« Cuando Trunks conoció a Marron »
«El destino que los une es tan fuerte que ni ellos mismos podrán corromperlo.»
Segundo
Un gran atardecer
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-Hola -la sonrisa que el hombre le dedicó le gustó; no era la típica coquetería barata de un hombre guapo.
-Hola -dijo ella, levantando la mano que tenía escondida en el bolsillo delantero, solamente hasta su cintura, un saludo ameno.
Trunks no pudo evitar observarla. Adoraba la belleza femenina, y aquella criatura que tenía enfrente merecía un noble respeto por ser tan hermosa. No sabía si le llamaba más su rostro pequeño y precioso, o su cuerpo voluptuoso y curvilíneo. Era un hombre, y lo sabía. Ella también lo sabía, y al parecer no le gustaba mucho la manera en la que él la estaba mirando.
-¿Qué le pasó a su auto? -preguntó, aunque mantuvo distancia con el cuerpo, se acercó un tanto al automóvil.
-Eh... -pestañeó varias veces, tenía que ser menos obvio- No tengo la menor idea, supongo que no es mi día de suerte -él rió confiado, ella simplemente lo miraba-, primero se me rompe mi computadora, luego me entero que estoy en una ruta de mala fama y ahora esto...
Casi decía que lo único bueno era que había encontrado a alguien para que lo ayudara: mejor dicho, que hubiera encontrado a ella. Pero se detuvo a tiempo. Y Marron, que no estaba muy segura, agradeció de todos modos a que aquel sujeto se haya callado lo que estuviera por decir, no quería que le cayera tan mal de pronto. Parecía ser un hombre respetable. Es decir, con aquel atuendo y todos esos papeles que había en los asientos traseros del vehículo. Quiere decir, al menos no eran zapatos de mujeres o condones usados.
-Realmente soy muy mala con esto de los autos -suspiró, levantando los hombros-, pero hace poco se abrió una estación de servicio a unos kilómetros...
-Sí, lo sé -Trunks se sintió estúpido porque su voz no sonó amigable de solo recordar a aquel sujeto y ella se había confundido, pensando que le era aburrido hablar con ella-, estuve hace unos minutos allí, le pedí que me ayudara con la ruta...
-Oh, ya veo... -ella se rascó la nuca, y se tiró el pelo hacia adelante tapando gran parte de su torso- ¿Y hacia dónde ibas?
Eso era raro. Demasiado. Está bien, era completa y absolutamente raro. Marron adoraba hablar con personas que conociera y apreciara desde hace tiempo, pero definitivamente con extraños no era lo suyo. Pero aquel sujeto le caía bien, lo veía muy bien y no se refería solamente físicamente. Además, no le gustaba nada la idea de ir a encerrarse a su pequeña casa que se hallaba prácticamente alejada por unos tres o dos kilómetros de la civilización.
-Sólo me faltan algunos kilómetros, según tengo indicado -él se rascó el cabello y se sentó en el capó de su lujoso vehículo-, estaba yendo a la ciudad que se llama... Me he olvidado...
-Elfstrom -Marron sonrió apenas.
-¿Eh? -negó rápidamente con la cabeza- No, no, yo me llamo Trunks, Trunks Brief.
Marron sonrió libremente y estuvo tentada a reírse, pero no tenía la suficiente confianza para hacerlo. El hombre pestañeó varias veces e intentó mostrarse entendido también siguiendo la sonrisa mitad risa de la rubia.
-Elfstrom es el nombre de la ciudad -dijo, explicándose, simulando indiferencia se recostó contra el lado derecho del capó, cerca de Trunks pero no a su lado-. Mi nombre es Marron Jinzo.
-Marron... -sonrió, mirando embelesado a la mujer- Es un muy bonito nombre.
-Trunks tiene su encanto, no te lo niego -dijo, y se rieron débilmente. Se encontró extrañada, no se reconocía, ¿desde cuándo ella hacía chistes con extraños?
La rubia tenía cruzado los brazos sobre los pechos y, volviendo a poner su cuello en un estado normal, miró hacia adelante en donde había pequeños árboles y el comienzo de lo que era una pequeña llanura; allí arriba, a unos pocos kilómetros, estaba la ruta verdadera y bonita. Trunks tenía enfrente al auto de la rubia, pero no podía evitar mirar unos segundos hacia su costado derecho para saber qué hacía ella. Un silencio muy incómodo se ajustó en el medio y ninguno de los dos parecía encontrar lo correcto para deshacerse de ello.
Marron recordó a su preciosa madre, y a su voz firme y autoritaria, diciéndole muchas veces que no tenía que hablar tanto con extraños. Era mejor mantenerse alejado, firme y siempre mostrando límites y distancia. Y Marron sabía muy bien que sentarse en el capó y mirarse de esas formes no era exactamente mantener distancia.
-Bueno... -se metió aún más las manos en los bolsillos delanteros del jean desgastado- Me tengo que ir.
Trunks apretó su mano y vio como la silueta joven y curvilínea se alejaba frente a él. Tenía que hacer algo, eso o simplemente resignarse a tener que esperar toda la tarde sólo a que alguien, sinceramente nadie, lo ayudara con su auto.
