Capitulo III

Capitulo III.- Kikio

- Ella lo sabia –murmura Inuyasha, mostrando su mirada apagada- lo sabia, y no me lo dijo… -golpeando la hierba con su puño cerrado-

- ¿De que hablas papá? –pregunta Izayoi levantándose del regazo de su hermano-

- Ella yo sabia, lo supo todo el tiempo –viendo su puño en la hierba-

- ¿Saber que? ¿De quien estas hablando? –pregunta un confundido Inutaisho-

- Mañana se los explicare todo –dirigiendo la vista hacia sus cachorros- ahora tienen que descansar –lo informa, si les contaba lo que sospechaba ahora seguro que no querrían dormir luego-

- Pero…

- Nada de peros, tienen que descansar ya cuando amanezca hablaremos –lo dice como una orden-

- Esta bien… -lo dice la chica para luego volverse a recostar en el regazo de su hermano-

- ¿Esta todo bien? –pregunta Inutaisho, su padre no acostumbraba a actuar de esa forma, siempre les decía todo, pero ahora es como si tuviera miedo de que ellos supieran que fue lo que sucedió-

- Si, todo esta bien, tu solo descansa, tenemos un largo camino por recorrer para mañana –lo informa Inuyasha-

¿Por qué? ¿Por qué Kagome le ocultaría la verdad? ¿Por qué no le dijo que para que ella pudiera vivir Kikio tenía que ser destruida? Esas preguntas pasaban por la mente del hanyou, no lograba comprender nada.

- ¿Lo que intentas decir es que esa mujer es la culpable de la muerte de mamá? –pregunta Inutaisho atónito después de escuchar lo que su padre tenía que decir-

- Es lo que creo –responde el hanyou para luego comenzar a escuchar un sollozo- Izayoi –lo dice comenzándose a acercar a su hija-

- Lo siento –dice llevándose sus manos a su rostro al momento que las lagrimas comienzan a recorrer sus mejillas- lo siento…

- Shhh pequeña tranquila –dice Inuyasha sentándose a un lado de su hija y luego recostándola en su pecho al igual que cuando era una niña-

- Yo pude haber ayudado a mamá de alguna forma –lo dice con un pequeño hipo mientras esconde su rostro en el pecho de su padre-

- Izayoi, tu eras solo una niña en ese entonces, no hubieses podido hacer nada –acariciando el cabello de su pequeña- no eres responsable de lo que sucedió

- Papá ¿Ahora que ya sabes lo que sucedió, que piensas hacer? –pregunta el joven de mirada ambarina, viendo a su padre y hermana-

- Se muy bien lo que voy hacer, y a quien tengo que buscar –aun abrazando a su hija-

Inutaisho observa extrañado a su padre, si él lo que quería era saber que fue lo que la había sucedido a su madre ¿Qué pensaba hacer ahora? ¿Y a quien iba a buscar?

Inuyasha estaba caminando por un espeso bosque, siendo seguido por sus hijos.

- ¿Papá podrías decirnos a quien buscamos? Así podríamos ayudarte –dice Inutaisho caminando a un lado de su hermana-

- Buscamos a Kikio –responde simplemente dejando sorprendidos a los dos chicos-

¿Qué buscaba a Kikio? ¿Para que?

Inutaisho lleva una de sus manos hacia su pecho, mueve un poco su haori en color azul marino, para tomar entre su mano, aquella joya que colgaba de su cuello, la Shikon no Tama, desde que su madre murió él es quien cuida de la ella, ya que su padre no quiso saber nada mas sobre esa joya, y su hermana para aquel entonces estaba muy pequeña. Pero algo extraño pasaba con la perla desde hace trece años nadie se ha preocupado en buscarla, ni si quiera un simple demonio. ¿Y si fue porque él pidió aquel deseo en el momento en que murió su madre? No, no podría ser eso, de igual forma no resulto, su madre no regreso con ellos, lo único que hizo la perla fue brillar tenuemente y no pasó nada más.

- Un campo de fuerza –escucha que lo dice su padre sacándolo de sus pensamientos- ¿Izayoi, podrías desvanecerlo? –pregunta Inuyasha viendo a su hija-

- Creo que si –acercándose hacia donde esta su padre, coloca su mano derecha en el campo de fuerza, un tenue resplandor rodea su mano comenzando a recorrer parte de aquel campo, para que luego este desapareciera- no fue tan difícil

Continúan caminando por el bosque, de un momento a otro ve a las serpientes caza almas de Kikio, y estas comienzan a guiarlos, de seguro al lugar donde se encontraba aquella miko.

- Veo que lograron destruir mi campo de fuerza –se escucha que lo dice una mujer, que comienza a aparecer de entre algunos árboles-

- Kikio –lo dice propio Inuyasha al reconocer aquella voz-

- Hola Inuyasha –viendo al hanyou- al parecer tu hija es muy fuerte –dirigiendo su vista a Izayoi- y no cabe duda que tiene la misma apariencia de esa mocosa que te alejo de mi lado –dice con odio-

- No te permitiré que hables de esa forma de Kagome o de mi familia –lo dice el ojidorado dando unos pasos hacia Kikio-

- Oh vamos Inuyasha, esa niña tonta murió hace trece años –lo recuerda- y tengo que decir que me sorprende que haya podido soportar tanto tiempo, pero al fin y al cabo su alma tenia que regresar a donde pertenece –dice sonriendo cínicamente-

- Tu eres la culpable de que ella muriera –lo dice apretando su puño derecho-

- ¿Yo? –pregunta como si no tuviera nada que ver con lo que dice el hanyou-

- ¡Tu le dijiste a mi madre que si permanecía en este lugar moriría! –lo grita Izayoi colocándose a un lado de su padre siendo seguida por su hermano- ¿Por qué te arriesgaste a decirle eso, teniendo en cuenta que podrías ser destruida?

