Capítulo 3: Los primeros incidentes


Después de terminar la secundaria, Zim aceptó trabajar con el profesor Membrana a tiempo completo como su aprendiz. Quince años habían pasado desde que dejó la Tierra siendo seguido por Dib, había cambiado tanto en ese tiempo y nada a la vez.

Zim seguía siendo pequeño, Gaz seguía amando los videojuegos, el profesor Membrana continuaba trabajando en los laboratorios aunque no tanto como antes y nadie sospechaba que Zim era un extraterrestre. Muchos humanos seguían siendo tan estúpidos como de costumbre pero tenían internet y su estupidez dejó de estar en el anonimato.

Zim apareció en las portadas de varias revistas científicas, no como experimento y eso le agradaba, el único inconveniente era su estatura, cada vez que le preguntaban por su tamaño les gritaba y poco le faltaba para convertirlos en cenizas. Creció unos centímetros, no parecía un niño pero seguía siendo demasiado pequeño para ser considerado un adulto.

La primera vez que estuvo en la Tierra odió ese planeta, la segunda intentó conocerlo mejor y algo en él lo conquistó. Estaba triunfando en lo que hacía y eso le gustaba.

Gaz seguía considerándolo su enemigo sin embargo nunca le dijo el motivo de su odio y él nunca quiso preguntarle. Ella era la hermana de su enemigo y la hija del profesor Membrana, nunca consideró necesario relacionarse con ella y tampoco llegó a necesitarlo a pesar de trabajar en el mismo lugar, afortunadamente en diferentes áreas por lo que no necesitaron trabajar juntos.

Si asistió a su boda fue por compromiso, escuchó que no sería humano de su parte faltar y lo último que deseaba era darles razones para sospechar. Todos en el laboratorio asistieron y él no pudo faltar por más que lo deseó. A Gaz no le agradó su presencia y le rompió una de sus antenas, él amaba sus antenas.

Nadie notó cuando se retiró y nadie notó las antenas bajó su peluca. Cuando Gaz lo sacó de la fiesta la mayoría se encontraba bajo un profundo grado de alcohol y los que estaban sobrios ni siquiera le prestaron atención a lo que ocurría a pocos metros de ellos o fuera de la pantalla de su teléfono celular.

Quizás hubiera sido mejor no haber ido. Desde su regreso a la Tierra la hermana de su antiguo rival no dejó de demostrarle el odio que sentía y esa ocasión no fue la excepción.

Si se retiró fue porque deseaba reparar sus antenas cuanto antes, no por miedo. Lo último que deseaba era tener que usar prótesis permanentes. Sería un duro golpe contra su orgullo irken y ciertamente no había nada más delicado que el orgullo de un invasor irken.

Pasó varias semanas antes de que estas regresaran a la normalidad y mientras pasaba eso fingió estar enfermo. Aprovechó el tiempo para limpiar su base, había robado un nuevo desinfectante del laboratorio y deseaba probarlo cuanto antes.

Era efectivo, mejor que los desinfectantes normales por lo que tardó la mitad del tiempo en dejar la base en condiciones que él consideraba aceptables, es decir sin ni un solo germen o bacteria. Algo difícil tomando en cuenta que se vio obligado a poner en cuarentena a Gir quien insistió en llevar todo tipo de animales para jugar, en especial cerdos cubiertos de lodo.

A pesar de que ninguno de los invitados presencio el momento en que sus antenas fueron tratadas de una manera cruel si vieron el momento en que lo sacaron del evento y cuando lo amenazó de muerte.

Ocasionalmente monitoreaba el cielo en busca de alguna amenaza. Usando su computadora pudo mantenerse informado de lo que sucedía en el espacio. Supo que el imperio irken no había logrado sobreponerse de la guerra y estaba fuera de la conquista de planetas, al menos temporalmente.

Durante años el cielo estuvo despejado. Si encontró rastros de vida paranormal pero nada que llamara su atención, la Tierra era un planeta que poco interés causaba en los extraterrestres.

Pasaron los años y casi nada cambiaba. La tecnología continuaba avanzando pero ciertamente los humanos no se hacían más inteligentes. Había visto una película en la que los humanos acabaron con la vida del planeta y se fueron al espacio mientras lograban recuperarlo. Eran obesos hasta el punto de parecer una bola de grasa y dependían de los vehículos en los que se desplazaban. Podía ser una película pero no le parecía que WALL.E estuviera lejos de la realidad.

A pesar de que era algo que le daría risa no deseaba que borraran algo que consideraba como la belleza del planeta y también su motivo para quedarse.

El encontrar los rastros de una nave lo sacó de sus pensamientos. Amigo o enemigo era algo que debía averiguar pues era seguro que la ruta que llevaba era hacia la Tierra.

