Capitulo 3. New York, New York
La mañana siguiente había llegado fresca, ni calor ni frío, ventajas de la hermosa primavera. Edward se levantó y observó a Bella todavía dormida, con la sábana enrollada en su cuerpo y el cabello todo enmarañado. Estiró la mano hasta la mesita que se encontraba entre las dos camas y tomó su reloj, las 9:30 a.m., era todavía temprano, se levantó, tomó la ropa de su maleta y entró a darse una ducha.
Por su lado Bella comenzaba a despertarse, sin abrir los ojos se volteó en la cama y se estiró, había estado soñando con el ángel que la acompañaba en ese viaje, sonrió, definitivamente eso no era normal. Abrió los ojos lentamente y la luz le molestó un poco en la vista, parpadeó unas veces y se fijó que Edward no estaba en la cama, en eso escuchó la regadera. "Oh vamos Bella, controla tu mente, deja de pensar en el fabuloso chico, de hermosos ojos verdes y cuerpo perfecto que se encuentra ahorita bajo la ducha...", ella se estremeció con su propio pensamiento. En ese momento se abrió la puerta y Edward salio impecablemente vestido con una camisa azul clara y pantalones oscuros, secándose el cabello con la toalla, Bella se tapó hasta debajo de los ojos con la sábana, evitando que Edward viera el sonrojo que tenía en sus mejillas. El sonrió al verla, parecía una niñita escondiéndose debajo de las mantas.
- Buenos días – saludó con una sonrisa, mientras se sentaba en su cama y comenzaba a colocarse los zapatos
- Buenos días – respondió ella y se levantó, con la atenta mirada de Edward, y caminó hacia su maleta, tomó la ropa y se metió en el baño.
Abrió la llave del agua caliente mientras se quitaba la ropa y cuando estuvo suficientemente caliente para poder aguantarla se metió en ella. La sensación del agua caliente recorrer su cuerpo la relajaba considerablemente. Después de aproximadamente unos 15 minutos salió y se vistió con unos jeans azul claro, una camisa blanca de botones y unas zapatillas rojas a juego con el cinturón, se peinó el cabello dejándolo suelto y se colocó un poco de gloss en los labios. Al salir Edward ya estaba completamente arreglado, el le sonrió y tomó su chaqueta de cuero negra.
- ¿Vamos a almorzar? – preguntó amablemente, ella asintió y tomó su cartera y su chaqueta azul oscura
- Vamos entonces – el abrió la puerta y la dejó pasar como todo el caballero que era.
Almorzaron en el restaurante del hotel, algo sencillo y luego salieron a recorrer la ciudad un rato. Había mucha gente caminando hacia todos lados, ella nunca había ido a Nueva York, de hecho no había salido de Forks salvo para ir a visitar a su madre en Phoenix y, obviamente, para asistir a la universidad. Las pocas salidas habían sido con Rosalie y Alice al centro comercial en Connecticut. Edward al ver que estaba un tanto abrumada por la cantidad de personas, le tomó la mano, cosa que a ella le sorprendió, pero le era tan agradable que no hizo comentario alguno. Caminaron un buen rato, mirando una que otra tienda, siempre tomados de manos.
- ¿Te gusta? – preguntó Edward viendo que Bella observaba un hermoso anillo de oro blanco con una esmeralda en forma de corazón
- Está bonito – dijo ella – la piedra es igual al color de tus ojos – terminó mirándolo fijamente, y luego ruborizándose por la espontaneidad con que le habían salido las palabras. El sonrió
- Creo que es hora de que vallemos caminando al hotel, a vestirnos para poder llegar a tiempo a la obra – dijo Edward después de aclararse la garganta sutilmente, Bella solo asintió y se fueron caminando en silencio hacia el hotel.
Cuando llegaron eran cerca de las seis de la tarde, la obra comenzaba a las nueve de la noche, tenían tiempo suficiente para arreglarse, aunque si hubiera estado Alice allí ya estaría de infarto, pensó Bella. Buscó en su maleta el vestido que le había comprado su mejor amiga, tomó los zapatos y su neceser.
