El fantasma del Apocalipsis
Capítulo 3:
"Cuando una búsqueda comienza"


—Ella no quiere contactarse de nuevo con los niños —anunció una voz, casi temerosa. La figura se encogió en su lugar, temiendo represalias por las malas noticias que llevaba. El silencio le dio ánimos para continuar—. Parece que aun insiste en seguir en silencio. No hemos logrado que hable. Seraphimon tampoco ha dicho mucho y no hemos hallado a Cherubimon en este castillo ni dentro de este mundo. Al parecer, se ha marchado junto con los demás Trailmon.

—Sigan intentando —fue la orden que recibió como respuesta y se estremeció involuntariamente—. Quiero saber donde están esos niños, los que trabajaron en este mundo. No quiero arriesgarme a que los Elegidos se contacten con ellos…

—¿Quiénes son esos Elegidos? Los has nombrado varias veces —preguntó la primera voz, aun con inseguridad. No recibió respuesta alguna e insistió—, ¿podrían ayudar a los guerreros legendarios?

—No a salvar este mundo, por supuesto, pero si a los demás —rió la segunda voz, contemplando el exterior del castillo, el continente de las tinieblas— Aun tenemos mucho que hacer si queremos vengarnos...—su voz se apagó ligeramente— Sin embargo, ¿qué hay de la Ciudad del Inicio? ¿Los Digihuevos siguen allí?

—No, se los han llevado, maestro—intervino un tercero.

—No me sorprende —musitó la otra voz, con cansancio—... Ofanimon nunca ha dejado de ser precavida. Ella vela por el amor de este mundo y nunca olvida sus deberes… Por eso protege tanto a esos chiquillos.

—Los Trailmon pueden quedarse entre las dimensiones y todos los digimon pueden volver a nacer si sus datos son enviados con la guardiana de la Ciudad... Así se salvarían la información de este lugar. No tenemos como hallarlos si están escondidos.

Al notar el silencio, su compañero volvió a tomar la palabra—Pero, maestro, ¿qué haremos si ellos no dicen nada de los guerreros que buscamos? ¿Cómo los buscaremos?

—Habrá que ir a su mundo, sino los encontramos antes —hubo una pausa y una risa inundó el lugar— Sin embargo, antes de actuar habrá que destruir el resplandor que brilla entre tinieblas.

—¿El resplandor? —repitieron sus compañeros, al unísono.

—Yo puedo sentir su luz repugnante desde aquí. No está muy lejos porque siempre la siento cerca. Sigue brillando aun ahora y brillará mientras la sombra consiga soportarla... Pero sabe que vamos a buscarla.

(***)

Había ido hacia el lugar señalado y definitivamente no esperaba ver lo que sus ojos hallaron.

Los homeostasis le habían indicado que el visitante buscaba a las Bestias Sagradas, digimon de mitos, aquellas criaturas milenarias encargadas de la protección de su mundo… pero, aun así, decidió que necesitaba un poco de tiempo antes de poder reunirse con ellas. Un poco de información sobre los recién llegados, podría decir.

Primero que nada y antes que todo lo demás, debía asegurarse de que no exponía innecesariamente al Mundo Digital.

Ebonwumon, Zhuqiaomon, Qinglongmon y Baihumon no solían abandonar sus dominios salvo en casos de extrema necesidad. Sabía que algo importante había impulsado a sus visitantes, pero no podía permitirse el lujo de confiar ciegamente en unos desconocidos.

Desde que habían sido liberadas, sólo Qinglongmon se había mostrado en más de una oportunidad y solamente cuando se vio en la obligación de socorrer a los niños elegidos. Nunca iba a olvidar, por supuesto, que él había sembrado las semillas de la esperanza; que dieron vida nuevamente a las Piedras Sagradas.

En cuanto a Fanglongmon, la quinta bestia, la supervisora, era improbable que pudiese contactarse con él. Estaba confinada al centro del Mundo Digital y se encargaba de mantener el equilibrio en toda su extensión. Alimentaba con su poder el ciclo de la luz y la sombra que regía ese sitio y su presencia en la superficie podría ser dañina para el bienestar general.

Dudaba que alguien expusiera a su mundo de tal manera.

Gennai jamás se había podido comunicar con Fanglongmon pero tenía conciencia de que si lo hacían las otras cuatro. Suponía que era normal, ya que todas estaban subordinadas a ella.

—Es aquí —aseguró. Lo primero que distinguió fue a una criatura color vino con cuatro ojos amarillos y unos inmensos dientes blancos.

No sabía que era exactamente. Tampoco que fuese amistoso.

Estuvo seguro de que, hiciese lo que hiciese, no debería ponerse en contra de esa cosa.

Al final, Worm —la criatura dijo que ese era su nombre y que era un Trailmon— no había sido un problema. Cuando lo detectó, simplemente quiso asegurarse de que estaba en el lugar correcto.

—Depende del lugar al que quieras llegar —afirmó Gennai, examinándolo.

Worm pareció irritado y explicó que su misión era llegar a un mundo donde existieran cuatro dioses que protegiesen los puntos cardinales. Su único pasajero tenía que hablar con las Bestias Sagradas.

—¿Es aquí? —cuestionó, con impaciencia. Se refería al hogar de los milenarios digimon que buscaba.

No vio nada de malo en comunicarle la verdad. —Sí, aquí es.

El Trailmon pareció relajarse por completo, luego de eso, y soltó un suspiro agotado. No dijo más y Gennai le preguntó si necesitaba algo aparte de contactarse con los digimon milenarios.

