Hanabi se desespera…

Cerró la ventana de su habitación apenas el sol se ocultaba por completo detrás de la muralla que rodeaba la aldea. Aseguró bien la puerta y se cercioró de que no hubiera nadie cerca. Cuando lo hubo confirmado se acercó hasta la estantería donde se encontraban algunos libros ordenados por tamaños, tomó uno del medio, lo ojeó un poco y sacó de por en medio de las hojas un sobre blanco que tomó con el cuidado de quien tiene en sus manos el secreto para la paz mundial.

Respiró profundo, se sentía total y absolutamente tonta con todo el lío que había armado porque realmente nunca pensó que estaría en una situación así de bochornosa y hasta infantil, pero de alguna manera sabía que si ella no hacía algo, obviamente su hermana tampoco. Así había sido desde que tenía memoria.

Una vez que hubo revisado de nuevo el contenido del sobre lo guardó entre sus ropas y salió a toda prisa sin correr propiamente, solo caminando a paso justo y rogando a todo lo que podía rogar para que no se le cruzara en el camino alguien a quien rendir explicaciones sobre su salida, entendiendo eso como su primo o su padre.

Alcanzó el arco de la puerta principal, no era muy tarde pero debía darse prisa para ahorrarse cualquier comentario.

Había trazado meticulosamente cada detalle para incluso terminar con las manos limpias y ni uno ni otro se dieran cuenta de que ella estuvo de por medio, ya era de por si bochornoso el arreglarles esos asuntos ridículos como para que todavía tuviera que lidiar con el que le estuvieran insinuando que hizo de celestina.

Encontró el departamento sin mayor problema, usó un henge para usar la apariencia de una sirvienta nueva de la casa y llamó a la puerta un par de veces.

Naruto le abrió mientras se terminada de tragar los fideos que salían parcialmente de su boca.

— ¿Quién eres? Bueno ¿Qué haces aquí? ¡Perdón! ¿En qué te ayudo? Tú sabes, eso, digo, no te conozco.

—Hinata-sama me envía a preguntar si quisiera acompañarla a la re-inauguración de la barra de ramen Ichiraku mañana.

— ¿Hinata-chan?

El chico estaba confundido, arrugó los ojos y la nariz queriendo asimilar la información, Hanabi obvió el detalle de que debía ser rarísimo que una niña que apenas le hablaba le pidiera salir juntos y nuevamente rogó a todo lo que podía rogar que dijera que sí y ya.

¡Por todos los cielos! ¡Él era hombre y se trataba de comida gratis!

—Hinata-chan es una chica rara… pero si ella me lo pide no le voy a decir que no.

—Hinata-sama lo espera a las ocho de la mañana en el portón de la casa principal del barrio del honorable clan Hyūga.

— ¡¿Por qué tan temprano?... Bueno no importa, yo llego ¡Dattebayo!

Ella hizo una reverencia y se marchó. Apenas estuvo unas calles más lejos deshizo el jutsu y regresó a la casa justo a la hora en que una de las criadas la buscaba para anunciarle que la cena estaba lista.

.

Apenas pudo dormir, cerraba los ojos intentando conciliar el sueño pero al menor de los ruidos los abría y fijaba la vista en el libro que tenía oculto el sobre blanco con las cortesías que había conseguido desde hacía unos días como si fueran la prueba delatora de su delito, aunque en realidad era la prueba de lo ridícula que era la misión que se había auto impuesto

En cuanto a través de las tersas cortinas blancas se filtró el primer rayo de sol, de un salto se puso de pie, se metió directo al cuarto de baño, no sin antes meterse con ella el libro envuelto en una toalla de mano color blanco. Se puso sus ropas de costumbre sin perder de vista ni un segundo su preciado tesoro. Una vez lista sacó el sobre y lo guardó con cuidado entre los dobleces de la yukata saliéndo de inmediato directo al patio de recepción.

Si no se equivocaba deberían faltar veinticinco minutos para que llegara el rubio hiperactivo, pero para que su plan resultara debía ser ella y nadie más quien le recibiera.

Ya eran las ocho en punto y no había ni señales del chico, Hinata no debía tardar en despertar y lo más seguro es que como sus misiones estaban temporalmente suspendidas por la ausencia de su sensei, es que fuera a entrenar y no podía dejar que saliera, quizás si la entretenía un poco hasta que se le antojara llegar al susodicho…

No podía mandar a nadie, sería un poco obvio, pero tampoco podía dejar la puerta… solo sería un minuto a lo mucho. Salió corriendo hasta la habitación de su hermana mayor solo para asegurarse de que seguía recostada, según pudo confirmar y para su alegría aunque no tardara en abrir los ojos, el levantarse y vestirse le daría unos valiosos minutos.

Regresó tan rápido como pudo. Los pasillos libres de molestas puertas le dieron una perfecta visión de una cabeza rubia justo al tiempo en que una sirvienta se acercaba a recibir al invitado apresuró el paso rebasando a la mujer y pidiéndole le prepara el desayuno en calidad de urgencia. La aturdida mujer inclinó la cabeza y se encaminó a la cocina mientras la menor de los Hyūga tranquilamente se dirigía al invitado que parecía un poco asustado, debía ser quizás porque vio la forma en la que corrió a la sirvienta.

