Disclaimer: Naruto y sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto

Hola, gracias por entrar n.n

Estoy en condiciones de contarles que habrá diez capítulos en total para esta historia, los cuales ya están escritos. Los otros días terminé de escribirlos, por suerte, así que el fic ya no corre riesgos de quedar abierto. A no ser que ocurra alguna catástrofe ajena a mis propósitos jeje Por ejemplo, que me quiten internet *toca madera*

Ojalá les guste esta nueva entrega. Disculpen por los posibles fallos y gracias por leer :D


III

La insatisfacción


Cuando un hombre ama, discierne

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Luego de asegurarse de que completarían el trabajo sin su ayuda y de que habían hecho las paces sinceramente, Kakashi y su equipo dejaron definitivamente a Taichi y a sus vecinos para regresar a Konoha. Siendo la primera misión solidaria ideada por Naruto, suponían que éste los estaría esperando ansioso y no quisieron demorarse más.

Recorrieron el camino de vuelta sin inconveniente alguno, satisfechos por el deber cumplido. Después de un trabajo como aquél, hasta Kiba dejó de quejarse y aparecía sonriente, orgulloso de su recién descubierta capacidad narutiana para resolver conflictos. ¿Quién sabe? Quizá todos guardasen un pequeño Naruto dentro de sus corazones.

Únicamente Kakashi se condujo más taciturno, como ensimismado. Apenas les dirigió la palabra durante el trayecto y sólo Hinata se mantuvo lo suficientemente atenta para notarlo y lo bastante cerca como para apoyarlo sin hacer preguntas. Arrastraba esa melancolía desde que hablaron sobre los amigos y por eso procuró ofrecerle compañía en silencio.

Ella podía entender el tipo de desazón que lo embargaba. Muchas personas alrededor, pero pocas en quienes confiar y menos a las cuales querer. Estas últimas, además, por alguna u otra razón terminaban perdiéndose en el camino, quedándose atrás signadas por la tragedia o por algún tipo de elección. Sea Rin, Neji, Obito o Naruto, quienes más protegieron e inspiraron aquello en que deseaban convertirse fueron finalmente los que partieron en otra dirección.

Los dos sabían de ausencias y los dos sabían de anhelos. Al igual que el solitario árbol con el que se toparon instalando la cerca, tuvieron que fortalecerse por sí mismos ayudándose con los recuerdos, las ideas y los sentimientos que conservaron consigo. Así, gracias a ese legado y perseverando con determinación, Hinata se convirtió en una kunoichi valerosa y Kakashi en el shinobi referente para toda una generación.

Qué importancia tenía cuál de los dos había visto más, lo importante era que ambos habían visto lo mismo.

Fueron ellos quienes se presentaron ante Naruto para reportar las novedades, mientras que Kiba y Shino regresarían a sus casas liberados de la rutinaria obligación. Una vez en el despacho del Hokage, de pie frente a su escritorio, relataron todos los hechos acaecidos durante la misión.

-De modo que Taichi había mentido –comentó Naruto, pensativo-. Vaya problema en el que se había metido… Aun así la misión fue completada con éxito, ¿verdad?

-Los imprevistos suceden –repuso Kakashi con desinterés-. Y sí, todo se resolvió para bien.

-Por fortuna supieron manejarlo sobre la marcha –acotó Shikamaru ubicado a la derecha de Naruto, como de costumbre-. ¿Pueden asegurar al ciento por ciento que el conflicto entre esos jóvenes ha sido resuelto?

-Totalmente –respondió Kakashi, y Hinata asintió con la cabeza para secundarlo.

-¡Bien! Entonces esto de las misiones solidarias realmente funciona –exclamó Naruto, ilusionado.

-Recién vamos por la primera, todavía desconocemos los resultados de las que están en proceso –creyó oportuno señalar Shikamaru.

-¡Ten un poco más de fe! –lo regañó Naruto.

-Tendré fe… y sentido común.

-Lo que no tienes es remedio, Shikamaru –gruñó el otro.

-Y tú no tienes prudencia –masculló el consejero.

Y se perdieron en una infantil discusión acerca de las carencias intelectuales y emocionales que podían adjudicarse el uno al otro, olvidándose de los allí presentes. Hinata sonrió al verlos reñir de ese modo, añorando los viejos tiempos.