La respuesta fue inesperada. —Salven a mi mundo.

Era una petición difícil de resolver pero los ojos orgullosos habían adoptado un cariz que podía ser de súplica. Prefirió no replicar ante tal pedido y las compuertas laterales se abrieron cuando se acercó un poco más.

Las sombras se corrieron cuando las compuertas dejaron ingresar la luz del sol.

No supo lo que esperaba hallar pero, sin dudas, un digimon era la última idea que cruzó su mente.

No fue difícil distinguirlo cuando el vagón quedó completamente iluminado. Estaba en el suelo, aparentemente inconciente. Los homeostasis no pensaban que ese digimon podía ser un enemigo o, de lo contrario, lo habrían puesto sobre aviso, le habrían advertido.

Era pequeño y de color marrón, aunque las orejas enormes en comparación con su cuerpo resultaban graciosas. Lucía indefenso.

Sin embargo, había aprendido a no confiar, del todo, en las primeras impresiones. Incluso con ello, Gennai se recordó que debería ser precavido. No quería recibir ningún ataque.

No obstante, su deber era cuidarlo hasta saber que es lo que buscaba en su mundo.

Gennai avanzó un par de pasos, sigiloso y, cuidadosamente, examinó al ser digital. Parecía estar bien, pero las heridas que marcaban su piel tardarían en sanar.

Lo vio removerse cuando se inclinó para levantarlo. —Tranquilo —susurró Gennai, manteniéndolo en su lugar con sus manos. El digimon se removió un poco más y entre abrió los ojos, con dificultad— Estás a salvo.

—D-debo ir… —articuló, debatiéndose inútilmente contra su benevolente captor— Con las Bestias S-sagradas

Chist. Te llevaré cuando sanen tus heridas.

El recién llegado se agitó con más decisión y soltó un quejido, antes quedarse quieto— N-no hay —cerró los ojos, agotado—… tiempo.

No estaba seguro de porque todo resultaba tan inquietante.

Sus palabras importaban, sí, pero lo primero era asegurarse de curarlo. Después de todo, no podía correr riesgos.

Había olvidado que tenía compañía cuando regresó a su casa.

Viajar en Trailmon no era nada particularmente sorprendente, aunque resultó un trayecto muy corto como para asegurar que era agradable. Hubiese querido dar un paseo más largo.

Los elegidos habían enviado a los digimon al Mundo Digital ese mismo día, más temprano a sus compañeros digitales.

Por eso, doce impacientes y curiosas criaturas virtuales esperaban su regreso. Como solían estar más tiempo con los humanos, había perdido la costumbre de estar en su presencia. Aunque eso no dejaba de ser agradable. Era un grato y bienvenido cambio el tener compañía.

—¿Quién es él? —quiso saber Patamon, cuando Gennai ingresó a su casa.

Llevaba al nuevo inquilino entre sus brazos, procurando que no despertase.

Necesitaba dormir, así que lo dejó en un improvisado colchón. Le haría las preguntas necesarias cuando recuperara la conciencia, porque se encontraría más fuerte.

—Este es nuestro visitante.

—Luce como un Lopmon —comentó Agumon, al ver la figura del digimon que descansaba en la cama.

—Es un Lopmon, tonto —le dijo Piyomon, antes de dirigirse hacia donde estaba el digimon inconciente. Frunció el ceño—. Está herido.

—Yo esperaba que fuera otra cosa —se explicó el compañero de Taichi.

—No, no es comida —rió Gabumon.

Gennai asintió a la compañera de Sora. —Worm dijo que los atacaron antes de poder salir de su mundo, pero tenía órdenes de llegar hasta aquí.

¿Quién le había dado las órdenes? Eso era parte de lo que tenían que averiguar. ¿De que mundo venían? ¿Por qué necesitaban a las Bestias Sagradas? ¿De qué querían ser salvados? Y, lo más inquietante, ¿ellos también estaban amenazados por ese peligro?

—¿Esa cosa se llama Worm? —dudó V-mon, extrañado.

Sus ojos se movieron hacia la ventana entreabierta, desde la cual se veía la silueta de su segundo visitante. Once digimon imitaron sus movimientos, con curiosidad.

—¿y qué es exactamente? —quiso saber Tentomon

—Luce como un tren —acotó Armadimon

—Eso es un Trailmon —les explicó a los curiosos digimon de los elegidos— Ustedes jamás han coincidido con uno de su especie, pero debo decirles que son muy útiles ya que pueden atravesar las fronteras que separan los mundos. En particular, ese llama Worm.

—¿No son de nuestro mundo? —cuestionó Tailmon, ligeramente sorprendida.

No, ni él ni su compañero. Worm me ha dicho que provienen de otro lugar. No habla mucho y dice más bien poco —comentó Gennai y miró a Lopmon— Tendremos que esperar a que sanen sus heridas y despierte.

—¿Por qué han venido hasta nosotros? —dudó Hawkmon, con inquietud— Si nunca antes habían aparecido, ¿Por qué, ahora?

—Debe de haberle ocurrido algo muy triste —suspiró Palmon, dulcemente— Él ha estado llorando.

—Por el momento, no podemos saberlo.

(***)

—Yo sólo espero que no sea nada grave —comentó Sora, contemplando a su alrededor— El Mundo Digital se ve bien, de todas maneras. Quizás sea algo relacionado con lo del noticiario, ¿no creen?

