Hallo! Legué con el segundo capítulo! Hoy he actualizado dos veces y ayer subí el prologo! Estoy avanzando! Bueno, espero que les guste! Disfruten!

(Disclaimers, notas, influencias, etc., en el prólogo) Algunas aclaraciones al final del capítulo.


Alfred se levantó al día siguiente. Abrió los ojos, perezoso y miró a su costado, donde debería estar el pequeño ser. Al no encontrarlo se levantó deprisa, causando un leve mareo por la velocidad, pero al verlo en el borde de la ventana, tomando sol, se tranquilizo y se quedó mirándolo. Antes de dormirse había llegado a la conclusión de que era un dragón, como los de las historias del viejo Wang Yao.

Comenzó a fijarse en el. La longitud del dragón no era mayor que el antebrazo de Alfred, pero el animal tenía un aspecto digno y noble. Las escamas eran de un intenso color verde esmeralda, el mismo que el de la gema. Sus ojos eran de un brillante verde, aún más fuerte que sus escamas. Una gran cresta baja pero con puntas recorría toda su espina dorsal, aunque en un punto que confluía el cuello y los hombros había un hueco que daba lugar a un espacio mucho mayor al de las púas. Su cola acababa en una punta con forma de flecha y sus alas eran varias veces más largas que el cuerpo del animal y las surcaban finos fragmentos de hueso que se extendían desde el borde delantero de cada ala, de manera que formaban una línea de garras muy separadas entre sí. La cabeza era ligeramente triangular, y del maxilar superior le salían dos diminutos colmillos blancos, que parecían muy afilados. Las garras también eran blancas, como marfil pulido, y un poco dentadas en la parte interior.

El oji azul se movió ligeramente y el pequeño dragón se lanzó de la ventana y se deslizó hasta los pies del rubio. Alfred lo cargó con cuidado, y la pequeña criatura se acomodó entre sus brazos, como si estuviese creada para encajar en ellos.

Tenía que ocultarlo, no sabía cuando despertarían su tío y su primo y tenía que llevárselo antes que lo vean. Cogió un poco de carne, unas mantas gruesas y una tira de cuero. Caminó por el pequeño valle frente a su casa y se dirigió al bosque que había frente a esta. Se internó más, buscando un lugar seguro donde ocultar a la pequeña criatura. Llegó así a un gran árbol. Puso al pequeño dragón en el suelo cubierto de nieve y le hiso un nudo en el cuello con la tira de cuello, mas después de pensarlo un rato, improvisó un arnés para evitar que se ahorque. Caminó por esos lares un rato, recogiendo leña, con la cual creó una pequeña cabaña. Acomodó las mantas en el interior, para resguardar al animal del frío. Lo subió y al ver como se comía la carne que le había puesto dentro se sintió más aliviado. El pequeño animalito se acurrucó y Alfred, satisfecho, comenzó a alejarse. Escuchó un suave gemido detrás de él y vio la cabeza del dragón saliendo de la cabañita.

- Quédate aquí. – dijo, mirando los ojos verdes de su mascota. Aunque dudaba que lo entendiese. El animalito lo miró con extrañeza. Alfred se acercó y le acarició la cabeza, cuando su cuerpo lo tocó sintió como si unas enormes paredes que protegían su mente se cayeran. Algo asustado por la sensación alejó su mano del dragón y todo volvió a la normalidad. Extrañado, volvió a tocar la cabeza de la criatura y la sensación volvió, pero esta vez la aprovechó.

- Quédate.- pensó, vio como los ojos verdes lo miraban intensamente, pero esta vez con un aire de entendimiento, y con la certeza que esta vez sí lo había entendido, se fue tranquilo a trabajar en la granja.

Cuando llegó a su casa, la familia aún no había despertado. Cuando todos estuvieron levantados, Ivan comentó que había escuchado extraños sonidos proviniendo de su habitación, después de que Alfred le dijo que se había caído y se había golpeado, Ivan trató de matarlo – nuevamente – con el caño, para alivio de Alfred, el tema terminó ahí.

El día pasó rápido y Alfred ya no se preocupaba de que la marca en su mano se viera, ya que era muy fácil ocultarla con un poco de suciedad o con las manos en los bolcillos. Cuando la noche llegó, Alfred corrió al gran árbol, donde el dragón lo esperaba. En la pequeña cabaña había unas cuantas plumas, cosa que alegró mucho más al muchacho, ya que significaba que podía cazar solo. Le dejó nueva comida que había robado de la despensa y se puso a mirar a la pequeña criatura. Fue entonces que se dio cuenta que no sabía cuál era su sexo. Agarró al dragoncillo y lo tumbó en el suelo a pesar de las quejas de este, mas no encontró nada que le indicaba que era. Era como si no quisiera entregarle ningún secreto sin luchar.

Frustrado, Alfred soltó al dragón y lo subió a su hombro, y con el acomodado alrededor de su cuello, fue a caminar por el bosque lleno de nueve. Le comenzó a hablar sobre todo lo que sabía de él, de cómo era ese lugar lleno de árboles. El pequeño animal parecía entenderlo y absorber cada palabra que le decía. Después se sentó un rato, con el dragón entre brazos, y comenzó a admirarlo en silencio. El tiempo pasó y Alfred tuvo que irse, con la sensación de dos ojos verdes clavados en su espalda, molestos por dejarlo ahí, solo.

Cuando el sol salió, Alfred fue corriendo al árbol. La noche anterior le costó dormirse, y solo llegó a soñar como zorros y lobos negros destruían a tan preciado amigo. Pero al llegar vio al pequeño animal en la copa del árbol, mirando el amanecer. Cuando lo escuchó llegar, bajó veloz y se lanzó a los brazos de su dueño, donde se acurrucó y se escondió debajo de su abrigo. Alfred se dio cuenta que el pequeño dragón estaba asustado, por lo que acarició su cabeza hasta que se calmara. Estuvo así un rato con él, le dio de comer y jugó un rato con el pequeño animal, mas tuvo que irse al cabo de poco tiempo.


Aclaraciones: Si han leído el libro, se darán cuenta que en varias partes pongo los mismos textos o los parafraseo. Quiero aclarar que no poseo dichos textos, son de nadie más y nadie menos que de Christopher Paolini.

Espero que le haya gustado! Este me salió más largo no? Así va a seguir, creciendo :)

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