contra la puerta. La imagen de ante sus ojos era deleitante, ver a su apuesto rubio haciéndole eso era demasiado para que su mente pudiera procesarlo correctamente, se sentía extasiado, y no se molestaba en disimularlo.
Todo hubiese seguido así de bien de no ser por algo que lo tomó por sorpresa, sin que se diera cuenta el mayor ya le había bajado completamente los jeans que llevaba puestos y sin previo aviso comenzó a tantear en busca de la entrada del menor. Una vez hallada irrumpió momentáneamente su actual labor para reemplazar el palpitante miembro del menor por tres de sus dedos; no se demoró mucho en eso, haciéndolo de manera provocativa ante la atónita mirada del pelinegro ¿en serio planeaba hacerlo ahí? El moreno por lo menos quería llegar a la habitación, pero una cama no estaba dentro de los planes del mayor.
Una vez que sus dedos estuvieron lo suficientemente húmedos los dirigió nuevamente hasta la pequeña entrada del menor, introduciendo un primer dedo dentro de esta, observando primeramente la reacción del menor, este se turbó levemente, cerró los ojos con fuerza, apretando los puños, dejando escapar un profundo jadeo. No sabía si esto era porque le gustaba o no, pero a esas alturas no podía detenerse, para evitar que el menor se sintiese incómodo debido a esa repentina intromisión prosiguió con lo que había estado haciendo, y con su mano izquierda tomó el excitado pene del más pequeño para llevarlo nuevamente a su boca, continuando con el ir y venir que volvió a hacer gemir con fuerza al menor, claro, sin parar de mover ese primer dedo intruso dentro del moreno, no mucho después se le sumó otro intruso más, comenzando movimientos circulares con la intención de agrandar ese estrecho esfínter lo más posible para no dañar tanto al pelinegro a la hora de penetrarlo. El tercer dedo hizo acto de presencia poco después, en esos momentos el menor ya no cabía en sí del placer, Toma seguía con el vaivén, chupando y mordiendo de cuando en cuando su erección, y esos tres dedos moviéndose dentro suyo habían dejado de ser molestos para él para convertirse en fuente de su placer. Si seguía así terminaría en cualquier momento, pero justo antes de que eso ocurriese el rubio paró todo lo que se encontraba haciendo y tiró del cuerpo del pelinegro posicionándolo debajo suyo. Con rapidez y agilidad se quitó la camiseta de manga larga que llevaba puesta y se desabotonó el pantalón sacando a relucir su ya dolorosa erección. El menor se asustó algo al verla, cualquiera pensaría que Toma era un chico "promedio", pero "eso" excedía por mucho el promedio. El rubio sin hacer mayor reparo al gesto del moreno tomó ambas piernas del menor y las colocó sobre sus hombros, quedando las caderas de pelinegro a la altura perfecta. Se moría de ansias por entrar dentro del menor, lo deseaba en demasía, pero un pequeño comentario hecho con voz casi inaudible lo sacó de sus pervertidos pensamientos.
-Se… cuidadoso por favor… es mi primera vez….- pudo oír claramente como la suave voz del de ojos carmesí rogaba porque no fuese bruto con él. ¿Acaso era verdad lo que le estaba diciendo? Bueno, tal vez era su primera vez con un chico, eso sería comprensible, y seguro estaba nervioso, pues era el que se llevaba la parte difícil, pero no tenía de que preocuparse, él lo trataría con cuidado, si era su pequeño y él estaba para cuidarlo.
