Llegamos a un local de hamburguesas, "Papas Bruttus", no había mucha gente y eso me agradó. Nos sentamos cerca de la ventana y esperamos a que llegara el mesero.

-No creí que te gustara este tipo de comida-le dije mirando el menú

-No me conoces lo suficiente, pecosa-

-¿Cuándo dejarás de decirme así? Lo odio y odio las pecas-

-Son adorables- contestó, levanté la vista y me guiñó el ojo, yo sólo rodé los ojos

-No dirías eso si tú las tuvieras- le dije revisando de nuevo el menú, tenía tanta hambre que todo se me antojaba

-Diría lo mismo, y si las tuviera sería más perfecto-

- Tu ego está por los cielos, ¡eh!- el castaño solo sonrió

-¿Ya sabes qué pedirás?-

-No lo sé, todo se ve riquísimo-

-Te aconsejo que pidas la hamburguesa especial. Está genial-

-Está bien, ¿tú?-

-La hawaiana y unas papas-

Ordenaron y mientras esperaban platicaron sobre cómo le había ido a Candy con el profesor Walter.


El pedido llegó y la rubia se sorprendió por lo gigantesco que lucía todo lo que se iban a comer, en especial lo que Terry había escogido.

-¡Dios Mío, Terry! Necesitaré otro estómago, me llenaré con dos mordidas. Tú vas a quedar full-

-No seas una cobarde, prueba las papas, te van a encantar- le acercó el plato de papas fritas cubiertas con queso derretido y cátsup. La rubia las amó desde el instante en el que comió una.

La hamburguesa de Candy iba por la mitad, mientras la de Terry estaba a una mordida de acabar.

-¿Qué tal?-dijo limpiándose la comisura de su boca con una servilleta

-Esto está delicioso, pero no podré más- se enderezó un poco y sin siquiera poder detenerlo, regurgitó, abrió los ojos y se tapó la boca cuando se dio cuenta de lo que había pasado. Terry que hasta ese momento estaba tomando un poco de soda, alzó la mirada y la fijó en ella, en el guapo rostro se estaba formando una sonrisa

-Candy… no me digas que repetiste, ¿o sí?- una apenada rubia asintió con la cabeza, y él no lo soportó más, comenzó a reírse, lo cual provocó que Candy le hiciera segunda, y así, los dos estaban partiéndose de risa. Se secaron las lágrimas cuando lograron contenerse, luego de respirar unas cuantas veces, el castaño la miró y volvió a reír pero se controló

-No sabía que tuvieras esos… modales-

-Lo sien…to… no lo vi venir-

-Creo que eso ya no te lo comerás, ¿verdad?- señaló la mitad de la hamburguesa, ella negó, se recargó en la silla y echó la cabeza para atrás. Terry pidió que envolvieran la comida para llevar y se levantó para pagar la cuenta. Si se quedaba en la mesa seguramente volvería a reír. Así que fue directo a la caja.

Candy mantenía los ojos cerrados; los abrió cuando su celular comenzó a sonar. Metió la mano en su pantalón y lo sacó, se dio cuenta de que no se había acordado de que Anthony pasaría por ella a la escuela, seguramente estaba esperándola. Contestó enseguida

-Hola mi amor-

-Baby, no podré ir por ti- al escuchar eso en automático se enderezó y sintió como todo su cuerpo se tensaba

-¿Qué? Pensé que estabas buscándome en la escuela-

-Lo siento nena, surgió un imprevisto y no podré ir a recogerte-

-¿Pero qué pasó?-

-Emmm, tengo que irme, ¿te importa si te cuento después?-

-¡Claro que me importa, Anthony! Dijiste que irías por mí-

-No quiero pelear nena, pasaré a verte por la noche y te llevaré al restaurante italiano que tanto te gusta-

-No Anthony, quiero una explicación ahora-

-Lo siento cariño, no puedo. Iré a verte por la noche- y sin más colgó. La rubia todavía tenía el celular cuando Terry regresó.