—¡Oh, sí! —aseveró Mimi, recuperando una postura alegre— Seguro nuestros amigos le contaron del noticiario que salieron el papá de Sora y la madre de Takeru.

Koushiro rememoró el mensaje de Gennai.

No, no debía ser algo tan banal como eso. No lo creía. Había un apremio desconocido en las palabras que no sabía como interpretar. Probablemente lo haría cuando platicase con la base de datos de apariencia humana que había sido su mentor en asuntos sobre el Mundo Digital.

—Estamos por llegar a casa de Gennai —dijo Taichi, señalando una edificación que estaba más adelante— ¿Por qué no le preguntamos a él que es lo que ocurre? No debemos ser impacientes.

Sora sonrió, mientras asentía.

A veces le gustaba comparar al Taichi de sus recuerdos con el del presente.

Se daba cuenta lo mucho que habían cambiado todos. Sus ojos pasearon por sus compañeros. Jou estaba platicando con Mimi unos pasos más atrás y Koushiro sonreía. Era notorio que Tachikawa, con su presencia, era capaz de hacer que las cosas tuvieran aire fresco y nada fuese tan serio. Verla con esos dos juntos, riendo y relajándose, era prueba fehaciente de tal cosa.

Un poco más alejados estaban los más chicos. Daisuke los encabezaba, animado, seguido de cerca por los otros pequeños (nunca podría describirlos de ninguna forma diferente) y Sora reparó en la expresión de Hikari.

—Ella tuvo una pesadilla —le confió Taichi, cuando vio a su acompañante fruncir el ceño.

—¿Qué?

—Hikari —musitó el mayor de los Yagami, explicándose— Tuvo una pesadilla. Por eso está preocupada. No me dijo de qué trataba pero supongo que le preocupa que todo coincida este día.

—¿Cómo sabes que estaba pensando en eso?

Taichi se rió— Porque te conozco, Takenouchi —comentó, divertido.

—Y estás preocupado por ella —continuó la aludida. No era una pregunta, pero la certeza hizo que él también frunciese el ceño.

Su mejor amigo suspiró— A veces me cuesta no saber como ayudarla. Cuando era más pequeña, era más fácil.

Y también lo eran sus problemas, añadió mentalmente el mayor de los hermanos Yagami.

—Ella recurrirá a ti si lo necesita, y lo sabes. Pero no puedes protegerla para siempre, Taichi —susurró ella, sonriéndole.

Él frunció el ceño— Lo sé. Aunque nunca va a dejar de ser mi hermanita.

—¿Creen que algo malo este sucediendo, muchachos? —dudó Jou, acomodándose la gafas. Parecían haber olvidado la tranquilidad que se había sembrado entre ellos— Gennai no nos había llamado nunca al Mundo Digital desde que…

—Tienes razón —concordó Koushiro y miró la espalda de Taichi, que era quién encabezaba la comitiva. El otrora elegido del valor le había dicho una sabias palabras: aun no había nada de que preocuparse— Pero no hagamos suposiciones antes de tiempo

Eso pareció tranquilizar a Mimi y a Jou, que caminaban a su lado. Como si porque él dijese esas cosas resultaran más verdaderas. Era extraño, de alguna forma.

—¡Hemos vencido a todos nuestros enemigos en el pasado! —se animó Daisuke, que caminaba junto a Ken y a Iori. Los más grandes sonrieron al escuchar su voz— No debe ser nada que no podamos manejar.

Envidio tu entusiasmo, Daisuke —murmuró el pequeño Iori

—¡Vamos, chicos! —les dijo el joven Motomiya a sus compañeros, reparando en las expresiones de sus amigos más cercanos— Escucharon a Taichi-san, no debemos pensar en lo peor ¿verdad, Ken?

—Eh… —musitó Ichijouji, distraído. No había escuchado las palabras anteriores a las de su compañero de la Digievolución DNA.

—No es eso, Daisuke —discutió Miyako, adelantándose unos pasos hasta llegar junto con sus amigos— ¿no lo has notado, verdad? —cuestionó Inoue como regañándolo.

—¿Notar, qué? —dudó el aludido

Miyako negó con la cabeza, ligeramente exasperada— ¿Cómo puedes ser tan ciego?

—¡Oye! —protestó Motomiya.

—Miyako se refiere a sino has notado que Takeru e Hikari están actuando raro —confió Iori, con voz queda y le dirigió una mirada de soslayo a los dos chicos que caminaban detrás de ellos— Desde que nos reunimos.

El hermano de Jun abrió los ojos como platos, repentinamente. Su mirada cobriza viajó hasta toparse con los portadores de la luz y la esperanza.

—Están en silencio —susurró, como si aquello fuese lo más extraño— Siempre que los he visto juntos están felices.

Miyako suspiró y le dio un codazo en el estómago— ¿Quieres ser más evidente?

—¿Por qué se te ha dado por hacer eso? —se quejó Daisuke— ¡Deja de golpearme!

—Te lo mereces —indicó ella y, entonces, escucharon un grito.

Los cuatro levantaron el rostro y distinguieron, a lo lejos, una extraña figura de color bordo que resaltaba sobre el verde césped.

—¿Era un grito de Mimi? —dudó el compañero de V-mon y se percató de que se habían quedado muy atrás. Ya casi no veían a los mayores. Se apresuró a dar unos cuantos pasos veloces, alertando a los demás —¡Vamos!

