III.

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POV: Cable.

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Wade le informó aquella vez en el bar que le dejaría estar en el piso con él los dos primeros meses a cambio de que solamente hiciera la comida y dado que no tenía otro lugar en el que quedarse ni dinero, Nathan había aceptado. Pero si el mercenario bocazas había creído que el mutante se esperaría dos meses para buscar trabajo, estaba muy pero que muy equivocado. Dedicó las dos primeras semanas en informarse sobre este siglo, en aprender nuevas recetas de cocina (con ingredientes que en el futuro ya no existían aprender fue en cierto modo fascinante) y a simplemente ser un muerto en vida (todo le hacía pensar en Hope y tenía cero ganas de salir de casa. ¿Al estar en el supermercado y ver una caja de galletas plasmada con dibujos infantiles? Solo podía pensar "Esto le gustaría a mi chica" y sus ojos se humedecerían y su pecho le dolería)

Una vez se obligó a si mismo a levantar cabeza, Cable se plantó en el bar de Weasel para pedir trabajos de mercenario.

No cogía muchos, solo los suficientes para pagar su parte del alquiler del piso y poder guardar dinero para sí mismo por si en un futuro requería de él.

Poco a poco, fue recuperándose de sus heridas, dejando atrás sus problemas de manejo de ira y asimilando la idea de no volver a ver a Hope (aunque aún dolía y le dolería toda la vida). Aprendió a pensar con positividad y con el tiempo creerse de verdad que ayudaría a cambiar el mundo para bien y que lo que estaba haciendo era lo correcto.

Lo era.

Después de salvar a un grupo de chicas jóvenes de unos traficantes junto a Wade y ver sus expresiones de eterno agradecimiento y alivio estuvo muy seguro.

No salvaría el mundo salvando a unas muchachas, pero eran detalles que le hacían sentirse útil aquí, por ahora, y le hacían sentir en paz consigo mismo.

En cuanto al pensamiento de mudarse de piso tras cumplirse los dos meses, no lo consideró seriamente ni una sola vez. Había empezado a encontrarse a gusto con Wade, y creía que él tampoco quería que se fuera. Últimamente se estaba dando cuenta de lo mucho que este empezaba a importarle.

Al principio fue irritante cuando una vez que Nathan se compró un dispositivo móvil el canadiense llenó su chat de memes. Lo silenció al segundo día. Después, tras un período de serio aburrimiento cuando Wade no estaba en casa leyó sus mensajes y más veces de las que le gustaría admitir se encontró a si mismo sonriendo con los mensajes, sobretodo recientemente cuando el mercenario aparentemente se había dado por vencido ya que nunca respondía y usaba su chat como lista de la compra. No obstante, se vio obligado a responder en cuanto Wade empezó a hacer chistes auto despreciándose, cosa que irritó a Nathan y se lo hizo saber.

Bastante tenía con ver las miradas que la gente le dirigía a Wade por la calle (Nathan cuando iba con él y las captaba se aseguraba de enviarles de vuelta dagas con los ojos hasta que la vergüenza se abriera su camino en ellos) como para que el propio Wade se riera de su apariencia. No tenía gracia. Ni la más mínima.

Detalles como esos, eran los que le hacían darse cuenta del afecto que le había cogido al mercenario.

Llegó esa misma fría noche de octubre a casa cuando los problemas comenzaron, agotado. Dejó las llaves en el bol cerca de la puerta y encendió las luces del salón, encontrándose a Wade abrazado a sus rodillas en un rincón.

– ¿Wade?

El mencionado se sobresaltó un poco y levantó la cabeza para observarlo. Llevaba puesta la máscara, solo la máscara junto a unos pantalones cortos, y eso significaba que no estaba bien.

– Hey. – Respondió casi al instante, con un tono animado que el mutante reconoció como obviamente forzado–. Tuve una pesadilla. Un trabajo me salía mal y de pronto tenía a la pasma detrás de mí y Bruce Willis era el jefe de policía que de pronto me la tenía jurada. Era imposible matarlo y joder, vaya hostias que repartía. Fue... terrible.

Nathan exhaló un largo suspiro.

– Wade. ¿Cómo fue el trabajo?

– ...Bien.

