Capítulo 3: "Extraño Encuentro"

Sonrió. Y pensó, en lo distintas que eran las dos. Kikyo era una mujer adulta, seductora, enigmática, consciente de su atractivo y de lo que quería, de un humor extraño... ella, Kagome... era una muchacha que apenas comenzaba a ser mujer, sonriente, sociable, algo inocente, y un libro abierto... Inuyasha sabía que ella lo detestaba. Aun así la había besado... ¿por qué? Sabía que no era Kikyo... quizás en ese momento deseó que lo fuera... ¿en verdad era eso?

El hombre alzó la mirada hacia el cielo poblado de estrellas. Deseó que en ese instante apareciera una estrella fugaz porque así pediría un deseo. El deseo que ella... su ex, descansara en paz. Su rostro se tensó y él, un hombre adulto, tuvo escalofríos de miedo. Emborracharse de nada había servido para evitar escuchar los sollozos... aun estando bebido, la escuchaba sollozar durante la noche ¿por qué? ¿se estaba volviendo loco acaso? Antes, jamás se le había pasado por la mente creer en alguna situación paranormal... ahora en cambio... ahora todo era confuso... no, extraño. Necesita quizás descanso... pensar bien... liberarse del agobio y la tristeza, también del remordimiento y la culpa...

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Tuvo días enteros sólo para dormir y no hacer nada. Hasta que conoció la nota de su informe.

Distinción máxima. El trabajo era suyo.

La vida era maravillosa.

Y ahora... lo que quedaba del verano para disfrutar... poco más de un mes sin hacer nada, absolutamente nada.

Se acurrucó como una gatita buscando calor. Intentó dormir un poco más... más.... los pajaritos cantaban, el viento soplaba con suavidad, un perro ladró a lo lejos, al parecer Buyo se peleaba con otro gato, su mamá pasaba la aspiradora.... suspiró pesadamente. Abrió los ojos y se sintió aburrida. ¿Qué iba a hacer ahora que estaba de vacaciones?

Estar más acostada le saldrían raíces. Qué mala suerte, todos sus amigos y compañeros de la universidad estaban fuera de la ciudad disfrutando desde hacía tiempo de las vacaciones. ¿qué iba a hacer? ¿en qué iba a ocupar su tiempo libre? Salió de la cama y abrió las cortinas casi con violencia, el sol del mediodía la cegó por unos instantes. Las cigarras hacían ese típico ruido cuando hacía mucho calor... cielos... los días se estaban volviendo monótonos.

Tomó una ducha de agua helada dándose todo el tiempo del mundo, luego se vistió ligera de ropas, pantaloncillos cortos y una camisa sin mangas, amarró descuidadamente el cabello aun húmedo y salió al exterior. El sol le quemó la piel y casi las retinas. ¡Kami Sama! ¡el calor era insoportable! Miró a su alrededor, el templo estaba vacío. Suspiró otra vez. Era lógico, la mitad de la población debía estar en la playa disfrutando del buen clima.

Fue a la pagoda y se pasó parte de la mañana ahí, orando por todas las almas perdidas y que no tenían un descanso en paz, y como cada día, entre sus oraciones, también pidió por la salud de ese hombre, ojalá ya no cayera en la bebida y que se sanara su corazón. Nuevamente sintió pena por él… debía ser terrible perder a alguien tan amado…

Kagome se sorprendió de pensar de esa manera. Antes del incidente del beso, los pocos recuerdos que tenía de Inuyasha Taisho siempre iban acompañados de cierto rencor… ahora era todo lo contrario, pero aun así obligaba a su mente a no recordarlo demasiado.

La joven se levantó y caminó hacia la casa otra vez. Quizás si llamaba a Eri…

De ninguna manera, ella junto a Ayumi y Yuca irían al sur del país.

De pronto sus sentidos parecieron alertarla de algo, volteó, como si fuera arrastrada por una fuerza magnética irresistible y poderosa.