- Voy a darme un baño y arreglarme – dijo ella mientras se metía al baño.
Edward prendió la TV y se puso a buscar su ropa, estaba ansioso y no sabía muy bien la razón, aunque parte de su mente le decía que se debía a la chica que estaba ocupando el baño en estos momentos. Respiró hondo, el no debió haberse enamorado de ella, pero ¿Qué ser humano en su sano juicio no lo haría? Era una chica lista, inteligente, comprensiva, de buenos sentimientos y encima hermosa. En ese momento su conciencia le hizo una mala jugada y le recordó lo que le esteraba luego de su graduación. Respiró hondo y dejó ese pensamiento hacia un lado, esta noche no, ya tendría suficiente tiempo para saber que haría con eso. Abrió la maleta y sacó su traje negro, la corbata del mismo color y la camisa gris oscuro. Se vistió y se colocó los zapatos, se miró en el espejo e intentó peinarse, lo cual no funcionó mucho. Luego se tendió en la cama a ver TV mientras Bella salía.
Bella después de darse una rápida ducha, salió y se empezó a vestir. Llevaría un vestido azul, que era pegado hasta la cintura y después con una amplia falda que le llegaba hasta las rodillas y se amarraba en el cuello, tenía un pequeño lazo a la altura de la cintura. Las sandalias eran plateadas de tacón alto y amarradas a la garganta del pie. Rosalie se las había comprado ignorando sus quejas respecto a lo peligros que sería para su integridad física y la de Edward si ella llevaba zapatos tan altos. Se secó el cabello dejando unas cuantas ondas sueltas y finalmente se maquillo con un poco de sombra azul, delineador, máscara para pestañas y labial.
Al salir del baño Edward se le quedó viendo fijamente haciéndola ruborizar. Ella desvió la mirada y el se aclaró la garganta y apagó el televisor poniéndose de pie. Bella se preguntaba cómo podía existir un ser tan perfecto, con ese traje negro y camisa oscura se veía malditamente bien. El se acercó lentamente y rozó con sus manos la mejilla de la chica haciendo que su respiración se acelerara y su corazón latiera desenfrenadamente.
- Estas hermosa – le susurró – voy a tener que sacar la espada y espantar a todos los zamuros que van a querer rodearte esta noche -
- Eres un exagerado, ¿sabías? – le dijo ella riendo por su comentario
- Sabes que no lo soy, digo la verdad – la miró fijamente – Bella, eres demasiado hermosa para tu propia seguridad – dicho esto le tomo la mano y se la besó en el dorso.
Tomó el sobretodo blanco de ella y se lo colocó suavemente por los brazos y luego tomó el suyo negro y lo dobló colgándoselo del brazo, ella tomó su cartera y salieron. Una limosina los esperaba afuera del hotel para trasladarlos hasta el Teatro Broadway, donde sería la obra. Al llegar estaba abarrotado de gente, Edward se bajó y luego le tendió la mano a Bella para que bajase, entrelazó sus dedos y caminaron hacia la entrada.
El teatro era enorme, todo en detalles dorados y madera, mezclando lo exquisito del estilo de antaño con lo moderno, iluminado con grandes lámparas de cristal. El joven de la entrada verificó los boletos y los dejó pasar, pasaron entre la gente y buscaron la sala donde se presentaría la obra, en la cual ya habían varias personas sentándose en sus respectivos puestos. Un chico de protocolo le pidió las entradas a Edward y luego los guió hacia la parte superior, en uno de los balcones. Todo el ambiente era exquisito y muy elegante. Edward le quitó el sobretodo a Bella para que estuviera más cómoda, sin dejar de fascinarse por lo bien que lucía el color del vestido sobre su piel.