(***)

—¡Tiene que haber una manera de que nos lleves, Angler! —aseveró Takuya, con seriedad— No podemos quedarnos aquí, de brazos cruzados. ¡Tienes que llevarnos al Mundo Digital! No tenemos otra forma de llegar.

—Lo siento —replicó el Trailmon, con la misma voz de apatía— Pero no puedo desobedecer a mis señores.

Takuya tuvo deseos de golpearlo. Kouji puso una mano en su hombro, para detenerlo. Cuando sus miradas se encontraron, Minamoto negó con la cabeza.

Parecía que su amigo leía claramente sus intenciones.

—Tiene miedo —le dijo en un susurro.

—Ya lo sé —discutió Kanbara, frunciendo el ceño— Pero

que tienes razón, pero discutirle no hará que cambie de idea —continuó Kouji— ¿Has olvidado el carácter de Worm? Angler no parece diferente.

Pensó en la vez que Tomoki y sus amigos fueron secuestrados.

Era gracioso que pudiera recordar esas cosas tan sencillamente y tuviese problemas para resolver ejercicios de matemática pese a que la explicación había sido más reciente. Sí, recordaba que debieron hacer demasiadas cosas para convencer al otro Trailmon de que los llevase donde estaban los demás. Incluso debieron correr para alcanzarlo.

No, no eran fáciles de convencer. Pero seguía queriendo golpearlo. ¿Acaso no entendía que ellos debían ir al Mundo Digital? Desobedecer a los Tres Ángeles resultaba incluso necesario bajo su punto de vista.

—¿Y puedes llevarnos a ese otro mundo? —quiso saber Junpei, con intriga. Los dos jóvenes contemplaron a Shibayama con sorpresa al ver que él seguía conversando con el Trailmon— Al que enviaron a Worm, el de las Bestias Sagradas.

Angler, esta vez, pareció meditar al respecto —Sí, podría.

—¿Lo harías?

La respuesta tardía no los decepcionó —Sí.

—¿En serio? —dudó Tomoki, súbitamente esperanzado— ¿Y allí encontraremos la forma de llegar a nuestro Mundo Digital?

Esta vez, el Trailmon no tenía una respuesta concreta. —Ofanimon-sama quería hablar con ustedes —explicó Angler, pero sus ojos parecían perdidos— Ella dijo que los contactaría. Ella les explicaría.

—Lo hizo —aseguró Izumi— Pero la conversación se cortó. No podemos hablar con ella, ya que no nos responde. ¿Puedes contarnos por qué te ordenaron venir aquí?

—Atacaron el castillo —continuó Angler, con parsimonia— Había una reunión y ellos llegaron de improviso. Yo había llevado a Seraphimon-sama al lucero de la rosa… Él se sentía muy débil. La luz había perdido poder…

—¿La luz? —repitió Kouji, sintiéndose inquieto de manera instantánea— ¿Wolfmonestá bien?

—Antes dijiste que algunos de los guerreroshabían sido destruidos, Angler. ¿Cuáles? —dudó Takuya, apremiante— ¿Dónde están los demás?

—No lo sé. Yo debía venir a buscarlos para llevarlos al Mundo Digital pero las órdenes cambiaron a mitad de camino. Nos reagrupamos y nos dijeron que no regresásemos.

Debía ser grave, se dijo Kouichi mientras examinaba al Trailmon con detenimiento. Tenía algunas abolladuras y golpes. ¿Habría sido atacado? Pensó que sería prudente convencerlo de que debía hablarles más sobre lo que pasaba en el Mundo Digital.

La palabra Apocalipsis no dejaba de darle vueltas entre sus pensamientos. Como una melodía conocida que acude en el momento menos pensado.

—¡Tienes que ayudarnos, Angler! —insistió Tomoki, juntando sus manos delante del rostro, con expresión de suplica— ¡Por favor! ¡Por favor!

—No puedo —volvió a decir el Trailmon, apenado esta vez— Porque ustedes correrán peligro si los llevo —se estremeció visiblemente y los niños se miraron unos a otros— Es peligroso para nosotros y para los humanos. Si regreso, ellos pueden venir aquí.

Una chispa de entendimiento centelló en la mente de los chicos. Los Trailmon conectaban mundos. Eso quería decir Angler, como todos los Trailmon, había sido sacado del Mundo Digital para evitar que los Digimon se movieran hacia el Mundo Real.

—¿Quién está detrás de todo esto? —inquirió Izumi— ¿Tú sabes?

—Eso no importa en este momento —interrumpió Takuya y frunció el ceño— No podemos ir a nuestro Mundo Digital, no podemos contactarnos con Ofanimon, no podemos buscar los DigiSpirits si nos quedamos aquí discutiendo que es lo que ocurre. ¿Qué sentido tendría saber quién es el enemigo? Tenemos que ponernos en acción.

—¿Y que planeas? —quiso saber Junpei

—Iremos a ese mundo, donde están las Bestias Sagradas o lo que sea —aseveró, con seguridad— Si los Tres Ángeles quería llegar hasta ellas, entonces nosotros debemos ir. No nos quedaremos al margen.

Contempló los cinco rostros que lo acompañaban y vio sus sonrisas llenas de confianza.

—¿Debemos llamar a nuestras casas? —inquirió Tomoki, confundido

—No, eso haría que se preocupen demasiado. Tenemos que hacer esto como la vez anterior, sin que nadie sepa de que nos marchamos —aseveró el joven Kanbara— Angler, por favor, llévanos a ese mundo donde habitan las Bestias Sagradas.

