Disclaimer: Saint Seiya no me pertenece; todos los derechos están reservados por Masami Kurumada y la TOEI.


Campaña de Reedición de Fanfics

Disculpen las molestias por el cambio parcial o total de los capítulos

Gracias.


En la vida que sea

Capítulo 3: Ellos

Seiya se encontraba de nuevo caminando entre la oscuridad buscando la salida de aquel espantoso lugar, empezaba a desesperarse.

— ¿Dónde estoy? —preguntó para sí.

De repente a lo lejos, escuchó que un trote se acercaba en dirección a él.

— ¿Un caballo? —dijo asombrado forzando los ojos para distinguir.

Un corcel blanco se acercó trotando.

— Es un Pegaso… —Seiya extendió la mano para acariciarlo, pero antes de que pudiera tocar al animal este pasó de largo.

El chico decidió seguir buscando una salida así que apretó de nuevo el paso. Tenía poco caminando cuando aquella joven de ojos azules apareció nuevamente frente a su camino.

Esta vez el corazón le dio un vuelco al verla. Ahora la veía más claro, su cabello era largo y color lavanda…

— Yo te he visto antes —afirmó Seiya.

La muchacha de tez blanca sonrió y comenzó a caminar sin prestar atención a Seiya. Éste la siguió pero no podía alcanzarla y la perdió entre la oscuridad.

Seiya abrió los ojos de golpe y se incorporó en la cama. Había descubierto que la mujer que vio en la avenida era la misma de su sueño. Pero ¿Por qué? Él no la conocía, aunque al verla había sentido que algo se encendía en él, algo cálido.

Los días pasaron y a pesar de que el castaño frecuentaba el parque y la avenida después de su trabajo en el gimnasio, no volvió a ver a esa misteriosa chica.

Una noche, al cerrar el gimnasio decidió recorrer el parque. Se sentía inquieto y quiso despejarse dando una vuelta.

Tomó asiento en una banca y apoyó las manos en su nuca, al alzar la vista descubrió que el cielo estrellado estaba particularmente hermoso esa noche. Recordó el encuentro que había tenido con Mino. Desde ese día se mantenían en contacto y se habían hecho buenos amigos. Eso lo alegraba porque ciertamente él nunca pudo tener algo cercano con nadie en mucho tiempo, y Mino era muy agradable además de que se sentía cómodo con ella, era como si hubiera sido su amiga siempre.

— ¡Hey! —gritó alguien a lo lejos pero Seiya estaba bastante metido en sus pensamientos como para escucharlo—. ¡Oye tú!

Seiya reaccionó ante aquel sujeto que le gritaba impaciente y señalaba la pelota de futbol que había llegado a sus pies

— ¡Hermano! No le hables de esa forma. Disculpa a mi hermano no quiso molestarte. ¿Podrías pasarnos el balón? —un chico de cabellera verde había corrido hasta ahí y lo miraba amigablemente.

Observó a los 2 chicos más cercanos a él y descubrió que otros 2 estaban a lo lejos en la pequeña cancha de futbol, mirándolo extrañados.

Seiya titubeó un poco y pateó a pelota misma que llegó del otro lado del campo donde un chico de cabello rubio fungía de portero.

— Vaya… es bueno —comentó el de cabello negro y largo.

— Creo que encontramos a otro jugador —dijo el chico de cabellera verde a sus amigos.

El joven entrenador observaba la escena inmóvil. Otra vez la sensación que tuvo con Mino, con la mujer de sus sueños se hacía presente. No entendía nada.

— ¿Te he visto antes? —preguntó el chico rubio a Seiya.

— No estoy muy seguro… —contestó examinando bien los rostros de todos ya que él estaba a punto de preguntar lo mismo—. Me llamo Seiya.

— Yo soy Hyoga, él es Shun, Shiryu, e Ikki —contestó Hyoga presentando a cada uno de sus amigos.

— ¿Juegan seguido aquí? —les preguntó Seiya rompiendo un poco el hielo.

— Casi todas las noches, nos hacemos un tiempo después del trabajo —explicó Hyoga.

— Bien ¿Vamos a jugar o no? —bramó Ikki quién ya había perdido la paciencia con tanta explicación.

— ¿Quieres practicar unos tiros? —le preguntó Shiryu.

— No soy muy bueno que digamos —dijo el muchacho con modestia pero se quedó a jugar.