El mutante se quitó la chaqueta y la dobló sobre si misma en su antebrazo. Wade contestaba con monosílabos o con muy pocas palabras cuando tenía la cabeza en otra parte, cosa que al conocerlo no hubiera creído que fuera posible. Al parecer si que habían ocasiones en las que se callaba. También sabía que no iba a conseguir muchas respuestas de él ahora estando en este estado.

– ¿Has cenado? Sobró comida tailandesa anoche.

– Ajá.

Nathan asintió. Le gustaría quedarse, pero no serviría de nada. Wade seguiría insistiendo en que no ocurría nada y Nate no es que fuera muy bueno con las consolaciones. (Con las emociones en general) A sabiendas de que probablemente Wade le patearía si se sentaba al lado, decidió retirarse.

– Buenas noches, Wade.

El mercenario simplemente movió la cabeza como despedida.

Nathan pasó por su lado y entró en su habitación. No tenía hambre.

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Se sorprendió al día siguiente al llegar a la cocina con intención de hacer el desayuno y encontrarse a Wade (quien solía levantarse muy tarde) haciendo tortitas y cantando, moviendose también al ritmo de la música. Se había vestido incluso con una sudadera y tejanos cuando normalmente ni se molestaba en vestirse en casa. Y lo más importante, se había quitado la máscara.

– Give me a siiiign! hit me baby one more time!

– Buenos días.

– ¡Naaate! ¡canta conmigo! – Lo invitó con un tono cantarín sin dejar de bailar moviendo las caderas y levantó la sartén para en un rápido movimiento darle la vuelta a la tortita en el aire. En su opinión, había lanzado esa tortita demasiado alto.

– Nop.

– Aburridoo. – No sonaba molesto.

– Cocinillas de pacotilla. Tienes por lo menos dos tortitas pegadas en el techo.

Wade miró arriba, fijándose en las dos tortitas que efectivamente decoraban el techo. Se encogió de hombros.

– En un par de minutos se despegan y bajan, no te preocupes.

Nathan negó con la cabeza, pero estaba sonriendo con levedad. Le gustaba verlo así después de haberselo encontrado ayer en plena noche abrazado a sus rodillas en el salón. Fue hacia la cafetera a prepararles café a ambos mientras Wade terminaba con las tortitas.

– Te veo bien hoy.

– ¿Ah sí? Y eso que ni siquiera me he maquillado. – Bromeó Wade como de costumbre terminando de sumar la tortita recién hecha a la montaña de estas en el plato–. Me puse lo primero que vi en el armario. Yo sencillo pero siempre hermoso.

– Sabes que no es eso a lo que me refiero.

Wade chasqueó la lengua.

– Bueno... dormí bien anoche. No volví a soñar con Jason Statham.

Prefirió no comentar nada acerca de que había mencionado a un actor diferente del de anoche.

– Me alegro por eso. Te sienta bien sonreír así.

Wade pareció quedarse algo perplejo al oír el comentario, pero reaccionó rápido y sonrió nuevamente.

– Solo dices eso para que me levante de buen humor más a menudo y te haga tortitas. – Se acercó más a él cargando el plato con estas y con su mano libre le picó con un dedo en el pecho– Te encantan, lo sabes.

Nathan se permitió sonreír.

– Sí, me encantan. Ya podrías madrugar y hacerlas más veces. Para algo que haces bien...

– Capullo. – Wade le dio con el codo en el costado de forma juguetona al pasar por su lado para dejar el plato encima de la mesa de la cocina, la cual solo usaban durante el desayuno. Nathan se sorprendió ante el repentino impulso de agarrarlo del brazo y acercarlo más a él, y también lo ignoró.

Sin duda la falta de afecto romántico y de sexo le estaban empezando a afectar.

Comió en silencio escuchando la historia que le contaba Wade y que ya había oído más de tres veces. Una vez acabó su plato miró al contrario en silencio, esperando que terminara él también.

Wade al percatarse de su escrutinio lo miró con media tortita en la boca y otra media sobresaliendo de ella, confuso. Tenía la cara manchada de sirope de chocolate.

– ¿Mm?

– Quiero que me acompañes a detener a un grupo de traficantes de drogas.

– ¿Mmggg?

– Mañana. Domino nos acompañará. Hay dos mutantes entre ellos y debemos tener mucho cuidado.

Wade partió con los dientes la tortita en dos y dejó caer la parte que sobresalía, empezando a masticar rápido. Nathan esperó pacientemente su respuesta.

