Notas: Muchas gracias por sus reviews y por leer y seguir esta traducción.
He comenzado a traducir el capítulo 4 pero no sé cuándo podré publicarlo debido a que esta es mi última semana de clases y, como todo buen fin de semestre, necesito terminar todos los proyectos que los profesores me han encargado. Por eso publiqué tardíamente el segundo capítulo.
Psycho-Pacgirl: ¿Hay más canciones así? Debo decir que me gustó la historia de la canción, y me ha recordado algunos libros que he leído y, en especial, la película "The Butterfly Effect".
VAMPIREPRINCESSM: No sabes cuán feliz me hizo tu review. Y más aún la cita de Calderón de la Barca. Esa desgracia se prolongará aún más, porque, como lo has dicho, le va como anillo al dedo.
Hitomi Hozuki: Recuerdo haberme subido a un tren, eso fue hace 18 años, creo. Sobre los sueños: en capítulos posteriores podrás saber un poco más de ellos. Tsunayoushi es así, a veces pienso que sería capaz de arrojarse y buscar la felicidad por otros aunque él no lo sea. O algo parecido.
Capítulo 3
Croissant
Sabes que algún día deberíamos comenzar. No importa, ya hemos iniciado. ¿Sabes de esos últimos momentos? Sigo pensando lo mismo, que es probablemente la última vez que veré tu rostro. Es verdad y su ficción, todo al mismo tiempo. Sigo viéndote adonde sea que vaya, y no sé por qué. Eres un extraño que siempre me ha sido familiar, pero la verdad es que no puedes ser un extraño. No dejaré que lo seas. Y estamos yendo en círculos. Siempre me dices "No te alejes de mí". Pero todo lo que puedo decirte es "Lo siento". Bien, ¿qué es lo que siento? Ya no me entiendo a mí mismo. (¿Alguna vez lo he hecho?)
Voy a morir. Y la única cosa que estás haciendo es prolongarlo. Pero te recordaré; recordaré la manera en que cortas tu filete Salisbury de la misma manera en que sostienes tus tonfas y tijeras. Recordaré la manera en que te permitiste comer enfrente de mí y recordaré tus grandes, callosas manos buscando las mías en la oscuridad.
Digo que nunca te olvidaré, pero eso no es una mentira blanca, todas las mentiras nunca son de ese color. Son negras, y sólo quiero que sepas que "lo siento".
Voy a morir, pero tú sólo estás prologándolo.
En el sueño de Tsunayoushi él no puede ver a la persona a la que le está hablando; pero hay un miasma que no puede describir. Está nublado y soleado. Había altos, silenciosos susurros que sonaban desesperados y urgentes, con la excepción de que no había personas alrededor. El parque entero estaba vacío y él permanecía de pie cerca de una banca. La otra persona tampoco se sentó; sólo se mantuvieron teniendo sus manos cerradas a sus costados.
Sólo se vieron uno al otro por un rato, el tiempo pasó y la boca del otro se abrió. Formando palabras. Cuando habló, música a alto volumen parecía estar por todos lados, una canción para ser exactos. Su acordeón yendo en un círculo completo; alrededor, las volutas de humo de una pipa, y Tsunayoushi voltea a una dirección diferente. Hay una luz emitiéndose junto a él, y entonces lo ve en el centro del parque… un carrusel.
Está girando lentamente, la música acentuando sus luces brillantes y dramáticos colores. Los animales eran cerdos, cebras, leones, criaturas mitológicas (como dragones, monstruos marinos o unicornios), y ciervos, por nombrar unos cuantos. El hombre tímido fue capturado por él, como si estuviera bajo un maleficio. Un hechizo fue lanzado.
En ese momento, Tsunayoushi se dio cuenta de que no estaba en el suelo. Nunca estaba en el piso y nunca lo estará. Está en el carrusel y decidió ir en el rey de las bestias. Un león. La otra persona dice algo y él no está prestando atención. Sólo pestañea y dice "Carosello" mientras el otro dice "Carrousel", y Tsunayoushi no entiende por qué está hablando en italiano cuando sabe que su acento es horrible, y quiere preguntar al otro "¿Por qué estás hablando francés?". Está el sentimiento de euforia causado por las luces y los rayos, todos yendo en direcciones diferentes. La canción continúa, haciéndola parecer como si estuvieran experimentando el epitafio de una ópera teatral. Pero ninguna de esas cosas les quedan, y Tsunayoushi está sonriendo, está sonriendo porque esta es la única vez que ha sido verdaderamente feliz.
