(Femslash) Hermione se comporta de manera extraña desde que empezó el curso pero Ginny quiere recuperar a su mejor amiga cueste lo que cueste.

Rating: TP

Disclaimer: El universo de Harry Potter es propiedad de JK Rowling y todo el que haya metido mano con las películas y los libros. Confío en tienen mejores cosas que hacer que denunciarme a mí.

Avisos: Este capítulo contiene spoilers hasta el sexto libro, Harry Potter y el Misterio del Príncipe (o Príncipe Mestizo). Es Femslash, tápate los ojos y sal de aquí si no quieres acción chica-chica.

Comentarios: Este fanfic nace y crece alimentado por el Bragathon de las Circe's Panties. Se lo dedico a los 2/3 del BTE GC, dahl y Jycel.

CAPÍTULO 3: EL CODO DE HERMIONE

Tres meses antes, Hermione descansaba tranquilamente tumbada en la cama.

Aquel estaba siendo uno de los mejores veranos de su vida. Tras la Orden del Fénix, el infierno de haber tenido a Dolores Umbridge como directora de Hogwarts, las prácticas del ejército de Dumbledore, la incursión en el Ministerio y la muerte de Sirius, Hermione necesitaba evadirse y descansar. Y qué mejor lugar que La Madriguera.

Estaba concentrada en un libro, ajena a los gritos, insultos y golpes que venían del patio, donde los gemelos, Ron, Harry y Ginny estaban jugando al quidditch.

Para la prefecta todo era paz y tranquilidad. Además, estaba adelantando el temario del año que viene, quería estar preparada para los ÉXTASIS con toda la antelación que pudiera, y eso le hacía sentir muy a gusto consigo misma.

Sonrió durante un momento de pura felicidad.

Y entonces se abrió violentamente la puerta. Una figura familiar gritaba de emoción mientras sostenía el brazo en alto.

—Ginny… ¿eres tú la que está debajo de todo ese barro? —preguntó levantando la mirada del libro.

—¡Y que lo digas! Adivina lo que tengo… —respondió la pelirroja moviendo con entusiasmo el brazo.

—¿Un ataque epiléptico? —contestó Hermione intentando no reírse.

—Respuesta incorrecta —dijo Ginny mientras corría hacia la cama.

Cuando estuvo lo suficientemente cerca, miró a Hermione con una enorme sonrisa y abrió la mano para mostrar lo que llevaba. La castaña abrió los ojos como platos.

—Ginny, eso es…

—La snitch dorada, pequeña. ¡Y el estadio enloquece! — Gritó mientras corría como una posesa alrededor de la habitación con el brazo en alto, mostrando la snitch a un inexistente público.

Hermione no podía concebir cómo después de pasar toda la tarde jugando al quidditch tuviera fuerza suficiente para no parar quieta, pero así era Ginny Weasley, pura energía.

Eso sí, cuando se iban a acostar, Hermione solía divagar mentalmente durante al menos una hora sobre lo que había hecho durante el día, sobre las cosas que le quedaban por hacer, repasaba datos históricos, ingredientes de pociones, ejecuciones de hechizos, estrategias del PEDDO para mejorar la vida de los elfos domésticos, gran etcétera. Ginny se quedaba dormida en el momento en el que su cabeza tocaba la almohada y pasaba así toda la noche del tirón.

Tenía una capacidad sobrehumana para desconectar, cosa que tenía intrigada a Hermione.

Ginny dio un par de vueltas más a la habitación y se dirigió a la ventana. Al abrirla, se escucharon una serie de improperios desde el jardín. Los jugadores restantes le pedían no muy educadamente que devolviera la preciada bola y Ginny respondía con muecas de burla. Se volvió hacia Hermione y la señaló con la snitch.