– ¿Es esto un trabajo de mercenario? Porque no tiene pinta de que detener a un grupo de traficantes vaya a mejorar gran cosa el mundo. Oh espera. ¿Acaso podrían meter en las drogas a un buen político y joder su carrera y llevarlo por el mal camino? ¿O a algún héroe con mallas apretadas? ¿Cómo podrías saber eso? Oh, odio tanto los putos viajes en el tiempo. Nunca les pillo el sentido.

– No es un trabajo. Es algo necesario. TIENE que hacerse. Y Wade. Nada de matar a ninguno de ellos.

– ¿Qué? ¡¿No podré sacar a Bea y Arthur a pasear?!

– Deja tus malditas katanas en casa. Si alguien muere, deben ser los dos mutantes. Nadie más. ¿Me oyes? ¿Puedo confiar en ti?

Inspiró profundamente y vio la confusión disiparse del rostro del mercenario que fue suavizandose poco a poco, hasta finalmente asentir con la cabeza.

– Puedes.

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Domino pisó el freno de su furgoneta, e hizo una pompa gigante con su chicle antes de quitarse las gafas de sol y guardarlas en un cajón.

– Bueno. Aquí estamos.

Deadpool estaba a su lado equipado con el traje, y sí, para fastidio de Cable, con sus katanas. Tras escuchar sus múltiples quejas sin sentido sobre que "las katanas van con su traje y les gustan a sus fans" el mutante emitió un gruñido y no discutió más. Gruñido que al parecer el mercenario había tomado como un "mira, lleva tus putas katanas pero como la cagues te parto las piernas". Mensaje que captó bien. Empezaban a entenderse.

Cable abrió la puerta del asiento trasero dónde iba y salió cargando su arma. Los otros dos no tardaron en bajar también.

– Que conveniente a estas alturas del fanfic que Domino ya se haya sacado su carné de conducir. Y en fin, C3PO. ¿Nos cuentas que hacemos aquí y porque no podemos cargarnos a ninguno de ellos? – Inquirió Wade al situarse a su lado.

– No ahora. – Sentenció Cable sin mirarlo. – No la cagues.

– ¿A Domi no le dices nada?

– Tú eres el más impredecible y que más papeletas tiene de joder la misión. Por no mencionar el más idiota.

– Oh, gracias por no mencionarlo.

– Parecéis una jodida pareja de ancianos casada. – Comentó Domino observándolos con cierta curiosidad.

– Bueno, él sí que es un anciano.

Cable lo asesinó con la mirada.

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La pistola de Domino tenía silenciador.

Gracias a la bala que disparó a la cabeza del vigilante del poderoso grupo de narcotraficantes (su piel era verdosa con alguna que otra escama así que lo confirmaba como mutante) lograron entrar al refugio por sorpresa.

Deadpool fue el primero en entrar rompiendo una ventana al grito de '' ¿Estás ahí, Dios? ¡Soy yo, Margaret!'' y antes de que los siete hombres hubieran podido levantarse de la mesa que ocupaban donde tenían un gran montón de billetes esparcidos comenzó a golpearlos sin hacer uso de armas.

Cable y Domino entraron por la puerta.

Este primero, habiendo regulado su arma a la potencia mínima, disparó a la rodilla de uno que estaba a punto de usar la escopeta que acababa de recoger contra Wade. Eso hizo que la soltara y cayera al suelo con un aullido de dolor. Si tenía suerte volvería a caminar.

Neena corrió hacia el más próximo y comenzó a asestarle golpes al igual que Wade. Ambos mercenarios se movían muy bien.

– ¡Eh, abuelo! – Gritó Wade antes de partirle la nariz de una patada a uno de los hombres– ¿Me pasas el bastón para repartir hostiazos?

Cable usó su arma para golpear en la cabeza a un hombre que cargó contra él al grito de "¡Muere, hijo de puta!" Dejándolo inconsciente en el acto.

– Me lo estoy guardando para al terminar aquí metértelo bien profundo por el culo.

– ¡Oh, kinky!

Para sorpresa suya, se encontró a si mismo sonriendo de oreja a oreja. Tenía la mejilla manchada de sangre y no era suya.

Sintió la adrenalina dispararse por su cuerpo. Sus movimientos se hicieron casi automáticos y sus pulsaciones se aceleraron considerablemente.

Dios, Había echado de menos una buena batalla.

