La casa de Inukashi era de estilo Japonés, muy poco común en esos tiempos en los que la tecnología superaba. Era una casa muy grande, de dos pisos, rodeada por un enorme jardín lleno de plantas, riachuelitos artificiales, escondites, y obviamente, perros. A pesar de tener tantas mascotas, para Inukashi familia, toda la casa por dentro y por fuera estaba completamente pulcra.

Ese día hacia mucho frio, los pequeños copos empezaban a ocultar todo en aquel jardín, el agua dejo de fluir en las fuentes y se congelaba. Era algo hermoso de ver. La casa estaba en silencio, Inukashi se estaba desesperando, ¿Por qué no llegaba ninguno de los dos? Ya tenía toda aquella cena lista. Tuvo que hacerla sola, planeaba que Shion la ayudara, pero el albino no llegaba. Se pasó todo el día con eso. Pero lo soporto solo por una cosa:

°Flashback°

Nezumi, hoy solo hice sopa. Come sin quejarte

Si…- el pelinegro jugaba con la sopa y la veía sumido en sus pensamientos, un tanto melancólico.

¿Qué te pasa?- pregunto una curiosa morena

Nada… solo que yo siempre comía sopa en el distrito oeste- decía un distante chico.

Lo extrañas, acéptalo.

Quizá, mi casa era muy acogedora.- decía probando la sopa.

Me refiero a Shion.- dijo haciendo un puchero.

Claro que no- dijo seguro de sí.

¿Por qué no lo admites y vas a verle?

¡yo no lo extraño!- salió corriendo con la cuchara en boca.

°End of flashback°

Esas y demás escenas se repetían constantemente, y ya estaba cansada. Esa era la razón, ¿no?

Inukashi, por primera vez tenía puesto un vestido, le llegaba a las rodillas pero era un vestido. ¿Por qué se lo había puesto?

Solo quiero combinar con la cena, aunque no estaré ahí cuando estén por fin los dos.- Inukashi se dijo mientras terminaba de poner las velas en la mesa. Se esmeró mucho, y por un instante se imaginó cenando ahí con…- no, no, no, no.- grito dándose ligeras palmaditas en la cabeza. Subió las escaleras, y se dirigió a la gran ventana con vista al parque. Miro por encima del gran muro que la separaba de la calle, y vio ahí, una escena. Dos personas, ¿abrazadas?, ¿besándose? No lograba ver bien, solo veía siluetas, pero pudo distinguir como al más alto, que seguro era el chico, se le escapaba del cuello su bufanda, se la llevaba el viento y termino enredándose en un árbol. La pareja no le presto atención, pero, al analizar bien lo poco que podía ver, no parecía una bufanda, era más bien una tela, ¿sería la tela de microfibra que siempre llevaba consigo el ratón?

Inukashi se desplomo, no sabía lo que pasaba, ¿Por qué estaba llorando? Tomo fuerzas, y entre sollozos volvió a ver por la ventana, y pudo ver bien un cabello blanco. Esta vez no lo soporto, cayó al suelo sin poder evitarlo. Sus ojos no podían dejar de sacar lágrimas, ¿Por qué le dolía todo aquello si ella misma les hizo una cena? ¿Si hubieran llegado, también se habría desplomado? No quería, no quería, pero no podía evitarlo, todo aquello le dolía, al punto de que pudo escuchar a su corazón deshaciéndose.

No podía correr el riesgo de que llegaran y la vieran así. Reunió todas sus fuerzas y logro levantarse, se tambaleaba, pero logro llegar a una habitación, y sin entender nada, se tiro a la cama.

Allá en el parque, el albino y el pelinegro separaron sus labios lentamente, y se miraron a los ojos. El más alto levanto la vista de aquellos ojos rojos, y miro su tela, enredada en el árbol. Sin decir nada, camino hacia allá, el más bajo lo siguió viendo las marcas que dejaban sus pies en la nieve. Las pisadas del chico se detuvieron, y Shion lo miro pensativo.

Súbete a mis hombros.- dijo tranquilamente Nezumi.

Muy bien…- dijo tornándose más rojo de lo que el frio le provocaba. Subió teniendo mucho cuidado como si el ratón fuese a desplomarse. El otro solo le daba instrucciones, con su fría mirada tan característica de él. En un momento la flor parecía caerse, y soltó un ligero grito y el chico de abajo reía. Shion hizo un tierno puchero que hizo cesar la risa del mayor, que volteo la mirada.

Por fin el pequeño logro tomar la tela, y en un movimiento repentino, ambos, flor y ratón, cayeron al suelo, haciendo que algo de nieve saliera volando. Reían.

Majestad- dijo el pelinegro levantándose- es muy torpe.- le tendió la mano para que su pequeño albino se levantara.

Ya te he dicho que no me llames así…- dijo aceptando la mano del actor- es vergonzoso…

¿vergonzoso? lo dice el mismo chico que me dijo alguna vez que quería saber todo de mí?- dijo ayudándole a levantarse

¿y tú?

¿yo que?

Si, ¿que se supone que eres tu entonces?- dijo el albino ruborizado significativamente.

Su sirviente, majestad.- dijo besando la mano del otro.

Te quiero.- dijo Shion desviando la mirada.

¿y luego yo digo cosas vergonzosas?- soltó risueño el más alto.

Lo digo en serio.- dijo firmemente mirándolo a los ojos. El otro se sorprendió.- ¿Por qué te sorprendes? ¿no lo demostré en aquel beso?- dijo sin desviar la mirada del otro.

Ese… fue solo un beso de reencuentro- dijo Nezumi.

Un beso… de reencuentro…- a la pequeña florecita se le empezaban a formar lágrimas en los ojos. Se alejó del ratón y le lanzo una bola de nieve.- ¡no hagas cosas sin pensar en los sentimientos del otro!- grito el pequeño Shion. Nezumi se le quedo viendo sorprendido.- piensa en los demás…- dijo soltando un mar de lágrimas.

Shion…- dijo acercándose al chico que lloraba.

Déjame… solo, olvida lo que dije.- dijo mirándole como pudo a los ojos.- entiendo. Supongo que no siempre se tiene lo que se quiere.- sonrió melancólico, arrojando lágrimas.- Ya no más sentimientos egoístas.- se acercó a Nezumi, que estaba paralizado mirándolo, le abrazo y beso su mejilla.- adiós- susurro en el oído del otro y desapareció del parque.

No.- dijo Nezumi despertando de su parálisis.- no es verdad, no, ¡no quiero esto!- dijo corriendo. No sabía a donde había ido Shion. Corrió y corrió, pero no había rastro de su luz. No quería volver a perderle, no lo permitiría.

Shion corrió sin saber a dónde se dirigía, sin prestar atención a sus imprudentes pasos resbalo. Quedo ahí tirado en la fría agua congelada, mirando al cielo, los copos de nieve caían sin compasión por el albino en su cara, y el solo soltaba lágrimas. Tenía frio y miedo, pero aun así no se levantó, no tenía fuerzas, para el todo había acabado, que más daba morirse de frio. Ya nada importaba.

Sintió algo caliente en su mano, fue levantado y abrazado. Veía borroso y no logro distinguir a quien le había ayudado, sonrió ligeramente a la idea de que fuera Nezumi y se desplomo.

La chica lo miro llorando, y sus perros la ayudaron a llevarlo a su hogar.