- Es todo muy hermoso, Edward – le dijo ella al oído una vez estaban sentados
- Me alegra mucho que te guste – le dijo tomándole la mano de nuevo y depositando un beso en ella
- Como no me va a gustar, un excelente lugar, una muy buena obra y... la mejor de las compañías – dijo viéndolo a los ojos con infinita ternura – Gracias – le susurró, haciendo que éste sonriera más todavía.
La gente continuaba llegando y se escuchaba cada vez más murmullos, un chico que pasaba hacia los puestos de al lado se le quedó viendo sugerentemente a Bella, haciendo que Edward gruñera por lo bajo, ella le dio un apretón en la mano tratando de calmarlo, no sin que su reacción le causara gracia. Al rato la orquesta empezó a sonar y las luces se fueron apagando conforme la obra iba empezando. Bella estaba maravillada, siempre había deseado observar esa obra en vivo y directo. Lloró con Christine y el profundo amor que empezaba a sentir por Raoul, el cual se veía poco a poco eclipsado por la actitud del Fantasma, y cuando es fue la última confrontación entre éste y Raoul, por el amor de la chica, dio un suspiro. Y captó cada minuto el sufrimiento y la desolación del Fantasma al sentirse menospreciado y marginado por la sociedad de esa época. Al terminar aplaudieron vigorosamente, mientras ella se limpiaba una que otra lágrima que robada por su mejilla.
- ¿Te ha gustado? – preguntó el mientras salían del teatro
- Ha sido magnifico, Edward, no sabes cuanto, es una gran obra, y los actores fueron excelentes, ha sido lo mejor que he presenciado en toda mi vida. Pobre Fantasma no me gustaría haber vivido en una sociedad así, en donde sólo importaba la apariencia y el dinero, y estar enamorado de alguien que no te corresponde, que siente más que todo es lástima por ti, y después morir, es algo deprimente – dijo ella casi sin respirar, causándole gracia a Edward lo emocionada que estaba – no voy a cansarme nunca de darte las gracias por tan maravilloso regalo, de verdad, que gracias – dijo ella suspirando al final
- Y yo no me voy a cansar de repetirte que no tienes nada que agradecer, te mereces eso y mucho mas Bella – dijo él muy serio – te mereces el cielo y si está en mis manos dártelo, lo voy a hacer – concluyó firmemente. Ella alzó la mano y le acarició la mejilla, Edward ladeó la cabeza, maravillado por el roce y cerró los ojos. En ese momento Bella apartando toda timidez se puso de puntilla y rozó sus labios con los de él, la sensación de hormigueo que se instaló en su cuerpo le pareció celestial, al igual que los suaves y finos labios de el.
- Gracias – dijo ella contra sus labios. El pasó sus manos por la cintura de la chica y la apretó más contra su cuerpo, juntando nuevamente sus labios, dando paso a un beso más profundo, mientras ella llevaba sus manos al cuello del chico y comenzaba a entrelazar sus dedos en los cabellos cobrizos de el – Whoa – dijo ella suspirando cuando se separaron por falta de aire, apoyando su frente a la de el, quien todavía la tenía tomada de la cintura
- Eso ha sido mucho mas que whoa – dijo el sonriendo, ella se rió – será mejor que salgamos o sino se nos va a hacer muy tarde para ir a cenar – dicho esto le dio un corto beso en los labios y la tomó de la mano rumbo al carro, dándose cuenta de que ya casi no había gente dentro del teatro.
Edward dio unas instrucciones al chofer de la limosina para que los llevara a un lugar en el centro de la ciudad, por lo que pudo escuchar Bella. Al parecer el hombre conocía donde quedaba ya que asintió y encendió el vehículo poniéndolo suavemente en marcha
- ¿A dónde vamos? – preguntó Bella
- Ya verás, es una sorpresa – dijo el dándolo un beso en la nariz, haciendo que ella la arrugara y sonriera
- No me gustan las sorpresas - replicó
- Esta si te va a gustar, vas a ver – dicho esto le tomó la mano mientras ella veía todas las luces de las calles de Nueva York, comprendiendo el por qué era llamada La ciudad que nunca dormía. Iban a ser casi las doce y todo parecía como si apenas estuviera empezando la noche.