El castaño despierta, sus ojos cerrados por la luz que viene de las cortinas blancas. Está frío el día de hoy; quiere permanecer debajo de sus sábanas, muchas gracias. De repente, un par de manos rudas comienzan a hacerle cosquillas a sus lados, causando que rompa en risas.
—¡Reborn! ¡Reborn! ¡Me rindo! ¡Me rindo! —el otro lo libera y Tsunayoushi sólo limpia las lágrimas que se han acumulado a los lados de sus ojos con una manga.
Reborn permaneció viéndose como siempre. Una palabra para describir al hombre era "perfección". Un costoso traje Dolce & Gabbana, un reloj Vivienne Westwood, su cuerpo hablando por él. "Soy importante. No te metas conmigo."
—Tsuna inútil, es hora del desayuno.
El hombre en cuestión se levantó de su cama, bostezando y estirándose. Perezosamente, hizo su camino hacia el baño cerca de su armario para lavar sus dientes. Reborn sólo lo miró desde el espejo de Tsunayoushi (donde mantenía su única botella de perfume que Dino le había dado por Natale (1) tres años atrás).
—Dejé un traje en tu cama, para que lo uses. Tu hermano Giotto te lo envió desde Italia. No quiero que luzcas tan aburrido en tu… interesante elección de ropa. Honestamente, no puedes ir a una reunión de negocios en un traje barato que encontraste en Family Mart —dijo de la misma manera que cuando jugaba con gatos.
Tsunayoushi vuelve a la habitación después de que lavó su cara y tomó cuidado de su higiene personal. Empezó a remover su camisa —¿Qué tiene de malo Family Mart? —Dijo con un bigote de pasta dental.
Reborn extiende su mano y quita la espuma del otro con su pulgar.
—Todo Tsunayoushi. Todo. Ahora ve y haznos algo para desayunar. Andiano, andiano, no tengo todo el día.
Los ojos café se ampliaron.
—¡Pero pensé que comprarías el desayuno o algo! ¿¡Por qué tengo que hacerlo!?
Pero Tsunayoushi no sabe por qué se queja cuando sabía que Reborn amaba la manera en que preparaba el café. "Es lo único en lo que eres bueno" siempre decía con una sonrisa de superioridad.
El sueño no era sólo el sueño de Tsunayoushi. Cuando Kyouya despertó, abrió sus ojos lentamente, como si fuese doloroso o algo parecido. Se veía de la misma manera que siempre. Una expresión de aburrimiento en su rostro y sus labios fruncidos.
—Wao.
Se levanta de la cama y mira frente a él. Un reloj de su bisabuelo contemplándole, las manos en "5:30 a.m.". Kyouya detesta los relojes digitales. Los herbívoros harían cualquier cosa para ir de la manera fácil; carecían de disciplina e inteligencia. "Ese es el por qué las instalaciones académicas no usan relojes digitales" pensó contento cuando se relajó en la bañera.
Se programó a sí mismo. Sólo se daría quince minutos como máximo para lavar su cabello y limpiar su piel. Mientras lo hacía, pensó sobre el tipo de desayuno que tendría hoy. Verás, Kyouya tiene un horario qué seguir. Dice que cada martes tendría arroz con pescado y sopa miso. Él no cocina, y en sus días libres echa un vistazo a los libros de la biblioteca local y trata de enseñarse a sí mismo el arte de cocinar. Lo que dio como resultado fueron fracasos y le enoja al punto de morder a todos hasta la muerte, incluso acusando al bibliotecario de sabotear sus triunfos. "Escogiste el libro equivocado para mí, herbívoro. Es tu culpa. No puedo ser yo."
Estaba listo en su traje favorito, hoy era un poco especial. Hoy iba a ser la reunión de las corporaciones Vongola (era el único día de la semana que estarían juntos para hablar de negocios) y desde que ya estaba admitido en el grupo, no tenía opción más que ir. Era su obligación.
Cuando le informó a su padre vía telefónica, el otro dijo —Maravilloso. Es sólo cuestión de tiempo antes de que Vongola se percate cuán grandiosa es la compañía Nube.