Pudo escuchar las bromas de Wade entre tanto alboroto, tal era la atención que le tenía puesta en esos momentos.

"¡Yuhuuuu! ¡Aquí llega el Hada de los dientes a recogerlos!" Justo antes de hacerle saltar más de un diente de un buen puñetazo a un tipo rechoncho.

Nathan nunca había pensado que pudiera apreciar el humor en una batalla. Pero Wade seguía sorprendiendolo.

Más de una vez se había quedado observando al mercenario luchar, era casi hipnótico, la forma en la que se movía al batallar como si estuviera en una pista de baile, y el danzando en su propia forma. Era ardiente.

Lo miró por un momento lucirse.

Domino también estaba muy versada en la batalla cuerpo a cuerpo y tenía una figura femenina que dejaría a cualquiera sin aliento. Y sin embargo, él prefería mirar a Wade.

No pudo permitirse más de dos segundos ahora. Tenía que centrarse. Golpeó en el pecho con su arma a uno de los hombres dejándolo sin aire. Antes de que este pudiera caer de rodillas al suelo, el ojo tecnoorganico de Cable brilló al reconocer ese rostro.

Bingo.

Con su mano biónica lo agarró de la camisa y lo empujó hacia la derecha presionándolo contra la pared. El tipo exhaló el poco aire que le quedaba en los pulmones.

– Por favor, por favor.

No habló él, sino el hombre de atrás que o Deadpool o Domino tendrían sometido de rodillas. No le importaba.

Deadpool habló por detrás de él, pero Cable no lo escuchó. Su atención estaba puesta en el tipo al que tenía contra la pared y que se veía como si de un momento a otro fuera a cagarse en los pantalones.

Cable apretó la mandíbula con fuerza, mostrando sus dientes.

– Andrew Hurles. – Dijo con voz ronca ocasionando que los ojos abiertos de este expresaran ahora más terror de ser posible, junto con una mezcla de confusión. Con su telepatía, Nathan captó sus pensamientos. Creía que estaba aquí para matarlo a él por algún motivo.

Sus creencias no eran correctas. Sin embargo, si que estaba aquí por él.

– Mi nombre es Cable. Vengo del futuro. Y acabo de salvar tu miserable vida.

Entonces lo soltó y las manos del tipo fueron con rapidez hacia la pared, apegandose lo más posible a esta una vez Cable retrocedió un paso poniendo distancia entre ellos. Estaba completamente aterrorizado. Cable no sintió ni una pizca de pena. Era una sucia rata que más de una vez había apalizado a su ex mujer y que si este mundo fuera justo debería estar pudriéndose en la cárcel.

No obstante, Cable debía dejarlo escapar con vida de ahí. Por el bien de la humanidad. Las consecuencias de matarlo él mismo o dejar que lo mataran, serían nefastas.

– ¿Cable? – Preguntó Domino a sus espaldas con un deje de confusión.

– ¿Qué cojones, Robocop?

Cable se giró entonces hacia el único hombre que no estaba inconsciente y que se mantenía de rodillas a un lado de Deadpool. Teniendo al hombre que le interesaba, el resto podían pudrirse por lo que a él respectaba.

Le disparó en la cabeza.

Acto seguida volvió a girarse hacia Andrew que ahora temblaba.

– Estos cabrones te habrían asesinado. – Siseó – Hubieras muerto con una bala entre ceja y ceja por cortesía de alguno de tus colegas. Vete de aquí. Y no puto vuelvas a meterte en este mundillo ni a ponerle la mano encima a nadie o yo mismo me encargaré de cortarte las pelotas, ¿entendido, escoria?

El hombre asintió con rapidez y cuando Cable hizo un gesto perezoso con la cabeza y con su brazo biónico para que se fuera, el tipo no tardó nada en hacerlo.

Cable se giró entonces para ver la mirada perpleja de Domino, y el rostro enmascarado de Wade que bien sabía opacaba su sorpresa.

No les dijo nada. Bajó la cabeza mirando el cadáver a los pies de Wade y al resto de los cuerpos inconscientes y entonces, se tensó.

– ¿Nate?

Su telepatía le hizo captar una nueva presencia ahora.

– ¡Cuidado!

Una enorme estaca de hielo fue directa a parar a un lado del cuerpo de Domino, que la esquivó por poco. Tuvo suerte.