La limosina se detuvo y el chofer abrió la puerta, Bella se bajó ayudada por Edward viendo un elegante restaurante llamado "Fiorini". Al entrar el lugar era espacioso, con las paredes blancas y elegantes mesas con mantel blanco y sillas forradas en rojo.
- Buenas Noches – dijo una mujer en la entrada
- Buenas Noches, una mesa para dos, por favor – pidió Edward amablemente
- Como no señor, síganme por favor – la mujer los dirigió hasta un lugar un poco apartado, a una mesa de dos puestos. Edward arrimó la silla para que se sentara Bella y luego el se sentó frente a ella – En un momento vendrán por su orden – dicho esto la mujer desapareció
- Esta muy bonito el lugar, Edward – dijo sonriente Bella
- Es mi restaurante preferido de todo Manhattan – dijo el, estirando la mano sobre la mesa hasta enlazarla con la de Bella – es un lugar elegante y a la vez sencillo, y la comida es simplemente deliciosa – terminó haciendo círculos con su pulgar sobre la mano de ella.
- Buenas noches, soy Sthephanie y voy a ser su mesera esta noche – dijo una joven alta, de cabello negro liso y de aproximadamente 20 años - ¿qué puedo ofrecerles? – dijo, prácticamente comiéndose con los ojos a Edward. Bella se tensó y puso su otra mano sobre la de Edward, el se aguantó una sonrisa al ver el gesto
- Por favor para tomar nos trae dos coca-cola y el menú, gracias – dijo dándole una sonrisa, haciendo que Bella clavara sus ojos en el. La chica tomó la orden, le dedicó una sonrisa a Edward y se fue
- ¿Qué sucede? – preguntó Edward a Bella, quien lo veía con ojos entrecerrados
- Me pregunto por qué todas las mujeres tienen que intentar coquetear contigo – dijo ella aparentemente tranquila
- No todas – dijo el sonriéndole – tú nunca lo hiciste, por eso me atrapaste – dijo dándole un beso en el dorso de la mano
En ese momento llegó la joven con las bebidas y los menú, Edward tomó uno y Bella el otro y se puso a ver la comida que le ofrecían, de vez en cuando ella fruncía el ceño y Edward la veía de reojo. Al final ella suspiró y trancó en menú
- ¿Qué pasa? – preguntó el – ¿No te provoca nada de lo que hay?
- No es eso – dijo sonrojada – es que todo está en Italiano y no entiendo nada de lo que dice allí – dijo haciendo un puchero que a Edward le pareció infantilmente encantado. El soltó una risita - ¿Te molestaría pedir por mi?
- Por supuesto que no, cariño – llamó a la mesera – Por favor para mi me traes el Scaloppine alla Boscaiola y para ella traes el Linguini alla Vongole – dijo cerrando el menú y devolviéndoselo a la chica – Gracias – tomada la orden se fue – te va a gustar – dijo mirando a Bella y sonriéndole, ella le respondió la sonrisa.
El tiempo que esperaron la comida se la pasaron mayormente en silencio, un cómodo silencio, mirándose y acariciándose las manos.
- ¿Estás feliz? – preguntó Edward rompiendo el silencio
- Mucho, gracias – dijo ella
- Nada me hace más feliz que escuchar eso – en ese momento llegó la mesera con su pedido
Bella empezó a comer y no pudo evitar un sonido de satisfacción cuando probó la pasta que Edward le había ordenado, causando gracia en él
- Parece que está muy sabroso – dijo el reprimiendo una sonrisa
- Esto está delicioso, Edward, de verdad que si – respondió sonrojada. El negó con la cabeza sonriendo y siguió comiendo.
