Capítulo 3.
Conforme los días pasaban, Kotoko se sentía extraña cada vez más, se notaba somnolienta, habían días en que sentía mucho frío, otros, mucho calor. Algunos olores le causaban asco y la mayoría de las veces que comía, no duraba mucho sin devolverla.
Había pasado un mes aproximadamente desde aquella noche en que se había acostado con Naoki, en ese momento ella se sentía la mujer más afortunada del mundo. Él hombre a quien amaba la estaba besando, acariciando. Para ella, las acciones decían más que las palabras, por lo tanto, el simple hecho de entregarse a él, era una forma de decirle que era suya completamente y ella creyó que él también lo era.
Pero no fue así, cada día ella esperaba una llamada de su parte, tal vez Kotoko no tenía forma de contactarlo, pero él sí. Aunque muy en el fondo de su corazón sabía que aquella noche, solo fue un desliz por parte de Naoki, ella prefería engañarse con la esperanza que en verdad la quería, aunque no la buscara.
Cuando al fin pudo encontrarse con él, su actitud la confundió, por un momento ella vio alegría en sus ojos, más un segundo después, su semblante cambió y volvió a ser la misma mirada vacía que le dedicaba. Según él no se arrepentía, pero aun así, no quería nada con ella porque no la quería, al menos, eso ella entendió y su silencio le confirmó lo que pensaba.
Se sintió utilizada, decepcionada de ella misma por haber cedido ante unas palabras bonitas y unos gestos ambiguos. Como siempre, había sido una tonta al creer que alguien como Naoki podía amarla, pero solo jugó con ella.
Se sentía enferma, mancillada y sobretodo, triste. Todo se complicaba aún más con los malestares físicos que había sentido todos esos días. Quería ir al médico pero tenía miedo, algo en ella le decía que probablemente, algo terrible estaba pasando en su cuerpo.
Por otro lado, Naoki se sentía un idiota cada vez que intentaba acercarse a Kotoko, simplemente nada le salía bien. Ella lo evitaba y cada vez que se la topaba de frente, ella agachaba la mirada y pasaba de largo. Él por orgullo no iba tras ella y se odiaba, detestaba ser así pero no sabía que más hacer. Se lo merecía por ser un patán, por no decir nada aquella vez que tuvo la oportunidad.
En todo ese tiempo, Naoki la observaba en ocasiones de lejos, se veía cansada, caminaba en ocasiones con cierta dificultad. En la cafetería ella ya no entraba, había visto como en varias ocasiones, solo con entrar, ella se enfermaba.
¿Y si Kotoko estaba embarazada? Esa idea rondaba por su mente, al principio pensó que solo era cuestión de algo que había comido o alguna enfermedad que estaba pasando, pero eran demasiado extraños todos sus cambios.
Probablemente no tenía mucha información al no poder estar tan cerca de ella como quisiera, pero, a lo lejos podía darse cuenta de las afectaciones que ella pasaba. Y si en verdad estuviera embarazada, si sus sospechas fueran ciertas, no sabía qué hacer, era demasiado pronto para entrar en la paternidad y ellos no tenían ninguna relación aunque él lo quisiera. Sin embargo eso no le importaba, él encontraría la manera de salir adelante con su hijo y por supuesto, con ella. Sabía de antemano que el hecho de haber tenido relaciones sin protección tenía esta consecuencia. Le asustaba lo fértil que podía ser al embarazarla en la primera vez que se acostaban.
Aun así, se le escapaba una sonrisa al poder tener la oportunidad de acercarse sin que ella lo evadiera. Él ya había aceptado sus sentimientos y por supuesto, estaba deseoso por declararse, la cuestión era cómo. Cómo decirle a la chica que piensa que no la amas que sí lo haces, de qué manera lograr que ella te mire y por un momento, dejar el orgullo por un lado y decirle todo lo que sentía.
Una noche, su padre lo llamó para que lo visitara en su casa, necesitaba hablar con él de algo importante. Así que acudió a la cita, y al entrar en la residencia de sus padres, buscaba a Kotoko, quien cada vez que llegaba, ella iba a abrirle la puerta, lo saludaba con muchos ánimos. Pero esa vez, solo fue a recibirlo su madre con una sonrisa y un abrazo, se descalzó, entró a la sala y vio a Yuki correr hacia él. Saludó a su hermano pequeño, cruzó algunas palabras con él y fue hacia donde su padre lo esperaba.
—¿Querías hablar conmigo papá? — dijo Naoki al entrar en la biblioteca.
—Hijo toma asiento, es algo importante que debo decirte — Naoki se sentó frente a donde él estaba — He pensado que sería bueno que tu trabajaras un tiempo en mi empresa, que aprendas desde abajo como se manera la compañía para que eventualmente, llegado el momento, te entregue a ti la presidencia. Aunque, claramente no quiero hacer nada sin tu consentimiento o tu opinión primero.
Naoki lo miró fijamente, ¿qué caso tenía externarle sus anhelos si él ya había tomado la decisión? Odiaba que quisieran manejar su vida a su antojo.
