-Seto-lo llamó por tercera vez esa maña-Deja de ignorarme-.

-¿Qué?-le contestó con ligero sobresalto-Shen, lo siento, pensaba en otra cosa-.

-Claro-el joven pelinegro frunció el ceño-Mejor hazme caso-se le acercó mimosamente.

Seto lo miro y trago saliva, siempre lucia tan adorable y tentador en las mañanas, cuando no usaba mas que una camisa prestada que le quedaba ridículamente grande.

Ellos eran amantes, y a Seto no le daba ninguna culpa acostarse con un chico de 15 años cuando él ya estaba por cumplir los 21.

-¿Averiguaste lo que te pedí?-lo sujetó de la cintura.

-Si, iré a buscarlo para mostrarle unos sitios si quieres-se puso en puntas de pie para poder alcanzarlo, había mucha diferencia de estatura.

-Hazlo por favor-cazo sus labios, dándole un leve mordisco-Siento tenerte de un lado a otro-.

-Es mi trabajo-se apartó y regreso a tu taza de café-No me molesta, tu me das muchas cosas a cambio de eso, casa, dinero, comida, buen sexo-rió.

-Hn-se sonrojó ligeramente-Como sea, hay que apurarse, se hace tarde-.

-Si, jefe-.

El joven chino entro en la tienda, era pequeña y sin gran cosa. Había un anciano tras el mostrador.

-Disculpe-le habló con calma-Busco a Atem-.

-Oh-el viejo lo miró, extrañado de que alguien buscara al moreno-Esta arriba, enseguida lo llamo-desapareció en la trastienda.

Shen espero, mirando a su alrededor, no había nada destacable, pero se notaba que a ese hombre le gustaba su trabajo.

Al poco rato, el egipcio apareció, tenia cara de no haber dormido.

-Shen, buenos días-lo saludó, a la vez que se le escapaba un bostezo-Lo siento-.

-No se preocupe, quería hablar con usted-.

-Claro, vamos afuera-salieron los dos y caminaron en silencio unos metros-Y ¿De que querías hablar?-.

-Conseguí unos departamentos que podrían interesarle-lo observó, el aspecto de Atem era exótico, demasiado llamativo, incluso luciendo tan cansado.

-Que bien ¿Iremos a verlos?-.

-Si así lo desea-.

Shen lo llevo al primer departamento, que era el más cercano.

-La verdad me gustaría algo que este un poco mas lejos-miró la fachada del edificio.

-¿Lo descartamos?-ladeó la cabeza, Shen recordaba mucho a un gato.

-Si ¿Hay alguno que este cerca del trabajo?-.

-Claro, podemos ir directo a ese-sacó una libreta y tacho el nombre del primer edificio-También hay una linda casa cerca de la mansión del jefe, y esta al mismo precio que los departamentos-.

-Oh, eso es interesante, vamos a ver ambos-se frotó los ojos, en señal de cansancio.

-Le comprare un café-rió levemente-O se dormirá en el camino-.

-Lo siento, de verdad, no logre dormir nada-.

-Esta bien, lo entiendo, suele pasarme también y ni hablar del jefe-rió-Ese hombre no conoce el sueño-se le acercó y le susurro al oído-Hubo un tiempo en que tenia que maquillarse por las ojeras que tenia-.

-¿De verdad?-soltó un risita-Mejor vamos por ese café-lo despeinó-No quiero terminar como Seto-.

-Usted ya lleva maquillaje-le replicó, guiándolo por el camino.

-Es porque soy egipcio y me gusta usarlo-resopló.

-Ya, no se ofenda-compraron café para llevar y se dirigieron al siguiente edificio. Iban caminando, así Atem podría ver que tal era el vecindario y a la vez mantenerse despierto.

El segundo sitio era a pocos metros de la empresa. Era un edificio de departamentos ostentosos y amplios, todo un lujo en Japón.

-¿No crees que son demasiado costosos y grandes?-estaban dentro de uno de los departamentos-Creo que nunca terminaría de amueblarlos-.

-Supongo que tiene razón-tacho otro nombre en la lista-Entonces ¿La casa?-alzo una ceja.

-La casa-asintió.

Shen suspiró con cierto fastidio, tendrían que haber ido ahí desde el principio.

Era una casa pequeña, justo enfrente de la mansión y a media hora del trabajo.

-Es perfecta-sonrió al verla, era acogedora y lo mejor, amueblada.

-Solo deberá comprar una cama y la nevera, es lo único que falta-.

-Bien, no tengo problema con eso-.

-Por fin-.

-Lo siento, te hice dar vueltas-rió nerviosamente.

-No tiene importancia, estoy acostumbrado, mañana será toda tuya-.

Tras eso, a Atem no le quedaba de otra más que regresar a casa de Yugi.

-Bueno, yo, supongo que debo irme-no podía disimular que no quería.