Kouji frunció el ceño pero no discutió. No estaba seguro de si ese era un buen plan pero tampoco podía decir que estaba en contra. Takuya tenía razón. Necesitaban ponerse en acción.

Además, Wolfmon

El abrupto despertar de esa mañana acudió a su memoria. ¿Acaso había estado soñando con el guerrero de la luz?

(***)

—¿Qué es esa cosa? —cuestionó Iori, deteniéndose detrás del grupo de jóvenes más grandes— Parece

—¿Un gusano gigante? —dudó Tachikawa, frunciendo la nariz. Esa era la primera impresión que había recibido— Con vagones.

—Más bien, yo diría que es un tren —rió el compañero de Tentomon, adelantándose un par de pasos hasta rodear por completo a la criatura— Un tren muy extraño

—Mi nombre es Worm —anunció una voz orgullosa desde algún lugar.

—¿E-está hablando? —quiso saber Miyako, después de un breve silencio.

—¿Eres un digimon? —cuestionó el pelirrojo, contemplándolo con atención.

—Soy un Trailmon —prosiguió la misma voz, con un deje de superioridad. Los elegidos recibieron una mirada de cuatro ojos amarillos— Y ustedes no son los guerreros legendarios.

—¿Quiénes? —cuestionó Jou, aturdido. Una parte de él se sentía extraño por hablar con un tren que parecía un gusano.

—Nosotros somos los niños elegidos —replicó Daisuke, enérgico— ¿quiénes son esos guerreros?

—¡Daisuke! —chilló una voz familiar. Motomiya fue capaz de ver una figura de color azul que se acercaba hacia él a toda velocidad, seguido por otras tantas criaturas conocidas.

—¡Hey, V-mon! —saludó, sonriente— Espero que no me hayas echado de menos

—¡Ken! —saltó Wormmon— Me alegra verte, otra vez.

—Sólo han pasado un par de horas —musitó el joven Ichijouji, recibiendo a su compañero entre sus brazos. Sin embargo, sus labios se curvaron en una sonrisa.

—Wormmon es muy sentimental —comentó Gomamon, riendo y trepándose a los brazos de su amigo— ¡Hey, Jou! ¿Te divertiste sin mí?

—Y sólo Wormmon es el sentimental, ¿no es cierto? —afirmó Kido, sonriendo— ¿Qué es lo que ha sucedido, muchachos?

—No estamos seguros —habló Gabumon, y sus ojos se entristecieron al notar quién estaba ausente— Gennai no nos ha dicho demasiado a nosotros.

—Si esto es muy urgente, lo llamaremos —prometió Taichi al reparar en la mirada del compañero de Ishida— Pero hasta no saber que sucede, Yama tenía otros compromisos previos.

Agumon le sonrió a su amigo digital antes de volverse hacia su compañero humano.—Gennai está adentro, Taichi.

—¿Dónde están Patamon y Tailmon? —dudó Takeru, dando un paso al frente.

Iori ladeó el rostro buscando al compañero de Takaishi, pero Armadimon le comentó que no se preocupara.

—Ellos están adentro —comentó Palmon, que salía recién del interior de la casa. Corrió hacia su compañera y le tomó la mano para llevarla hacia el interior— ¡No se queden afuera!

—Vamos, Sora —le instó Piyomon— Tienen que ver lo que trajo Gennai

—¿Lo que trajo?

—¡Ven! —insistió el digimon color rosado a su mejor amiga— Vengan todos. Deben conocerlo.

—¿A quién? —quiso saber Motomiya, siguiendo a su compañero hacia el interior de la morada.

(***)

Lopmon abrió los ojos, con lentitud. Nunca había pensado que un descanso podía resultar tan agotador.

En realidad, parecía haber tenido el efecto contrario al deseado, al que debería tener. Parpadeó, sin poder reconocer el lugar en el que se encontraba. Sí… Sólo necesitaba dormir más, hasta que la realidad se volviese sueño y despertase de la pesadilla.

Unos ojos azules lo recibieron de forma inmediata, cuando volvió a enfocarse en el exterior— Hmm… ¡Hola!

Quiso llorar. —¿Patamon? —susurró, con un hilo de voz.

—¿Nos conocemos?

Los ojos se le llenaron de lágrimas cuando notó la ausencia de la banda rosada en el vientre de su interlocutor. No, era imposible que fuera el mismo.

Y la realidad regresó a su conciencia dolorosamente.

—Tú no eres él —murmuró, entristecido. Incómodo, trató de sentarse sobre la superficie acolchonada donde se encontraba.

—¿Ah? —dudó Patamon, contemplándolo con curiosidad.

Lopmon suspiró y su semblante se ensombreció— Necesito hablar con las cuatro direcciones que resguardan este Mundo Digital. He venido a advertirles.

—Veo que estás despierto —dijo otra voz.

El aludido se giró hacia la puerta. Era una gata blanca con unos impresionantes ojos azules. Lopmon se estremeció al reconocer a Tailmon. Podía jurar que esa mirada era digna de una digimon sagrada.

Su amiga Plotmon

Estaba seguro que no iba a poder contener el llanto demasiado tiempo si continuaba pensando así. Intentó serenarse. Tenía cosas que hacer, más importantes que lamentarse.

—Sí —replicó, con voz queda— Necesito hablar con quiénes custodian este lugar. Las Bestias Sagradas. No tengo mucho tiempo —soltó el aire que estaba sosteniendo— Puede que sea demasiado tarde.

Sus dos acompañantes intercambiaron una mirada. —¿A qué te refieres? —quiso saber Patamon.