La cena estuvo deliciosa, el lugar maravillosamente acogedor y ellos no podían pedir mejor compañía. Al terminar de comer pidieron la cuenta y salieron del restauran hacia la limosina que aun esperaba afuera. No les tomó más de media hora al hotel, subieron a la habitación y llegando Bella se quitó los zapatos, mataría a sus amigas por hacerle usar eso. Se dejó caer en la cama
- Estoy llenísima y exhausta – dijo cerrando los ojos
- Somos dos – dijo Edward mientras se aflojaba y quitaba la corbata, dejándose caer a su lado
- Ha sido la mejor noche de mi vida -
- Yo no me puedo quejar – dijo él dándose la vuelta, apoyando el codo en el colchón y su cabeza en la palma de la mano, contemplando a Bella, quien abrió los ojos para encontrarse con dos hermosas esmeraldas viéndola intensamente
- Creo que me voy a cambiar – dijo ella, poniéndose de pie, se acercó a Edward para darle un beso, quien la haló con fuerza y la tumbó nuevamente, pero esta vez encima de el – Edward! – regañó ella entre risas, sintiendo que su corazón se le salía del pecho
- ¿Qué? – preguntó el muy cerca de sus labios - ¿He hecho algo malo? – dijo inocentemente, embriagándola con su aliento, ella solo atinó a negar con la cabeza
En menos de un segundo sus labios se habían unido en un desesperado beso. Edward comenzó a acariciar la espalda de ella sobre el vestido y ella pasó sus manos por el formado pecho de él, profundizando cada vez más el beso. Sin pensarlo, Edward le dio la vuelta en la cama, dejándola debajo de él, bajó sus manos hacia sucintara, y ella las enlazó detrás de su cuello. Cuando ameritaron respirar, el movió sus labios hacia su mandíbula y luego bajó hacia su cuello, ella gimió dejando caer la cabeza hacia atrás, empezando a jugar con el cabello del chico. Sus respiraciones estaban aceleradas y la razón parecía haberlos abandonado. El volvió a atrapar sus labios, pasando una de sus manos a sus piernas, levantando ligeramente el vestido. Ella comenzó a desabrochar los botones de su camisa, para luego pasar sus manos por el pecho, haciéndolo estremecer. El la atrajo hacia el, haciéndola sentar y poco a poco fue deslizando el cierre del vestido acariciando a su vez la espalda de Bella. Cuando menos pensaron se encontraban los do desnudos, amándose como si la vida se le fuera a ir en ese momento. Si el cielo existía, ellos habían llegado juntos. Cuando acabaron estaban con la respiración acelerada y el corazón latiendo fuertemente dentro del pecho. El estaba sobre ella y tenían sus manos entrelazadas sobre su cabeza.
- Te amo – le dijo el, atrapando nuevamente sus labios – Te amo como a nadie en la vida, Isabella Swan, te lo juro, y voy a hacer todo lo que esté a mi alcance por tenerte siempre a mi lado
- Yo también te amo Edward, creo que lo hice desde la primera vez que vi tus hermosos ojos posados sobre los míos – dijo ella soltándole las manos y pasándolas hacia su cabello, acariciándoselo – desde el momento en que mi mano rozó la tuya sentí algo especial, no puedo explicar que, pero era algo que no había sentido nunca – ambos sonrieron – y hoy, cuando tus labios se posaron sobre los míos me juré que no había nada mejor, nada parecido – ella sonrió pícaramente – hasta este momento, que descubrí que hay algo mucho mejor que todo – dijo pasándole las manos por la cara – y eso es el poder amarte, Edward Cullen – culminó con un beso.
El le respondió el beso y luego se dio la vuelta, atrayéndola hacia el, ella puso la cabeza sobre su pecho y el paso sus brazos por su cintura. Al poco tiempo el escuchaba su respiración acompasada, se había quedado dormida, el la apretó un poco más, dejando descansar su mejilla sobre su cabeza, quedándose igualmente dormido.