Y Kyoya responde en una manera que podrías hablar en un cuarto lleno de preescolares —Quieres decir cuán grande soy. Esta compañía ha alcanzado tanto por mi administración y liderazgo mientras tú sólo la hiciste más amigable, más herbívora. —Y con eso terminó la llamada. Después de todo, él ya había dicho lo que quería decir; algo más sería un desperdicio.
Fue a la entrada donde había puesto sus zapatos y abrió la puerta con un gentil clic. Una vieja mujer estaba cargando bandejas de comida en una bolsa, ella sonrió educadamente mientras las mangas de su kimono pendían en el aire.
—Buenos días, Kyouya-kun.
—Buenos días, Yamazaki-san. Gracias por la comida —hizo una lenta reverencia a la mujer cuando esta reía (parecía un poco triste el día de hoy). Los jubilados debían ser tratados con amabilidad y respeto. En Namimori todos bajaban la cabeza cuando ellos caminaban por ahí (él se aseguraba de ello).
Kyoya conoció a la señora Yamazaki en el estacionamiento del edificio de apartamentos. Fue alrededor de la segunda semana desde que se había movido a la ciudad (sus expectativas de este lugar eran cero) pero cuando vio su comida tradicional le recordó al festival de verano de Namimori. Él vio esto como un gran avance en la comunidad, estaba impresionado.
—Hazme comida —demandó un día. Y desde entonces ella le cocinaría desayuno, comida y cena. Por supuesto, él pagaba por sus servicios y los ingredientes.
—Gracias por el negocio repetitivo hijo, realmente estoy triste de que este será el último día —su voz era remota, pero había algo tranquilizador en su ella.— Verás, me mudaré con mi hija, al campo, esta semana. Así que quería que supieras eso —Kyouya parpadeó en reconocimiento y asintió—. Alguien de mi edad no debería vivir en la ciudad, es tan ruidosa y todo el mundo está ocupado haciendo esto o aquello. —Pausó.— Todos están yendo tan rápido. Pertenezco al campo, con mi familia. Tú también, tú eres uno de los buenos. Te extrañaré joven.
Kyouya no está mirándole y está observando el piso. —Sí, por supuesto. Adiós, Yamazaki-san. Te deseo buena fortuna en tu nuevo hogar. —Compartieron una reverencia y justo cuando ella estaba alejándose (Kyouya quería despedirla) voltea y dice— Siempre me recordaste a un ave negra que solía tener —posiciona sus manos para hacer la forma de un pequeño balón—. Traté de cuidarlo todos los días, pero sabes, su ala estaba rota. Pero oh, él era tan regio y orgulloso, trató de volar como los otros hacían, pero sólo estaba pretendiendo.
—Puedo ver… tú tienes algo mucho más pesado que un ala rota, pero… —su voz era ronca— también estás pretendiendo.
Kyouya le mira, pero no habla. Él sólo observa a la mujer mayor con ojos claros.
—Ríete de esta anciana, ¿lo harás? Desde el momento en que te conocí nunca te he visto con nadie, ni en festividades dedicadas a pasar tiempo con la familia. Prométeme que encontrarás una buena esposa, ¿al menos compañía? Eres como un hijo para mí.
Hibari se inclina una vez más y levanta su cabeza.
— Gracias por su preocupación. Haré lo que sugirió.
La anciana sonrió, sus arrugas se movieron en su cara un poco más cuando ella volteó, alejándose de él. Pero mientras caminaba, Kyouya aún se rehúsa a cerrar la puerta. Quiere que la vista de su espalda quede siempre atravesada en su retina y, en ese momento, sintió como si estuviese verdaderamente solo.
—¿Qué tipo de sueños tienes?
Tsunayoushi pregunta esto mientras le sirve al hombre mayor algo de café. El aroma llenó la habitación y le hizo parecer como si estuviera en algún tipo de café lounge. Reborn demandó comer en la mesa del Kotatsu en lugar de la cocina. Su sofá estaba en el centro de la sala de estar, cortesía del señor Fong (uno de los amigos cercanos de Reborn) quien insistió en colocar ciertos objetos en las esquinas para proveer la cantidad correcta de Feng Shui, no estaba presente pero le dio inmediatas instrucciones con su amable voz: "Tienes mucha energía negativa, Tsunayoushi-kun" siempre preocupado.
—No recuerdo mis sueños. —Reborn mordió un poco de su croissant de queso crema.— Ya te lo he dicho un millón de veces. ¿De nuevo tienes esos extraños sueños?
