Cabe recalcar que los personajes pertenecen a la maravillosa Stephenie Meyer, de su saga Crepúsculo. Yo solo utilizo los personajes sin fines de lucro.

Este fic participa del Reto Normal "Aquelarre y Nómadas" del foro "Sol de Medianoche".

Genero: AU.

Raiting: M.

Emoción: Tristeza.

Pecado: Vanidad.


Tres: Gracia.

Ella se movía en un delicado vaivén, parecido al que las bailarinas tenían. Una pierna siempre delante de la otra en una perfecta línea, su espalda erguida, hombros atrás, pecho fuera, cabeza en alto y una sonrisa ladina. La postura de alguien que lo tiene todo y lo sabe.

Siobhan tenía la belleza de su parte. Un rostro inmaculadamente blanco, labios delgados, ojos de un verde intenso, nada que ver con el color esmeralda, este era un verde singular y malditamente hermoso. Su cabello rojizo y lacio le llegaba hasta media espalda, balanceándose con cada paso.

También tenía a la naturaleza de su parte. Cada estación parecía encajar con ella. Sobre todo la primavera. Que en este momento se encargaba de hacerla brillar, además de rodearla de colores vividos que resaltaban todo en ella.

-¡Querida!- chilló una rubia que vestía toda de rosa como si fuera una Barbie. Ambas se sonaron dos besos, uno en cada mejilla. Rodé los ojos, alejándome de la escena, pretendiendo adentrarme en el instituto antes de que fuese demasiado tarde y las comparaciones con mi hermana comenzaran.

Pero, la suerte no me favorecía. Apenas y llevaba medio camino a la gran puerta de cristal, escuché mi nombre junto con las palabras simplona, falta de gracia y espantosa. No es como si no hubiera escuchado antes esas palabras, incluso de la misma Siobhan. Pero eso no significaba que no dolían. Lo hacían, solo que ahora pretendía que no me importaba lo que cuchicheaban, aunque no era así. Por eso mismo me recordé una y otra vez que mi paso debía ser el mismo. No podía echarme a correr hasta mi aula, como solía hacer.

Tome una profunda bocanada de aire en cuanto puse un pie dentro del edificio. No faltaba mucho, ya no. Solo tenía que llegar a mi casillero, entonces Dante aparecería y me acompañaría todo el camino hasta mi butaca, llamando mi atención con chistes para que intentara olvidar por un momento lo que sucedía a mi alrededor. Él era bueno, aunque no funcionara lo que hacía.

Puse la combinación en cuanto llegué a mi destino, para luego abrir la mochila con rapidez, apilando en mis manos los libros que no necesitaba para el primer periodo, cuando algo me golpeo por la espalda, haciéndome rebotar en la puerta abierta del casillero, antes de caer al suelo de rodillas con los libros desparramados a mi alrededor. Llevé mi diestra al lugar del golpe, sintiendo como ya estaba algo inflamado. De un chichón no me salvaba, eso seguro. Ni siquiera alce la vista para ver quién me había empujado. Su risa de campanillas seguida de otras menos elegantes, me dijeron todo lo que quería saber.

-Oh Maggie, no te vi ahí. Pero bueno, quien podría culparme. Nadie le presta atención a cosas tan mundanas- ella hasta insultaba de manera diplomática. Tras decir esa línea previamente pensada, sus zapatos de taco junto otro más pasaron de mí.

Siobhan 3 – Maggie 0