-Hacen un buen equipo –musitó.

-Supongo que sí –suspiró Kakashi, mirándolos con resignación.

-Y se entienden muy bien.

-Si tú lo dices… –consideró el jounin. Luego, viendo que la reyerta iba para largo, añadió-: Creo que por nuestra parte ya hemos terminado. ¿Regresas a tu casa? –Hinata asintió-. Puedo acompañarte un tramo.

La kunoichi aceptó sin dejar de sonreír. Salieron del despacho despidiéndose apenas, pues los otros continuaban debatiendo sobre la "dosis correcta de fe" y el trastorno de "las conclusiones precipitadas". Desanduvieron los corredores del edificio cruzándose de vez en cuando con algunos representantes de las naciones vecinas, por lo que dedujeron que Naruto había empezado a difundir su proyecto.

Caminaron en silencio durante un largo rato sin preocuparse de llenar el bache con intercambios convencionales o cortesías obligadas. Una inusitada camaradería los envolvía, Kakashi lo percibió desde que finalizara la instalación del cerco y lo aceptó entre admirado y receloso, permitiéndose la emoción y cuidando resguardarla. Al fin y al cabo, un poco de afectuoso compañerismo no le hacía daño a nadie.

Hinata había percibido lo mismo, pero se lo tomó con mayor naturalidad, pues venía caminando a su lado desde hacía días y nada de eso le pareció fuera de lugar. En todo caso, le gustó extender el tiempo en compañía de alguien más que sí misma.

En definitiva, se sintieron a gusto compartiendo el ajetreo habitual de su preciada aldea, los aromas característicos de los puestos de comida y el saludo ocasional de algunos de los vecinos al pasar. Avanzaron sin apuro, confiados y serenos, apenas concientes del esporádico roce de sus mangas al andar.

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En los días que siguieron le hicieron otros encargos similares y Kakashi eligió siempre al mismo equipo para llevarlos a cabo. Ya sea fuera de Konoha o dentro de la propia aldea, cualquier trabajo se convertía en una buena excusa para indagar dentro de sí hasta terminar por comprender que había un vacío en su vida y que ese vacío se colmaba ahora con una única presencia.

Al principio obró así con el único fin de probar, para analizar la situación y tantear el terreno con cuidado. Podía haber errado en sus apreciaciones, podía haberlo malinterpretado, incluso podía haberse emocionado más de la cuenta. Sin embargo, no tuvo más que repetir la experiencia para entender que se había operado un cambio y que en su interior habían empezado a movilizarse sensaciones nuevas.

Entonces se dio a la tarea de discernirlo, de aprenderlo, de someterse al inusitado fenómeno para contemplar sus bifurcaciones, su extraña complejidad. Una palabra, una sonrisa, una mirada, con qué poco podía un hombre rearmarse y caminar… Y sí, tuvo que ocurrirle precisamente en el momento en que comenzaba a resignarse a no tenerlo nunca.

Decidió entregarse a ello. Si había que socorrer a una familia asediada, si había que ayudar a un comerciante a trasladar en un peligroso viaje su mercadería, si había que reducir a un grupo de renegados que todavía no se adaptaba a los tiempos o si había que buscar a un simple gato extraviado, convocó al mismo equipo una y otra vez, para sombro de alguno de ellos y para resignación de otros. Nada le parecía poco o molesto, cualquier faena le resultaba útil para echar luz sobre sus sentimientos.

Cuando un hombre descubre que ama, suele hacer ese tipo de cosas.

Tiempo después de aquella primera y reveladora misión, un día se puso a dormitar echado en la hierba de una aislada colina con las manos cruzadas en la nuca y un libro abierto cubriéndole la cara. Eran cada vez más escasos los momentos que encontraba para pensar en el milagro y en la persona que lo hacía posible, y aprovechaba esos efímeros instantes de lectura para relajarse y permitirse seguir analizando la situación.

¿Qué haría con semejante descubrimiento? ¿Qué cabría que hiciese?

A pesar de la extraña mezcla de dicha y contrariedades que el asunto le generaba, se solazó íntimamente con el recuerdo de la última misión cumplida por su equipo y contó las horas para acudir a la siguiente entre ansioso y preocupado. Supuso que tal revoltijo de sensaciones era irremediable. Sin embargo, hubiera querido que las cosas sucediesen de otra manera y, más que nada, que no tuviese que transitarlo silenciosamente y con cierto bochorno de sí mismo.

