Capítulo 3
La habitación era luminosa y muy espaciosa y la cama cómoda. Tan sólo había una pega. Llevaba dos días sin verle. En realidad se había pasado el primer día durmiendo por lo que llevaba tres días en casa de Castle sin ver a Castle. Era absurdo. Miró la hora y vio que era medianoche. Estaba harta de estar en la cama y decidió moverse un poco. Intentó ponerse de pie y todos los músculos del cuerpo se quejaron. Una punzada de dolor atravesó su pierna de arriba a abajo de tal modo que la hizo jadear de dolor. Respiró hondo intentando reponerse y se puso finalmente en pie. Las muletas la ayudaban a mantenerse estable pero no le quitaban el dolor. A medida que caminaba por el pasillo sus piernas comenzaban a responderle. Fue al baño y se miró en el espejo. Se retiró el pelo de la cara y observó que su aspecto era horrible. Tenía los ojos hundidos, los labios resecos y los pómulos sobresalían demasiado. Era evidente que había perdido peso. Se lavó la cara y se peinó. Sintiéndose un poco mejor decidió comer algo. No eran horas de despertar a nadie por lo que se aventuró a bajar ella sola las escaleras. Llegar al piso de abajo le supuso una lenta y larga agonía. Resoplaba intentando recobrar el aliento cuando observó que había luz en el despacho de Castle y se le hizo un nudo en el estómago. Su voluntad y su corazón mantenían una lucha constante desde que le había conocido. Le gustaba. Le gustaba mucho. Y la gran mayoría de los días se sentía estúpida por intentar mantener sus sentimientos a raya. Él era mucho más de lo que parecía a simple vista. Y lo que había más allá de esa fachada frívola era apasionante. Estaba muerta de miedo. Pero ella era una luchadora, se enfrentaba a sus miedos. Así que decidió ir hasta él.
La puerta estaba entreabierta y pudo observar que estaba sentado en su sillón con los pies sobre la mesa y el portátil sobre las piernas pero no escribía. Tenía la mirada perdida en la pantalla y las manos como congeladas sobre el teclado. De repente una sonrisa se dibujó en su boca y se puso a escribir frenéticamente. Era fascinante. Estaba asistiendo al proceso de creación de una de sus novelas y se suponía que ella era la protagonista. Una mezcla de orgullo y vergüenza le puso los pelos de punta. Llamó a la puerta para hacer notar su presencia. Él la miró sorprendido pero automáticamente le dedicó una sonrisa y ella se sitió aliviada. Al menos no le guardaba rencor por su comportamiento en el hospital.
- ¡Inspectora Beckett! ¿Qué haces despierta? - de repente se puso serio - ¿has bajado tu sola?
Ella asintió divertida al ver su sincera preocupación.
- Estoy bien. Me ha costado pero lo he conseguido. Tengo que moverme o me volveré loca.
- No te quedes ahí de pie, siéntate
Y se levantó de su sillón para ayudarla a caminar hasta el sofá. Fue cuando ella se dio cuenta de que tan solo llevaba una camiseta de manga corta y un pantalón de pijama. Iba descalzo. Ese detalle le pareció tremendamente sexy y se enfadó consigo misma frunciendo el ceño. Él se dio cuenta porque inmediatamente preguntó:
- ¿Te duele?
Kate sonrió para aliviar la tensión que sentía por su cercanía.
- Si me duele pero es soportable.
Cuando finalmente estuvo sentada pudo observar que él se dirigía de nuevo a su sillón y no pudo evitar sentir que se estaba alejando física y emocionalmente de ella. Su semblante se entristeció.
- Estabas escribiendo
- Ajá
- Estás inspirado. Me alegro – sentenció convencida
Él sonrió complacido.
- Bueno, tengo a mi musa al alcance de la mano. ¿Qué más puede pedir un escritor?
El rostro de Kate enrojeció y desvió la mirada a su regazo. Le temblaban las manos. Las unió con fuerza y respiró hondo.
- Me gustaría agradecerte lo que tú y tu familia estáis haciendo por mi – tragó saliva – se que no soy fácil de conocer y que me cuesta horrores expresar lo que siento así que... - levantó la vista y la fijó en Castle que la observaba muy serio – bueno, tan solo quería darte las gracias – y bajó de nuevo la cabeza incapaz de sostener su intensa mirada.
De pronto una mano apareció delante de su campo visual y la vio desplazarse hasta su barbilla acariciándola con suavidad y obligándola a levantar la cabeza. Los ojos de Castle lanzaban destellos azules pero su intención era indescifrable.
- No me des las gracias
Y esbozó una sonrisa perezosa y absolutamente devastadora que consiguió poner el estómago de Kate del revés. Para disipar la tensión intentó levantarse pero una punzada de dolor se lo impidió, quedándose casi sin aliento. Se recuperó casi al instante y lo intentó de nuevo pero las fuerzas la habían abandonado de repente y no podía. Cerró los ojos con rabia y desesperación, ¡algo tan sencillo como levantarse de un sofá no tenía por qué ser tan complicado!
- Déjame que te ayude. Agárrate a mi cuello.
Ella le lanzó una mirada desesperada. No necesitaba ayuda, no necesitaba "su" ayuda.
- ¡No!, puedo sola – masculló entre dientes.
- No – replicó él – no puedes. Ven aquí.
Y sin añadir nada más se agachó ante ella, le cogió las muñecas, se las pasó por su propio cuello y acto seguido la sujetó por la cintura, haciendo fuerza hacia arriba y levantándola al mismo tiempo. Pesaba menos de lo que había imaginado.
La sostuvo unos instantes junto a él, incluso estuvo tentado estrecharla más aun entre sus brazos. Cerró los ojos y respiró hondo antes de hacer el inmenso esfuerzo de liberarla del improvisado abrazo. Intentó aliviar la tensión creada con una sonrisa amable.
- Cabezota
Ella le dedicó una mueca nerviosa y se zafó del todo.
- Me voy a la cama. Gracias por la ayuda.
Y se alejó hacia la escalera cojeando con las muletas y enfadada consigo misma al darse cuenta de que su lugar preferido del mundo se había rebajado un puesto para albergar los brazos de Castle como primera opción.
Continuará...