Sus ojos castaños miraron con curiosidad y expectación a la figura que apareció de pronto en las escaleras, justo bajo el portal del templo. Kagome frunció el ceño. La figura masculina, bien formada... por la ropa que vestía era joven. Cuando vio el cabello negro y largo atado que se mecía con el viento cálido del día la muchacha se paralizó.

Noooo... no, no podía ser... imposible...

Miró con pánico a su alrededor, tuvo la absurda idea de correr a su casa, pero él ya la había visto y ella no podía escapar de esa forma.

Pensó en lo desarreglada que estaba. Pero si ni siquiera se había peinado... cielos...

Le sonrió cuando lo tuvo cerca, Inuyasha la miró en un principio absorto, ella pensó que era sorpresa, luego curiosidad, después, cuando estuvo ya enfrente de la joven su rostro se tensó por completo. Su mirada la recorrió de pies a cabeza. Jamás en la vida Kagome se había sentido más avergonzada por la ropa que vestía que ahora. Era un desastre. Tragó con fuerza.

- Hola.

- Hola- Respondió el hombre y sus ojos al fin se apartaron un segundo para dirigirlos hacia el templo, buscando, luego volvió la mirada a ella, frunciendo levemente la frente- No me digas que... vives aquí...

Kagome respiró apenas, se pasó la mano por el flequillo deseando alisarlo un poco, sabía que las mejillas estaban rojas de pura vergüenza, las sentía arder, que él notara eso la hacía avergonzarse aun más... qué pensaría de ella...

- Ehh… sí…

Los ojos de Inuyasha se agudizaron en su mirada, como si la muchacha estuviera mintiendo o porque eso le causaba una profunda molestia. Kagome entornó los ojos, había veces en que no podía evitar odiarlo.

- ¿Y qué haces aquí? ¡Oh! Buscas algún tipo de amuleto ¿no?

Él la miró fijo, tan fijo que resultaba vergonzoso y descarado. Kagome suspiró fuertemente, volteó intentando alejarse de él, al menos no mirarlo. Pensaba en que seguramente ese hombre la miraba así por la forma tan desastrosa que vestía, quizás se horrorizaba de su apariencia… ay, Kami Sama… en qué momento se le ocurrió vestir así…

- Nooo... yo...- Murmuró y cuando la joven se volvió a mirarlo Inuyasha desvió la vista y se calló.

Kagome no supo qué decir ni menos qué hacer ¿qué entonces estaba haciendo ahí? Era obvio que le causaba sorpresa al verla en el templo ¿qué quería? Lo miró con detenimiento mientras Inuyasha ladeaba el rostro y mostraba su perfil perfecto. La muchacha tragó con fuerza. Quizás venía a orar por el alma de la novia fallecida.

La pena y también algo de desilusión de la situación ensombreció levemente el rostro de Kagome. Ambos permanecieron de pie uno frente al otro, sin decirse nada, por un eterno instante.

- Bueno... yo... – Interrumpió él, muy serio-... en realidad sí... buscaba un amuleto... ¿tienes alguno?- Ella lo miró- Para el descanso de las almas...- Agregó, como si le costara decirlo.

Y es que sorprendió a la joven, porque jamás se lo hubiera imaginado creer en ese tipo de cosas. ¿Lo estaría penando el alma de esa mujer? Hubiera querido preguntarle pero no encontró valor para tanto.

- Sí... sí... espera un momento, lo iré a buscar...

Volteó y suspiró con fuerza, dio un paso, se horrorizó porque las piernas le temblaban ¡qué tonta era! ¿por qué reaccionaba así? Tenía que tranquilizarse.

Entró en la pagoda y buscó el amuleto que necesitaba, lo encontró y cuando lo tuvo en su mano lo empuñó. Tuvo miedo de salir de ahí, de la oscuridad del lugar en que se encontraba, a la luz del día en donde estaba él, esperando su precioso amuleto ¿por qué le alteraba tanto su presencia? Bueno, lo sabía, era por la forma severa en que la miraba, quizás comparándola con la otra, la ex novia... sonrió tontamente al darse cuenta que estaba pensando puras tonterías, Inuyasha no podía estarla comparando con la otra, nada que ver, no tenía porqué hacerlo, ella para él no era nada... quizás se sentía nerviosa porque se sentía abrumada, cohibida e intimidada cada vez que estaba cerca suyo...