Esa noche en que Seiya se quedó con aquellos 4 chicos su destino cambió. Los 5 amigos fueron desarrollando una relación muy cercana en poco tiempo. Cada noche se reunían en el parquecito para jugar, y aparte de eso, comenzaban a hacer más cosas juntos. Mino también se les había unido en cierta ocasión cuando Seiya la invitó a conocer a sus amigos.

Al cabo de medio año, la mujer desconocida de sus sueños no había vuelto a aparecer en ellos, aunque aún seguía pensando en ella.

Un día al reunirse con Mino en la playa decidió contarle acerca de sus sueños.

— Mino ¿Alguna vez has pensando que no perteneces aquí? —le preguntó Seiya mientras aventaba una piedra hacia el mar.

— Mmm… la verdad es que lo he pensado algunas veces —contestó ella observando el horizonte.

De pronto ambos voltearon a verse. Mino le mostraba una amplia sonrisa. Seiya reparó en los ojos de la chica, tenían un extraño brillo desde hacía un tiempo atrás que no lograba descifrar.

— ¿Sabes? cuando tú y yo nos encontramos por primera vez, sentí algo que no puedo describir —confesó el castaño—. Lo mismo me pasó al encontrarme con Shiryu, Ikki, Hyoga y Shun, es como si hubieran sido parte de mi desde antes… —Seiya sonrió—. Has de creer que estoy loco.

— Ni pienso eso Seiya —negó Mino con la cabeza—. Yo siento algo parecido.

— Hace tiempo soñaba con una mujer, sus ojos eran azules y su cabello largo y lavanda. La veía cada noche aparecer de entre la oscuridad, sentí algo cálido, algo que me calmaba… —hizo una pausa mirando hacia el mar—. Una vez en la avenida principal me pareció ver a una mujer muy parecida, pero no pude alcanzarla y de un tiempo para acá no ha vuelto a aparecer en mis sueños. De verdad quisiera saber quién es, qué significa —narró Seiya y volteó a ver a la peli azul para descubrir su cara de desconcierto—. Sólo digo tonterías ¿verdad? Pero, en verdad quisiera encontrarla…

— Quizás solo sea un sueño y nada más Seiya. No necesariamente tiene que significar algo —ambos se incorporaron y Seiya se estiró cuán largo era—. Además has dejado de soñar con ella ¿no? Tal vez eso quiere decir que era algo sin importancia.

Los dos permanecieron en silencio observando a las gaviotas que sobrevolaban por la playa hasta que Mino habló:

— Seiya… —comenzó ella tímida—. Quiero decirte algo.

— Sabes que puedes decirme lo que sea Mino —la alentó el joven.

— Bueno, hace tiempo que nos llevamos bien y me gusta mucho pasar tiempo contigo —Mino miraba sus pies hundidos en la arena ocultando la pena que sentía—. Te quiero…

— Yo también te quiero —contestó Seiya colocando su mano en el hombro de la peli azul. Ella se había convertido en su amiga, por supuesto que la quería.

— Te equivocas —rió ella nerviosa—. No es de esa forma no es sólo porque seas mi amigo. Seiya la miró algo confundido—. Me gustas Seiya en verdad, mucho. Te amo…

Seiya estaba inmóvil procesando las palabras de Mino cuando ésta se acercó y posó sus labios con los de él.

No sabía qué hacer, no pudo corresponderle debido al estado del shock. Cuando Mino se separó de él, Seiya no dijo palabra alguna y ella al ver la reacción del castaño salió corriendo por el malecón.

El chico de ojos claros se tumbó en la arena, tratando de digerir lo que había pasado. ¿Qué debía hacer? ¿Qué sentía verdaderamente él por Mino? ¿Era ella la persona que debía estar a su lado? No tenía respuestas porque su cabeza estaba hecha una maraña.

Aquella noche al dormir, el sueño fue el mismo de tantas veces: Una mujer de ojos azules y cabello largo purpúreo apareció en su camino y le sonrió dulcemente, pero Mino simplemente la ignoró.


Sigo subiendo los capitulos corregidos, una vez más espero no causar molestias por los cambios habidos. Gracias por leer :) y gracias a mi beta reader Suki90 que cada vez que mete sus deditos en mis historias se convierten en algo bonito :3

P.D.: No me odien por lo de Mino, jajaja a mi no me cae nada bien pero tenia que tener su momento de... jajaja

.

.

.

Princesa Saiyajin presentó.

Y tú, ¿has sentido el poder del cosmos?

:3