Le invitó a pasar y ahora ella haría su parte, milagros no podía, pero cuando menos el primer paso estaría dado.

Naruto parecía no tener ni idea de lo que pasaba y hasta se había tragado el cuento de que como él era el varón debía entregar las cortesías al llegar al lugar, al menos eso daría por hecho que fue él quien la invitó a salir. Hinata por su parte, tampoco sospechaba nada, pero realmente no se explicaba cómo era que su hermana pasaba de su usual pálido tono de piel a rojo encendido solo con pensar que el niño que… ¿Qué hacía con los antiguos guardianes dragón de terracota?

— ¡Es para Hinata chan!— exclamó el rubio tendiéndole al frente una caja que agitaba con violencia.

¿Le había traído un regalo? Eso era más de lo que hubiera esperado, con que caminaran lado a lado y le abriera la silla para sentarse se habría dado por bien servida, pero el regalo era un excelente detalle, así que lo tomó y regresó a la habitación de su hermana, pero debía volver solo para cerciorarse de las antiquísimas piezas orgullo de su padre y el clan, estaban a salvo.

—Esto también debía estar adentro— dijo el chico saltándole enfrente mientras se rascaba la cabeza revolviéndose más los cabellos y ella solo frunció el ceño levemente, traerlo a la casa no era buena idea, pero en otro lado sería más complicado acomodar las cosas como quería.

Hanabi tomó el obi y la bolsa y caminó de regreso por el pasillo de madera con el aire molesto que había adquirido desde hacía un rato al no estar segura de la integridad de las piezas de esa sala.

Hinata estaba fuera, un poco desesperada según pudo ver. Supuso que el problema era ponerse sola las piezas de la yukata que le acaban de regalar así que suspirando discretamente entró a la habitación a vestirla y de ser necesario sacarla a patadas para que fuese lo que fuese que hacía Naruto, lo dejara de hacer. Aunque siempre podía culpar a las chicas de la limpieza, no sería la primera vez que rompían algo.

Nunca en su vida había visto forma tan incorrecta de acomodar algo de por si confuso y que en el desorden en que estaba, adecuar el traje estaba saliendo casi imposible. Tanto desorden solo podía ser obra del joven Uzumaki, pero a medida que acomodaba todo y se apreciaba mejor el valle soleado dudaba en demasía que el regalo fuera de la autoría del ninja despistado.

Un valle soleado; Hinata. Demasiado apropiado y halagador…

Finalmente terminaron de armar el rompecabezas de tela y caminó junto con la mayor hacia la estancia de recepción encontrando al chico de espaldas analizando un viejo cuadro que estaba ahí, arrugaba la nariz y tenía los ojos casi cerrados, mirando como si fuera la cosa más extraña que había visto en toda su vida, en el momento en que acercaba curioso el dedo índice para tocar, Neji, que también estaba ahí, se aclaró la garganta causando que el rubio casi cayera de bruces por el susto.

Sintió como algo en su conciencia le decía que el pago por hacer acciones de ridícula caridad fraternal era el castigo y la furia eterna de su padre… el guardián dragón de terracota que se colocó como primera pieza de la casa cuando el clan se fundó en Konoha. El regalo elaborado por las propias manos del gran maestro primer Hokage. El máximo objeto de presunción de Hiashi Hyūga… había perdido la oreja derecha…

—Hinata chan…

—Naruto kun…

Sintió una mezcla de: horror por el guardián, odio para Naruto y frustración para Hinata que no se movía ni decía nada, subirle la espalda en forma de escalofrío.

—Y yo soy Hanabi, ¿Ya salen? O esperan a mi padre para que los acompañe

¿Su padre? ¡Su padre!

La sola mención de su padre regresando de donde fuera que estuviera los domingos y descubriendo el detalle de la oreja la tenía petrificada, que se largaran, que se largaran ya o haría que el chico se arrepintiera de haberse puesto frente a Hinata por primera vez hacía… no sabía pero era desde la academia estaba segura.

No escuchó nada, estaba en problemas a menos que fuera capaz de rearmar la oreja, pero no había señales de los restos, era terracota, con algo de agua y algún aglutinante podía armarlo… ¡¿Pero en donde estaba la oreja?

—Hanabi-sama…

— ¿Si Neji-oniisan?

—Creo que deberá preparar terracota nueva, Naruto arrojó los restos por la ventana y el viento ya debió habérselos llevado.

Naruto Uzumaki moriría… lenta y dolorosamente…

Después de su cita con Hinata, por supuesto, no había pasado por tanto para arruinar el momento seudo romántico ella misma.


Me tardé mucho lo reconozco, pero la evaluaciones finales me consumen el tiempo.

La parte alegre es que ya vienen las vacaciones de fin de semestre y tendré tiempo para todos mis fics pendientes y algunos nuevos (antes de que Kishimoto termine de matar mi gusto por Naruto T.T)

¿Hanabi se merece un review para animarla un poco después de haber armado una cita entre Hinata y Naruto y este último la condenara a la ira de Hiashi?