- Es que le caigo mal... no le simpatizo... o quizás le soy indiferente... eso debe ser...- Musitó nerviosa y acercó un ojo a una de las rendijas de la puerta de la pagoda. Cuando lo miró sus mejillas le ardieron y pensó, que le gustaría que ese muchacho le fuera indiferente. Suspiró con fuerza para darse valor y regresar donde estaba él.

Cuando ella salió del lugar caminó hasta Inuyasha evitando el contacto visual. En realidad ya se sentía bastante abrumada... y triste... nunca nadie la había tratado de esa forma, jamás se había sentido tan poco apreciada, no es que le fuera simpática a todo el mundo, pero quizás era porque de alguna forma la opinión de ese hombre... le importaba más de lo debido.

Le tendió la mano con el amuleto. Inuyasha primero la miró a ella, luego su mano con el objeto.

Él acercó su mano, lo tomó, las puntas de sus dedos rozaron la palma de Kagome, ella desvió la vista hacia otro lado.

- Gracias.

- Debes poner el nombre de la persona ahí...- Señaló la joven-... y oras en el altar pidiendo por la salvación de su alma, luego amarras el amuleto a aquel árbol... es todo.- Se preguntó si en verdad él creía en este tipo de cosas.

- Gracias. ¿Cuánto te debo?

Kagome meneó la cabeza.

- No es nada.

Él la miró como si le hubiera hablado en algún idioma extinto. Sus ojos dorados casi se clavaron en sus pupilas... eran tan bonitos...

- Sango te dijo que vinieras aquí ¿verdad?- No supo cómo aquello salió de sus labios, pero se lo dijo. Lo sorprendió, porque aquellos ojos dorados que estaba observando se agrandaron más debido a la sorpresa. Esa reacción le develó que era verdad.

Inuyasha ladeó el rostro y luego suspiró, como si estuviera exasperado.

- Ehhh... Sí.

Kagome nunca se había sentido más humillada ni avergonzada... ¡maldita Sango! ¡Y qué vergüenza con ese hombre! Si pudiera ser un avestruz y esconder la cabeza bajo la tierra... que vergüenza... le habían tendido una trampa a él también...

- Bien... ehhh...- La muchacha resopló con fuerza-... Sango es muy bromista a veces, no le hagas caso ¿eh?... ella... ella es así... le gusta... bromear con las personas...

Entonces él le sonrió y cuando lo hizo, a Kagome se le estremeció el corazón.

- Bu... bueno... te dejo para que tengas privacidad...- Le hizo una inclinación con la cabeza e Inuyasha la imitó. – Gracias por venir.- Agregó.

Caminó cada vez más aprisa, con las piernas temblorosas y las manos en puños, sentía que iba a explotar de tanta vergüenza y también rabia con la que consideraba su amiga. Hacerle este tipo de bromas, obligándolos a acercarse cuando a todas luces él apenas la toleraba... más encima ese hombre venía en busca del consuelo de la novia muerta. Era obvio que aun no la olvidaba, a pesar del tiempo transcurrido... cruel Sango, estaba jugando con los sentimientos de ambos... ¡de ella más que nada! ¿¿de ella??

Se encerró en la habitación y desde la ventana, con suma discreción se acercó y lo observó. Era una gran distancia, apenas podía ver el altar y además algunos árboles impedían observar a cabalidad el lugar, pero aún así vio que seguía de pie, las ramas le impidieron ver si oraba, pero seguramente sí lo estaba haciendo. El corazón de Kagome se encogió, se apartó de la ventana para afirmar la espalda en la pared y recordó las palabras de Sango aquella noche.

- "Ese hombre nunca se recuperará de la muerte de Kikyo."