—¿Para qué quieres mi opinión, si ya has tomado la decisión? — externó lo que estaba pensando — ¿Acaso te has puesto pensar en lo que yo quiero? ¿En los sueños o aspiraciones que puedo tener? — Su padre lo miró sorprendido ante su arrebato — Es por esto que me fui de aquí, no quería que ni tú ni mi madre siguieran entrometiéndose en mi vida, decidiendo por mí lo que debo o lo que no debo hacer.
—No fue mi intención imponerte nada hijo, simplemente te digo lo que he soñado, pero entonces si tienes anhelos, dímelos, ¿cómo puedo entenderte si casi nunca dices nada? — su padre se sentía molesto, le dolía que Naoki pensara que no podría comprenderlo.
—Quiero ser médico papá, tu empresa no me interesa para mi futuro, no es algo que me atraiga y mucho menos esté dispuesto a tener. Sé que gracias a tu trabajo tengo todo lo que quiero, vivo cómodamente sin preocupaciones, sin embargo no es para mí. — Naoki estaba decidido a cumplir ese sueño que había surgido de repente, en el que estaban implícitas sus ganas por recuperar a Kotoko
—Entonces esa es tu decisión — preguntó su padre, estaba un poco decepcionado por no poder dejarle su empresa a su brillante hijo pero, entendía que él tenía su vida y debía vivirla a como quisiera.
—Sí, de hecho, ya hice los trámites para mi cambio de carrera y a partir de la próxima semana comienzo a estudiar en el departamento de medicina.
—Si ese es el caso, tienes mi apoyo Naoki, y si en algún momento, consideras que igual podrías participar en Pandai, tendrás las puertas abiertas cuando gustes.
—Gracias papá.
Shigeki Irie tenía la esperanza de tener a su hijo, el alumno más brillante de su generación como su sucesor, sin embargo, debía que aceptar que su hijo poseía una manera poco ortodoxa de dirigirse por la vida. Así su empresa se la dejara a alguien más, ver a su hijo feliz, haciendo lo que le gustaba, era algo que no iba sacrificar por el bien de sus intereses.
Por fin, Naoki entró a la facultad de medicina, los maestros estaban sorprendidos por los conocimientos que tenía a pesar de haber ingresado a mitad de ciclo, era de esperarse que el genio de la universidad, destacara entre los demás alumnos.
Comenzó a estar muy ocupado en sus clases, entre regularizándose y cumpliendo con los deberes y prácticas que le dejaban, comenzaba a tener poco tiempo para ver a Kotoko.
Un día después de clases, la vio caminar sola hacia la salida, estaba más delgada y eso le preocupó demasiado a Naoki, apresuró su paso para poder alcanzarla.
—¿Te encuentras bien? — le preguntó Naoki al acercarse a ella, ella lo miró y sus ojos se veían tristes, cansados.
—Si, no te preocupes — le sonrió débilmente, se dio la vuelta para seguir con su camino
—Kotoko — la detuvo del brazo — sé que no tengo derecho de meterme en tus asuntos, pero no puedo dejar que sigas así, ya que tú me evades, no me dejaste otra opción más que observarte de lejos y he notado que has cambiado mucho tus hábitos, no comes casi, estás más taciturna y muy delgada — Kotoko lo miró sorprendida — yo… —se sintió frustrado al no poder decirle más, su maldito orgullo le impedía ser claro con ella.
—No te evito, simplemente, no quiero ser una molestia para ti. — Naoki la soltó, se sentía impotente por tener muchas palabras en su mente que se negaban salir, simplemente le miraba, no sabía qué hacer — me quedó claro que tú no me quieres y aquella noche — Kotoko bajó la mirada — aquella noche solo…
—Aquella noche fue la mejor de mi vida — dijo Naoki resuelto — te dije que no me arrepiento de nada y es verdad, yo… – de nuevo las palabras se quedaban atoradas en su garganta.
Kotoko le sonrió y se dio la vuelta para seguir con su camino, sin embargo, se le nubló la vista, ella sentía como sus piernas perdían fuerza y aunque intentaba mantenerse de pie no podía. Oyó que Naoki la llamaba a lo lejos, pero ella solo se entregaba a la oscuridad.
Naoki la miró desvanecerse, la alcanzó a sostener entre sus brazos, estaba un poco fría. Él asustado la cargó y la notó más ligera que la última vez que lo hizo. Corrió hacia la salida con ella en brazos para acudir de rápido al hospital universitario. ¿Por qué precisamente ese día que iba a declararse, pasaba esto? Era un mal chiste del destino.
Hola mis queridos lectores, les traigo un capítulo más de esta historia jajaja. Gracias por sus comentarios, de verdad me animan y me dan ideas para escribir jejeje, como les dije no quiero hacerlo tan largo, por eso quizá esta pasando todo rápido... jejeje pero bueno. Gracias por leerme.
lalaland: jjeje Claro que la continuaré, y no sé puede que tenga algún tipo de cáncer terminal... JAJAJA no te creas, ya descubrirás lo que pasa.
lolitapl: La verdad, me gusta hacer sufrir a Naoki jajaja y bueno, sí es un hijo de la fregada, pero aún así, lo amamos jejejej. Es lindo cuando se lo propone.
Gracias todos por leerme. Los quiero. No olviden dejarme sus Review, saben que los aprecio.
Melina Tolentino.