Enamorarse de una muchacha que apenas asomaba a la vida, ¿desde cuándo era tan descuidado con sus propios sentimientos? Si se hubiese tratado de una batalla, tal negligencia le hubiera provocado una grave y dolorosa herida.

De pronto sintió unos pasos acercándose a su posición, pasos que reconoció de inmediato y que coincidían con sus pensamientos.

-Kakashi-sensei –dijo Hinata, anunciándose cuando ya no era necesario.

Él se sentó a lo indio dejando que el libro cayera entre sus manos. Gracias al cielo todavía era un ninja y podía reprimir muy bien cualquier sobresalto o manifestación emocional que la cercanía de aquella joven pudiera generarle.

-¿Ocurre algo?

-Naruto-kun… di-digo, Hokage-sama nos ha asignado una nueva misión.

-¿Cómo me encontraste? –preguntó él, tratando de pasar por alto aquel titubeo.

-Lo busqué –respondió ella con simpleza.

La respuesta lo puso por las nubes y se obligó a descender.

-¿Qué tipo de misión?

-Otra de bajo rango –repuso ella algo apenada, pensando por anticipado en el fastidio de Kiba-. De-Debemos partir hacia el atardecer.

-Entonces podemos descansar un rato más –consideró él, echándose sobre la hierba otra vez. Y cerró los ojos para dejar que sea el sol el que lo entibie y no la voz cálida de Hinata anunciándole la tan deseada y temida novedad.

Por descuido el libro fue a parar a cualquier parte y ella tuvo el buen tino de recogerlo. Miró la portada, leyó el título y de inmediato se ruborizó. Luego, incrédula, lo hojeó someramente y se arriesgó a leer la primera página.

Al principio Kakashi no se percató de nada, hasta que el prolongado silencio y la quietud de Hinata le indicaron que algo sucedía. Abrió los ojos, giró el rostro y casi colapsó de la impresión.

En menos de un segundo se levantó como un resorte, se colocó detrás de ella y le sustrajo el libro con delicadeza, pero también con resolución. Hinata se volteó, estupefacta. Ni siquiera había sido capaz de predecir el movimiento.

-Esto no es lectura para jovencitas –señaló él con amabilidad y bastante nerviosismo.

-Yo… yo… ¡yo no estaba le-leyendo nada! –se apresuró a aclarar ella, avergonzada, acentuando lo que a las claras era una mentira con torpes gestos negadores de sus manos.

-Si sólo leíste un poco no tiene relevancia –dijo Kakashi, quizá más avergonzado que ella-, pero abstente de interesarte en ello.

-Sólo leí algunas líneas… unas pocas… muy pocas… ¡de-de verdad! –afirmó Hinata, realmente apenada por aquella metida de pata.

Y sin poder soportarlo más desvió la mirada, pues comprendía que se había delatado. Su rostro estaba completamente encendido y Kakashi no pudo menos que apiadarse de su zozobra, ya que de seguro le acometía el mismo tipo de agitación que estaba padeciendo él. Vaya lío en el que se habían metido ambos.

Si se tratase de Naruto o de Sasuke le importaría poco y nada, pues ya en varias ocasiones lo habían pillado leyendo esa clase de literatura. Incluso Sakura lo había atrapado muchas veces, pero como por entonces era su alumna encontraba el modo de desentenderse sin mayores consecuencias. Ahora, en cambio, no sólo lidiaba con una joven que no era su alumna, sino que además ya era una mujer crecida y por la que guardaba algo mucho mayor y enrevesado que un simple afecto de entrenador.

Se sintió terriblemente expuesto y culpable, pues la había colocado en una situación delicada. No podía culparla por la amabilidad de levantar el libro caído ni por ser curiosa, ya que al fin y al cabo se trataba de un objeto de apariencia inofensiva. Nada menos sospechoso que un libro. Pero más allá de sus verdaderas intenciones, uno de sus tantos descuidos los había puesto en ese aprieto.

-Lo siento, debí haber sido más precavido –terminó por decir.

Hinata, igual de colorada, se animó a mirarlo a los ojos otra vez.

-Ta-También lo siento, Kakashi-sensei.