Deadpool en un rápido movimiento sacó sus katanas. Sus ojos de su máscara se ampliaron mucho. El mutante responsable del ataque entró por una de las ventanas de un salto rompiéndola y haciendo saltar los cristales por doquier.

No era muy musculoso, de hecho era bastante delgado, pero era alto y sus ojos estaban cargados de ira y con una chispa de locura. Y sus manos congeladas dejaban claro que estaban ante una amenaza considerable.

– ¿Hielo? – Wade sonó ofendido.– ¿Me estás contando que este tío lanza estacas de hielo? Venga ya, ahora resultará llamarse Puño de hielo. Menuda pereza de fanfic, ¿acaso la autora no tenía ganas de pensar en algo mej...?

Cable dejó de oírlo en cuanto disparó al mutante con su arma subida a potencia 4. El hombre lo esquivó por poco.

Domino le disparó un par de veces y en una de ellas la bala hubiera ido a parar en su rodilla, pero el tipo bloqueó esta con la mano. Sin embargo si que pareció dolerle su acción, puesto que siseó.

Pero no fue a por ella en venganza.

Cable era el que más cerca estaba de él.

El narcotraficante corrió hacia Nathan, y una katana pasó a escasos centímetros de su cara por delante de él hasta clavarse en la pared. Lo hizo detenerse y girar la cabeza hacia Wade que corría en su dirección. Deadpool se deslizó por el suelo y con su otra katana le cortó un pie. La sangre salpicó pared y suelo violentamente.

Un aullido desgarrador resonó por todo el refugio.

– ¡Espero que seas bueno jugando a la pata coja! – Cable sabía que Wade sonreía bajo su máscara.

El canadiense a su lado se puso en pie con rapidez. De un salto, y sin necesidad de usar las manos, con elegancia, y el enemigo ahora apoyado contra la pared alargó una mano gélida para cogerlo por el traje y acercarlo a él.

Nathan sin pensarlo disparó hacia el tipo, dándole en el pecho. El hombre cayó entonces de rodillas con un nuevo grito. Estaba acabado, pero aún sostenía a Deadpool.

Fue entonces cuando Domino gritó.

– ¡Wade, a tus pies!

Nathan la vio. Una granada.

El tipo desde el suelo levantó la cabeza y esbozó una sonrisa maniaca.

Cable no lo pensó dos veces, avanzó hacia ellos y en lo que tardó en llegar solo le dio tiempo a Domino de gritar "¡No!" Y a Wade de separarse del agarre del mutante y poner un par de metros de distancia.

Cable se situó entre ambos, rodeó a Wade con un brazo y activó su escudo.

La granada estalló. La fuerza de esta hizo volar la pared y tanto Deadpool como Cable cayeron en direcciones opuestas.

Todo se oscureció para él durante un tiempo.

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Para cuando volvió a abrir los ojos temió haber perdido la vista.

Oscuridad.

Un pitido horrible era todo cuanto sus oídos dañados pudieron oír.

Pero poco a poco, la negrura desapareció y se transformó en un gris intenso. Vislumbró una figura circular al extremo superior derecho de otro color entonces, que reconoció como el sol.

Una sombra se alzó ante él y con su brazo pareció apartar alguna estructura de encima suyo. Nathan pudo sentir el peso abandonando su cuerpo que hasta ahora no había notado que tenía sobre si.

Solo podía pensar en una persona.

Wade.

La figura lo sostuvo de los hombros y lo hizo incorporarse hasta sentarse. Seguía sin oír nada, pero su visión iba mejorando.

Al fijarse en el rostro una vez sus ojos parecían haber tenido éxito en su objetivo de volver a su funcionamiento normal, se dio cuenta de que no estaba ante el mercenario, sino ante una Domino que lo miraba con preocupación.

– ¿Wade? – Cuestionó Cable con el corazón en un puño.

La mujer movió los labios al responderle, pero no logró escucharla. Lo ayudó a levantarse y una vez se puso de pie fue consciente del dolor intenso en su hombro. Fue girado abruptamente entonces por otra persona y pudo ver a Wade con media máscara destrozada mirándolo desde arriba. Le faltaba el ojo derecho debido a una furiosa quemadura y donde este debería estar, su factor curativo actuaba ahora formando y uniendo de nuevo el tejido muscular.

Se sintió aliviado de todas formas al darse cuenta de que al menos ese había sido su único daño sufrido.