- Izayoi tranquilízate –dice Inuyasha viendo a su hija-

- Niña, esa respuesta es muy simple, Kagome nunca se hubiera atrevido a destruirme, aunque su propia vida estuviese en riesgo

- ¿Por qué? –pregunta Inutaisho sin comprender-

- Porque ella no hubiese sido capaz de destruir a quien estuvo alguna vez en el corazón de tu padre –dice con una sonrisa de victoria-

- Escucha esto Kikio –llegando de un salto a un lado de aquella mujer de barro- tienes razón en que Kagome nunca se hubiese atrevido a destruirte –sujetando a la miko por los brazos llegando a clavar sus garras- pero yo si soy capaz de hacerlo –dice firmemente-

- Creo que has cometido un grave error al acercarte de esa forma Inuyasha –dice para que debajo de ellos comenzara a formarse un agujero negro que conectaba con el infierno- quieras o no morirás conmigo

- ¡Padre! –grita Inutaisho al tratar de acercarse a Inuyasha-

- No se acerquen, llévate a tu hermana de este lugar –tratando de liberarse pero al parecer Kikio le había hecho alguna clase de hechizo-

- ¡¡NO!! –lo grita Izayoi cayendo sentada sobre sus rodillas-

Algunas almas de Kikio comienzan a reaccionar después del grito de la chica, liberándose de su cuerpo.

- Esta niña tiene el mismo poder de su madre, puede arrebatarme mis almas –piensa Kikio-

- Izayoi… -llama Inutaisho a su hermana, trata de acercarse a ella pero esta se lo impide colocando un campo de fuerza a su alrededor-

- No quiero, no quiero perder a papá –dice mientras unas lagrimas recorren sus mejillas cayendo a sus piernas- no quiero perderlo al igual que a mamá ¡¡NO!!

Cuida de nuestros pequeños…

Aquellas palabras llegan a la mente del hanyou, después de escuchar aquel grito por parte de Izayoi, fue lo que le pidió Kagome antes de morir, no podía rendirse, no ahora…

Naikuru Naiza…

Tenia que ¡vivir!, por sus hijos, por el amor que existía dentro de él, ese amor hacia la chica, que lo hacia continuar cada día.

Trato de liberarse de Kikio con más fuerza, hasta que por fin pudo desvanecer el hechizo, alejándose rápidamente de aquella miko, y dirigirse a donde se encuentran sus cachorros.

- ¡Esta vez no permitiré que te libres de mi tan fácilmente! ¡Te llevare conmigo al infierno! –lo exclama Kikio acercándose a aquellos tres individuos-

- Eso… ¡Eso no lo permitiré! –grita Izayoi levantándose y haciendo crecer el campo de fuerza que se encontraba a su alrededor, y ahora también rodear a su hermano y padre-

Kikio trata de atravesar el campo, pero es rechazada por sus energías.

- Esta niña no puede ser mas fuerte que yo –piensa Kikio al volver intentar atravesar el campo- o talvez si, después de todo es hija de Kagome –sintiendo odio al nombrar a aquella joven miko-

Las almas de Kikio comienzan a revelarse nuevamente ante aquella energía que emana el campo formado por Izayoi, que comienza a hacerse cada vez más amplio logrando purificar todo lo que se encuentra a su paso, y destruyendo las serpientes caza almas de Kikio, impidiendo que estas puedan ir a buscar las almas que aquella miko perdía, debilitándola cada vez mas.

Inuyasha ve como Kikio cae al suelo, y también como esta se va quedando sin almas.

- Tengo que irme de este lugar –dice Kikio en casi un susurro, mientras intenta ponerse de pie-

- No dejare que te alejes de este lugar –lo dice el hanyou acercándose a aquella mujer, y tomarla de uno de sus brazos, esta vez no podría inmovilizarlo ya que no tiene las fuerzas necesarias-

- ¿Qué piensas hacer? –pregunta desafiante-

- Algo que debí haber hecho hace mucho tiempo –viendo a Kikio y luego dirigir su vista ambarina hacia el agujero que había formado aquella miko minutos atrás-

- No te atreverías a hacerlo –el hanyou no seria capas de enviarla al infierno ¿o si?-

- No sabes lo que seria capaz de hacer con tal de proteger a mi familia y poder permanecer a su lado –dice muy seguro de lo estaba apunto de hacer-

Inuyasha arroja a Kikio al centro de aquel portal que conectaba con el infierno, y ve como este luego comienza a cerrarse lentamente.

- Por fin todo acabo –dice cuando el portal se ha cerrado por completo-

Un gran brillo proveniente del pecho de Inutaisho llama la atención de los tres individuos, el joven hanyou dirige una de sus manos a su pecho y toma la Shikon no Tama, la cual tenia un brillo perfecto con tenues destellos entre azules y rosados.

- Mamá… -lo susurro el mismo Inutaisho viendo la perla-

- ¿Qué es lo que dices? –pregunta Inuyasha sin comprender lo que acaba de decir su hijo-

- Es mamá… -dice ahora viendo a su padre y hermana, luego se da vuelta rápidamente y comienza a correr-

Izayoi casi instantáneamente empieza a correr detrás de su hermano. Inuyasha se mantiene desconcertado por algunos segundos ¿Qué era lo que estaba sucediendo?

Continuara…