—Es la primera snitch que le quito a Harry en las narices, te la dedico —dijo con una media sonrisa. Y tiró la bola dorada por la ventana, poniendo fin a las quejas de Harry y sus hermanos

Hermione le dedicó una sonrisa de agradecimiento llena de orgullo. Ahí estaba, la pequeña de siete hermanos, quitándole el preciado trofeo a Harry Potter, el buscador más famoso de la historia de Hogwarts. Y lo mejor de Ginny era que tan pronto cometía una hazaña, se olvidaba completamente de ella para concentrarse en cualquier trivialidad. En este caso, el libro de Hermione.

Se tiró en la cama, al lado de Hermione y miró el libro con atención.

—¿Qué lees?

—Fundamentos de Aparición. Ya sabes que me examino este año —explicó Hermione con su pose de prefecta.

—Oh, ¡venga ya! Quedan todos los meses del mundo para eso—replicó Ginny cerrando el libro con la cabeza y apoyándola encima del regazo de Hermione—. ¡Empollona!

La castaña estiró las piernas y luchó por sacar el libro de debajo de Ginny, pero ésta tuvo mejores reflejos y tiró el libro bajo la cama.

—No me llames empollona, cabeza de chorlito. ¡Y devuélveme mi libro! —exclamó mientras trataba de quitarse a Ginny de encima.

Forcejearon un poco hasta que Hermione sacó su arma secreta y atacó a Ginny con lo único a lo que difícilmente podría hacer frente: cosquillas. La pelirroja contraatacó con la misma medicina y todo se volvió un lío de manos, risas y contorsiones para escapar del suplicio. Hasta que Hermione se golpeó el codo contra el cabecero de la cama.

Soltó un alarido de dolor y se llevó la mano al codo.

—Au… Bruta —se lamentó lastimosamente mirando a Ginny.

Al ver la cara de cordero degollado que ponía Hermione, a Ginny se le cambió el rostro rápidamente por uno de preocupación y empezó a disculparse sin parar.

—¿Estás bien? —preguntó poniendo su mano sobre la de Hermione después de media docena de "lo sientos".

—Creo que he sentido algo romperse ahí dentro —respondió con extrema seriedad.

—¡Hermione! —Ginny se levantó a toda velocidad—. ¡Hay que llamar a un sanador! ¡Rápido! Tú no te muevas de ahí, yo me encargo.

Esperó hasta que la vio corriendo hacia la puerta para estallar en carcajadas. Ginny se volvió con una ceja levantada.

—Oh, Hermione Jane Granger, eres malvada —dijo entrecerrando los ojos en una fingida mirada de odio.

—Lo siento, es que estabas tan mona entrando en fase de pánico —consiguió articular Hermione entre carcajadas. —Sólo ha sido un golpe molesto en el tendón, se pasa en un par de minutos.

Ginny se sentó en la cama, a su lado y le cogió el codo con delicadeza.

—Consecuencias de una infancia con siete hermanos —dijo a modo de disculpa—. Intentaré ser más delicada la próxima vez que quiera matarte con cosquillas —tuvo una idea y se le iluminó la cara—. Puede que intente matarte con algo que requiera menos violencia.

La prefecta sonrió. Ginny se acercó al codo y le dio un beso en el lugar del golpe, luego pasó a la mejilla, a la otra mejilla y, finalmente, posó sus labios en la frente de Hermione, deteniéndose más en este último beso.

—¿Ves? Estás indefensa ante mí —dijo triunfante mientras le acariciaba el codo.

En ese instante, Hermione se enamoró de Ginny Weasley.

Habían pasado tres meses y Hermione aún sonreía recordándolo. Lo guardaba como algo precioso, algo secreto, que sólo era suyo y de Ginny. Un momento como tantos otros, como todas las veces que se habían hecho cosquillas hasta llorar de la risa, como todos los besos amistosos que se habían dado, como todas las tardes en las que la pelirroja había subido a distraer a Hermione de su lectura. Algo tan normal y tan distinto. El momento en el que dejó de mirar a Ginny para ver a Ginny.

Y con el recuerdo de sus labios cálidos en la frente, se durmió.