Él hizo una mueca por debajo de la máscara.

-Ya te he dicho que no me llames así.

-¡Pe-Pero no puedo llamarlo de otra manera!

El jounin prefirió no insistir.

-¿Te ha comentado Naruto de qué se trata la misión? –optó por preguntar, sentándose de nuevo y esperando dejar atrás aquel penoso percance.

Hinata lo imitó, más repuesta de la confusión.

-Parece que se trata de otro comerciante al que tendremos que custodiar.

-Me lo temía –suspiró Kakashi.

-Es mejor que colocar postes –sonrió la kunoichi.

-Me abstendré de elegir –repuso él por lo bajo, que a todas luces prefería colocar postes con ella bajo el cielo de una mañana apacible antes que acarrear trastos de una aldea a otra con un grupo de muchachos ansiosos de pelea.

Hinata volvió a sonreír. Últimamente pasaba demasiado tiempo con Kakashi y había aprendido a conocer mejor aquel indolente carácter.

Le había hecho bien hacer equipo con él y los demás, sin importar el rango de las misiones. Regresar a la acción contribuyó a despojarla de los resabios del pasado que de vez en cuando llamaban a su puerta insistiendo en atraerla, poniendo a prueba su tenacidad. Nada peor que muchas horas vacías para una joven decidida a deshacerse de una carga con la finalidad de proseguir según sus propias fuerzas.

Sus pensamientos se habían convertido en sus peores enemigos. Una idea negativa evocaba otra de la misma naturaleza, y ésta otra, y ésta otra, y de repente el cerebro le bullía de imágenes dolorosas que la arrastraban hacia una fosa oscura de la cual le costaba horrores emerger. Sólo el entrenamiento la mantenía lúcida, sólo su indoblegable voluntad de salir adelante pese a todo la salvaguardaba de sus flaquezas y de decisiones incorrectas.

Ahora que volvía a pasar tiempo en actividad junto a sus amigos, sintiéndose útil otra vez, ya no tenía que esforzarse tanto por sí misma. Se permitió apoyarse en ellos y recuperar sus primeros propósitos estando a su lado, y Kakashi también participaba de ese proceso liberador. Aun cuando la embargaba cierta tristeza, él encontraba el modo de hacerla sonreír.

-Kakashi-sensei debería elegir otro tipo de lecturas –se atrevió a señalar.

El susodicho la miró con asombro. ¿Por qué reincidía en ese espinoso tema? Apenas había logrado salir airoso de la situación. Que alguien tan tímido como ella trajese a colación su gusto por la literatura erótica le puso los pelos de punta y volvió a avergonzarse.

-No creo que sea buena idea que…

-De-Debería empezar a considerar otras opciones –insistió ella, cortándolo.

Hinata no supo ni sabría jamás de dónde sacó el valor para tomar al toro por los cuernos, pero conociendo al ninja y sabiendo algo del tema no pudo permitirse continuar como si nada. Además, sentía la necesidad se retribuirle de alguna manera su amable compañía de los últimos días, por no hablar de la obligación moral de encaminarlo un poco en sus curiosas costumbres.

-¿Segura que quieres hablar de esto? –indagó Kakashi, incrédulo todavía.

-La lectura es un ejercicio muy sano, pe-pero no cualquier lectura –señaló la kunoichi a modo de respuesta. Percibía la incredulidad de su interlocutor, pero no se echaría atrás.

-¿Y qué me sugieres? –replicó él, optando por apelar a la naturalidad. En definitiva se trataba de personas adultas y al parecer la joven tenía agallas.

Hinata lo pensó durante algunos instantes.

-Poesía –determinó.

Kakashi negó con la cabeza.

-Lo intenté, pero no funcionó.

-Novelas históricas.

-Demasiado extensas.

-Novelas de ciencia ficción.

-Muy filosóficas.

-Novelas policiales.

-Repetitivas.

-Drama teatral.

-Tengo demasiado de eso en mi vida, Hinata.

Ella suspiró con cierto desaliento. Siguió meditándolo con detenimiento barajando otras posibles opciones, convencida de que tenía que hacer algo para corregir ese limitado e insustancial gusto literario. Una cosa era leer de vez en cuando con el único fin de entretenerse, para lo cual cualquier tipo de género podía resultar, pero otra cosa era convertirlo en un verdadero pasatiempo. A veces había que nutrirse también con material diverso e intelectual.