– ¡Eres un completo gilipollas!

El pitido se estaba volviendo ahora más leve y pudo oír claramente la voz de Wade.

Apretó con fuerza los dientes cuando una fuerte sensación de mareo lo arrolló, pero la ignoró. Y también los gritos con múltiples insultos de Wade que siguieron hasta que los tres volvieron al coche. Cable por supuesto siendo prácticamente arrastrado por ambos mercenarios.

Poco después de que lo dejaran sentado en el asiento trasero del coche, Cable perdió la consciencia.

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– ¿Donde...?

– Ah, despiertas justo a tiempo. – Lo recibió Domino desde el asiento del conductor con la vista puesta en la carretera.

– Siempre tan oportuno. – Giró la cabeza hacia Wade entonces que estaba a su lado y se había quitado su destrozada máscara. Su rostro ya estaba regenerado. No parecía muy contento. – Estamos llegando a un motel. Tienes el hombro jodido. Algo te debió rozar durante la explosión. Joder, tuviste suerte de no puto quemarte y haberme quitado así el título del único Krueger del equipo.

– Fue solo una granada.

– ¡Granada que me debería haber comido yo solo, gilipollas!

Cable soltó un gruñido, con cansancio. No quería discutir.

– Wade. Ya está. – Habló con calma Domino. – Le has insultado de todas las maneras posibles. Deja al pobre hombre en paz. Lo hecho hecho está.

– Como si no tuviéramos suficiente con su mierda suicida y sus sacrificios en los putos cómics...

Cable miró por la ventana y lo ignoró. No volvió a hablar hasta que llegaron al motel. No se arrepentía de lo que había hecho.

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El poder de Domino debía ser de verdad la suerte porque había conseguido que la anciana en la recepción del motel les dejara poner un pie dentro sin llamar a la policía.

Cable que ya se podía sostener de pie por su cuenta observó la escena.

– Mire... Solo queremos quedarnos una noche. Luego nos iremos. No queremos problemas por aquí, así que si nos deja una habitación con tres camas y promete no llamar a la policía...

Domino dejó unos cuantos billetes de más en el mostrador mostrando una sonrisa que hubiera resultado encantadora de no ser porque su cuello estaba manchado de sangre ajena e iba armada y acompañada de dos hombres también armados hasta los dientes, con la vestimenta hecha un desastre y magullados.

La mujer a cargo del motel parecía al borde de sufrir un infarto. No la culpaba.

– Te-tengan. – Dijo y les pasó una llave con rapidez con su mano temblorosa.

La sonrisa de Neena se acentuó y dejó ver sus blancos y perfectos dientes.

– ¡Muchas gracias! – Acto seguido se giró hacia ambos hombres. – ¡Vamos, chicos! Nathan, voy a tener que vendarte ese hombro.

– Puedo hacerlo yo solo.

– Pero voy a hacerlo yo, ¿vale? – Su tono de voz no dejaba lugar para reproches, así que una vez entraron en la habitación ella lo agarró de su antebrazo y lo arrastró al cuarto de baño para fastidio del hombre.

Antes de cerrar la puerta de este pudo escuchar a Wade gritar como un crío

"¡Hay una litera y una cama! ¡Me pido la litera de arriba! "

Nsthan se quitó la camiseta, se sentó en la tapa del retrete y observó expectante a Domino mientras ella por su parte se retiraba los guantes y se lavaba las manos. Había traído con ella un botiquín de primeros auxilios de su furgoneta con el que procedería a tratar su herida.

– Menudo día, ¿eh? – Dijo ella para romper el hielo y la tensión del momento. Él no tenía ganas de hablar así que solo emitió un sonido que podría significar cualquier cosa.

– Uno exitoso.

– Mm. Más te vale después de tanto drama. Sigo sin entender porqué demonios insistías en que no mataramos a esos tíos si luego le volaste la cabeza a uno.

– Solo quería mantener a uno de ellos a salvo. Quise asegurarme de que vosotros no matarais al indicado. El resto me la sudaban.

Siseó un poco en cuanto la mujer presionó una gasa impregnada en alcohol en su herida abierta.

– Lo siento, grandote.

Cable apartó la mirada.