—¡Hey! —Una figura de color rojo irrumpió en la conversación. Hawkmon reparó en que su huésped estaba despierto, por lo que vaciló antes de añadir:— Nuestros amigos están aquí.

—Dile a Gennai que nuestro visitante está despierto, también —ordenó la felina— Estamos muy interesados en lo que tienes que decir.

(***)

Viajar en tren no era tan cómodo como ese medio de transporte, aunque debía ser por la diferencia de personas. Mientras que en el metro solía haber demasiada gente trasladándose, en ese Trailmon eran ellos seis los únicos que estaban presentes.

No les había costado demasiado convencer a Angler que los llevase pero se vio incapaz de decirles más de lo que ocurría. Lo único que ellos podían asegurar era que todo estaba fuera de control en ese sitio. El hecho de que Ofanimon no hubiese vuelto a contactarlos, que ni Seraphimon ni Cherubimon hayan establecido una conexión con ellos era preocupante.

Se apoyó en el barandal, contemplando el andén que desaparecía tras su avance.

—¿No vas a decirme que sucede, verdad? —cuestionó Izumi, de manera imprevista.

Kouichi la miró sorprendido, provocando que su compañera riese. Se había acercado hacia él con intenciones de asustarlo y, aunque no había conseguido el efecto deseado, tuvo que reír de su expresión asombrada.

Caminó hasta quedar a su lado y sus brazos se afirmaron de la puerta que conectaba ese pequeño lugar con el vagón.

—Puede que seas un buen mentiroso cuando quieres serlo pero si estás distraído no tienes remedio —comentó, humildemente.

Las risas de los otro cuatro ocupantes se escuchaban de fondo.

Izumi ladeó el rostro hacia el interior, como para asegurarse de que sus otros compañeros seguían allí y luego se volvió hacia Kimura.

—¿Y bien?

—No es nada importante —musitó él.

La estación de Shibuya se perdía en la lejanía.

—Pero… —continuó ella, invitándolo a continuar.

—Tuve un sueño extraño anoche y —soltó un suspiro, contemplando las tres figuras que caminaban delante de ellos—… Todo ha coincidido. La llamada, el noticiario… Este viaje repentino.

—¿Un presentimiento, tal vez?

—No lo sé. Es sólo… Me inquieta.

—No te preocupes, ¿está bien? —pidió ella, tras meditarlo unos segundos— Tenemos muchas cosas que pensar, así que quiero que te concentres en esto. Deja de preocuparte innecesariamente, ¿de acuerdo? Si vuelves a tener pesadillas o algo, sólo dime.

El mayor de los gemelos caviló un instante al respecto, antes de asentir— De acuerdo —sonrió— Ahora me siento mejor.

—Eso es porque no siempre es necesario que cargues con todo tu solo —le dijo ella, como un suave reto. Parecía ser una madre que regaña a su pequeño— No te olvides que tienes a tus amigos para que te ayuden cuando lo necesites. Y también a Kouji. No importa si crees que no es importante. A mí me importa.

Kouichi sonrió, agradecido.

Siempre había sido una persona más bien solitaria. No es que le desagradase estar en compañía, ya que le gustaba llevarse bien con sus compañeros de escuela y con las personas, en general.

Su abuela decía que el problema era que le costaba confiar, confiar de verdad, en las personas. Probablemente, como en tantas cosas, ella tenía razón.

Cuando conoció a sus amigos más cercanos, Takuya, Izumi, Junpei y Tomoki, no había sido en las mejores condiciones. De hecho, cuando se había dado a conocer como el hermano de Kouji, su mayor deseo habría sido que lo tragase la tierra y que todos olvidasen su existencia. Habría sido todo más sencillo.

Sin embargo, las cosas lo habían llevado a quedarse con ellos.

Quería conocer a su hermano, por supuesto, y había sido tan difícil derribar ese muro de hielo que ellos habían creado que muchas veces llegó a sentir que no tenía nada que hacer. Tampoco podía recurrir a los demás. No tenía la valentía para pedirles algo después de haber querido… hacerles daño. Takuya, Junpei, Tomoki y Kouji mantuvieron sus distancias en el primer momento, pero Kouichi no los culpaba: él mantuvo la suya.

Había sido Izumi la primera persona del grupo que se había acercado a él. Tal vez por eso, porque se acercó para animarlo, ella se había convertido en su más cercana amiga. Patamon también lo había hecho y siempre atesoraría eso.

Habían sido sus primeros amigos después de esa experiencia y era difícil olvidar algo así.

—Gracias, Izumi-chan.

La joven le guiñó un ojo, divertida. Señaló el interior del vagón —Ahora entremos o nuestros amigos pensaran que algo malo sucede.

(***)

—Hola, niños elegidos —saludó una voz al verlos entrar.

La réplica unaníme fue absoluta —Hola, Gennai-san

—No soy Gennai —replicó el hombre, sonriéndoles— Soy Benjamín, una de sus copias.

Daisuke frunció el ceño cuando vio llegar a otras tres figuras iguales. Tendría que decirle al original, cualquiera que sea, que comenzase a usar algo que lo distinguiese. Por mucho que lo intentase, él no lograba distinguir cual era cual.

—¿Por qué tienen que ser tan iguales? —se quejó.

—Porque son copias —explicó el pelirrojo— Y como nacieron desde un mismo punto común, todas son similares.

—Tomen asiento —dijo otra de las copias, o el mismo Gennai, señalándole los sillones— Enseguida terminaremos.