Shen lo analizo unos momentos, ya lo había visto antes, un frio carácter a punto de quebrarse.

-No creo que al jefe le moleste su presencia en la mansión-le dijo con tono despreocupado.

-¿De verdad?-lo miró con grandes y cansados ojos.

-Si-dudo unos momentos-Yo vivo con el jefe, y se que no le va a molestar, nunca trabaja los domingos, así que no interrumpirá nada-.

"Así que viven juntos" eso era raro, demasiado.

-Entonces no tengo problema en ir-.

Cruzaron sin mas hacia la mansión, Shen abrió las grandes rejas y ambos caminaron por el jardín, hasta la puerta principal.

-Sígame- Shen lo guió hasta la cocina-¿Quiere comer algo?-.

-Claro ¿Y Kaiba?-.

-Durmiendo, seguramente, y si no, creando estrategias para vencerle-lo miró con diversión.

-Eso me resulta mas creíble que el que este durmiendo-rió.

-Luego podemos ir a verlo-le sirvió una porción de lemon pie y una taza de té.

-Gracias-comió con calma, debía admitir que tenia cierta debilidad por los dulces-¿Y como es que vives con él?-.

-No tengo la obligación de contestar eso-frunció el ceño.

-Lo siento-decidió no insistirle, no parecía el tipo de persona a la cual era bueno hacer enojar.

-Supongo que es normal que pregunte-suspiró-Solo diré que le debo mucho-.

-Entiendo, no tienes que explicar nada-se iba haciendo una idea, y por alguna razón, no le gustaba.

Comieron la tarta en tenso silencio. De repente había nacido una rivalidad imposible de descifrar y de inexplicable causa.

-Quiero ver a Kaiba-dijo sin pensarlo, cuando en su plato no quedaba rastro del lemon pie.

-Iré a ver si puede recibirlo-se retiró rápidamente.

Entro en la habitación del castaño, lo encontró, como ya se había imaginado, dormido entre un montón de cartas. Rodo los ojos al verlo, seguramente si pudiera, Seto Kaiba haría cosas dormido, cual sonámbulo, para no perder su valioso tiempo en algo como descansar.

-Seto-lo movió para despertarlo.

-No caeré en tus trampas de nuevo-murmuro, aun dormido.

-Hn-gruño y lo sacudió con mas fuerza-Despierta-.

Seto dio un pequeño salto y quedo sentado en la cama-¿Qué? ¿Qué pasa?-.

-El egipcio vino a verte-se cruzo de brazos.

-No digas "el egipcio" con ese tono tan despectivo-suspiró-Ya voy-.

-Te esperamos en la sala-se fue.

-¿Y ahora por que esta enojado?-se levanto y tras arreglarse un poco bajo a la sala, donde los otros dos ya lo esperaban.

-Atem-lo saludo con un gesto de la mano.

-Kaiba ¿Dormiste bien?-le pregunto con clara burla.

-Mejor que tú, eso seguro-.

-Admito que no e dormido nada-suspiró.

-Y deduzco que no quieres ir a tu casa-lo miraba con severidad, como si reprendiera a un niño.

-No "mami" no quiero-ladeo el rostro, ofendido.

-Jefe, Atem se muda mañana-comento Shen, sin razón aparente.

-Ya veo, en ese caso, puedes quedarte, haré que vayan por tus cosas-.

-Gracias-ambos estaban siendo condescendientes y aunque le molestaba, no iba a replicarles.

-Entonces te quedaras hasta mañana-Kaiba sonrió sin ocultar sus intenciones-Podríamos tener un duelo-.

-Supuse que pedirías eso-se puso de pie-Como gustes, pero primero quisiera tomar una siesta-.

-Claro, Shen, dale una habitación-le ordeno al pelinegro-Que descanses, Atem-se fue por donde había venido.

-Como ordene-suspiró con resignación-Venga conmigo-avanzo escaleras arriba, aunque el mismo había llevado al moreno ahí, había algo que le molestaba.

Atem lo siguió, demasiado cansado para pensar en lo raro que era ser el huésped de Kaiba.

Cuando llego a la habitación, se acostó de inmediato y se durmió profundamente, no despertó hasta mucho mas tarde, solo para ir directamente hacia su duelo con Kaiba…

-¡¿Por qué?! ¡¿Por qué nunca te gano?!-el castaño tenia a Atem de los hombros y lo sacudía.

-Acordamos que no seria un duelo serio, Kaiba-dijo con la voz temblorosa por estar siendo agitado.

-Aun así-lo soltó-Sinceramente, comienzo a pensar que haces trampa-.

-¿Trampa?-eso le resultaba ofensivo.

-Si, con tus poderes raros-agitó los dedos graciosamente.

-No seas tonto, Kaiba, no necesito "poderes raros" para ganarte-le replicó con altanería.