—Nunca se detienen Reborn. —Tsunayoushi dice desde la cocina. Está preparando un almuerzo para lo que había prometido a Mukuro, fue bueno que ya tuviese todo desde ayer. Una caja de almuerzo tradicional con un poco de sushi fresco para él y ensalada y fettucini para el otro hombre. Después de todo, Mukuro no era gran admirador de la comida japonesa.— Y todos se sienten tan nostálgicos. Quiero decir, ¿es extraño, no? Pensar que estoy tan envuelto en estos sueños pequeños —se detiene a la mitad de terminar su rollo—. Siempre me lleva a pensar sobre la muerte.
De repente el cuarto se torna un poco cargado, como si hubiese algo pesado alrededor de la habitación. Se siente como una cueva y como si tuviese el aire acondicionado en (ALTO). El televisor se enciende, excepto que sólo era estática. Estática negra y blanca. El castaño retrocede lentamente, inseguro de cómo reaccionar. Y mira a Reborn, y Reborn parece no notar el cambio de atmósfera.
—Entonces debes tener algún deseo de muerte. —El hombre con los ojos ónice se queda ahí y con una mirada perdida dice— Sólo para que sepas que también te seguiré ahí.
Y la habitación regresa a la normalidad, y la televisión desenchufada fue la misma que antes. Se sintió como un salto de tiempo, y él era el único que presenció lo sucedido. Pero antes de que pueda preguntarle a Reborn qué quiso decir con eso, el otro estaba comiendo la porción de desayuno de Tsunayoushi.
—¡Devuelve eso!
Tsunayoushi y Reborn llegaron temprano al edificio de la corporación Vongola, todos inclinaron sus cabezas respetuosamente. De vuelta al par, uno estaba avergonzado detrás de las palabras mientras el otro ni pestañeó. El hombre más alto presionó el botón del elevador que rezaba "arriba".
—Tsuna inútil, iré por unos papeles, así que te dejaré enfrente del cuarto de juntas. Aléjate de los problemas.
Tsunayoushi rodó los ojos en exasperación, molestia en sus gestos.
— ¡Oye, Reborn! ¡No tengo cinco años!
Y los pies del otro golpean el piso designado y dice— Y eso es precisamente por lo que debes tener tu guardia alta. Ya vuelvo.
Los muros de la corporación eran blanco puro, parecían de esas cosas que sólo verías en televisión. Daba la impresión de que no había muebles, pero estaban mezclados en el blanco de los muros. Las puertas eran deslizables. Tsunayoushi pensó que nunca estaría en un lugar como este, pensó que el lugar más costoso en el que alguna vez entraría era el café italiano de fantasía al que Mukuro y Chrome le llevaron una vez. O tal vez esa tienda Armani a la que sus hermanos le arrastraron. Todo parecía tan inmaculado; se aseguró de que sus torpes dedos no tocaran nada.
Desde la esquina de sus ojos vio algo alto y oscuro. Se sobresaltó en reflejo y tembló como un ratón. Era Hibari Kyouya. Aquel hombre que tanto le aterraba.
—Bu… buenos días Hibari-san. —El hombre más alto le miró y asintió de todos modos. Parecía que ellos eran los únicos que habían decidido llegar temprano (la reunión no era hasta dentro de treinta minutos). Ambos permanecieron lado a lado, sin decir algo.
Tsunayoushi era el tipo de persona que no podía permanecer quieta por nada. Se apoyó a sí mismo en un solo pie, entonces cuando se aburrió de eso, cambió al otro. Constantemente se mecía hacia atrás y adelante, sin notar lo que estaba haciendo.
—Deja de moverte, herbívoro indisciplinado.
—Ah, lo siento Hibari-san. Estoy nervioso, eso es todo. —El hombre levantó su mano para comenzar a morder sus uñas, hasta que una tonfa fue levantada a su rostro.
—Continúa con lo que creo que vas a hacer y serás mordido hasta la muerte. —Decidió que no le importaba que este fuera su jefe, Kyouya no tenía ninguno. No escuchaba a nadie. (Lo que es una contradicción porque lo que él escuchó son reglas invisibles.)
No sabiendo cómo calmar a la bestia, Tsunayoushi hace la única cosa en la que pudo pensar. Dar una ofrenda. Así que abre el pequeño contenedor que trajo con él (su almuerzo) y lo lleva a la cara del otro.