-¿Ya te vas? -preguntó, le salió inconscientemente, pues esperaba decir algo más apropiado como "¿Y no tienes idea de dónde puedo recibir ayuda?", incluso un "¡Quédate conmigo, por favor!" hubiera sonado menos obvio y desesperado.
Ella giró y lo encaró. Su rostro no tenía las mejillas sonrojadas que siempre adoptaba cuando algo le incomodaba en su niñez. Había aprendido a mostrarse indiferente y, por lo visto, le estaba saliendo muy bien porque si había algo que no estaba en ese momento era tranquila y con indiferencia.
-Tengo un trabajo que terminar para mañana... -de pronto, se encontró dando más explicaciones sin saber por qué- No pude contestar una respuesta esta mañana y el profesor me pidió que mejorara esa nota que él no quería ponerme pero me la tubo que dar...
-Está bien, lamento retrasarte -sonrió-, supongo que alguien más me ayudará.
-Súbete -dijo, mientras abría la puerta del conductor de su auto-. Si crees que alguien más te encontrará aquí estás equivocado...
Lo decía con una sonrisa para nada fingida. Trunks se levantó del capó de su auto y se dirigió al de Marron. Antes de que ella pudiera comenzar a manejar, y de que él entrara completamente al auto, se frotó las manos sobre su pantalón porque había notado que sus manos sudaban. Ella estaba insegura. Y él parecía tan bien y cómodo sentándose a su lado y dirigiéndole una sonrisa de mejores amigos casi hermanos...
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-Me considero bastante responsable y madura -admitió, asintiendo y colocándose un mechón detrás de la oreja. El viento de la costa soplaba tan fuerte, y cada vez estaba más frío, más eso era reemplazado por el tibio calor que el sol desprendía.
-Ya me parecía, tienes aspecto de serlo -Trunks agregó rápidamente;-. No es que te veas mayor, pero, digo, no tienes aspecto de ser una remilgada que se la pasa tomando alcohol y bailando sobre mesas... No sé si me entiendes.
-Lo hago, lo hago -dijo, divertida-, me estás diciendo que visto como una anciana y que tengo personalidad de mojigata.
-No, no me malinterpretes -él se relajó al ver que ella sonreía-, me refiero a que se puede ver que serías una gran madre y... de seguro te va bien en tus estudios...
-Sí, eso intento al menos -miraba hipnotizada a las olas romper en las costas, que estaban a apenas metros de ellos.
La arena aún estaba cálida y sus pies, que se enterraban desnudos en ella, agradecían por ello. Se había arremangado el jean para que no se ensuciara y él, que tenía traje, no parecía interesado en lo más mínimo en que su vestimenta se ensuciaba si estaba sentado sobre la arena.
-¿Cuántos años tienes? -preguntó él, ambos estaban entusiasmados mirando al mar.
-Veinte... -sonrió, imaginándose la cara de estupefacción.
-¿Enserio eres tan joven? -comentó, no pudo evitar mirarle el rostro; no tenía ninguna marca de arruga, como era de esperarse, pero veinte años parecía muy poco para alguien tan bien... lo diría, desarrollada y con tanta armonía de responsabilidad a su alrededor.
-¿Me estás llamando vieja? -dijo, abriendo sus ojos y mirándolo directamente. Los dos metros que separaban sus rostros parecían tan escasos e inviolables al mismo tiempo.
-No, por favor, no... -negó con la cabeza vehementemente.
-¿Cuántos años tienes? -fue el turno de preguntar de ella, y Trunks agradeció que no volviera a tocar el tema de su edad; de lo contrario, tenía que decirle por qué le parecía que ella no tenía esa edad.
-Veintinueve -murmuró, mirando embelesado lo que el atardecer hacía con ese rostro de porcelana.
-¿Enserio? -inquirió, sorprendida, pero no lo miró- Vaya, te creía más joven.
Él le sonrió, simpático. Y ella, dejando de ser antipática y recta como había sido educada para que fuera, sonrió también. Fracciones de segundos para que sus mentes maquinaran y se dieran cuenta de que se estaban sonriendo. Él, con ese pésimo día. Ella, con esa actitud tan frívola.
El atardecer no tardó en llegar, creando más belleza alrededor de ambos y más conversaciones que iban y venían; estúpidas preguntas cómo cuál es tu animal preferido o si te gustan las mujeres y hombres con perfumes o sin perfume. Ese ping pong de respuestas y preguntas tardó apenas unos cinco minutos, antes de que el hombre gordo y sonriente apareciera a su lado para avisarles que el auto de Trunks ya estaba reparado.
Marron se sorprendió demasiado, saber que tendría que dejar de hablar con aquel extraño le trajo una rara amargura. Pero él era distinto a todos, pudo hablar con él como hace tiempo no hacía con ningún muchacho.
Trunks... lo único fantástico que tenía no era su nombre o su aspecto. Era el primero en años que lograba llamar su atención, y ella no quería que eso dejara de pasar.
Gracias por sus hermosos comentarios, espero me mantengan al tanto de cómo les parece que va. Son cortos los capítulos porque va a ser una historia muy larga. ¿Se quedaron con ganas de más? Prometo no tardar tanto en actualizar. Saludos compañeras.
