Envidia.

Solo. Triste. Abandonado. Repudiado.

Caminando a través de un oscuro bosque, escalando la más escarpada de las montañas, llenándose hasta la boca de fango, semanas sin dormir tranquilo, varios meses sin comer carne que haya tocado el fuego. La mente destruida y el corazón rencoroso, escupe la sangre del último bocado de la pieza que Peludo había traído, ciervo, conejo o humano ¿Qué más daba? No había nadie para regañarle, no había nadie para cuidarle…Ni siquiera su propia madre se había preocupado por él. Robb, Sansa, Arya, Bran, todos estaban por delante de él.

Odio. Rencor. Envidia a sus hermanos, a sus hermanas. Pero ya no hay hermanos que te oculten bajo su sombra ,le dice una voz que no suena demasiado humana, Peludo, ¡Olisquea!, ni rastro de ellos. Una sonrisa para Rickon.

Robb hijo primogénito, Sansa hija diligente y bella, Arya, la niña rebelde, Bran, el niño simpático y agradable, el que estaba tullido y no podía hacer nada, al que deberían haber abandonado en el bosque…Hasta a Bran le querían más, al que más envidia profesaba. ¿Y él? El niño pequeño que tenía que llamar la atención de mil y una maneras para que su padre le hiciera algo de caso, debía correr para engancharse a las faldas de su madre casi suplicando para que ella accediera a cargarlo en sus brazos…Hasta Jon gozaba de un lugar más privilegiado en el corazón de su madre, aunque solo fuera para odiarlo. Solo Peludo, sólo él era el único que no se había apartado de su lado: su padre, su madre, su hermano. La envidia le corroía las venas como un veneno verde.

Coraje. Resentimiento. Envidia hacia aquél niño que tiene una madre que lo cuide. Peludo, susurra, ya no hay madre, ya no hay niño. Solo tiene cinco años, quizás seis y ya sabe más cosas sobre el odio que ningún otro mortal. Peludo, bórrales las sonrisas, ¡Hazles cosquillas! Peludo hace unas cosquillas que no provocan risas…

Nadie había ido a buscarle, ninguno. Sin embargo su madre había corrido para ayudar a Sansa y a Arya. ¿Quién corría ahora por él? Otra vez, Nadie, él debía hacerse el camino sólo, por eso se había deshecho de esa maldita mujer, Osha ya no le servía para nada no necesitaba a nadie que le mandara, y cuando su sangre salvaje tocó la tierra y dio de beber a Peludo, supo que no debería sentir más envidia (de momento), ya no tenía a nadie con quién compararse.

Acarició al lobo negro detrás de las orejas, Peludo gruñó de gusto. No necesitaban la ayuda ni la compañía de otra persona, ya se tenían el uno al otro, y en ocasiones, eran uno solo, sus mentes se fundían cazaban juntos, bebían juntos. Eran capaces de hacer cualquier cosa, Rickon crecería, se haría más fuerte que Robb, más valiente que Jon, más inteligente que Sansa, más intrépido que Arya y Bran, sería él el que le tuviera envidia, porque el pequeño Stark volvería a Invernalia, recuperaría el que fue el terreno de su familia, sin que le hiciera falta una espada en la mano, ahora todos le tendrían envidia a él.

El próximo REY de Invernalia.

Rickon despedazaría a todos los que habían osado apartarlo de su camino, los que habían fingido quererle o los que, a pesar de decir que era solo un niño, lo abandonaron, los cimientos de su poder serían los huesos de los que se creyeron mejor que él y la argamasa, su sangre.

¿Quien se ríe ahora? Peludo...¡Hazles cosquillas!