No le dijo nada a nadie. El recuerdo de lo que le pasó a Dib era algo que no deseaba repetir. Los humanos preferían negar lo desconocido antes que afrontar la realidad y él no deseaba sentar las bases de lo que podría ser el descubrimiento de su identidad. Sobre Gaz, pocas veces coincidían y cuando lo hacían terminaba mal. Todos sabían que nada bueno podía pasar cuando estaban juntos pero a nadie parecía importarle, la gente en la Tierra era estúpida pero él no se había quedado allí por ellos.

No fue ninguna amenaza. Solo era una pareja de extraterrestres que buscaba cumplir el no tan típico sueño terrestre. La Tierra era un planeta olvidado por lo que varios alienígenas buscaban refugio en dicho planeta.

No obstante los monitoreaba con cierta frecuencia. Como defensor de la Tierra auto nombrado debía verificar que todo estuviera bajo control.

Cuando nació el hijo de Gaz el profesor Membrana no le invitó ni lo obligó a ir y él se sintió por ello, estaba cansando de los intentos del científico por hacerlo sentir parte de la familia. Salió temprano pues no quería faltar al nacimiento de su primer nieto. Tenía mucho trabajo pendiente y ciertamente no deseaba estar allí. Gaz no era una niña pero seguía siendo escalofriante y ciertamente sabía cómo causarle dolor y él podría decirlo con absoluta seguridad pues desde su regreso Gaz le habían dejado claro que lo odiaba intensamente.

Él se quedó en el laboratorio monitoreando el espacio. Sabía que el imperio Irken había regresado por lo que debía estar alerta. Al fingir estar muerto era limitada la información que podía conseguir por lo que era poco lo que sabía de la nueva arma que poseían.

Sabía que no debía arriesgarse en vano pues cualquier movimiento fallido implicaría el que descubrieran su posición y aunque los Más Altos no lo apreciaran no perdonarían lo que consideraban una traición.

No era normal descubrir extraterrestres en la Tierra. En la galaxia era considerado un planeta olvidado y ciertamente el imperio irken no tenía ningún interés en él pero eso no evitaba que Zim monitoreara cualquier indicio.

Debía ser discreto, algo difícil para él pues cualquier error por más mínimo que fuera, haría sospechar al imperio y lo último que deseaba era que tomaran represalias. No estaba para enfrentarse a todo un imperio.

Sin embargo ese día algo cambió. Divisó una luz en el espacio, similar a la de una estrella fugaz pero con una trayectoria diferente. La rastreó hasta localizarla fuera de la ciudad, efectivamente se trataba de una nave extraterrestre.

El primer evento fue cuando salió del laboratorio, estuvo cerca de morir. Había salido más tarde de lo normal. Ya había oscurecido cuando terminó su jornada laboral, tenía que escribir algunos formularios y Gir los había eliminado.

El profesor Membrana había salido desde temprano, le había dicho que cuidaría de su nieto esa tarde mientras Gaz terminaba con algunos asuntos pendientes, no quiso preguntar más sobre ello.

Hubiera terminado antes de no ser porque se quedó vigilando el cielo. Encontró una luz sospechosa en el cielo pero nada más. Pudo divisar una nave extraterrestre, similar a la que usó cuando llego a la Tierra. Mandó a Gir y a Mini Alce para que monitorearan la ciudad, si no se equivocaba la nave que vio podría aterrizar en ese lugar en cualquier momento y no permitiría que lo atraparan con la guardia baja.

Desde el momento en que salió del laboratorio se sintió vigilado, podrían haber pasado años desde la última vez que estuvo involucrado en un asunto de invasor pero no había olvidado su entrenamiento. Zim se sentía orgulloso de sus habilidades en la batalla.

Sin embargo no pudo esquivar un láser que impactó unos centímetros a la derecha de su squeedly spooch. Luego de eso la presencia que lo acosaba desapareció.

Vendó su herida y aunque no pudo reparar el daño en su totalidad estaba en condiciones para llegar a su base por sus propios medios. Eso era una advertencia, lo tenía claro. Alguien deseaba verlo muerto y volvería para atacarlo.

Escuchó un sonido detrás de él, tardó varios minutos en encontrar el origen del mismo, no era una amenaza como pensó en un principio. Era su celular, el profesor Membrana había insistido en que llevara uno, después de varias veces en que estuvo tratando de localizarlo había insistido en que debía tener uno. Y es que ciertamente eso solía pasar cuando monitoreaba el espacio en busca de amenazas, no le gustaba ser interrumpido.

—¿Has visto a Gaz? —le preguntó el profesor Membrana, una de las pocas personas que conocía su número de teléfono.

—No.

—Si la ves, me avisas, lleva mucho tiempo desaparecida.

—Zim acepta la misión.

—No es una misión… —intentó decir el profesor Membrana pero era demasiado tarde, el irken había colgado.