– Los capullos del grupo se hubieran vuelto contra el idiota que salvé. Andrew. Un mutante lo hubiera matado, así que la hija de Andrew ahora de cuatro o seis años en el futuro ayudará a crear un virus que actúa sobre los mutantes matando los linfocitos CD4 a una velocidad alarmante. Un puto virus que acabaría con cientos y cientos de los nuestros, por pura venganza. Infeccioso. Transmisible por vía sexual y sanguinea.

Suspiró.

– Pagarían justos por pecadores.

– Entonces un virus... así como el VIH, ¿huh?

– Solo que mucho más eficaz en su misión de destruir el puto organismo.

Domino asintió.

– Bueno. Has hecho bien, Nathan. Gracias por esto. – Dijo con sinceridad y él tragó saliva aún sin mirarla. – Gracias. Y... odio cambiar de tema pero... Wade tiene razón, lo que has hecho ha sido muy imprudente. Con la parte de la granada, me refiero.

Cable solo emitió una especie de gruñido.

– Muerto no le sirves al mundo si es que pretendes evitar que se vaya a la mierda. Estás haciendo progresos y salvando muchas vidas sin que nadie lo sepa. Y deberías cuidarte más para poder seguir haciéndolo. Tú careces de un factor curativo. – Comentó y tras una pausa sacudió la cabeza– Y si hubieras muerto intentando salvarlo... Dios. No quiero ni pensar lo que sería capaz de hacer Wade.

Nathan lo imaginó por un momento. El dolor en los ojos marrones del mercenario al caer en cuenta de que le había perdido y que de nuevo estaba completamente solo y desamparado. El corazón se le estrujó mientras Domino ahora empezaba a vendar su hombro.

No supo porqué, pero al decir lo siguiente, algo en él le dijo que estaba mintiendo.

– Lo superaría. Ni siquiera estamos tan unidos.

Domino se detuvo con el vendaje y lo miró directamente a los ojos cuando él por fin dirigió su vista a ella.

– No crees eso que has dicho.

No volvió a contestar.

Eran compañeros de piso, sí. Creía que podían considerarse amigos. Wade le importaba y sabía que él también a Wade. ¿Pero su vínculo llegaría al punto de destrozar a Wade si algo le pasara?

Se dio cuenta entonces de que sí. Wade no estaba nada bien. Solo había tenido a Vanessa en el pasado y ahora que ella no estaba se había aferrado a Cable como si fuera su ancla en este mundo.

No sabía como sentirse al respecto.

Domino prosiguió con sus acciones.

– Mira... Sé que los dos lo habéis pasado horrible este último año, pero Wade... Obviamente te has dado cuenta de que no está mentalmente muy estable.

De eso claramente se había dado cuenta.

– No paso mucho tiempo con él, pero... para lo poco que lo veo le he visto demasiadas veces riéndose en un momento para en el otro quedarse en absoluto silencio, como si no estuviera ahí. Es hacer un chiste y a los dos segundos tener la cabeza en otra parte. Una vez creí haber visto sus ojos humedecerse.

Cable exhaló un largo suspiro. Quizá si que alguna que otra vez lo había visto hacer eso, varios meses atrás. No sabía que seguiría estando tan mal ahora. De nuevo, sintió una punzada en el pecho.

– ¿Y qué quieres que haga con esta información?

– Solo quiero que tengas cuidado.

Neena terminó con el vendaje y lo observó frunciendo los labios en una fila línea.

– Él...-

Se vio interrumpida cuando un Wade más calmado abrió la puerta del baño y asomó su cabeza desenmascarada.

– No estaréis hablando de chicos guapos y habrá salido mi nombre por casualidad, ¿verdad?

– Para nada. – Contestó Cable y trató que su expresión no dejara traslucir el dolor que le provocó el tener que ponerse en pie. – Neena ya ha terminado aquí.

Wade asintió y a Cable le pareció ver como este recorría con su vista su torso desnudo por un segundo.

– Bien. Por cierto, este motel está muy bien. Osea, funcionan dos canales en la televisión y todo. En uno de ellos emiten Bob Esponja. Si tan solo tuvieramos palomitas aquí... ¿Quién se apunta?

– Yo misma. – Sonrió Domino al pasar el lado de Cable siguiendo al mercenario cuando se fue de nuevo. – Ah. Nathan, ya que estás aquí puedes ser el primero en usar la ducha.

Nathan asintió y compartió una última mirada con Domino antes de que ella abandonara el baño.

–¡La segunda en ducharse soy yo, Wade!, ¡¿me oyes?!