Obedecieron, ya que no tenía sentido que se quedasen en medio del living sin hacer nada.

Por suerte, la casa estaba acondicionada para recibir a tantas personas y pudieron acomodarse sin mayor problema. Los digimon se quedaron con ellos y Takeru enarcó una ceja cuando vio a Patamon salir de una de las habitaciones con una mirada indescifrable.

Hikari se mordió el labio y sus ojos pasearon por la sala, buscando a su compañera.

Sabía que Tailmon estaba por allí, pero quería verla para asegurarse de que estuviese bien. Durante todo el día, había tenido la sensación, un vacío doloroso en su pecho que la angustiaba.

Necesitaba

—Ella está acompañando a alguien —le explicó Patamon, en susurros apenas audibles— No te preocupes.

La menor de los Yagami trató de cambiar su expresión— Gracias —susurró.

Se quedaron en silencio mientras contemplaban a los cuatro hombres discutir. Gennai y sus copias tardaron en ponerse de acuerdo y aunque no tuvieron que decirles de que hablaban, pronto sólo uno de todos ellos se quedó en la sala.

Parecía inquieto pero, cuando se volvió hacia ellos, les sonreía.

—¿Gennai? —dudó Taichi, vacilante.

—Hola Taichi —saludó el aludido—Lamento haberlos echo esperar, pero tenían que comentarme algunos detalles sobre una reunión que tuvieron. Me alegra que hayas avisado a todos tus amigos, Koushiro. Pensé que sería más rápido avisarte a ti que a uno por uno.

—Tuviste la suerte de que estuviésemos juntos —discutió el mayor de los Yagami.

—¿Con quiénes tuvieron una reunión? —cuestionó Koushiro

La sonrisa de Gennai decayó, ligeramente—Con las Bestias Sagradas. Con suerte, la repetiremos.

—¿Con… Las Bestias Sagradas? —repitieron unos cuantos.

—¿Repetirse? —insistió el otrora portador del conocimiento— ¿Por qué?

—Tuvimos una visita inesperada —anunció Gennai— Y antes de decirles cual es el problema, tengo que explicarles algunas cosas.

—¿Qué cosas?

—¿Qué es lo que saben ustedes de mundos paralelos?

(***)

Tomoki Himi suspiró —No entiendo porque Yutaka-niisan siempre se molesta con Takuya

—Yo pensé que ibas a llevarte bien con Shiya —explicó el mayor de los hermanos Kanbara— Pero siempre actúa extraño cuando nos encontramos.

—Y me odia —susurró el menor de los elegidos.

Takuya se rascó la nuca, inquieto.

Kouji rodó los ojos ante la escena pero su mirada se desvió involuntariamente hacia Kouichi. Su hermano estaba platicando de algo con Izumi. Sí, desde el inicio del día su gemelo se había comportado extraño. Iba a tener que platicar con él al respecto. Tal vez, ella también lo había notado.

—Es normal, ¿no creen? —dudó Junpei, mientras se acomodaba sobre uno de los asientos color verde— Ustedes se conocen hace relativamente poco y parecen hermanos. No digo que este mal —avisó, antes de que le discutieran— Pero para él deber ser difícil de aceptarlo. No es igual que lo que ocurrió con Kouji y…

Junpei hizo silencio y siguió el rumbo de la mirada de Minamoto.

—Ellos también se comportan como hermanos —comentó, distraídamente.

Takuya frunció el ceño— Somos todos buenos amigos. Supongo que somos un poco más cercanos por lo que hemos pasado juntos… Nuestros hermanos no saben eso y por eso no comprenden.

—Muchachos —interrumpió Izumi la plática, acercándose a donde ellos estaban— Kouichi me hizo recordar algo. ¿Ustedes han visto las noticias?

Junpei Shibayama se palmeó la frente— . Por eso los había llamado en primer lugar.

—¿Se refieren a Takaishi-san y a Takenouchi-san? —inquirió Tomoki— Papá dijo que no era la primera nota de los digimon. No había escuchado nada sobre ellos hasta hoy.

—Tampoco yo… Me pregunto quiénes son los niños elegidos —reflexionó el mayor de todos, cruzándose de brazos— ¿Se referirán a nosotros?

—No lo creo —comentó Kouichi— Aunque ellos se pusieron nerviosos con la mención.

—Sí —concordó el joven Minamoto— Estoy seguro de que los conocen.

—Dudo que hablen de nosotros —susurró Takuya, al cabo de un minuto— Porque jamás habían hablado de lo ocurrido en nuestras aventuras.

—Yo pensé igual —declaró Izumi, con seriedad— No había ninguna mención a Lucemon…

Tomoki frunció el ceño—¿Ustedes creen que los Tres Ángeles haya llamado a otros niños en este tiempo?

—Es probable, ¿no? —suspiró Junpei— Tal vez pasaron siglos desde que fuimos allí. Nunca comprendí como funciona el tiempo en ese mundo.

—Yo no creo —defendió Takuya— Sino, ¿Por qué nos llamarían ahora?

—Entonces, tenemos que averiguar quiénes son esos elegidos —aseveró Junpei, contento de tener con qué ocupar su mente— Tenemos que saber que está sucediendo con los digimon, por qué se están haciendo conocidos y defender al mundo.

—Sí. Este va a ser un día largo —suspiró Takuya.

Izumi resopló— No es momento para bromas

—Lo sé, pero no podemos pensar en las cosas malas solamente ¿cierto?