No solo era el hecho de que Zim se sentía feliz de volver a la acción, era el hecho de que conocía lo importante que era para el científico el que encontrara a su hija. Desde que comenzó a trabajar con el profesor Membrana notó el pánico que le causaba perder a su hija.

Probablemente él era el único humano que había llegado a apreciar en ese planeta pues a diferencia de Los Más Altos a quien tanto respeto en el pasado, el científico si valoraba sus logros y no había intentado asesinarlo.

Tomó una lámpara de su pak e inició la búsqueda. Llamó a Gir para que le sirviera de transporte, la ciudad era grande y podía estar en cualquier lugar. Incluso en problemas aunque era difícil de creer tomando en cuenta que se trataba de Gaz.

No necesitó de la ayuda de Gir o de algún vehículo pues no tuvo que ir lejos ni tuvo problemas para localizarla.

La encontró cerca del lugar en el que fue atacado, en una tienda de videojuegos. No era algo que debiera extrañarle tratándose de ella pero no dejaba de parecerle sospechoso.

En especial si tomaba en cuenta todos los problemas que tuvieron en el pasado y las muchas veces que intentó asesinarlo. Si no le había devuelto los ataques era porque sabía que su trabajo y su secreto peligrarían, como soldado sabía que debía ser prudente pero comenzaba a considerarlo.

También le tenía miedo pero eso era algo que no admitiría ni estando sometido a tortura. Era un irken exiliado de su planeta pero su orgullo permanecía intacto y no había nada más grande que el orgullo de un irken.

Llamó al profesor Membrana y le informó de su hallazgo. Planeaba retirarse cuando Gaz notó su presencia.

—¿Sigues vivo? Es una lástima —comentó Gaz con sarcasmo.

—¿Qué quieres decir con eso?

—Nada que te importe —agregó Gaz antes de retirarse.

Cuando volvió a conectarse a la red espacial encontró noticias diferentes. Tenían sospechas de que el imperio irken planeaba algo y él no tenía dudas de que era así pero no era eso lo que llamó su atención si no la aparición de un mercenario que le había causado muchos problemas a la OPU, es decir la Organización de Planetas Unidos.

Había dirigido varias guerrillas en el espacio y se sospechaba que estaba detrás de las desapariciones de personajes que representaban una amenaza para el imperio irken. O eso era lo que se creía, no tenían ninguna evidencia en concreto.

Se desconectó rápidamente. A pesar de que había pasado un tiempo considerablemente largo desde que renunció a su vida como invasor seguía tomando todas las medidas para evitar ser descubierto.

La segunda vez que lo atacaron sospechó de Gaz. Fue herido de gravedad, como si estuvieran jugando con él y nuevamente encontró a Gaz cerca de la zona de los hechos.

Estaba siguiendo el rastro de un extraterrestre que había llegado al planeta. De camino al laboratorio pudo ver en el cielo una nave espacial con la insignia que reconoció como símbolo del imperio irken y decidió investigar al instante, ellos no podían saber que continuaba con vida. Escuchó a un humano gritar y por un momento creyó que no había sido el único en notar tal evento pero cuando señaló el cartel de una película supo que estaba en un error.

Sabía que Gaz lo odiaba y que era de temer. Incluso antes de tomar las clases de artes marciales era alguien a quien no convenía hacer enojar. Desde hace años le había declarado la guerra y cada vez que tenía la oportunidad no dudaba en hacerle el mayor daño posible.

De no contar con su cápsula de curación sabía que ya habrían logrado asesinarlo por lo que no podía permitirse que se diera una tercera vez. Su orgullo estaba en juego y no podía permitirse perder.

Al entrar a su base encontró a un intruso. Gir había llevado a un amigo pero con solo darle un vistazo supo que se trataba de un extraterrestre, era Skoodge.

—Entonces realmente estás vivo —le dijo el irken en cuanto lo vio, no parecía sorprendido y eso era una mala señal.

—Zim es muy fuerte, no podrían con él.

—Hay rumores de que estas vivo y a los Más Altos no les gusta para nada, ellos te consideran un traidor.

—¿Qué haces en la base del gran Zim?

—Los Más Altos se deshicieron de los que consideraban inútiles para el proyecto Ruina Inevitable III. Fui puesto en una nave pero logré controlarla y dirigirla a la Tierra. Creo que ellos se olvidaron de la existencia de este planeta por lo que se ha convertido en zona neutral y en un refugio.

—Si te quedas aquí tienes que ser de ayuda para el gran Zim. Usa tu nave para vigilar a la humana conocida como Gaz, ella ha intentado asesinarme y pagará por ello.


Notas autora:

Capítulo nuevo.

En este capítulo comienza a desarrollarse uno de los principales problemas de la historia, aunque sospecho que el mayor misterio es el nombre del esposo de Gaz o.O Se podría decir que estos capítulos son introductorios pronto, tal vez no tanto, se desvelara todo lo que hay detrás de estos incidentes.

Gracias por leer.