La muchacha suspiró casi con resignación, luego volvió la cabeza a la ventana, entre las cortinas y observó como se iba ahora, caminaba despacio, muy despacio y hubo un momento en que Inuyasha ladeó el rostro hacia la casa, lo cual provocó su susto y se agachó para no ser vista.

¡Qué tonta era! ¿cómo podía reaccionar así? Sacudió la cabeza con desespero ¿qué le pasaba? Se comportaba como una niña... ahhh pero es que... es que... ¡la culpa de todo la tenía Sango!

Se sentó en el piso de madera de su habitación, con las piernas flexionadas y la cabeza descansando entre ellas, pensando. A pesar de la rabia que sentía, la vergüenza era el sentimiento más fuerte que ahora experimentaba en su ser... ¿qué pensaría él? seguro por eso estaba tan molesto, por verse obligado a estar o citarse con ella cuando a todas luces aun no dejaba de pensar en la otra, la que había muerto.

Sintió más pena aun. Y hasta por un segundo, deseos de llorar.

Aunque aquella mujer estuviera muerta, ese hombre aun la amaba. Qué afortunadas eran algunas personas... sin lugar a dudas lo eran... deseó con toda su alma sentirse amada de esa forma... sin importar nada... ella sintió un nudo doloroso en la garganta...

No era una chica violenta pero... ¡mataría a Sango! ¡la mataría!

Momentos más tarde tuvo el valor de volver a salir al templo y entonces buscó el amuleto en el árbol. Lo encontró rápidamente, leyó la caligrafía, era débil apenas legible, pero Kagome pudo reconocer el nombre que estaba ahí: Kikyo.

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- ¿Por qué te alteras tanto? No eras así...- Sango arrugó la frente, Miroku estaba absorto viendo un partido de fútbol.-... relájate...

Kagome se cruzó de brazos y cerró los ojos. Le costaba mucho tranquilizarse, pero era tan difícil olvidar aquella incómoda situación...

- Eres mala... si no hay ni nunca habrá nada entre nosotros ¿por qué sigues molestándonos? No quiero que hagas de Cupido, no lo necesito.

La de cabello chocolate sonrió apenas.

- ¿Por qué te niegas a que te guste? Anda... dime la verdad...- Sonrió aún mas con picardía-... te gusta ¿verdad?

En ese momento Miroku la miró y ella enrojeció como un perfecto tomate. Miroku era su amigo ¡Kami Sama! ¡le iba a contar toda esta niñería a él! se horrorizó y casi deseó estrangular a la que se hacía llamar por su amiga.

- ¡¡Claro que no!! ¡Es tan serio! ¡Y engreído! Lo siento Miroku pero es la verdad.

El joven de ojos azules sonrió divertido y luego se acomodó más en el sofá poniéndole nuevamente atención a su partido, aunque murmuró.

- Ay Kagome... si tú supieras...

Sango rió fuertemente, se la estaba pasando muy bien al parecer. Ella escapó de la mirada asesina de Kagome, se fue al dormitorio y se recostó en la cama, su amiga la siguió rápidamente hasta allí, aun demasiado alterada.

- Te ruego por favor que ya no sigas actuando como Cupido... no sabes la vergüenza que me dio al verlo ahí... él se sorprendió también claro...

- Mentiraaaa ¿cómo se iba a sorprender Inuyasha? Él sabe que tú vives en un templo.

La miró con los ojos muy abiertos, luego dudó. Eso sin embargo calmó en algo sus ánimos.

- Sí, sabe que vives en el templo... – Su amiga estaba a punto de reír a carcajadas otra vez-... yo no sé que pasó aquella noche que lo fuiste a dejar... pero desde esa vez ha estado preguntando por ti... es muy sutil para hacerlo, jaja, cree que no nos damos cuenta jaja.

Su corazón latió tan fuerte que hicieron eco en sus oídos. La muchacha tragó con fuerza y miró con detenimiento Sango. El beso de aquella noche... pero... su amiga no lo sabía... bien, eso significaba que él no lo recordaba y por eso no lo había mencionado...