Deshizo la posición anterior para poder agacharse hasta su lado y poder susurrarle al oído:
-Todo estará bien mi pequeño… te quiero…- dijo esto dándole un beso en la mejilla para luego dirigirse a sus labios para besarlos con ternura. Volvió a tomar ambas piernas del menor, haciéndola que las abra lo más posible para lograr acomodarse entre ellas sin deshacer la posición actual – Solo aguanta un momento – le pidió con voz ya ronca por la excitación mientras dirigía su duro miembro a la lubricada entrada del moreno, introduciéndose poco a poco dentro de esa estrecha y caliente cavidad. Un sonoro y ronco gemido salió de entre los labios de Toma, mientras que Shin se aferraba lo más que podía a la espalda del mayor arañándola levemente en el proceso, intentando de alguna forma canalizar el punzante dolor que sentía por tal intromisión, puesto que los tres finos dedos de Toma no se comparaban a su tremendo amigo. Una vez completamente dentro, el mayor se quedó quieto durante algunos segundos, tratando de que el pelinegro se acostumbrase a tenerlo allí, y poco a poco fue moviendo las caderas en un entrar y salir lo menos brusco posible. Al principio podía sentir como el menor se tensaba, así que con un fugaz beso en la mejilla y un casi inaudible "relájate" todo se volvió más fácil. Las respiraciones de ambos se acompasaron, acompañándolas con los movimientos de caderas, ese agudo dolor que sentía el de cabellos oscuros poco a poco se había tornado en un placer enloquecedor. A los pocos minutos esa ternura y suavidad del principio había desaparecido, el rubio ya no podía contenerse más y comenzó a embestir con más fuerza el fino cuerpo debajo de él, excitándose más aún con los resonantes jadeos del menor dándole a entender que lo estaba disfrutando tanto como él. Amaba esa visión de Shin bajo suyo, su cara completamente roja con lágrimas a punto de correr de sus ojos, con la boca entreabierta con un hilillo de saliva corriendo por la comisura de esta, era una imagen incomparable, nunca se olvidaría de su rostro en ese momento.
-Aaah… Ma... mas rá… pido… aaah- rogó entre gemidos el menor, cosa que puso más que contento al rubio, el cual agarró una de su piernas y la acomodó sobre su hombro como lo había hecho al principio, comenzando a embestirlo con más fuerza y velocidad, el movimiento de vaivén se había vuelto salvaje, el mayor ya no estaba en sí, solo le importaba llegar a lo más profundo de ese pequeño cuerpo, hasta que finalmente tocó aquel punto que hizo estallar en placer al menor, haciendo que llegara al clímax sin previo aviso solo con un último y sonoro grito de placer, provocando que su interior se contrajera aún más, cosa que hizo que el mayor llegara también al final derramando su esencia dentro del pelinegro.
Ambos se sentían exhaustos e intentaban hacer que sus respiraciones volviesen a la normalidad. El rubio salió del interior del menor colocándose a un lado de este, abrazando con fuerza ese sudoroso y agotado cuerpo que se hallaba a su merced, como le encantaba tener la certeza de que ese niño le pertenecía, y con lo de esa noche lo había marcado como suyo para siempre, sí debía de admitir que se había vuelto posesivo en cuanto asuntos referentes al moreno se trataban, pero ser posesivo no era malo ¿no? Le dio un suave beso en la frente, mientras que le regaló una sonrisa que lo hizo ruborizar.
-Todo lo que te he hecho ¿y aún te sonrojas por una sonrisa?- preguntó con dulzura, amando ese lado tan inocente del pelinegro.
-Cállate baka…- contestó con su común hostilidad desviando la mirada del mayor sin poder borrar el carmín de sus mejillas.
Se quedaron así por un rato más, hasta que el de ojos miel percibió que el menor se había dormido, luego de eso se acomodó su pantalón oscuro y se dispuso a cargar a su niño a modo nupcial hasta su recamara, ya que no se atrevía a despertarlo de sus sueños, pues no quería perturbar la paz que profesaba la fisonomía del moreno mientras descansaba, el más que nadie debería de estar agotado.
Continuará…
Notas Finales:
Que capítulo más largooooo!xD…. no lo divido por que dije: en el siguiente cap habrá lemmon y mis queridas fujoshis y fundashis yo cumplo lo que digo u_u…. solo por eso!...ojala que les haya gustado el cap, en mi defensa alego que hace más de dos años que no escribia nada, y mucho menos un lemmon, asi que no se como habrá quedado pero bueeeh… son las 2 y media de la mañana y mi cerebro no carbura correctamente xD… para el siguiente capi se va desarrollando un poco más esta simple trama, y dependiendo de como vayan las cosas, si mis queridos lectores dejan comentarios (si, es un chantaje), veré que tan largo se torna… al principio pensaba no hacer mas de 4 o cinco caps, pero viendo que avanzo a paso de tortuga ¬¬… se me hace que quizás lo alargue más, pero todo depende de ustedes… así que ¡onegai, dejen sus comentarios! (si son positivos y alentadores mejor!xD) y si les gustó el lemmon y quieren más pindanloooo! :D…
Eeen fiiin!(si, me gusta German xD)… espero que lo hayan disfrutado y que me sigan leyendo, actualizaré lo más pronto que pueda ^^
Matta ne!