-No te creo-se cruzo de brazos.

-Pues créelo, en todo caso, puede que ganarte ves tras ves sea uno de mis poderes-.

Ambos sabían que bromeaban simplemente, no había razones serias para pelear, Atem ya no tenia un destino que perseguir, y Seto…Seto había madurado al parecer.

-Algún día te ganare-le acomodó un mechón de cabello dorado que se había salido de lugar por su culpa.

Se altero un poco por el gesto del otro, pero no comento nada-No lograste hacerlo hace milenios, Seth- lo llamo por su antiguo nombre.

-No me llames así-se apartó-Yo no soy él-.

-¿Por qué aun lo niegas?-recuperó la distancia.

-Si lo aceptara, nuestra relación seria mas complicada de lo que ya es ¿No te parece?-.

-Tienes razón-acortó aun mas la distancia-De todas formas, no hay nada bueno para que tu recuerdes de aquel entonces-.

-¿A que te refieres?-estaban lo suficientemente cerca como para tocarse, pero no lo hacían, se miraban directo a los ojos, midiendo el carácter ajeno, como siempre.

-A la chica, esa a la que estabas tan unido que su alma aun te sigue-.

-No digas tonterías-lo apartó con su brazo y camino lejos, quizás haciendo que Atem ganara aquel intercambio de palabras y miradas mordaces.

Lo miro marchar, quedándose en su sitio ¿Realmente eran tan poderosos los lazos románticos? Esa mujer, Kisara, había amado a Seth, y Seth le había correspondido, pero ella murió y su alma era el Dragón blanco de ojos azules, la carta que Seto adoraba con locura.

Atem se pregunto si esos sentimientos aun seguían en algún lugar de la mente y corazón de Seto, porque al parecer la unión de ambas almas, la de Kisara y Seth, era tan fuerte como para transcender los milenios, y encontrarse, aunque de una forma muy infeliz. El moreno no tenía una respuesta, ya que no había alcanzado a conocer el amor, y no tenia interés en conocerlo en su vida actual, aun.

Saco su carta del mago oscuro y la observo con atención, alguna vez había sido una persona, y los unía un lazo de amistad y lealtad. Así que entendía a Seto, solo un poco.

-¿Qué le hizo?-Shen caminaba hacia él, con mala cara.

-¿Además de ganarle?-.

-Hn-gruño-Le estoy preguntando enserio-.

-Nada, no lo se, pregúntale a él-tampoco era como si fuese algo fácil de explicar-Sabes, mejor me disculpare-.

-Hágalo, o se las vera conmigo-lucia como un gato enojado, solo le faltaba lucir una cola esponjada moviéndose de lado a lado.

-Bien, bien-paso a su lado rápidamente y fue tras el castaño.

-¿Y ahora que quieres?-preguntó sin mirar, al sentir los pasos ajenos.

-Disculparme antes de que Shen me coma-suspiró-Bueno, de verdad siento si te ofendi o algo-.

-No es que me ofendieras, ni digieras algo hiriente-detuvo su andar y lo miró-Solo no me gusta hablar de esos asuntos-.

-Esta bien, ya no lo mencionare mas-se le acercó, con gesto curioso-Mejor dime ¿Por qué ese chico anda detrás de ti como perro guardián?-hizo una breve pausa- Aunque mas parece un gato-concluyó.

-Estaría en la calle de no ser por mi, seguramente sea por eso-.

-Sabes que podrían arrestarte ¿No?-le dijo de forma directa, asumiendo que había deducido correctamente la relación de esos dos.

-No se que insinúas-miró a otro lado-Como sea, debo preparar unas cosas para mañana, nos vemos-se perdió tras las puerta de su propia habitación, sin darle tiempo a Atem de replicar nada.

Shen tuvo que esperar hasta que Atem se encerró en su propia habitación, con aparente mal humor, para poder ir con Seto.

-Seto-fue directo a lanzarse a los brazos del castaño que leía tranquilamente en la cama.

-Shen-lo sostuvo con un solo brazo, para no tener que soltar el libro-¿No te vio entrar? ¿Verdad?-.

-¿Crees que sospecha?-lo miro fijo, tenia grandes ojos esmeralda.

-Posiblemente-le acariciaba la espalda con cuidado-Pero, aunque así sea, dudo que le diga a alguien o haga algo al respecto-sonrió-No te preocupes, puedes confiar en él-.

-Seto, a ti… a ti te gusta Atem ¿No?-se acurruco contra su cuerpo, como un gato asustado.

-No digas tonterías-le contesto con ese tono que Shen sabia podía significar dos cosas, o no le estaba prestando atención, o no estaba dispuesto a hablar de ello.

-Esta bien-se resignó, debía admitir que estaba algo celoso, pero también preocupado, no quería que nadie hiciera sufrir al ojiazul.