Perfección.
Diclaimer: Los personajes no me pertenecen, son de Rumiko Takahashi. Sólo son prestados, bueno InuYasha es mío (Sigue soñando), es verdad no, no es mío. La historia si me pertenece.
Nota: Hecho para un reto de FFL (), Llamado "Vocales extraviadas". La idea es hacer un escrito de cualquier índole sin una vocal. Yo lo haré sin la "U", espero tenga sentido. (Aunque me estoy tentando a romper esta temática para el último capi, quiero escribir Inuyasha sin problemas ¬¬)
No de palabras: 1021.
N/A . Me disculpo por ciertos dedazos en el capi anterior.
Nada es perfecto. Él lo sabía y también ella. Pero nada costaba detallar cada imperfección de forma recíproca y eróticamente tierna. Hablando de carácter, eran incomprendidos por el otro. Pero si hablabas de algo físico, eso era perfecto.
Parte III.
¿Él o ella?
Kagome no estaba enferma. Todo lo contrario, poseía la mejor resistencia de toda la aldea. Y más en esas condiciones tan favorablementes…
―¡Amor! ―gritó al borde del llanto.
…«Irritable» pensó el medio demonio.
―¿Sí? ―dijo mansito―. ¿Necesitabas?.
La vio llorosa, se lamentó de verla así… Ella tenía malestares insoportables ―tanto para ella como para él―. Cambios por las hormonas esas del demonio. Le hacía dar el maratón por toda la región si era necesario, para al rato decirle…
―No, la verdad, nada ―Agitó la mano restándole importancia.
La vena de la sien le palpitó.
"La amas, es la cachorra. La amas, es la cachorra…" Repitió como mantra, relajándose.
Zarandeó los hombros, dejándoles caer al momento de sentarse. Enredó los brazos y cerró los ojos. Intensificó la percepción del oído para vigilarla como debía. Oyó aparejos moviéndose de acá para allá, la leña crepitó al contacto con las llamas. Soltó el aire contenido, percatándose a penas de eso.
Decidió levantarse para socorrerla en la cocina. Al abrir los ojos se enterneció. Kagome tenía el vientre realmente grande, sólo le faltaban dos meses de gestación ―teniendo ya cinco―. Varios ansiaban ver más cachorros de los esperados. Pero él no se sentía preparado para tanto. Lo deseaba pero temía el desprecio de los aldeanos ―no de allí, de las aledañas si―. Por más miedo, perplejidad y serie de bobadas de la mente. Protegería a esa cachorra de todo, si él deseaba niña, y eso sería.
―Deja y corto algo Kagome, no soy tan incapaz ―La atajó por las caderas desde atrás, filtró las garras por el vientre, acariciándolo.
―Mmm, no he dicho eso, sólo no lo he negado ―sonrió al sentir al medio demonio estrechar el seño. Era tan adorable.
―La próxima vez ni dices nada y estamos en paz ―gorjeó. La chica se volteó para encararlo con los brazos en jarra.
"¡Hormonas!" Se agazapó para recibir el regaño por-lo-del-día-de-hoy. Ayer había sido por elogiar en vientre hinchado ―delicadamente―, ella lo interpretó como: «Estás gorda y no creas deseo en mi». Adelantando la primera horda de "abajos" más dolorosos desde antes de la boda. Miró la madera y se recordó arreglarla, tenía, convenientemente la forma de él.
Se masajeó las sienes. Inhaló y exhaló a la par de ella, él para calmarse, Kagome cogiendo aire.
―No me dejas ni bromear ―empezó―. ¡Empiezas y no deseas terminar, las cosas no son así ca-ri-ño! ―Enarcó la ceja derecha, Kagome acaba de herirlo con cariño.
―Kagome, le haces daño a la cachorra, relájate ―pidió mansamente.
Ella le miró extrañada, apagó las llamas, sabiendo la charla iba a ser larga, claro si no terminaban en otra cosa. Enrojeció notablemente y recordó lo dicho «Cachorra» La palabra le tintineaba, el género era lo impresionante.
―Amor, dijiste cachorra ―apremió Kagome sentándose frente a él.
―¿Si, qué con eso? ―Se acomodó al lado de ella y le abrazó por los hombros, al menos el regaño del día no había caído.
―Será varón ―sentenció tajante.
Y así la batalla del día dio inicio.
¡Tres horas!
Sango se había asomado varias veces en esas horas, intentando calmar los ánimos, hasta la gemelas hicieron aparición. Pero simplemente eran cosas de pareja, a pesar de ser amigos, decidir eso era entre dos.