—¿Por qué piensan que Ofanimon no nos ha llamado? Ni Seraphimon o Cherubimon—cuestionó la rubia— ¿Creen que ella este bien…?

—Ofanimon es muy fuerte —trató de animarla Takuya— Además ahora que los tres luchan juntos, dudo que algo malo pueda pasarles. Seguramente no quieren comunicarse con nosotros por temor a ponernos en peligro.

—Creo que estás siendo demasiado optimista —indicó Kouji— Algo malo está pasando. Ofanimon siguió contactándose con nosotros aun estando prisionera…

—No sirve de nada que seas tan pesimista —informó Kanbara

—Pero no tiene caso que descartes la posibilidad

Junpei se sonrió— Vaya, extrañaba eso.

—Los chicos no quieren que perdamos la costumbre —comentó Tomoki, riendo.

—No han madurado nada en este tiempo —afirmó Orimoto, cruzándose de brazos— Casi parecen tener once años todavía.

—No descartemos eso —continuó Shibayama— Hay niños que jamás crecen.

Kouichi se rió en voz baja mientras que su hermano y Takuya permanecían totalmente ajenos a la charla de sus amigos. Pese a todos los cambios que habían tenido en sus vidas en los meses anteriores, aun había cosas que perduraban.

(***)

—¿¡Qué!? ¿Hay más de un mundo digital?

La replica fue instantánea y serena. —Así es

—Pero… ¿cómo es posible?

—Verán… No es muy complicado. Los datos han creado muchas realidades paralelas. Ustedes han sido testigos de algunas de ellas, ¿recuerdan?

Hikari no pudo contener un estremecimiento y Ken bajó apenas la cabeza. La mayoría sólo pudo pensar en aquel mundo al que Oikawa, siendo poseído por Vamdemon, los había conducido dos años atrás. Había sido un mundo donde los sueños se volvían reales. Un mundo que no era su Mundo Digital.

Sólo algunos de ellos consideraron el Mar de las Tinieblas.

—¿Todos esos mundo se conectan con el nuestro? —inquirió Koushiro, con curiosidad— ¿Por que nunca nos ha contado sobre ellos?

—No era relevante para ustedes hasta ahora. El mundo de los humanos es el que les dio origen a todos. Es el punto común entre todos los demás.

—¿Cuántos mundos existen? —dudó Jou Kido.

—No podría decirlo. Cinco, diez, miles.

—¡Otro Mundo Digital! —se exaltó Daisuke. V-mon saltó igual que su compañero.

—¿Qué tan diferentes son entre sí? —cuestionó Iori, haciendo honor al motivo de porque había recibido el DigiMental del conocimiento.

—Como tuvieron un mismo origen, todos esos mundos alternativos tienen aspectos básicos similares, regiones parecidas y podría arriesgarme a decir que sus habitantes son los mismos. Su naturaleza, su origen y su historia son los elementos que varían. No hay mundos exactamente iguales.

—¿Hay digimon? —inquirió Miyako.

—Tal vez no en todos, pero estoy seguro de que la forma de vida que domina son los digimon. Recuerden que son mundos compuestos de datos, en general.

—¿Y nosotros podemos llegar a ese mundo?

—Temo que no. La manera de llegar a tantos sitios es muy difícil de controlar. Antes de que los D3 aparecieran, las puertas que interconectaban este Mundo Digital con el Mundo Real no eran especialmente seguras. Además, ustedes sólo han sido invocados a este. No muchos seres pueden moverse por planos alternativos sin sufrir daños —Gennai ladeó el rostro y señaló a Worm, que estaba estacionado fuera de su casa— Los Trailmon son uno de los pocos digimon que pueden hacerlo sin ayuda externa. Intercomunican varios mundos, aunque generalmente se dirigen al mundo humano.

—Si tomamos un Trailmon, podríamos ir hacia allá, ¿no? —quiso asegurarse Miyako.

—Es una posibilidad. No pueden llegar a él mediante los D3 ni otros medios habituales. Sin embargo, Worm se niega a regresar a ese lugar.

—¿Por qué?

—Al parecer, porque hay una guerra...

—Temo que es algo peor que eso —anunció un desconocido. Todos se voltearon hacia quién estaba hablando.

Hikari sonrió al divisar la figura de Tailmon y vio a un digimon que no había visto antes. Había conocido a Terriermon, sí, el compañero de Wallace se le parecía mucho a ese digimon que ahora tenían enfrente. Sin embargo, tenía la seguridad de que diferían en algunos aspectos.

—Niños elegidos, este es nuestro visitante —explicó Gennai, señalando al recién llegado y logrando que todos los mirasen.

—Hola, mi nombre es Lopmon y vengo en representación de los Tres Ángeles del Mundo Digital —anunció, haciendo una pequeña reverencia— Por favor, les suplico que me lleven con las Bestias Sagradas.

(***)


N/A:Quizás sea un poco confuso todavía, y es que los niños aun no se han encontrado entre ellos ni han comenzado sus aventuras. Sin embargo, en los próximos capítulos comenzaran a aclararse algunas cosas. Poco a poco.

Preguntas random que deben tener presente: ¿Dónde están los DigiSpirits? ¿Cuáles sobrevivieron y cuáles fueron destruidos? ¿Quién es el enemigo? ¿Por que conoce a los niños elegidos y a los guerreros legendarios? ¿Qué dirá Lopmon sobre lo ocurrido? ¿Invadirán los digimon el Mundo Real?

¡Hasta la próxima!