A Kakashi, después de un rato, le divirtió que ella quisiera enmendar ese defecto tan arraigado. Lejos de sublevarlo, que ella intentase convencerlo de modificar sus hábitos le conmovía, pues de nuevo le demostraba un interés poco común. Además, entendiendo de quién venía, supo apreciar debidamente el esfuerzo.

Si seguía leyendo ese tipo de historias era simplemente porque su pereza le impedía pensar en otras alternativas. Comprar esos libros se había convertido en un hábito producido por la soledad, por lo que nunca se detuvo a considerar si tenía que dejarlo o si podía enriquecerlo con lecturas diferentes. Que Hinata se dispusiese a echar luz sobre esa zona de su personalidad le deparó un íntimo alborozo.

Al verla en el apuro de pensar en otras posibilidades, decidió intervenir.

-Dime qué lees tú –sugirió.

Entonces la joven se entusiasmó de veras. Aun así, tuvo que meditar en la respuesta con mucho cuidado otra vez.

-Bueno… La verdad es que me interesa leer de todo.

-¿Por ejemplo?

-Ahora estoy leyendo una novela policial. –Y recordando la observación de Kakashi sobre el género, se apresuró a agregar-: Pe-Pero no es el típico relato policial clásico, sino que se trata más bien de un thriller.

-Parece interesante.

-Lo es, aunque recién la he empezado a leer –repuso ella-. Como en el presente tenemos tantas misiones, me queda poco tiempo para la lectura.

Kakashi asintió con entendimiento.

-¿Qué más has leído?

-Pues… He leído novelas fantásticas, relatos épicos, algo de poesía, cuentos de misterio…

La enumeración prosiguió, sumando algunos títulos. Kakashi escuchó con verdadero interés y procuró no olvidar ninguna de sus recomendaciones.

¿Qué hacían allí sentados hablando de literatura? ¿Por qué se conformaron con eso? ¿Por qué no aprovecharon el tiempo para prepararse para la nueva misión? Ninguno de esos interrogantes asomó jamás entre sus pensamientos. Cuando empiezan las preguntas, empiezan los escrúpulos.

A esas alturas, Kakashi ya había detectado la raíz del problema: se sentía insatisfecho. Había una parte de su vida que no podía llenarse con trabajo o con méritos, ni siquiera con el reconocimiento que aquéllos le habían deparado. Había una zona de su ser que permanecía deshabitada, relegada, y alguien sin querer y en el momento menos esperado había puesto un pie allí haciéndoselo notar. Ahora el ninja necesitaba levantar las vallas, necesitaba tapar el hueco.

Podría hacer un esfuerzo para evitarlo o para reprimirlo, incluso para arrancarlo de sí, pero no quería. ¿Para qué? Tenía edad suficiente para comprender que ese tipo de influencias se amarran al alma a pesar de cualquier intento de rechazo, entonces simplemente aceptó su incipiente amor por Hinata como había aprendido a aceptar el aire y respirar. Tampoco le hizo falta conocer si era correspondido, le alcanzaba con haber visto esa variación dentro de sí, descubrir que ese viraje era posible hasta para un sujeto como él.

A pesar de la insensatez que suponía hacerlo, decidió preservarlo y dejarlo crecer, se permitiría experimentar esa clase de dolor. Él, que podía jactarse de ser un referente, aprendería por fin lo que era pensar en alguien particular, esperar su anhelada presencia, percibirlo de lejos y compartir momentos aunque fuese completamente absurdo y nada pudiera pretenderse para después.

-Los leeré con gusto –terminó por decir, sonriendo con simpatía.

Hinata se sintió halagada.

-Puedo prestárselos si quiere.

-No te preocupes, los compraré en cuanto pueda.

La joven apenas podía creer en el éxito de su intervención.

-Por favor, Kakashi-sensei, no se sienta o-obligado...

-Nunca leo por obligación –la tranquilizó él-, sino por hallar algún deleite. Dicen que la lectura es una de las formas de la felicidad.

Hinata no pudo menos que concordar con esa idea. Muy pocas personas leían en su familia, por lo que solía ser otra de las actividades que efectuaba en solitario. Haber encontrado a alguien con quien hablar de libros la llenó de ilusión. Y de repente, gracias a Kakashi otra vez, tuvo un nuevo motivo para sonreír.