―Miko-sama ―tarareó la aldeana con el bebé―. ¿Miko-sama? ―escaneó la fachada de la cabaña donde vivía la pareja.
No se achicopaló ni tanto al entrar, dejó las sandalias en el recibidor y pasó con el niño dormido en la espalda. Caminó dos, tres pasos y al instante de dar otro paso…
―¡No seas necia! ―gritó el medio demonio saliendo del dormitorio―. Pareces cría chica ―bisbiseó viendo a la aldeana con extrañeza.
―¡No parezco chanchita! ―vociferó la azabache sollozante.
―¡Kagome yo no dije eso… ―Se agachó tomando a la aldeana consigo―. ¡Mierda! ―Miró sobre las orejas, y la flecha se encontraba clavada en la madera de la sala. Le hizo señas a la joven de irse. Ella asintió y antes de marchar observó como la miko salía con los ojos llorosos.
Se despidió con la cabeza. Entendiendo el motivo de la sensibilidad, hormonas. Ella también padeció con ello. Era tan impredecibles.
―¡No me deseas, no me amas y estoy gorda! ―gimoteó Kagome antes de sentarse en el piso llorosa y masajeando el vientre hinchado.
El híbrido se congeló en el sitio. Primero, casi lo mataba ―también a la aldeana osada―; y ahora le recriminaba cosas no dichas por él, estando al borde del llanto y oscilando peligrosamente en caer de lado, dañándose en el proceso. Soltó en aire retenido y se agachó al nivel de Kagome. Le miró con ojos de borrego a medio morir y ella se mordió el labio inferior.
«¡Diablos!» Dijo entre dientes al verla. La chica ocasionaba estragos feos en él. En instantes la consolaba y al otro la deseaba. «Las hormonas también me afectan» Meditó. Era posible; la alianza entre ellos podía permitir ciertas cosas, como saber si el otro estaba en peligro o los estados de ánimo; podría permitir también eso.
―Kagome, eres hermosa ¡Rayos!, eres incomparable, especial. Eres mía. No estás gorda, tienes allí a la cachorra ―lanzó rápido. Debía serlo, sino Kagome reventaría en llanto. Incontrolable llanto.
Le miró. Ella también lo hizo, pero enojada. Ahora, ni sabía el motivo.
―¿Y ahora? ―Exhaló el aire. «Paciencia, paciencia…» Se repetía.
―No será niña, ya te dije ―Enroscó los brazos e infló los cachetes.
―Ca-cho-rra ―deletreó―. Insisto le diré así, y será niña amor ―dijo pasito.
―¡Niño! ―retó.
―Cachorra ―contradijo.
―Cachorro ―reviró.
―¡Niña! ―casi gritó.
Y volvieron al inicio.
Se miraron intensamente. Retándose. Botaron el aire y se dieron la espalda. No terminarían en nada, así no. Oyó como Kagome pisaba constantemente el piso de madera. Nerviosa y deseando decir algo.«Retractarse de lo dicho» Sonrió de costado. Ella giró y él también.
Tenía las mejillas sonrosadas y la mirada baja, se liaba con los dedos. Y le veía adorable con el vientre inflado sin poder verse los pies. La mirada se le abrillantó; ella pediría perdón, harían el amor y serían felices como perdices.
―¿Amor? ―indagó ella.
―¿Sí?―Él le miro de reojo. Sonrió, pronto sería complacido.
―Tengo antojo.
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N/A: Hola! Me tardé un tanto, pero no era obligación continuarlo, lo que sí; me apeteció hacerlo. Siento que di muchas vueltas, pero así salió me gustó y ahí quedó. También, últimamente he tenido la cosa-no-sé-que-me-ocurre de siempre poder aldeanas curiosas aparecer mágicamente. Quise hacerlo lo más cómico posible. Pero la comedia no es mi fuerte. Eso sí, me gustó el final. Siempre he tenido la cosa que Inuyasha quería niña y Kagome niño. Gracias por los comentarios.
Sere: Empiezo a creer que eres una pervertida (¿) Jum, lo lamento pero no hay más lemon para ti. Y bueno, acá está las tercera y se viene la cuarta.
Gracias a Eiko23 por su review
Donna: o.o ¿de Texas? Por kami, desde allá me leen *llora de alegría* Que bien, jum,siendo maestra de español ¿no me encontraste ningún error?Genial, y no sé por que te enredé, pero estoy segura que aquí se aclara todo. Bienvenida al mundo de los fic's , te recomiendo FanficsLandia, de ahí viene esta humilde servidora.