- Estas mintiendo...- Murmuró. Casi no podía imaginarlo a él preguntando por ella... pero sí... ¡tal vez ni siquiera se acordaba de su nombre!

- Que no. El que mintió fue él, yo no le dije nada porque Inuyasha sabe que tú vives en ese templo. No fue sorpresa para él verte ahí.

Trató de tranquilizar su alocado corazón. Quizás Sango seguía burlándose de ella, era lo más probable. Luego suspiró derrotada y se sentó en un borde de la cama.

- Fue para... orar por el alma de su novia... es decir... bueno... ella...

La sonrisa de la otra desapareció. Se recostó más en la cama y dirigió la mirada hacia el techo, como si estuviera meditando.

- Cierto... él... habla aun de Kikyo... – Frunció el ceño-... pero... hay algo en su voz... quizás... quizás... se sincere con Miroku, le diré que pregunte.

Kagome negó con la cabeza y se puso de pie.

- No hagas nada. No quiero saber nada más de esto, por favor. Él no me tolera, yo tampoco lo tolero mucho...- Lo decía más por orgullo aunque igual ese hombre la atemorizaba, sentirse intimidada u odiada por alguien le provocaba cierta reticencia, más por él-... a veces nos pasa... no podemos serles simpáticos y agradables a todo el mundo ¿por qué no aceptas eso? Si vuelves a molestarme con él juro que me enojaré seriamente.

Sango se sentó en la cama y la miró con absoluta seriedad.

- ¿Acaso te da miedo entablar una relación? ¿es eso? Que el chico que tuviste de novio en la secundaria te dejara, no significa que siempre te dejarán...

Apretó los labios de pura rabia. No tenía que haber removido aquel recuerdo. Se dio vuelta decidida a marcharse, apenas escuchó a Sango gritar.

- ¡¡Eso pasó hace casi 4 años!!

Cerró la puerta de golpe, enojada.

El cielo ya estaba poblado de estrellas que apenas se dejaban ver debido a la luminosidad del lugar. Cerró los ojos cuando la brisa fresca del anochecer golpeó su rostro, meció sus cabellos y se fue dejando una estela con aroma a frutas y pasto húmedo que penetró en sus pulmones, calmando en algo su estado anímico.

No. No estaba triste por lo que pasó aquella vez. Era una niña y él también. Jamás le había podido dar más de lo que podía... porque no lo amaba... era agradable, servicial, guapo e inteligente... siempre se preocupaba por ella... pero Kagome jamás sintió realmente amor por él. No podía darle a Houyo más de lo que podía dar. Fue doloroso... ese chico había dicho amarla tanto... y por eso él la dejó.

Se había sentido aliviada por ello. Pero se prometió nunca más estar con alguien para que esa persona no sufriera también. Era culpable de haberlo ilusionado... sí, era su culpa... no quería volver a cometer el mismo error, por eso no volvió a tener novio.

Claro, ahora venía Sango a entrometerse en su vida...

Ni siquiera sabía cuanto le dolía todo aquello... había lastimado un corazón aquella vez... ahora debía pagar... no podía volver a hacer lo mismo... quizás por eso nunca se enamoraría... quizás por eso un hombre tampoco se enamoraría de ella...

Continuará...


N/A: Gracias por los más de 30 reviews nuevamente, los leí todos, se los agradezco muchísimo, aprecio los comentarios.

Hay veces... en que no queremos ver más allá y de alguna forma interpretamos las actitudes o la manera de ser de alguien de acuerdo a lo que nos conviene o quizás para no hacernos ilusión. Decimos "seguro le caigo mal, si me miró feo", pero no fue así y malinterpretamos todo el asunto, apuesto a que más de alguna le ha pasado jaja, siii, los seres humanos somos tan complicados, colocamos un escudo para protegernos y a veces las cosas salen peor... en fin...

Gracias por leer hasta aquí, nos vemos pronto y cuídense mucho.

Lady Sakura Lee