-¿Qué ocurre?-

-Nada, bueno, es que estoy súper llena- guardó de nuevo su aparató y se levantó. El castaño no dijo ni una palabra, ¿qué había pasado? Apenas unos minutos antes estaban a la mar de risas, y ahora estaba como molesta, siguió los pasos de la chica y se subió al automóvil. Cuando estuvieron arriba y luego de abrocharse los cinturones, Terry arrancó. Pasaron unos minutos y nadie decía nada, faltaban aproximadamente 20 minutos para que dieran las cuatro cuando llegaron a la casa de la ojiverde.


El joven se bajó, sabía que algo le estaba pasando, no era normal que se mantuviera callada, siempre que él y Anthony estaban juntos, Candy llegaba y no paraba de hablar, a él no le molestaba, en ocasiones se divertía al ver cómo su amigo intentaba callarla, pero siempre fracasaba. Así que al ver que no decía ni una palabra era porque algo le ocurría.

La chica abrió la puerta de su casa, entró seguida por Terry; quien saludó al ver a la mamá de la rubia en la sala, Candy en cambio, se pasó de largo y fue directo a su cuarto.

-Sí, Candy, buenas tardes para ti también. ¡Oh, Terry! ¿Cómo estás?, pásale, pásale-

-Gracias. Estoy muy bien señora White, ¿Usted?

-De maravilla, hijo, al fin terminó el juicio del Señor Carter-

-Me alegro, estoy seguro de que mi madre no tardará en venir a felicitarla-

-Eso espero porque tengo muchas cosas que contarle. Por cierto Terry, ¿sabes qué le pasó a Candy?-

-No lo sé, yo también me preguntaba lo mismo-

-¿Y Anthony, por qué no vino con ustedes?-

-Porque él no necesita un tutor- desde las escaleras se escuchó la voz de la rubia, la señora White y Terrence voltearon a verla.

-¿Un tutor? ¿Por qué?-

-Porque soy una burra-

Candy!- dijeron madre y castaño al mismo tiempo

-Es la verdad, estoy reprobada en matemáticas y el profesor Walter puso a Terry como mi tutor, así que si no te molesta, madre. Necesito ir a estudiar. Te espero en mi habitación- y así como llegó, se fue.

-¿Es verdad eso?- se giró para ver al hijo de Eleonor

-Sí, señora White. Pensé que ya lo sabía-

-No, esa niña no dice nada cuando le conviene, y tampoco de la dirección me han notificado- el castaño se movió algo nervioso y eso lo percibió la mayor de las White -¿Qué ocurre?-

-No le han notificado porque el profesor Walter está haciendo esto sin la autorización del director. Para que puedan otorgar un tutor hay que realizar una solicitud y esperar varias semanas para que el consejo la revise y diga si se otorga o no. Hasta donde el profesor me dijo, Candy está por no acreditar, fue por eso que me buscó; para ayudarla a presentar las evaluaciones que serán el siguiente mes-

-¡Dios Mío! ¿Pero por qué?-

-Eso lo desconozco, pero no se preocupe señora White, verá que Candy acreditará la asignatura, ahora, si me permite, iré con mi alumna-

La mamá de la rubia no dijo más, se hizo una nota mental para ir mañana mismo a la escuela de su hija y hablar con el profesor, Candy no podía ir tan mal como para necesitar un tutor ¿o sí?


Terry subió las escaleras, dobló a la derecha, pasó dos cuartos y llegó al de Candy, la puerta estaba cerrada. Rodó los ojos, su hermana Marissa hacía lo mismo cuando estaba molesta y no quería ver a nadie, resopló, tomó la perilla y la giró.

Candy estaba en la computadora tecleando furiosamente.