-Estoy se-segura de que los disfrutará. Después de que los lea, podremos hablar sobre ellos –agregó entusiasmándose con la idea.

A él le agradó la propuesta e interiormente se esperanzó con ese posible futuro. Que surgieran más excusas para reunirlos aunque sea en una simple conversación le generaba una nueva clase de expectativa, parte de los sentimientos que transitaba por primera vez.

Se sintió afortunado de poder contar con ella para trazar un posible devenir, ya que a él le tocaba disfrutar de su compañía sin hacer planes al respecto. De todos modos también se sintió un poco culpable, empezó a preguntarse si no tendría que motivarla a buscar esas coincidencias entre algunos de sus amigos más cercanos y no en él.

-De acuerdo –concedió.

A fin de cuentas, seguramente sus intenciones se convertirían en formalidades. Más tarde o más temprano ella procuraría pasar su tiempo entre sus compañeros de siempre y no junto a un jounin de más edad que había sido su profesor. Ni siquiera podía dejar de llamarlo "sensei".

En definitiva Kakashi discernía entre sus sentimientos y comprendía la importancia que la joven había adquirido. Cuando había desechado para siempre cualquier posibilidad de cambio, allí se le aparecía esa clase de afecto, modificándolo todo dentro de sí. Quién sabe si le hubiese sucedido de haberlo buscado con deliberación.

Pero así como leía en su interior, también leía en la realidad. La relación que tenían de siempre distaba años luz de sus actuales emociones, por lo que jamás se permitiría ilusionarse con algo más que esos breves intercambios. Podía condescender a experimentar lo irremediable, incluso a ver en esa novedad un síntoma que le obligaba a replantearse ciertos aspectos de su vida, pero nunca se abriría de tal modo que Hinata pudiese sentirse importunada o que lo expusiera a él mismo al ridículo o la censura.

Lo sobrellevaría en secreto, al fin comprendería los desasosiegos de un amor unilateral.

¿Así era la tristeza que callaste todos estos años, Hinata?

Permanecieron sentados de cara al sol durante algunos instantes más hablando de todo un poco y comentando sus experiencias de lectura. También hablaron de las misiones solidarias que habían realizado hasta el momento y del éxito de Naruto al proponerlas. Por último, consideraron que ya era tiempo de alistarse para el nuevo trabajo que tenían por delante.

Descendieron de la colina cuando el sol comenzó a declinar. En determinado punto se separaron, Kakashi para discutir los detalles con Naruto y Hinata para buscar al resto de los integrantes del equipo. Nada mejor que un poco de cotidianidad y actividad para darse un respiro después de tantas revelaciones.

En el trayecto, Hinata notó que su corazón se sentía más colmado que de costumbre. De repente se descubrió alborozada, entusiasmada, como si fuera a acontecer algo mucho más maravilloso y definitivo que escoltar a un simple comerciante en un viaje de negocios. Fue incapaz de establecer cuándo y por qué motivo esa inusitada algarabía se había desencadenado en su interior, pero supo aceptarla con agradecimiento.

Después consideró atribuirlo a las actividades que venía realizando. Ingenuamente, quizá, desechó otras posibilidades. A sus veinte años podía haber crecido y madurado en muchos aspectos, pero eso no significaba que pudiese ser conciente de cada emoción que se suscite ni de cada estímulo que las origine. Para eso, tal vez, necesitaba atravesar todavía por determinadas experiencias.

Al final se conformó con la explicación más sencilla y cercana. Si la dulzura de Kakashi se le quedó en la retina más tiempo de lo normal, si su corazón se había acelerado con una palabra o si su alma se había sentido fortalecida con alguna afinidad, nada de eso modificó significativamente sus convicciones. Para ella estaba más que claro que se trataba de la familiaridad que habían desarrollado a lo largo de los últimos días.

Incluso se rió de sí misma cuando, por un instante, le envidió a Naruto la fortuna de haber sido entrenado por él. ¡Envidiar a Naruto! ¡Como si pudiese guardar un sentimiento así por alguien, mucho menos por el chico del que había estado tan enamorada! Además eso no significaba nada, porque en el presente podía agradecer que Kakashi contase con ella.