—Es propio de él —pensó Kyouya, pero no supo por qué.
Es sólo un herbívoro, Kyoya piensa. No debería importarle si come enfrente de él. Así que extiende sus manos y toma un rollo de sushi, lo pone en su boca. Después de unos segundos de masticarlo jala el almuerzo de Tsunayoushi.
—Dame tu almuerzo —proclama. Sería un poco gracioso si el otro aún estuviera en el instituto (sólo un poco).
Los ojos del hombre tímido se abren y después de un poco de tiempo comienza a reír nerviosamente.
—¿Qué?
—No me gusta repetirme, herbívoro. —Y abatido, Tsunayoushi suspira y le da su almuerzo al abusivo—su compañero de trabajo. El hombre enigmático saca una cartera de cuero de su bolsillo trasero y saca un billete de 2000 yen. Esta pequeña caja podría ser muy pequeña para su almuerzo, pero se las arreglaría.
—Hieeee, Hibari-san. Está bien, puedes tenerlo. No me importa realmente…
Una mirada penetrante.
—¿Me estás condescendiendo?
—¡No! Es… está bien, ¡puedes tenerlo! De todas formas hice demasiado, ja ja…—continúa riendo como un herbívoro (pero realmente no le importa ahorita, la pequeña caja de almuerzo en sus manos).
—Oye tú, hazme de comer.
Tsunayoushi le dio a Kyouya una mirada incrédula, ¿qué era lo que estaba sucediendo?
—Este es el pago por las comidas siguientes. —Detiene al hombre antes de que hable, haciéndolo él—. Vives en mi edificio. De ahora en adelante estás contratado para prepararme el desayuno, almuerzo y cena. No me gusta mucho la comida extranjera, pero me gusta la carne. Me gusta cualquier platillo de comida tradicional japonesa. Estás exento —dice sin perder el ritmo.
—Espera, ¿qué?
El castaño está a punto de retroceder hasta que escucha a alguien llamándole a la distancia.
—¡Décimo! —era su amigo de cabello plateado, Gokudera Hayato. Y justo detrás de él estaba Yamamoto Takeshi. Ambos eran sus amigos de la infancia, se habían conocido en el preescolar y habían sido inseparables desde entonces. Tuvieron otros amigos aparte del trío cerrado, pero muchos permanecieron en su hogar. Era sólo una (verdadera) coincidencia que todos ellos fueran los herederos de grandes compañías. (Era toda una cadena de destino.) Mukuro, aparte de vivir en el mismo lugar que ellos, había ido a una escuela diferente. No fue aceptado (a excepción de su hermana) dentro de su círculo de amigos hasta la escuela elemental. Esta es una historia para otra ocasión. Antes ellos pensaban que él era malvado, y Gokudera aún lo seguía haciendo.
—¡Yo, Tsuna! —el hombre alto y bronceado puso un brazo sobre Tsunayoushi de una manera amistosa.— Lo siento, no pudimos ir para ayudarte a desempacar. Estaba muy ocupado con el restaurante de papá y la compañía. Te lo compensaré amigo. —Gokudera cruzó sus brazos en molestia; estaba hablando primero después de todo.
—Es… está bien, Takeshi-kun, ¡está bien! —El hombre tímido voltea hacia su amigo pequeño y temperamental, esperando calmar al otro.— Ah, Gokudera-kun. Buenos días, ¿cómo estás el día de hoy?
Pareciera que su mal temperamento era algo con lo que nunca se debía comenzar, pero se veía que estaba sonriendo desde que llegó ahí.— ¡Y una maravillosa mañana para usted, Décimo! ¡Me gustaría pedirle su perdón por no ayudarle ayer! El señor Reborn me dio algo de trabajo que hacer…
Tsunayoushi recordó las escaleras interminables y su dolor de espalda un centenar de veces.
—¡Así que fue la culpa de Reborn! —cerró los puños y lágrimas pequeñas aparecieron en los bordes de sus ojos.
Mientras tanto, (junto a la puerta y a un lado del comedor de plantas) Kyouya odiaba ser ignorado pero lo que odiaba aún más era que los herbívoros se amontonaran a su alrededor. Liberó fácilmente sus tonfas.
—Todos ustedes deben tener un deseo de muerte al crear una multitud a mi alrededor.