-Se te quedarán pegadas las teclas en los dedos si sigues haciendo eso- dejó su mochila justo al lado de la rubia, la cual parecía que había sido aventada. Esperó algún comentario, pero no llegó ninguno -No es de buena educación dejar a la gente hablando sola-

-Ya era hora de que llegaras, no sé qué tanto platicabas con mi madre- el castaño alzó las cejas ante el tono y el comentario.

-No me gusta cuando la gente habla y no la da cara, además, te sugiero que vayas moderando tu tono de voz, Candy- la rubia, que hasta ese momento seguía en su actividad, dejó de hacerlo, se giró para verlo y más se molestó cuando lo encontró cómodamente sentado en su cama

-¿Pero quién te crees que eres para hablarme así?- se levantó de la silla y se dirigió hacia él furiosa. Por un momento Terry sintió revolver su estómago al ver que los ojos de ella brillaban con odio puro, pero al instante se controló.

-Yo soy él que debería decir eso, no soy tu novio cómo para qué me hables como se te dé la gana-él fue más rápido cuando adivinó la intención de la rubia, detuvo la blanca mano centímetros antes de que llegara a su objetivo; la jaló hacia él y provocó que los ojos de ambos quedaran a la misma altura, se miraron unos segundos hasta que los azules ojos bajaron hasta posarse en los rosados labios, Candy tragó saliva al notar lo que Terry miraba e instintivamente se relamió los labios, el corazón de ambos se agitó y sin siquiera notarlo, los dos se acercaron hasta sentir sus alientos.

Se separaron bruscamente cuando escucharon un celular sonar. Candy se dio la vuelta muy rápido y se llevó la mano al pecho; que estaba a mil por hora, Terry echó su cabeza hacia atrás y cerró los ojos. Sacó su celular y nervioso contestó la llamada.

-Hola Susi, si, digo no, un poco ocupado. Voy a verte más tarde, sí…yo igual-

Nadie habló por algunos minutos, ¡estuvimos a punto de besarnos! Pensaban al mismo tiempo. Terry sacó todo el aire que contenía y se talló la cara, Candy, por su parte seguía dándole la espalda, su corazón seguía latiendo desbocado, pegó un gritito cuando él tocó su hombro.

-No te espantes… yo… debemos de repasar estos ejercicios- habló un apenado Terry, quiso sentarse nuevamente en la cama, pero en un santiamén revivió lo de unos minutos atrás, dudó en hacerlo y terminó sentándose en el suelo, esperó unos minutos y Candy lo acompañó. Era palpable le tensión, por más que trataban de concentrarse, no lo lograban.

-¿Qué ocurre?- le preguntó al ver que Candy escondía su cara entre sus manos, varios libros y hojas los separaban, él dudó en acercarse, así que sólo habló.

-No, no… no puedo concentrarme, lo lamento- habló quedamente si levantar el rostro

-Debes de intentarlo. Mira, volveremos a este ejercicio y no avanzaremos hasta que no esté dominado. Pero eso será mañana, creo que por hoy ha sido suficiente- la ojiverde levantó el rostro para darse cuenta de que Terry guardaba sus cosas en la mochila, lo miró ponerse de pie y ella lo imitó.

Estaban frente a frente pero evitaban mirarse. Terry se aclaró la garganta, era hora de despedirse, días antes, cuando se encontraban o despedían, lo hacían de beso en la mejilla, pero ahora, ahora no sabían cómo actuar, el pensamiento de Candy era el mismo que el de su compañero.

-Candy yo…-

-Nos vemos mañana, Terry- lo interrumpió y sin esperar más, se dio la vuelta para tomar asiento frente a su computadora. El guapo muchacho la miró unos segundos para después abandonar la habitación.

La rubia dejó escapar un suspiro en cuanto escuchó que la puerta se cerraba. Pasaron pocos minutos, desde su ventaba lo vio salir de su casa para abordar su coche. Se llevó la mano a su boca y se tocó los labios

-Olías a canela, Terry- y cerró los ojos