Gokudera gruñó. —¿Y quién demonios eres tú? —el fumador observa y mide al otro, lentamente.
Reborn (quien había aparecido repentinamente) caminó lentamente detrás de Tsunayoushi, y tan pronto como estuvo cerca del hombre se lanzó a sus costados, apretándoles.
—Bú.
Tsunayoushi saltó a un metro de altura incluyendo una impresionante voltereta hacia atrás. Tal vez el hombre no era tan herbívoro como creía, Kyouya reflexionó.
Los ojos de Gokudera brillaron en admiración (¡Décimo, ese salto fue brillante!) y Yamamoto meramente rió (Eres muy divertido Tsuna).
—Tsuna bueno para nada, ¿no te dije que debías tener tu guardia alta? —el hombre alto le sonrió a su estudiante, quien se sintió tan humillado—. De todas formas, ya que todos nosotros estamos aquí, ¿por qué no comenzamos la reunión?
—Ah, ¿Lambo-kun y Ryohei no van a estar aquí? —Y qué sobre Xanxus-san pensó para sí. Realmente no quería tenerle ahí, pero un vicepresidente al menos debería asistir.
—Lambo y Ryohei no pudieron llegar hoy. Los envié al extranjero. No trates de tener tu cabeza en ello Tsuna inútil, apenas viniste aquí hace unos días —empezó a repartir los papeles—. Aquí están las cosas que discutiremos en la reunión. Ahora vayamos.
Reborn desliza una tarjeta enfrente de la puerta corrediza, abriéndole para todos. La habitación tenía una mesa circular, sillas de cristal y un par de pizarrones.
Justo antes de que entraran, Mukuro se detuvo justo al lado de Tsunayoushi (era el último en entrar). Siempre aparecía de esta manera, como si se materializara de la nada. Era un poco inquietante. Aún cuando eran amigos, no quería decirle que había algo dentro de él que le gritaba que no confiara en Mukuro, que no le eligiera.
El otro saludó con un movimiento de la mano.
—Ah, Mukuro-san. ¡Llegas justo a tiempo!
—El tráfico era horrible el día de hoy —Mukuro dijo esto con sus manos en el aire con una postura de "qué se le puede hacer" —. Las damas primero —bromeó dejando a Tsunayoushi entrar en la habitación.
Kyouya se sienta en el lugar más alejado de todos, pero lo suficientemente cerca para generar una presencia dominante. Mira alrededor una vez en aburrimiento (desde que tiene que asociarse con todos a partir de ahora). En corto había sólo un herbívoro sonriente, un herbívoro ruidoso, un "súper" herbívoro, nada a excepción de herbívoros. (Excepto Reborn quien es un carnívoro como esos dinosaurios de un proyecto que hizo en su clase de primer grado. "Namimori necesita más dinosaurios dado que tienen que expandir la comunidad.") Volteó hacia el otro lado y ahí fue cuando se congeló.
Vio a un extranjero con ojos desiguales, él no estaba poniendo atención al otro, sólo tenía unos documentos listos. Como si el hombre pudiera decir que estaba siendo observado se giró hacia Kyouya, reconocimiento en su mirada. Mukuro le dio al otro una sonrisa furiosa (era odio, odio, odio) y justo cuando Tsunayoushi iba a levantarse para dar un discurso mediocre… los dosse lanzaron el uno al otro. Se saludaron con puñetazos, patadas y… ¿de dónde había sacado Mukuro aquélla navaja? ¿De dónde sacó Hibari sus tonfas? Pero ellos sólo pelearon sin piedad y, en el proceso, rompieron el escritorio, sillas y todo lo que se interpuso entre ellos.
Gokudera estaba a punto de hacer algo sobre eso, y Yamamoto se estaba burlando. "Ellos tienen muchísima testosterona o algo"; y el único del que nadie esperaba que hiciera algo sobre la situación (Tsunayoushi) caminó entre ellos y dijo:
—¡Deténganse!
Y ambos lo hicieron porque cuando Tsunayoushi dijo eso, lo escucharon más alto que cualquiera en la habitación había hecho. Era como un eco muy alto y sin fin.
Cuando Reborn salió de la sala de juntas tenía una mirada furiosa en el rostro, y cuando las personas le preguntaron "¿Cómo estuvo la reunión?" él respondió con un "¿Qué reunión?".
(1) Navidad en italiano.
